Literatura y periodismo en Bernardo G. de Candamo: 1881-1967
Texto completo
(2) RESUMEN DEL CONTENIDO DE TESIS DOCTORAL 1.- Título de la Tesis Español/Otro Idioma: Literatura y periodismo en Inglés: Literature and journalism in Bernardo Bernardo G. de Candamo: 1881-1967 G. de Candamo: 1881-1967. 2.- Autor. Nombre: Lucía Cortina García Programa de Doctorado: Filología Hispánica Órgano responsable: Universidad de Oviedo. FOR-MAT-VOA-010-BIS. RESUMEN (en español). Bernardo González de Candamo (1881-1967) fue una de las figuras más destacadas del panorama cultural español desde finales del siglo XIX y durante la primera mitad del XX. Su relación con la literatura comenzó en 1898 con la publicación de algún poema o prosa lírica en periódicos y revistas madrileños y de un libro de prosas, Estrofas (1900), prologado por Miguel de Unamuno. Sin embargo, pronto se especializó en crítica literaria, y sobre todo teatral, actividad por la que alcanzó gran fama y prestigio. Desde 1898 hasta 1962 colaboró en numerosas publicaciones, como Madrid Cómico, Nuestro Tiempo, Revista Nueva, Gente Vieja, la Hoja del Lunes, El Imparcial, El Fígaro, las barcelonesas Revista y La Vanguardia, ABC, Misión o El Mundo. Siempre presente en la vida cultural madrileña, ciudad en la que se le recuerda además por su papel al frente de la biblioteca del Ateneo, cosechó destacadas amistades, como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez o Enrique Gómez Carrillo, a través de quien conoció el Modernismo. A pesar de su dilatada trayectoria, este crítico de origen asturiano, nacido en París y que residió prácticamente toda su vida en Madrid, donde falleció en 1967, sigue siendo un gran desconocido. El objetivo de esta tesis es arrojar luz sobre su vida y su obra, poner de relieve su papel como engranaje entre los autores que cultivaron el arte joven, el Modernismo, con otros autores ya consolidados; así como tratar de dar respuesta al eterno debate de si Modernismo y Generación del 98 son dos caras de una misma moneda o corrientes divergentes a través de los trabajos en prensa de Candamo Esta tesis se compone de un estudio de su biografía, de sus amistades y relación epistolar con Unamuno, Juan Ramón Jiménez y Joan Maragall; y una recopilación y análisis de su obra, con sus actividades literarias –prólogos y traducciones-, textos de creación y artículos críticos. Asimismo, incluye un análisis de sus ideas literarias y también sociales, con el fin de trazar un retrato lo más completo posible de Bernardo González de Candamo.. 3.
(3) RESUMEN (en Inglés). Bernardo González de Candamo (1881-1967) was one of the main leading figures in Spanish cultural scene since the last years of the 19th century and during the first half of the last century. His link with Literature began in 1898, when he published some poems and lyrical texts in many journals and magazines in Madrid, and a book with some texts in prose called Estrofas (1900), for which Miguel de Unamuno wrote its Prologue. However, he soon started writing reviews, mainly about theatre; and because of this activity he gained great renown and prestige. From 1898 to 1962 he contributed to many newspapers, like Madrid Cómico, Nuestro Tiempo, Revista Nueva, Gente Vieja, la Hoja del Lunes, El Imparcial, El Fígaro; Revista y La Vanguardia, from Barcelona; ABC, Misión or El Mundo. He used to take part in Madrid cultural life, city which reminds Candamo also because of his work at the Ateneo library. He was a friend of such important writers as Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez or Enrique Gómez Carrillo, thanks to whom he knew, when he was very young, the Modernism. Despite his extensive career, this asturian-native reviewer, who was born in Paris and lived almost his whole life in Madrid, where he passed in 1967, remains a stranger. This thesis aims to be an approach to his life and his work, so important to know the evolution of literature during the first half of the 20th century; to stand out his role as a chain between the youngest authors –the modernists- and the oldests; and also it will try to give and answer to the endless debate about if Modernismo and Generación del 98 are two sides of the same coin or two opposite literary trends through Candamo’s articles, as he was a witness of both. This thesis includes a study of Candamo’s biography, his friendships and his postal relation with writers like Unamuno, Juan Ramón Jiménez and Joan Maragall; a compilation and an analysis of his work, including literary activities –prologues in other authors’ books and translations-, his own poems and texts in prose and his reviews. It includes as well the analysis of his literary and also social ideas, which objective is to paint a realistic and complex Bernardo González de Candamo’s portrait.. SR. DIRECTOR DE DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA ESPAÑOLA. 4.
(4) ÍNDICE -INTRODUCCIÓN NOTAS A LA EDICIÓN DE ESTA TESIS. 1. CANDAMO VISTO POR SUS COETÁNEOS. 9 10. 13. 2. BERNARDO GONZÁLEZ DE CANDAMO: APUNTES BIOGRÁFICOS. 21. 2.1. Candamo, funcionario. 23. 2.2. Regreso a Madrid. 26. 2.3. Una institución en el Ateneo: protector de los fondos bibliográficos durante la guerra. 28. 2.4. Los años de la posguerra. 39. 3. AMISTADES Y CORRESPONSALES EPISTOLARES DE CANDAMO 3.1. Rubén Darío. 43. 3.2. Miguel de Unamuno. 44. 3.2.1. Intercambio de opiniones literarias en la correspondencia. 46. 3.3. Joan Maragall. 57. 3.4. Juan Ramón Jiménez. 62. 3.5. Carta de José María Matheu a Candamo. 67. 4. OBRA DE CANDAMO 4.1. ACTIVIDADES LITERARIAS 4.1.1. Prólogos 4.1.1.1. Baratijas (1911), de Alberto Camba. 69 69. 5.
(5) 4.1.1.2. Ensayos (1942), de Miguel de Unamuno. Prólogo y notas de Bernardo G. de Candamo. 4.1.2. Traducciones. 71 79. 4.2. OBRAS DE CREACIÓN 4.2.1. Estrofas, el único libro de Candamo. 83. 4.2.2. Poemas y prosas aparecidos en prensa. 103. 4.2.2.1. Poemas. 103. 4.2.2.2. Prosas. 113. 4.2.3. Rasgos estilísticos en la obra literaria de Candamo. 131. 4.3 CANDAMO Y SUS ARTÍCULOS EN PRENSA 4.3.1. Introducción. 133. 4.3.2. Madrid Cómico (Madrid, 1898 y 1902). 141. 4.3.3. La Vida Literaria (Madrid, 1899). 145. 4.3.4. Revista Nueva (Madrid, 1899). 147. 4.3.5. El Álbum de Madrid (Madrid, 1899). 155. 4.3.6. Vida Nueva (Madrid, 1900). 159. 4.3.7. Arte Joven (Madrid, 1901). 161. 4.3.8. Juventud (Madrid, 1901). 165. 4.3.9. La Correspondencia de España (Madrid, 1902). 167. 4.3.10. Helios (Madrid, 1903-1904). 169. 4.3.11. Diario Universal (Madrid, 1904). 173. 4.3.12. El Gráfico (Madrid, 1904). 177. 4.3.13. Blanco y Negro (Madrid, 1904-1905). 189. 4.3.14. La Anarquía Literaria (Madrid, 1905). 191. 4.3.15. La Lectura (Madrid, 1905- 1906). 197. 6.
(6) 4.3.16. Gente Vieja (Madrid, 1905). 205. 4.3.17. Nuestro Tiempo (Madrid, 1905). 207. 4.3.18. Faro (Madrid, 1908-1909). 215. 4.3.19. El Mundo (Madrid, 1907-1918). 229. 4.3.19.1. Literatura española. 231. 4.3.19.2. Literatura de autores extranjeros. 283. 4.3.19.3. Candamo, corresponsal en París durante la Primera Guerra Mundial. 290. 4.3.20. La Vanguardia (Barcelona, 1911-1912). 307. 4.3.21. Summa (Madrid, 1915). 321. 4.3.22. El Fígaro (Madrid, 1918-1920). 345. 4.3.22.1. Artículos de crítica literaria. 346. 4.3.22.2. “Una encuesta de El Fígaro” y una entrevista a Àngel Guimerá. 363. 4.3.23. Cosmópolis (Madrid, 1919). 375. 4.3.24. El Imparcial (Madrid, 1902, 1916, 1920 y 1931-1933). 389. 4.3.24.1. El teatro en El Imparcial. 391. 4.3.24.2. Crítica literaria y otros temas en “Gestos”. 408. 4.3.25. Luz (Madrid, 1933). 417. 4.3.26. ¿Qué pasa? (Madrid, 1941). 425. 4.3.27. Arte y Letras (Madrid, 1943). 435. 4.3.28. ABC (Madrid, 1946-1955). 437. 4.3.29. Misión (Madrid, 1947). 447. 4.3.30. Revista (Barcelona, 1953). 459. 4.3.31. Hoja del Lunes (Madrid 1931, 1944-1962). 465. 4.3.31.1. Literatura escrita por mujeres. 466. 4.3.31.2. Crítica teatral. 471. 4.3.31.3. Otros comentarios. 478. 7.
(7) 5. CANDAMO Y LA LITERATURA DE LA ÉPOCA. 485. 5.1. Modernismo y 98. Visión de la crítica y de Candamo. 489. 6. ALGUNAS IDEAS SOCIALES. 505. 7. CONCLUSIONES. 507. BIBLIOGRAFÍA -BIBLIOGRAFÍA DE LA PRODUCCIÓN DE CANDAMO. 513. -BIBLIOGRAFÍA CITADA. 579. APÉNDICE DOCUMENTAL. 589. ÍNDICE DE OBRAS COMENTADAS. 667. ÍNDICE ONOMÁSTICO DE AUTORES. 675. 8.
(8) INTRODUCCIÓN Bernardo González de Candamo (1881-1967) fue, sin duda, una de las figuras más significativas del ambiente cultural español y, concretamente, madrileño de la primera mitad del siglo XX. Su trayectoria se inicia cuando diversos autores jóvenes a finales del XIX comenzaron a defender un “arte nuevo” que algunos dieron en denominar Modernismo, y que en parte constituyó una reivindicación del derecho de llevar a las letras españolas las nuevas formas que comenzaban a despuntar en otros países europeos. ¿Quién fue “Candamo”, como lo conociron sus coetáneos? Fundamentalmente un crítico –sobre todo de teatro- que publicó sus comentarios en los principales diarios de información general de la capital prácticamente hasta su muerte en el año 1967, una labor que compaginó con su colaboración en numerosas revistas literarias y artísticas y con un empleo de funcionario al que accedió para tener cierta estabilidad económica. Fue, además, un joven escritor que con apenas 18 años quiso irrumpir en el panorama literario con una recopilación de prosas impregnadas de altas dosis de lirismo y que aparentemente tienen ecos de literatura erótica, rasgo que Candamo negará. A esta su única obra, narrativa, la tituló Estrofas. Numerosos artículos de la prensa de la época lo citan entre la lista de asistentes a todo acto de índole cultural organizado por los principales representantes de la vida burguesa y cultural de la capital española, ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida, salvo alguna temporada en París y los años que vivió desterrado en Ciudad Real. Pero su nombre también está ligado al Ateneo de Madrid, que contrajo con él una gran deuda cuando, en su puesto de bibliotecario, consiguió mantener abierta la institución durante los difíciles años de la guerra civil, dando formación a obreros y trabajo a catedráticos y abasteciendo de fondos –en la medida de lo posible- a la docta casa, en la que ingresó con 18 años y que ya en 1905 lo había nombrado secretario de su Sección de Literatura. Todo eso fue Candamo. Y, sin embargo, y pese que algunos libros aparecidos recientemente se hacen eco de su amistad con autores de la talla de Miguel de Unamuno -como el que publicó en 2007 el historiador Jesús Alfonso Blázquez titulada Unamuno y Candamo: amistad y epistolario (1898- 1936)1-, no existe ninguna obra dedicada a su notable labor de guía teatral y de lectura de los muchos españoles que hallaron en sus artículos un referente. Mi primer contacto con la figura de Bernardo González de Candamo fue a través del director de esta tesis, el catedrático de Literatura Antonio Fernández Insuela, cuando me propuso dedicar mi 1. Blázquez, Jesús Alfonso, Unamuno y Candamo: amistad y epistolario (1898-1936), Madrid, Ediciones 98, 2007.. 9.
(9) trabajo de doctorado2 a la trayectoria de este escritor y crítico de origen asturiano. Fue tan vasto el material hallado en las primeras visitas a la Hemeroteca Municipal de Madrid, donde se conserva buena parte de su producción periódistica, que pronto decidimos que era necesario dedicarle un trabajo más amplio, que constituyera la primera bibliografía –lo más completa posible- de su obra. Asimismo, fue igualmente productivo el contacto mantenido durante estos años, y hasta su fallecimiento en octubre de 2012, con su hijo, Luis González de Candamo. Él me contó numerosas anécdotas de su padre, del linaje “De Candamo”; y, sobre todo, arrojó luz sobre las labores en prensa de Candamo durante los años de posguerra. Gracias a él supe de su participación en publicaciones como Madrid, dirigida por Juan Pujol, o en el semanario religioso Misión. Ambas contaron con su colaboración cuando muchas publicaciones rechazaron su firma por su supuesta inclinación a la ideología de izquierdas. Esta tesis doctoral tratará de profundizar en la figura del autor. En ella se recopila información sobre su vida familiar y laboral, testimonios de sus coetáneos y parte de la correspondencia que mantuvo con otros autores, como Juan Ramón Jiménez o Joan Maragall. Se han incluido todos los artículos encontrados en prensa desde 1898 hasta la década de los sesenta, además de la mención de aquellos que, pese a tener constancia de su existencia, no han podido ser localizados. La bibliografía se completa con sus obras de creación –su libro de prosas Estrofas, y algunas prosas y poemas publicados en periódicos y revistas literarias-; así como otras actividades literarias, como sus traducciones y el prólogo a dos obras: Baratijas, de Alberto Camba; y Ensayos, de Unamuno. Todas ellas, además de una selección de sus artículos, han sido comentadas con el fin de lograr conocer el estilo y gustos literarios de Candamo, cuya trayectoria vital y profesional se gestó en el nacimiento mismo de la Generación del 98.. NOTAS A LA EDICIÓN DE ESTA TESIS. En la redacción de esta tesis doctoral hemos optado por adaptar la ortografía de la época –finales del siglo XIX y primera mitad del XX- a las normas actuales. Tal es el caso de la acentuación de la preposición “a”, así como de los pronombres demostrativos. Sin embargo, reproducimos aquellas cuestiones ortográficas que nos han resultado llamativas, como la acentuación de hiatos, como en los verbos “séa”, “léa”, “véa”, “créo”, “crée”; o en los sustantivos “idéas” y “deséo”.. 2. Como fruto de ese trabajo de doctorado se publicó un artículo en la revista Clarín donde se ofrecía una breve información acerca de la biografía y producción literaria y crítica de Candamo, así como de su amistad con Miguel de Unamuno. (Véase Cortina García, Lucía, “Bernardo González de Candamo, un escritor olvidado del Fin de Siglo”, Clarín, 67, enero-febrero de 2007, pp. 56-61.). 10.
(10) También hemos mantenido en las citas de Candamo y otros autores la tendencia a “españolizar” los nombres de escritores y personalidades extranjeras: “Jorge Sand”, “Mauricio Maeterlinck”, “Edgardo Poe” o “Ricardo Wagner”, entre otros. Al lado de cada cita hemos incluido una nota al pie indicando su procedencia. Sin embargo, en aquellos libros a los aludimos en numerosas ocasiones –como en el caso de las citas extraídas de la correspondencia en Unamuno y Candamo: amistad y epistolario, de Jesús Alfonso Blázquez; de la obra de Candamo Estrofas, y de los Ensayos de Unamuno- hemos preferido indicar a qué página corresponden y a qué volumen, en el caso de los citados Ensayos, con el número entre paréntesis al lado de la cita. Este sistema se ha aplicado a otras obras o artículos muy utilizados en esta tesis, indicándose previamente con una nota a pie de página. En lo que respecta a la organización de los capítulos, cabría aclarar un aspecto. El cuarto, titulado “Obra de Candamo” y que constituye el grueso de esta tesis, está formado por tres apartados principales -“Actividades literarias”, “Obras de creación” y “Candamo y sus artículos en prensa”- a los que se ha dado tratamiento de capítulo en lo relativo a la paginación, pues aparecen en página independiente e impar. Idéntica medida se ha aplicado al estudio de cada una de las revistas y periódicos en los que participó nuestro crítico, pese a que, en este caso, se trate de subapartados. Estas publicaciones han sido ordenadas según el momento de publicación del primero de sus textos en ellas, con algunas excepciones. Aunque la primera colaboración de El Mundo se produjo en 1907, un año antes que en Faro, en esta última solo colaboró durante dos años, mientras que las de El Mundo se prolongaron hasta 1918, por lo que hemos creído más conveniente colocar este periódico en un lugar posterior con el fin de que enlazase con sus trabajos en la década de los diez. Otra de las excepciones es El Imparcial, pues aunque nuestro crítico publicó por primera vez en 1902, y lo hizo después en 1916 y 1920, estas fueron participaciones esporádicas. Sus artículos comenzaron a ser regulares en 1931 y se prolongaron hasta el cierre del periódico en 1933. Por ello, hemos considerado más adecuado incluirlo en la década de los treinta. La última modificación del orden cronológico sería la efectuada en la Hoja del Lunes en la que, tras un artículo aislado en 1931, colaboró de manera asidua entre 1944 y 1962. Aunque durante los cuarenta y cincuenta hemos hallado artículos suyos en otros periódicos, el hecho de que sus últimos trabajos figuren en las páginas de la Hoja del Lunes nos ha llevado a colocarla al final de sus trabajos en prensa. Respecto al orden en el comentario de los artículos periodísticos de Candamo, su disposición varía según la publicación. En algunos casos –la mayoría- hemos seguido un sistema cronológico, según el orden de aparición; en otros, hemos clasificado sus artículos por géneros (también siguiendo un orden cronológico); y en otros, por autores, en caso de que hubiera más de un artículo. 11.
(11) acerca de un mismo escritor. En cualquier caso, el método a seguir en cada periódico se ha indicado antes del comentario de los textos de Candamo.. 12.
(12) 1. CANDAMO VISTO POR SUS COETÁNEOS La reputación del crítico de teatros y escritor fue siempre intachable entre quienes lo conocieron y compartieron con él el interés por lo que acontecía en el panorama cultural de la España del momento. Así lo demuestran las numerosísimas muestras escritas conservadas y que hacen referencia a su talento periodístico y a su gran formación literaria, casi desde sus primeras incursiones en prensa. La obra Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX3, publicada en 1903 por Manuel Ossorio y Bernard4, ya incluye a nuestro autor en su índice, aunque equivoca su apellido:. CANDAMO (Bernardo Gonzalo de). Ha sido redactor de los periódicos madrileños «Vida Literaria» y «Vida Nueva» (1902) y uno de los fundadores del titulado «Arte Joven». También colabora en la revista «Juventud» (1902), «El Imparcial» (1902), «Diario Universal» (1903) y otros periódicos.. Varias décadas más tarde, en enero de 1936, El Heraldo5 se hizo eco de una distinción que le concedió el Gobierno francés. El autor del artículo no duda en referirse a Candamo, al explicar las razones del galardón, como un «conocido y respetado –por su valor intelectual- hombre de letras», a lo que suma su papel al frente de la biblioteca del Ateneo:. Candamo, con su esmero en el cuidado de la biblioteca de la docta casa, con su cultura y su hondo sentido de lo que debe suponer para el hombre de lecturas, no ha dejado de incrementar la adquisición de libros, poniendo la biblioteca a la altura de las mejores de Europa. Solo un hombre como Candamo podía conseguirlo y lo ha hecho.. El aspecto físico de nuestro autor, caracterizado siempre por sus gafas y por un atuendo impecable, fue inmortalizado, no solo en algunas de las fotografías de los artículos que hicieron referencia a su persona o aquellas tomadas en los eventos a los que asistió, sino que también aparece detallado en diversas crónicas, como la antes citada y correspondiente a Vida Manchega, de Ciudad 3. Ossorio y Bernard, Manuel, Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, Imprenta y Litografía de J. Palacios, 1903, p. 67. 4 Manuel Ossorio y Bernard, que se incluye en el índice que él mismo publicó, fue un escritor y periodista nacido en Algeciras en 1839. Fue redactor en numerosos periódicos, como El Constitucional, El Contemporáneo, El Español, La Ley, La Gaceta de Madrid o La Correspondencia de España, entre otros. También dirigió numerosas publicaciones periódicas y colaboró en periódicos de México, Cuba y Filipinas. En 1903, momento de publicación de su catálogo, colaboraba en Gente Vieja. (op. cit., p. 319). Falleció en Madrid en 1904. 5 M.P.F., “Breve comentario a la distinción recibida por Bernardo G. de Candamo”, El Heraldo, 25 de enero de 1936, p. 15. (Las iniciales podrían corresponder a Miguel Pérez Ferrero, ya que colaboró con el periódico madrileño en esa época.). 13.
(13) Real. Bernardo González de Candamo no pasaba ni mucho menos inadvertido en todas aquellas reuniones que servían de encuentro a las figuras más representativas de la intelectualidad del momento. Víctor Ruiz Albéniz Chispero fue uno de los encargados de efectuar una semblanza suya, en la que lo describe como un hombre «menudito, muy miope, eterno ironista, gran cultura, buena pluma, pero acusando excesivamente su constante afán de encaramarse tras de las innovaciones triunfales, a las que por cierto, siempre llegaba con retraso y para caer de ellas inmediatamente»6. Pese a que algunos de sus coetáneos lo cuestionaron, formó parte por derecho del grupo del 98 y de los jóvenes modernistas, conceptos que algunos críticos utilizan como sinónimo y que otros insisten en presentar de manera independiente, pese a su indudable vinculación. En un artículo aparecido en El Heraldo7 de Madrid, con motivo del fallecimiento de don Ramón María del ValleInclán, Miguel Pérez Ferrero8 aprovecha una referencia a la figura de Candamo y su relación con el autor de Luces de bohemia para plantear la posibilidad de incluirlo en el “grupo de los jóvenes”. Así, escribe:. Don Ramón de Valle-Inclán pertenece a la generación del 98, a esa generación cuya existencia ha demostrado Pedro Salinas palmariamente y a la que el maestro Azorín ha denominado de esta manera. A su lado, en las filas de esa generación: Unamuno, el propio Azorín, Baroja, Maeztu, el arrepentido; el malogrado Bargiela, Benavente. ¿También Bernardo G. de Candamo? Y otros…. Luis Calvo, por su parte, jamás cuestionó el derecho de nuestro autor a formar parte de la destacada nómina de los escritores de vanguardia. Así lo indica en la semblanza en ABC publicada con motivo de su fallecimiento, en septiembre de 1967: «era breve de estatura y cenceño, crítico afilado si exorable, inserto en la vanguardia modernista»9. Rafael Cansinos-Asséns10 dedica varios párrafos en su Novela de un literato a hablar del crítico de origen asturiano, refiriéndose a él como «el Nardito de los tiempos modernistas»11. En uno de los. 6. Ruiz Albéniz Chispero, ¡Aquel Madrid…! (1900-1914), Madrid, Artes Gráficas Municipales, 1944, p. 141. 7 Pérez Ferrero, Miguel, “Rasgos de la vida y de la obra de Valle-Inclán”, El Heraldo, 6 de enero de 1936, p. 2. 8 Miguel Pérez Ferrero (Madrid, 1905-1978) fue un escritor, periodista y crítico que colaboró en La Gaceta Literaria, El Liberal y, desde 1945, en ABC y Blanco y Negro. Publicó varios libros, como la Vida de Pío Baroja y Vida de Antonio Machado y Manuel. (Anónimo: “Ha muerto Miguel Pérez Ferrero”, El País, 28 de mayo de 1978. Consultada en la edición digital del diario www.elpais.es el 8 de mayo de 2009). 9 Calvo, Luis, “…Y Candamo”, ABC, 15 de septiembre de 1967, p. 3. 10 Rafael Cansinos-Assens (Sevilla, 1883 – Madrid, 1964) fue un novelista, ensayista, traductor y crítico literario; uno de los máximos animadores de la primera vanguardia, pues se hizo cargo de la revista Cervantes –fundada por Villaespesa- en el momento de eclosión del “ultraísmo”, además de inspirar otras publicaciones de vanguardia, como Grecia, Ultra y Perseo. Fue crítico literario en La Correspondencia de España, La Libertad, Helios, Renacimiento, Prometeo, Revista latina, El Imparcial, El País y La. 14.
(14) capítulos de la obra, concretamente en el que son descritas las reuniones de intelectuales en casa de Francisco de Villaespesa12, escribe el autor que «Candamo, que tendía a la erudición, con sus gafas precoces, se soñaba un alma de sofista helénico, y clamaba: ¡Eironeia! ¡Eironeia!»13. En el capítulo titulado “La sagrada cripta de Pombo”, Cansinos-Asséns dedica unas líneas a la tertulia literaria organizada por Ramón Gómez de la Serna en una antigua botillería y en la que participaban jóvenes amantes de la cultura, como Tomás Borrás14 –«crítico de teatros en La Tribuna», explica el autor-, Andrés González Blanco15 y Bernardo González de Candamo, entre otros. Rememora Cansinos una divertida anécdota que tuvo al crítico que ocupa este estudio como protagonista, y que es especialmente reveladora de la sorna y constante crítica ácida que primaba en el carácter de Candamo: Tribuna. También compiló su obra crítica en algunos volúmenes, como Poetas y prosistas del novecientos (1919), Los temas literarios y su interpretación (1924), los cuatro volúmenes de La nueva literatura (1925-27) y Verde y dorado en las letras americanas (1947). En el género del ensayo destacan Cervantes y los israelitas españoles (1916), Ética y estética de los sexos (1920), Salomé en la literatura (1920) y El amor en el «Cantar de los cantares» (1925). También fue poeta, género al que pertenecen sus Odas inmortales, firmadas bajo el seudónimo Juan Las. Entre sus novelas, destacan El pobre baby (1915), En la tierra florida (1921), La huelga de los poetas (1921) o El movimiento V.P., considerada la más relevante en tanto que marca la ruptura con el ultraísmo y señala su inflexión, casi definitiva, de novelista a crítico. Como sabemos, publicó sus memorias bajo el título La novela de un literato. (Véase Gullón, Ricardo, Diccionario de literatura española e hispanoamericana, Madrid, Alianza, 1993, pp. 273-274). 11 Cansinos-Asséns, Rafael, La novela de un literato, vol. II, Madrid, Alianza Editorial, 1982; la cita, en p. 120. 12 Francisco Villaespesa (Laujar de Andarax, Almería, 1877 – Madrid, 1936) fue un dramaturgo y poeta que destacó por cultivar un teatro poético historicista, en el que destacan La leona de Castilla (1915), Doña María de Padilla (1913) y la adaptación de la obra de Tirso de Molina, El burlador de Sevilla (1927). (Ver Teatro Español. De la A a la Z, pp. 745-746). 13 - Op. cit., vol. I, p. 79. 14 Tomás Borrás (Madrid, 1891 – íd., 1976) fue un dramaturgo, periodista y narrador que participó en el proyecto editorial Un Teatro de Arte en España, promovido por Gregorio Martínez Sierra. Borrás cultivó el teatro poético en obras como El sapo enamorado (1916), además de publicar colecciones de cuentos La cajita de asombros (1946) o Azul contra gris (1948)- y novelas, como La doncella de la risa y el llandó (1921). (Ver Teatro Español. De la A a la Z, pp. 91-92). 15 Andrés González Blanco (Cuenca, 1886 – Madrid, 1924) fue un crítico literario y escritor, hermano de los también periodistas y escritores Edmundo y Pedro González Blanco. Tras pasar su infancia entre Cuenca, Luanco, Ciudad Real y Madrid, se estableció finalmente en la capital, donde cursó Filosofía y Letras, estudios que no concluyó a falta de dos asignaturas. En la capital inició pronto su intensa actividad literaria en redacciones periodísticas, en el Ateneo y en otras tribunas donde ofreció numerosas disertaciones. En 1908 su fama en la ciudad aumentó con su novela corta Un amor de provincia, recomendada por el jurado del concurso de la revista El Cuento Semanal y publicada meses después. Ese mismo año obtuvo por unanimidad el premio “Charro-Hidalgo” concedido por el Ateneo de Madrid cada bienio por su Historia de la novela en España desde el Romanticismo a nuestro días, que se publicó en 1909. Una nueva obra vio la luz en 1910: Poemas de provincia y otros poemas. Otra de sus colecciones poéticas fue la titulada Horas de ausencia. Como narrador destacó en la novela corta, con títulos como Doña Violante (1910) o Matilde Rey (1911). José María Martínez Cachero –fuente de estas informaciones- destacó de él fundamentalmente, y pese a «sus defectos e inmadurez», su faceta de crítico literario, género al que pertenecen Historia de la novela en España…, las series de Los Contemporáneos (1907 y 1910) o el estudio Campoamor (1911). (Véase: Martínez Cachero, José María, “González Blanco, Andrés”, en Gran Enciclopedia Asturiana, Gijón, vol. VII, 1970, pp. 282-283. La fuente de la entrada es: Martínez Cachero, José María, Andrés Gonzáelz Blanco: una vida para la literatura: Biografía; el poeta; el crítico literario; el narrador; bibliografía «de» y «sobre» Andrés González Blanco, Oviedo, IDEA, 1963).. 15.
(15) El saloncito se llena de humo de cigarros y del runrún de las conversaciones. Chismorreos literarios, epigramas a los ausentes, de cuando en cuando exclamaciones desentonadas: -¡Ramón! ¡Qué grande es Ramón!- Candamo no puede prescindir de su eironeia y comenta: -Sí; como sus libros…, que yo, claro está, no he leído…, ni usted tampoco, ¿verdad? Avecilla pondera: -Se está aquí bien, ¿verdad? ¡Qué distinto esto de las cachupinadas de Carmen!... Yo no he vuelto por allí hace tiempo… Candamo apura su café y pregunta: -Pero, bueno, ¿para qué nos hemos reunido aquí? Si somos futuristas, ¿qué hace entre nosotros ese anacrónico poeta de Alcalde de Zafra, eh? -Es el único que está bien aquí- observa Andresito-. Es de la edad del reloj isabelino y el espejo empañado… -Menos mal que no ha traído a su hermana- observa Avecilla. -¡Y que Ramón tampoco se ha traído a Colombine16!- agrega Candamo-. Dios es grande y misericordioso. Ramón se levanta y pasa a la cocina. Los camareros empiezan a poner los manteles y servir los entremeses. Los comensales se lanzan voraces sobre ellos… -Esto no está mal…- observa Candamo-, pero estos entremeses son greguerías… Yo quiero algo más sólido…, espero el bisté con patatas… -Señores- anuncia Ramón, volviendo de la cocina-. Ya está aquí el consommé… Luego tenemos bisté con patatas y lubina. -¿No habría sido mejor langosta con mayonesa?- insinúa un joven flaco, con una gran nariz moqueante como la de Avecilla y unas canas prematuras. -¡Hombre!- disculpa Ramón-. No sea usted exigente, Taxonera…, ¿qué más quiere por un duro? -Este Ramón- murmura Candamo- está en combinación con el dueño…, ¡cómo le hace el cartel!... ¿No tendrá parte en los beneficios?... Pues yo he venido una vez por curiosidad… ¡Pero no vuelvo como no dé tarjetas a la Prensa!...17. Menciona también Cansinos-Asséns la gran fama con que contaba en su tiempo, escribiendo que «de Candamo hasta había hablado Le Mercure de France. Yo me limitaba, pues, a oírlos y a hacer por formarme una síntesis coherente de tantas opiniones dispares»18. Incluso su hijo conservaba un libro que Maurice Barrès19 le dedicó en 1917, en francés, idioma en que Candamo se defendía a la perfección, ya que nunca dejó de viajar y pasar alguna temporada en la que, en definitiva, era su ciudad natal. El hecho tuvo lugar cuando nuestro crítico pasó el verano del citado año en la ciudad para ejercer de corresponsal de El Mundo, mostrando cómo las personalidades de la cultura vivían los acontecimientos bélicos del momento. Todas estas reuniones sociales en las que participaba contaban con frecuencia con la intervención de nuestro crítico. Son numerosos los artículos del también diario madrileño El Imparcial que se refieren a ellas, siempre con elogios hacia la figura de Candamo. Uno de los citados casos es la crónica de una comida de homenaje realizada en honor de Pío Baroja en la 16. Seudónimo de la escritora Carmen de Burgos Seguí (1878-1932). (Véase Rogers, P.P., Lapuente, F.A., Diccionario de seudónimos literarios españoles, Madrid, Gredos, 1977, p. 125). 17 Cansinos Asséns, op. cit., vol. II, pp. 64-65. 18 -Op. cit., vol. I., p. 80. 19 Maurice Barrès fue un novelista y político francés. En esta tesis se incluye una entrevista efectuada por Candamo al autor para el diario El Mundo.. 16.
(16) capital, en marzo de 190220, y en la que un todavía jovencísimo Bernardo González de Candamo, ya de sobra conocido en los círculos intelectuales, leyó «una inspirada crítica de la obra de Baroja, obteniendo nuevos homenajes». El mismo diario anunciaba el 16 de marzo de 1913 una conferencia organizada para esa misma jornada en el Ateneo y que titularon “Florilegio de poetas castellanos”21. Candamo se encargó de reseñar la trayectoria del romántico Juan de Arolas, escritor barcelonés situado entre los más destacados de lírica erótica del país durante el siglo XIX y, quizás, autor de varias de las lecturas que lo inspiraron en la redacción de sus Estrofas. El acto se completó con la intervención de Antonio López Ferrándiz, que dedicó su ponencia a Juan Boscán, mientras que Fernando Iscar22 se ocupó de Gabriel y Galán. En el número del 17 de marzo de 191323, el periodista encargado de comentarlo escribe lo siguiente de la lectura de Candamo:. El notable crítico Bernardo G. de Candamo, cuya enorme cultura y sólido talento artístico se ha reconocido unánimemente por todos, leyó a continuación un admirable trabajo sobre el escolapio Juan de Arolas, uno de los más grandes poetas que florecieron en el siglo XIX, rival digno del prodigioso Zorrilla. Fue el estudio del Sr. Candamo aplaudido con mucho entusiasmo.. Luis Ruiz Contreras24 también lo recordó, en más de una ocasión, en su autobiografía Memorias de un desmemoriado, del año 1946. En ella, el escritor y fundador de Revista Nueva, una de las publicaciones en las que también colaboró nuestro crítico, evoca dentro de un capítulo titulado “Tertulias literarias” cómo fue su primer encuentro en la redacción de la citada revista, durante el que charlaron de los gustos e inquietudes literarias de Candamo25:. 20. [Anónimo]: “Una novela de Pío Baroja. Comida de homenaje”, El Imparcial, 26 de marzo de 1902, p. 2. 21 [Anónimo]: “Conferencia en el Ateneo”, El Imparcial, 16 de marzo de 1913, p. 5. 22 No se ha encontrado más información de estos autores que el anuncio del acto en la prensa del momento. 23 [Anónimo]: “Florilegio de poetas líricos”, El Imparcial, 17 de marzo de 1913, p. 5. 24 Luis Ruiz Contreras (Castelló de Ampurias, Gerona, 1863 – Madrid, 1953) fue un periodista y fundador de numerosas publicaciones literarias, como Revista Nueva. Es autor de ensayos eruditos y de crítica – Libritos, librotes y librajos (1894), De guante blanco (1895), Medio siglo de teatro infructuoso (1930)-, narraciones –Historias crueles (1888), De amor (1896)-, poemas y obras de teatro. Una de sus obras más destacadas es Memorias de un desmemoriado (1946), a la que hemos aludido en esta tesis. Completó su actividad literaria efectuando varias traducciones. (Véase Diccionario de literatura española e hispanoamericana, p. 1477). 25 Ruiz Contreras, Luis, “Tertulias literarias”, en Memorias de un desmemoriado, Madrid, Aguilar, Colección “Crisol”, 1961, pp. 315-335.. 17.
(17) Entró en mi estudio un joven, casi niño, de poca estatura y desenvueltos modales. Traía una tarjeta de Alejandro Sawa. Sus ojos negros, brillantes y tranquilos, revelaban cierto reposo que no suele mostrar la inquieta juventud; su frente, orlada con descuido por la rizosa cabellera, no permitía presentir una imaginación fogosa. -¿Tiene aficiones literarias?- le pregunté en seguida [sic]. -Son las letras la única pasión de mi vida; un buen libro es mi goce mayor. -¿Trae algún trabajo? -Nada. No traigo nada. Solo quería conocerle a usted. Leí sus obras y trato con algunos de sus amigos. -Extraño que un joven, con sus aficiones literarias, no aspire a la publicidad… -Me gusta la conversación y la intensa lectura. Escribir… ¿para qué? Ya escriben los otros. Alguna vez, con muchas dificultades…, puliendo mucho…, castigando el estilo… -¿Y la idea? -¡Qué importa! No quiero literatura que haga pensar o sentir; y repito cuarenta veces una frase bien equilibrada, elegante, cristalina… -¿De modo que no se propone imaginar una novela, un drama, con el tiempo? -¡Un drama! No concibo lo dramático, y la novela está lejos de mi vocación. Solo me gusta de cuando en cuando leer novelas, y más que ninguna, la más reciente de un amigo de usted, que le merece muy justos elogios… -¿De Pereda? -Sí, Pereda. Su libro Peñas arriba es un asombro, un alarde, un prodigio de forma… ¡Oh!, las peñas, la nieve… Aquella nieve que todo lo cubre… No es posible hacer más. -¿Y de los nuevos? -Algunas páginas de Valle-Inclán, frías y esculturales. -¿Como el principio de la novelita Epitalamio? -Sí. -Conocerá usted a los franceses y a los belgas, trastornadores de la juventud: Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Berhaeren, Maeterlinc [sic]… -Con una poesía de Mallarmé paso tres horas y sueño cuatro noches. (…) -El pensamiento me abruma; solo busco en el arte cierta vaguedad apacible; y leo una página como bebería un vino generoso, como besaría en la frente de mármol a una Venus. Repito la misma lectura que acaricia mi oído como la vibrante nota de labrado cristal… -Siento decirle a usted que por ese camino llegan los jóvenes a la Ciudad Muerta en diez años. A los veintiocho será usted un inútil. Sonrió levemente, como el borracho a quien aconsejan que renuncie a los alcoholes mortales… -Pero ¿es posible que no traiga ni siquiera unos versos? -¡Ah¡, ¡versos! –y sacó precipitadamente del bolsillo un abultado sobre-. Versos, versos deliciosos. Revolvía con afán las hojas para escoger alguno, que me leyó con acento emocionado. -¿Le gustan a usted? Son de Rubén Darío. Yo los llevo siempre… siempre. -Rubén Darío es un alma de poeta. No tiene usted mal gusto. Pero yo quiero ver algo de lo que usted escribe. -Los versos de Darío –prosiguió como si no oyera- los recito en cuanto se me ofrece ocasión… -Pero yo quisiera oír algo de usted… Continuaba revolviendo las hojas. -¿Algo mío…? Una cuartilla… Y leyó un fragmento, una página musical: imágenes, luz. Aquel niño sabría escribir, sin duda. -¿Pero no principia, no acaba? -Cuatro noches luchando. Un mes puliendo… ¡Imposible! Inútil escribir… ¡Admiro… y me basta!26. 26. Ruiz Contreras, op. cit., pp. 331-334.. 18.
(18) Tras rememorar el aspecto y carácter soñador del joven Candamo, Ruiz Contreras se sitúa en el momento de la publicación de sus memorias para efectuar un brevísimo repaso a la vida de nuestro crítico:. Cuarenta y cinco años han caído sobre los hombros de aquel joven, al que veo muy de tiempo en tiempo, sin que la edad haya borrado sus convicciones con los apremios del vivir. La biblioteca del antiguo Ateneo fue su refugio; sin rehuir la compañía, trató más a los libros que a los hombres. Puede considerársele como un puro intelectual que no comercia con sus imaginaciones y las recluye para sí como en el gineceo recluían a sus amados los ricos atenienses.27. No se trata en este estudio de dedicar elogios gratuitos a nuestro crítico, pero lo cierto es que es difícil hallar comentarios desfavorables hacia su persona. Los artículos encontrados que describen las diversas labores que desempeñó solo dirigen buenas palabras a Bernardo González de Candamo, quien, además de convivir con algunos de los escritores más relevantes de las letras españolas e hispanoamericanas, también estableció fuertes lazos de amistad con algunos de ellos. Aún hoy la figura y obra de Candamo continúan latentes y son muchos los estudiosos que inciden en la relevancia que su presencia tuvo en Madrid, desde finales del XIX hasta el momento de su fallecimiento. Miguel Ángel Lozano Marco, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alicante, lo menciona, ponderando su labor de crítico, en un artículo publicado en la revista Auca28 y en la que escribe lo siguiente:. Por otro lado, hay que señalar que ya en 1908 un crítico perspicaz como Bernardo G. de Candamo utilizó el término “novela lírica” para definir la índole de La novela de mi amigo en una muy temprana formulación de un concepto que habría de desarrollarse fuera de España medio siglo después, sin contar con Gabriel Miró, hasta que Ricardo Gullón y Darío Villanueva aplicaron los criterios derivados de Freedman a los ejemplos literarios hispánicos.. Como indica César Antonio Molina29, nuestro autor también colaboró con la revista La Anarquía Literaria, de la que explica que «fue su promotor el escritor Julio Camba que, por aquel entonces, estaba metido en asuntos políticos y revolucionarios»; y continúa describiendo esta publicación como «sui géneris» y «prácticamente desconocida». En La Anarquía Literaria, a la que dedicaremos un capítulo en esta tesis, escribieron Alejandro Sawa, Miguel de Unamuno, Andrés de Montalbán o 27. Ruiz Contreras, op. cit., p. 334. Lozano, Miguel Ángel, “Gabriel Miró y la novela moderna”, Auca, Alicante, 9, marzo de 2007. (La revista ha sido consultada en su versión digital, el 2 de octubre de 2012, y no es posible indicar el número de las páginas). 29 Molina, César Antonio, Medio siglo de Prensa literaria española (1900-1950), Madrid, Ediciones Endimión, 1990, pp. 34-41.. 28. 19.
(19) Emilio Carrere. También se hace eco César Antonio Molina de un artículo de Candamo publicado en El Almanaque Literario 1935, titulado “Un siglo en el Ateneo madrileño”, con motivo del primer centenario de la fundación de la institución de la que nuestro autor formó parte. De este volumen escribe Molina que «fue uno de los dos almanaques más interesantes» publicados en la década de los 30, junto con los patrocinados por la revista Cruz y Raya30, que dirigía José Bergamín. Lo publicaron en la editorial Plutarco Guillermo de Torre31, Miguel Pérez Ferrero y Esteban Salazar Chapela32.. 30. Ruiz Contreras, op. cit., p. 245. Guillermo de Torre (Madrid, 1900 – Buenos Aires, 1971) fue uno de los más destacados cronistas de los movimientos de vanguardia españoles de los años veinte (Literaturas europeas de vanguardia, 1925), así como uno de los más fervientes animadores del movimiento ultraísta, para el que escribió en 1920 el Manifiesto vertical ultraísta. A esta estética pertenece su libro Hélices (1923). Publicó asiduamente en la Revista de Occidente a partir de 1924, y colaboró con Giménez Caballero en La Gaceta Literaria. Tradujo a Max Jacob y a Verlaine. Ejerció la crítica literaria y artística en ensayos como Examen de conciencia (1928), Itinerario de la nueva pintura española (1931) o Picasso. Noticias sobre su vida y arte (1936); y, ya en el exilio, Guillaume Apollinaire; su vida y su obra y la teoría del cubismo (1946), Problemática de la Literatura (1951) o Las metamorfosis de Proteo (1956). A su obra han de sumarse su Historia de las literaturas de vanguardia (1965) –reelaboración de Literaturas europeas de vanguardia-, Claves de la literatura hispanoamericana (1959), Tres conceptos de literatura hispanoamericana (1963), Al pie de las letras (1967) o Doctrina y estética literaria (1970), su última obra. (Vésase Diccionario de literatura española e hispanoamericana, p. 1621). 32 Esteban Salazar Chapela (Málaga, 1900 – Londres, 1965) fue redactor de El Sol y colaboró en la Revista de Occidente. Al concluir la guerra civil se trasladó a Londres, donde publicó crónicas sobre Inglaterra en varias revistas hispanoamericanas, como Asomante, Romance o La Torre. Su primera novela fue …Pero sin hijos (1931), a la que siguen Perico en Londres (1947) –sobre los republicanos españoles en Gran Bretaña- y la humorística Desnudo en Picadilly (1959). Un año después de su muerte se publicó Después de la bomba, relato de anticipación histórica. (Vésase Diccionario de literatura española e hispanoamericana, p. 1495). 31. 20.
(20) 2. BERNARDO GONZÁLEZ DE CANDAMO: APUNTES BIOGRÁFICOS33 El 5 de enero de 1881 nació en París Bernardo González de Candamo, en el seno de una familia acomodada, hijo de Ladislao González de Candamo y Elisa Sánchez Campomanes. El matrimonio se trasladó a la capital francesa cuando el padre del crítico consiguió un trabajo en la Embajada de Perú por la intermediación de un familiar, su tío Manuel Candamo Iriarte, que fue presidente del país sudamericano. Sin embargo, cuando Candamo tenía solo un año la familia se trasladó a Asturias, de donde eran naturales, y se instalaron en Oviedo. Tuvo una hermana: Eliseta González de Candamo. El linaje “De Candamo” hunde sus raíces en la burguesía del Principado. La casa originaria, que dejó hace décadas de pertenecer a la familia, aún se mantiene en pie como símbolo del nacimiento de una enorme estirpe que se extendió mucho más allá de los límites de la localidad de Pruvia, en el concejo de Llanera. Aunque es en Morcín donde figura el origen real del apellido. Una vez en la capital asturiana, Candamo cursó sus estudios de Educación Primaria en el mismo colegio34 que otro destacado escritor, Ramón Pérez de Ayala. Sin embargo, poco tiempo después de comenzar los de Bachillerato, la familia cambió una vez más su residencia, esta vez para instalarse en Madrid, ciudad en la que nuestro autor pasaría prácticamente el resto de sus días; eso sí, sin renunciar a frecuentes viajes a París, una ciudad con la que siempre mantuvo un vínculo muy especial y que tanto lo inspiró. Tras finalizar sus estudios en el Instituto San Isidro, continuó su formación en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, estudios que dejó prematuramente ya que, como escribe Constantino Suárez Españolito en su índice de Escritores y artistas asturianos, carecía de «apetencia de ejercicio profesional de la misma»35. Fue precisamente en la capital francesa donde Candamo entró en contacto con la literatura modernista, con las nuevas formas con las que un grupo de jóvenes pretendían plantar cara a cualquier manifestación anquilosada en el pasado y contraria a aceptar la convivencia pacífica de 33. Toda la información relativa al linaje de Candamo, sus orígenes asturianos, la familia del crítico, así como los datos acerca de su nacimiento y estudios fueron facilitados por su hijo, Luis González de Candamo. 34 Desconocemos el nombre del centro. Aunque, como explicaremos en un capítulo posterior, descartamos la posibilidad de que recibiera una formación jesuítica como Ramón Pérez de Ayala, ya que en un comentario a la obra A.M.D.G afirma limitarse a comentar las críticas expuestas por el autor asturiano hacia los métodos educativos de los centros de la Compañía de Jesús, al no conocerlos de primera mano. (Candamo, Bernardo G. de, “Clericales y anticlericales. El accidentado estreno de anoche en el teatro Beatriz. A.M.D.G.”, El Imparcial, 7 de noviembre de 1931, p. 1. Con el texto se adjunta la breve nota de sucesos “Escándalo monstruoso”.) 35 Suárez, Constantino, “González de Candamo (Bernardo)”, en Escritores y artistas asturianos. Índice bio-bibliográfico, tomo IV, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1955, pp. 267-268; la cita, en la p. 267.. 21.
(21) ambas. A sus 17 años, descubrió en París un hervidero de cultura y bohemia de la mano de una figura fundamental para entender el nacimiento del Modernismo: el escritor y crítico guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. Sería él quien, pocos años después, presentaría a Candamo y Rubén Darío. A su regreso a Madrid comenzó a escribir, desde 1898, en algunas de las principales revistas del momento, no solo artículos, sino también algunos poemas y prosas. Su firma aparece en Madrid Cómico, Arte Joven, Vida Nueva, Nuestro Tiempo, La Lectura o Helios, entre otros. Entre sus colaboraciones en este amplio inventario de títulos, logró que en 1900 viera la luz su primer y único libro, Estrofas36, al que se dedicará un capítulo en esta tesis, y con cuya cabecera desafió a las más férreas leyes de género; pues, pese a anunciar una obra poética, da nombre en realidad a un libro de breves prosas modernistas, algunas de las cuales aparecieron publicadas de manera individual en algunas de las revistas literarias mencionadas con anterioridad. Su participación en la vida cultural y literaria de la ciudad fue siempre activa. Muestra de su implicación con el teatro, género sobre el que más escribió, es que su firma figura con las de Anselmo González Alejandro Miquis (primer firmante); Benavente, Valle-Inclán, Galdós o José Francés –entre otros muchos- en el manifiesto del “Teatro de Arte” en 190837. En 1911, y también en Madrid, Candamo contrajo matrimonio con Carmen Feliú y Acevedo, hija de un militar segoviano y con la que tuvo tres hijos: el primogénito, Bernardo González de Candamo, que murió a los 25 años en la guerra civil, luchando en el bando nacional; una hija, Carmencita, que falleció en 1916 de meningitis, cuando contaba tan solo un año y medio de edad, hecho del que se hizo eco la prensa de la época; y, por último, Luis González de Candamo, quien, como su padre, dedicó su vida al periodismo. Según recoge Jesús Alfonso Blázquez en Unamuno y Candamo: amistad y epistolario (1899-1936) 38, reproduciendo palabras del propio Luis González de Candamo, su nacimiento el 25 de abril de 1922 trajo parejo un empeoramiento de la situación económica familiar, que nuestro crítico intentó solventar mediante la realización de labores de traducción a las que se hará referencia más adelante en este trabajo. Sin embargo, también explica que la fortuna de la familia dio un vuelco cuando en 1924 Candamo recibió una herencia de una de sus tías maternas. Blázquez recoge el testimonio del hijo menor al respecto y que, a su vez, reproduce palabras de su padre:. 36. Se menciona en la entrada sobre Bernardo González de Candamo en la Gran Enciclopedia Asturiana a cargo del catedrático de Literatura de la Universidad de Oviedo José María Martínez Cachero (“González de Candamo, Bernardo”, Gran Enciclopedia Asturiana, vol. VII, p. 284). A su vez, este cita entre sus fuentes el artículo de Luis Calvo en ABC al que nos hemos referido y un estudio de Miguel Pérez Ferrero titulado Algunos españoles (Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1972). 37 Rubio Jiménez, Jesús, “El “Teatro de Arte” (1908-1911): Un eslabón necesario entre el Modernismo y las vanguardias”, Siglo XX/20th Century, 5: 1-2, 1987-1988, pp. 25-33; la referencia, en p. 26. 38 Blázquez, op. cit., pp. 198-199.. 22.
(22) Los Candamo somos una familia que nos llevamos arruinando desde el siglo XVIII.. Candamo no dejó prácticamente nunca de escribir y, además de sus frecuentes colaboraciones en publicaciones como las mencionadas, compaginó su labor con la de secretario de la Sección de Literatura del Ateneo, cargo que ostentó desde 1905 y que asumió leyendo un artículo que tituló “Opiniones literarias”, que constituyó una auténtica defensa del “arte joven” pero en el que mostraba ya sus reservas hacia ciertos excesos, como la fuerte tendencia a la frivolidad. Además, pronto, en 1907, comenzó a escribir en el que se convertiría en su diario de cabecera y con el que se le vinculó durante toda su vida: El Mundo. Para él publicó el mayor número de comentarios teatrales de su producción bibliográfica, e incluso ejerció de corresponsal en París durante la Primera Guerra Mundial, donde la batalla del Marne de 1917 lo sorprendió en un taxi, dato que hemos conocido por su hijo Luis. A esta cabecera se suman otras muchas, como El Fígaro, El Tiempo (1921), El Imparcial, la revista Summa (de la que fue uno de sus fundadores), Cosmópolis, Luz, la Hoja del Lunes, donde popularizó el seudónimo de Iván d’Artedo39; o la revista Blanco y Negro, entre otros.. 2.1. Candamo, funcionario. El primer puesto de Bernardo González de Candamo lejos de las rotativas le llegó por la intermediación de su padre y Miguel de Unamuno ya en el año 1901. Ladislao González de Candamo envió una carta al escritor pidiéndole que, dada su relación de amistad con el conde de Romanones, lograra que su hijo consiguiera un empleo en cualquier ministerio y, a poder ser, en “plantilla”. También le rogaba la más absoluta de las discreciones, para evitar el enfado de su hijo, que no quería importunar a Unamuno con una solicitud de este tipo. (p. 123) Y aunque Jesús Alfonso Blázquez afirma que no ha hallado la misiva de Unamuno al conde, parece ser que en ese mismo año 1901 nuestro crítico logró un empleo, aunque temporal. Así lo demuestra una carta, en este caso del propio Bernardo a don Miguel, fechada el 30 de septiembre de 1902 (p. 351), en la que él mismo le solicitaba su intercesión para conseguir mejorar su posición en el Ministerio de Instrucción Pública pasando a formar parte de la plantilla y cobrando 1.500 pesetas anuales. Sin embargo, pese a los esfuerzos de Unamuno, continuó en su puesto de temporero hasta el año 1906. Aunque Blázquez escribe que «tampoco cabe destacar que quedase en situación de. 39. La primera noticia del uso del seudónimo la hallamos en una semblanza que el escritor y periodista madrileño Miguel Pérez Ferrero le dedicó en Informaciones, en 1949, al cumplirse los cincuenta años de vinculación de Candamo con el Ateneo. (Pérez Ferrero, Miguel, “Una figura en su relieve”, Informaciones, Madrid, 3 de marzo de 1949, p. 6). También lo cita Constantino Suárez Españolito en la entrada que le dedica en su índice de Escritores y artistas asturianos, a la que ya nos hemos referido.. 23.
(23) cesante, porque no he encontrado ninguna documentación sobre su vida laboral a lo largo de estos años», sí que asegura que «consta en su expediente laboral del Ministerio de Obras Públicas que su situación laboral se consolidó a partir de 1906». Así lo indica el propio Blázquez: El 1 de enero de 1906, el Director General de Obras Públicas Julio Burell, su antiguo protector y director en El Gráfico gracias a la recomendación de Unamuno (…), ordena que se contrate a Bernardo como jornalero temporero para prestar servicios manuales en su secretaría particular. (p. 124). Sin embargo, Candamo, aunque cobraba las cuatro pesetas diarias que le correspondían, nunca llegó a desempeñar esta labor, algo que, según explica el autor del volumen de la correspondencia, era «muy habitual entre la bohemia noventayochista» (p. 150). La fecha de cese en este puesto fue varios meses más tarde, el 29 de agosto de 1906. Sin embargo, Julio Burell no tardó en interceder y lo hizo funcionario el 6 de febrero de 1907, por lo que Candamo llegó a cobrar 1.250 pesetas al año, aunque, de nuevo, no llegó a desempeñar tarea alguna. Blázquez indica que «Burell le nombró aspirante de primera clase a oficial de administración de la Jefatura de Obras Públicas de Madrid» (p. 150), destino en el que cesó el día 31 de diciembre del mismo año, para pasar a convertirse en escribiente segundo el día 1 de enero de 1908. Y el 1 de enero del año en que contrajo matrimonio con María del Carmen Feliú y Acevedo, 1911, se convirtió en oficial de quinta clase, en el cargo de escribiente primero de la Jefatura de Obras Públicas de Madrid, y pasando a cobrar 1.500 pesetas al año, cifra que coincide con su petición, una década atrás, a Unamuno. Allí permaneció los dos años siguientes hasta que el 1 de enero de 1913 pasó a ser escribiente segundo en la Secretaría del Ministerio de Fomento, cargo que ostentó hasta septiembre de 1919 y que le reportó una importante subida salarial, con 2.000 pesetas anuales en su ascenso a la cuarta clase, y a la tercera con 3.000 pesetas de emolumentos, indica Blázquez, quien continúa explicando que el 1 de septiembre de 1919 «pasó a prestar sus hipotéticos servicios en el Negociado de Enseñanza Técnica, Cultivo y Plagas del Campo solamente durante unas pocas semanas debido a que el 22 de octubre se le nombró oficial tercero de administración con destino en la Comisaría Regia del Canal de Isabel II y sueldo de 3.000 pesetas anuales». (p. 166) Durante todos esos años, la amistad entre Candamo y Miguel de Unamuno continuó. La controvertida personalidad del autor de Niebla tuvo sus repercusiones –además de en otros muchos círculos- en el Ateneo de Madrid, institución en la que tenía su tertulia y también en la que pronunció polémicas conferencias contra la monarquía y en favor de la democracia y de la reforma de la Constitución, entre 1920 y 1923, como recoge el libro de Jesús Alfonso Blázquez. En esta publicación también se explica de qué manera Bernardo González de Candamo se vio salpicado por. 24.
(24) las declaraciones vertidas por su amigo, a quien siempre mostró un apoyo firme, además de por las críticas efectuadas por él mismo acerca de la militarización del panorama político español. El 29 de septiembre de 1923 fue cesado de su cargo funcionarial. Por su parte, el Ateneo, en el que continuaba desempeñando su labor, fue cerrado el 20 de febrero de 1924 tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, con la única posibilidad de acceder a la biblioteca y a las actividades académicas que se celebraban en la docta casa. A continuación se reproduce parte del artículo 2º de la Real Orden de la Presidencia del Directorio Nacional de 17 de septiembre de 1923 sobre el régimen de funcionarios públicos, entre los que figuraba Candamo, y que Blázquez publicó en su libro. Pese a que ya hemos citado cuáles fueron los motivos reales del cese de Candamo, el gobierno argumenta un “incumplimiento” de sus tareas:. Se declaran cesantes los empleados de todas las dependencias oficiales que por viciosa costumbre, por incumplimiento de su deber y por censurable tolerancia de sus jefes, no asistían habitualmente a las Oficinas o Centros de que dependen. En observación de este precepto, los Jefes de todos los Centros oficiales formalizarán, bajo su inmediata responsabilidad, listas o relaciones nominales de los empleados incursos en la sanción que este artículo establece, remitiéndolas con urgencia a la Presidencia del Directorio Militar, para que este verifique las comprobaciones que estime oportunas. (p. 197). Y, cumpliendo lo solicitado en la Real Orden, Felicísimo Gallego, jefe de turno de Bernardo González de Candamo, lo denunció, por lo que nuestro crítico fue suspendido de empleo y sueldo. Volvió a recuperar su puesto de funcionario el 15 de diciembre de 1925, pero fue desterrado a Ciudad Real, donde continuó con sus labores de funcionario para el gobierno civil. Blázquez escribe: «Con el fin de posponer su destierro, presentó un certificado médico, el día 15 de enero de 1926, donde se decía que padecía una bronquitis aguda que le impedía salir de Madrid. La estratagema le sirvió para posponer su toma de posesión en Ciudad Real hasta el 13 de febrero de ese año.» (pp. 198-199) Parece ser que los primeros meses en Ciudad Real fueron solitarios para nuestro autor que, sin embargo, no pasó inadvertido para sus nuevos vecinos, que conocían su trayectoria periodística en Madrid. Varios diarios se hicieron eco de su presencia en la ciudad. Blázquez reproduce un fragmento de un artículo publicado en Vida Manchega el 18 de marzo de 1926, firmado por Antonio Barriopedro, y titulado “Figuras literarias: A Bernardo G. de Candamo”:. Le había visto en diferentes paseos a Bernardo G. de Candamo y no sé por qué me había dado la impresión de que aquel individuo de recia contextura, elegantemente vestido, con la cabellera nívea, a. 25.
(25) pesar de su relativa edad, siempre con los ojos fijos en libros y apuntes, debía padecer el virus de las letras. Muchas veces hube de espiar a Bernardo G. de Candamo sin conseguir averiguar en las maniobras a que constantemente se hallaba sometido acompañado de sus libros (sin duda sus mejores amigos), cuya lectura devoraba frente a sendos boks de dorada cerveza. (p. 199). El autor de dichas líneas propició que comenzara a relacionarse con varios personajes vinculados a la cultura, hasta el punto de que llegó a crear una tertulia literaria en la Taberna de El Cojo, a la que el cosmopolita Candamo dio el nombre de “The Lame’s Club”, imposible de pronunciar para sus contertulios que pronto lo castellanizaron, convirtiéndolo en el “Te lames Club”. Algunos de los participantes fueron el director de Vida Manchega, José Recio Rodero; el gerente de esta publicación, Enrique Pérez Pastor; el propio Antonio Barriopedro y los hermanos Calatayud, con quienes Candamo mantuvo una estrecha amistad en la ciudad. Sin embargo, y pese a que con el tiempo fue aclimatándose a Ciudad Real, nunca cesaron sus intentos de regresar junto con su familia a Madrid y, valiéndose de una tremenda picaresca, empleó varias tácticas para lograrlo:. Candamo se hizo rápidamente amigo del gobernador de Ciudad Real, G. del Castillo. Castillo le permitía ausentarse de la ciudad para marcharse de vacaciones a Royan, Francia, y para volver de incógnito a Madrid, para lo cual se teñía su blanca pelambrera con petróleo Gal y se afeitaba el bigote. La estratagema que utilizaba para burlar la orden de destierro se complementaba con falsos certificados médicos de enfermedad que le permitían solicitar la licencia. Así lo hizo en septiembre de ese mismo año y en los meses de octubre y noviembre para prorrogar la licencia por enfermedad. El 17 de diciembre, el gobernador le ordenó reincorporarse a su puesto de trabajo. Al menos sobre el papel, permaneció en Ciudad Real durante todo el año 1927. El 31 de diciembre de ese año, solicitó un año de excedencia. El día 5 de enero de 1928, se le concedió la excedencia, justo en el momento que comenzó a declinar la dictadura de Primo de Rivera. (p. 200). 2.2. Regreso a Madrid. La solicitud para su regreso definitivo a Madrid la realizó en el mes de enero de 1929, pidiendo su reingreso en la escala activa del Ministerio. Blázquez indica que «obtuvo inicialmente un puesto en la Secretaría del Ministerio, pero el 14 de febrero se le destinó al Negociado de Tráfico de Ferrocarriles» (p. 201). Fue en ese año cuando pasó a formar parte de la plantilla definitiva del Ministerio, y la mejora de su situación laboral y económica coincidió con el declive del Gobierno de Primo de Rivera. Un mes antes de la proclamación de la II República, concretamente el 17 de marzo de 1931, fue nombrado oficial de segunda de administración y destinado en la Secretaría del Ministerio, pasando a cobrar mil pesetas más al año.. 26.
(26) Las cosas mejoraron aún más con la llegada del Gobierno republicano y el ascenso de algunos de sus amigos. Fue el caso de Álvaro de Albornoz, compañero además de Candamo en el Ateneo, que al ser nombrado ministro de Fomento favoreció el ascenso del autor de Estrofas. El 4 de septiembre de 1931 fue nombrado oficial de la Administración civil, con destino en la Secretaría del Ministerio. Pasó a cobrar 5.000 pesetas anuales, un sueldo que dio estabilidad a la familia y que contribuyó a darle la educación deseada a sus dos hijos: Bernardo y Luis. Blázquez escribe al respecto:. El mayor, Bernardo, ingresó en la Academia Militar de Zaragoza y el menor, Luis, superó el examen de ingreso en el madrileño Instituto Escuela, perteneciente a la Institución Libre de Enseñanza, tras unos años de formación en el colegio de El Pilar de Madrid. Luis se encontró que los hijos de varios amigos de su padre estaban en su mismo curso: Luis Araquistáin40 que tenía allí a su hija Sonia, primer amor del imberbe Luisito; Juan Álvarez del Vayo41 que enviaba a su hijo Juanito; Rodolfo Llopis42 que escolarizaba allí a su hija María Teresa Llopis; Ramón Pérez de Ayala43 y Juan Negrín44 también matricularon a sus hijos en el colegio. El Instituto Escuela pretendía servir de modelo para el resto de los centros educativos republicanos. (pp. 201-202). Respecto a la situación laboral de Candamo, como cabría esperar también se resintió con el Bienio Negro, por lo que no consiguió un ascenso solicitado en julio de 1933. No fue hasta el 1 de enero de 1935 cuando fue nombrado Jefe de Negociado de tercera clase, con un sueldo de 6.000 pesetas al año, en el Ministerio de Obras Públicas. No tardó en efectuar una segunda petición, reclamando, el 25 de marzo de 1935, un cómputo de su antigüedad en el cargo (desde febrero de 1932) en su sueldo. Fue desestimada, pero pronto logró un nuevo ascenso, concretamente el 17 de abril de 1935, cuando lo nombraron Jefe de Negociado de 2ª clase, y un sueldo de 7.000 pesetas anuales, hasta que el 18 de julio de 1936 estalló la guerra civil y todo se vio paralizado. Su actividad periodística se vio reducida ya antes de la guerra, pues no hemos hallado ningún texto suyo desde noviembre de 1933 hasta 1941, cuando retoma su labor crítica. 40. Luis Araquistáin (Santander, 1886 – Ginebra, 1959) fue un crítico, dramaturgo, periodista y político socialista. Colaboró en varias publicaciones progresistas y liberales, como Leviatán, España, El Sol o El Liberal. Su labor de crítico teatral y ensayista aparece recogida en la obra La batalla teatral (1930). (Véase: Huerta Calvo, Javier; Peral Vega, Emilio; Urzáiz Tortajada, Héctor; Teatro Español de la A a la Z, Madrid, Espasa Calpe, 2005, p. 32). 41 Así figura en el libro de Blázquez, aunque seguramente se refiera al periodista y político socialista Julio Álvarez del Vayo, nacido en Madrid en 1891 y fallecido en Ginebra en 1975. (Véase web de la Fundación Pablo Iglesias, www.fpabloiglesias.es. Consultada el 15 de mayo de 2012). 42 Rodolfo Llopis (Alicante, 1895 – Albi, Francia, 1983) fue un pedagogo y secretario español del Partido Socialista Español en el exilio. (“Muere el ex secretario general del PSOE Rodolfo Llopis”, ABC, 23 de julio de 1983, p. 20). 43 Al novelista, crítico y dramaturgo Ramón Pérez de Ayala (Oviedo, 1880- Madrid, 1962), mencionado ya anteriormente, aludiremos en numerosas ocasiones a lo largo de esta tesis. 44 Juan Negrín (Las Palmas, 1892-París, 1956) fue un médico y político español, último presidente de la Segunda República. (Véase: Junquera, Natalia, “La última palabra de Juan Negrín. El médico keynesiano”, El País, 16 de noviembre de 2008. No podemos indicar la página porque el reportaje fue localizado en la edición digital del diario, consultada el 1 de agosto de 2011).. 27.
Outline
Documento similar
El nuevo Decreto reforzaba el poder militar al asumir el Comandante General del Reino Tserclaes de Tilly todos los poderes –militar, político, económico y gubernativo–; ampliaba
En estos últimos años, he tenido el privilegio, durante varias prolongadas visitas al extranjero, de hacer investigaciones sobre el teatro, y muchas veces he tenido la ocasión
que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el
Para ello, trabajaremos con una colección de cartas redactadas desde allí, impresa en Évora en 1598 y otros documentos jesuitas: el Sumario de las cosas de Japón (1583),
Pero la realidad se impone por encima de todo; la misma Isidora es consciente del cambio: «Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea que me hacía ser señora, me
Sanz (Universidad Carlos III-IUNE): "El papel de las fuentes de datos en los ranking nacionales de universidades".. Reuniones científicas 75 Los días 12 y 13 de noviembre
(Banco de España) Mancebo, Pascual (U. de Alicante) Marco, Mariluz (U. de València) Marhuenda, Francisco (U. de Alicante) Marhuenda, Joaquín (U. de Alicante) Marquerie,
D) El equipamiento constitucional para la recepción de las Comisiones Reguladoras: a) La estructura de la administración nacional, b) La su- prema autoridad administrativa