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LA ESCUELA DE LA VIDA

In document Psicosíntesis-Piero_Ferrrucci (página 52-54)

Una mañana, cuando ya llevaba aproximadamente un año trabajando con Assagioli, sucedió algo que me trastornó por completo: en el correo llegó la noticia de mi alistamiento. El servicio militar es obligatorio en Italia para cualquier ciudadano normal. Puedes retrasarlo unos años; pero al final tienes que ir. Estaba tan entusiasmado con mi trabajo de psicosintesis que casi lo había olvidado. Ahora tenía que irme dentro de unos días e interrumpir la búsqueda de la consciencia superior, mi entrenamiento en psicosintesis, mis estudios con Assagioli, mi estancia en Florencia, que eran de las cosas que más me habían satisfecho en mi vida hasta ahora. Tenía que cambiar todo esto por quince meses de prepa- ración militar: quince meses vistiendo un uniforme, de marchas y guardias, de manejar fusiles y bombas, de convivir con individuos toscos y vociferantes, (al menos, así me parecía entonces) y de tener a otras personas que me inspeccionasen y controlasen a todas horas. Estaba furioso y también muy deprimido.

Cuando le di la noticia a Assagioli, pensé que estaría de acuerdo conmigo en afirmar lo absurdo de esta situación. Pero su respuesta me sorprendió. Dijo: "Bien. Ahora aprenderás a colaborar con lo inevitable. Esta será la parte más importante de tu entrenamiento en psicosíntesis". Me sugería que, en vez de abrumarme por una situación que estaba, después de todo, bajo mi control, sacase de ella el mayor beneficio posible.

Estaba tan confuso con la repuesta de Assagioli que, en vez de enfadarme con él por no compartir mi disgusto, intenté seguir sus indicaciones, además de las que, al mismo tiempo, la vida misma me daba.

El servicio militar resultó ser una experiencia muy útil de entrenamiento en psicosíntesis, aunque los generales y coroneles no quisiesen. Aprendí a ser abierto y a comunicarme con gente cuyo pasado era diferente al mío; adquirí la habilidad de meditar en un dormitorio ruidoso; podía aprovechar el tiempo entre una faena y otra para leer y tomar notas; aprendí a perder el tiempo sin sentirme culpable. Finalmente, aprendí que la consecución de una consciencia superior no depende de una situación concreta, sino que puede darse en cualquier sitio y a cualquier hora. Y, por supuesto, seguía incómodo con la situación y estaba deseando que terminase.

La enseñanza de Assagioli era clara ahora. Cuando nos sucede algo desagradable podemos decidir aceptarlo como es, sin quejamos porque el universo no se ajuste a nuestros planes. Como dice muy bien Marco Aurelio en sus Meditaciones: "no nos peleamos con las circunstancias." Nuestra primera reacción espontánea puede ser de auto compasión, evasión o rebelión. Pero cuando tomamos una actitud positiva y dinámica de aceptación (no resignación o aprobación) nos encontramos con que podemos entender mejor lo que nos viene, aprender su mensaje, sacar provecho de las circunstancias encubiertas que pueda ofrecer y, si lo decidimos así, hacerle frente con eficacia. En cualquier caso, estaremos en condiciones de tomar la responsabilidad de cualquiera de las elecciones que hagamos, de nuestras acciones, pensamientos y sentimientos, en vez de culpar de todo al mundo exterior. Como dice el proverbio indio, "Si no quieres hacerte daño en los pies con las ramas, puedes alfombrar todo el mundo; pero es más fácil y económico comprar un par de zapatos."

Las ideas de Assagioli sobre la colaboración con lo inevitable no fueron producto de especulaciones abstractas. En 1938, cuando los fascistas lo metieron en prisión por sus ideas en contra de la guerra y a favor del internacionalismo, se dio cuenta de que sólo una actitud de aceptación consciente le haría mantener una visión clara de sus opciones reales. Después, recordó sus pensamientos en unas cuantas notas que intentó publicar en un libro titulado Freedom in Jail:

"Me di cuenta de que era libre para elegir una entre muchas actitudes ante esta situación, para darle un valor u otro, para utilizarla de una forma u otra.

Podía rebelarme interiormente y maldecirla; someterme pasivamente, vegetando; sentir lástima de mí mismo, autocompadeciéndome, y asumir el papel de mártir; o podía aceptar la situación con de- portividad y sentido del humor, considerándola una novela y una experiencia interesante (lo que los alemanes llaman Erlebnis). Podía hacer de ella una cura de descanso o un periodo intenso de reflexión, ya fuese sobre asuntos personales, estudiar mi vida pasada y evaluarla, o de problemas científicos y filosóficos; o podía utilizar la situación para empezar un entrenamiento psicológico personal; o, por último, hacer un retiro espiritual. Tenía la percepción clara y pura de que era un problema completamente mío; que era libre para elegir una o varias de esas actitudes y actividades; que esa elección tendría efectos inevitables que yo debía prever y de los que era completamente responsable. En mi mente no había duda respecto de este poder y libertad esenciales y los privilegios y responsabilidades que llevan consigo".

En cualquiera de estas formas, la aceptación se convierte en la manera más rápida y práctica de liberarse de una situación difícil, mientras que la rebelión inexorablemente aprieta más el nudo. La transición de la rebelión a la aceptación puede tener consecuencias muy importantes: el cambio de una actitud reactiva a una cognitiva, en la que empecemos a ver la vida como una escuela de entrenamiento, en la que una serie de situaciones vienen a enseñarnos precisamente lo que necesitamos aprender exactamente. Entendemos que nuestro crecimiento no se debe a meditaciones y ejercicios predefinidos o sesiones de terapia privada, sino que se basa, sobre todo, en el continuo proceso de cambio de la vida.

Las situaciones dolorosas se convierten en acertijos a descifrar en vez de incomodidades que maldecir. Y, en vez de limitarnos a sobrevivir dañados, cansados o frustrados, podemos emerger de ellas enriquecidos y con mayor conocimiento.

También podemos practicar la aceptación con las inevitables alteraciones presentes y futuras de nuestra vida interior. El miedo, la depresión y la irritación se pueden remediar de varias formas, pero no se pueden eliminar completamente de la experiencia humana. Combatiendo esas condiciones, les damos energía y creamos un círculo vicioso. Aceptándolas como son, le quitamos el viento a sus velas

y disminuimos mucho su poder. Por ejemplo, en vez de irritarnos por nuestra propia irritación o deprimirnos por nuestra propia depresión, que lo único que puede hacer es agravar el problema, podemos aceptar nuestros sentimientos Podemos practicar una especie de judo psicológico

ACEPTACION

1. Piensa en algo por lo que sientas o hayas sentido placer en tu vida. Puede ser la presencia de alguien a quien amas, una facultad que tengas, una sensación de bienestar psíquico, la belleza de una flor y cosas así. Imagínalo vivamente, aprécialo, piensa en lo que te da y lo que puedes aprender de ello. 2. Ahora piensa en algo o alguien que te gustaría, evitar en tu vida. Imagínalo también y observa con atención las reacciones que produce en ti. Obsérvalas cuando aparezcan, sin intentar detenerlas. Fíjate en tu estrategia habitual de no aceptación. Date cuenta de cómo trabaja en tu cuerpo, tus sentimientos y tu mente.

3. Ahora imagínate que la vida te guía comunicándose contigo en un lenguaje codificado hecho de situaciones y sucesos. ¿Cuál es el mensaje contenido en la situación o el hecho que has elegido? Anota cualquier idea que se te ocurra cuando reflexiones sobre esta pregunta.

4. Ahora vuelve a lo que te producía placer. Imagínatelo otra vez, piensa en ello con afecto y sé todo lo consciente que puedas de tu aceptación.

5. Ahora, vuelve otra vez a la situación desagradable, llevando contigo la actitud de aceptación que has conseguido. Reconoce la inevitabilidad temporal de esta situación desagradable. Date cuenta de que el mismo universo que produce lo placentero también produce lo desagradable y asume, si te sientes preparado y con ganas, una actitud de aceptación consciente y deliberada.

Aunque no llegues a encontrar ningún mensaje en la situación que has elegido, todavía puedes hacerlo y desear aceptarlo. Aceptar lo absurdo conduce a la rendición más profunda. La aceptación verdaderamente auténtica y completa prescinde de todas las comparaciones, expectaciones y manipulaciones. En su interior encontramos gratitud por la perfección fundamental del universo. Una bonita historia Zen lo cuenta:

Cuando Banzan iba al mercado, escuchó una conversación entre un carnicero y su cliente. "Dame la mejor pieza de carne que tengas" dijo el cliente.

"Todo lo que hay en mi tienda es lo mejor", replicó el carnicero. "No puedes encontrar ninguna pieza que no sea la mejor".

Con estas palabras Banzan se iluminó.

Capítulo 11

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