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Las culturas son más híbridas que lãs identificaciones diálogos inter-antropológicos

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LAS CULTURAS SON MÁS HÍBRIDAS QUE LAS

IDENTIFICACIONES

DIÁLOGOS INTER-ANTROPOLÓGICOS*

A LEJAND RO G R IM S O N In stitu to de Altos E stúdios Sociales U niversidad N acional de San M artin. C O N IC ET. A Roberto Cardoso de Oliveira quien trabajó sobre multiples fronteras y nos impulso a llegar hasta el limite y más allá.

Este texto constituye u n diálogo con las teorias estadounidenses de las fronteras a p artir de la antropologia de las fronteras del cono sur. P reten do su g erir que un co n ju n to de estúdios etnográficos desarrollados en los limites entre Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, P a ra g u a y y U r u g u a y tie n e n a p o rte s p a r a re a liz a r al d e b a te internacional. E sa contribución p odría sintetizarse en la afirm ación, p o r cierto esquem ática, de que las culturas son m ás híbridas que las identificaciones.

E videntem ente, esto implica distinguir con claridad un concepto de otro, es decir, los dos tipos de frontera que m ás se co nfunden en el debate actual: las fronteras culturales de las fronteras identitarias; las fronteras de significados de las fronteras de sentim ientos de pertenencia.

Este texto com enzó a ser escrito en Brasilia, cuan d o form ulaba m is p reg u n tas sobre las fronteras, bajo la orientación de R oberto

Este texto retoma diversos textos escritos sobre las fronteras buscando situarlos en un diálogo crítico. Se trata de una síntesis de textos dispersos, básicamente todos aquellos de mi autoria citados en la bibliografia.

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C ardoso de Oliveira. La etnografia prolongada n u nca es benigna con las form ulaciones previas y este texto es el resu ltado de ese proceso, adem ás del diálogo con otros colegas que trabajaban en otras fronteras y co n mi orientador, extrem adam ente dedicado, a la vez crítico y respetuoso.

C u and o a fines de los anos noventa viajé desde B uenos Aires a B rasília p a ra re a liz a r m i d o c to ra d o y tuve la o p o rtu n id a d de profundizar de m anera sistemática en la antropologia brasilena, pude percibir la relevancia teórica no sólo de las célebres contribuciones de C ardoso de Oliveira, sino de todo el debate sobre etnicidad y fronteras en la antropologia indígena. E ncontraba, sim ultáneam ente, dos curiosidades teóricas. Una, la llamativa co n tem p oraneid ad e n ­ tre debates y ap ortes teóricos no siem pre conectados en tre E uro pa y Am érica Latina, de la cual obviamente O ín dio e o m u ndo dos brancos es un excelente ejemplo.

S egunda, el paralelism o entre, por u n a parte, la h isto ria de la antropologia y las trayectorias conceptuales en la disciplina y, por otra, la historia específica de la antropologia brasilena y la trayectoria de conceptos com o fronteras, cultura, identidad, etnicidad. En otras palabras, la antropologia, como disciplina que en el pasado estudiaba empiricamente sólo alas sociedades “no occidentales”, en sus búsquedas sistemáticas y problemáticas por com prender a esos “otros”, construyó andam iajes teóricos y metodológicos muy específicos: perspectivas, lu g ares de o b serv ació n , posicio nes de e n u n c ia c ió n . C u a n d o la antropologia com enzó a proyectarse empírica e interpretativam ente sobre las sociedades de los propios antropólogos, ese desarrollo teórico y m eto d o ló g ico específico se reveló v e rd a d e ram e n te crucial. El distanciamiento y la familiarización, la “interculturalidad”, la pretension de traductibilidad con todas sus dificultades, produjo u n a m irada muy distinta que la de otras disciplinas y permitió (y aún permite) comprender aspectos de nuestras sociedades que no son analizados ni comprendidos desde otras perspectivas.

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La nociones de identidad, etnicidad, fron tera en la antropologia brasilena ju stam en te no fueron pensadas y problem atizadas p ara analizar ni a la sociedad nacional ni a la sociedad indígena, sino al e n c u e n tro y la in te rac c ió n e n tre am bas. S o bre ese c o n ta c to se p ro d u c e n los p rim ero s ajustes, los p rim eros d e b a te s teó rico s y m etodológicos. Por eso, en la actualidad, cu an do pretendem os no sólo analizar la fron tera en expansion del estado nación, sino que buscam os tam bién analizar los limites políticos, haya o no pobla- ciones indígenas, contam os con un capital teórico y m etodológico específico, co n stru íd o inicialm ente a p artir de estúdios em píricos en la region am azônica.

En esas trayectorias de la teoria, desde el estúdio exclusivo de las sociedades no occidentales a la incorporación del análisis de nuestras sociedades, necesariam ente (se trata de antropologia!) se p roducen significativos desplazam ientos, trastocam ientos. Así sucede tam bién con las fronteras. D icho de o tra m anera, mi viaje a Brasil buscó co m p ren d er las herram ien tas teóricas y m etodológicas co nstru ídas p o r la an tropologia para el estúdio de las fronteras interétnicas y p reg u n tarm e h a sta qu e pu n to y de q ué m an era esto perm itiria leer de un m odo distinto las fronteras in terestatales. C iertam ente, en una antropologia com o la brasilena, actualm ente volcada al estúdio de fenóm enos m últiples, el derrotero im plicado en ese desplazam iento era contem porâneo de un estúdio de las últimas contribuciones sobre nación, transnacionalism o, hibridación o cosm opolitism o.

R ecordem os sintéticam ente u n o de los m odos en qu e C ardoso de O liveira definia la situación de fricción interétnica: “situação de co n tato en tre du as populações ‘dialeticam ente u nificadas’ através de interesses diam etralm ente opostos, ainda que in terd ep en d en tes”

(1 9 6 2 :1 2 7 -8 ). Al p asar de la “situación de frontera” especificam ente in terétn ica a la situación de frontera interestatal en co ntram os dos poblaciones interdependientes y “dialécticam ente un ificadas”, pero enfrentam os un prim er problem a: cóm o c o m -p ren d er la noción de

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intereses. La com plejidad de las sociedades de fronteras nacionales plantea la existencia de intereses diversos al interior de cada u n a de esas poblaciones y la existencia, a cada lado del lim ite, de u n Estado, o m ejor dicho, de diferentes niveles del Estado: el nivel m unicipal, provincial/estadual y federal o nacional. N o sólo encontram o s diver­ sos intereses, sino fuertes conflictos de intereses que sólo en algunas coyun turas históricas contingentes y claram ente delim itables se pre- se n ta n an te el observ ad or com o disputas en tre intereses d iam e­ tralm en te o puestos definidos en térm inos nacionales.

A ntes de a b o rd a r estas com plejidades, q u isiera especificar el contexto del debate teórico en el cual se desarrolló n u estro trabajo y en d iálo g o c o n el cual b u sc áb a m o s c o m p re n d e r la n o c ió n de “fro n te ra ” a través de estúdios etnográficos.

Ir hacia las fronteras

Frontera ha devenido un concepto clave en los relatos y explica- ciones de los procesos culturales contem porâneos. Los análisis — económ icos o sim bólicos - de la llam ada “globalización” se refieren, u n a y o tra vez, a los limites, los bordes, las zonas de contacto. Sin em bargo, el concepto de frontera perm anece difuso tan to en cierta retó rica diplom ática com o en g ran p arte de los ensayos sociales y estú d io s cu lturales. Justam ente, u n a de sus características es la duplicidad: frontera fue y es sim ultáneam ente un o b jeto /co n cep to y u n co n cep to /m etáfo ra, de una parte parece haber fronteras físicas, territoriales; de la otra, fronteras culturales, sim bólicas.

U na p arte de los nuevos procesos y problem as que proliferaron en los e s tú d io s so c io c u ltu ra le s d u ra n te la d é c a d a del ‘9 0 fue co nceptualizada a través de térm inos com o identidades, fronteras, territorios. Esos térm inos se convirtieron en “m etáforas com odines”, útiles p a ra h a c e r refe re n c ia a las m ás v a ria d as d im e n sio n e s y situaciones. La expansión de esos usos m etafóricos se com binó en ciertos casos co n u n a perspectiva que enfatizaba excesivam ente la

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textualidad de “lo real” y la estética de lo social, m uchas veces en d etrim en to de analizar conflictos de intereses que se expresaban no sólo en iden tificacio n es políticas, sino tam b ién en políticas de id en tid a d . En div ersas regiones del m u n d o , nuevas fo rm as de agrup am iento, así com o la reaparición o el fortalecim iento de otras m ás a n tig u a s, ex p resan luchas c o n tra la d esig u ald ad y p o r los d e re c h o s de la d iferen cia. A través de esto s p ro ce so s, alg u n o s concep to s centrales p a ra com p ren der n u estra ép oca se convirtieron en problem as - “no problemas analíticos, sino m ovim ientos históricos que todavia n o han sido resueltos” (Williams, 1 9 80 :21 ). C uan do esto sucede “no tiene sentido prestar oídos a sus sonoras invitaciones o a sus reso nan tes e stru en d o s” (ibid.), ya que esa resonancia no es m ás q u e u n a convocatoria a la reproducción de u n cierto saber, de u n a cierta práctica, de u n cierto cam po.

W illiams prop o nía, en esas situaciones de crisis, trabajar n o sólo sobre la etim ologia, sino en la historia social de la sem ântica (1983,

1980). En nu estro caso (y aqui el plural de la prim era persona, com o se verá, es m ás q ue u n artilugio enunciativo), elegim os otro cam ino: en lugar de c o n c en tra m o s en los significados históricos, buscam os hacerlo - si se m e perm ite decirlo - en uno de sus “referentes”. Es decir, en lu gar de hacer un estúdio sobre el térm ino “fro n te ra ”, p re te n d im o s re a liz a r u n a d iv ersid a d de e s tú d io s so b re z o n a s fronterizas. En lugar de realizar u n a historia sem ântica, hicim os u na histo ria territorial, relacional, sociocultural de espacios fronterizos específicos. E n lugar de apelar a la historia de las ideas, apelam os a la e tn o g r a fia . S e t r a t a d e u n a e n tr a d a c o m p le m e n ta r ia (n o c o n tra p u e s ta ) a la de W illiam s, p a ra a n a liza r esos c o n c e p to s / problem as.

En la segu n d a m itad de los anos ‘90 a varios etnógrafos nos re su lta b a p o te n c ia lm e n te p ro d u ctiv o av an zar en el e stú d io del problem a “fro n teras” com o constitutivo del problem a “identidades”, es decir, de los m ovim ientos históricos que estaban im plicados en

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ellos. El dilem a era cóm o enfrentar esas investigaciones co n fuerte base em pírica p a ra que, aun q u e en u n futuro pudiésem os contribuir a las concepciones m etafóricas sobre fronteras, nu estro s aportes c o n s ig u ie ra n q u e b ra r n u e s tra s p ro p ia s visiones e tn o c é n tric a s . C onsiderábam os m uy riesgoso hablar constantem ente de “fronteras” sin conocerlas. E n ese m arco, y sin un plan arm ónico de los diferentes trabajo s, diversos investigadores decidim os c o n c e n tra r nuestro s estúdios en zonas lim ítrofes entre estados nacionales.

N o se trataba, p o r cierto, sólo de tem atizar las fronteras estatales y, au n q u e había un fuerte énfasis em pírico que valoram os, no se tratab a tam poco de em pirism o. Más bien, se trató de ir a las fronteras estatales c o n u n a perspectiva ab ierta q u e p e rm itiera d e te c ta r y co m p ren d er no sólo la m ultiplicidad y m ixtura de identidades, sino tam bién sus distinciones y conflictos. N o sólo las com binatórias tra n s fr o n te r iz a s , sin o ta m b ié n las ló g icas lo cales d e d isp u ta s interfronterizas. Ir a las fronteras p a ra m o strar la contingência e h isto ricid ad del lim ite no im plicaba enfatizar exclusivam ente su porosidad y sus cruces, sino tam bién las luchas de poder, los estigmas persistentes y nuevas form as de nacionalism o. En ese sentido, las fron teras políticas ofrecían un terreno, u n territorio, especialm ente p r o d u c tiv o , n o só lo p o r q u e a lli c o n v iv ía n p o b la c io n e s q u e su pu estam en te adscribían a nacionalidades diferentes, sino tam bién p o rq ue eran espacios con peculiar interés e intervención del poder estatal.

M éx ico -E stad o s U n id o s: ò u n p a ra d ig m a de las fro n te ra s o u m nu ev o e tn o c e n trism o ?

H ace varios anos la frontera de M éxico-E stados U nidos había co n d en sad o u n a g ran parte de la im aginación acerca del contacto de “cu ltu ras” . El sentido de la frontera era d isputado no sólo po r los diversos grup o s q u e habitan a cada u n o de sus lados, sino tam bién p o r perspectivas teóricas divergentes. Sobre aquella frontera han

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surgido im ágenes co ntradictorias y h asta incom ensurables: desde los m igrantes m exicanos perseguidos por la migra - com o ícono de la desigualdad y la represión - h asta m estizos y m estizas híbridos - com o sím bolo de m ulticulturalidad, cuando n o de posm odern idad .

El “cru ce de fro n teras”, sin em bargo, devino u n a sinécdoque que da cu en ta de la sociedad inestable y difusa de “fin de siglo” y del inicio de u n nuevo m ilênio. A nzaldúa (199 9 ), al decir de Rosaldo, “celebra el potencial de las fronteras para la a p e rtu ra de nuevas form as de entendim iento h u m an o ” (1 9 9 1 :1 9 7 ). “La nueva m estiza - d ice A n zald úa - se las arregla, cre a n d o u n a to le ran c ia a las co n trad icciones, u n a tolerancia a la am biguedad. A prende a ser indígena en la cu ltu ra m exicana, a ser m exicana desde u n pu n to de vista no rteam ericano . A prende a hacer m alabares con la cultura. T iene u n a p ersonalidad plural, op era de un m odo pluralista. A n ada echa fu era, al b u en o , el m aio o el feo” (A nzaldúa, 1 9 9 9 :1 0 1 ). Rosaldo, em su abierto desafio a la concepción uniform izante de la antropologia, h a hecho hincapié en las fronteras com o espacio de m ezcla y m ultiplicidad: “Los espacios creativos de tran scu ltu ració n se cen tran ju n to con las fronteras literales y figuradas, do nd e la ‘p e r­ so n a ’ se e n trecru za en identidades m últiples” (1 9 9 1 :1 9 7 ). En su d erro tero p o r m o strar la dinâm ica de los p rocesos culturales, parece realizar u n a g ran generalización que abarca a todas las fronteras, las territoriales y las m etafóricas. Este énfasis insistente en el carácter poroso, am biguo, híbrido de las fronteras a veces parece olvidar por qué se las sigue llam ando así: limite, diferencia, frente de batalla, separación, discontinuidad.

“N o to d a s las fro n te ra s so n reductibles a u n m ism o tip o de m etáfo ra”, a p u n ta G arcía Canclini (2 0 0 0). La frontera de M éxico- E stados U nidos so n m uchas fronteras, co n poblaciones e historias singulares. Esa heterogeneidad, que se m ultiplica cuan d o incluim os o tra s re g io n e s del m u n d o , tie n d e a se r a n u la d a p o r m ira d a s g e n e r a l i z a n t e s y d e s h i s t o r i z a d o r a s . U n a d e la s m a y o r e s

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generalizaciones, que vacía de sentido histórico a las fronteras, afirm a que “to d as las fronteras son separación y u n ió n al m ism o tiem po” . E n determ inado s contextos históricos y en ciertas regiones pueden senalarse tendencias m ás o m enos generales sobre las fronteras. Así, en cad a caso em pírico, esas dos características de to d a frontera se encuentran ordenadas y jerarquizadas. Hay fronteras m ás permeables que o tras; hay m om entos de m ayor m ilitarización de los cruces; hay p erso n as que cru zan con facilidad, m ientras otras son hum illadas y perseguidas.

Por u n a p arte, sólo se puede p re te n d e r dividir u n a en tid ad , territo rio o població que se en contraba unido. Por otra parte, una vez q u e se tra n s fo r m a n en s e n tid o c o m ú n , las f ro n te ra s so n concebibles com o p u n to de contacto sólo porque hay u n lim ite que se p a ra dos en tid ad es que, de alg ú n m o d o y p o r alg u n a razó n , co n tin ú a n co m prendiéndose com o diferentes.

El estúdio de las fronteras requiere escapar a las versiones estáticas y ho m ogéneas d e culturas unitarias. Sin em bargo, poco valor ten drá esa ru p tu ra si se p rete n d e aplicar u n m odelo de am b ig u ed ad y m u ltip licid ad al co n ju n to de las fro n teras. P rim ero, p o rq u e las fronteras son m uy diversas, por lo tan to no hay u n a hom ogeneidad de la hibridación; segundo, ese m ism o m odelo debe ser discutido incluso p a ra la frontera M éxico-Estados U nidos (Vila, 2 0 0 0 a y b; H eym an, 1994); tercero, y quizás lo m ás im portante, porque el estúdio de la frontera en sí plantea un desafio a cualquier noción estática, uniform e y no relacional de cultura e identidad, en la m edida en que debería inco rp orar a su perspectiva analítica no sólo la mezcla “c u ltu ral”, sino la alianza y el conflicto social y político.

La incógnita es cóm o es posible que, por ejemplo, H eym an (1994), K earney (1991) o Vila (2000b) hablen de la m ism a fro n tera que M artín ez. En la v ersión de M artínez ( 1 9 9 4 ),1 p o r ejem plo, los fro n te rizo s serían algo así com o la e n c arn a ció n del p a ra d ig m a m ulticultural. En contraste, H eym an advierte del riesgo de que la

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“idea fácil” de que “en la frontera, dos lados son iguales a un híbrido” (1994:47) reem place el análisis e impida percibir tanto la desigualdad e stru c tu ran te de po der entre las poblaciones y los Estados, así com o las iden tificacio n es fu ertem en te distintivas. N o hay “su ficien te e tn o g r a f ia o te s tim o n io en la f r o n te r a p a r a a fir m a r q u e es experim entada a través de u n a subjetividad o identidad híbrida; la evidencia lim itada q u e tenem os indica que la subjetividad de los m ex ican os fro n te riz o s c o n tin u a sien d o fu e rte m e n te m ex ic an a ”

(ibid.).

La m etáfora del “c ru zad o r de fro n teras”, bicho del m estizaje, devino una de las m etáforas preferidas de la teoria social posm oderna. La con cepció n de las culturas pu ras (con fronteras claras), que m arcaron u na p a rte significativa de los estúdios clásicos, h a llegado a su fin. El problem a es que la nueva conceptualización reem plazó de m od o term in an te la organización por el desorden, la pureza por el sincretism o y la frontera por su cruce. Y que colocó el énfasis en la m ezcla al m ism o tiem po que el control de la frontera se hacía m ás rígido y nuevas leyes afectaban los derechos de los m igrantes. Vila (2 000 a y b) m u estra - en contraposición a la teoria do m inante sobre frontera en E stados U nidos - que el “reforzador de fro n te ra s” no es exclusivam ente el estado, sino u n conjunto de agentes sociales entre q u ie n e s p u e d e n in clu irse en m u ch o s c o n te x to s a los m éxico- am ericanos que apoyan el “cierre de fro n teras” .

Estas cuestiones son más im portantes aún cuando la frontera entre M éx ico y E s ta d o s U n id o s p a re c e h a b e rs e c o n s titu íd o en u n laboratorio en el cual se realizan estúdios desde las m ás diversas perspectivas, postulánd o se com o paradigm a interpretativo de todas las fronteras políticas. Algunos investigadores de la fro ntera M éxico- E stad o s U n ido s (o de las fronteras) sostien en que los estúdio s realizados en esa zona constituyen m odelos para el análisis de las m ás diversas fronteras políticas (p.e. M artínez, 1994:xviii) y un a subespecialidad de la antropologia. Por ejemplo, Alvarez (1995) titula

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su trabajo “T he M exican-U S Border: T he M aking o f A nthropology o f B orderlan ds”, pasan d o por alto u n a extensa historia teórica y e m p íric a . E n su p ersp e c tiv a , u n a a n tro p o lo g ia de la fro n te ra , em piricam ente situ ad a en la frontera de Estados U nidos-M éxico, p u ed e co n trib u ir a cuestiones m ás generales de la antropologia. La fro ntera de M éxico-E stados U nidos “has been elevated to the status of the paradigm atic case” and “has becom e the icon and m odel for research into o th er borders, as well as for th e elaboration and re ­ finem ent o f the boundaries o f several salient concepts and their r e ­ ferents” (:449).

E s to se a c e rc a d e m a s ia d o a u n n u e v o e tn o c e n tr is m o . La c u e s tió n es si la f r o n te ra d e M é x ic o -E s ta d o s U n id o s p u e d e c o n s titu irs e en el caso p a ra d ig m á tic o de la m ay o r p a rte de las fro n te ra s o si, p o r el c o n tra rio , el in te rés de su e stú d io ra d ic a en su e x tre m a p a rtic u la rid a d : se tr a ta d e la fro n te ra c o n m ayo r e s tru c tu ra de d e sig u a ld ad co n o c id a en el m u n d o c o n te m p o râ n e o . D e sd e n u e s tra persp ectiv e, ju sta m e n te p o rq u e “n o o th e r b o rd e r in th e w o rld exh ibits th e in eq uality of p o w er, e c o n o m ics, a n d th e h u m a n c o n d itio n as does this o n e ” (Alvarez, 4 5 1 ), su e stu d io re su lta fu n d a m e n ta l, a u n q u e d ificil-m en te esa fro n te ra p u e d a ser - c o m o p re te n d e Alvarez - “th e m o d el o f b o rd e r stu d ie s an d b o rd e rla n d s g e n re th ro u g h o u t th e w o rld ” (ib id .).

L as a rtic u la c io n e s y d e saju ste s e n tre d ife ren c ia y d e sig u a ld a d so n u n a de las claves de la fro n te ra . C u a n d o las a d u a n a s y la “m ig ra ” a c e ita n c o tid ia n a m e n te u n a m a q u in a ria de p ro d u c c ió n d e d e sig u a ld a d , n o p a re c e llam ativo q u e so b re é sta se e n c a s tre n las diferen cias. H ay diferen cia p o r d esig u ald ad c u a n d o el lenguaje d e las id e n tific a c io n e s u tiliza la sintaxis d e la e x clu sio n . E n ese c aso , la u to p ia es la q u e a p u n ta S áen z (2 0 0 3 ): “c h ic a n o ” expresa d e sig u a ld a d y, p o r ello, es “u n a id e n tid a d q u e sólo e s p e ra el dia e n q u e ya n o se a n e c e s a r ia ” . E sa es la f r o n te ra q u e lleva la d e sig u a ld a d h a s ta el lim ite.

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P a ra p e n s a r las fro n te ra s p o líticas e n tre los e sta d o s la tin o - am ericanos es necesario al m ism o tiem po co nsiderar los aportes realizados p o r m ultiples estúdios fronterizos e inscribirlos en una h istoria social diferente. El desafio de estudiar fronteras donde el lim ite político y sim bólico a ctú a a pesar de q ue no se su sten ta en u n a im presionante m aquinaria de desigualdad exigirá repen sar y crear h erram ientas conceptuales. Así, existen m ás que dudas acerca de que el m odelo de la fron tera “p aradigm ática” sea útil p a ra pensar las tierras fronterizas de Bolivia y Paraguay. U n ejem plo m ás sutil: Alvarez afirm a que “la frontera es un artefacto m od ern o, im puesto en u n cam po social con un historia que se rem o nta a las tem pranas intervenciones h u m anas en el á re a ” (:463). Es evidente que está p ensand o en “su ” frontera, pero la afirm ación es de carácter g en e­ ral y universal. E ntonces, surgen tres problem as: hay fronteras no estatales (com o las N u er-D in k a estudiadas p o r E vans-P ritchard, 1 9 9 7 ) q u e c o n s titu y e n lim ites q u e im p lic a n tra n s a c c io n e s y conflictos, pero no son artefactos m odernos im puestos; hay fronteras en expansion de sociedades nacionales que e n tra n en situación de “fric ció n in te ré tn ic a ” co n p o b lacio n es o so c ie d a d es in d íg en as (C ardoso de Oliveira, 1962); y las fronteras políticas parece qu e no siem pre fu ero n im p u estas siguiendo el m odelo M éxico-E stado s U n id o s, sin o q u e en o tra s o ca sio n e s fu e ro n c o n s tru íd a s en la articulación de los estados centrales y las poblaciones locales, com o en el caso de los Pirineos orientales de E sp ana-F rancia (ver Sahlins,

1989 y Sahlins, 2 0 0 0 ).

S o sten er que los estúdios fronterizos nacieron en la frontera e n ­ tre M éxico y E stados U nidos implica b o rrar una extensa historia de investigación social. Alli sólo tuvo origen un estilo, una perspectiva peculiar de concebir a las fronteras cuyo énfasis se e n c u en tra m ás en los co n tactos interculturales que en los g rupos sociales, y en el cru ce y la m ezcla antes que en el conflicto. U na historia de los estúdios sobre fronteras debe rem o ntarse m ucho m ás atrás.

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H eterogeneidad de fronteras

Tam bién los estúdios sobre las fronteras de E uropa, áfrica y Asia (ver D o nn an y W ilson, 1994; W ilson y D onnan, 1998) nos indicaban que Ias fronteras del m u ndo son m uy heterogéneas e irreductibles las unas a las otras. N o sólo son diversas las relaciones interestatales, sino tam bién los vínculos entre las sociedades fronterizas y sus estados nacionales. C ada estado ha constituído u n vínculo peculiar con la nación, el territo rio y la población. En las fronteras, los peculiares en tram ad o s socioculturales de u n o y otro país e n tra n en contacto.

A sí, c o m e n z a m o s a p e n s a r la s f r o n t e r a s d e l C o n o S u r re a p ro p iá n d o n o s d e co n c ep to s p e n sad o s no sólo en relació n a M éxico-E stados U nidos, sino a las fronteras de o tras zonas del m undo. Y, m ás im portante aún, desarrollam os n uestro s trabajos de cam po y nu estros análisis d entro de perspectivas com parativas. Esas lecturas y los prim eros estúdios m ostraban que cada zona fronteriza, en el proceso histórico de su propia delim itación y en el proceso social de renegociación y conflictos constantes, conjuga de u n m odo peculiar la relevancia de la acción estatal y de la población local. Por ejem plo, en la fron tera franco-espanola parece hab er u n contraste entre el caso de los pirineos occidentales (con una fuerte íntervención estatal, analizada po r D ouglass, 1998) y la activa p articipación lo ­ cal e n lo s pirineos orientales (analizada p o r Sahlins, 1989). Sahlins, fren te a u n a visión teó rica reitera d am e n te victim izad o ra de las poblaciones locales (no sin razones, por supu esto ), m u estra q ue los pobladores fronterizos p ueden y deben ser vistos com o agentes de su propia h istoria (en circunstancias, evidentem ente, q ue no han elegido). A unque de hecho existe una asim etría e stru ctu ral entre ello s y su s re s p e c tiv o s e s ta d o s , es in g é n u o s u p o n e r q u e las p o b lacio n es e sta b a n u n id as y viviendo en a rm o n ía c u a n d o las fronteras, de p ro nto , cayeron sobre ellas. En C erdena la frontera divide a u na población que hablaba la m ism a lengua y apelaba a

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tradiciones com unes; y que, sin em bargo, se involucró activam ente y fue d eterm in ante en su propia division.

En el C ono Sur, aunque no conozcam os casos tan extremos, recién com ienza a asum irse el desafio de pensar com o agentes fronterizos a los jesuitas de las reducciones, a los guaranies, a los bandeirantes, a los fazendeiros riograndenses y a m uchos otros sectores sociales que tuvieron u n papel relevante - a través de sus propios êxitos y sus fracasos, com o la G u erra G uaranitica de m ediados del siglo XVIII - en la co n stru cción de las fronteras políticas en el C ono S ur. Si el proceso de co n strucción y definición de las fronteras políticas no se ago ta en las acciones de estos actores locales, ya que los respectivos estados tuvieron un papel clave, tam poco puede com pren derse la propia acción estatal sin analizar sus com plejos vínculos con los actores sociales en las fronteras (G rim son, 20 0 3).

La relevancia de estos problem as históricos surgió de nuestro propio trabajo etnográficos sobre los procesos socioculturales en las fronteras contem p orâneas (G ordillo, 2000; Escolar, 2000; K arasik, 2000; Vidal; 2000; G rim son, 2 0 0 0 a y b). C om enzam os a concebir el estú d io an tro p o ló g ic o de las co m u n id ad es fron terizas com o, sim ultáneam ente, el análisis de la vida cotidiana del estado, de las p oblacio nes y de las relaciones en tre am bas. Y c o m en zam o s a co m p ren d er que la cultura cruza fronteras que las identificaciones rep rod u cen y refuerzan.

U n ejem plo. En las ciudades de La quiaca y Villazón, ubicadas en la frontera entre Argentina y Bolivia, se realizan dos fiestas de carnaval con trajes idênticos. En el ano 2 000, por escasez de especialistas, sólo había trajes hechos en Villazón, Bolivia, p ara u n solo g rup o de bailarines. C u an d o los argentinos cru zaro n a V illazón y com p raro n los trajes de diablos, dejaron a los bolivianos sin trajes p a ra su carnaval. Esto provocó un escândalo en la fro n tera, ya que fue consid erad o p o r los bolivianos com o u n “robo de c u ltu ra ” (Karasik, 2 0 0 0 ). Las dos poblaciones realizan la m ism a fiesta. Pero nadie

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im agino entonces qu e p uedan realizaria conjuntam ente. Eso podrá ser u n deseo de antropólogos. Para los pobladores locales, en cambio, la fron tera constituye y limita su im aginación.

Los dos esen cialism os: hermandad e hibridism o

E n los últim os anos, una parte sustancial de las investigaciones sobre fronteras en el C ono S u r se vinculo a u n a disconform idad teórica y política respecto a u n a im portante corriente del estúdio de las identificaciones y las culturas. Se trata de aquella vertiente que enfatiza la multiplicidad de identidades y su fragm entación ocluyendo las relaciones de p o der en general y la intervención del E stado en particular. Las fronteras políticas constituyen un terreno sum am ente productivo p ara pen sar las relaciones de po d er en el plano sociocul­ tural, ya que los intereses, acciones e identificaciones de los actores locales en cu en tran diversas articulaciones y conflictos con los planes y la p en etración del E stado nacional. La crisis del E stado, com o se ha visto en diversas fronteras, se expresa fu n d am en talm en te en térm inos de protección social, pero los sistemas de control y represión (del peq u en o co n trab an d o fronterizo, de las m igraciones lim ítrofes) tienden a reforzarse. Por ello, el E stado co n tinú a teniendo u n rol d o m in a n te co m o á rb itro del contro l, la violência, el o rd e n y la o rg an iz ac ió n p a ra aq uellos cuyas id en tificaciones e s tá n sien do tran sfo rm ad as p o r fuerzas globales. Por ello, es riesgoso subestim ar el rol q ue el E stado co n tinú a ju g an d o en la vida cotidiana de sus propios y otros ciudadanos.

C u and o el papel de los Estados y los efectos de sus políticas son subestim ados se corre el riesgo de caer en el esencialism o de la herm an d ad o en el esencialism o de la hibridación generalizada. Estos dos esencialism os h an devenido sentido com ún académ ico y político en lugares tan rem otos com o la frontera entre M éxico y los E stados U nidos y diversas fronteras del C ono S ur (G rim son y Vila, 2004). A m bos esencialism os se su ste n tan en m etáfo ras qu e refieren al

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c o n c e p to de “u n io n ”, y h a c e n h in cap ié resp e c tiv a m e n te en la m etáfora de la “h e rm a n d ad ” y la m étafora del “c ru c e ”. Así, es m uy frecuente escuchar hablar acerca de la “h e rm an d ad de los pueblos fro nterizo s” en el C ono S u r de A m érica Latina y de la “h e rm a n d a d ” d e inm igrantes m exicanos y m éxico-am ericanos en la fron tera de M éx ico -E stad o s U n ido s (R econdo, 1997; A A .W , 1997 a y b; A nzaldúa, 1999; Rosaldo, 1991; Saldivar, 1991). La m etáfora del “c ru z a d o r de fro n te ra s”, a su vez, ha sido am pliam ente usada para d a r cuen ta de algo así com o un “nuevo sujeto de la h isto ria ” (el inm igrante m exicano o centroam ericano en los EE.U U . es tal vez el m ejor ejem plo de este uso) y com o p arad ig m a p a ra p e n sar los c o n ta c to s in te rcu ltu ra le s en g eneral. A m bas m etá fo ra s, y o tra s vigentes en cierta p ro d u c tio n académ ica, com o po r ejem plo la que sostiene que las fronteras “solo tienen un a existencia real en los m ap a s” (Abínzano, 1993:76), tienen u n p u n to en com ún: tienden a invisibilizar el conflicto social y cultural que m uchas veces caracteriza las fron teras políticas. Al subestim ar el conflicto com o dim ension central del “c o n tacto entre cu ltu ras”, se dificulta la visualización de las asim etrías e n tre sectores, g ru p o s y estados, y las crecientes dinâm icas de exclusion.

E n u n a p arte im po rtan te de los estúdios sobre fronteras de los estados latinoam ericanos prevalece la im agen de que las poblaciones lim ítrofes han llevado a la práctica desde hace m ucho tiem po una “in teg ració n ” po r abajo y que, m ás allá de las hipótesis de conflicto de los estados, los pueblos fronterizos han d ado m uestras de su “h e rm a n d a d ” . Tam bién en otras regiones del m u n d o algunos de los e stú d io s de fro n te ra s h a n ten d id o a an alizar a las p o b lacio n es fronterizas vecinas com o u n a “co m u n id ad ”, tendiendo a m inim izar el rol del E stado, de la nación e incluso de la fron tera (W ilson y D o n n an , 1998:6).

E n u n esfuerzo teórica y politicam ente o rien tado a d escon struir las identiflcaciones nacionales se ha realizado a veces u n énfasis

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excesivo en la “in ex iste n c ia ” de las fro n te ra s p a ra las po b lacio n es locales, p ro d u c ie n d o u n a im ag en c o n g e la d a previa a la c o n s tr u c ­ ció n del E sta d o en el c a so de las fro n te ra s del M e rc o s u r, o a la g u e rra M éxico -A m ericana, en el caso de esta o tra fro n te ra , com o si las c o n s ta n te s in te rv e n c io n e s del E s ta d o y sus c o m p le jo s dispositivos h u b iera n p o d id o no afectar y n o in v o lu crar de n in g ú n m o d o sig nificativo a las p o b lacio n es locales. E sta v e rsio n r o ­ m â n tic a y e sen c ialista h a im p ed id o c o m p re n d e r d e m o d o cabal la rele v an c ia co g n itiv a, p o lítica, e c o n ó m ica y c u ltu ra l del e sta d o y de la n a c ió n .

E n el caso del cono Sur, el sólo hecho de que afirm aciones sobre “c u ltu ra c o m p a r tid a ” y a u s ê n c ia de c o n flic to in te r fr o n té r iz o co nstituy an p a rte del discurso nativo debería h acer so sp ech ar a cualquíer etnógrafo de su “verdad” (al m enos, a aquellos que guardan alg u n a d im en sio n e stratég ica y m an ip u la to ria en su n o c ió n de id e n tid a d ). Sin em bargo, m uchas veces sucede lo co ntrario. Es que ese discurso nativo m uchas veces produce la fascinación del etnógrafo y p u ed e articu lar se de m odo extraordinario con la “dem ostración em pírica” de la ausência de im pacto de las políticas estatales. Esa “dem o stració n ”, sin em bargo, adolece de varios problem as:

• se su stenta m ás en los discursos que en las prácticas;

• c u a n d o a n a liz a ta n to d is c u rs o s c o m o p r á c tic a s , o b ie n selecciona aquellos que tienden a d em o strar esa “autonom ia rad ical” respecto del estado o, incluso, pasa po r alto elem entos que en sus propias descripciones m u estran lo contrario. • parte de una concepción ontológica y teleológica de la identidad

que presupone, como universal, que toda (o al m enos su) identidad étnica o de clase siempre será preferible a la “distorsión” impuesta por la nación; por lo tanto, m ostrando la ausência de impacto de la nación podrá conducirse a un (re)fortalecimiento de aquella identidad originaria que al fin habría de revelarse.

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Q uizás la p arad oja m ás no to ria de esta c o n c ep tio n en el m arco del C on o S ur es que reú n e el concepto de “falsa co nciencia” y el populism o, q ue tan to im pacto a la region en los últim os cincuenta anos. Así, au n q u e la n a tio n se aproxim a en esa vision a u na “falsa c o n cien cia”, no se tra taria de realizar u n a crítica política de su función, sino de describir su ausência dada la capacidad de resistencia y p ro d u ctio n au tóno m a de los sectores populares. Estas pretensiones d e to ta liz a c ió n c u ltu ra l e id e n tita ria im p o sib ilita n p e rc ib ir la relevancia del co n cep to quizás m ás im p ortan te en las luchas de c a rá c te r p olítico en la actualid ad : la alianza, la a rticu la ció n de intereses y diferencias.

Las zonas fronterizas constituyen espacios lim inales d o n d e se p ro d u c e n a la vez id e n tific a c io n e s t r a n s n a t i o n a l , a s í c o m o conflictos y estigm atizaciones entre g rupos nacionales. com o zonas de ex p ansion y de lim ite, se reco n fig u ran p a ra cu m p lir nuevas funciones en el nuevo o rden global y regional. En diversas regiones, se m an ifie sta n dos p ro ceso s a p a re n te m e n te c o n tra d ic to rio s: la c o n s tru c c ió n d e d istin cio n e s id en tita ria s y la c o n s tru c c ió n de elem entos o rasgos com partidos por sus habitantes m ás allá del limite político existente. Procesos com o el M ercosur u otros que se anuncian p a ra el fu tu ro y que, supuestam ente, im plicarían la desaparición de esos lim ites, en la actualidad tienden a resignificar y recrear las asociaciones de la noción de fron tera no sólo con categorias de diferencia, sino co n otras asociadas a la desigualdad en térm inos de superior-inferior, pobres-ricos, orden-desorden.

Los estúd ios latinoam ericanos: frontera, nación y Estado

Al su r de M éxico, el caleidoscopio de las fronteras n o en cu en tra u n eje en el co ntacto entre prim ero y tercer m undo. E n Colom bia, h ab lar de fro n teras c o n tem p o rân eas es en b u en a m edid a h acer referencia a territo rio s en poder del E stado, de la guerrilla, de los param ilitares o del narcotráfico. Territorios nacionales en disputa y

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fro n te ra s en ex p an sio n so n c o n cep to s q u e e n c u e n tra n alli u n a vigência dram ática. Es cierto que los conflictos territoriales po r la p ro d u cciô n de coca están presentes tam bién en Bolivia. Pero hay o tra s c o n e x io n e s m ás fu e rte s , si p e n s a m o s e n las f ro n te ra s in terétn icas q u e fuero n en fatizadas en sus respectivas reform as constitucionales de los anos 90 y en sus políticas públicas de los últim os anos.

E n Bolivia, “fro n te ra ” rem ite tam b ién a la f r u s tra tio n de su m editerraneidad, p rodu cto de una guerra decim onónica, pero habla a la vez del Parlam ento con m ayor presencia indígena de A m érica Latina. En U ruguay frontera puede rem itir a su propia constitución com o país (con el antiguo relato del estad o -tap ó n en tre A rgentina y B rasil), así com o a una de las regiones en las que se divide el propio m ap a n acio n al. En A rgentina, en cam bio, la a rtic u la c ió n e n tre fro n te ra y n a c ió n rem ite a la e x p a n sio n c o n tra los in d io s (el “desierto ”) en la constitución del Estado m oderno: frontera agrícola, fro n te ra m ilitar, fro n te ra de ciu d a d a n ía . Pero tam b ié n im plica rem iniscências del d iscurso m ilitarista de los 70 acerca de “m arch ar a las fro n teras” c o n tra el enem igo lim ítrofe, especialm ente Chile y Brasil. C ontem p orán eam en te, el C ono S u r vive sim ultáneam ente los anúncios de disolución de fronteras p a ra el M ercosur, que en u n a p rim e ra fa se só lo se v e rific a b a n p a ra el g r a n c o m e rc io internacional. En el plano de las sociedades y las culturas en su prim era fase sólo se produjo un increm ento de controles cotidianos que es desafiado p or la agenda política de u n derecho a la m igración libre en la region.

Investigar las fronteras y com prender sus sentidos p a ra la gente del lugar im plica suspender los presupuestos etnocéntricos, sean esto s los d eriv ad o s de la g eo p olítica estatal, se an los diversos rom anticism os populistas. Al analizar y revelar conflictos sociales y sim b ó lico s e n tre g ru p o s fro n te riz o s y c iu d a d e s v ec in a s, debe c o m p re n d e rs e , p re te n d e m o s sa b er de d ó n d e p a rtim o s p a ra la

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construcción de eventuales alianzas, entendiendo que un a com unidad de intereses está m ucho m ás por ser creada qu e lo que pued e ser con sid erada un hecho presente. Es necesario reco no cer los efectos sociales y culturales del largo proceso de co n stru cción de los estados nacionales latinoam ericanos y com p ren d er los sentidos prácticos de la nacionalidad p a ra los sectores sociales q ue h abitan las fronteras.

La acción sistem ática de los estados m odifico, en algunos casos, las propias clasificaciones identitarias de grupos aborígenes. Diversos grupos que habitaban las m árgenes del Pilcomayo m edio (entre otros, tobas y wichís) utilizaban el rio com o critério de dem arcación entre los pobladores: la oposición era “rio arriba” y “rio abajo”. La creciente presencia de los estados nacionales en la region a través de sus fuerzas m ilitares im plico u n cam bio en la p e rc e p tio n de los aborígenes, com en zan d o en algunos casos a definir los lim ites intertribales en función u na o o tra m argen del rio. Esto es, clasificar a los gru po s en función de la fro n tera interestatal (G ordillo y Leguizam ón, 2 0 0 2 ). Por o tra p arte, los guaranies que h ab itan la fro n te ra argentino- boliviana no h an percibido el limite com o u n obstáculo insalvable y h an m an ten id o estrechos vínculos entre las aldeas. Sin em bargo, los guaranies que h abitan en Bolivia, cu an do se refieren a la Argentina, h ab la n de M ba p o ren d a, “el lug ar d o n d e hay tra b a jo ” . P ara los guaran ies que h ab itan en la Argentina, sus pares del o tro lado de la frontera son handetararêta, “n u estra fam ilia”, el lu gar de origen, de los antep asad o s (H irsch, 2000 ).

Estas categorias nativas parecen aludir a la vez a u n vínculo y a la existencia de los estados nacionales. El lu g ar de los antep asad o s y el lugar del trabajo se en cu en tran , en am bos casos, del o tro lado de la frontera política. D e una m anera diferente al caso d e los tobas y wichís, el E stado y la nación son incorp o rad os a las categorias y prácticas nativas. Por supuesto, en el heterogéneo territo rio latino- am ericano, las relaciones entre identificaciones étnicas y nacionales varían según las poblaciones indígenas y las diversas relaciones con

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los distintos estados nacionales. Pero incluso en zonas donde los estados h an llegado de m anera com parativam ente débil, com o la A m azônia, los T ü k u n a han incorporado la nacionalidad brasilena, p e r u a n a y c o lo m b ia n a c o m o p a rte de los m o d o s lo c a le s de identificación (López, 2001).

U n caso diferente son las ciudades em inentem ente com erciales sin población aborigen. Alli las definiciones nacionales son preva- lecientes: los intereses y sentim ientos suelen definirse en térm inos nacionales (ver K arasik, 2000; G rim son, 2 0 0 3). Estas zonas tienen tam bién fuertes sistem as de intercâm bio (com erciales, políticos, c u ltu ra le s). E n ese se n tid o , p u e d e h a b e r u n a m ay o r o m e n o r perm eabilidad de la frontera. Sin em bargo, esas relaciones sociales n o im plican necesariam ente u n a m odificación de las clasificaciones id en titarias y au toafiliaciones nacionales. M ás bien, es sobre la existencia m ism a de la fron tera que se organiza u n sistem a social de intercâm bios en tre grupos que se consideran distintos. Es decir, las localidades fronterizas, tanto desde u n pu n to de vista práctico com o desde u n p u n to de vista analítico, conform an u n a sistem a, p ero no u n a única organización social. Es por ello que en situaciones críticas el sentido co m ú n de la nación puede virar en retóricas y prácticas nacionalistas (ver G rim son, 2003).

La b ú sq u ed a de híbridos culturales en las zonas fronterizas de A m érica L atina, ap lican d o m ecán icam en te u n o de los m odelos conceptuales vigentes en M éxico-Estados U nidos, puede conducir a graves e rro re s in te rp re ta tiv o s. El caso de los “b ra s ig u a y o s ” , m ig ra n te s b rasilen o s que resid iero n en Paraguay, m u e s tra dos cuestiones. Prim ero, la aparente m ezcla (ya anunciada en el nom bre) no es u n proceso natural derivado de la convivência en tre “cu ltu ras”: “brasigu ayo s” es u n g ru po m uy específico de m igrantes brasilenos en Paraguay, n o todos; y no hay paraguayos que sean “brasiguayos”. S egundo, y m ás im portante, no se trata de u n proceso de m ezcla. La identidad “brasiguaya” no surge de la reivindicación de m ezcla

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cultural alguna, sino de la articu latio n y o rg an izatio n de u n reclam o politico (ver Spandel, 2 000 ). La “m ixtura” del nom bre m ás que dar c u en ta de u n a duplicidad de pertenencia parece articu lar u n a lucha social provocada por u na doble exclusion: son cam pesinos que luchan por su tierra en Brasil después de reto rn ar de Paraguay y de ser m arginalizados en am bos países (ver tam bién A m orim Salim, 1996).

E n A m érica L atina no p o d ría afirm arse qu e “la fro n tera, ese p ro d u cto de u n acto jurídico de delim itación, p ro duce la diferencia cultural tanto com o ella m ism a es el p ro d ucto de esa diferencia” (Bourdieu, 1 980:66). M ás bien la frontera p ro d u ce esa diferencia m ucho m ás de lo que es producto de ella. H ay innum erables espacios poblados d o n d e las diferencias sólo son prod ucidas p o r la fron tera y to d o lo que ella implica: sistem as escolares, regim ientos m ilitares, m edios de com unicación, co ndición de estar afectados p o r un a econom ia y u n a política “nacionales” (en un territorio, po r ejem plo, hay crisis económ ica o represión política, m ientras en el otro n o ) . Y d o n d e la fro ntera potencial o real es percibida com o herram ien ta de u n a posible m ejoría de la condición de vida que, p or lo tanto, puede valer la pena m an ten er p ara sectores locales. Sahlins ha m o strad o que tam poco en el caso franco-espanol la fro n tera es p ro du cto de u n a diferencia cultural. En un espacio en el cual los h ab itantes h ab lab an la m ism a lengua y tenían u n a c u ltu ra co m p artid a, las identificaciones distintivas fueron p roducidas localm ente a p artir de las disputas de intereses que llevaron a instituir la fro n tera política. Las identificaciones políticas p ro d u jero n d istinciones que no se asentab an en características culturales.

P rácticam ente n o hay fronteras políticas en A m érica Latina que co in cid an con alg u na diferencia cultural a n te rio r al inicio de la colonización. Esto es tan im pactante que ha llevado al engano de creer que esa n o coincidência de distinciones culturales y limites territoriales llegaría incólume hasta nuestros dias. Pero la instauración de la fro n tera es u n a transform ación del m arco de significaciones y

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acciones de esas poblaciones, sin m encionar aquellas otras que fueron dirigidas a colonizar los limites de las patrias. Así las cosas, la frontera - com o in stitu tio n territorial de estados que se p reten d en naciones, de instituciones y fuerzas sociales que se reclam an cu ltu ras - es la “línea de b a se ” de la p ro d u c tio n de diacríticos m ás qu e u n resultado de alguna objetividad cultural previa. Es de intereses y relaciones de fuerza e n tre grupos y ejércitos que surgen las fronteras. Y desde alli las distinciones son creadas y reproducidas. El error, tan grave com o co rrien te, consiste en creer que p orq ue son co n struid as, creadas o artificiales sean m enos poderosas.

E n el proceso histórico de largo plazo puede n otarse cóm o algunas fronteras, qu e efectivam ente “sólo existían en los m ap a s”, fueron constituyéndose a través de la in terv en tio n del E stado y, en algunas ocasiones, de poblaciones locales, com o m arcadores territoriales de nuevas distinciones políticas y culturales. M ientras algunas fronteras n u n c a sa lie ro n d e los m ap a s (u n ejem p lo p a ra d ig m á tic o fue Tordesillas), o tras se hicieron palpables. U na enorm e can tid ad de territo rio s se fron terizaron. Esto es p arte constitutiva de la vida co tidian a de los fronterizos, pero tam bién de la cosm ovisiôn y una diversidad de prácticas de todos los habitantes y ciu dadanos.

U n resultado general de las investigaciones en el C o no S u r es la elem ental c o n sta ta tio n em pírica - que no tendria relevancia si no fuera p o r ciertas tesis globalistas o de un culturalism o extrem o - de que las fronteras continuan siendo barreras arancelarias, m igratórias e identitarias. Esa continuidad es histórica, ya que las características y sentidos d e esas b arreras son actualm ente recreados en el m arco de los d iscu rsos y políticas de “in te g ratio n regional” y las dinâm icas de globalization.

Fronteras identitarias, fronteras de significado

E n la etn o grafia histórica que realicé sobre la fro n tera de A rgen­ tina y Brasil (G rim son, 2003) m ostré que u n o de los problem as del

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concep to de fro ntera es su polisemia. C uando se dice “fro n te ra ” se h a c e re fe re n c ia sim u ltá n e a m e n te a p ro ceso s y c a te g o ria s m uy distintos: u n a línea que aparece en los m apas, u n m ojón o u n rio que tienen entidad m aterial, a aquello que separa sistem as legales y soberanías, al lim ite en tre identificaciones o cu ltu ras. E ntonces, m o stré la relevancia de distinguir la frontera jurídico-política, la institucional (que sólo existe cu an do intervienen adu anas, fuerzas de seguridad, control de m igraciones); la económ ica (que separa a veces sistem as productivos y p or o tra parte distingue precios de productos y cargas impositivas); la soberana (que establece territorios d o n d e a c tú a n las fu erzas represivas y d e re c h o s de c iu d a d a n ía diferenciales); las fronteras identitarias y el limite en tre regím enes de significados.

E sta distinción resulta relevante por dos cuestiones. En general, porque el térm ino frontera devino excesivam ente im preciso en el análisis cultural. En particular, p orque la m ayor im precision resulta de la co n fu sio n en tre las fro n teras de las identificaciones y las fronteras culturales. M e refiero a las fronteras de las identificaciones com o aquellas vinculadas a las categorias de adscripción de p e rs o ­ nas o grup os. En la frontera de A rgentina y Brasil, d o n d e no hay g rupos indígenas significativos, las categorias nacionales son las m ás relevantes p a ra definir el “n o so tro s” y el “ellos” . La relevancia local de la d efin itio n nacional es tal que hace a la m ism a d efin itio n del c o n c e p to de p e rs o n a y establece tipos d istintivos. E sto o frece elem entos em píricos p ara fundam entar la im portancia de la fro ntera p a ra la gen te del lugar.

O tro s elem entos parecen apuntalar el argum ento opuesto. Suele decirse que en las fronteras latinoam ericanas hay fuertes tradiciones d e e x ilio s p o l ít ic o s , p r á c t ic a s h a b itu a le s d e c a s a m ie n to s in terfro nterizo s y prácticas culturales com partidas. En mi estudio analicé cad a u n o de estos elem entos y m o stré q u e co n stitu y en presupuestos etnocéntricos que desconocen los sentidos para la gente

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del lugar. H asta hace treinta anos atrás ha habido u n a larga y muy intensa tradició n de exilios políticos. U n análisis de esas relaciones m u estra que, sin em bargo, esas relaciones políticas y solidarias no escapaban a la estru c tu ra cultural de un a im agen de superioridad argentina característica de la época. Por o tra parte, resulta claro que esas re la c io n e s tra n s fro n te riz a s fu e ro n d is c o n tin u a d a s p o r la rep re sió n política sistem ática en am bos países y p o r efecto de crecientes procesos de nacionalización. En la actualidad, la política local de las zonas de frontera se en cu en tra m ás nacionalizada que hace cin cuen ta anos atrás. A pesar de que hay m uchas câm aras que reú n en políticos de los diferentes países y que se firm an convénios de colaboración, actualm ente las relaciones entre los políticos de am bos países son m ucho m enores y m enos relevantes p a ra ellos m ism os qu e hace cinco décadas.

En relación a los m atrim onios interfronterizos es m ás sencillo explicar mi argum ento. U n análisis cuantitativo de la proporción de uniones conyugales entre brasilenos y argentinos sobre el total de uniones en diferentes períodos del siglo XX m uestra claram ente que c a d a vez fu e m e n o s c o m ú n q u e se p r o d u je r a n m a trim o n io s interfronterizos. A princípios de siglo casi el 10% de las uniones eran “m ixtas” m ientras que en las últim as décadas ni siquiera el 1 % de las u n io n es es de ese tipo. Para c u alq u ier a n tro p ó lo g o que considere que esto o cu rre entre dos ciudades unidas por un puente, resulta claro que la nacionalidad se constituyó a lo largo del siglo XX en una categoria de preferencialidad en la elección del cónyuge. Si la gente, com o he m ostrado, no desea casarse con los vecinos de o t r a n a c io n a lid a d es p o r q u e , e v id e n te m e n te , p a r a e llo s la identificación nacional es muy relevante.

A h o ra, este caso h ace referen cia ju sta m e n te al c o n c e p to de fronteras identitarias. Esto podem os pensarlo y se ha estudiado en g rup os u rbanos. C onsiderando dos grupos étnicos cualquiera se analizan las relaciones políticas y m atrim oniales, y puede establecerse

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el g ra d o de perm eab ilid ad o de d u rez a de las fro n te ra s sim bólicas. T r a d ic io n a lm e n te , lo s e s tú d io s m ig r a to r io s s u p o n ia n q u e c u a lq u ie r g ru p o de in m ig ra n tes iba, g e n e ra tio n tra s g e n e ra tio n , sie n d o m en o s e n d o g á m ico en se n tid o literal y m eta fó ric o , q u e así se iba “in te g ra n d o ” m ás ráp id a o m ás le n ta m e n te a la so ciedad de d e stin o . Lo llam ativo del e stú d io de la fro n te ra e n tre A rg e n ­ tin a y B rasil es q u e m u e stra , ju sta m e n te , la te n d e n c ia o p u e sta . C o n el tie m p o y h a s ta la ac tu a lid a d , c a d a vez hay m ás fro n te ra s id e n tita ria s, no m enos.

Las interpretaciones y explicaciones de por qué sucede eso pueden en co n trarse en m i libro (G rim son, 2 00 3 ). Aqui m e con cen trará en la cuestión conceptual de la distinción de dos tipos de frontera. E ntonces, la terc era afirm ación típica respecto de las zonas de frontera es que tienen la “misma cultura” a am bos lados, un a “cultura fronteriza” o, al m enos, que com parten un conjunto de prácticas y rituales característicos. En la zona que estudié de la frontera de A r­ gentina y Brasil, efectivam ente, podia verse con facilidad que a a m ­ bos lados había religiones afro-brasílenas, se festejaba el carnaval y se realizaban rituales gaúchos o gaúchos. D esde u n a perspectiva superficial, entonces, podia afirm arse que había prácticas culturales transfronterizas.

En m i estúdio m ostré que esa afirm ación es superficial porque im plica no co m prender los sentidos que cada u na de esas prácticas adquieren en A rgentina y en Brasil. M ostré, en efecto, que el sentido del carnaval, de las religiones afro, de lo gaucho-gaúcho, es m uy d istinto a u n o y otro lado. Las religiones afro o cu p a n u n lugar relevante y público en U ruguayana (Brasil), m ientras están relegadas y son m enospreciadas en Paso de los Libres (A rgentina). La cultura gaucha, sus vestim entas, sus com idas, sus rituales son la cultura oficial del estado de Rio grande do Sul (Brasil), son el orgullo de sus habitantes y el gentilicio del estado (los nacidos alli son “gaúch o s”, au n q u e sean rubios, au nqu e sean afro d escen d ien tes). En cambio,

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en las tierras fronterizas correntinas (Argentina), los gaúchos son discrim inados, considerados parte de los sectores m ás pobres y m enos educados.

En u n a región com o Rio G rand e do Sul, donde las fiestas m ás relevantes son las fiestas gaúchas y donde todas las referencias son tan diferentes de las “tipicam ente b rasilenas”, la celebración del carnaval es la oportunidad de afirm ar que, a pesar de su peculiaridad, ellos p erten ecen a la nación brasilena. En co ntraste, en Paso de los Libres el carnaval es aquello que los distingue de su nación y los acerca al Brasil, au n q u e insisten en q u e ellos lo festejan de u n m odo especificam ente local.

La idea de que a am bos lados de la frontera hay u n a m ísm a cultura n o sólo es afirm ad a p o r algunos antro p ó lo gos, sino en algunas circunstancias tam bién p o r los lugarenos. A hora bien, es interesante senalar q u e según de qué lado de la frontera u no se encuentre, los ejem plos prototípicos de las “culturas transfronterizas” se m odifican. Es decir, el estú dio de los arg um en tos nativos acerca de que la fron tera “no existe” en térm inos culturales - algo que es afirm ado en circunstancias en que pretenden distinguirse de sus respectivos centros capitalinos - indica que hay fronteras de significados, o mejor dicho, de m arco s de significación. En Libres p a ra so ste n e r esa afirm ación se h a rá alusión al carnaval, a la influencia del sam ba y de la “m úsica po p u lar b rasilena” en general. O bviam ente, nadie de U rugu ayana citará esos ejem plos, ya que el carnaval y la M úsica Popular Brasilena (MPB) no son aquello que los conecta co n Paso d e los Libres, sino co n Rio de Janeiro y el resto del Brasil. La a firm a c ió n de la ex iste n cia de u n a c u ltu ra tra n s fro n te riz a en U rug u ay an a alude sistem áticam ente a la cu ltu ra g a u c h a/g aú ch a, pam peana. O tra vez, dificilm ente se cite ese ejem plo en Paso de los Libres: prim ero, p o rqu e en la ciudad argentina, a diferencia de la brasilena, no hay u n “orgullo g aucho”; segundo, p o rque nuevam ente eso los co necta m ás con otras zonas de la A rgentina que co n el

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B rasil. Así, c a d a c iu d a d m a n ip u la de m a n e ra s d ife re n te s las referencias sim bólicas em función de co n stru ir u n a identificación propia.

C on estos ejemplos intentam os explicar que hay u n a frontera sutil, difícil de percibir y de analizar. Se tra ta del lim ite qu e separa y contacta a dos cam pos de interlocución nacionales, a dos form aciones específicas de diversidad (Segato, 1998). Se trata de una frontera en tre significados y entre regím enes de articulación de significados. Las dificultades por percibir y conceptualizar esta frontera llevan usualm ente a hablar de “culturas tran sfro n terizas”, ya que a am bos lados del limite hay prácticas y creencias com partidas.

Por u n a p arte, la nación es el m odo de identificación central en esta zo n a. Por o tra p arte, es tam bién el m arco de experiencias históricas confígurativas que han sedim entado. Las políticas estatales, las e x p e rien c ia s ec o n ó m ica s y políticas, la c irc u la c ió n c u ltu ra l y m u ch o s o tro s e lem en to s n o so lam en te p re s e n ta ro n d iferen cias d e u n la d o y o tro del rio . E sp e c ia lm e n te , fu e ro n p e rc ib id a s, significadas y visualizadas de m o d o s h isto ric a m e n te diferenciales, in stitu y e n d o a sí m o d o s de im ag in ació n , c o g n ic ió n , se n tim ie n to y a c ció n d istin to s e n tre sí, a rtic u la d o s con los de sus resp ectivo s p a íse s.2

A sí, la n a c ió n ta m b ié n se c o n s titu y e c o m o c o n d ic ió n d e p ro d u cció n de sentidos, com o el espacio histórico a p artir del cual los d iálo g o s e n tre id e n tific a c io n e s y p rá c tic a s se e s tr u c tu r a n crecientem ente desde la últim a parte del siglo X IX hasta la actualidad. Por ello, las relaciones y los elem entos culturales transfronterizos son un âm bito clave en el cual se producen y reproducen las fronteras sim bólicas, tan to en el plano de las identificaciones de las personas y los gru p o s co m o en el sentido de sus prácticas.

L a n a c ió n , c o m o f o rm a c ió n d e d iv e r s id a d y e s p a c io d e significación, es condición de pro d u cció n de los sentidos de las identificaciones, incluso de la propia identificación nacional.

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ò N o p u e d e , e n to n c e s, p e n sa rse en alg ú n tip o de c u ltu ra local, en u n a c u ltu ra fro n te riz a ? La e x p re sió n “c u ltu ra fro n te riz a ” resu lta algo superficial o equivocada c u a n d o su p o n e la existencia, a am b o s lad os de la línea, de p a tro n e s h o m o g én e o s de c reen cias, d isc u rso s, p rá c tic a s e id en tificacio n es. A h o ra b ien, las m ú ltiples d ife ren c ias a d q u ie re n se n tid o en la situ a c ió n de in te ra c c ió n que la fro n te ra in stitu y e. En Paso de los L ibres y U ru g u a y a n a las diferen cias y, sobre to d o , los dispositivos de d istin ció n id en tita ria so n el p ro d u c to de la in stitu c ió n de la fro n te ra p o lític a a través de los p ro c e so s de fro n te riza c ió n .

En ese sen tido , se constituye u n a “c u ltu ra del c o n ta c to ” . El concepto de “cultu ra del co n tacto”, tal com o lo utilizo C ardoso de Oliveira, se refíere al m odo com o se articulan los vínculos entre grupos que se relacionan a partir de identificaciones distintivas. Esas relaciones pued en ser sim étricas, asim étricas y jerárquicas, o parte de un sistem a de dom inación y sujeción com o en las áreas de fricción interétnica (C ardoso de Oliveira, 1 9 9 2:37 -3 8). U na situación de c o n ta c to im p lic a el d e s a rro llo de u n s is te m a d e c o n tr a s te s , o p o sic io n e s y m an ip u la c io n es id e n tita ria s en fu n c ió n de esos v ín cu lo s. A quellos g ru p o s q u e se in te rre la c io n an y d e sarro llan disp utas de diverso orden tienden a g enerar patro n es com unes, lógicas com partidas p ara distinguirse m u tuam ente.

óCuáles son entonces las características de la cultura del contacto d e P a s o d e lo s L ib re s y U r u g u a y a n a ? E x is te c ir c u la c ió n tra n s fro n te riz a de cierto s bienes sim bólicos, c o m o creen cias y prácticas vinculadas al carnaval, lo gaucho o las religiones. Sin e m ­ b arg o , esto s elem en to s co m p a rtid o s in g re sa n en reg ím en es de distinción de la situación de frontera. Sus significados son diferentes a cad a lado. H ay procesos de hibridación de prácticas culturales. Sin em bargo , las h ib rid acion es son lim itadas y, especialm ente, q ued an relegadas en los procesos de m anipulación identitaria de las disputas interfronterizas. Existen en Paso de los Libres y U ruguayana

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m odos sim ilares de vivenciar, im aginar y actu ar vinculados con la p a rtic u la r u b ica c ió n g eo g ráfica y so c io c u ltu ral fro n te riz a . E sa d im ension espacial es clave para com prender cóm o la gente del lugar construye sus identificaciones y sus sentidos de pertenencia. Sin em bargo, esas construcciones son m uy diferentes en u n a y otra ciudad, ya que am bas encu en tran aquello que conciben com o su propio destino ligado necesariam ente al futuro de sus respectivos Estados nacionales.

A un qu e, ev id en tem en te, las id en tificacio n es nacio n ales sean diferentes, la nacionalidad es en am bos lugares un o p erad o r clave para las relaciones m utuas. A am bos lados de la linea, la frontera c o n s ti tu y e u n e le m e n to d e c is iv o p a r a d e f in ir la s p r o p ia s concepciones, las propias prácticas y los sentidos que construyen. Esa centralidad de la nación no es com ún a todas las situaciones de fro n te ra política. En otros casos, las identificaciones nacionales c o n stitu y en referencias com parativam ente m ás difusas (Escolar, 2 0 0 0 ), p rese n tan com binaciones com plejas co n identificaciones étnicas (López, 2 001) o im plican desagregaciones atravesadas por procesos m ig ratorios y fragm entación de actores (Vila, 2 0 0 0 b ). En cam bio, la cultura del con tacto en Paso de los Libres y U ruguayana, las m o d alid a d e s de diálogo, la p refe re n c ia lid a d m a trim o n ia l y c o n f lic to s o c io p o lític o se e n c u e n t r a n a tr a v e s a d o s p o r las identificaciones nacionales.

Las tres fases de las políticas teóricas de la frontera interestatales

Q u erría ubicar esa etnografia y las otras que he citado del cono S ur en un m om ento específico del pensam iento sobre las fronteras. D esde fines de los ‘70 un a serie de trab ajos an tro p o ló g ico s ha desafiado, a través de la investigación de las experiencias personales y los im aginarios colectivos en la frontera, las visiones del limite político com o lim ite cultural. Es decir, frente al sentido com ún que b u scan im poner los estados nacionales de la fron tera política com o

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división cultural se m o stró la existencia de n um erosos circuitos de intercâm bio, códigos e historias co m p artid as, d a n d o cu en ta del carácter socio-histórico del limite. Su radical contingência. A ctual­ m ente, esos enfoques se com plem entan con estúdios que m u estran los efectos m ateriales y simbólicos que im plican la fijación de limites con creto s entre los estados nacionales, sus dispositivos culturales, y su s a v a ta re s p o lític o s y e c o n ó m ico s. La c o n fo rm a c ió n d e las su bjetivídades de los p ob lad o res fro n terizo s dificilm ente p u e d a resu ltar inm une a los procesos de nacionalización y a las políticas nacionalistas.

Las ciências sociales h an cuestionado el estúdio de territorios “nacionales” a p artir de los im aginarios estatales, y h a n considerado esos im aginarios com o objeto de sus trabajos. Los estados tienden a con sid erar que sus posesiones les corresp o n d en p o r natu raleza. La d istancia analítica de las ciências sociales d esnaturaliza los espacios de la soberania estatal. Alli, donde había p rim ado el relato geopolítico de reu n ir al ser nacional con “su ” territo rio, pasó a d o m in ar el d esco n structiv ism o h istoricista q ue rep u so la artificialidad y los procesos de configuración en los paisajes lim ítrofes. U na parado ja de esta inversión fue que se diluyera la idea de fronteras naturales y consecuentem ente poderosas en su división, y com enzara a pensarse en su contingência y porosidad. U na vez d esprendidos del ím petu estatal que se im prim ia sobre los discursos sociológicos, ahora parecia que el E stado no había sido n ada en sus propios confines, y que cualquier o tra identificación no estatal había resistido heroicam ente los em bates sistem áticos de la escuela, los m edios de com unicación, el ejército y los docu m en tos de ciudadanía. Las fronteras jurídicas se d e s n a tu ra liz a b a n , m ie n tra s las id e n tific a c io n e s so ciales no nacionales se esencializaban.

La gen te del lugar, los pobladores fronterizos fueron objeto de esta disputa. Interpelados por la retórica geopolítica com o patriotas (en su “d e b e r h a c e r ”) o c o m o p a tr io ta s d e fic ie n te s (p o r su

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