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Psicosíntesis-Piero_Ferrrucci

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Academic year: 2021

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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN. - LA VISIÓN GLOBAL……….. 3

CAP. 1 - ENFOQUE………. .6

CAP. 2 - REFLEJOS DE UN MUNDO MAS DISTANTE………. 9

CAP. 3 - MAPAS ………14

CAP. 4 - UNA MULTITUD DE VIDAS………...16

CAP. 5 - COMPLETAMENTE INCONMENSURABLE………...23

CAP. 6 - LA VOLUNTAD……….30

CAP. 7 - TIGRES RABIOSOS………37

CAP. 8 - EL HECHO PRIMORDIAL………. 42

CAP. 9 - UNA MUERTE FRESCA E INCISIVA……….. 46

CAP. 10 - LA ESCUELA DE LA VIDA……….. 51

CAP. 11 - DEPÓSITOS DE REVELACION………. 53

CAP. 12 - ABRE UNA FLOR………..60

CAP. 13 - EL MEJOR TERAPEUTA……….68

CAP. 14 - LA PATOLOGIA DE LO SUBLIME………..74

CAP. 15 - TU VIDA, TU OBRA MAESTRA……….. 79

CAP. 16 - POR LO QUE VIVIMOS………85

CAP. 17 - LA BELLEZA……….. 92

CAP. 18 - SÍNTESIS………98

CAP. 19 - SIN MIEDO A MORIR……….105

CAP. 20 - EL SILENCIO………...108

EPÍLOGO………113

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PSICOSÍNTESIS

Piero Ferrucci

Título original: What we may be Traducción de Miguel Aguado Saiz Piero Ferrucci 1982

Editorial Sirio ISBN: 84-86221-53-6 Depósito legal: B.29.728.1987 Impreso en España

Versión digital de Pluto, 1999

PRÓLOGO

Mi primer contacto con la psicosíntesis tuvo lugar en Florencia en 1954. Allí conocí a un señor mayor, Mr. P., que estaba interesado por los estudios psicológicos y espirituales. Intercambiamos opiniones y mostró mucho interés por mi trabajo. Entonces me pidió que le diese una sesión (a principios de los años 50 empezaba yo a desarrollar la técnica que después describiría en mis libros).

Por aquel entonces, vivía en una respetable y vieja pensión donde llamaban para la cena con una campanilla, reminiscencias de la Santa Misa. Mr. P llegó a las cinco en punto. Tuvo una larga sesión, Con una reacción muy fuerte, acompañada de lágrimas y sollozos. Cuando éstos se calmaron y entramos en una fase más sosegada y placentera, en lo que yo pensaba que era el fin de la sesión, de repente, Mr. P. no paraba de decir: Luz, luz por todas partes.

Esto sucedió hace veintisiete años. Ya había oído hablar de experiencias místicas, psicodélicas y similares; pero la expresión de la cara de Mr. P. Era tan beatífica, y sus palabras tan bellas, que pensé que no podía interrumpir lo que estaba sucediendo. Por otro lado, eran más de las siete y media y oí la campanilla en el pasillo. ¿Qué podía hacer? ¿Qué pasaría si alguien se asomara a mi habitación para llamarme a cenar y se encontrase a un caballero echado en mi cama y repitiendo: "Estoy en la Luz... estoy en la Presencia"?

Mr. P. permaneció en la Luz varias horas de nuestro tiempo, una eternidad para él. Después volvió a nuestro nivel de conciencia, contento, pero impresionado. Nos vimos al día siguiente y, al preguntarme que hizo y que le sucedió, le confesé que no tenía la mínima idea. Entonces Mr. P. dijo, "Fue una experiencia maravillosa. Hay un psiquiatra famoso que vive aquí, en Florencia, y conoce todo sobre estos estados espirituales: Vamos a verlo".

Al día siguiente nos citamos con el Dr. Roberto Assagioli, un sexagenario muy agradable y lleno de vitalidad. A Assagioli le interesó mucho todo este episodio. En algún momento de la conversación, Assagioli me preguntó con amabilidad: "Pero, Miss Archera, dígame, ¿qué hace con esta gente?" Y le contesté: "Bien, en realidad yo no hago nada; sólo les ayudo a que se liberen de sus prejuicios. Y, "¿qué hace usted?" La respuesta no tardó en llegar: "Hago lo mismo que usted".

¡Cuánto he aprendido desde aquel breve encuentro! El Dr. Assagioli, con su interés exento de paternalismo, su atención y su satisfacción por nuestra entrevista y, finalmente, su sencilla declaración (hago lo mismo que usted) me dio, de la forma más humilde, todo un curso del arte de la comunicación humana. ¡A mí, una neófita que no ha pasado del séptimo grado, se me caía la baba al oír que el famoso doctor hacía lo mismo que yo!

Durante muchos años no oí nada sobre Assagioli, excepto de vez en cuando, que pensaba: "Sí, ¡es ese hombre que hace lo que yo hago!". En 1963 Assagioli me envió una carta muy afectuosa elogiando mi libro, Tú no eres el blanco. Se la enseñé a Aldous, que, en agradecimiento, le dedicó Island con las siguientes palabras: "A Roberto Assagioli, esperando que pueda encontrar algo que le interese en este ensayo utópico sobre la psicosíntesis".

* * *

En 1969 Piero Ferrucci vino desde Italia a visitarme. Por entonces estaba yo dando unos seminarios y, cuando se presentó en casa, me di cuenta de que era la única persona con quien me gustaría compartir dicha tarea.

Piero Ferrucci había tenido la más exigente y clásica preparación académica (acababa de terminar su doctorado en Filosofía y Educación), cosa totalmente distinta del trabajo que yo hacía en mis seminarios. Siempre pensé de él que tenía un profundo conocimiento de las personas, una

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extraordinaria capacidad para comprender y como una facultad especial para permanecer en segundo plano. Yo iba a dar un seminario en San Francisco y le pedí que fuese mi colaborador. Este fue el principio de una maravillosa cooperación. Presentamos seminarios y talleres juntos y, después, formamos equipo para escribir "Entre cielo y tierra" (Farrar & Straus, 1975).

Las memorables conferencias de Aldous se grabaron. El trabajo de investigación y la transcripción de estas grabaciones al papel requieren dedicación y conocimiento. La discreta edición de Piero Ferrucci de "La humana situación" (Harper & Row, 1977) ha sido muy alabada.

En 1970 Piero me escribió diciendo que había ido a Florencia a trabajar con Assagioli. Su íntima colaboración duró varios años hasta la muerte de Assagioli en 1964. En mis viajes a Italia vi a Assagioli un par de veces y tuve con él unos breves pero substanciosos contactos. Había siempre una sensación agradable, ligera. Un día, hablando sobre Piero Ferrucci, me comentó, "Llevará la antorcha de la psicosíntesis por todo el mundo". Mientras leía Psicosíntesis, recordé esta frase y el tono afectuoso con que Assagioli habló de Piero.

Este libro es la primera presentación extensa de la psicosíntesis. La sabiduría de Assagioli y la flor de su espiritualidad práctica afloran en todas sus páginas. En Psicosíntesis el lector puede encontrar una gran variedad de técnicas para llegar a los muchos niveles funcionales del ser humano. Se presta especial atención al entrenamiento de la voluntad y de la intuición. Hay formas directas e incluso agradables de buscar el famoso (y desconocido) inconsciente. Algunos ejercicios tienen cierto sabor oriental, que, sin embargo, no choca con el racional sentido común latino.

El ilimitado poder de la belleza, tan menospreciada a veces en psicoterapia, se le está ofreciendo continuamente al lector. Aquí y allá se oye el inolvidable murmullo de la fuente de la alegría, según muchos místicos, la cualidad espiritual más importante. Fomentando nuestras principales cualidades, estas técnicas nos ayudan a resolver cada día nuestros problemas de un modo nuevo e inesperado. Este libro no promete una iluminación fácil e instantánea, que dé origen a las hermanas gemelas: la esperanza y la desilusión; pero no podemos imaginar que alguien le dedique su atención durante un mes sin mostrar un progreso considerable o incluso sorprendente.

Hay muchos libros dedicados a la auto-realización. Entre los pocos que valen la pena, creo que

Psicosíntesis es el mejor de su clase.

Laura Archera Huxey, junio de 1981

COMO UTILIZAR ESTE LIBRO

Te ofrecemos algunos detalles orientadores que pueden ayudarte a sacar el máximo provecho de los ejercicios que se te presentan:

1.- Duración: Dedica a los ejercicios un rato en el que no puedan molestarte. Aunque sólo sean cinco minutos, asegúrate de que es un universo aparte y de que no lo invaden las molestias del exterior. 2.- Preparación: Ponte cómodo, con la columna recta y los músculos relajados. Cierra los ojos y respira profunda y lentamente durante unos minutos. Dedica por lo menos dos o tres minutos a esta fase. (No se necesita ninguna preparación para los ejercicios más activos). También aconsejo que se graben las instrucciones en cintas vírgenes para poder trabajar con ellas y oírlas constantemente. 3.- Constancia: Elige un ejercicio que te guste y trabaja con él durante algún tiempo, aunque no veas resultados inmediatos. La repetición de un ejercicio multiplica su eficacia.

4.- Coordinación: Después de realizar un ejercicio, éste seguirá trabajando en silencio para ti. Pero, si quieres que esta influencia sea mayor, recuérdalo y recuerda la importancia que tiene en medio de tu vida diaria, tu verdadero y permanente laboratorio.

5.- Trabajar en silencio: Comentar tus conclusiones antes de tiempo con personas que no pueden comprenderlas hace, a veces, que se disipe la energía psicológica que has acumulado.

6.- También debes tener un cuaderno de trabajo para anotar tus opiniones y las sutiles transformaciones que se vayan produciendo.

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Introducción:

LA VISION GLOBAL

Tras años de investigación, le dijeron al buscador que fuese a una cueva en la que encontraría un pozo "Pregúntale al pozo cuál es la Verdad", le dijeron, "y el pozo te lo revelará".

Cuando encontró el pozo, el buscador le hizo esta pregunta tan básica y desde los abismos le llegó la respuesta: "Ve al cruce de la ciudad: allí encontrarás lo que buscas".

Lleno de alegría e impaciencia el hombre salió corriendo hacia el cruce para encontrar tan sólo tres tiendas de poca importancia. En una vendían piezas metálicas; en otra, madera y, en la tercera, alambres finos.

Nadie ni nada de lo que allí había parecía guardar relación alguna con la revelación de la Verdad. Defraudado, el buscador volvió al pozo para pedirle una explicación, pero éste tan sólo le dijo: "Lo entenderás en el futuro". Cuando protestó el hombre, todo lo que recibió a cambio fue el eco de sus propias voces. Indignado por haber hecho el tonto, o, por lo menos, así lo pensaba él entonces, continuó su viaje en busca de la Verdad. Con el paso de los años se fue borrando de su memoria el recuerdo de esta experiencia del pozo, basta que una noche, mientras paseaba a la luz de la luna, llamó su atención el sonido de la música de un sitar(especie de guitarra hindú). Era una música maravillosa y estaba tocada con gran maestría e inspiración.

Emocionado, el buscador de la Verdad se sintió atraído por el músico. Miraba sus dedos que bailaban entre las cuerdas. Observó atentamente el sitar y, de repente, explotó en un grito de alegría: estaba hecho con los alambres y los trozos de metal y madera que había visto en las tres tiendas y que creía que no tenían utilidad alguna.

Por fin había llegado a entender el mensaje del pozo: Siempre se nos da lo que necesitamos; nuestro cometido es unirlo y utilizarlo de la manera más apropiada. Nada tiene significado mientras consideremos sus componentes por separado; pero, cuando se unen formando una síntesis, aparece una nueva entidad cuya naturaleza no habíamos previsto al considerarlos por separado.

El proceso de síntesis se puede ver en cualquier parte, tanto en lo natural como en lo estrictamente humano: Las células se unen para formar un organismo; las letras, para formar una palabra; las notas musicales, para formar una melodía, y así pasa con todo. Muchas evidencias empíricas demuestran que la síntesis también puede darse en la psicología cíe los seres humanos y que, por el contrario, su falta es causa de serias dificultades.

El psiquiatra italiano Roberto Assagioli se dio cuenta hace varios años de que gran parte de las enfermedades mentales, desequilibrios y depresiones se dejan sentir cuando nuestros elementos internos no guardan entre sí la debida conexión o chocan unos con otros. Pero también observó que, cuando se combinan en grupos cada vez mayores, sentimos una descarga de energía, una sensación de bienestar y un significado mucho más profundo en nuestras vidas.

Al ver que este proceso tiende a producirse de forma natural en todos los seres humanos, aunque a veces se ve bloqueado, Assagioli estableció unas técnicas para producirlo y facilitarlo. Al principio se dedicó al psicoanálisis (estaba considerado por Freud como uno de sus seguidores más representativos en Italia a principios de siglo); pero Assagioli no estaba satisfecho y desarrolló su propio sistema: un enfoque psicológico y práctico, abierto a toda contribución, que desde entonces se ha aplicado tanto en la educación como en la terapia y la medicina. A este sistema le dio el nombre de psicosíntesis.

El sistema de Assagioli no es sólo una forma de auto-mejora (que promete más y más de lo mismo: más energía, más concentración, más relajación, etc.) u otro tipo de terapia (donde sólo intentamos evadirnos de algo). Mas bien trata de evocar la totalidad y el amanecer de un nuevo y más amplio marco de referencia para la mente humana. Una mujer, que ha tenido experiencias de psicosíntesis, escribe: "El proceso interno de la psicosíntesis me hace pensar en un caleidoscopio. Cuando se mueven los cristalitos de colores, no son más qué un revoltijo; pero, si mantenemos fijo el caleidoscopio, forman un bonito dibujo".

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Para que se produzca este proceso basta hacer unos ejercicios psicológicos simples como los que se presentan en este libro. Assagioli y sus colegas han comprobado las técnicas de la psicosíntesis, en los últimos setenta años y en diversas culturas, y han resultado ser efectivas cuando se utilizan con regularidad. Como en todas las disciplinas, desde escalar una montaña hasta tocar el piano, desde aprender un idioma hasta bailar, la práctica es esencial para dominar algo nuevo.

El cambio que se produce es progresivo. Hace unos años, cuando empecé a utilizar en mí mismo los ejercicios de psicosíntesis, esperaba ver inmediatamente grandes maravillas. Pero no pasó nada de eso (lo mismo que a otras muchas personas). Como les sucede a muchos novicios, al principio no podía realizar siempre los ejercicios tal como se me indicaba: Me distraía, me quedaba en blanco, me ponía nervioso o pensaba en cualquier otra cosa. Tardé algún tiempo en darme cuenta de que se estaban produciendo grandes cambios. Después he visto que esto les sucede a casi todos los que utilizan estas técnicas. Nos damos cuenta de la transformación mucho después de que haya empezado a producirse. Hay una razón para este retraso: nuestro inconsciente necesita tiempo. Como dijo Assagioli:

"Una de las funciones principales del inconsciente, y al mismo tiempo uno de los principales pasos en el proceso educativo, es la elaboración de las experiencias que uno ha tenido, la asimilación vital de lo que se ha percibido y aprendido.

Esta elaboración se puede considerar como una auténtica "gestación psíquica" y tiene analogías muy concretas con la gestación física. Ambas suceden en el abismo, en el misterio (una en el seno de la madre, la otra en las entrañas más profundas del inconsciente); ambas son funciones espontáneas y autónomas, tan sensibles y delicadas que pueden afectarles fácilmente las influencias externas; tanto la una como la otra culminan, finalmente, en la crisis y el milagro del "nacimiento", de la manifestación de una nueva vida".

Esta idea nos recuerda que en psicosíntesis estimulamos fuerzas que están siempre presentes en nosotros. Estas fuerzas permanecen normalmente latentes; pero a veces podemos verlas directamente en acción. Actúan, por ejemplo, cuando una herida emocional se cura lentamente; cuando en una crisis encontramos una fuerza insospechada; cuando, después de haber estado pensando en un problema, se nos presenta de repente la solución; cuando nos llega, de repente, una segunda oleada de energía tras un momento de fatiga, o cuando se produce en nosotros una transformación repentina y espontánea. Los efectos de los ejercicios de psicosíntesis se notan a partir de la activación de estas fuerzas positivas.

Tan pronto como vemos el campo de posibilidades que se abre ante nuestros ojos, nos asombramos y nos llenamos de entusiasmo; pero también deberíamos precavernos para que ese entusiasmo no nos descarríe: hoy día son muchos los errores y sus consiguientes peligros debido al interés que se pone en la autorealización.

Quizás el error más importante sea creer que la técnica es, por sí sola, el principal agente de la transformación, y no que lo es la forma de emplear esa técnica.

Puede que con un ejemplo tengamos una idea más clara de este peligro. Un psiquiatra estuvo trabajando con un niño autista. Intentó, durante mucho tiempo, establecer comunicación con él; pero el niño seguía siempre encerrado en su propio mundo. Al final, un día, con un impulso intuitivo, el psiquiatra cogió un lápiz, lo arrojó al suelo, y dijo al niño: "Ahora, cógelo y dámelo". En el tono de su voz estaba grabado el peso de todos los deseos, de todos los intentos fallidos del pasado. El ambiente estaba preparado; el niño hizo lo que se le había dicho y, en ese momento mágico, se estableció entre los dos una conexión consciente.

El psiquiatra contó esta experiencia a un grupo de colegas en una conferencia. Al poco tiempo, muchos de ellos empezaron a lanzar mecánicamente lápices al suelo delante de niños autistas esperando que los niños los recogieran. Naturalmente lo que se llegó a llamar la técnica del lápiz falló. Este mismo error se puede dar también en las técnicas de la psicosíntesis. El factor más importante es la actitud con que se utilizan. Podemos utilizarlas con cuidado y paciencia, como medios de transformar nuestras vidas, o mecánicamente y como juegos de salón, perdiendo así el tiempo. Podernos hacer con ellas lo que queramos; por sí solas, no ofrecen ninguna garantía.

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El error que sigue a éste en importancia es el narcisismo, que consiste en encontrar tanta satisfacción en la evolución y en los procesos íntimos que se prescinde de todo lo que afecta a los demás seres humanos y a la sociedad. Los que caen en este error olvidan que ninguna técnica que empleemos en el desarrollo y evolución personal tiene ningún valor si no trasciende a nuestro entorno y que, a la inversa, nuestro propio entorno puede servirnosde estímulo para la evolución individual. Como dijo Martín Buber: "El hombre llega a ser un Yo a través de un 'Tú', y no hay evolución verdadera si se limita al círculo de lo individual.

Hay una nueva corriente, en cambio, que llega al otro extremo al condenar, como una forma de narcisismo, todo interés por la evolución personal. Algunos comparan la autopercepción con la autoabsorción, viéndola como "un retraimiento hacia la satisfacción puramente personal".

Esta forma de pensar, que puede ser valida en algunos casos, no tiene en cuenta que la forma de actuar las personas, lo que hacen, lo que dicen y cómo se relacionan con los demás, depende de lo que son. Si, por ejemplo, el pensamiento de una persona no es claro y está influenciado por prejuicios, este hombre o mujer no puede participar con acierto en las decisiones de la comunidad. Los que no tienen sensibilidad para la belleza ni un sentido de conjunto no pueden lograr un conocimiento de la ecología; los que no han conocido a sus propios demonios no estarán capacitados para participar en la construcción de una sociedad más abierta. Y si sus relaciones están corrompidas, no podrán contribuir a la armonía de la sociedad de una forma eficaz que permita afrontar con todas sus fuerzas un futuro sólido.

Cualquier cambio social, producido por estas personas que no tienen solución, perpetúa y multiplica sus fallos a escala colectiva. Por esto es por lo que nos fijamos en el individuo, al mismo tiempo que evitamos el peligro del narcisismo.

Un peligro parecido es el ansia desmedida de experiencias, si no está acompañada de un esfuerzo por entenderlas o anclarlas en la vida diaria. La sed de estímulos hace que los individuos vayan "de tropiezo en tropiezo", reúnan todas las psicotecnologías existentes, y lleguen a ser "junkies de consciencia". Estas personas sienten codicia de "estados alterados de consciencia" y, si se midiese la madurez por la variedad de sus experiencias en vez de hacerlo por su asimilación, serían las más evolucionadas del mundo.

Otra trampa en la que podríamos vernos atrapados fácilmente es la sensación de grandiosidad: Una euforia momentánea que nos hace esperar resultados instantáneos, totales y definitivos. En el fondo de nuestra mente se esconde el deseo mágico de tener después de todo esto una vida eterna y feliz, lo que puede inducirnos a la falsa creencia de que hemos conseguido más de lo que se puede. Pero la única forma de conseguir resultados positivos en el trabajo de autorealización es ser realistas y reconocer nuestras limitaciones humanas. Tenernos que ser conscientes de nuestra pequeñez relativa, de todas las dificultades que nos presenta la vida, de lo débil que puede ser el cuerpo y lo volubles que son los sentimientos a veces, de la facilidad con que se puede influir en nosotros, de lo compleja que es la existencia humana, de los muchos factores que influyen en todos nosotros, de lo poco que, como especie, sabemos de las cosas, de cómo pueden interferir los acontecimientos en nuestros planes y de lo misteriosa que es la vida en el fondo.

No es que debamos ver todo esto como obstáculos del destino, sino que, por el contrario, su conocimiento se puede aprovechar hábilmente para nuestra evolución y puede hacer que comprendamos mejor todo el significado del ser humano.

Por las razones dadas anteriormente, la psicosíntesis evalúa tanto los periodos de oscuridad como los de alegría e iluminación; realza la importancia de servirse de los obstáculos corno pasos para el desarrollo, en vez de esperar su total desaparición; opta más por la duda y el riesgo que por la seguridad garantizada y el éxtasis; prefiere la creatividad de la confusión más que la engañosa "claridad" de las respuestas preestablecidas; nos recuerda tanto lo difícil como lo fácil; reconoce la inmensa variedad de los seres humanos y, por consiguiente, no promete resultados idénticos; encomia el hecho inesperado que tira por tierra en un instante nuestro modelo de cómo debería ser todo.

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En resumen, la psicosíntesis reconoce nuestra complejidad, así como lo complicada que es la situación humana, y no ve la posibilidad de una receta universal. Assagioli solía decir a los que protestaban de esta realidad: "Yo no tengo la culpa de que el universo sea tan complicado".

Es posible que, al darnos cuenta de esto, empecemos a considerar el mayor y más común de todos los peligros: La exclusividad. Si desarrollamos sólo una parte de nuestro ser, prescindiendo de las demás, sea el cuerpo, los sentimientos, el "espíritu" o lo que tengas, esta parte podría adquirir una fuerza que no le corresponde. Podría convertirse en un ser diabólico y hacer de nosotros unos seres limitados o incluso fanáticos. Se puede comprender esto con una anécdota que me contó una vez un estudiante de psicosíntesis:

"Cuando era niño jugaba en la cama por la noche con todo tipo de fantasías. Mi preferida era imaginar que yo era un submarino que surcaba las profundidades del océano. Pero esto me impedía ir por tierra, por lo que me imaginaba también que era un tanque que podía ir por cualquier terreno: por el fango, por la arena, por las piedras, por todas partes.

Pero, como tanque que era, me sentía incompleto, y el porque ¿cómo podría alcanzar el cielo? Entonces me convertí en un avión. Pero un avión sólo puede volar. Por fin, una noche decidí ser las tres cosas a la vez, una máquina fantástica que pudiese volar por el espacio, explorar los abismos del océano y moverse con rapidez y facilidad por la tierra. Podría llegar a cualquier parte y esto me hacía mucha ilusión.

El trabajo de psicosíntesis me recuerda esta fantasía de mi niñez. Me permite moverme a todos los niveles; me ha enseñado a familiarizarme con las diversas partes de mi ser".

El crecimiento del hombre, cuando es equilibrado y sano, se produce en todas las direcciones: Es como una esfera en expansión, más que una línea recta. Precisamente por estas razones, la psicosíntesis procura tener en cuenta todas las dimensiones de la vida humana que realmente importan y que, si no las consideramos, nos pueden llevar a una existencia incompleta e incluso absurda:

La aparición del deseo y de la autodeterminación. La agudización de la mente.

El placer por la belleza.

El enriquecimiento de la imaginación. El despertar de la intuición.

La comprensión del amor.

El descubrimiento del Yo y de su finalidad.

Capítulo 1

ENFOQUE

"El otro día tuve una bronca con un taxista. Era un hombre rudo y terco y yo me puse tan excitada que después me temblaban las manos. Estuve todo el día sin poder quitármelo de la cabeza hasta que hice el ejercicio, que rápidamente me permitió ver la situación tal y como era. Mis reacciones llegaron a ser melodramáticas; pero realizar este ejercicio durante toda la semana pasada tuvo en mí un efecto liberador".

El "ejercicio" al que se refiere esta mujer es muy simple. Con los ojos cerrados, visualizó un numero que retuvo en su mente durante tres minutos sin pensar en otra cosa. Aunque normalmente se necesita tiempo y práctica Para adquirir la habilidad que hace falta para realizar esta visualización sin distraerse, es sorprendente ver lo que puede progresar una persona con sólo unos días de entrenamiento.

¿Milagros? No. Con los ejercicios psicológicos que aparecen en este capítulo y en el resto del libro podemos conseguir una sensación de dominio sobre nuestros procesos psicológicos. Estamos acostumbrados a trabajar bien con las cosas materiales: máquinas de escribir, cepillos de dientes,

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cuchillos, botones, etc. Ahora podemos llegar a acostumbrarnos también a trabajar, de forma consciente y efectiva, con el material de nuestro mundo interior.

La mujer antes mencionada pudo enfocar sus extenuadas energías, haciendo este sencillo ejercicio, y este logro, por sí mismo, tuvo un efecto curativo en toda su personalidad. Además, el enfoque lleva a la concentración, uno de los niveles psicológicos más básicos. Como dijo el filósofo Keyserling: «El poder de concentración es una verdadera fuerza de propulsión de todo nuestro mecanismo psíquico. Nada eleva más nuestra capacidad de acción que su desarrollo. Cualquier éxito, del tipo que sea, puede justificarse con el uso inteligente de esta capacidad. Ningún obstáculo puede resistir permanentemente la excepcional fuerza de la máxima concentración".

Cualquier función humana, ya sea física o psicológica, se atrofia cuando no se practica. Nuestras funciones psicológicas, si no se cultivan ni se utilizan, tienden a disminuir de tal forma que sólo sobrevivirán aquellas a cuya práctica nos impulsa la costumbre. Esta verdad la expresó con gran estilo Sir Francis Galton, diciendo sobre la función de la imaginación.

"El placer que puede proporcionar es inmenso. Tengo muchos amigos que dicen que el regocijo de rememorar bellas escenas y grandes obras de arte es el mayor que conocen; llevan completas galerías de arte en su mente. Nuestra educación enciclopédica y mundana tiende a reprimir este valioso regalo de la naturaleza. Una facultad que es muy importante en todos los oficios técnicos y artísticos, que da veracidad a nuestras percepciones, y precisión a nuestras generalizaciones, se pierde por el mal uso, en vez de cultivarse con sensatez de tal forma que la voluntad toda nos dé los mejores rendimientos". Los siguientes ejercicios se pueden realizar en cualquier momento del día y no requieren ni mucho tiempo ni tampoco condiciones especiales.

EVOCACION VISUAL

Cierra los ojos y visualiza lo siguiente:

Una pluma que escribe lentamente tu nombre en un papel.

Un número de una sola cifra. Sustitúyelo por uno de dos cifras, por uno de tres, y así sucesivamente hasta que llegues al máximo número de dígitos que puedas retener. Mantén este número frente a tus ojos durante dos minutos Varias figuras de colores: Un triángulo dorado, un círculo violeta, una estrella azul, etc.

Las imágenes abstractas, igual que las letras del abecedario o los números escritos en una pizarra, pueden resultar más difíciles de visualizar que cualquier cosa más compleja que nos resulte más familiar. Por eso te puede resultar más fácil visualizar a las personas que quieres que un triángulo azul, imaginar tu paisaje favorito que ver el número 716 en una pizarra. Por esta razón, los objetos más simples y los emocionalmente más indiferentes resultan, a veces, los más eficaces para entrenar la imaginación.

No te desanimes si al principio no eres capaz de realizar la más simple de las acciones internas, como pueden ser estas. Si no aparecen las imágenes, si son inestables y borrosas, o son nítidas, pero se desvanecen rápidamente ya tienes ahí una serie de razones por las que estos ejercicios pueden ser útiles. Por tanto, intenta retener una imagen simple en la mente durante algún tiempo, por lo menos dos o tres minutos. Con toda probabilidad cambiará o desaparecerá y ocupará tu mente otra cualquiera. Con paciencia y tranquilidad, haz que tu atención vuelva a ella.

Estos ejercicios son preparatorios para técnicas más complejas que se describen en los capítulos siguientes. Aunque son sencillos, son más que unas pruebas básicas y pueden ser muy útiles por sí solos en muchas ocasiones. Un maestro de escuela contaba:

"Hice que una niña de doce años visualizase unas figuras geométricas y unos números. Por entonces tenía dificultades en la escuela y sus notas eran muy bajas, en especial las de Inglés y Matemáticas. Le resultaba, por ejemplo, muy difícil aprender el presente continuo del verbo "to be". Le pedí que visualizase una pizarra y se viese escribiendo las formas inglesa e italiana con la tiza y que después leyera dos o tres veces lo que había visualizado. Al cabo de un rato recordaba los verbos

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perfectamente. Después de algunos ejercicios durante unos días, vi un cambio radical en su conducta escolar. Estaba atenta y, tan pronto como veía alguna dificultad, venía a pedirme que le dijese dónde se había equivocado. Al fin encontraba los errores por sí misma y yo sólo le servía de apoyo".

EVOCACION TACTIL

Centra tu atención en el tacto, imaginándote en las siguientes situaciones:

Cogiendo a alguno de la mano. Sintiendo su piel, su temperatura, la presión que ejerce en tu mano. Acariciando un gato o un perro. Sintiendo su pelo.

Cogiendo un limón. Sintiendo su superficie. Tocando:

La corteza de un árbol. La fría nieve que cae.

Los pétalos de una flor, pero con cuidado, sin herirla. La arena.

El agua de la lluvia. Una pluma.

Al principio de hacer este ejercicio, combinas las sensaciones táctiles imaginarias con la visualización de lo que estas tocando; entonces imaginas sólo la sensación táctil. Por medio de la sensación táctil percibes lo que estas tocando.

Podemos aprender a dirigir nuestra atención con estos ejercicios. No es tan fácil como parece, puesto que nos bombardean continuamente innumerables estímulos internos y externos que permanecen fuera de nuestro control. Utilizando estos ejercicios llegaremos a aprender paulatinamente cómo se puede servir uno de la concentración de la atención para cambiar su estado de dispersión. Por un momento, la imagen que deliberadamente hemos decidido enfocar va a seguir en fondo de nuestra conciencia y va a desaparecer todo lo demás. Con el tiempo, el resultado será una facilidad cada vez mayor para situar y mantener voluntariamente nuestra atención en cualquier objeto que elijamos.

EVOCACION OLFATIVA

Imagina que estás oliendo: Tu perfume favorito. Gasolina.

Una flor. Una hierba.

El aire puro de la montaña en un pinar. Una hoguera.

El océano. Menta.

Pan recién sacado del horno.

EVOCACION MOTRIZ

Y ahora el sentido cinestésico, por el que conocemos nuestro cuerpo y sus movimientos. Imagina que estás:

Andando y corriendo por una playa: Siente todos los movimientos de los músculos.

Conduciendo un coche: Siente con precisión todos y cada uno de los movimientos que haces al girar el volante, al apretar los pedales, etc.

Nadando, jugando al tenis o al baloncesto o practicando cualquier otro deporte que te guste. Cortando leña con un hacha.

Siempre que exploramos y hacemos uso voluntario de una parte nueva de nosotros mismos, expe-rimentamos un placer intrínseco. Hay un deleite especial en aprender un nuevo nivel que a la vez es sutil y delicado.

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EVOCACION GUSTATIVA

Con la imaginación, nota el sabor, la temperatura y la textura de: Un plátano.

Un Yoghurt. Las almendras. La crema Chantillí.

Imagina que tienes delante tu plato favorito. Fíjate en el sabor, la textura de cada bocado. Siente el cu-chillo y el tenedor en tus dedos y el modo en el que manipulan la comida.

¿Cómo te sientes cuando haces estos ejercicios? Una advertencia: Es de esencial importancia que no estés tenso. Un maestro de esgrima solía decir: "Coge el florete como si cogieras un pájaro: Ni muy fuerte porque se moriría, ni tampoco muy flojo, porque se escaparía". Esta regla se puede aplicar también a la atención. Cuando veas que, al hacer estos ejercicios, estás crispado o en tensión, déjalo: estás matando el pájaro. Si ves que tu mente empieza a divagar, déjalo: el pájaro ha volado.

EVOCACION AUDITIVA

La evocación de sonidos imaginarios es para algunas personas más difícil que la evocación de las percepciones que dependen de otros sentidos; sin embargo, como las demás, incrementa de forma sorprendente la agudeza de nuestras percepciones reales. Un colega mío escribió:

"Después de estar haciendo el ejercicio durante quince días, sin éxito aparente, un hombre de unos cuarenta años vino a verme y contarme lo asombrado que estaba. Se había despertado una mañana pensando que estaba soñando con el sonido de las campanas. Después se dio cuenta que este sonido era real y que venia de la iglesia que había cerca de su casa. Su sorpresa se debió a que era la primera vez que oía este sonido desde que vivía allí".

Cierra los ojos y escucha los siguientes sonidos imaginarios: Una voz que te llama por tu nombre.

El ruido del tráfico. La lluvia.

La gente que hay en una fiesta. Las olas que rompen en la playa. Los niños jugando.

Una puerta que chirría.

Un gong que se va apagando poco a poco hasta desaparecer en el silencio.

Capítulo 2

REFLEJOS DE UN MUNDO MÁS DISTANTE

Algunas de nuestras actitudes, que en otro momento han tenido su razón de ser, pueden resultar ahora obsoletas. Para demostrarlo el psicólogo suizo Baudouin tiene el siguiente ejemplo:

"Un pasajero de autobús solía observar la norma oficial que obliga a conservar el billete en todo mo-mento a disposición del revisor. Al bajar del autobús, estuvo haciendo unas compras. Al cabo de unas horas, mientras hacía juegos malabares para sostener unos paquetes y sacar la cartera y el dinero, se dio cuenta de que había tenido el billete durante todo este tiempo en la mano como si estuviese pendiente del revisor.

¿Qué mecanismo psicológico fue el causante de esta situación tan absurda? Alguien podría clasificarlo como inercia o automatismo. Sin embargo, si ha habido automatismo, no ha sido un automatismo

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puro: La primera orden se convirtió en una directriz inconsciente de la conducta del hombre; pero, además de eso, puso en marcha una serie de contorsiones ingeniosas y complejas que requieren iniciativa y decisión para cumplir la norma tan a conciencia como si su propia vida dependiese de la eficacia con que conservase el billete caducado".

Seguimos teniendo miedo cuando no hay razón para preocuparse: nos aferramos a resentimientos pasados, estamos deprimidos sin tener por qué, seguimos llevando en la mano el billete caducado mucho después de bajar del autobús.

Cuando se descubren los esquemas que nos empujan a tan inútiles gastos de energía, pierden su fuerza y a veces llegan a desaparecer, como es el ejemplo del billete de autobús, para que ocupen su puesto unas tendencias nuevas y creativas

Este trabajo es más fácil si se cuenta con la ayuda de un guía, ya que los viejos esquemas tienden a perpetuarse y servirse de cualquier truco para evitar que los descubran. Pero disponemos de algunos medios directos y poderosos para descubrir por nosotros mismos la existencia y el origen de nuestros hábitos inconscientes y obsoletos.

Por definición, el inconsciente es la parte de nosotros que no es inmediatamente accesible a nuestro entendimiento. Sólo lo podemos conocer por hechos accidentales, como un lapsus, o utilizando técnicas concretas creadas para eludir la censura del consciente: análisis de los sueños, imaginación, escritura, movimientos corporales, libre asociación, varios tipos de tests, etc. A esto se le puede unir el dibujo libre, que quizás sea la técnica más fácil y práctica.

En el dibujo libre dibujamos cualquier cosa que nos venga a la mente, sin importar el estilo, el método o el tema. Después vemos el resultado e intentamos interpretarlo. También se puede dibujar un tema concreto: una cualidad, un problema, un proyecto, un obstáculo, un trauma, el futuro, una situación, etc. Los resultados pueden ser diversos:

Purificación. Vemos la falta de higiene física como un detalle de falta de civilización Pero, ¿qué pasa

con la falta de higiene psicológica? Nuestra civilización induce a muchos sentimientos, al mismo tiempo que inhibe su manifestación. La consecuencia es que la represión de estas emociones determina nuestras actitudes, bloquea los movimientos libres de nuestro sistema psicofísico y genera un menor o mayor número de perturbaciones. El dibujo libre hace que se pueda ver fuera una imagen de la energía psíquica inconsciente que nos bloquea desde dentro, con lo que pierde el dominio que tiene sobre nosotros.

Entendimiento. Al observar esta manifestación de fuerzas plasmadas en el papel, podemos conseguir

una mejor perspectiva de nuestros mundos internos.

Para explicar las variaciones de Urano que no se podían justificar con las fuerzas conocidas, el astrónomo francés Leverrier postuló la existencia de un planeta desconocido. Así se descubrió Neptuno. Nuestras fuerzas inconscientes interiores se podrían comparar a un planeta desconocido: ejercen una influencia en nuestro comportamiento sin saberlo nosotros. Con la comprensión de nuestros dibujos libres llegará el conocimiento de lo que determina nuestras acciones y actitudes. Podríamos también explicarlo de este modo: es como si tuviésemos una máquina parecida a la pantalla de un televisor y esta máquina pudiese sintonizar nuestro inconsciente y transformar sus impulsos sutiles e invisibles en representaciones en color de campos de energía, visibles en una pantalla, de tal manera que viéndola podríamos percibir claramente la interacción de las fuerzas que hay dentro de nosotros mismos. Como podemos ver, el dibujo libre nos muestra, con riqueza y a veces con precisión, las energías y los sentimientos que motivan misteriosamente nuestras vidas y que no se pueden describir con palabras.

Liberación. El entendimiento hace que uno se libere del control de las energías del consciente. Al

igual que el hombre del ejemplo se da cuenta de que ya no necesita seguir guardando el billete, nosotros podemos ver que somos capaces de prescindir de lo que nos estaba guiando

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DIBUJO LIBRE

1.Coge varios lápices de colores y papel. Antes de ponerte a dibujar, date unos momentos de relax y tranquilidad.

2.Deja que tu mano dibuje libremente y observa con curiosidad lo que está dibujando en el papel. 3.Deja que la mano dibuje lo que quiera, ya sea abstracto o concreto. No te preocupes por lo que salga, aunque no coincida con la imagen que tienes de ti mismo. Y, según vayas dibujando, deja que tu mano se mueva con espontaneidad, ya sea con movimientos bruscos o suaves, lentos o rápidos, etc.

4.Cuando creas que ya has terminado, analiza el dibujo. ¿Está completamente terminado o necesita un toque final? Si es así, termínalo como mejor te parezca.

Podríamos aceptar nuestro dibujo como si fuese una persona que viene de tierras lejanas, y cuyas costumbres son muy diferentes a las nuestras. En vez de juzgarlo de un modo intelectual deberíamos tener en cuenta la historia del dibujo. Este dibujo puede representar algo nuevo y distinto de lo que siente nuestra mente superficial. Tratamos de sintonizar con él y captar por intuición el mensaje que nos da sobre nosotros mismos.

Lo miramos de nuevo, ahora de un modo más analítico. ¿Qué estilo tiene? (¿Infantil, elaborado, nervioso, mecánico, etc.?). ¿Cómo hemos usado los colores? (Observa la profusión o la falta de color, contraste o armonía, brillo u oscuridad, etc.). ¿Cómo está representado el espacio? (¿Sobrecargado, vacío, opresivo, impersonal, agradable, irregular?). ¿Es un dibujo estático o dinámico? (Si hay movimiento, si es fluido, irregular, tortuoso, violento, etc.). ¿Qué relación hay entre los objetos representados? (¿Están en contraposición, aislados, revueltos, dibujados aparte?). ¿Cuál es el ambiente en general (tenebroso, alegre, cargado, etc.)?

Después de transformar las fuerzas internas en figuras visibles intentaremos transformar las figuras visibles en inteligencia ordinaria y en palabras. Si seguimos con el dibujo, sus colores, formas y otros y otros detalles pueden producir en nosotros una serie de asociaciones libres, algún sentimiento, un recuerdo o un destello intuitivo.

Al cabo de un rato damos la vuelta al dibujo y escribimos lo primero que nos llegue a la mente. De momento ha de quedar claro que la interpretación es algo más que una operación intelectual, que no necesitamos ningún código determinado para descifrar nuestro dibujo y lo que vale es la intuición, no la especulación. Si no surge la intuición, dejamos a un lado el dibujo y volvemos a verlo cuando hayamos hecho otros o haya pasado un tiempo. Entonces nuestra percepción podrá ser más rica. Y, aun cuando nuestros dibujos sean jeroglíficos indescifrables, habremos satisfecho, al menos en parte, una necesidad vital: la necesidad de expresión. Mucha gente encuentra un placer nuevo y pueril en jugar con lapiceros y pinturas, en soslayar el control del intelecto, y en experimentar la pura satisfacción de una creación gratuita.

Cuando hayamos hecho varios dibujos, podremos observar la aparición de una gran variedad de formas. Podremos vernos dibujando flores, cara a cara con demonios, ovnis, hombres sin cabeza, hormigas gigantes, caras desconocidas, etc. De este modo llegamos a ser conscientes de la variedad increíble de energía que hay dentro de nosotros. Cada una de ellas se puede observar como una entidad psíquica real con vida propia. El que no podamos ser capaces normalmente de ver o de tocar estas vidas no significa que no existan. Un joven escribió:

"Solía tener pesadillas con ratas y ratones. Para mí las ratas siempre simbolizaban algo terrible, repugnante, desagradable, de lo que no me gustaba ni siquiera hablar. Había en mí algo que me impedía mirarlas directamente, ¡Tan repugnante me resultaba verlas! Entonces, cuando se me dijo que hiciese algunos dibujos libres me vinieron las ratas a la mente y las dibujé: ratas con dientes grandes, ratas con ojos rojos, ratas que salen de la basura, ratas que traían la destrucción y la rabia, ratas que amenazaban al mundo, ratas que acechaban en la oscuridad esperando atacar, ratas hambrientas que devoraban cuerpos y roían huesos, ratas que saltaban de los retretes y corrían por todas partes.

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Para mí representaban la esencia del diablo. No paraba de preguntarme si esto era mi propia faceta diabólica o era el diablo que andaba por el mundo. Lo volví a dibujar. Al principio estaba asustado; pero después empezó a gustarme y me encontraba más relajado.

Unas noches después tuve un sueno. Soñé con ratas; pero no era una pesadilla. Era un paraíso de ratas. Todas estaban jugando, bailando, cantando, y estaban transfiguradas. Algunas llevaban ropas bonitas, y su piel sin ropas era bella y suave. Llegué a querer tocarlas. Todo el ambiente era divertido, y me desperté con estas palabras en la cabeza: "El placer del agradecimiento". Parecía que las ratas estaban contentas porque había aceptado su existencia. Tan pronto como las acepté, transformaron.

Aunque todavía tengo que trabajar mucho, me siento mucho más seguro y cómodo con lo irracional que hay dentro de mí".

Algunas veces las transformaciones son tales que se duda en dar crédito al dibujo libre. Tomemos el caso de Ilaria. Aunque había probado varias técnicas psicosintéticas, fue un dibujo libre lo que le facilitó un mayor conocimiento de lo que se estaba haciendo a sí misma, con lo que logró liberarse. En el dibujo había dos hombres luchando. "Están intentando castrar al contrario", explicó Ilaria, "la mujer que está al lado sin brazos ni piernas, sin fuerzas, soy yo. Todo el dibujo era negro con excepción del corazón de la mujer, que era rojo pero estaba sujeto con dos bandas negras. Ilaria pensó en dos cosas, mientras estudiaba el significado de su dibujo. Una era su actitud ante lo que había sucedido a su alre-dedor: "Estaba apartada y observaba impotente la crueldad del mundo". La otra era que Ilaria tenía una gran vitalidad en su corazón rojo encadenado. Cuando le pregunté cómo había podido utilizar estas ideas para transformar su vida diaria, me respondió:

"Antes, cuando me encontraba en un grupo de gente, permanecía en silencio a no ser que me pregun-tasen. Ahora que conozco este ejemplo de limitación de la personalidad voy a la cabeza y hablo aun-que no me pregunten.

En yoga estoy logrando hacer posturas que antes no podía realizar ya que mi cuerpo estaba en tensión por este miedo a expresarme.

Cuando veo a la gente triste ya no pienso que soy la causa de su tristeza. Rompo el hielo y basta con un gesto o una palabra para comenzar una conversación".

Un gesto... Algo que he notado en Ilaria es que cuando me hablaba algunas veces tenía las manos fuera de mi vista, detrás, en la espalda. Esta costumbre la representó en el dibujo al faltarle las manos a la mujer. Ahora, cuando habla de sus descubrimientos, Ilaria hace dibujos graciosos con sus manos en el aire.

Sin embargo, no podemos esperar siempre tanta información en todos los dibujos. Normalmente el trabajo es modesto y lento. Poco a poco nos vamos familiarizando con nuestros estilos, talantes e impulsos inconscientes. Y conseguimos resultados de verdadero valor haciendo una serie de dibujos libres. A partir de estas series podemos descubrir en nosotros mismos esquemas básicos que podrían haber pasado inadvertidos si hubiésemos visto un solo dibujo. La interpretación resulta más fácil al tener una perspectiva mayor. Además, los temas verdaderamente importantes se manifestarán una y otra vez de diversas formas, por lo que, al tener más material a nuestra disposición, nos resulta más fácil distinguir entre lo casual y lo esencial de lo que hemos dibujado. Finalmente, podemos descubrir que en una serie de dibujos hechos en un breve periodo de tiempo se ve ya una verdadera transformación: los sentimientos que más nos atormentan, aunque sean efímeros, son los primeros que se plasman en el papel, permitiendo que las capas más profundas y serenas de nuestro ser salgan a la luz después. Una mujer escribió:

"Estaba viviendo una racha de miedo porque tenía que pasar las Navidades sola. Estaba en un estado de fuerte tensión emocional y no sabía como hacerle frente.

Entonces empecé a hacer dibujos libres. Cada dibujo me trasladó a otra dimensión, y en cada una de ellas sentía la sensación de que me dejaba llevar. Seguí dibujando todos los días, hasta que por fin me pareció que ya había terminado. Entonces noté una tremenda claridad: estaba en contacto con mi intuición y empezaron a producirse algunas sincronicidades.

Me sentía como si me hubiese trasladado por encima de las nubes a la plena luz del sol".

Después de hacer algunas prácticas de dibujo libre, podemos seguir con nuestra autoexploración, por lo menos de tres formas distintas: Los movimientos corporales, la imaginación y la escritura. Como

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ocurre en el dibujo se pueden utilizar libremente o fijándolas deliberadamente en uno o varios temas concretos.

Con los movimientos corporales llegamos a ser conscientes de la resonancia orgánica que produce a nivel físico un conjunto de emociones psicológicas, que después expresamos con unas posturas o movimientos, como si fuésemos una estatua que simboliza estas emociones o un danzarín que las representa con su coreografía. De este modo llegamos a conocerlas mejor y basta se puede llegar a producir algún cambio. Las personas que están más pendientes de su cuerpo que otras se dan cuenta de que esto tiene una utilidad especial para trabajar a este nivel: descubren que mientras trabajan sólo a niveles psicológicos o mentales no pueden comprender claramente lo que pasa dentro de ellas.

Utilizar la imaginación es dejar que el tema psicológico con que estamos trabajando tome una forma concreta ante el ojo de nuestra mente. Estamos trabajando, por ejemplo, con el miedo. ¿De qué color es?. ¿Qué tamaño y figura tiene?. ¿Cómo es al tacto?. ¿Cómo huele?. ¿A qué se parece su sonido y, si habla, qué nos dice?.

Pueden producirse considerables cambios personales, especialmente con imágenes de fuerte carga negativa. En varias ocasiones he podido apreciar que mis clientes veían pulpos, ratones, murciélagos, monstruos imaginamos de todo tipo, brujas y hechiceros, y toda clase de seres siniestros. A veces mis clientes se asustaban y veían representados en la pintura algunos aspectos de su propia personalidad que estaban muy arraigados o sin resolver. A todos les pedí tan sólo que hiciesen cara a estas criaturas abominables, que se familiarizasen con ellas, que las entendiesen y oyesen sus mensajes.

El secreto está en tener siempre valor para enfrentarse a la imagen negativa y paciencia para estar con ella. Muchas veces se produce la transformación cuando nos enfrentamos a ella durante el tiempo suficiente y dejamos que afloren libremente los sentimientos correspondientes.

Sin embargo, si aparece alguna imagen que siga dándote miedo, incluso después de hacerle frente abiertamente, te sugiero que la dibujes una o varias veces. Después de algún tiempo, esta imagen se manifestará con más nitidez y se transformará en algo más útil.

Algunas veces puede servir de ayuda trabajar al mismo tiempo con el cuerpo y la imaginación, ya sea empezando con una sensación corporal para que aparezca después una imagen que la represente o siendo conscientes de las reacciones corporales específicas y hasta sutiles que puedan continuar según vamos trabajando con esta imagen.

La escritura, el tercer método, puede ser mucho más eficaz de lo que podríamos pensar. Si empezamos por escribir libremente sobre el hecho que nos preocupa nos encontraremos expresando cosas que nunca habíamos pensado. Tenemos que formular explícitamente lo que sentimos implícitamente, con lo que aclaramos lo que pudo haber sido un turbio pantano. En este proceso también podríamos llegar a conclusiones sobre el camino a seguir.

No debería sorprendernos que el material inconsciente surja tan fácilmente en nuestra escritura. Las barreras que separan el submundo del inconsciente del área iluminada de la consciencia no son tan grandes, sino que, por el contrario, hay una ósmosis permanente entre los dos. La escritura estimula este intercambio y nos permite observarlo, dirigirlo y entenderlo.

En estos métodos el conocimiento es el primer paso. Después de familiarizarnos con nuestros modelos limitativos, después de observarlos con objetividad, algo habrá cambiado, ya que cualquier sistema que se descubra y se afronte plenamente cambia. Después de esta primera valoración, se pueden reemplazar las tendencias destructivas por otras más funcionales. Crear una nueva línea de fuerza es como abrir un nuevo camino en la jungla. Cuando hemos llegado a conocer la naturaleza de nuestro temor, por ejemplo, cambiamos nuestra actitud ante él; reemplazamos una tendencia a la depresión por la de gozo o una posición de suspicacia y hostilidad por una de franqueza.

En otros momentos podemos ver cómo un elemento o esquema aparentemente negativo lleva dentro la semilla de un desarrollo natural. La ira puede convertirse en autoafirmación; la sensibilidad excesiva, en amor; la testarudez, en tenacidad. En este caso, como ya veremos en este libro, nuestra misión es facilitar ese desarrollo con los medios adecuados.

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Resumiendo: En una alegoría de Platón, el guardián de una gran bestia la observa atentamente. Poco a poco va conociendo sus deseos y lo que le molesta, cómo acercarse a ella, dónde puede tocarla y dónde no, cuándo está irritada y cuándo está tranquila, qué sonidos hace según su genio, cuáles son las palabras que la excitan y cuáles son las que la sosiegan. Según esto, el guardián crea un método basándose en todas estas observaciones: llama 'bueno" a lo que le gusta a la bestia y "malo" a lo que no, y subordina su idea de la realidad a los caprichos de la bestia. Entonces, a este conjunto global de conocimientos lo llama "sabiduría".

Para Platón, la gran bestia representa a la sociedad que somete al individuo para halagarlo después con la ilusión de la lucidez. Esta metáfora también es válida para lo que ocurre dentro de un individuo. Podemos ver la gran bestia como la representación de nuestro lado opaco, inconsciente e irregenerado. Podemos estar completamente a merced de ella y ni siquiera darnos cuenta; pero podemos encararnos a la gran bestia y hacer que deje de ser un amo intransigente para convertirse en un aliado.

Capítulo 3

MAPAS

Después de los primeros ejercicios, dedicados a la exploración del inconsciente, trataremos en los capítulos siguientes otros temas básicos de psicosíntesis. Pero, antes de continuar esta aventura, conviene que nos familiaricemos de forma general con las diversas dimensiones que estamos visitando y la terminología que vamos a utilizar. Para ello utilizaremos dos mapas que son representaciones visuales y esquemáticas de nuestra realidad interna. Como todos los mapas, son versiones insuficientes y estáticas de un territorio real; pero son muy útiles para facilitar la exploración y evitar malentendidos.

El llamado "diagrama del huevo" de Assagioli (Figura 1) representa toda nuestra mente. Las tres divisiones horizontales del óvalo representan nuestro pasado, presente y futuro. Las tres están activas en nosotros, aunque de diferentes maneras. El "inconsciente inferior" (1) representa principalmente nuestro propio pasado psicológico, como complejos reprimidos y recuerdos olvidados.

Como hemos visto en el capítulo anterior, si queremos estimular conscientemente nuestro desarrollo, tenemos que investigar nuestro inconsciente inferior. De no hacerlo así, puede ser causa de confusión al acumular energía reprimida, controlar nuestras acciones y privarnos de nuestra libertad.

En el inconsciente medio(2) es donde están todos los niveles y estados de la mente que podemos hacer pasar voluntariamente a nuestro campo de consciencia (4) lo que, para ti por el momento, es este libro y su contenido.

Nuestro futuro evolutivo comprende los estados del ser, del conocimiento y de los sentimientos que podríamos llamar el superconsciente(3). Para Assagioli el superconsciente es la región desde donde "recibimos nuestras mayores intuiciones e inspiraciones artísticas, filosóficas o científicas, 'imperativos éticos' o impulsos para realizar actos humanitarios y heroicos. Es el origen de los sen-timientos más elevados como pudiera ser el altruismo, del genio y de los estados de contemplación, iluminación y éxtasis". La investigación del superconsciente es una de nuestras grandes labores.

La diferencia entre el inconsciente "inferior" y el "superior", o superconsciente, depende de la evolución; no de la moral. El inconsciente inferior sólo representa nuestra parte más primitiva, nuestro principio, por decirlo de alguna forma. No es malo, sino únicamente lo más antiguo. Por otro lado, el superconsciente constituye todo lo que todavía podemos alcanzar durante nuestra evolución.

Sin embargo, no es una mera posibilidad abstracta, sino una realidad viva con existencia y poderes propios.

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Nuestra mente no está aislada. Se baña en el mar de lo que Carl Jung llama el inconsciente colectivo (7). Para Jung el inconsciente colectivo es "la condición previa de cada mente individual, lo mismo que el mar es el portador de cada ola". Observa que todas las líneas están hechas con trazos discontinuos para dar a entender que no hay compartimentos rígidos que puedan impedir la interacción entre todos los niveles.

¿Quién experimenta estos niveles?. El yo. En los primeros pasos de la evolución del hombre, el conocimiento del yo no existe. Para la mayoría de nosotros existe en estos momentos en una forma más o menos velada o confusa. Nuestra labor es conseguir la experiencia necesaria en su estado puro como yo personal(5).

El yo personal es un reflejo o un avance del Yo transpersonal(6), suficiente para darnos un sentido de precisión e identidad. Vive en el nivel de la individualidad, donde puede aprender a regular y dirigir los distintos elementos de la personalidad. El conocimiento del yo personal es una condición previa para la salud psicológica.

La identificación con el Yo transpersonal es un caso extraño, para unos es la eliminación de años de trabajo; para otros, una experiencia extraordinaria e inesperada. En la antigüedad se describió con las palabras del sánscrito sat-chit-ananda: ser-consciencia-felicidad. El Yo transpersonal, aunque mantiene un sentido de individualidad, se halla al nivel de la universalidad, en el reino donde los planes y asuntos personales están eclipsados por la visión más amplia de la totalidad. La percepción del Yo transpersonal es indicio de plenitud espiritual.

El Yo Personal y el transpersonal son, de hecho, la misma realidad experimentada en niveles diferentes: Nuestra verdadera esencia tras cualquier tipo de máscara y acondicionamiento.

El "Diagrama de la estrella" de Assagioli (Figura 2) representa nuestras funciones psicológicas. Esclarece otros aspectos de nuestro mundo interno, en particular la relación de nuestras diversas funciones psicológicas con el yo y con la voluntad.

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En el proceso de psicosíntesis una persona pasa de ser una colección desordenada de tendencias inconexas a ser un conjunto armónico significativo que rodea un núcleo central: el yo. Con la intervención de la voluntad, el yo puede regular cada función del organismo psicofísico.

Capítulo 4

UNA MULTITUD DE VIDAS

Una de las ilusiones más nocivas y engañosas puede ser el creernos un ser indivisible, inmutable y completamente consecuente. Entre los primeros trabajos a realizar en la aventura de la psicosíntesis, aunque resulte sorprendente, está comprender que no es así, sino todo lo contrario.

Podemos percibir fácilmente nuestra multiplicidad actual al darnos cuenta de cómo modificamos a veces nuestra visión general, cambiando nuestro modelo del universo con la misma facilidad con que cambiamos de ropa. Así, pues, la vida puede parecernos al mismo tiempo una rutina, un baile, una carrera, una aventura, una pesadilla, un enigma, etc.

Nuestros variables modelos del universo matizan nuestras percepciones e influyen en nuestra forma de ser. Y para cada uno de ellos tenemos una imagen característica y una serie de posturas corporales y de gestos, sentimientos, comportamientos, palabras, hábitos y creencias. Toda esta constelación de elementos constituye por sí misma un tipo de personalidad en miniatura, o, tal y como lo llamaremos a partir de ahora, una subpersonalidad.

Las subpersonalidades son satélites psicológicos que coexisten como una multitud de vidas dentro del conjunto global de nuestra personalidad. Cada subpersonalidad tiene un estilo y una motivación propia, que a veces difiere de forma sorprendente de las que tienen las demás. El poeta portugués Fernando Pessoa dice: "En cada rincón de mi alma hay un altar a un dios diferente".

Cada uno de nosotros es una multitud. Se pueden juntar el rebelde y el intelectual, el seductor y el ama de casa, el saboteador y el asceta, el organizador y el vividor, cada uno con su propia mitología y todos amontonados con más o menos comodidad en una sola persona. A veces distan mucho de estar en paz unos con otros. Como escribió Assagioli: "No estamos unificados; a veces creemos que lo estamos, porque no tenernos muchos cuerpos ni muchos miembros, y porque normalmente una mano no choca con otra. Pero, en sentido metafórico, esto es exactamente lo que pasa dentro de nosotros. Hay varias subpersonalidades que están en una continua disputa: Impulsos, deseos, principios, aspiraciones, están enredados en una lucha incesante".

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RECONOCER LAS SUBPERSONALIDADES

Nuestro trabajo empieza por reconocer nuestras principales subpersonalidades: esto nos ayudará mucho para poder controlar y armonizar sus energías. Los siguientes ejercicios te introducirán en este concepto de una manera más concreta.

1.-Fíjate en uno de tus rasgos, actitudes o características más relevantes.

2.-Con los ojos cerrados, toma plena consciencia de esta faceta. Después, deja que aparezca una imagen que la represente. Puede ser una mujer, un hombre, un animal, un objeto, tú disfrazado, o cualquier otra cosa. No te esfuerces por encontrar una imagen. Deja que surja espontáneamente, como si la vieses en una pantalla sin saber qué es lo que va a salir en ella.

3.-Tan pronto como haya aparecido la imagen, dale la oportunidad de revelarse a ti, sin ninguna interferencia o prejuicio por tu parte.

Deja que cambie, si tiende a hacerlo espontáneamente, y que te enseñe cualquier otro aspecto suyo, si así lo quiere.

Entra en contacto con el sentimiento general que emana de ella.

4.-Ahora, deja que la imagen hable y se exprese. Dale espacio, por así decirlo, para que se mueva y, sobre todo, intenta enterarte de lo que necesita. Habla con ella (aunque tu imagen sea un objeto, puede contestarte; todo es posible en el mundo de la imaginación).

Tienes ante ti una subpersonalidad, una entidad con vida e inteligencia propias. 5.-Ahora, abre los ojos y anota en un cuaderno todo lo que ha sucedido en este tiempo.

Después, ponle un nombre a esta subpersonalidad, un nombre adecuado que te ayude a identificarla en el futuro: El Quejica, el Artista, la Perra, Santa Claus, el Escéptico, "Tiburones", el Inseguro, el Pulpo, el Marinero Borracho, el Payaso, "Ya te lo Dije", etc.

Por último, escribe algo sobre sus rasgos, hábitos y peculiaridades.

6.-Después de que hayas identificado y descrito con todo detalle una subpersonalidad, puedes seguir con las demás; pero tómate tu tiempo y sigue trabajando con una sola hasta que veas que has terminado. Hay que seguir el proceso tomando unos pocos rasgos, actitudes o detalles y seguir con cada uno de ellos los pasos del 1 al 5.

También puedes descubrir otras subpersonalidades al hacer inventario de tus diversas formas de ver la vida, revisando tu conducta en diversas situaciones y considerando tus distintas formas de ser. Descubriendo así nuestras subpersonalidades adquirimos un medio rápido de conseguir una imagen relativamente clara de nuestra vida interior. A su vez, esta claridad puede hacer que nos encontremos más cómodos con todos estos huéspedes interiores que tienen sus propias fiestas o luchas dentro de nosotros.

Cuando reconocemos una subpersonalidad, podemos separarnos de ella y observarla. En psicosíntesis llamamos a este proceso “des-identificación". Como todos tenemos tendencia a identificamos con, o ser uno con, esta o aquella subpersonalidad, llegamos a creer por completo que lo somos. La desidentificación consiste en apartarnos de esta ilusión y volver a nuestro yo. Esto está acompañado algunas veces por una sensación de discernimiento y liberación.

En otros momentos el reconocimiento de la subpersonalidad también está acompañado de un sano sen-timiento de desánimo o de alarma, como, por ejemplo, cuando una mujer que ha reconocido de repente su subpersonalidad de Víctima exclama: "Si dejo de quejarme, ¿qué otra cosa puedo hacer?". Incluso otras personas, después de haber reconocido una subpersonalidad, en especial si está profundamente arraigada, de repente se sienten desarmadas e indefensas, como si se hubiesen quedado sin coraza, que es lo que ha pasado en realidad. De todos modos, cualquiera que sea la respuesta emocional inicial, el conocimiento es mayor y, por consiguiente, hay más libertad. Pero veamos algunos ejemplos concretos.

Robert, un joven médico, está bloqueado por una rigidez interna que interfiere en sus relaciones con los demás y, además, le resulta molesta. Hay una subpersonalidad que juzga y critica constantemente

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cualquier cosa que hace o dice él o los demás. Es como si tuviera dentro a un moralista predicando incesantemente durante todo el día.

Cuando deliberadamente se da cuenta de ello e intenta que se produzca una imagen, Robert ve un cura viejo con gafas, ceñudo, severo y con sotana. Tan pronto como puede ver la imagen con claridad, descubre también los rasgos de la rigidez que lo ha estado controlando. Si antes notaba como un vago malestar y se limitaba a soportarlo, ahora se siente por primera vez capaz de liberarse de él.

Después de des-identificarse varias veces de la subpersonalidad del cura intransigente, Robert escribe: "Ahora juzgo menos a los demás, en especial a mis padres. Puedo comprender mejor por qué se comportaron como lo hicieron. También soy menos impaciente conmigo mismo y me siento más seguro. Puedo ver que la vida es complicada y misteriosa, y han aumentado mis sentimientos de comprensión y compasión hacia los demás y hacia mí mismo".

Marco es un hombre alto de unos treinta años. Cuando viene a mis grupos se meten con él, a veces, otros miembros. Sin saberlo, toma una actitud que deja a los demás fuera de juego. Ellos llegan a enfadarse con él y a veces lo convierten en cabeza de turco.

Marco se dio cuenta pronto de que la culpa de todo esto la tenía una subpersonalidad a la que él llamaba "el Barón". El Barón es el resultado de varios amaneramientos que adopta Marco para asombrar a los demás con lo que sabe y hacer que estén pendientes de sus palabras. Él lo describe así; "La imagen que representa esta subpersonalidad es la mía propia, en medio de la biblioteca de una vieja universidad, que parece un teatro griego, con asientos alrededor de un semicírculo. Yo, El Barón, estaba de pie en medio de la sala, dentro de una jaula de cristal, con una toga blanca y declamando. El sentido de lo que digo no tiene importancia; lo que cuenta son mis ademanes teatrales.

Las personas que están alrededor de mí pueden oír mi voz y ver mis movimientos. Pero hay entre no-sotros una separación completa, cortante y espantosa. Veo a la gente que me rodea como peces que se mueven en silencio en un acuario y me cuesta mucho su falta de realismo y de sentimientos".

Estas imágenes corresponden a un modelo muy concreto de la vida de Marco: las veces que empieza a bombardear a la gente con nombres, fechas y citas como si les estuviera atacando y haciendo que se sientan inferiores. Es una forma de expresarse que no deja lugar a los demás. Después de haber observado estos hechos durante algún tiempo, Marco ve y admite que esta subpersonalidad está producida por el miedo y que, al mismo tiempo, produce en los demás sentimientos agresivos. El descubrimiento llegó a Marco con una repentina conmoción. Está pasando una racha de desánimo. Llegamos ahora al punto crucial. ¿Qué pasa cuando Marco se ha dado cuenta de que tiene esta faceta? He aquí su descripción:

"Me sentía muy diferente. Ahora suelo estar mucho más contento y mis relaciones con los demás son mucho más directas. En mi vida diaria me retengo cada vez que veo que va a entrar en acción esta subpersonalidad. Me doy cuenta de que cada vez que soy el Barón mi lenguaje cambia por completo. Empiezo hablando de una manera pomposa, dura y fuera de lugar. Pero ahora que soy consciente de este hecho, tan pronto como esto empieza a suceder hago todo lo posible por evitarlo".

La última observación de Marco es muy importante. No basta con conocerse a sí mismo: hay que

dominarse también. Necesitamos formar, poco a poco, una facultad que nos dirija y evite que nos

quedemos dormidos de forma mecánica en esta o aquella subpersonalidad. De esta forma, llegamos a poder identificamos con cada parte de nuestro ser tal y como lo deseemos. Aún tenemos más donde elegir: es la diferencia que hay entre ir en una montaña rusa, sin poder hacer nada, y conducir un coche, poder elegir el camino a seguir y saber cuál es la razón de este viaje.

El trabajo de Kees sobre las subpersonalidades nos explica esta diferencia. Kees es un holandés de unos treinta años, hombre brillante y con sentido del humor que ha vivido en diversas subculturas, la política y la psicodélica, la académica y la mística. Su trabajo sobre las subpersonalidades es ejemplar en varios aspectos, destacando por su integridad entusiasta y su aire desenfadado

"Para mí fue el trabajo más fructífero que he hecho en psicosintesis. Hablé con mis subpersonalidades, coleccioné comics con personajes que representaban mis distintas partes, e incluso pensé en las

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