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EL HECHO PRIMORDIAL

In document Psicosíntesis-Piero_Ferrrucci (página 43-47)

Durante mi preparación con Assagioli, solíamos pasear por su pequeño jardín, discutiendo diversos tópicos, desde la dieta alimenticia a la idea budista del no-ego, desde Dante al significado del perfume, desde los peligros de la "contaminación psíquica" hasta la cibernética, de los mandalas a la estructura del universo. Como Assagioli tenía problemas auditivos en los últimos años de su vida, le escribía siempre mis preguntas; pero algunas veces, para mantener la conversación, tenía que volver a preguntar o exponer algunas objeciones cuando él hablaba. Mi juvenil diligencia al preguntar al viejo y sabio maestro, el humor ridículo de los gritos y las dificultades, en ocasiones, para entender en la quietud del jardín separado del tráfico ruidoso de Florencia tan solo por un muro y, por fin, el inspirado sentido común de las repuestas reflexionadas pero rápidas de Assagioli se combinaban para dar un toque mágico a aquellos momentos. Los recuerdo con la gratitud que uno guarda para los mejores regalos de la vida. Pero me viene a la memoria uno de esos extraños momentos que más llamó mi atención. Había escrito una pregunta en la que entre otras cosas, me refería casualmente a "seguir nuestros sentimientos", dando por sentado que esa era la actitud ante la vida que deberíamos asumir todos. Cuando Assagioli llegó a ese punto en sus comentarios me miró y con mucha educación, pero con firmeza, me dijo:

"Pero tú no debes seguir tus sentimientos". Lo dijo como si fuera completamente obvio. Tus sentimientos deben seguirte".

Me vine abajo con esta observación. Después de todo pensé, ¿No se daba por supuesto que debemos atender más a nuestros sentimientos, machacados tan brutalmente por nuestra sociedad competitiva, incrementando el malestar psicológico que nos rodea?. Seguro que deberíamos darnos de lleno a las demandas naturales de nuestra vida emocional. Ese es mi credo. ¡Y allí estaba aquel anciano diciéndome que mis sentimientos tenían que seguirme! !Cómo sonaba aquello de autoritario y de raro! Esta afirmación, al mismo tiempo, despertó mi curiosidad, quizá por lo desarmado que me había dejado. Pronto me di cuenta de la importancia del problema. ¿Debemos dejar que nuestros sentimientos sean los primeros factores al decidir lo que hay que hacer en las distintas situaciones de nuestra vida? Y si no, ¿qué parte de nosotros debe determinar nuestro modo de actuar?

Si miramos más de cerca la situación, vemos claramente que los sentimientos son ingredientes necesarios en la vida de cada uno: son una fuente inagotable de placer, facilitan la comunicación, dan vigor y color a todo lo que hacemos, vitalizan las ideas y reflejan las intuiciones.

Y ahora, al seguir a nuestros sentimientos, nos pueden invadir las emociones de otros individuos; distorsionar nuestra percepción del mundo; causarnos perjuicios, confusión e histeria; vernos torturados por ser demasiado sensibles; y estimular la regresión a nuestro pasado ancestral. La clave esta en que no podemos confiar indiscriminadamente en nuestros sentimientos como si fueran oráculos: si lo hiciésemos nos equivocaríamos de camino. Por otra parte, no los podemos menospreciar porque reprimiríamos una dimensión preciosa de nuestro ser

La clave para mantener nuestros sentimientos en la perspectiva más adecuada, y eso es lo que Assagioli quiere decir con su observación, está en evaluar la situación con atención y con un punto de vista centrado. Desde el ego podemos ver un sentimiento particular en su dimensión real. ¡Podemos saber todo lo cierto que es y decidir qué hacer con él! Desde el interior de nuestro ser podemos elegir qué sentimientos de nuestra psiquis merecen la luz mágica de nuestra atención y cuáles conviene dejar en la oscuridad. Es algo que depende de nosotros y cada uno tiene la capacidad de dirigirlo como quiera.

Pero, ¿Cómo podemos enfrentarnos a esos sentimientos que nos angustian? Cuando la depresión, el resentimiento, la envidia, el miedo, la ansiedad y otros sentimientos de ese tipo aparecen, se nos brindan por lo menos tres posibilidades: podemos ofrecerles toda nuestra atención, escucharlos, entenderlos y expresarlos. O podemos decidir no hacerles ningún caso, a menudo una medida necesaria y útil.

La atención alimenta. Muchos individuos se han dado cuenta de que, cuando quieren olvidar un sentimiento obsesivo, pueden fijar su atención en otra cosa. Apartan su foco de ello y se enfrascan en alguna actividad, como si el sentimiento no existiera. Aunque se queje en la oscuridad en que esta confinado, podemos ignorarlo y actuar independientemente de él, sin someternos a su dictadura caprichosa. Con un poco de tiempo, suele ir bajando su intensidad. Al apartar la atención estamos en condiciones de hacer asombrosos ahorros de energía psíquica.

La historia que sigue sobre un hombre llamado Enrico nos da un buen ejemplo de una persona que intenta desembarazarse del control de los sentimientos negativos y aprende a dirigir el poder vitalizador de la atención. Enrico vino a verme por primera vez cuando estaba bajo los efectos de una profunda depresión que le llevaba a veces "muy lejos de la realidad". Ahora, dos años después, recuerda:

"La depresión alteraba radicalmente mi visión de la vida y del mundo exterior (de esto sólo me di cuenta más tarde cuando empecé a liberarme). Una bombilla de mi cuarto, por decir algo, tomaba una apariencia increíblemente lúgubre. Algunos objetos completamente normales, como puede ser un magnetófono, adquirían un aspecto terrorífico. Parecía que todo el mundo exterior iba a caer sobre mí. Un día lluvioso, por ejemplo, me resultaba completamente opresivo".

Enrico tenía diecinueve años cuando lo vi por primera vez. A pesar de su estatura normal, se creía pequeño. Tenía muy poca barba y esto le preocupaba bastante y aumentaba sus sentimientos de inferioridad. Ya había ido a un psicólogo y a un médico. El psicólogo, después de verlo una docena de veces, llegó a la conclusión de que su problema era físico. El médico le dijo que no encontraba nada extraño en él. Enrico no tenía fe en la terapia y creía que sólo podría salvarlo algo repentino y milagro-

so. Cuando empezó a trabajar conmigo podía captar con claridad lo que sucedía dentro de él. Estaba tristemente al día de los resultados finales, depresión, miedo y apatía. Le resultaba muy difícil concebir la posibilidad de trabajar psicológicamente en esas condiciones.

El trabajo con Enrico fue largo y no entraré en los detalles de la exploración de las causas de sus problemas: su relación con su padre, severo y emocionalmente distante, su dependencia infantil de su madre, los celos de su hermana pequeña y cosas así. Basta con decir que cuando Enrico empezó a darse cuenta de que sus problemas tenían un origen psicológico, se hizo más abierto y aumentó su deseo de crecer. Ahora tengo ante mi un colaborador en vez de un sufrido antagonista. Pero, dejando a un lado este cambio, los problemas de Enrico persistieron, hay que recordar que el conocimiento de las causas de un problema psicológico no nos libera de él por fuerza.

A partir de esto introduje a Enrico en lo que, de forma gradual, parecía ser la clave de su psicosíntesis: el arte de dirigir la atención. Le pedí que apartase su atención de su depresión y su miedo actuando como si no existieran. Al principio fue duro: "Era difícil conseguir la determinación mínima para actuar como si esas fuerzas opresivas no existiesen, ya que mis reacciones habituales me hacían responder a ellas. Eran como un remolino que me tragaba".

Un remolino es un símbolo muy apropiado para la identificación psicológica. Como vimos en capítulos anteriores, la identificación es un proceso circular en el que equivocadamente perdemos nuestra identidad en algunos contenidos particulares de la consciencia. Por ejemplo: si tengo una depresión, tiendo a ser esa depresión, creyendo así que esa depresión es lo que yo soy y lo que la vida es en general. La depresión (o cualquier otra identificación, incluyendo las más placenteras) se convierte en un remolino, una fuerza que me absorbe y me arrastra hacia ella. Esta maraña emocional tiende a teñir la forma de percepción de uno. Como dice Enrico, "tuvo que pasar algún tiempo para que me diese cuenta de que estaba demasiado inmerso en mis sentimientos para poder percibir las cosas objetivamente".

Al cabo de un tiempo, las cosas empezaron a cambiar para Enrico. Cuando se le acercaba una ola de ansiedad o depresión, la ignoraba y se dedicaba a alguna actividad: desde hacer gimnasia a llamar a un amigo, desde poner en orden su escritorio a salir con chicas. Poco a poco, vio que las fuerzas opresivas eran tan reales y poderosas como él se lo permitiera. Ahora ha progresado adquiriendo cierto control sobre ellas:

"Tan pronto como siento en mí angustia o depresión, si pienso "Bah, de acuerdo, está ahí, pero voy a pasar completamente de ella. Ahora estoy haciendo otra cosa", puedo seguir haciendo lo que me tenía ocupado, ya esté allí la ansiedad o no. Me imagino que veo esos pensamientos negativos como un río que fluye ante mí y lleva esas emociones en su superficie y que puedo ver el río desde un sitio seguro, sin que me afecte en nada. Esto me da una maravillosa sensación de fuerza, de paz y de bienestar". Desde este punto estable Enrico adopta una actitud de indiferencia ante sus ansiedades y sus miedos. Deja que se suman en la insignificancia. Añade:

"Todo esto hace que se adquiera una amplia base. Me ha ayudado hasta el punto de desarrollar una nueva personalidad, una personalidad en la que no hay más depresiones ni miedos. Más aún, vivo en una dimensión completamente diferente; puedo ver las cosas a su propia luz. Me doy cuenta de que un día de lluvia no es un suceso opresivo y terrible, que solo es un día de lluvia".

La habilidad para dar o quitar importancia no sólo se puede utilizar con los sentimientos, sino también con todos los elementos de nuestro ser. La importancia fundamental de esta técnica la describió Keyserling con su vigor filosófico acostumbrado;

"Podemos acentuar en nosotros absolutamente todo lo que existe. Cuando acentuamos algo hacemos que sea un elemento dominante y, a largo plazo, transforma a todos los demás elementos de acuerdo con su propio carácter...

...no existe ningún estado que, por conversión, ruptura o remodelación de la personalidad, no pueda cambiarse de golpe a otro estado completamente distinto. Sólo depende de la posición del acento de importancia y del crecimiento o disminución que se le pretenda dar".

El acto de cambiar el grado de importancia con naturalidad y espontaneidad tiene lugar en todas nuestras vidas, no sólo con elementos internos, sino también con estímulos externos. Pongamos por caso que estás cenando cómodamente con tu familia y suena el teléfono. Respondes; sientes que has estado en casa un rato largo y decides que prefieres dar un paseo; pierdes interés por la revista que estás leyendo y la cambias por otra. Esos cambios de atención o sustituciones, como los llamamos en psicosíntesis, ocurren en todo momento de una forma mecánica y semiconsciente.

Como hemos visto en el caso de Enrico, las Sustituciones pueden ser también conscientes e

intencionadas. Podemos aprender a redirigir la atención rápida y claramente y, gracias a este proceso,

redirigir nuestro interés e incluso todos los asuntos de nuestra vida. Podemos aprender a dar importancia a cualquier cosa que queramos en nuestro universo interior (una subpersonalidad, una idea, un sentimiento, una aspiración) y en el exterior (una actividad, un proyecto, una relación, etc.). El ejercicio que sigue te dará cierta práctica en este proceso.

DIRIGIR LA ATENCIÓN

1. Visualiza un triángulo amarillo. Deja que tome forma en el fondo de una pantalla blanca. (Quizá no seas capaz de mantener la forma fija con el ojo de la mente y puede que los colores cambien o desaparezcan; no te preocupes en este momento por la calidad de la visualización).

2. Imagina que hay otro triángulo rojo al lado del primero. Mantén ambos en tu campo de visión. 3. Cambia tu atención de un triángulo a otro. Primero céntrate en el amarillo. Sólo ves ese en este momento. Después cambia al rojo y céntrate en él.

4. Cambia la atención de uno a otro unas cuantas veces y date cuenta así de tu capacidad de hacer sustituciones intencionadamente.

5. Cuando te hayas familiarizado con esta capacidad, en lugar de dos triángulos imagina dos si- tuaciones diferentes, una placentera y otra desagradable. Primero la desagradable detalladamente. Experiméntala con todos tus sentidos; siéntete allí. Luego pasa tu atención a la situación agradable y experiméntala también hasta el límite y con todo detalle. Después cambia la atención varias veces rápidamente de una a otra.

Este experimento de cambio puedes hacerlo tanto en el mundo exterior como en el interior, en el pa- sado o en el futuro, en la consciencia alta o la baja, etc. Puedes cambiar de cualquier lado del universo a otro. Ten siempre en cuenta que eres el centro, el que busca dirigiendo la luz de la atención donde quieras.

La posibilidad de dirigir la atención puede, entre otras cosas, librarnos de hábitos comunes e importantes: la pretensión de hacer varias cosas al mismo tiempo, la angustia de no conseguir nunca todo lo que queremos, la impaciencia de acabar una cosa para empezar con otra. En su lugar, podemos aprender a hacer una cosa, y sólo una, concentrándonos al máximo en ella.

Una señora que conozco, sabiendo la sosegada fuerza y la tranquilidad que produce esta capacidad, la llamó "regencia". Nunca he visto una persona tan ocupada y, al mismo tiempo, tan centrada. Una vez le pregunté cuál era su secreto.

"Llamo "regencia" a la capacidad de manejar mi vida sin apretar los dientes, sin sudar. Es una atención muy diferente a la de una persona que está ansiosa por acabar lo que está haciendo. Se trata de una atención independiente de todo, que alimenta su objeto, pero que, al mismo tiempo, se aparta fá- cilmente de él cuando la vida lo precisa.

Por ejemplo, hay veces que tengo que levantarme por la noche a darle algo de comer a mi hijo. En un momento de no regencia estaría muy dormida y no sentiría que le estoy dando de comer. En cambio, en uno de regencia puedo dejar el sueño con facilidad y dedicarme a la vida tal como se presente. Es una experiencia bonita y excitante: en ese momento la vida es ese niño, en ese momento me dedico a ese niño. Me aplico a la vida de cualquier forma que se presente".

La atención es un medio de transporte de energía y saber dirigirla es sin duda, como dice Keyserling, el "hecho primordial", tan importante para desenvolvemos en la vida como aprender a andar o a hablar.

La energía psíquica que produce la atención es indiferente en sí. El uso que hagamos de ella depende de nosotros. La energía eléctrica que llevan las instalaciones que hay en las paredes de nuestras casas puede nutrir a un televisor, un magnetófono, una bomba de relojería, una batidora o una lámpara. La energía es pura y no tiene cualificación. Es la aplicación que le demos lo que la cualifica y la convierte en imágenes o música, una explosión, una bebida o luz.

Capítulo9

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