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TEMA 8 LA ÉPOCA DE ENTREGUERRAS

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TEMA 8

LA ÉPOCA DE ENTREGUERRAS

I La crisis de las democracias

Tras la guerra, la democracia como forma de gobierno va a entrar en una crisis que con altibajos se prolongará hasta el estallido de la IIª Guerra Mundial. Frente a la democra-cia como opción política van a aparecer dos nuevas formas de gobierno: el comunismo y el fascismo. Las dos son formas totalitarias, dictatoriales, en las que desaparece el plu-ripartidismo, sustituido por un régimen de partido único.

En Europa Occidental, la guerra ha aumentado la importancia del poder ejecutivo frente al legislativo, debido a la necesidad de un poder fuerte que dirigiera la contienda. Finali-zado el conflicto, parte de la opinión pública exige un ejecutivo fuerte que acabe con los problemas económicos de la posguerra. La tendencia a identificar el sistema económico liberal con la forma política de la democracia provocará que, cuando la economía vaya mal, cosa frecuente, se eche la culpa a ésta última.

Dos tipos de movimientos políticos, por tanto, amenazan la estabilidad del funciona-miento democrático. Por un lado el ascenso de partidos fascistas que piden la supresión de los parlamentos, gobiernos fuertes, un nacionalismo exacerbado y la intolerancia para acabar con los comunistas, que son vistos como la amenaza del sistema. Por otro, la consolidación de partidos comunistas, que instigados por Rusia siguen siendo partida-rios de la conquista del poder político a través de la revolución, y tratan de frenar el as-censo del fascismo.

Tras la crisis económica de 1929 los gobiernos de la Europa del norte y del oeste van a intentar frenar el ascenso de los partidos obreros integrando en el juego democrático a socialistas y movimientos obreros moderados. En el sur y este no será posible esto, y los regímenes democráticos van a ir deslizándose hacia formas de gobierno dictatoriales de corte más o menos fascista.

1. Francia

Francia es el país que más ha sufrido la guerra, y tras la contienda sale muy debilitada, a pesar de haber recuperado Alsacia y Lorena, y hacerse con el control de parte de las an-tiguas colonias alemanas. Intentará solucionar sus problemas económicos a través de préstamos que piensa pagar con las indemnizaciones que debe recibir de Alemania, por lo que cuando en 1923 este país no pueda pagar su cuota anual debido a la crisis econó-mica, el gobierno francés no duda en ocupar el valle del Ruhr alemán, rico en carbón, para cobrarse la deuda.

La recuperación económica de la segunda mitad de la década de 1920, basada en la ex-pansión de la industria y el comercio internacional, permitirá la reconstrucción de las re-giones devastadas y una prosperidad general sólo lastrada por su condición de país acreedor de Estados Unidos.

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Gran Bretaña no volverá a ser el máximo productor industrial del mundo; aunque haya desaparecido la competencia alemana, sus mercados serán en parte conquistados por Es-tados Unidos y Japón. En lo político el mundo de la posguerra era totalmente distinto al de antes de la guerra y los partidos tradicionales (Liberal y Conservador) tendrán que adaptarse y sufrir la competencia de un nuevo partido el Laborista, que llegará al poder por primera vez en 1924.

Irlanda y los dominios (territorios en otros continentes poblados por colonizadores in-gleses, que gozan de una gran autonomía interna) aspiran a su independencia. Irlanda la obtendrá en 1921, pero los condados del norte de la isla (el Ulster), de mayoría pro-testante, no se integran en la nueva república. La lucha en el Ulster será una continua fuente de conflictos, que enfrentarán a grupos terroristas católicos partidarios de su inte-gración en Irlanda (el IRA) tanto con el nuevo gobierno republicano irlandés (Guerra Ci-vil Irlandesa, 1922-23) como con los protestantes partidarios de mantener su unión con Gran Bretaña.

Para los dominios, un paso importante fue la creación en 1926 de la Commonwealth, o Comunidad de naciones pobladas por británicos. En 1931, con el Estatuto de West-minster, Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda alcanzan su independencia, aun-que reconocen como jefe del Estado al monarca inglés.

3. Alemania

El 9 de noviembre de 1918 el káiser Guillermo II abdica. El nuevo gobierno, dirigido por el socialdemócrata Friedrich Ebert, será el encargado de firmar el Tratado de Versa-lles. A este régimen se le conoce con el nombre de República de Weimar, por ser en di-cha ciudad donde fue aprobada su constitución. Inmediatamente estalla la Revuelta de

los Espartaquistas, movimiento revolucionario comunista, dirigido por Karl Liebknecht

y Rosa Luxemburgo, que intenta implantar un estado comunista semejante al de la Ru-sia soviética. El levantamiento será aplastado, y sus líderes asesinados, por el ejército con el apoyo de los freikorps (cuerpos francos), grupos paramilitares de ex-combatien-tes muy violentos. En los años siguienex-combatien-tes se producirán nuevos conatos de golpes de Es-tado tanto de extrema izquierda como por la extrema derecha (“Putsch” de la

cervece-ría, fallido intento de Hitler de alcanzar el poder).

Las consecuencias de la Iª Guerra Mundial son terribles para una Alemania cuyo cre-cimiento está hipotecado por la obligación de pagar las reparaciones de guerra. En 1923, una inflación galopante hace que el marco alemán pierda prácticamente todo su valor. Ante la ocupación francesa de la cuenca del Ruhr, el gobierno decreta la resistencia pasiva, llamando a la huelga a los obreros. Como reacción, el gobierno francés expulsa sustituye a los obreros alemanes por franceses, pero la situación es insostenible: Francia no tiene apoyos y está aislada, y Alemania no puede aguantar la sangría de tener que pa-gar a 200.000 obreros despedidos y no cobrar por la producción del Ruhr. El gobierno no tiene más remedio que ordenar el fin de la huelga, y a cambio Francia se comprome-te a respetar la incomprome-tegridad de Alemania y a aceptar una reducción de la deuda.

En la segunda mitad de los años veinte, la estabilización de la moneda y las inversiones estadounidenses permiten una cierta recuperación económica. En política se da un pe-riodo de estabilidad, y el mariscal Hindenburg es elegido presidente de la República.

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Soldados franceses durante la ocupación de la cuenca del Rhur Niños alemanes jugando con montones de billetes depreciados por la hiperinflación

4. Estados Unidos

Fue la única nación beneficiada por la guerra, ya que realizó un gran número de présta-mos a los países aliados europeos, lo que le permitió ser la primera en restaurar el pa-trón oro tras el conflicto (1919). Comienza una larga etapa de prosperidad, los Felices

años veinte, bajo gobiernos del partido republicano, que apoyarán los intereses de las

grandes empresas.

La guerra había supuesto una excepción en la tradicional política de aislamiento esta-dounidense, y tras la contienda el Congreso americano rechazaría la política exterior del presidente Wilson, no aprobando su entrada en la Sociedad de Naciones. El aisla-cionismo presenta una curiosa vertiente moral, de rechazo a las ideas procedentes de Europa, que se traduce en el establecimiento de cutas que restringen la inmigración y el auge de sectas violentas y racistas como el Ku-Klux-Klan. Este puritanismo se plas-mará también en la Ley seca, que prohíbe la fabricación y comercialización de bebidas alcohólicas; la medida tiene un efecto contrario al deseado, pues gangsters y mafiosos harán grandes fortunas con el contrabando de alcohol.

Terraza de París durante los Felices veinte Cola de parados durante la Gran Depresión

I El crack bursáltil de 1929 y la Gran Depresión

El crecimiento económico de los años veinte se frenó bruscamente en 1929, al hundirse la bolsa de Wall Street (Nueva York). La supremacía económica de los Estados Unidos extendió la crisis al resto del mundo, generando una depresión económica que se

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prolongó durante gran parte de la década de 1930.

1. Causas de la crisis

a) Superproducción y subconsumo

Superada la crisis inicial de la posguerra, se produce incremento importante de la pro-ducción, tanto la industria como la agricultura. En esta última, a varios años de buenas cosechas se añade la incorporación de nuevos países a la producción de forma masiva: Argentina, Canadá, una Europa ya recuperada... con lo cual a escala mundial hay super-producción de productos agrícolas, sin mercados suficientes para absorber los exceden-tes. La superproducción genera una bajada de los precios de los productos agrícolas e industriales que arruinará a los pequeños productores.

A este fenómeno de superproducción habría que sumarle el subconsumo. El crecimien-to de la producción no produjo un reparcrecimien-to igualitario de las rentas o de los niveles de vida (en Estados Unidos, los beneficios empresariales crecieron un 65%, los salarios sólo un 17%), lo que limitaba la capacidad de compra de la mayor parte de la población. b) El crecimiento artificial de la bolsa

Uno de los mejores negocios era invertir en bolsa, comprando acciones de las empresas que cotizaban en ella. Las ganancias estaban garantizadas, pues entre 1925 y 1929 el ín-dice de las cotizaciones de la bolsa de Nueva York se duplicó. Invertir en bolsa hace que muchas empresas se descapitalicen, pero en contrapartida obtendrán créditos muy fáci-les para su financiación. Los créditos que los bancos prestan crecen de una manera es-pectacular, ya que se dan con mucha facilidad, y así tanto empresas como particulares solicitan créditos para comprar acciones, incluso los corredores de bolsa prestaban dine-ro a los inversores tomando como garantía los valores comprados. La bolsa fue crecien-do así de una manera espectacular debicrecien-do a la especulación de los inversores, sin tener correspondencia con el desarrollo real de la economía.

c) El crack de la bolsa de Wall Street

Ese desajuste entre la bolsa y la economía tenía que estallar por algún lado. En el año 1928 se dieron los primeros síntomas de que la tendencia alcista de la bolsa podía cam-biar: contracción de la industria de la construcción, quiebra de algunas empresas, retira-da de capitales invertidos en Europa cuando el gobierno de los EE.UU quiso limitar el crédito... en general no se hizo caso de estos primeros avisos. Desde septiembre de 1929 la tendencia alcista de la bolsa se estanca o inicia un descenso después de varios años de crecimiento ininterrumpido, descenso determinado en parte por la bajada del precio del cobre y el acero. Son los primeros indicios de que algo iba mal, y tras este aviso al-gunos venden, pero los especuladores siguen comprando.

En la última semana de octubre se produce el desplome de la bolsa. Desde el día 21 se acumulan las órdenes de venta, que hacen bajar el precio de las acciones, alarmando a quienes las habían comprado a crédito. El 24 de octubre de 1929, el llamado Jueves

ne-gro, 13 millones de acciones salen al mercado y no encuentran comprador, ese desajuste

entre la oferta y la demanda hace que el valor de las acciones caiga en picado. El 29 de octubre son ya 16 millones, el pánico se extiende, todo el mundo quiere vender para re-cuperar algo del capital. La tendencia a la baja fue momentáneamente frenada por la

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compra masiva de acciones por la Banca Morgan, pero cuando ésta, en la primavera de 1930, no tuvo más remedio que sacarlas al mercado, se produjo un segundo desplome, que arruinó a millares de accionistas modestos. Valgan como ejemplos que el valor de las acciones de la Chrysler pasa de 135 a 5, y el de la Steel de 250 a 22. La bolsa se ha hundido.

Bolsa de Wall Street el Jueves Negro Ahorradores intentando retirar su dinero de un banco d) Expansión de la crisis al resto del mundo

La importancia económica de Estados Unidos, primer productor mundial y también el principal mercado de consumo, hace que su caída arrastre a muchos países y la crisis tenga unas dimensiones mundiales. Tiene invertidos capitales por todo el mundo, y al producirse la crisis los va a retirar. Privados de financiación, esos países se sumieron también en la crisis y dejaron de comprar productos americanos.

En Europa casi todos los países optaron inicialmente por una política deflacionista, de restricción del dinero en circulación. Se intentó alcanzar el equilibrio presupuestario y de la balanza de pagos favoreciendo la exportación y poniendo trabas a la importación, intentando evitar la fuga de capitales, reduciendo salarios... estas medidas no soluciona-ron nada y aumentasoluciona-ron el paro y la recesión. Los intercambios comerciales se redujesoluciona-ron, tanto por la caída del poder adquisitivo de la población como por las políticas proteccio-nistas aplicadas.

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Caídas de las cotizaciones bursátiles y de los índices de producción industrial durante la Gran Depresión

2. Consecuencias de la crisis

a) Económicas

El hundimiento de la bolsa conlleva la quiebra de muchas empresas por no disponer de capital para su financiación, y el paro aumenta de manera espectacular. Además, la satu-ración del mercado y la congelación de la capacidad adquisitiva de los compradores provoca una bajada del precio de los productos (deflación). Los empresarios no recogen los beneficios necesarios para reinvertir en la producción y esto también les lleva a la quiebra. En el campo la situación es muy parecida, la superproducción provoca una ba-jada de los precios que arruina a los pequeños granjeros.

El crack bursátil ha arrastrado tras de sí a un gran número de bancos. Los ahorradores tratan de recuperar su dinero, pero el banco no lo puede desembolsar por tenerlo coloca-do en inversiones a medio y largo plazo, por lo que presentará suspensión de pagos, arruinando a sus clientes. En 1929 cerraron 642 bancos, en 1930 lo hicieron 1.345, y en 1931 2.298. Con el sistema bancario herido de muerte se cierran las fuentes de financia-ción de todos los sectores de la economía.

b) Sociales

Además del desastre económico, en el aspecto social las consecuencias fueron también terribles: paro, indigencia, aumento de la delincuencia… Tras el cierre de muchas fábri-cas aumentó de forma espectacular el número de obreros sin trabajo. En el campo, los pequeños granjeros, ahogados por las hipotecas y los préstamos, pierden sus tierras, marchando a las ciudades o a las grandes fincas de California en busca de trabajo como peones.

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Los Estados, van a adoptar un intervencionismo creciente, especialmente en los regíme-nes totalitarios (Alemania, Italia, U.R.S.S.). Se produce, en general, el descrédito de las democracias, al identificarse el liberalismo económico causante de la crisis con el libe-ralismo político. Esa desconfianza se va a traducir en muchos países europeos en el abandono de una forma de gobierno que no ha impedido la catástrofe y la instauración de regímenes dictatoriales.

Los comunistas ven en la crisis el hundimiento del sistema capitalista y arremeten en sus críticas contra el sistema, piensan que cuanto peor sea la situación más fácil será el estallido de una revolución similar a la soviética. Eso, por otra parte, hace crecer a los partidos de extrema derecha, autoritarios o fascistas, que ante el miedo de la revolución obrera van a incrementar el número de afiliados. Incluso en países que gozan de una gran tradición democrática (Bélgica, Francia, Gran Bretaña...) la estabilidad social será precaria y se produce el ascenso de partidos de corte fascista, aunque esos partidos nun-ca llegarán a hacerse con el poder ni poner en peligro el sistema.

En paralelo con lo anterior surge una exaltación del nacionalismo, estimulado por la competencia por materias primas y mercados, o por la envidia de ver cómo en el país vecino la crisis no es tan fuerte o sale mejor de ella. Esta ola de nacionalismos será mu-cho más exagerada en los regímenes de corte fascista (Alemania e Italia), que buscan justificar sus políticas expansionistas.

d) Demográficas

Durante el tiempo que duró la crisis disminuyó de una

mane-ra clamane-ra en Estados Unidos el índice de natalidad,

aumentan-do, por el contrario, en los países europeos donde hay

regíme-nes fascistas, debido al fomento oficial de ésta. Además, ante

las dificultades económicas se restringe la entrada de

inmi-grantes, justo cuando el crecimiento de esos regímenes

dicta-toriales dispara el número de refugiados políticos.

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3. Soluciones a la crisis: el New Deal

Para salir de esta situación tan desoladora es necesario que se produzca una subida de precios para que se obtengan beneficios, una subida de salarios para que aumente la ca-pacidad adquisitiva del mercado, y una reforma en profundidad del sistema bancario para que tanto la industria como la agricultura dispongan de fuentes adecuadas de finan-ciación. El gobierno de los Estados Unidos tardó en actuar, convencido de que la crisis era algo pasajero.

En 1933 se acaba la etapa de gobierno republicano, el presidente Herbert Hoover es de-rrotado y los demócratas, con Franklin D. Roosevelt, llegan al poder. Roosevelt es un hombre enérgico, rodeado de un equipo de jóvenes economistas va a intentar poner freno a la crisis. Su política recibirá el nombre de New Deal, término sacado del juego del bridge, que significa “nuevo reparto”.

El Estado opta por el intervencionismo en la economía para potenciar la subida de pre-cios y el consumo. En algunas medidas será influido por John M. Keynes, economista inglés que propone una revisión de los principios del capitalismo.

John Maynard Keynes (1883-1946): prestigioso economista británico, sus teorías económicas, conocidas como “keynesianismo” y expuestas en su obra Teoría general

del empleo, el interés y el dinero, defendían la intervención del Estado en la economía

para potenciar la demanda y el crecimiento, aun a costa de aumentar el déficit presupuestario. Serían la base del New Deal y de la recuperación de la economía occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

El objetivo fundamental era reformar el sistema bancario, clave para reactivar otros sectores. El Estado participa en su capital, regulando su funcionamiento y el de la bolsa para impedir la especulación. En el orden monetario se produjo la devaluación del dó-lar, para luchar contra los precios bajos que paralizaban la economía.

En industria, se estimuló la concesión de créditos y subvenciones a la inversión empre-sarial. Los salarios subieron, para aumentar el poder adquisitivo de la población y relan-zar la demanda, como en la agricultura. También se dictaron leyes para reducir la jorna-da laboral y conseguir precios más altos en los productos industriales, y así aumentar el beneficio empresarial. Otras medidas sociales fueron las subvenciones a los parados, la creación de pensiones (por incapacidad, vejez o viudedad) y el lanzamiento de un vasto programa de obras públicas para modernizar las infraestructuras del país y dar trabajo a los parados.

El problema principal de la agricultura era el gran número de excedentes. Roosevelt pedirá a los agricultores que reduzcan sus cosechas para subir los precios, a cambio de indemnizaciones que se pagarían con un impuesto especial a los industriales que trans-forman los productos agrícolas. Esta política contaría con muchos inconvenientes: los agricultores que cooperaban recibían indemnizaciones y la subida de los precios les be-neficiaba, pero los que no reducían su producción se beneficiaban de los precios altos y esto echaba por tierra la política gubernamental. Además, la subida de los precios de los alimentos era buena para aumentar el poder adquisitivo de los agricultores y relanzar la demanda, pero perjudicaba a las clases urbanas.

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El balance del New Deal es positivo. Contribuyó sobremanera a salir de la crisis, palian-do los efectos más graves de la miseria, y sentó las bases del Estapalian-do del bienestar. Sin embargo, no logró recuperar los niveles de producción de 1929 ni eliminar por completo el paro (en 1939 aún había 10 millones de desempleados), que no desaparecería hasta el estallido de la IIª Guerra Mundial.

Franklin Delano Roosevelt John Maynard Keynes Obras públicas del New Deal

2. Medidas tomadas en Europa

De todos los países europeos los más afectados van a ser Alemania y Austria, los que más dependían del capital estadounidense. El principal banco de Austria, el Creditans-talt, quebró en 1931, y el sistema bancario alemán se contagió de la crisis austriaca. En 1930 el Reichstag alemán rechaza los ajustes presupuestarios que solicita el gobierno; éste, como respuesta, disuelve el Reichstag, convocando nuevas elecciones que suponen el ascenso del partido Nazi, que capitaliza el descontento popular.

Italia y Alemania van a optar por una política autárquica, de autoabastecimiento, y por el desarrollo de una poderosa industria armamentística en la que Hitler colocó a casi to-dos los parato-dos, que pasaron de 6 millones a 400.000. La autarquía no podía ser absolu-ta, y la carencia de materias primas vitales les impulsará a la conquista de nuevos terri-torios para conseguirlas.

Francia se ve menos afectada por la depresión, debido a que está menos industrializada, tiene una agricultura diversificada y una menor dependencia de los créditos estadouni-denses. El aumento de paro fue moderado, pero se constató también el fracaso de la po-lítica deflacionista, que sólo aumentó la recesión, y una creciente inestabilidad popo-lítica. Ante el aumento de los partidarios de grupos fascistas, los partidos de izquierda se van a unir en una coalición, el Frente Popular, que gana las elecciones de 1936. Dicha coali-ción electoral, formada por comunistas y socialistas, es posible gracias a la decisión de la Internacional Comunista de favorecer en toda Europa alianzas de izquierdas para fre-nar el ascenso de partidos de corte fascista.

El gobierno del Frente Popular nacionalizó los ferrocarriles y llegó a compromisos con los sindicatos para crear empleos en obras públicas, aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores y reducir la jornada laboral. Sin embargo, la devaluación de la libra esterli-na hace menos competitivos los productos franceses frente a los británicos, y en Francia se produjo una reducción de la producción industrial mientras en Gran Bretaña y Ale-mania crecía. Tras el gobierno del Frente Popular, una coalición de centro-derecha deva-luará el franco, liberalizando los precios intervenidos por el anterior gobierno. En 1939,

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la sociedad francesa estaba fuertemente enfrentada por las tensiones sociales y la debili-dad económica.

Gran Bretaña tiene varias ventajas para afrontar la crisis. En primer lugar hay oro en sus dominios, lo que respalda su moneda. En segundo lugar, dadas las dimensiones mundiales de su imperio, puede comerciar y obtener productos en condiciones ventajo-sas (política de “preferencia imperial” para las exportaciones británicas), y la bajada de los precios de los productos alimenticios le benefició, por ser un importador neto de ali-mentos. De todas formas tuvo que hacer ajustes, como el abandono del patrón-oro y la devaluación de la libra; además, tras siglos de librecambismo, volvió al proteccionismo, subiendo sus aranceles e imponiendo cupos a las importaciones. La recuperación se ha-ría notar en el sector del automóvil, en el eléctrico y en la construcción. A pesar de todo el paro no descendió, y el relanzamiento definitivo de la economía se producirá al au-mentar las inversiones en la industria armamentística a partir de 1938.

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