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Intelectuales_y_neoliberalismo.Iciar_Recalde

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Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

Intelectuales y país en la antesala

neoliberal: Morir con Rodolfo

Walsh para resurgir desandando

caminos

Iciar Recalde

Diciembre de 2007

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“Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos, que parecen tener ocho años, tengan trece;

Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por al barro; yo me puedo ir, ellos no;

Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no;

Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo;

Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie hace huelga con su hambre;

Señor, perdóname por decirles “no sólo de pan vive el hombre”, y no luchar con todo para que rescaten su pan;

Señor, yo quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame. Señor, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir por ellos. Señor, quiero estar con ellos a la hora de su luz. Ayúdame.” Padre

Carlos Mugica1

1 “Meditación en la villa”, Escritos en la memoria. Antología de escritores

asesinados y/o desaparecidos entre 1974- 1983 en la República Argentina, Los

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ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS DEDICATORIA

A MODO DE PRESENTACIÓN

ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE INTELECTUALES Y POLÍTICA: AYER Y HOY

CONTEXTO DE SURGIMIENTO Y FORMACIÓN DEL NÚCLEO DURO DE LA CIUDAD FUTURA

PERONISMO E IZQUIERDA ARMADA

INTELECTUALES Y LUCHA REVOLUCIONARIA:

CONTRAPUNTOS

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA EXPERIENCIA DE PASADO Y PRESENTE

PASADO Y PRESENTE Y LOS VIRAJES POLÍTICOS

PASADO Y PRESENTE Y EL EJÉRCITO GUERRILLERO DEL PUEBLO

LA EXPERIENCIA DE LAS CÁTEDRAS “MARXISTAS” LA UNIVERSIDAD EN LOS AÑOS ´60

MONTONEROS, FAP Y LAS CÁTEDRAS MARXISTAS

DICTADURA: ALGUNAS NOTAS SOBRE ECONOMÍA, CULTURA E INTELECTUALES

LA EXPERIENCIA DEL EXILIO: LA REVISTA CONTROVERSIA. PARA EL ANÁLISIS DE LA REALIDAD ARGENTINA

EL MARXISMO DEL GRUPO DE PASADO Y PRESENTE AGONIZA

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PALABRAS PRELIMINARES: EL GRUPO DE PASADO Y PRESENTE EN LOS ´80

LA CIUDAD FUTURA. REVISTA DE CULTURA SOCIALISTA CORPUS Y FIGURAS RECURRENTES

INTELECTUALES DEL COMPROMISO CON LA DERROTA NOSOTROS LOS SOCIALISTAS

CONDENA AL INTELECTUAL DEL COMPROMISO EL GRUPO ESMERALDA

NOSOTROS DE IZQUIERDA: DEBATES, ENEMIGOS POLÍTICOS Y FOCOS CENTRALES DE CRÍTICA

DISPAREN CONTRA LA IZQUIERDA

TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA Y FANTASMA DEL GOLPE DE ESTADO

LA CIUDAD FUTURA FRENTE A LAS LEYES DEL PERDÓN ALFONSINISTA

AVANCES Y RETROCESOS DEL ALFONSINISMO: POLÍTICAS DEL OLVIDO

ACERCA DE LA LEY DE “AUTOAMNISTÍA” (LEY Nº 22.924) LOS DECRETOS 157/83 Y 158/83

EL JUICIO A LAS JUNTAS MILITARES

TRAICIONES RADICALES I: LEY Nº 23.492 (PUNTO FINAL)

TRAICIONES RADICALES II: LEY Nº 23.521 (OBEDIENCIA DEBIDA)

LA CIUDAD FUTURA ANTE LAS LEYES ALFONSINISTAS LOS “DEBATES” HACIA EL SENO DE LA REVISTA

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ALFONSINISMO Y MODELO DEMOCRÁTICO: DEMOCRACIA Y DESPUÉS

LOS AÑOS DE MENEM

VARIACIÓN I: REVISIÓN DEL PERONISMO HISTÓRICO VARIACIÓN II: LA CUESTIÓN ECONÓMICA

A MODO DE CONCLUSIÓN BIBLIOGRAFÍA

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AGRADECIMIENTOS

Al Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini que posibilitó y fomentó el desarrollo de esta investigación y de tantas otras tendientes a desnudar los engranajes de la colonización pedagógica y construir conocimiento al servicio de los desposeídos y de la liberación de la nación argentina.

A Daniel Campione, quien leyó los borradores y avances de este escrito. Además, quien promovió en la que escribe y en tantos otros jóvenes argentinos, el entendimiento cabal del marxismo para interpretar y actuar sobre la realidad periférica de nuestro país.

DEDICATORIA

Este escrito está dedicado a mi mellizo Aritz Recalde, guía intelectual y afectiva de gran parte de las formulaciones que aquí se presentan.

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A MODO DE PRESENTACIÓN

“Si es cierto que los intelectuales son una capa intermedia, fluctuante, entre las clases que realmente gravitan, eso no evita que se esté con una u otra clase. La del intelectual es una ´situación última´, debe elegir y superar la duda. Y es preferible elegir siempre la realidad de nuestra gente, de nuestros problemas. Un intelectual

que no comprende a su pueblo es una contradicción andante y el que comprendiéndolo no actúa tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.”2

Este escrito intentará trazar un recorrido por algunos aspectos y tópicos de cierta zona del campo intelectual de “izquierda”, que se tornaron fuertes en la conformación de un nuevo tipo de intelectual en la Argentina de mediados de la década de 1980.

La categoría de intelectual, por si misma compleja, contradictoria y difusa, supone en su razón de ser una especificación en torno a su carácter, a sus rasgos y a su consecuente funcionalidad social que ha sido y continúa siendo producto de múltiples debates, pujas y antagonismos ideológicos en el campo de la cultura en torno a la fijación de su sentido y consecuentemente, de su valor o disvalor en una sociedad determinada. La división del trabajo en las sociedades de clase, ha generado a través del tiempo y por su propia dinámica, tipologías sociales con roles específicos en el sistema productivo. Los intelectuales, circunscriptos en la división clásica del trabajo al espacio de la labor de “pensadores” se erigen como figuras fundamentales en la conformación de los distintos órdenes

2 “Antropología, Antropologías”, Antropología 3er. Mundo, Nº 1, noviembre de

1968. La frase en negrita está extraída del “Mensaje a los trabajadores y el Pueblo Argentino del 1º de mayo de 1968” de la CGTA, escrito por Rodolfo Walsh.

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históricos, en la medida en que éstos suponen un modo específico de fijar las relaciones sociales y de poder. En una sociedad de intereses en pugna, cada clase social o conglomerado de clases, forja en su acaecer toda una gama de paradigmas de intelectual, ya sea, ideólogos de un modelo social estipulado, detractores del mismo, funcionarios, críticos light, etc. Los intelectuales como actores sociales específicos no conforman un grupo social autónomo, tal como muchas veces se los presenta en los estudios sobre historia intelectual, sino que cada grupo social pergeña una categoría específica y especializada de intelectuales acorde a su visión de mundo y a su proyecto estratégico. El problema es complejo por las formas variadas que ha asumido a través de la historia el proceso histórico real de formación de las diversas categorías intelectuales en relación a su función específica en la economía y en la cultura.

En naciones del Tercer Mundo como la Argentina, donde la soberanía política, económica y cultural se encuentra sumida a los intereses de las grandes metrópolis imperialistas, encargadas de diseñar nuestras agendas de gobierno y de explotar el patrimonio nacional, la cuestión del rol de los intelectuales se torna medular. En este sentido, observamos que a lo largo de la historia nacional y en sus distintas variantes, los intelectuales han cumplido funciones fundamentales en la formulación de los mecanismos de dominación cultural, han sido factores activos en el proceso de constitución, como asimismo, en la puesta en crítica y posible reformulación, del estado de dependencia permanente de las naciones periféricas.

Ahora bien, la elección del objeto de análisis que aquí interesa establece un recorte. Está dada por la centralidad que tuvo durante la década del ´80, cierto colectivo intelectual en la conformación de

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un esquema de pensamiento que implicaría una determinada concepción de la cultura y de la política que operaría como modelo fuerte respecto a la fijación de sentido y pautas de legitimidad y accionar en el campo intelectual en esta década y con mayor fuerza aún, en la siguiente. Se trata del proyecto ideológico diseñado, plasmado y difundido por la revista de debate político La Ciudad

Futura. Revista de cultura socialista, aparecida en el año 1986 y

cuyas figuras fundamentales provenían de una trayectoria intelectual signada por un fuerte vínculo con la política de izquierda revolucionaria, como parte, por ejemplo, de la experiencia de la revista Pasado y Presente a mediados de la década de 1960.

En el campo de la producción cultural nacional, La Ciudad

Futura surgiría fuertemente asociada, tanto por el cruce de

participantes como por la línea ideológica compartida, con otros dos proyectos intelectuales que le darían mayor fuerza a esta iniciativa. Nos referimos, por un lado, a la revista de cultura Punto de Vista3

que comenzó a editarse en el año 1978 como espacio de resistencia a la política dictatorial, para virar en los años ´80 hacia posiciones que distaron también de sus postulados críticos originales. Esta revista, conjuntamente con otra publicación previa4

y el Club de Cultura Socialista fueron los espacios de discusión intelectual donde se operó la mutación político ideológica que emergió fuertemente consolidada años después en las páginas de

La Ciudad Futura.

3 Para un análisis de esta publicación puede consultarse el trabajo de Leandro

D. Benmergui, “Cultura y política en épocas de resistencia: el caso de Punto de

Vista.1978-1983”, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos

Aires, 2006.

4 Se trata de la revista Controversia, experiencia editorial del exilio mexicano

que cubrirá el período 1979- 1981 con la edición de trece números. Para más datos ver el apartado correspondiente.

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Creemos que la revista Controversia, con La Ciudad Futura, lo mismo que ésta con el Club de Cultura Socialista, se suceden y coexisten en el caso concreto de éste último, en una especie de posta intelectual y funcionan como relevo y ocupación del espacio de formación de la opinión pública que el campo intelectual anterior deja vacante. La Ciudad Futura será a la vez registro e instrumento de una estrategia política específica de construcción en el campo intelectual argentino postdictatorial. Esta dinámica de postas constituye el mecanismo propio y al mismo tiempo necesario, para la construcción y el reconocimiento en la esfera pública de dicho campo intelectual, particularidad que estará dada en tanto el área que se quiere diferenciada del campo político, en realidad y en la práctica concreta, no lo está. Una de las marcas que hace visible la continuidad que señalamos, más allá de un núcleo programático fuerte y bastante invariable que vertebrará los distintos proyectos, estará motivada por la repetición de muchos nombres de los colaboradores en las dos revistas y en el Club de Cultura Socialista.

El Club de Cultura Socialista fue fundado en el mes de julio de 1984, reuniendo a los integrantes de Pasado y Presente que habían estado exiliados en México y a algunas figuras que se sumarían a esta iniciativa tras la experiencia de edición de Controversia, como asimismo del Grupo de Discusión Socialista mexicano. Además, participaron en la fundación del Club, los integrantes de la revista

Punto de Vista -dirigida en aquel entonces por Beatriz Sarlo y

Carlos Altamirano- y otras figuras del campo intelectual porteño que, paulatinamente, comenzaron a integrar este espacio y en general, participaron además en el proyecto de La Ciudad Futura.

Temporalmente, las iniciativas mencionadas cubrirán un período bastante extenso en el que se observará el proceso de

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mutación ideológica y política que interesará analizar en este escrito. Podríamos afirmar que Controversia se constituyó como el espacio de “experimentación” de las nuevas concepciones teóricas y políticas del grupo a fines de los ´70 y principios de los ´80. El Club de Cultura Socialista, más allá de la ausencia de algunas figuras que habían sido medulares en su conformación5, continúa

funcionando en la actualidad. Por su parte, La Ciudad Futura cubrirá más de una década de historia nacional (1986-1998) y volverá a reeditarse post 2001. Centraremos nuestro interés en el período circunscripto entre mediados de la década del ´80 (1986) y la casi totalidad de los ´90 (1990-1998), años en que se llevó a límites impensables la dependencia de nuestro país a los intereses extranjeros y donde se forjó y consolidó una idea del intelectual que, adelantamos, manteniendo la identidad de izquierda, en lugar de pugnar por los intereses de los sectores que las nuevas políticas neoliberales condenaban al hambre y a la exclusión, debatieron, entre otras cosas, acerca de la muerte del marxismo y sobre la imposibilidad de cambios sociales por fuera de las agendas que los modelos democráticos del período ofrecían.

Intentaremos en este escrito, trazar el recorrido de lo que podríamos denominar en términos de derroteros del intelectual

colonial en un País del Tercer Mundo, en la medida en que

comenzaremos nuestra exposición a través del bosquejo crítico del itinerario del grupo desde su conformación como tal, como asimismo a través de la centralidad que fueron cobrando ciertas figuras medulares del mismo en el campo intelectual y político de la Argentina de los años ´60 y ´70 (en los apartados “Contexto de

5 Nos referimos a José Aricó (1931-1991) y a Juan Carlos Portantiero

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surgimiento y formación del núcleo duro de La Ciudad Futura”, “Peronismo e izquierda armada”, “Intelectuales y lucha revolucionaria: contrapuntos”, “Algunas notas sobre la experiencia de Pasado y Presente”, “Pasado y Presente y los virajes políticos”, “Pasado y Presente y el Ejército Guerrillero del Pueblo”, “La experiencia de las Cátedras ´Marxistas´”, “La universidad en los años ´60” y “Montoneros, FAP y las Cátedras Marxistas”). Producido el golpe de Estado de 1976 (“Dictadura: algunas notas sobre economía, cultura e intelectuales”) analizaremos su accionar en el exilio mexicano (“La experiencia del exilio: la revista Controversia.

Para el análisis de la realidad argentina”, “El marxismo del grupo de Pasado y Presente agoniza” y “Palabras preliminares: el grupo de Pasado y Presente en los ´80”) y posteriormente, centraremos

nuestro interés de lleno en el período específico que seleccionamos para el análisis: las décadas de 1980 y 1990 a través de La Ciudad Futura, momento de materialización del proceso de colonización mental del grupo (“La Ciudad Futura.

Revista de Cultura Socialista”, “Corpus y figuras recurrentes”,

“Intelectuales del compromiso con la derrota”, “Nosotros los socialistas”, “Condena al intelectual del compromiso”, “El grupo Esmeralda”, “Nosotros de izquierda: debates, enemigos políticos y focos centrales de crítica”, “Disparen contra la izquierda”, “Transición democrática y fantasma del golpe de Estado”, “La

Ciudad Futura frente a las leyes del perdón alfonsinista”, “Avances y

retrocesos del alfonsinismo: políticas del olvido”, “Acerca de la Ley de “Autoamnistía (Ley Nº 22.924)”, “Los Decretos 157/83 y 158/83”, “El juicio a las Juntas Militares”, “Traiciones radicales I: Ley Nº 23.492 (Punto Final)”, “Traiciones radicales II: Ley Nº 23.521 (Obediencia Debida)”, “La Ciudad Futura ante las leyes

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alfonsinistas”, “Los “debates” hacia el seno de la revista”, “Alfonsinismo y modelo democrático: democracia y después”, “Los años de Menem”, “Variación I: revisión del peronismo histórico”, “Variación II: la cuestión económica”).

Para quienes creemos que toda práctica cultural de revisión del pasado tiene como fin ejercer la memoria, actuarla y actualizarla como una forma de militancia tendiente a modificar un presente de injusticias, estas páginas, entonces, intentarán dar cuenta del recorrido por un proyecto que logró instalar un modelo de intelectual colonizado, posibilista, progresista en el discurso pero reaccionario en la práctica política, ferviente defensor de las “reformas estructurales“ que beneficiaron a las minorías, pero escéptico a todo lo que no era propuesto por el neoliberalismo y, que a pesar de estar siendo discutido en la actualidad, posee aún una fuerte carga de legitimidad en el imaginario social y en las distintas instituciones productoras y reproductoras de la cultura y que, creemos, debe ser combatido desde todos los frentes en la conformación de un intelectual identificado con los intereses de las mayorías populares, o tal como quería Gramsci, orgánico a las clases subalternas. Al presente, en el marco de las luchas de las Organizaciones Libres del Pueblo por volver a forjar un proyecto de liberación nacional, estas páginas intentarán ser, como muchas otras que se escriben hoy incesantemente, meramente un poco de tinta y papel al servicio de ese proyecto. Prevenidos ya, de aquello que había afirmado Bernardo Alberte y convencidos de que, esta vez, la victoria de una patria para todos será nuestra:

“Un día vendrán los hombres sencillos de esta tierra, aquellos que fueron sus soldados, a preguntar qué hicieron cuando la Patria se

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apagaba lentamente, qué hicieron cuando los pobres consumían sus vidas en el hambre y la de sus hijos en la enfermedad y la miseria, qué hicieron cuando los gringos vinieron a imponernos esa nueva forma de vida “occidental” donde todo lo corrompe y lo compra el dinero. Quizás para ese momento, la vergüenza que provoque el silencio como respuesta, no sea suficiente como castigo.”6

6 Palabras extraídas del volumen de Gurucharri, Eduardo. Un militar entre

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ALGUNAS NOTAS ACERCA DE LA RELACIÓN ENTRE INTELECTUALES Y POLÍTICA: AYER Y HOY

“El intelectual revolucionario es aquel que no concibe el acceso a la cultura como un fin en sí mismo ni como atributo personal, sino como una ventaja que un régimen injusto pone al alcance de unos pocos, y sólo tiene justificación en cuanto parte de ese reconocimiento sea compartido por las masas y contribuya a que éstas enriquezcan su conciencia de la realidad. En cuanto pueda transformarse en acción revolucionaria.” John William Cooke

“Aspiro a no ser más que un instrumento de una conciencia colectiva que se hace punta en la pluma del que escribe y que la transición se produzca espontáneamente, según me diluyo, al escribir, en la multitud. El escritor, como el poeta (…) no habla para el pueblo sino por el pueblo.” Arturo Jauretche7

Cualquier análisis de alguna problemática específica en torno al campo de la cultura8 y a la función de los intelectuales, debe contemplar el territorio y el contexto social material específico en el que dicha práctica cultural o rol intelectual se configuran, esto es, bajo qué modelo de relaciones sociales y en qué tipo de orden social se desarrollan. Con esto, no intentamos sostener esquemas mecánicos reductivistas del tipo base determinante-

7 Jauretche, Arturo, Manual de zonceras argentinas, Corregidor, Buenos Aires,

2005, p. 19

8 Utilizamos el concepto de “cultura” desde la óptica del materialismo cultural,

como campo estratégico en la lucha por ser un espacio articulador de los conflictos sociales entre clases, como el terreno de la hegemonía, que permite pensar el proceso de dominación social no como imposición desde un exterior y sin sujetos, sino como un proceso en el que una clase hegemoniza en la medida en que representa intereses que también reconocen de alguna manera como suyos las clases subalternas. Es decir, no existe una hegemonía fija e inmutable, sino que ella se hace y deshace, se rehace permanentemente en el proceso social total hecho no sólo de fuerza sino también de sentido, de apropiación del sentido por el poder, de seducción y de complicidad. Para un abordaje de la cultura nacional desde esta óptica ver, entre otros volúmenes de Juan José Hernández Arregui, ¿Qué es el ser nacional?, Hachea, Buenos Aires, 1963.

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superestructura9 determinada pero, creemos que las relaciones productivas y de explotación de los sistemas de dominación actuales y sus dinámicas concretas, son factores decisivos en la configuración de las prácticas y de los perfiles intelectuales en determinado momento histórico.

El capitalismo en particular no se define únicamente como un sistema de propiedad sostenido por medio de un aparato represivo, sino que además, está constituido por una multiplicidad de prácticas e instituciones que “circulan por la sangre” de los individuos a través de sus relaciones familiares, sociales, políticas, etc., reproduciendo las condiciones generales del sistema.

En las sociedades capitalistas, toda clase gobernante consagra parte importante del excedente que obtiene como producto de la explotación de la producción material, al establecimiento y mantenimiento del orden político y simbólico que le da sustento. El orden social y político que mantiene un mercado capitalista, como las luchas sociales y políticas que lo crearon, supone necesariamente un tipo de producción simbólica particular. Desde las escuelas, los periódicos, los medios masivos de comunicación, los intelectuales, etc., toda clase gobernante produce, por medios variables pero siempre de modo material, un orden político, cultural y social específico. Estas instituciones y sus

9 La esfera ideológico- cultural no es un “reflejo” de la estructura. Las

“superestructuras” poseen un carácter social real y material. Así como las ideologías no son “ilusiones” sino que se desarrollan como una realidad activa y operante en los sujetos y en sus relaciones sociales. Inscribimos nuestra visión en la línea de formulaciones teóricas de pensadores tales como Antonio Gramsci, Raymond Williams, o en nuestro país, Juan José Hernández Arregui y Jorge Abelardo Ramos, quienes realizaron una enorme labor de revisión de los tipos de análisis que reducían el marxismo a un tipo específico de “economicismo histórico”. La realidad social, para estos autores, en su estructura productiva crea y recrea las ideologías en un proceso dinámico, contradictorio y complejo.

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prácticas específicas no son de ninguna manera “ideales” sino que forman parte del proceso material total.

En este espacio, entonces, se inscribe la lucha de los intelectuales, entendidos como los sujetos que sostienen el desarrollo del aparato productivo -organizando el funcionamiento de las fábricas, por ejemplo- y que son además, en sentido amplio, los mentores estratégicos de la estructuración política del sistema institucional. Además y en el sentido tradicional del término, son los productores de consenso, en tanto legitiman un orden simbólico, un cúmulo de prácticas y un conjunto de instituciones particulares que les sirven de apoyo, como por ejemplo, los medios de comunicación o el rol de difusión programática de los partidos políticos.

De esta manera, para definir al intelectual y sus distintos tipos es necesario, ante todo, situarlo en la sociedad de la que forma parte para analizar su función específica en el campo particular de pertenencia -economía, derecho, letras, periodismo, etc.-, para qué proyecto trabaja, cómo se posiciona frente al poder o al régimen político imperante, entre otras cuestiones. Estas variables darán lugar a figuras disímiles, desde el dirigente político al técnico, pasando por toda la gama de aparatos ideológicos de Estado -educación, medios de comunicación, prensa, ministerios, etc.-.

En este sentido, es que creemos que es fundamental estudiar las vinculaciones entre el campo intelectual y el modelo neoliberal. Contrario a este punto de vista y estrechamente relacionado a los integrantes de La Ciudad Futura, podemos establecer que a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 fue habitual en diversos espacios de debate académico e intelectual, plantear que la función intelectual era totalmente escindible de la política y de cualquier argumento en torno a los mecanismos de poder implicados en una sociedad. Esta

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tesis daría auspicio a la supuesta independencia de “técnicos, periodistas e investigadores a-políticos” partícipes de cátedras universitarias, revistas, programas de televisión o cargos públicos.

En este punto, es importante discutir la noción de “autonomía” que suele utilizarse para analizar las relaciones entre cultura y política sin siquiera el entrecomillado, del campo de la cultura en relación al campo de la política.10 Los significados y valores que

emergen de grupos y clases sociales diferenciados, lo hacen sobre la base de condiciones y relaciones sociales históricamente dadas -con determinados enemigos, disputas, -conflictos, etc.-, a través de las cuales, los sujetos actúan y responden a sus condiciones de existencia. No existen dos esferas de la práctica social escindidas, sin implicancias y pujas de intereses mutuos sino que por el contrario, en sociedades periféricas como la argentina, los intereses políticos tienen la capacidad de incidir en el desarrollo y en la

10 Esta distinción metodológica del sociólogo francés Pierre Bordieu, establece

una clara diferenciación entre ambos campos de la vida social como esferas individualizadas. Sintéticamente, el campo de la cultura comprendería la esfera de actuación de los artistas e intelectuales y el campo de la política, la esfera de las prácticas políticas en sentido estricto, especializado, de los partidos e instituciones específicas. Al margen de que Bordieu proporciona la noción de “autonomía relativa” para pensar las implicancias del campo de la política en relación al campo de la cultura, creemos que ésta resulta limitada para pensar los fenómenos culturales y el rol de los intelectuales en nuestro contexto latinoamericano, donde el concepto de “autonomía” parece quedar relegado en su uso a lo “europeo”, ante los altos niveles de dependencia económica y política de los grandes grupos de poder económico extranjero que operan estrechamente vinculados al sostenimiento de los principales resortes de las instituciones de la cultura. Por otro lado, si pensamos la noción misma de lo “cultural” como constitutivo de la materialidad de lo social y terreno de disputa por la fijación de determinado mundo de valores, la noción de “autonomía” se ve relativizada en el plano de lo real, como esfera autónoma y autosuficiente. Creemos, que en algunos casos, se ha hecho un uso ideológico -no meramente metodológico- de esta escisión de los campos, tendiente a hacer aparecer como “neutrales” o carentes de valor político definido intervenciones intelectuales y debates provenientes del campo de la cultura con un claro sentido político y una fuerte carga ideológica. Ver Bourdieu, Pierre, Campo del

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modificación de los espacios culturales en la tarea de afianzamiento, perpetuación o transformación del modelo social. Por eso, los ámbitos de formulación de la cultura de masas –TV, periódicos, revistas, etc.- son espacios de lucha política donde se disputan los significados sociales y el modelo social en su totalidad. Claro está que al pensar la lucha política o la lucha cultural, estamos pensando siempre, en el terreno concreto, en actores específicos y en los intereses materiales que éstas disputas encarnan. Pensamos, por ejemplo, en las dictaduras latinoamericanas y cómo éstas han actuado como expresión de intereses definidos -piénsese en el golpe de Estado de 1976 en nuestro país, tanto en lo referente a los intereses externos norteamericanos en coalición con los intereses de grupos económicos locales- enarbolando las banderas de la lucha anticomunista, antiguerrillera para salvar la nación de la amenaza foránea -léase, el marxismo- y encaminarla hacia la tan mentada “paz social”. Esto es, es necesario analizar cómo determinados regímenes han tenido su correlato en los miles de muertos, en la implantación de modelos sociales altamente excluyentes y en la fijación de determinado modelo de cultura que debe examinarse entonces, en sus razones políticas y económicas concretas y no en términos de una supuesta “práctica cultural autónoma”, producto del lenguaje, del universo de lo simbólico, etc.

El rol de las ideologías11 es central en los procesos de transformación socioeconómica y en la formación de los

11 En su visión negativa, las ideologías operan de manera inconsciente como

estructuras de significado y son parte constitutiva de la manera de ver, interpretar y actuar de los sujetos que producen y reproducen modelos de relaciones sociales de las que no pueden, en muchos casos, dar cuenta en el plano de lo consciente. En su visión positiva, las ideologías o lo “ideológico”

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intelectuales. Debemos situarnos en este marco para estudiar la conformación de la intelectualidad de izquierda revolucionaria a fines de los años ´60 y principios de los ´70 en Argentina, como también, para razonar críticamente en torno al viraje hacia posiciones neoliberales en el campo de la política y de la economía de los intelectuales de La Ciudad Futura, autoproclamados de izquierda y que lograron mantener esta identidad en el campo intelectual argentino hasta la actualidad, reproduciendo el divorcio entre práctica intelectual y acción política real. Esta cuestión forma parte de la enorme victoria en todos los frentes de la contraofensiva neoliberal. Que figuras tales como, por ejemplo, Juan Carlos Portantiero o José Aricó se autoproclamen entrada la década del ´80 como pertenecientes a la izquierda intelectual y, lo que es realmente preocupante, sean identificadas en los circuitos académicos y de producción intelectual como pertenecientes a esta tradición, conlleva a pensar el tamaño de la derrota ideológica instaurada tras la última dictadura militar y el peso de la hegemonía neoliberal vigente. Y no se trata aquí de sujetos cuyo pasado político obnubile el cambio radical de posición política posterior, esto es, por ejemplo, de figuras con escasa visibilización y repercusión en el campo intelectual de las décadas del ´80 y del ´90, que puedan quedar analogadas a sus posiciones políticas previas. Por el contrario, estos intelectuales fueron activos militantes de posiciones acatadoras y administradoras del orden y consiguieron máxima visibilidad en los circuitos académicos y de circulación intelectual hegemónicos, como veremos posteriormente

supone el posicionamiento político de los sujetos frente a los otros y al modelo social.

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desde las páginas de La Ciudad Futura y desde otros ámbitos de circulación intelectual.

Si observamos la inserción de su discurso durante los ´90, en muchos casos, advertimos que sostuvieron una posición que negaba en la práctica cualquier forma concreta de militancia partidaria crítica de la dependencia y si además, observamos la inserción concreta de su discurso en el proceso de transformaciones neoliberales, su planteo alcanzó meramente la formulación de una vaga agenda progresista. Las posiciones que adoptaron algunos de estos intelectuales en este período, hubieran sido impensables décadas atrás en los ámbitos de la “nueva izquierda” a la que pertenecían. Creemos que la posibilidad de este viraje fue operable principalmente, por el quiebre cultural y social desarrollado inicialmente por el terrorismo de Estado desde 1976 y perpetuado durante los regímenes democráticos posteriores.

Es claro que las condiciones de la intervención intelectual variaron después de la derrota política acontecida tras la dictadura de 1976. Esto es, creemos que no resulta suficiente el argumento de la “traición” sino que es preciso, examinar como factor determinante la mutación radical acontecida en nuestro país y en el mundo que repercutió en las posibilidades de intervención de los intelectuales respecto a la realidad circundante. A la inversa, vale la pena anotar las opiniones vertidas por estos intelectuales sobre la militancia política argentina de décadas anteriores. Estas prácticas, en muchos casos, fueron caratuladas como un resultante catastrófico de la política y la cultura nacional: serían intelectuales “canibalizados” por la política, en un campo intelectual que cedió sus preciados límites a la política. Beatriz Sarlo, colaboradora de La

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Ciudad Futura, expondrá desde las páginas de la revista Punto de Vista:

“(…) Los intelectuales que, al comienzo de los años sesenta, desarrollaron los temas de “nueva lectura del peronismo” estaban movilizados por la idea de que si la política de izquierda debía cambiar en Argentina, ese cambio se produciría por la relación entre nueva política y nuevos discursos. Esto quería decir que la dimensión propiamente intelectual de su actividad podía funcionalizarse a la dimensión propiamente política (…) “funcionalizar” supone una adecuación del discurso y la problemática; pero en esta adecuación estaba implícita la posibilidad de que el discurso de los intelectuales fuera canibalizado por el discurso político. Esta posibilidad fue la que, finalmente y ya avanzada la década del setenta, terminó realizándose. El discurso de los intelectuales pasó de ser diferente al de la política, aunque se emitiera en función política o para intervenir en su debate, a ser la duplicación, muchas veces degradada (porque violaba sus propias leyes) del discurso y la práctica política. De la etapa crítica (…) habíamos pasado al período del servilismo, sea cual fuere el amo (partido, líder carismático, representación de lo popular o lo obrero) que nos convertía en siervos.”12

Argumentos como los esgrimidos por Sarlo se sucederán recurrentemente a través de la pluma de varias figuras de La

Ciudad Futura. Esto es, el diagnóstico no partirá del supuesto de

que existió una atroz dictadura y un avance conservador a nivel mundial: en realidad, aquellos intelectuales que durante dos décadas estuvieron implicados en un proceso de cambio radical de la sociedad, que partía de un movimiento de masas que obviamente los excedía y del que comenzaron a formar parte activamente, se habrían equivocado en bloque, habrían sido súbditos sin capacidad crítica.

12 Sarlo, Beatriz, “Intelectuales: ¿escisión o mimesis?”, en Punto de Vista, Nº

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Por otro lado, es interesante resaltar que las consecuencias de la gran debacle neoliberal no las vivió gran parte de esta intelectualidad beneficiada desde la ocupación de espacios institucionales o, al menos, con mayores posibilidades de marchar al exilio, sino la sociedad en bloque. De hecho y en relación a la construcción de cierto recorte de la historia reciente, clausurada la dictadura y abierto el proceso de apertura democrática, es lícito reflexionar en torno a cuáles fueron las causas que dieron lugar a cierta cristalización de presupuestos a través de la cual se suele analogar en el imaginario social de la clase media la figura del desaparecido a la del intelectual y no a la del obrero o trabajador en general, cuyo porcentaje sobrepasa abruptamente en los distintos ámbitos de militancia el número de desapariciones y muertes, teniendo en cuenta el gran desarrollo organizativo de los sectores trabajadores en este período.13 La herencia semántica de la Dictadura -que no fue “Proceso” ni “Dictadura militar” en términos de unas Fuerzas Armadas díscolas que tomaron el poder sin encarnar intereses concretos de sectores dominantes-, cristalizó profundamente en el imaginario social, a través de discursos y textos institucionales. Piénsese, en el tipo de historia que narran los textos escolares preparados por el Ministerio de Educación y en el tipo de interpretación que fija el Estado en la narración de la memoria colectiva. El recorte selectivo que se lleva a cabo en torno a la figura del “desaparecido” en el ámbito de la opinión pública, suele ser analogable a figuras tales como las de Haroldo Conti, Rodolfo Walsh y en menor medida, Francisco Urondo. Que se

13 Una fuente de datos acerca de los índices y las características de las

desapariciones en nuestro país se encuentra en Verbitsky, H. Rodolfo Walsh y

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circunscriba al terreno específico de la producción cultural o de las figuras ligadas al campo intelectual y artístico, la inmensa lista de perseguidos, desaparecidos y muertos, cuando más del 50 % de las desapariciones en Argentina, entre 1976 y 1983, corresponden al movimiento obrero es bastante llamativo. Por supuesto, que en esta selección tendenciosa, la desaparición de figuras como los mencionados Walsh y Conti, se explica como consecuencia de su práctica artística específica y no de su militancia política concreta: Walsh fue orgánico a Montoneros y Conti al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). El vaciamiento de la materialidad de la memoria social fue una de las grandes victorias del terrorismo de Estado.

En el arco de funciones de los intelectuales durante las décadas del ´60 y ´70 encontramos posiciones que van desde la criticidad -el intelectual como conciencia crítica de la sociedad- hasta la radicalización política y la asunción de tareas y posiciones revolucionarias, que corre pareja a la cuestión de la organicidad sea a un partido o a un movimiento político específico. El sentido del rol que debía jugar el campo intelectual de estas décadas se debatía en gran medida entre esas dos posturas. Era impensable que los intelectuales se definan escindidos de algún tipo de responsabilidad respecto a la sociedad de la que formaban parte. Portavoces de los desposeídos, voz de los que no tenían voz, conciencias críticas de la sociedad: la criticidad o la organicidad no eran posturas que podían asumirse o no asumirse tal como resulta la vara de toque para las generaciones que nos incorporamos en la vida intelectual y política entrada la década del ´90, donde el intelectual orgánico o crítico de la dependencia y de las medidas del gran capital suele ser tildado con el mote de “arcaico” o “setentista”. Intervenir en los

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debates políticos o en la cosa pública suele estar matizado con signos peyorativos, en la medida en que esa sería una tarea de “políticos” en sentido estricto, de profesionales de la actividad.

Lo que se llamó “radicalización”14 entrada la década de 1970 y que supuso el pasaje a la “acción concreta” de múltiples intelectuales, se tradujo las más de las veces, en organicidad y especialización de tareas y en otras, en abandono de la tarea intelectual específica para pasar a contribuir en otras labores inmediatas para la coyuntura política, fue para los intelectuales de

La Ciudad Futura una forma de abandono del ideal crítico. A modo

ilustrativo, en el Nº 35 (verano 1992-1993) la revista organiza una mesa redonda centrada en el debate sobre los años ´70, donde participan hijos de militantes de aquel período. Ilustrativas de las opiniones vertidas frente a una suerte de pregunta disparadora de la revista (“Ustedes sufrieron las consecuencias de una actividad que

desarrollaron sus padres en la década del 60. Estas fueron duras: el exilio, la muerte de algunos, las idas y vueltas, la cárcel, la separación con sus padres. A partir de esto ¿qué opinión tienen del compromiso que ellos asumieron?”), respecto al nuevo paradigma

de compromiso intelectual, son las palabras de uno de los

14 Este concepto, muy utilizado para caracterizar las transformaciones

acaecidas en la intelectualidad del período, merece una aclaración por su parcialidad. Podríamos preguntarnos de qué se trataba la cuestión de “ser radical” en un país que experimentó una dictadura -con breves intervalos- desde 1955 hasta 1983. ¿Se trataba de resistir a las proscripciones, a los fusilamientos de José León Suárez, al Decreto Nº 4161? ¿O acaso al cierre de partidos y sindicatos, al plan Conintes, a la Doctrina de Seguridad Nacional, al Plan Cóndor? ¿Radicales no fueron acaso la UCR y el PS que apoyaron el golpe de 1955 y los bombardeos? ¿La represión del Conintes? ¿El plan de Martínez de Hoz, las privatizadas y su aparato represivo policial? En Argentina todo preso por robar por hambre o marginalidad es preso “político” y “radicales” son los liberales que matan de hambre y reprimen, no únicamente los guerrilleros.

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partícipes, Pablo Semán, una de las nuevas figuras jóvenes que se incorporan a la revista en los ´90:

“(…) Entre los que estamos hoy acá, hay una vocación de

intervención pública que entre la academia y la política recoge una parte de lo que produjo esa generación. Sobre todo en los setentas, años en los cuales las fronteras entre estos dos ámbitos eran borrosas, y permitían cierta polifuncionalidad. Y digo una parte, porque hacia los setenta la academia se desdibujó en beneficio de El Partido (el de cada uno) y El Partido en beneficio de la Organización. (…) Entre estos dos momentos las pasiones cambiaron de cualidad, y yo prefiero la primera parte. Si se plantea que el primer momento lleva inexorablemente al segundo yo digo que no.”15

Esta suerte de negación de la intervención política de los intelectuales que refrendan también, las palabras de Sarlo citadas previamente, será una nota distintiva de la revista, encarnada en figuras de la generación del ´70 y en las nuevas generaciones que participan en el proyecto editorial. La reivindicación de la vocación intervencionista en los límites de lo académico, esto es, de la institución de formación y reproducción del saber (la universidad, en este caso) como “isla” desgajada de las necesidades de las mayoría sociales se consolidó como un modelo que pervive al día de hoy.

Ahora bien, en una coyuntura donde la tarea política concreta e inmediata se tornaba imperativa, como se torna también en la actualidad, lo era y lo es para todos los sujetos implicados en un movimiento de cambio, sin distinción de roles sociales específicos. La radicalización de los intelectuales se inscribió, además, en la

15“Hijos de los Setentas”, La Ciudad Futura, Nº 35 (verano 1992-1993). Mesa

redonda coordinada por Lucrecia Teixidó y Sergio Bufano. Participan de la misma, Julián Gadano, Marcelo Leirás, Ernesto y Pablo Semán y Karina Terán. Los hermanos Semán serán parte de las nuevas generaciones intelectuales de la revista en los ´90. pp. 8-10.

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crisis generalizada de los valores y de las instituciones tradicionales de la política: de la democracia parlamentaria, de los partidos políticos y de los criterios clásicos de la “representación” política en un país donde a partir de 1930, los golpes de Estado y la violencia militar marcarían los ritmos políticos de la vida nacional. La creencia generalizada en este período, y sobre todo tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en el año 1955, de que en una democracia de proscripciones la única forma de hacer política era la que daban las propias estructuras -a la violencia estatal se responde con violencia popular- se dio fundamentalmente porque no se podía ejercer la democracia parlamentaria. Esto es, la radicalización de los intelectuales como asimismo la radicalización de vastas franjas de sectores populares fue producto de la violencia de los sectores reaccionarios. Es ilustrativo pensar que entre 1945- 1955 no existió ninguna organización armada, exceptuando la vinculación de, por ejemplo, el PS y la UCR a acciones terroristas desplegadas conjuntamente con sectores de la oligarquía local.

Creemos que es fundamental señalar aquí esta cuestión, en la medida en que la historiografía acerca del proceso de radicalización del campo intelectual del período suele marcar como eje fundante y causal de la misma la influencia que tuvo en Argentina el fenómeno de la Revolución Cubana. Ésta tuvo un influjo importante en la izquierda y en los sectores juveniles universitarios más que en el peronismo y fue central en la formulación de propuestas revolucionarias en personajes de cuño peronista tales como John William Cooke pero, lo que resultó la piedra de toque de la crítica radical al sistema político y al modelo social vigente fue la proscripción del mayor partido de masas de la historia argentina, el peronismo, y la violencia ejercida a través del bombardeo a la Plaza

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en 1955, las persecuciones y las muertes de militantes populares. Incluso, algunas acciones armadas del período de la Resistencia son previas a la experiencia cubana. Los sectores populares sí creían en el mecanismo electoral y las cifras electorales sin proscripciones del período lo confirman. Fueron los sectores que impusieron la proscripción los que no creían en el valor del voto y de la democracia parlamentaria. La radicalización no estaba en la cabeza de los intelectuales meramente por la influencia de revoluciones en otras latitudes sino, que fue un proceso de mutación social al que llevó la práctica misma de la dinámica política nacional.

Entonces, que el modelo de intelectual propiciado por el colectivo nucleado en torno a La Ciudad Futura haya podido instaurarse tan poderosamente en el imaginario social y en las diversas instituciones y usinas ideológicas como paradigma de accionar legítimo, se vincula al mencionado contexto experimentado en nuestro país y en el mundo. Tiene su correlato nacional en términos políticos, económicos, sociales y culturales específicos tras el golpe de Estado de 1976 que instaura un modelo de dominación que hace trizas el antiguo modelo caracterizado por su estructuración en torno a un país con una industria nacional mercado internista, con un Estado de bienestar regulador con competencias amplias y por una economía de pleno empleo con salarios altos producto de la acción y la organización del movimiento obrero en sindicatos, como asimismo respecto a los proyectos de cambio radical de la sociedad propiciados por las organizaciones revolucionarias peronistas y no peronistas.

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CONTEXTO DE SURGIMIENTO Y FORMACIÓN DEL NÚCLEO DURO DE LA CIUDAD FUTURA

“Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones.” Raúl Scalabrini Ortiz16

“No luchamos contra un gobierno determinado, sino contra todos los que hacen posible la esclavitud de la patria y del pueblo argentino. Nuestros objetivos son, pues, la liberación del país entregado al neocolonialismo desde 1955, y la soberanía popular usurpada por los que han ocupado el poder desde esa fecha. Con ese concepto y con esa finalidad, cada peronista ha de ser un combatiente en la forma en que cada uno sea capaz de luchar y ser provechoso.”

Juan Domingo Perón17

Los años ´60 y ´70 en Argentina fueron escenario de las más grandes luchas populares de nuestra historia nacional, enmarcadas en un contexto más amplio de grandes transformaciones a nivel internacional y de las experiencias de revoluciones triunfantes en la Unión Soviética, China, África, Indochina y con mayor repercusión en nuestro país, por su cercanía geográfica, cultural e idiomática, el fenómeno de la Revolución Cubana. En la Iglesia europea surgieron las figuras de Juan XXIII y luego de Pablo VI, que oficiaron como marco para la aparición, primero en Brasil, de Helder Cámara y posteriormente en la Argentina, del Movimiento de los Curas del

16 Scalabrini Ortiz, Raúl. Política Británica en el Río de La Plata, Plus Ultra,

Buenos Aires, 2001, p. 7.

17 Perón, Juan Domingo. “Mensaje a la juventud reunida en el Congreso de la

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Tercer Mundo. La experiencia del auge de masas que significó el peronismo a mediados de la década del ´40 y su proscripción tras el ´55 que se extendió por casi dos décadas, hizo eclosión hacia los años ´60 y se desarrolló hasta bien entrada la década del ´70 en el período denominado “Resistencia Peronista” o “Peronismo Combativo.”18 La organización obrera en sindicatos y el desarrollo

de los distintos frentes del movimiento peronista mayoritario en la Argentina, así como otros sectores de la nueva izquierda nucleados en partidos y agrupaciones diversas, tuvieron un protagonismo inédito en la historia de las luchas de clases en nuestro país. Las reivindicaciones de los distintos sectores en lucha por la vuelta de Perón al poder y por la instauración de elecciones sin proscripción marcaron a fuego estos años, como asimismo, aunque en menor nivel, las luchas antisistema de organizaciones no peronistas como el PRT.

El ataque radical a la cultura del capitalismo hegemónico en Estados Unidos y Europa transplantado a las naciones tercermundistas latinoamericanas, se expresó en términos de un nacionalismo revolucionario imbuido por herramientas de un tipo de marxismo apartado ya de la tutela soviética y resignificado tanto, a

18 En La resistencia peronista. La toma del frigorífico Lisandro de la Torre,

Altamira, Buenos Aires, 2006, pp.14-15, Ernesto Salas circunscribe la Resistencia al período 1955-1960, esto es, entre la caída del peronismo y el último intento de golpe militar peronista encabezado por el general Iñiguez. Anota, además, que hacia fines de los ´60 las corrientes peronistas denominaron Resistencia a todos los hechos ocurridos durante los dieciocho años que mediaron entre la caída y el retorno de Perón a la Argentina. Por su parte, José Amorín en Montoneros: la buena historia, Catálogos, Buenos Aires, 2006, pp. 336-337, denomina Peronismo Combativo al período que se extiende entre 1955 y la muerte de Perón. Éste estaría dividido en tres etapas: Peronismo de la Resistencia (como en Salas, hasta 1960), Peronismo Revolucionario (hasta la creación de la CGTA) y Tendencia Revolucionaria del Peronismo. La segunda acepción anotada por Salas o el concepto global de Peronismo Combativo utilizaremos nosotros para referirnos a este período.

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la luz de las luchas de descolonización a lo largo del mundo, como sobre todo, a través de la experiencia de las luchas nacionales específicas. El clima de radicalización ideológica antiimperialista hizo eclosión en Latinoamérica y en las diversas naciones oprimidas por el imperialismo norteamericano y exigió un compromiso activo de los intelectuales en las batallas de liberación nacional.

El período que podríamos circunscribir entre el golpe de Estado de 1955, el onganiato de 196619 y el retorno del general

Juan Domingo Perón en el año 1973, se caracteriza en líneas generales, por un panorama de grandes acciones y movilización de las masas populares encolumnadas detrás de las banderas del peronismo y de los sectores obreros radicalizados anclados en otras corrientes ideológicas -pensemos, por ejemplo, en el Cordobazo, la primer gran movilización popular que no se define estrictamente en términos peronistas, aunque incluye a múltiples figuras de extracción peronista-, y por el surgimiento, crecimiento y especialización de las organizaciones armadas y de la guerrilla urbana iniciada en la etapa inaugurada tras el golpe del año 1955 en la Resistencia Peronista. Son los años del nacimiento de la “nueva izquierda”, como desgajamiento de los partidos de la izquierda tradicional y como parte de la reformulación de algunos planteos de corrientes internas del Peronismo, que promueven importantes modificaciones tanto en el campo político como en el campo cultural. Múltiples intelectuales de izquierda se distanciaron

19 Tras el golpe de Estado de 1955 se producen marcadas transformaciones

ideológicas, políticas y culturales en Argentina con un peso decisivo de la fracción de izquierda y peronista revolucionaria. El golpe militar de 1966 con Perón proscrito produce una enorme aceleración de las condiciones sociomateriales y políticas que conllevan a la radicalización de la intelectualidad, de grandes sectores de la clase media y del sector obrero organizado.

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o fueron expulsados de la organización política que por aquellos años hegemonizaba la organicidad de este bloque, el Partido Comunista Argentino20, y comenzaron un complejo proceso de, lo

que podríamos denominar, “nacionalización” a la luz de una reinterpretación del fenómeno peronista que había producido cambios medulares en la redistribución del ingreso a favor de las masas trabajadoras y había llevado adelante las principales medidas antiimperialistas en la historia de nuestro país -nacionalizaciones de ferrocarriles y bancos, por ejemplo-, que en la mirada de los intelectuales, virará desde la usual conceptualización en términos de “fascismo”, a ser considerado un movimiento de masas con ribetes antiimperialistas.

20 El PCA surge en el año 1918 como escisión del PS. Hacia 1964, son

expulsados del Partido Comunista Andrés Rivera, Juan Gelman, José Aricó y Juan Carlos Portantiero, entre otros intelectuales que pronto comenzarán a cobrar importancia en nuestro país. El Congreso del PCUS realizado en 1956, a tres años de la muerte de Stalin, había aportado una fachada de desestalinización que se vio prontamente desmentida tras la invasión a Hungría y a Checoslovaquia, con los tanques reprimiendo la primavera de Praga en agosto de 1968. La ruptura de varios intelectuales con el PCA será considerada con mayor amplitud en otro apartado, ya que creemos responde a un clima de época que se venía gestando en el período -repercusión en los intelectuales de acontecimientos diversos tales como, el caso Padilla en Cuba y su posterior retractación pública en 1971, que ponen en cuestión el lugar del intelectual en las revoluciones triunfantes -la Unión Soviética, Cuba y China- entre otras cuestiones. Previamente, se habían ido del partido figuras tales como Rodolfo Puiggrós o Juan José Real. Para más datos ver Ramos, Jorge Abelardo. El

Partido Comunista en la política argentina. Su historia y su crítica, Coyoacan,

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PERONISMO E IZQUIERDA ARMADA21

“Somos socialistas revolucionarios en tanto somos argentinos y latinoamericanos del siglo XX, que es el siglo de la irrupción de las masas en la creación de sus propios destinos. Esta afirmación de lo nacional no entraña contradicción alguna con las ideas generales del marxismo, sino que constituye su ratificación más diáfana, porque el socialismo no germina ni puede triunfar sino en las condiciones específicas heredadas del pasado. La correlación de las tareas socialistas con las tareas democráticas en el proceso revolucionario sólo podrá ser fijada por la lucha misma, por el desarrollo económico del país y por la madurez política de las masas.” Jorge Abelardo Ramos22

En estos años se consolidaron las principales corrientes del sindicalismo combativo y clasista, desde el sindicalismo marxista independiente y antiimperialista liderado por Agustín Tosco, hasta las corrientes de la CGT peronistas-clasistas y de extracción cristiana (Ongaro) que encumbraron las banderas de la liberación nacional. Además, del interior del peronismo combativo surgieron nuevas organizaciones revolucionarias que tuvieron primacía entrada la década del ´70. En este período, el peronismo continúo mostrándose incapaz de retomar al poder por la vía insurreccional y las posibilidades de jugar en el plano electoral le fueron negadas por la proscripción de partidos o candidaturas ligadas al peronismo. El fallido acto electoral del año 1962 fue tomado por sectores del peronismo, como una fecha bisagra en su relación con el líder en el exilio.23 Ante la imposibilidad del regreso de Perón, grupos de

21 Realizamos un breve repaso del surgimiento de las organizaciones armadas

funcional al tema de nuestro escrito. Para ampliación ver Gillespie, Richard,

Soldados de Perón, Grijalbo, Buenos Aires, 1987.

22 “Las izquierdas en el proceso político argentino.” Respuestas a un

cuestionario de Carlos Strasser, 1959. En http://www.marxists.org/espanol/ramos/1950s/1959.htm.

23 El 18 de marzo se realizaron elecciones en la provincia de Buenos Aires y

en 17 distritos electorales, incluida la Capital Federal. Framini, candidato peronista, salió electo gobernador. Los militares en alianza con Frondizi,

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sindicalistas ligados a Vandor, consideraron que había llegado el momento de desarrollar una experiencia política alternativa y en el marco del Congreso de Avellaneda del año 1963, Vandor expuso públicamente la famosa frase “hay que estar contra Perón para salvar a Perón.” El dirigente sindical consideraba que había llegado el momento de hacer del Justicialismo un partido con base primordialmente sindical, al estilo de los partidos laboristas europeos. Ante las elecciones del año 1963, el Consejo Coordinador y Asesor del Peronismo había decidido votar en blanco, postura que alcanzó el 17 % de los votos y no tuvo un número mayor por la decisión de algunos sectores peronistas de participar en listas provinciales. La estrategia del voto blanquismo no adquirió el resultado esperado por Perón, que en este cuadro, movería el péndulo hacia la izquierda y daría oxígeno a las corrientes combativas del movimiento. En este contexto, designó a Héctor Villalón como su delegado personal, quien intentó reorganizar al Peronismo bajo la hegemonía de los sectores combativos del movimiento caracterizados por su oposición a Vandor.24

anularon las elecciones. El peronismo a seis años de su proscripción seguía mostrando la adhesión electoral de la clase obrera y la voluntad de las mayorías a gobernarse. La vía electoral no se transformaba en victoria política. He aquí un caso concreto que alimenta nuestra hipótesis acerca de la radicalización política de las masas y de sus intelectuales frente a la violación de los derechos ciudadanos, la proscripción y la violencia política ejercida por los sectores dominantes en este período. Para ampliación de acontecimientos ver Horowicz, Alejandro. Los cuatro peronismos, Edhasa, Buenos Aires, 2005. pp. 181-219.

24 Gustavo Rearte en el año 1963, fundaría el Movimiento Revolucionario

peronista (MRP), se reorganizaría la Juventud Peronista, bajo la égida de

“Cacho” El Kadri, aparecerían los primeros intentos de creación de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Para ampliación ver: Duhalde, Eduardo L. y Pérez, Eduardo M. De Taco Ralo a la alternativa independiente. Historia de las

Fuerzas Armadas Peronistas y del Peronismo de Base, De La Campana, La

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Hacia fines de la década del ´60 surgieron además, las principales organizaciones revolucionarias armadas que tuvieron, entrada la década del ´70, un papel fundamental en la organización de los diversos sectores en lucha. Entre sus antecedentes se encuentra la breve experiencia del EGP (Ejército Guerrillero del Pueblo) que interesará aquí por sus vínculos con algunos intelectuales de La Ciudad Futura, y el ELN (Ejército de Liberación Nacional) que dio lugar más tarde a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias).

Surgió posteriormente el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) brazo armado del PRT y el crecimiento y centralidad de la organización Montoneros, tras el asesinato de Aramburu (mayo de 1970, a un año del Cordobazo). A partir de la creación de la CGTA se inició la etapa de formación de la Tendencia, que contendrá en su seno a las corrientes del Peronismo Revolucionario, más la participación masiva de la juventud, proveniente de varias corrientes ideológicas, no sólo peronistas. Varias de estas organizaciones hacia 1973 se fusionaron bajo la hegemonía de Montoneros, organización con mayor capacidad de movilización e influencia en los distintos ámbitos sociales desde la formación de la estructura de Regionales -movimiento obrero, villeros y organizaciones barriales, universidades, escuelas secundarias, etc.-.

En este período de eclosión política comenzaron a diferenciarse dos tendencias bien marcadas dentro del movimiento revolucionario argentino: por un lado, una más minoritaria compuesta por los sectores sindicales liderados por Tosco25 que pensaban en un proceso radical de transformación a través del

25 Vale aclarar que Tosco era una figura de gran prestigio y autoridad moral, al

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movimiento obrero y popular sobre pilares tales como la democracia sindical y la autonomía obrera. Por otro lado, sectores más vastos ligados al Peronismo que tuvieron como objetivo a corto plazo la vuelta de Perón a la Argentina por la vía electoral y posteriormente la agudización de la guerra popular prolongada (esta última, con Perón en el país, tendrá como vanguardia a Montoneros).

Gráficamente, podemos circunscribir la Tendencia Revolucionaria a través de distintas organizaciones26, tales como:

1- En el plano sindical: sindicatos y agrupaciones de la CGTA y línea combativa de las 62 Organizaciones;

2- En el plano institucional: Curas del Tercer Mundo;

3- En el plano político: Bloque Peronista de la CGTA, núcleo del MRP, OP 17, etc.;

4- En el plano político militar: FAP, Montoneros, Comandos Autónomos.

26 “Desde la cárcel, firmes en la lucha. Documento de cuatro militantes del MNR

Tacuara, detenidos desde 1964”. Publicado en Cristianismo y Revolución. Nº 28, Abril de 1971 y reproducido por Baschetti, Roberto (comp.). Documentos I.

1970-1973. De la guerrilla peronista al gobierno popular, de la campana, La

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INTELECTUALES Y LUCHA REVOLUCIONARIA: CONTRAPUNTOS

“Una de las condiciones para que la clase obrera asuma la conducción del proceso nacional, para que tome el poder, es el rechazo de las formas ideológicas que corresponden a la organización económica-social vigente y la creación de una visión de mundo propia: eso es la teoría revolucionaria. Lo que la masa trabajadora necesita no es que la halaguen, que le dediquen loas enternecedoras, que le digan que tiene razón, sino que sus direcciones políticas les vayan explicando cómo tiene que tener razón, que vayan ayudándola en el esfuerzo por conocer el mundo a través de sus propios valores y no sus valores ajenos. En el régimen capitalista lo material, la posesión de la riqueza, condiciona lo espiritual y cultural. La cultura popular será imposible mientras impera el capitalismo; y la teoría revolucionaria es una creación en que se funden los esfuerzos de los intelectuales revolucionarios y los sacrificios y penurias de las masas trabajadoras.” John William

Cooke27

"Todo nuestro problema consiste en empezar a ver las cosas desde la perspectiva de nuestra realidad." Arturo Jauretche28

También el ámbito universitario29 fue escenario de las luchas por la liberación nacional a nivel docente y a nivel estudiantil a través del desarrollo y crecimiento masivo de las organizaciones estudiantiles. Se crearon espacios académicos como las Cátedras Nacionales, con un perfil marxista nacional jauretcheano o cookista y las Cátedras Marxistas, con un sesgo más estructuralista

27 Cooke, John William, “Universidad y país” en Baschetti Roberto

(Compilador). Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970, Puntosur, Buenos Aires, 1988, p. 172.

28Jauretche, Arturo, Los Profetas del Odio, Peña Lillo Editor, Buenos Aires,

1982, p. 43.

29 Para la ampliación de este tema ver Recalde, Aritz y Recalde, Iciar.

Universidad y Liberación Nacional. Un estudio de la Universidad durante las tres gestiones peronistas: 1946-1652; 1952-1955; 1973-1975, Nuevos

Referencias

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