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María Cristina de Jesús Sacramentado ( ) y la Eucaristía

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María Cristina de Jesús Sacramentado

(1890-1980) y la Eucaristía

J

OSÉ

V

ICENTE

R

ODRÍGUEZ

,

OCD

(Segovia)

INTRODUCCIÓN

No vamos a ocuparnos de ninguna doctora de la Iglesia sino de una gran creyente de a pie: María Cristina, carmelita descalza. Hablaremos de su vivir, de su saber y de su evangelizar eucarísti-cos. Su gran libro era Cristo vivo. Su manual, el pequeño Catecis-mo, del que teje grandes elogios. Su riqueza era la que Juan de la Cruz llamaba «la sabiduría de los santos», contentándose «de saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que nos les pro-pone la Iglesia. Que esto basta para inflamar mucho la voluntad» (2S 29,12). Como se irá viendo a lo largo de nuestra exposición, Cristina viene a ser una de esas personas llenas de docta ignorancia y que figuraría muy bien en la lista de los «idiotas» ilustres o ili-teratos, en compañía de Pedro y Juan que así eran juzgados por el sanedrín (Hch 4,13). Microbio, ignorante, sin ilustración, ruda, anal-fabeta, pobretica son algunos de los calificativos que usaba refirién-dose a sí misma. De ella no esperemos ni tratados de teología, ni comentarios a la Sagrada Escritura. Era rica en ciencia adquirida sin libros y sin exámenes; fue catedrática «del sufrimiento propio y ajeno», maestra de la confianza y del amor del Padre Dios con todos sus hijos.

Su lema bien conocido por cuantos entraban en comunicación con ella era: «¡Orar, callar, sufrir!». Lo escribía por todas partes.

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Tenía también este otro: «Mis tres amores: La Eucaristía, la Virgen, la cruz»; algunas veces en lugar de la cruz: escribía sufrimiento. Ahora nos interesa el primero de esos tres amores: La Eucaristía. Desde su «rudeza» y sencillez supo vivir su fe en la Eucaristía y erigirse en apóstol de la misma.

Algunos datos biográficos

Acaba de publicarse una gran biografía de Cristina1; y el 24 de julio del año 2005 se ha abierto solemnemente su Proceso de cano-nización en San Fernando (Cádiz).

Para situarnos debidamente recogemos algunos datos de su vida. Nacida en Sevilla el 7 de julio de 1890, bautizada el 28 del mismo mes en la parroquia de San Pedro y San Juan Bautista. Confirmada en 1916 el 24 de enero a sus 26 años en la iglesia parroquial de la Purísima Concepción de Huelva, por el ya beatifi-cado don Manuel González García. Con toda seguridad Cristina oyó hablar a don Manuel de los sagrarios abandonados y de otros temas eucarísticos: «él se esforzó en recordar a todos la presencia de Jesús en los sagrarios, a la que a veces tan insuficientemente correspon-demos. Con su palabra y con su ejemplo no cesaba de repetir que en el sagrario de cada iglesia poseemos un faro de luz, en contacto con el cual nuestras vidas pueden iluminarse y trasformarse»2.

Sin falta que años antes de la confirmación, y en Huelva, había recibido la primera comunión, pero no sabemos ni cuándo ni en qué iglesia la hizo. No tenemos la suerte de conocer sus sentimientos íntimos en ese día de su primera comunión, como los conocemos, por ejemplo, en el caso de Teresa de Lisieux. En el caso de Cristina podríamos de algún modo adivinar sus fervores y oraciones por lo que años más tarde aconseja a quienes, de sus parientes, van a recibir al Señor por primera vez. De lo que sí nos consta, por tes-timonio de don Pedro Clavero cura propio de la parroquia de la

1JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ, La sonrisa interminable de Dios. Biografía de

la hermana María Cristina de Jesús Sacramentado (Cristina de los Reyes Olivera), Carmelita descalza (1890-1980), Madrid, EDE, 2004.

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Inmaculada Concepción de Huelva, es que años más tarde Cristina se distinguía «por su piedad y frecuencia de sacramentos»: de la confesión y de la comunión3.

Acostumbrada a esa frecuencia de Sacramentos, habiendo hecho su petición de ingreso en el Carmelo de Ogíjares, ya el 8 de enero de 1921 la comunidad de carmelitas descalzas hacen su votación capitu-lar y admiten a la «Srta. María Cristina de los Reyes Olivera, que se llamará en religión Hna. María Cristina de Jesús Sacramentado». Le han impuesto este nombre con apellido eucarístico las monjas del convento. Así quedaba identificada y quedaba pegado a su nombre de pila, y como anillo al dedo, ese apellido de Jesús Sacramentado. Su padre espiritual el siervo de Dios P. José Agustín Fariña, agusti-no, en carta del 17 de enero de 1921 a la comunidad del Carmelo de Ogíjares proponía que se la llamase «Sor Esclava de Jesús Sacramen-tado». Queriendo convencer a las monjas del convento de la conve-niencia del nombre que sugería añade: «Además no olvide el fin de esas fundaciones. Cristina será la azucena eucarística, la esclavita del sagrario»4. Con esto se está refiriendo al carácter eucarístico espe-cial, y excepcional de aquel Carmelo. Cristina llegó a Ogíjares el 22 de enero por la noche. Al día siguiente la acompañaba a Granada la señorita María del Rosario para que se entrevistase con el Sr. Arzo-bispo don José Messeguer y Costa para pedirle personalmente el in-greso en el convento. El prelado la recibió con mucho cariño y obse-quió a la joven «con un objeto que él tenía en grande estima. Volvimos a casa muy contentas, dice su acompañante, improvisando la feliz agraciada ocurrentes cantares a la Eucaristía».

Ya lo vemos, su alegría por poder entrar en el convento la ex-terioriza cantando a la Eucaristía. No cantaba bien, pero el fervor y el gozo suplían al arte.

En el convento

Al día siguiente de esta visita entró ya en la clausura, el 24 de enero. A los tres meses de su estancia en el monasterio, marzo de

3La sonrisa interminable, p.51.

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1921, en carta al P. Fariña manifestándole sus fervores eucarísticos íntimos dice: «¡Jesús mío, tu corazón y el mío, forman un capullo de amor a mi Jesús, y luego de ese capullo que no salga la Hermana María Cristina, que salga una paloma y esté posada en el sagrario». La Madre Teresa de Jesús (Alameda y Castellano), fundadora y primera Priora de Ogíjares, era la gran entusiasmada y promotora del carácter eucarístico tan principal de esa casa, que quería asociar a la vida carmelitana contemplativa la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. La idea de este tipo de convento venía ya de años atrás, especialmente desde 1911 cuando las descalzas de San José de Gra-nada enviaron al XXII Congreso Internacional, celebrado en Madrid del 23 de junio al 1 de julio, un mensaje y un Proyecto de Asociación de Religiosas. El mensaje iba dirigido a Su Santidad, Pío X, como último destinatario. Las peticionarias saludan a Su Santidad debida-mente y exponen: «En el hermoso concierto de adoración y alabanza con que rinden culto a Jesús Sacramentado muchas almas fervientes, tanto en el Jubileo Circular de las Cuarenta Horas, como en la devo-tísima práctica de la Adoración Nocturna, parece como que se echa de menos el culto perpetuo y reglamentado con que pudieran honrar y consolar al Corazón Eucarístico las almas que mejor le conocen y que por su pureza y fervor han de serle más gratas indudablemente: son las Comunidades Religiosas, hoy tan perseguidas, y tan necesita-das por ende de la oración continua que ha de librarlas de la persecu-ción sectaria»5. Entrarán en la Asociación propuesta las Comunida-des religiosas de mujeres que libremente quieran inscribirse en ella y que «propagándose por las distintas diócesis de España, tendrá por objeto practicar, en nombre y en unión de la Inmaculada, súplica y alabanza perpetua de Jesús Sacramentado, comprometiéndose cada Comunidad religiosa de mujeres que lo pidan a tener expuesta a Su Divina Majestad, doce horas seguidas cada mes, turnándolo las reli-giosas de dos en dos, o en mayor número si fuese posible, durante cada hora»6.

A raíz del Congreso de Madrid fue publicando el Arzobispo de Granada una serie de «Reflexiones sobre el Congreso Eucarístico»

5 Actas del XXII Congreso Eucarístico Internacional de 1911, Madrid 1912, v. II, pp. 12-15.

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con las que quería mantener viva la llama de la devoción eucarística en el Clero y pueblo fiel del Arzobispado7.

Por si faltase algo, en la Quinta Asamblea Eucarística Nacional de Granada (1913) el canónigo de la metropolitana don Juan Cuenca desarrolló su discurso sobre «Modo de asociar a las religiosas de Clausura a la Adoración Nocturna»8. Comenzó leyendo los docu-mentos que constan en la Crónica de Trabajo del Congreso Eucarís-tico de Madrid, referentes a la Vela continua, «idea, dice, patroci-nada por el Cardenal Vives y que fue propuesta y aceptada antes del referido Congreso por el indicado Cardenal a su Santidad Pío X, quien prometió dar un documento acerca de la misma».

Lee el mencionado canónigo unas páginas eucarísticas de Santa Teresa y afirma que las «religiosas, mejores conocedoras de Dios, son las primeras que deben adorarle». Y sigue proclamando: «Si necesitamos que el sacrificio se practique y que haya quien dé gra-cias al Señor, trabajemos por el establecimiento de la Adoración en las Comunidades religiosas, porque ellas saben mejor que nadie la frase de San Pablo de que ser cristiano es ser víctima». Hablando después, como no podía ser de otra manera, de la Patrona la Virgen de las Angustias, «excita a todos para que, uniendo los extremos consignados en su discurso, hagan una imagen viviente de María de cada religiosa, dispuesta a la adoración y al sacrificio».

Todo esto iba afianzando a la madre Teresa de Jesús en sus ideas y deseos y se sintió alentada en sus proyectos. Dificultades imprevistas fueron retardando la fundación, hasta que el arzobispo de Granada don José Messeguer y Costa concedió la licencia el 6 de junio de 1917. La licencia de la Santa Sede llegó el 2 de abril de 1918.

El convento de Ogíjares se inauguró el 3 de mayo de 1918 bajo el signo de Carmelo eucarístico. A ese reclamo eucarístico-contempla-tivo acudieron tantas vocaciones en los primeros años. En mayo [de

7 Las primeras reflexiones aparecieron en el Boletín Oficial del Arzobispa-do, 14 septiembre 1911, n. 3035, pp. 217-228. Siguieron publicándose en nú-meros sucesivos.

8 En el Boletín Oficial Eclesiástico de Granada, t.69, 1913, pp.370-378 se puede ver lo relativo a la Asamblea Eucarística granadina, el resumen del discurso de don Juan Cuenca, etc.

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1918] entró una; otra en junio del mismo año; en 1920, cinco; otras cinco en 1921; cuatro en 1922; dos en 1923. Ante afluencia tan gran-de gran-de vocaciones sacaron permiso gran-de la Santa Segran-de para pogran-der recibir hasta 26 monjas, cuando el número establecido era de veintiuna. Una de las cinco que entraron en 1921 fue nuestra Cristina. Las otras dos que tomaron el hábito el mismo día que ella, el 15 de agosto de 1921, se apellidaron también del Santísimo Sacramento

Durante su noviciado, además de otros temas o elementos de su formación, le tocó oír a la priora, cuando instruía a toda la comu-nidad, hablarles de la preparación para la comunión y acción de gracias (5-IX-1921). Y más que con estas enseñanzas del día a día se enardecía la fundadora recordando y defendiendo sus dos grandes proyectos: «1.º Palomarcitos del Carmelo en que la comunidad an-duviera de continuo ante la presencia del Sagrario, como las mari-posas alrededor de la luz hasta morir abrasadas en ella. 2.º Organi-zación solidaria y privativa entre las vírgenes esposas del Cordero Inmaculado (de todas las Órdenes) de un rendido homenaje circular de Adoración perenne y fervorosa a Jesús Sacramentado»9. Gran soñadora la Madre Teresa hablaba en sus conferencias a las monjas de emprender más fundaciones (habla de siete: 3-XII-1921) de con-ventos eucarísticos, habla de «las demás casas que nos vayan dan-do». La Madre Supriora y Maestra de novicias de Cristina, María Teresa de Cristo, «como persona de peso y de prudencia» la frenaba un poco en estos vuelos.

Y confesará la Priora que hasta los Ejercicios del mes de diciem-bre de 1921 no había comprendido que «no era la adoración que Dios nos pedía con el Santísimo manifiesto como yo creía, sino que es que nosotras vivamos en el Sagrario, que allí dentro estemos con Jesús, desagraviándolo de tantas ofensas como recibe de todo el mundo, que constantemente estemos haciendo actos de amor y actos de adoración [...] ; quiere Dios que en nuestros corazones se tenga un altar, un sa-grario y una lámpara, ¡ay, hijas! Cuidad mucho de esa lámpara que esté siempre ardiendo, siempre acompañandoa nuestro Jesús».

La vida de Cristina está atravesada por un mundo de enferme-dades y en relación con ellas se expidió a su favor un Rescripto de

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la Santa Sede en 1925, núm. 1885/25, dispensándola «de la obliga-ción de guardar el ayuno natural para recibir la Santísima Eucaristía [...] en atención a la enfermedad que padece, quedando autorizada para que, siguiendo el consejo de su confesor y procurando evitar toda ocasión de escándalo, por el tiempo que durare su enfermedad, pueda tomar aun diariamente algún alimento líquido antes de recibir la sagrada comunión». En el mes de marzo de 1926 podemos leer la siguiente nota en el Libro de Limosnas: «Una limosna a la Hna. Cristina con la sola condición de que oiga una misa, 100 pts.». Por aquí se ve ya la confianza que se tiene en la piedad y devoción de Cristina.

Ese mismo año la vemos escribiendo una carta a Florinda Rol-dán en la que le dice: «He estado muy malita, pero ya llevo dos días de estar algo mejor. Todos los que me conocen no hacen más que pedir la salud para mí, así como Vd. No sabe cuánto agradezco la misa que ha mandado decir por mí a la Santísima Virgen»10.

En 1932 sigue enferma y dice en una de sus cartas: «Ahora he empezado a poder bajar para la Comunión y Misa, pero no por escaleras que no lo resiste el corazón. Pido siempre muchísimo. Mis cartas recíbelas en el sagrario; de escritura te consta lo poco que me gusta y me cuesta, pero en el silencio te mando mis mensajes con Jesús del Sagrario».

En el convento de Ogíjares estuvo desde el 24 de enero de 1921 hasta el 30 de abril de 1946: total 25 años. En esta fecha llega a San Fernando y aquí permanece durante 34 años. El 31 de mayo de 1951 escribe una cartita al P. General de la Orden, Silverio de Santa Teresa, pidiéndole un favor. A través de esa súplica nos enteramos otra vez de sus achaques. Le dice: «Llevando varios años enferma y pasando las noches con grandes molestias para poder comulgar sin remojar la garganta con algún líquido, yo suplico a Vuestra Reverencia, Padre Nuestro, si fuera posible, la dispensa del ayuno eucarístico, y se lo agradecería en el alma, estándole muy agrade-cida todo lo que me quede de vida y desde el cielo mucho ayudaré a Vuestra Reverencia». Como acabamos de decir ya en 1925 había sido dispensada del ayuno eucarístico «por el tiempo que durare su

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enfermedad». Y ahora de nuevo necesita de este favor. Dentro de dos años Pío XII atenuando la ley del ayuno eucarístico declarará que el agua natural no rompe el ayuno eucarístico, y establece otras normas en beneficio de los enfermos, etc.11. Cristina se alegró tanto de la mitigación de la ley.

Su estancia terrena en San Fernando terminó el 24 de marzo de 1980. Treinta años antes había escrito: «¡Qué placer se siente cuan-do la maquinaria de este cuerpo se va deshaciencuan-do y se nos van acercando las miradas de las pupilas divinas de nuestro Jesús! ¡Qué suaves se nos hacen todos los dolores y todas las cosas, en ese continuo esperar!».

La hora de la espera había terminado para ella aquella víspera de la Anunciación del Señor.

Textos eucarísticos

La gran devoción a la Eucaristía que ya traía Cristina consigo cuando ingresó en el convento se fue aumentando y calificando a lo largo de toda su vida. Hay un texto escrito, que Cristina recitó y escenificó el día de Inocentes de 1922. Se trata de una Exhortación que hace a la comunidad en ese día de fiesta muy especial.

Bastará una pequeña explicación para entendernos. «Aparte las recreaciones ordinarias o de todos los días, hay jornadas en el Car-melo en las que la alegría fraterna y la expansión se amplían y el regocijo que se desborda es extraordinario. Entre las que se llaman costumbres santas se enumeran no sólo las que añaden algo a lo devocional o penitencial, sino las que traen la algazara más grande al seno de la comunidad. Una de las fiestas más simpáticas en el Carmelo es la fiesta de los Santos Inocentes. Se hace una votación en la que se elige como Priora de la Comunidad para ese día la última, o una de las últimas que ha llegado al convento. Nues-tra hermana Cristina, elegida para el cargo en 1922, toma muy en serio la broma de su elección; convoca a capítulo de culpas, hace

11 En la Constitución apostólica Christus Dominus del 6 de enero de 1953: AAS 45 (1953) pp.15-24.

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una exhortación en toda regla, organiza la jornada, concede privile-gios, etc., desempeñó, en fin, el oficio con todo aplomo»12.

No faltan alusiones a la Eucaristía en la Exhortación y merece la pena escuchar algunas de sus cláusulas. Refiriéndose a la Priora del convento, pregunta: «¿Qué se creen Vuestras Reverencias y Caridades? Que haberla sacado Nuestro Señor de aquel nidito ¿era para hacer otra casa más?; no, sino para hacer un rebaño escogido. El Divino Pastor le dijo: tienes que ser una pastora escogida para formar un rebaño para la Eucaristía. Anda, anda fuera a esco-ger esas ovejitas y las enseñes para que sean escogidas ovejitas para la Eucaristía y que estén al pie del Sagrario allí, allí recostadas en la fuente de la Eucaristía».

Hechas otras reflexiones, continúa: «Si los pobrecitos que están en el mundo, tuvieran esta pastora que tenemos nosotras, ya ellos hubieran variado y no se moverían de la puerta del Sagrario; no se acercan porque la ignorancia no los deja acercarse, pero ¿y nosotras qué cuenta tendremos que dar si no nos aprovechamos de esta lum-brera que tenemos? Porque a nosotras nos exige muchísimo más en cuanto que nos da todo hecho [...]; cuanto más obedientes más blan-cas, aquí en la fuente de la Eucaristía con la pastora escogida, allí todo el rebaño».

Epistolario de Cristina

Aparte la Exhortación que acabamos de presentar y que es como una primicia en la pluma y en la voz de Cristina, la prin-cipal fuente donde podemos encontrar sus textos eucarísticos es su Epistolario. Sus cartas, después de la acostumbrada sigla carme-litana JMJT (=Jesús, María, José, Teresa) comienzan en su gran mayoría con el saludo : «¡Viva mi Jesús Sacramentado!». No voy a dar aquí los tantos por ciento, pero ese es el arranque inicial, en el que, a veces suprime el «mi»; en contadas ocasiones lo suple por otros saludos, tales como: «La gracia del Espíritu Santo sea siempre en su alma».

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Con este reclamo eucarístico quedan ambientadas todas sus cartas y ungidas de Eucaristía. El destinatario al recibirlas se siente como invitado a contestar: y de todos sea bendito y alabado, o: de todos sea amado. Aunque esto pudiera considerarse una pura fór-mula, no hay nadie más enemiga que Cristina de lo rutinario.

Solía repetir que le bullían y bullían ideas, pero que no tenía facilidad para expresarlas, y menos facilidad aún para escribirlas. Aun así ha acertado a dejarnos testimonios de sus ideas, vivencias y sentimientos eucarísticos muy apreciables. Hecho el despojo de sus textos epistolares podemos agrupar y organizar todo ese mate-rial bajo varios epígrafes:

1. Matices lingüístico-oracionales acerca de la Eucaristía. 2. Lo referente al culto.

3. Apostolado eucarístico.

4. Consejos eucarísticos y otras variantes. 5. Perlas eucarísticas.

1. MATICES LINGÜÍSTICO-ORACIONALESACERCADE LA EUCARISTÍA

Es muy frecuente encontrar en sus cartas expresiones como estas: la Central del Sagrario, el fluido que no se corta, largas, larguísimas Conferencias las que tiene allí.

La cosa funcionaba así: recibe algún donativo; no tiene tiempo en el momento para escribir; pero lo primero es correr al Sagrario para desde allí agradecérselo a los bienhechores, para implorar gra-cias sobre las personas, encomendar sus problemas, desearles toda clase de bienes, especialmente que sean santos, etc., Con un par de textos se verá el estilo y el contenido de tales conferencias Comen-zamos con un texto magnífico y lleno de simpatía y buen humor.. Es una gozada escucharla. Escribe a sus grandes amigas de infancia, las señoritas María y Angelina Giráldez, residentes en Madrid. Lle-va ya Cristina Lle-varios años ciega. Les dice: «Como cada día estoy más jovencita, estoy en la flor de la vida; tengo 82 años con todos los adornos que llevo encima: cieguecita, una hernia, reuma y se me duermen los pies y las manos, pero los tengo ágiles luego, todavía me puedo persignar con los pies, y más tiempo en la cama

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Que levantada, un día sí y otro no y el del medio, pero tengo la esperanza de cómo los caracoles, que cuando llegue el verano estaré más espabilada. Esto todo no quita para las conferencias a través del Sagrario porque allí no cortan el fluido, el Prisionero divino está dispuesto a escucharnos y allí le digo tanto por mis queridísimas hermanas que no habrían cuartillas bastantes para podérselo contar. Pido también mucho por sus familiares y cuando vengan en el ve-rano tengo muchísimo que decirles, así que vengan preparadas para oírme»13. En otro momento dirá: «Me fui enseguida al Sagrario y les tuve allí una conferencia [...]; allí pedí por todos, uno por uno»14. Y en otra ocasión: «No sé cómo demostrarles mi gratitud. En la Central del Sagrario les tengo larguísimas conferencias, como allí no cortan el fluido, las tengo muy a menudo, muy largas y muy explicativas; allí tengo todos sus asuntos...»15. Y este otro texto más abundante: «estará siempre alerta, cuando suene el tim-bre del teléfono...Esta Central tiene el timtim-bre muy fino, que es el timbre del amor y no deja de escuchar; ya puede estar dormida, que penetra más adentro, y aquí nunca cortan el fluido; se puede estar todo el tiempo que se quiera. Y estas conferencias que se tienen no se pueden estampar en el papel, sino estampada en el corazón, ¡no estampada sino grabada!...ni se puede pronunciar, ni se puede balbucear, sino directamente va al bufete de la Santísima Trinidad»16.

13Cta. desde San Fernando 1973, sin fecha, posiblemente en el invierno-primavera.

14 Cta. del 2 de junio de 1961.

15 Cta. del 14 de enero de 1956 a don Salvador Noguera y señora. 16 A María Martín: 10-9-56. Otros textos de esta índole pueden verse en: A Elvira, 1959. A Anita Arrayás, 1-1-49.A María Martín, 16-11-51; 20-11-51; 26-3-53; 21-8-59. A su hermano Rafael y señora, 12-5-53; 20-11-54; 7-11-56. A Salvador Noguera, 10-12-51; 29-10-53; 16-10-55; 19-4-56; 22-5-58; 11-12-58; 26-1-59; 2-6-61; 1-8-61; 8-9-61; 1-5-66; 1-7-66; 24-10-66; 9-3-67; 18-8-68; 11-3-68:»me fui al Sagrario, allí como no cortan el fluido y siempre el Guardián Divino está esperando se le hable corazón con corazón, hablándole, explicándole y desbordando mi corazón con los que tanto quiero»; y a doña Paca, viuda de don Salvador, 30-12-71. A Angelina y María Giráldez, 9-2-54; 7-11-60; 11-3-68; 5-2-70. A Africa Giráldez, 26-8-53. A las tres hermanas Giráldez, 18-11-54. A sus sobrinos Pepe y Angelita, 13-11-56; 5-7-62. A José Quijano, 14-12-52.

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Así su agradecimiento se torna oración eucarística y, a juzgar por las veces que lo dice, por la frecuencia y «largura» de las con-ferencias el tiempo empleado no fue escaso, ni mucho menos. 2. LO REFERENTEAL CULTO

Cristina entró en Ogíjares cuando el convento estaba todavía muy a los principios y necesitando de mil cosas; lo mismo le pasó en San Fernando al ir allá como una de las fundadoras y tener que pensar en hacerse con lo referente al culto divino.

En esas circunstancias en uno y otro monasterio se desvivió por ir adquiriendo elementos muy dignos para el uso eucarístico litúr-gico y para el servicio del altar. Así en 1946 la vemos agradeciendo a las agustinas de Ávila, en concreto a su amiga África Giráldez, el envío de una sabanilla para la mesa del altar. Cristina es muy pon-derativa y le dice: «Con qué primor está hecha la sabanilla. No me canso de mirar tantas cositas para Jesús, que tanto valen por el amor de Dios con que están hechos; el arte con el inmenso trabajo que cuesta hacer estas cosas y no digo nada lo que hoy significa este regalo de tanto lujo y espléndido»17. Esto sucedía estando todavía en Ogíjares. Ya en San Fernando, le llega un alba del mismo mo-nasterio agustino abulense. Las agustinas habían anunciado el en-vío; y espera que te espera, y el alba no llegaba. Lo hizo el 10 de enero de 1948. Cristina se comunica inmediatamente con su amiga Sor África y le cuenta toda alborozada: «la caja ha llegado estruja-dísima y abierta por un lado». Alguien debió meter la mano para ver qué contenía. «Se creería que era turrón de Jijona». Se abrió la caja. Todas las monjas pudieron apreciar lo bien hecha que está. El alba. «Es linda, toda completa, encaje y cuerpo». Ahora anda ambulante de mano en mano, pues todas quieren verla bien. La estrenó el día de la Sagrada Familia, el mismo día en que escribe la carta, un padre carmelita descalzo que viene de Tucumán18.

Recibido otro regalo, manifiesta su gratitud a la donante, doña Josefa Rosa Sánchez, «por la fineza que ha tenido con ese precioso

17 Cta. del 27 de enero de 1946. 18 Cta. del 12 de enero de 1948.

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encaje para el altar de mi Jesús en el Sagrario»19. Lo que ella llama ánforas no son más que floreros para la capilla, esos grandes flore-ros con dos asas. A las hermanas Giráldez escribe en este sentido diciéndoles que vayan reuniendo lo necesario «para que me com-pren unas ánforas grandes, niqueladas o de metal blanco, con sus tubos de cristal pare echar agua, para el Santísimo [...]; quisiera tenerlas aquí el uno de diciembre para estrenarlas el día de la Inma-culada. Si toda la familia tuviera parte me gustaría mucho en acción de gracias por los beneficios recibidos»20.

En 1960, pensando en el altar del monasterio, escribe: «Hacen falta sacras bonitas».

A doña Concha de Isla pide que «le mande dos cíngulos, uno todo dorado y otro grana. Dios se lo pagará con creces». El matri-monio Ruiz Jiménez Vergara, don Tomás y doña Concha, quiere hacer un regalo al Señor en la Eucaristía y envían un cáliz que Cristina califica de «preciosísimo, preciosísimo, preciosísimo, todo lo que les digamos es poco. ¡Qué bonito es!»21. La Priora por su parte lo considera «lindo, ideal, precioso» y un auténtico regalo «a Jesús para el santo Sacrificio»22. Unos años más tarde estos mismos bienhechores anuncian que tienen preparado un viril para la capilla. Cristina se apresura a decirles que sería magnífico haberlo recibido ya antes de la fiesta del Corpus, para poder estrenarlo ese día23. Sabiendo que quieren mandar también unas ánforas o floreros les sugiere que aporten todos: los padres «y sus queridas hijitas e hiji-tos»24. Así la cosa tiene el carácter de una familia tan unida que se presenta toda ella en el altar con su donativo.

Pero hay más: un buen día coge la pluma y escribe: «Esto es un telegrama urgentísimo....». Y se lo manda a doña María Martín, albacea de los propietarios de la Granja María Luisa, y gran

bien-19 Cta. del 23 de noviembre de 1947. 20 Cta. del 25 de octubre de 1955. 21 Cta. del 6 de octubre de 1949.

22 El juicio de la Priora va al final de la carta de Cristina. Se pone poética la Madre, diciéndoles que le hubiera gustado con la rapidez de las alas de la golondrina poder volar hasta ellos para agradecerles tan estupendo regalo.

23 Ctas. del 21 de abril y del 1 de mayo de 1952. 24 Cta. del 26 de junio de 1959.

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hechora del Carmelo25. Y al grano: «Como nos ofreció un piano o un armonium, quisiera que armonium. Que hiciera la caridad de embalarlo muy bien para que no se estropee y venga el armonium en gran velocidad muy bien preparado, lo más pronto posible, que nos hace falta para la toma de hábito de Merceditas, que hay que estudiar mucho, antes. Se lo ruego muchísimo, lo tengamos aquí pronto»26. A los pocos días le vuelve a escribir: «Queridísima ma-drecita. Armonium urgentísimo...Que no se quede en el camino»27. El armonium prometido y requerido llegó, finalmente, en diciembre de 1947. En una especie de crónica muy bien lograda cuenta Cris-tina lo que pasó28. En cuanto llegó: «Ya empezaron a quitarle en-seguida el embalaje. Vino la Madre Supriora con las tenazas y el martillo, costó trabajo, pues venía muy bien embalado. Hasta el papel llegó sin ninguna arruga». Todas las monjas encantadas y agradecidísimas por un regalo tan excelente: «A nuestra Madre le rodaban las lágrimas por las mejillas, ya la conoce su modo de ser». Y continúa, alabando a Dios: «¡Bendito sea Dios en sus dones por todo! Christus natus est nobis. Venite adoremus».

Grande el regalo del armonium para la comunidad, para ayuda del culto litúrgico, pero mucho mayor fue el regalo que les hizo el Señor con el ingreso de la Hermana Emilia, excelente organista, el día de santa Teresa. En un momento dado se sentó Emilia al armo-nium «y se llevó toda la recreación loca de contenta, como las niñas con los juguetes, y lo mejor es que todas repasábamos el intermina-ble y escogido repertorio musical». Con el armonium venía una pandereta preciosa, y Cristina, que no sabía tocar otra cosa, se la guardó «para usarla en la iglesia, pues es muy linda y fina».

Año de buenas y nuevas adquisiciones y año por excelencia de estrenos varios en la capilla fue el de 1957. Lo va señalando en esta secuencia: «Hoy ha venido la alfombra granate para el Jueves

San-25 Era tan conocida esta faceta de bienhechora que habiendo asistido a la inauguración del convento de San Fernando se atrevió a pedir al Obispo que la dejara quedarse con las monjas «en clausura aquel día, gracia que le concedió». 26 Cta. del 18 de abril de 1947. La Merceditas que iba a tomar el hábito es la primera novicia de San Fernando, Mercedes López Roa la autora de unas muy buenas Notas acerca de la fundación.

27Cta. del 23 de abril de 1947.

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to»29. Domingo de la Trinidad: «se estrena la tercera pareja de can-delabros de la tita Perpetua»30. Junio: «vino la araña que nos ha regalado D. José Navarro. Queremos que se estrene el día del Corpus»31.Junio: «llegó Fina Elizan con la araña de Carmiña toda de cristal, preciosísima. Queremos que sea para nuestra Madre San-tísima del Carmen y que la estrene en su día»32.

Aparte todos estos datos acerca del ajuar necesario para el culto litúrgico, desde un alba y una sabanilla hasta un cáliz, desde unas sacras hasta un armonium, anota ella en sus Cuadernos, con íntima satisfacción, acontecimientos de naturaleza eucarística, mucho más personales, como es la primera comunión, la ordenación sacerdotal de alguien, etc., Por ejemplo, la primera comunión de Jesús Quija-no, sobrino de la Madre Emilia33, y la de otro sobrino de la misma, Carlitos Quijano Cabeza34. El día del Sagrado Corazón de 1957 se tuvo en la capilla del convento «la primera comunión del angelito de la niña Merceditas de Cádiz, enfermita». La enfermedad de la pobre criatura unida a la plática «hermosísima y profunda» del P.Germán María hizo «que todos los oyentes lloraran; fue un acto conmovedor»35

Reseña con alegría y unción la Ordenación sacerdotal del P. Carlos Quijano Sánchez, primo carnal de la H. Emilia. Se ordenó el 29 de junio de 1956; el 30 por la mañana ya se acercó un momento al monasterio y por la tarde vino otra vez. Aquí se explaya: «¡Que alegría tan grande; ya tenemos otro padrecito más. Que todos los días de su vida siga con este fervor de hoy!». Y gran hija de Santa Teresa añade, transida de fervor: «Es mi vida y mi todo por mis sacerdotes, como los tiene en la mente de mi Jesús»36. Tampoco se le olvida la primera misa del P. Carlos en el monasterio y su visita al locutorio el día 19 de julio; y el 22 daba la primera comunión a otra sobrina de Emilia Sofía Cristina Quijano Cabeza «y le ha dado

29 Marzo 26 de 1957. 30 Junio 16 de 1957.

31Junio 17 de 1957. El Corpus fue el 20 de junio. 32Junio 25 de 1957.

33Mayo 25 de 1954. 34 Septiembre 12 de 1955. 35Junio 28 de 1957. 36 Junio 29-30 de 1956.

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una plática incomprensible para el siglo de las luces que es el siglo de los apagaos»37.

Deseando siempre tener vocaciones suficientes para su conven-to, escribe a uno de los bienhechores: «Ahora quisiera que me mandara a decir un novenario de misas que nos vengan vocaciones carmelitanas y que las oiga con mucho fervor». Genial, además de pedirle el estipendio de las nueve misas, le pide que las oiga, y con mucho fervor.

Sabiendo que la Eucaristía era su mayor riqueza, felicitando a alguien en el día de su santo o en otras ocasiones, le ofrece «la sagrada comunión y todo». Esto de ofrecer comuniones y obras buenas era muy corriente en los monasterios: ramilletes espirituales, misas, comuniones, buenas obras haciendo así ese intercambio de bienes, dentro de la comunión de los santos. Queriendo felicitar a uno de los más grandes bienhechores del convento de San Fernando se le ocurre decirle que lo va a hacer dándole una serenata con arpa, violín, flauta, que manejarán tres de las ahijadas de don Salvador, «y yo llevo la batuta como buena maestra de orquesta y toda la melodía de esta orquesta se encierra en: orar, sacrificarse, ofrecien-do la misa y comunión sacramental subienofrecien-do las notas». Años an-teriores ha ofrecido a estos grandes bienhechores, Salvador Noguera y señora, «una novena de misas, comuniones»; y les anuncia que será «una novena de campanillas, con una orquesta escogidísima de misas, comuniones sacramentales y de todo lo que se presente para Vd. y que nuestro Señor derrame una lluvia de gracias espirituales y temporales».

3. APOSTOLADOEUCARÍSTICO

Este tipo de apostolado tiene muchos matices, según las perso-nas ante las que se ejercite. «El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por sí en escuela de amor activo al prójimo»38 .

Esa escuela la implanta Cristina ante sus parientes con toda la fuerza de su amor a ellos, con la fuerza de la sangre. Al dirigirse a

37Julio 7, 19 y 22 de 1956.

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su hermano Rafael y familia se vuelca en recordarles e invitarles al cumplimiento pascual.

Escribiendo a este su hermano, le dice: «Como tu mujer se llama Dolores, no sé si en su día cumplisteis los dos con nuestra Santa Madre la Iglesia confesando y comulgando. Si no lo habéis hecho, por Dios, no tardéis en ir, para que nuestro Señor os bendiga y seáis un matrimonio modelo, llevando con paciencia y por amor de Dios los trabajitos de esta vida que, haciéndolo así, seréis felices en vuestra pobreza y después para siempre en los cielos; de los pobres es aquel reino que no tendrá fin»39.

Al año siguiente al felicitarles por la niña pequeña que han tenido, les vuelve a dar los consejos de confesar, comulgar, no dejar de rezar el rosario40.

Piensa ya en la primera comunión de Cristinita y pide que la vayan preparando muy bien para ese día: «que sean los niños muy cristianos, es el mejor caudal que les pueden dejar y es lo único necesario»41. Una vez más, escribe a su hermano y a la cuñada: «Otra cosa quiero encargarte, y es que cumpláis con la Santa Madre Iglesia, si todavía no lo habéis hecho, hacerlo antes de la Santísima Trinidad; no importa que os confeséis con frecuencia; hay que ha-cerlo en este santo tiempo con este fin»42.

Otra vez le reconviene dulcemente: «Conque, mi querido her-mano, mira que te quiero no como hermana sino como madre, en-seña a los niños y edúcalos muy bien, que la niña se vaya preparan-do para la Primera Comunión»43.

En abril de 1942 otra carta44 en la que comienza deseándoles que sean muy santos; buenos y convencidos cristianos, que cumplen los mandamientos del Señor; parece mentira que después de ver lo que pasó Jesús por nosotros no nos convenzamos de observar el mandamiento de confesar y comulgar. Para no hacer esto todo se vuelven excusas «y nunca hay tiempo para echar un rato con Jesús».

39 Cta. del 2 de abril de 1934. 40 Cta. del 8 de enero de 1935. 41 Cta. del 30 abril de 1938. 42 Ibíd.

43 Cta. del 22 de octubre de 1939. 44Cta. del 23 de abril de 1942.

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El tema de la confesión y comunión anual sigue preocupándola, y dirá a su cuñada: «Si supieras esta madrugada las lágrimas que han empapado por ustedes, porque quisiera que confesaran y comulga-ran y recibiecomulga-ran a Jesús. No mirarlo con miedo, no como Juez, sino como Dios amoroso, como nuestro divino Pastor que es para acoger a sus ovejas con cariño». Así como se busca a toda costa la comida material, no importando nada los esfuerzos y sacrificios que haya que arrostrar, «pues así quiero que busquéis a Jesús, así quiero que busquéis a Jesús, así quiero que busquéis a Jesús; aunque lo com-paremos con la comida material a un Dios, pero así quisiera que lo hicierais. Porque nuestros foquillos son tan reducidos y miserables, pero por eso vamos a buscar a la luz divina en el Sagrario, que ahí está Jesús amoroso, Jesús amante, Jesús paciente, Jesús esperando una limosna de corazones, de la ingratitud de sus criaturas».

Desea saber exactamente la fecha de la Primera Comunión de Cristinita para unirse a ella «y ese día qué hermoso ejemplo sería que comulgarais vosotros también con ella». Pide toda clase de noticias sobre la niña; pienso que para, con las fechas y datos que le envíen, confeccionar algún recordatorio para la primera comu-nión. Y a la niña, como si fuera su catequista, le enseña a que se vaya preparando para el gran día.

Lo primero que le aconseja, llamándola: mi queridísima sobrina, es que «pidas a Jesús Sacramentado que te dé ese amor, esa ansia de recibir a Jesús Sacramentado, como los niños santos que no podían vivir sin recibir a Jesús, eso quiero yo, que mi Cristinita sea de Jesús, y Jesús de Cristinita. ¿No tienes ese deseo de acercarte a Jesús, a tu corazón?»45.

Cuando comulgue quiere que haga algunas peticiones que le su-giere: «Jesús mío, gracias te doy por haberme dado unos padres cris-tianos y católicos y haberme dado el ser. Gracias por todo; y ahora te pido con todas mis pequeñas fuerzas, que te ame mucho...; y que a la medida que vaya creciendo, vaya comprendiendo y practicando ese libro tan pequeño de la Doctrina Cristiana, que ahí está toda la ley del cristiano, lo que quiere Jesús que haga»46. «En ese pequeño

45 Cta. del 16 de noviembre de 1942. 46 Ibíd.

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libro...aprenderás a amar a Jesús, siempre con la Santísima Virgen, dígale: Madre mía, soy tan chiquitina y no comprendo la grandeza y valor que tiene la Doctrina Cristiana; enséñame tú, y grábamela en el corazón para siempre». Enseña también a la niña a pedir por sus fa-miliares: padres, hermanos, por tito Curro y por los demás titos y todos sus primos «y en particular por tita Salud que tanto te ha ense-ñado, y por la abuelita Lola» (tía y madrastra de Cristina) y que te acuerdes de tu tita Cristina», etc. Después de estos pasos más suaves y quietos, pasa al ataque. Y como siempre el caballo de batalla es el precepto pascual. «Ahora entra el santo tiempo de Cuaresma, tiempo de salud y reparación espiritual». Hay que pedir perdón de los peca-dos y de topeca-dos los extravíos que haya habido.

Después de darle otras cuantas amonestaciones, entiende que acaso se haya pasado un poco y se despide: «Conque, adiós, queri-dísimos hermanos, perdonadme por todo, pero ahí va estampado el corazón de una hermana, que quiere que todos seáis santos, como nuestro Padre Celestial nos quiere a todos»47.

No puede faltar en su pluma la consabida exhortación sobre el mandamiento de oír misa los domingos y días festivos. Quiere que el matrimonio sea devoto del Santísimo e inculque esta devoción a los niños. «Se ha quedado en el Sagrario para alimentación de los hombres y ser su fortaleza»48. Tampoco esta vez falta el toquecito sobre el cumplimiento del precepto pascual, de esta manera más positiva: «Confiesan y comulgan una vez al año, Pascua Florida, no por temor ni por miedo. Con Nuestro Señor no se debe de hacer eso, sino por amor».

Ya en San Fernando, se alegra de estar más cerca de los suyos que viven en Huelva, y espera que vayan a verla para conocer a todos49. Una palabra especial para Cristinita que espera comulgará a menudo y de nuevo deriva su discurso sobre el precepto pascual,

47 Todas estas consideraciones y consejos en la misma carta que es de las más largas de Cristina.

48Cta. del 25 de octubre de 1945.

49Cta. del 6 de junio de 1946. Del 27 de noviembre de 1946 es la larga carta en la que habla de la inauguración del monasterio de San Fernando en la que les cuenta cómo ha sido la inauguración del nuevo monasterio, y habla toda emocionada de la procesión con el Santísimo desde la iglesia del Carmen.

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a cuyo cumplimiento les exhorta, indicándoles cuando acaba la fe-cha señalada por la Iglesia.

En otra ocasión les explica el por qué del mandamiento y el amor con que hay que vivirlo, haciéndoles ver que no era la pura materialidad del cumplimiento del precepto lo que ella querría sino el amor vivificante: «Hacedlo con ese amor y ese fervor que da la vida, la Eucaristía Pan de Vida. Lo mismo que se come el pan material, o la comida, que se siente la fuerza y la fortaleza, sin saber por dónde viene; pues ¡qué diferencia tan grande no tiene el Pan Eucarístico, que es nuestro Jesús!, su propia carne, comida de vida, fortaleza de los débiles»50. Saliendo del puro ámbito familiar, les asegura: «Yo os digo, queridísimos hermanos, que si se frecuentara más este Divino Sacramento, acercándose a su santa mesa, el mun-do sería otra cosa; las criaturas tienen y reciben lo que ellas mismas se buscan. Buscan a Dios, tienen a Dios, buscan otra cosa, tienen otra cosa; conque en la mano está la salvación. La gracia divina nunca nos falta»51. Así se formulan las verdades de la «idiota».

En 1943 escribía para su sobrina Cristina de los Reyes Sánchez la Cartilla para aprender a hacer oración. El tratadito comienza con Viva mi Jesús Sacramentado, y, como no puede ser por menos, le habla también de Jesús Sacramentado. Escribe para una niña que tiene unos ocho años y la exhorta a que comience su oración dicien-do: «¡Jesús mío!, enséñame Tú, que yo te conozca que eres mi Dios, que estás en el Sagrario vivo, esperándome», y así le vas contando todas tus cosas [pues] la oración es el trato íntimo y una conversa-ción con todo lo que te ocurra, acostumbrándote a hablar con Él y a la medida que vayas hablando y tratando a Jesús Sacramentado [...] verás cómo tu corazón siente herirse de amor de Dios cada vez más [...]. Todo lo que tú sientas y tengas, todos tus sentimientos, eso lo depositas en el Sagrario». Desde la noción teresiana de ora-ción aquí subyacente va llevando a su pupila a la expresión euca-rística de la misma. Más adelante le da unos buenos consejos, entre otros: «Que seas una joven piadosa y no faltar ningún día de pre-cepto sin oír la Santa Misa[...] y comulgar muy a menudo». Te

50 Cta. del 8 de mayo de 1948. 51 Ibíd.

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quiero santa y que hagas oración y enseñas a tus hermanitos en particular y a las niñas le enseñas a amar mucho a Jesús y que vayan mucho al Sagrario. ¡Está tan abandonado Jesús! Que esa tu petición: que todo el mundo le ame y le conozca». Este grito final: «¡Está tan abandonado Jesús!», parece un suspiro de don Manuel, el obispo de los sagrarios abandonados.

Conversación eucarística a alto nivel

Escribiendo a doña Ana Arrayás Ramos quiere hablar con ella de Dios y desea ardientemente que su destinataria entre en esa onda espiritual «y verá cómo se deja sentir Nuestro Señor en su alma; así quiero que reciba a Nuestro Señor muy a menudo y verá qué for-taleza siente, qué tónico, qué reacción da, es una cosa inexplicable, pero se nota el sostén del Pan eucarístico de la Vida, da una ama-bilidad, da una dulzura, que yo quisiera separar las cosas de la tierra, pero no puedo prescindir de ellas, porque así se hace más engrandecer más el efecto de la Eucaristía, porque todos los contra-tiempos, todos los sinsabores de la vida, todas las amarguras de la vida por grandes y terribles que sean, recibiendo a Nuestro Señor se siente ¡una fortaleza, una suavidad, una dulzura!, se puede decir con toda verdad que se siente un bienestar, teniendo a Dios, inexplicable porque esto es acción de Dios». Más que aconsejar a doña Ana está haciendo Cristina una radiografía de su caso personal, y desde su experiencia habla a la destinataria.

La conversación a alto nivel no ha terminado, aunque toma otro sesgo un poco diferente: «Ahora sí, los doctores estos modernos, la ciencia médica dirá: ‘flojedad de nervios, nervios pasados’, pero yo les digo que, si recibe a Nuestro Señor, esa misma alma, se vuelve irresistible y tiene más pólvora que una fábrica de pólvora».

El alimento eucarístico hace que las cosas cambien: «esa misma alma recibe a Nuestro Señor y todo se ha trocado, ya está la ama-bilidad, la dulzura, otro Dios». Después de unas puntaditas contra los masones, le dice con toda amabilidad:« Conque, mamá Ana, que amemos cada vez más a su Divina Majestad, a Jesús Sacramentado y darle a conocer en el mundo entero, que no es conocido ni entre

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los mismos suyos. Que los suyos estemos posados en esa Hostia blanca y dejemos el polvo de la tierra por completo». La suerte de Cristina está en que «aquí como tenemos el cielo en la tierra en nuestro coro tan cerquita de nuestro Jesús, todo lo que le diga es poco; muchas Conferencias le tengo yo allí para mamá Ana. ¿No las oye? Ya me retiro, mamá Ana». En verdad que nos encontramos con una elevación eucarística bien entonada y llena de afirmaciones poderosas y muy finas acerca de lo que está llamada a influir la Eucaristía en la vida cristiana, en el quehacer y padecer de cada día. También intima espiritualmente con Anita, hija de doña Ana. Le escribe una carta que viene a ser como un discernimiento de espí-ritus a distancia. Le dice puntualmente lo que tiene que ir haciendo. De ninguna manera se le olvide que Jesús es el dueño de todo «y en el sagrario, allí Jesús callado y paciente esperando». Las prime-ras letprime-ras que escribe en 194952 son también para la misma destina-taria; y para ella también una conferencia que tuvo en el Sagrario al finalizar el año anterior: «En el papel no puedo estampar el len-guaje que tuve con nuestro Jesús en el Sagrario, pero todo se encie-rra en una sola cosa: el amor. Amar mucho y dejar obrar el amor obra grandes maravillas sin tú darte cuenta. Conque deja obrar al amor». Y le revela lo que ella, Cristina, puesta en el lugar de Anita, diría «a ese manojo de hermanos, hermanas y sobrinos que tengo, a todos les digo: si quieren felicidad, y quieren sostenerse como verdaderos cristianos, frecuentar a menudo el Banquete Eucarístico; saldrán fortalecidos y serán valientes soldados para ganar almas y corazones para que venga el Reinado de Nuestro Jesús, de la cari-dad y del amor»53.

Rueda de calentitos «a lo divino»

En uno de los casos echa mano a su fantasía andaluza y se le ocurre decir que va a preparar una rueda de «calentitos o churros». Es algo así como volver este tema «a lo divino», para entendernos. La masa que va a preparar ha de ser de «harina exquisita, una harina

52 Cta. del 1 de enero de 1949. 53 Ibid.,

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de primera calidad y ésa molida con el sacrificio y la negación por el que tanto queremos y por el que lo hacemos todo, por nuestro Dios». Hablando después de la levadura dice: «Hay que echarle una poquita que como esa la tenemos propia, viene muy bien para seguir amasando con ella. Fíjate, hija mía, que todo en la vida espiritual hay que amasarlo con nuestra miseria que tiene que ser agria. La única que no tiene levadura es la hostia pura, santa e inmaculada; lo demás, toda clase de amasijo tiene y lleva su levadura»54. 4. CONSEJOS EUCARÍSTICOS YOTRAS VARIANTES

Son muy abundantes. Aparte los ya contenidos en el apartado anterior, seleccionamos aquí otros cuantos.

Escribiendo a sus sobrinos los exhorta: «siempre confiemos en el divino Prisionero del Sagrario»55. A otra sobrina que se va a someter a una operación le dice: «Confiesa y recibes a nuestro Señor que es el que da la fuerza»56.

En la Cuaresma de 1960 se comunica una vez más con las Giráldez 57. Les asegura que ruega mucho por ellas ante «la central del telégrafo que es el Sagrario»; allí en contacto con el Maestro Divino es donde se aprende la humildad, «no en los libros, parece que le tengo guerra a los libros». No es eso sino que el Sagrario del Señor o el sagrario de nuestro corazón son la mejor escuela. Las anima a arreglar el sagrario propio «en este santo tiempo de Cua-resma».

Y ¿cuál va a ser la programación para el tiempo cuaresmal? ¿Qué van a hacer, pues, en esta Cuaresma? «Postrarnos de rodillas delante del Sagrario...; y si, por nuestras ocupaciones o por las cir-cunstancias o cosas que la vida presenta, nos es imposible, postré-monos en nuestro interior, en el sagrario que tenemos dentro de nuestra alma, tenemos la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo y si renováramos en la fe, en esa fe pura y nuestro corazón

54 Cta. del 20 de julio de 1967. 55 Cta. del 12 de octubre de 1949. 56 Cta. del 28 de marzo de 1976. 57 Carta del 7 de febrero de 1960.

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tuviera esa confianza, todo por María en este año mariano, otra cosa sería; no hay otro camino».

Toca a continuación otro tema que recuerda asimismo a otras destinatarias: «No es menester estar en el Sagrario; aunque esté en su dormitorio, el Sagrario lo tienen dentro de su corazón y ese deseo continuo es la lámpara que tienen encendida; eso no lo puede com-prender porque Nuestro Señor le pone una celosía para no darse cuenta de lo que tiene el dolor, que el sufrimiento alcanza». Le repite: «estamos siempre muy unidas en el amor de Dios, en el dolor del sufrimiento por Él y por las criaturas».

San Juan de la Cruz pone en boca de la persona espiritual como oración muy necesaria la súplica de que no la deje en ningún tiempo «porque soy desperdiciadora de mi alma» (D 123). Cristina enseña: «Así constantemente en las ocasiones no desperdiciar nada, un pe-queño molino pero constantemente sin descansar de moler granos de trigo para sacar una harina blanca y hacer pequeñas partículas, pero que no las vea nadie; que nadie se dé cuenta nada más que nuestro Señor Sacramentado, para presentarlas al día siguiente al tiempo de comulgar. Hostia por hostia, ¡la nada y un Dios Jesús!, todo amor que se complace en recibir la miseria de la criatura». Este consejo lo dejó escrito en unas páginas que titulaba Pequeños sacri-ficios y virtudes en miniatura, convencida, como allí mismo dice, «que las cosas pequeñas son la fortaleza de la vida espiritual, las que hacen bloque y son como el cemento cuando se pone en las paredes del aljibe para contenerlas y que no las destruya el agua». «Misa continua»: con esta expresión y puesto el pensamiento en su querido Director, recuerda a Sor África algunas palabras de él: «Que nuestra vida sea una misa continua y profundicemos en las entrañas de la Cruz y Sacrificio del amor y allí nos veremos como nuestro santo Padre José Fariña, como dicen sus palabras. Si pene-traran el bien que trae la gloria que da un poco de sufrir, ¡la gloria tan inmensa!, todos correrían al martirio». Pienso que había impac-tado a Cristina el consejo de su padre espiritual: hacer que nuestra vida sea una misa continua. De hecho tenemos algunas invocacio-nes suyas que van en esa dirección: «¡Oh!, que yo viva del secreto profundísimo del Calvario. Esa es mi vida». Y esta otra petición: al Espíritu Santo: «¡Espíritu Santo!, metedme y profundizad dentro de

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mí el secreto que tanto ansío del sacrificio de la Misa». O también: «¡Espíritu Santo! Metedme en las entrañas de la cruz que mi Jesús ha dejado en ella: en la Misa» Hacer de la vida esa misa continua equivale a meditar y vivir «a fondo el valor de la Santa Misa enten-dida como sacrificio que renueva místicamente en el altar el sacri-ficio redentor y único de la cruz bajo las especies de pan y vino, por obra del sacerdote que actúa in persona Christi»58.

«Alabanza de gloria» canta siempre, adora siempre

Pocos días antes de la muerte de Cristina se habían tenido en el monasterio de San Fernando las elecciones. La nueva Priora, María Teresa de Cristo, al renovar los oficios de comunidad, tuvo la idea genial de asignar a Cristina el de alabanza de gloria de la Santísima Trinidad. Asociada así a la espiritualidad de su hermana de hábito la beata Isabel de la Trinidad, comenzó Cristina a cumplir con esa encomienda. Entre otras cosas, una alabanza de su gloria es alguien que en el cielo de su alma «comienza ya el oficio que tendrá en la eternidad...; ella canta siempre, adora siempre»59. La realidad de la adoración en su vida está fuertemente ligada al tipo de Carmelo Eucarístico que se fundó en Ogíjares y en el que entró y estuvo 25 años, haciendo tantas y tantas horas de adoración. El simple dato de que comience la mayor parte de sus cartas con un ¡Viva mi Jesús Sacramentado!, ya está significando el espíritu de adoración en que estaba envuelta. En 1944 en una carta familiar, pide oraciones para que siempre «haga yo la voluntad de Dios y muera de amor de Dios, que sea muy humilde, eso es lo que quiero que pidáis para mí. ¡Qué feliz soy en nuestra vida tan hermosa y ahora que tenemos el San-tísimo entre las dos rejas del coro! Eso es ya volverse loco»60. La siguiente sentencia parece un anuncio profético: «en la tierra el Sagrario; lo demás nada»61. Y esta otra nos la fotografía de alma

58 Homilía de Juan Pablo II: 23-III-1981.

59Beata Isabel de la Trinidad, Obras Completas (El cielo en la fe, día 10, segunda oración), EDE, Madrid 1986, pp.118-120.

60Cta. del 25 de agosto de 1944 a su «tita Cristobalina». 61Cta. del 22 de diciembre de 1936, a doña Ana Ramos.

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entera: «Me fui al Sagrario, a la fuente de la vida, y allí, allí, des-ahogué mi corazón»62.

5. PERLAS EUCARÍSTICAS

Llamo así a algunos dichos o pensamientos de Cristina con los que iluminaba una situación, animaba a seguir adelante, se animaba a sí misma en este destierro. Desahogaba así su corazón escancian-do en tales dichos luminosos sus sentimientos y afectos espirituales.

1. Siempre confiemos en el divino Prisionero del Sagrario. 2. Vamos a llamar a la puerta del Sagrario. Que nos abran esa puerta. Abre esa puerta, Señor, que aquí está esta pobre mendiga pidiendo tu protección.

3. Estoy prisionera, pero quiero coger la llave para abrir la puerta a mi prisionero.

4. Prisionera, prisionera, en la prisión estoy y con mi Dios me voy. En la fuente del amor me escondo yo.

5. ¡Oh¡ ¡Sagrario dichoso! En el que mora el Rey de mis amores, consumidme en esa fuente de amor.

6. Que yo me deje encontrar por el Amor de mis amores. 7. ¡Viva mi Jesús Sacramentado! ¡Oh Jesús Sacerdote-Hostia, por María me ofrezco a Ti, tengo hambre de Ti, me uno a Ti.

Esta última invocación la tenemos en un autógrafo de Cristina, debajo del cual pone la fecha de su nacimiento y de su entrada en el convento de Ogíjares. La volvió a escribir una vez más en su catecismo de Ripalda: ed. Sevilla 1911, p.143.

CONCLUSIÓN

Cristina, como decíamos al principio, no es ninguna doctora de la Iglesia; es una hija de la Iglesia, que ha vivido su fe y de su fe. Expresa su contento de este modo jubiloso: «¡Qué felicidad ser hija de la Iglesia!»63. Por lo que se refiere a la Eucaristía tenemos que

62Cta. del 5 de julio de 1957.

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decir que se trata de un testimonio de esa fe en el misterio; de una piedad sincera, que ella manifestaba del modo más sencillo y fervo-roso en pensamientos, palabras, gestos y obras. Ya desde los levan-tes de la aurora entonaba su jornada hacía la Eucaristía, en esta especie de ofrecimiento de obras: «Cuando amanece el día, debe-mos dar gracias a Dios por el don de la vida, ofreciéndole en la Eucaristía al Señor y juntamente con Él: todo, todo...Todas nuestras miserias, sin pararnos mucho en ellas, sino gozar de esa sangre divina; bañarnos en ella para que nos limpie».

Las verdades acerca de la Eucaristía las tenía muy bien asimila-das y era capaz de formular bienaventuranzas y propósitos tan firmes como los siguientes: «¡Dichosa Vd. que medita en tan escondidos tesoros [de la Pasión del Señor] y después se acerca a la fuente euca-rística, cuyo memorial de la Pasión es. Ese es el amor de todo un Dios al hombre y ¡qué poco y mal correspondido es! Amémosle mucho [...]. Por todo lo presente vivamos más que nunca de fe y confianza en Dios Amor Misericordioso y, aunque el mundo se desquicie, más fe y confianza, que los que son de Él no se verán defraudados»64.

Quienes la conocieron recuerdan su saber estar en la presencia del Señor Sacramentado. En San Fernando se ponía lo más cerca posible del Sagrario, pegada a la reja del coro.

Su celo por la gloria de Dios y por el bien espiritual de los suyos muy en particular se manifestaba en el empeño con que les aconseja-ba. «No se da tregua pensando que no cumplen tan bien como ella querría con sus compromisos de buenos cristianos. De ahí sus conti-nuas exhortaciones a no olvidar los mandamientos de Dios y de la Iglesia: sacramento de la reconciliación y comunión. Con los suyos ejerce un apostolado continuo desde la soledad de su clausura. Es tier-na y dulce con ellos y, a veces, se pone como utier-na leotier-na rugiente. Son los rugidos de su amor entrañable a los de su sangre»65.

Alma consagrada a Dios, a otras almas consagradas como ella en la vida religiosa, sabe hablar un lenguaje eucarístico de gran clase y nos deja atisbar lo que eran sus vivencias espirituales y eucarísticas más profundas. También entablaba conversaciones a alto nivel eucarístico, como hemos visto, con personas seglares. Eran los

64 Cta. a Florinda Roldán del 28 de septiembre de 1932. 65La sonrisa interminable..., p 283.

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resplandores de su vida contemplativa, profundamente vivida, pero que solía recatar con una humildad a toda prueba.

Muy pequeña aún descubrió, como ella contará más tarde, que existía un ser supremo, al que ella adoraba y contemplaba en silen-cio, apartada en uno de los rincones de la carpintería de su padre. Todos creían que jugaba como era natural y propio de su edad. Así la dejaban tranquila y ella oraba y se compenetraba con ese ser supremo que tanto la atraía. Esta experiencia y este quehacer ado-rante encontró su cauce más amplio en su vocación contemplativa, al ingresar en un Carmelo de signo eucarístico especial, empleando tantas horas en la adoración perpetua al Santísimo Sacramento.

Aunque este estilo de cosas fue cambiando con los años, quedó bien marcada Cristina como alguien que, alabanza de gloria, adora-ba con toda reverencia al Señor Sacramentado. Lo dejó dicho en pocas palabras, pero densas: «En la tierra, el sagrario; lo demás nada». A la puerta del Sagrario llamaba y allí tenía instalada la Central de sus oraciones y conferencias; y desde esa atalaya euca-rística recorría las necesidades de los hombres e intercedía por sus semejantes.

Cristina, la de la sonrisa interminable, es, a mi entender, una de esas personas que sin alharacas de ninguna clase ha sabido integrar en su existencia esas dos leyes de la vida cristiana: lex credendi, ley del creer, y lex orandi, ley del orar. Con su fe y desde su fe alimen-taba su oración; y desde su oración fortalecía y esforzaba su fe. Con la fuerza de estas dos alas iba llevando el cargamento de su amor al prójimo, sobre el cual expandía su amor a Jesús Sacramentado, queriendo que todos disfrutasen «de todo el bien espiritual de la Iglesia, que se contiene en la Eucaristía»66. Adoraba, oraba, cantaba y suspiraba: «Como los pajarillos en la enramada, quisiera yo volar, para conquistar lo que tanto amo». «Los pajarillos en la enramada están cantando tus alabanzas. Y a mí me dan en los cristales dicien-do: «Despierta y alaba a tu Dios»67.

66 Concilio Vat. II, PO, n. 5, en donde se remite a SANTO TOMÁS, Summa

Theolo. 3 q.65, a. 3 ad I; q. 79, a. IC, y ad I..

67 Cfr. La sonrisa interminable, pp.357-365 el capítulo 20 dedicado a los dichos de Cristina.

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