Luego de décadas de gobiernos autoritarios, a partir de los años ochenta los países de América Latina fueron progresivamente uniéndose al campo democrático. Sin embargo, estas democracias restauradas no constituyen regímenes totalmente representativos, son las herederas de las dictaduras, cuando no sus prisioneras. Los juegos de coerciones que los autoritarismos imprimieron a la cultura política la afectan tanto como los arreglos institucionales que establecieron.
La multiplicación de las democracias aparentes, de cuasi democracias sesgadas en diversos grados que sólo mantienen la técnica de acceso al poder, es decir, los procedimientos electorales, y no el Estado de derecho y el respeto por las minorías, torna necesaria una reflexión empírica y sin preconceptos sobre la imperfección del sistema, la permanencia de los espacios autoritarios, el déficit de poder púoico y la precariedad institucional. íal como sostiene Main Rouquié; "La democracia no está inscripta en la naturaleza. Es una construcción cultural compleja, azarosa, que avanza por ensayo y error*.
En A la sombra de las dictaduras, Rouquié intenta captar en su génesis y su singularidad los múltiples desafíos que enfrenta la democracia en América Latina. De manera clara y precisa presenta, a partir de la experiencia latinoamericana, elementos de reflexión sobre el sistema democrático, sus paradojas y sus límites.
Casi treinta años después de la publicación de su ya clásico El ístado militar en América Latina Alain Rouquié evalúa en este nuevo ensayo la capacidad de la democracia de resistir a sus demonios.
A la sombra fie las
La democracia en América Latina
Alain Rouquié
'4-150-557-470-5
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A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
Traducción de
VÍCTOR GOLDSTEIN
ALAIN ROUQUIÉ
A LA SOMBRA DE
LAS DICTADURAS
La democracia en América Latina
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO - ARGENTINA - BRASIL - COLOMBIA - CHILE - ESPAÑA ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA - GUATEMALA - PERÚ - VENEZUELA
Alain Rouquié
A la sombra de las dictaduras : la democracia en América Latina . - la ed. - Buenos Aires : Fondo de Cultura Económica, 2011.
360 p.; 21x14 cm. - (Política y derecho) Traducido pon Víctor Goldstein ISBN 978-950-557-870-2
1. Teorías Políticas. 2. Democracia. I. Goldstein, Víctor, trad. II. Título. CDD 320.5
Armado de tapa: Juan Balaguer
Título original: Á l'ombre des dictatures. La démocratie en Atnérique latine ISBN de la edición original: 978-2-226-18718-5 ©2010, Albin Michel
D.R. © 2011, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA DE ARGENTINA,S.A. El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires, Argentina [email protected] /
www.fce.com.ar Carr. Picacho Ajusco 227; 14738 México D.F. ISBN: 978-950-557-870-2
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Se terminó de imprimir en el mes de abril de 2011, en los Talleres Gráficos Nuevo Offset, Viel 1444, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. La tirada es de 4.000 ejemplares.
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ÍNDICE
Agradecimientos ... \\
Prefacio ...
13
I. De las democracias de la primera ola ... 17
La soberanía del pueblo ... 18
Sufragio popular, teoría y práctica ... 21
La tentación monárquica ... 27
La república contra la democracia... 32
¿Cómo excluir al pueblo soberano? ... 39
La democracia, necesaria e imposible ... 47
II. La ciudadanía en un continente autoritario ... 51
La violencia y el Estado ... 54
Dominación social y ciudadanía ... 69
Situaciones autoritarias y clientelismo ... 78
Una legitimidad antidemocrática ... 88
Democracias sin ciudadanos ... 106
III. La continuación de la dictadura por otros medios ... 113
De la dictadura en América Latina ... 115
¿Crepúsculo o transfiguración de los autoritarismos? ... 119
¿Cómo librarse de los dictadores? ... 134
Enclaves y escollos ... 145
De las democracias amenazadas ... 157
Justicia y verdad ... 166
Prisioneros del pasado ... 182 7
8 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
IV. La tentación mayoritaria ... 191
La vía democrática en la autocracia ... 193
Antipolítica y refundación plebiscitaria ... 201
Sufragio universal y alternancia social ... 215
El cambio en nombre del orden ... 224
Bolívar y el socialismo del siglo xxi ... 228
De las revoluciones democráticas y culturales .... 242
El populismo ¿está de vuelta? ... 251
Clases peligrosas: las lecciones del pasado ... 259
Barrabás y la demanda de ciudadanía ... 266
Los límites de la tentación autoritaria ... 273
V. De las democracias entre esperanza y sospecha .... 277
Una primavera democrática... 278
La salvación por el sufragio ... 283
La diversidad representativa ... 294
Un esfuerzo más para ser republicanos ... 304
La política de Sísifo ... 319
La inseguridad contra la democracia ... 329
El largo camino de la ciudadanía ... 337
Epílogo. La democracia venidera ... 345
índice de nombres . . . ... : ... 353
Vuelve a intentar. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
SAMUEL BECKETT Un nuevo misterio canta en tus huesos. Desarrolla tu legítima extrañeza.
Este libro, podría decirse, nació de dos instantáneas que se grabaron en mi memoria. Dos escenas de las que fui testigo, separadas por una decena de años.
Buenos Aires, diciembre de 1983. Investidura del presidente Raúl Alfonsín, después de siete años de régimen militar. El presidente constitucional remonta la avenida de Mayo, que une el Congreso con el palacio presidencial, en un auto descubierto. Alrededor de él, militares a pie, a caballo y en moto vigilan la seguridad del primer jefe de Estado de la democracia restaurada.
Santiago de Chile, marzo de 1994. Investidura del presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle. Es el segundo presidente de la democracia chilena restablecida luego de 17 años de dictadura. Asisto al tedeum tradicional en la catedral. Algunos asientos más allá de donde yo estoy ubicado, en gran uniforme a la prusiana, se encuentra el comandante en jefe del ejército chileno, el general Augusto Pinochet.
A través de estas dos imágenes, he visto a la democracia a la sombra de las dictaduras. He querido profundizar este tema, prolongando así mis investigaciones anteriores sobre la democracia y los autoritarismos, con el objeto de observar su coexistencia en otras configuraciones, en nuevas circunstancias.
Por lo tanto, este ensayo es también el producto (o el desenlace, si se quiere) de una reflexión que llevo a cabo desde hace algunos decenios. La he realizado en diferentes instituciones entre las cuales por supuesto se encuentra, en primer lugar, el Centro de Estudios y de Investigaciones Internacionales de la Fundación Nacional de Ciencias
12 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
cas. Este trabajo le debe mucho a intercambios proseguidos a lo largo de coloquios, seminarios y conferencias en los cuales he participado. Pero no debe menos a los hombres y las mujeres surgidos de todos los sectores sociales (y de todos los países del continente) con los que me he cruzado en el curso de una docena de años de permanencia en el terreno. No puedo agradecer a todos aquí, aunque mi deuda para con ellos sea grande. Por lo menos, espero no haber traicionado su testimonio y su parte de verdad.
Por otro lado, quiero expresar mi gratitud hacia Olivier Bétourné, editor y amigo, que ya me acompañó en la aventura de las cuatro obras precedentes. Sin su aliento y sus consejos, este libro nunca habría visto la luz del día.
Como es usual, si bien dedico este libro a todas aquellas y a todos aquellos que lo hicieron posible, yo, por mi parte, soy el único responsable de su paternidad, vale decir, de sus debilidades e imperfecciones.
PREFACIO
LA DEMOCRACIA parece haber triunfado en el mundo entero, por encima del resto de los regímenes políticos. Los principios democráticos constituyen la única fuente de legitimidad en la inmensa mayoría de los Estados. Y parece muy lejano el tiempo en que, en virtud de la débil difusión geográfica de las formas estables del pluralismo representativo, se lo consideraba un privilegio septentrional e industrial. A comienzos de los años sesenta, Seymour Martin Lipset en un estudio clásico1 iba más lejos todavía en el particularismo al señalar que las 12 "democracias estables" que había en el mundo, es decir, Europa, los Estados de lengua inglesa y América Latina, ¡todas estaban establecidas en países desarrollados e incluían una mayoría de monarquías! La excepción democrática hoy ya no es tan excepcional. Una ONG especializada2 observaba que entre 1990 y 2006 la cantidad de "Estados democráticos" había pasado de 75 a 123, lo que representa un salto notable pero, sin embargo, implica que el 35% de los Estados internacionalmente reconocidos no son democracias.
Sin lugar a dudas, por eso algunos creyeron (y siguen creyendo) que, para apresurar el "fin de la historia", había que exportar esta forma de gobierno, e incluso imponerla desde el exterior, así fuera por las armas. Como si la conversión a la delicada balanza del orden democrático
pu-1 Seymour Martin Lipset, L'hornme et la politique, París, Seuil, col. "Es- prit", 1963, p. 51 [trad. esp.: El hombre político. Las bases sociales de la po
lítica, Madrid, Tecnos, 1987]. 2
Freedom House, citado por Le Monde, 29-30 de junio de 2008. 13
diera ser inmediata o fácil. A menudo estos atajos, por el
contrario, han conducido al caos o a la tiranía, y no a una
coexistencia política pacífica. Por otra parte, la multiplicación de
las democracias aparentes, de cuasi democracias sesgadas en
diversos grados que sólo mantienen la técnica de acceso al
poder, es decir, los procedimientos electorales y no el Estado de
derecho y el respeto por las minorías, torna necesaria una
reflexión empírica y sin preconceptos sobre la realidad compleja
y frágil de los sistemas democráticos y su implantación "en otra
parte". A este respecto, América Latina ofrece un amplio
abanico de experiencias y de modelos.
En efecto, este continente, conocido sobre todo por su
inestabilidad y sus dictaduras, también es una tierra muy antigua
de aclimatación de los principios representativos y del sufragio
universal. Desde las independencias, hace dos siglos, casi
ningún Estado latinoamericano (con excepción de Cuba,
tardíamente descolonizada a fines del siglo xix) reivindicó otro
principio de legitimidad que el de la soberanía popular surgida
de las urnas. Ninguno de los "regímenes de excepción", aunque
numerosos en la región, invocó abiertamente otra fuente de
legitimidad. Por el contrario, generalmente fundaron su
emergencia en la necesidad de defender o perfeccionar las
instituciones democráticas. Así, en el "hemisferio occidental", al
sur del río Bravo, no se encuentra ni el equivalente de los
"valores asiáticos" o de la "autenticidad africana", ni las
tentaciones de un "nuevo orden" a la europea.
No obstante, el gobierno "del pueblo y por el pueblo" a
través del voto conoció en este continente numerosos avata-res,
por no decir numerosos reveses. Desde el siglo xix, las élites
modernizadoras pretendían legitimarse en nombre del progreso
instaurando regímenes surgidos del sufragio e incluso del
sufragio universal. Pero el principio de igualdad política inscrito
en la idea de soberanía popular tropezaba
con las realidades rígidas de sociedades heterogéneas y
je-rarquizadas. ¿Cómo conciliar la ciudadanía legal con el
mantenimiento de una dominación social aparentemente tan
natural como intangible? La historia de la América Latina
contemporánea es sobre todo la de las múltiples maneras de
acomodar los mecanismos electorales y las libertades. Pero es
también, en perfecta simetría, la de la conquista gradual de la
ciudadanía. La "ficción" representativa, en efecto, conduce al
rechazo de la exclusión política y despierta la exigencia de
participación. La democracia se nutre de ella misma. Pero a
veces manipulada, otras idealizada, no deja sin embargo de ser
sospechosa.
Si el mercado político restringido refleja las relaciones de
fuerza de la sociedad, la ampliación de la participación se les
aparece a los "preponderantes" como una amenaza intolerable.
Por eso impusieron paréntesis autoritarios o proscripciones
políticas para contener o corregir la demanda mayoritaria y la
aritmética electoral. Estas discontinuidades generalmente fueron
de duración limitada. Sin embargo, el movimiento pendular de
retorno a la normalidad constitucional nunca fue completo. No
significa la victoria absoluta de la democracia: las "democracias
restauradas" no son regímenes totalmente representativos como
los otros. Son las herederas de las dictaduras, cuando no sus
prisioneras. Y los juegos de coerciones que los autoritarismos
imprimen a la cultura política no las afectan menos que los
arreglos institucionales que han instalado.
Si en un contexto no tocquevilliano de extrema desigualdad
de las condiciones el liberalismo elitista tiende a limitar o a
suspender la lógica electoral, la dinámica democrática implica
también el riesgo de erosión del pluralismo competitivo. El
principio de mayoría abre entonces el camino a la tentación
plebiscitaria y al régimen hegemónico. El poder electo, en
ciertas condiciones de desborde del sistema de conciliación
pluralista, puede ser llevado a librarse
16 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
de las reglas estrictas de la democracia liberal, precisamente cuando extrae su legitimidad de las urnas.
Estos casos particulares, sin embargo, no agotan el inventario de los desafíos que deben enfrentar las democracias latinoamericanas. La imperfección democrática, la permanencia de los espacios autoritarios, el déficit de poder público y la precariedad institucional son aquí otros tantos rasgos recurrentes. Y a menudo también la fuente de un malestar generalizado y de un desencanto político manifiesto. Pero si los regímenes representativos son objeto de sospecha y de duda, los comportamientos electorales y la demanda de ciudadanía dan testimonio la mayoría de las veces de su consolidación y de los progresos de la democracia. Esta ambivalencia no es nueva en América Latina. Tampoco es propia de este continente. Por eso merece ser explorada.
En consecuencia, este libro intenta captar en su génesis y su singularidad los múltiples desafíos que enfrenta la democracia en América Latina. Propone un tratamiento comparativo de los sistemas políticos, se esfuerza por explicitar las prácticas políticas en su contexto y esclarecer la construcción de la ciudadanía en este continente. Por esa razón, también presenta, a partir del laboratorio latinoamericano, elementos de reflexión sobre el misterio democrático, sus paradojas y sus límites.
I. DE LAS DEMOCRACIAS DE
LA PRIMERA OLA
No SE ASOCIA ESPONTÁNEAMENTE a América Latina con la de-mocracia, y mucho menos con la tradición representativa. La mayoría de las veces, los Estados latinoamericanos, debido a que muchos de ellos hicieron borrón y cuenta nueva después de las dictaduras en las últimas décadas del siglo xx, son incluso percibidos como "nuevas democracias" que tienen que ver con la "tercera ola",1 que habría descubierto tardíamente el pluralismo y las libertades.
De hecho, la democracia está lejos de ser una idea nueva al sur del río Bravo. Tampoco es el desenlace de dos siglos de historia. Por el contrario, se encuentra en el origen mismo de las repúblicas latinoamericanas. La independencia de las colonias españolas de las Américas, en efecto, fue proclamada en nombre de la soberanía del pueblo. No sin ambigüedad, ciertamente, y con diferencias regionales y locales importantes, pero las vicisitudes posteriores no deben ocultar esa elección fundacional. Después de Estados Unidos, los Estados latinos de las Américas, en el área cultural occidental, estuvieron entre los primeros en adoptar regímenes políticos democráticos. Mucho antes que la mayoría de los países de Europa continental.
1
Según la metáfora fluctuante de Samuel Huntington, The Third Wave.
Democratizaron in the late Twentieth Century, Oklahoma, Oklahoma Uni-versity
Press, 1991 [trad. esp.: La tercera ola. La democratización a finales del siglo xx, Barcelona, Paidós Ibérica, 1994].
LA SOBERANÍA DEL PUEBLO
La que desencadena el movimiento emancipador más allá del Atlántico es la invasión de España por las tropas napoleónicas en 1808. Este accidente histórico fue un pretexto bienvenido. Sobre todo para los criollos, que no esperaban más que una ocasión para romper con el absolutismo de los Borbones, como Francisco Miranda, que complotaba desde hacía más de veinte años con vistas a liberar América del Sur.
Cuando el rey Fernando VII es reemplazado en el trono de España por José, hermano del emperador de los franceses, las colonias se niegan a reconocer al usurpador. En nombre de la legitimidad dinástica, van a romper con España y otorgarse gobiernos autónomos. El imperio español, por así decirlo, se ve obligado a autogobernarse para escapar de la dominación francesa. Pero bajo la "máscara de Fernando VII", símbolo oportuno de la resistencia americana, se disimulaban lealtades políticas divergentes. En México, el cura de Dolores, Miguel Hidalgo, se subleva en 1810 contra el "mal" gobierno y por la defensa de "la religión, del rey y de la libertad", al grito de "viva Fernando VII". Tres años más tarde, José María Morelos, también sacerdote, se pone a la cabeza de la insurrección contra los españoles en nombre de la voluntad general. El primer Congreso de los "insurrectos", en 1813, reivindica exclusivamente la soberanía del pueblo.
Por cierto, los criollos de las Américas se encuentran "en la orfandad", como lo deplora el Libertador Simón Bolívar,2 pero sobre todo tienen conciencia de haber sido mantenidos
2
Simón Bolívar, "Lettre á un habitant de la Jamal'que", llamada "Lettre prophétique", 6 de septiembre de 1815 [orig. esp.: "Cartas de Jamaica", en Escritos
políticos, Madrid, Alianza, 1969]. Todas las citas de los escritos de Bolívar provienen
de Bolívar, choix de lettres, discours et proclamations, París, IHEAL, 1966,
reproducidas en Simón Bolívar, L'Unité impossible, textos
al margen de todos los resortes del poder por demasiado tiempo en beneficio de los "españoles peninsulares", mientras que ellos son los que poseen lo esencial de las riquezas.
Los americanos en el sistema español que está en vigor -escribe Bolívar-, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo y, cuando más, el de simples consumidores [...]. Estábamos [...] abstraídos y, digámoslo así, ausentes del universo en cuanto es relativo a la ciencia del gobierno y administración del Estado. Jamás éramos virreyes ni gobernadores [...], arzobispos y obispos pocas veces; diplomáticos nunca; militares sólo en calidad de subalternos [...]; no éramos, en fin, ni magistrados ni financistas.3 Los acontecimientos de España dejaron un "vacío de poder". Los dirigentes de las independencias van a tratar de colmarlo. En contra de la legitimidad monárquica de la colonia, van a inspirarse en el pensamiento de las Luces, de la Revolución Francesa y de las instituciones de los Estados Unidos del Norte. Como los nuevos Estados eran "amenazados por la anarquía, a causa de la falta de un gobierno legítimo",4 como dice Bolívar, la democracia les ofrece una legitimidad de sustitución, la única disponible y que encarna la modernidad política. Las Constituciones republicanas que florecen entre 1810 y 1830 no se limitan a consumar la ruptura con España. En nombre de la soberanía del pueblo, derogan los privilegios del antiguo régimen, establecen las libertades civiles y la separación de los poderes.
Al-escogidos y presentados por Charles Minguet y Annie Morvan, prefacio de Alain Rouquié, París, La Découverte y Maspero, 1983.
[Las citas de los textos que fueron escritos en español se transcribieron a partir de sus ediciones en lengua española. (N. del T.)]
3 Jbid. 4
A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
gimas leyes fundamentales, más revolucionarias, derogan incluso las corveas y los tributos impuestos a los indios y decretan la liberación de los esclavos bajo ciertas condiciones. Mediante estas medidas avanzadas, los revolucionarios ponen fin al antiguo régimen. También intentan adherir a las poblaciones más oprimidas al movimiento emancipador.
Pues no son los colonizados, indios y mestizos, los que se levantaron para hacer valer los títulos de los primeros ocupantes, sino una minoría blanca, compuesta a menudo de una aristocracia de pudientes de origen europeo, que aspiran a gobernarse ellos mismos emancipándose de la metrópoli. Ahora bien, los blancos son muy minoritarios. En 1810, se estima que sobre unos 17 millones de habitantes con que cuenta la América española, solamente menos de 3.300.000 son blancos.5 Las sociedades coloniales multiét-nicas son no sólo muy desiguales, sino estrechamente jerarquizadas sobre una base racial.
Así se promulgan Constituciones democráticas para fundar jurídicamente y legitimar la dominación de las élites. Algunos criollos conservadores proclaman la igualdad para gozar solos de todas las libertades. De hecho, la "soberanía popular" tiene por objetivo prioritario la transferencia de todo el poder a las élites locales, lo cual, por lo menos en un primer momento, implica una amplia definición del pueblo, por razones en ocasiones identitarias pero la mayoría de las veces tácticas, es decir, militares: las guerras de independencia, en efecto, fueron guerras civiles. Las "castas" de sangre mezclada, los mestizos y a veces los indios se aliaron a los ejércitos españoles en contra de los criollos.
5
Sobre estas estimaciones de Alcxander von Humboldt, retomadas por los historiadores de las independencias, véase Alexander von Humboldt,
Voyagc dans l'Amérique équinoxiale II. Tableaux de la nature et des dioses,
introducción, selección de textos y notas de Charles Minguet, París, Francois Maspero, 1980 [trad. esp.: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, 5 vols., Caracas, Monte Ávila, 1991].
DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 21
Los patriotas americanos quieren dejar asentada su legitimidad adhiriendo a la mayor cantidad posible al movimiento de independencia.
Así San Martín, libertador de Perú, declara que los indígenas son ciudadanos y peruanos con todas las de la ley. El himno de la Revolución de Mayo argentina exalta la "noble igualdad" tanto como la "libertad". Bolívar, en 1813, proclama la "guerra a muerte" contra los españoles, así fuesen simpatizantes de la causa de la independencia, para separar de las fuerzas realistas a las masas populares. Del mismo modo, insiste en el carácter crucial de la igualdad para las nuevas repúblicas independientes. En su discurso inaugural del Congreso de Angostura, afirma que una "perfecta igualdad política" debe estar en el corazón del dispositivo de los derechos de los ciudadanos de Venezuela. "La naturaleza hace a los hombres desiguales en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia [...]." Y también: "Necesitamos de la igualdad, para refundir [...] en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres".6
SUFRAGIO POPULAR, TEORÍA Y PRÁCTICA
La insistencia en el principio de igualdad puede parecer extraña y hasta falaz cuando emana de este continente. Sin embargo, señala que sólo la democracia puede forjar la nación y que es la soberanía popular la que crea al pueblo en estos Estados nacientes e inciertos. De ahí la importancia adjudicada por las repúblicas independientes a la gramá-tica institucional. Bolívar observaba que "los meridionales
6
Simón Bolívar, "Discours inaugural". Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819 [orig. esp.: "Discurso de Angostura", en Escritos políticos, Madrid, Alianza, 1969].
de este continente han manifestado el conato de conseguir instituciones liberales, y aun perfectas".7 Entre éstas, el sufragio y la práctica electoral son componentes al mismo tiempo cruciales y problemáticos. No olvidemos que las colonias españolas se emanciparon por las armas, y que esas guerras de liberación se desarrollaron en sociedades heterogéneas, fragmentadas y multiculturales, donde las jerarquías y las diferencias sociales tienen bases raciales. Si la explosión revolucionaria fue propicia al lirismo democrático y a la utopía universalista, ahora hay que gobernar, y con la mayor legitimidad posible. La cuestión electoral, por consiguiente, se encuentra en el corazón de un equilibrio precario entre libertad individual y participación popular.
Las independencias americanas fueron proclamadas por Congresos, es decir, asambleas representativas, como el de Tucumán en 1816 para las Provincias Unidas del Río de la Plata. Es también en el seno de los Congresos donde se debate la forma del Estado y de las instituciones, como en Angostura, en Venezuela, en 1819. Todas estas asambleas pretenden ser representativas de la voluntad general. Sus miembros son escogidos sobre una base regional según reglas variables, pero en las que la disponibilidad, el prestigio y la capacidad logística tienen un gran espacio. El cabildo colonial sirve de modelo. Los miembros de esos consejos municipales, antes de la independencia, eran designados por el representante de España en el seno del patriciado urbano y, por ello, cooptados entre los vecinos, los residentes fijos, conocidos, con "derecho de ciudadanía". Pero poco a poco esas asambleas deberán su existencia y su autoridad al sufragio popular.
En los albores de las independencias, algunas leyes electorales garantizan un sufragio casi universal para los "hombres libres". En Argentina, o más bien en las Provin-
7 Simón Bolívar, "Lettre á un habitant de la Jama'ique", op. cit.
cias Unidas del Río de la Plata, el Congreso de 1816 es elegido en dos grados pero todos los vecinos son electores, incluyendo los descendientes de esclavos nacidos de padres libres y "que tienen menos de un cuarto de sangre negra". Sólo son excluidos del cuerpo electoral los criados a sueldo y los hombres que no tienen ni propiedad ni "empleo útil".8 En 1821, la provincia de Buenos Aires, que legisla en nombre de la Federación, adopta el sufragio universal (se entiende que masculino). En 1835 se organiza un referendo, en el cual se admite que hasta los extranjeros voten.9 La Constitución argentina de 1853, que permanecerá en vigor durante cerca de un siglo, ratifica el sistema representativo fundado en la soberanía popular y el sufragio universal, cuyas modalidades son dejadas a discreción del Congreso.
Para tomar otro ejemplo, México no escapa a esta dinámica fundacional. El sufragio masculino es allí adoptado desde la independencia. Por lo menos en derecho. Durante la elaboración de la Constitución de 1857, la comisión constituyente propone limitar el derecho de voto a los hombres que sepan leer y escribir. Esta medida restrictiva es rechazada como "antidemocrática".10 ¿Cómo hay que interpretar
8
Sobre la representación y el sufragio en la Argentina de la independencia, véase Geneviéve Verdo, L'Indépendance argentihe entre citéet nation, París, Sorbona, 2006, pp. 232 y ss. Para un abordaje comparativo, véase Hilda Sabato et al, Ciudadanía política y formación de las naciones, México, Si glo xxi, 1999.
9 Fue Juan Manuel de Rosas quien lo exigió, para que le otorguen el "poder absoluto". Véase Waldo Ansaldi, "La forja de un dictador. El caso de Juan Manuel de Rosas", en Crítica y Utopía, núm. 5, Buenos Aires, 1981, pp. 81 y 82.
10 Francois-Xavier Guerra, México: del Antiguo Régimen a la Revolución, México, Fondo de Cultura Económica, 1988,1.1, pp. 37-39. Véase del mismo autor, para una síntesis continental, "Les avatars de la représentation au xixc siécle", en Georges Couffignal et al, Réinventer la démocratie. Le défi latino-américain, París. Presses de la FNSP.1992, pp. 49-73, y también Fran- cois Chevalier, L'Amérique latine de l'Indépendance á nos jours, París, PUF, col. "Nouvelle Clio", 1977, pp. 86-88 [trad. esp.: América Latina. De la inde pendencia a nuestros días, Barcelona, Labor, 1983].
24 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
semejante audacia jacobina en una sociedad donde predominan los analfabetos, la población urbana está dispersa, la mayoría india está replegada en sus culturas comunitarias y es totalmente ajena a la dimensión nacional de los rituales representativos?
Ante todo, los legisladores pretenden afirmar principios. Su ejecución se revela menos generosa; su práctica, más restrictiva. Pero en adelante no se deja de creer en las leyes de la aritmética electoral para determinar a los beneficiarios de la bendición popular. Como lo atestigua una observación falsamente ingenua de Flora Tristán a propósito de la trayectoria política de su tío Pío Tristán, notable polí-tico de Arequipa: "No hicieron falta más que cinco votos para que fuera llevado a la presidencia de Perú"11 -por sufragio indirecto, se entiende-.
De hecho, los constituyentes de las independencias quieren beneficiarse de la legitimidad del voto popular sin correr los riesgos de la igualdad política. Cuando el voto no es abiertamente censitario, lo es de manera implícita. A todas luces, a nadie se le ocurre que un esclavo pueda ser un ciudadano; en cuanto a los indios, aunque en ocasiones se les rinda homenaje como primeros ocupantes, no se trata de preguntarles su opinión. El ciudadano es el vecino, el residente domiciliado, propietario, que sabe leer y escribir. Ya sea que tenga o no fuerza de ley, casi no se pone en duda el principio enunciado por Benjamín Constant: "Sólo la propiedad hace a los hombres capaces de ejercitar los derechos políticos".12
" Flora Tristán, Pérégrinations d'une paria, reeditado bajo el título Les
Pérégrinations d'une paña, 1833-1834. París, Francois Maspero, 1979, p. 104 [trad.
esp.: Peregrinaciones de una paria, Lima, Fondo Editorial, 2003]. 12
Benjamín Constant, Principes de politique applicables á tous les
gouver-nements représentatifs (1815), en CEuvres, París, Gallimard, col.
"Bibliothéque de la Pléiade", 1957, p. 1147 [trad. esp.: Principios de política, Madrid, Agui-lar, 1970].
DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 25
Bolívar, que como la mayoría de sus conciudadanos piensa que la democracia sin límites conduce al despotismo, amplía el abanico de los pudientes a los poseedores de un capital intelectual y moral. Por otra parte, al preparar la Constitución del Alto Perú, que va a llevar su nombre, aclara que "honradez, no dinero, es lo que requiere el ejercicio del Poder Público".13 Pero al mismo tiempo no vacila en distinguir a los "ciudadanos activos" de los "ciudadanos pasivos", con el objeto, precisa, de "excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas [...], el trabajo y el saber".
El escrutinio indirecto en varios grados sirve de filtro social cuando, en particular, no se desea instituir el sufragio censitario. En efecto, éste presenta el interés de oponer, como dice el propio Bolívar, "el primer dique a la licencia popular". Poco a poco, con el fin de las guerras revolucionarias y en el momento en que se experimenta como menos urgente movilizar a las "clases inferiores", se pone de mani-fiesto la concepción del "voto función" por oposición a un "voto derecho":14 el verdadero ciudadano es aquel que también tiene la capacidad de ser elegido y de gobernar. Si bien no fue exclusiva, esta concepción ateniense de la democracia fue uno de los modelos del orden representativo en América Latina durante más de un siglo.
Por lo tanto, las antiguas colonias españolas adquirieron su independencia mediante la guerra. Diferente fue el caso en Brasil, donde el heredero de la Corona portuguesa, refugiado en Río de Janeiro para escapar de la invasión
na-13
Simón Bolívar, "Discours sur la Constitution de la Bolivie", mayo de 1826 [orig. esp.: "Discurso ante el Congreso Constituyente de Bolivia", en
Escritos políticos, Madrid, Alianza, 1969]. 14
Sobre la concepción del electorado como "función" en Francia, véase Pierre Rosanvallon, Le Sacre du citoyen. Histoire du suffrage universel en
France, París, Gallimard, col. "Folio/Histoire", 1992, p. 245, así como André
Jardín y André-Jean Tudesq, La France des notables, l'évolution genérale,
poleónica, proclamó pacíficamente la separación de la metrópoli. Entonces se instauró una monarquía constitucional. Este imperio parlamentario descansará muy pronto en regímenes electorales sucesivos relativamente estables.
La Constitución brasileña de 1824 establece un sufragio en dos grados, que permanecerá en vigor hasta 1881. La ley excluye teóricamente a los analfabetos, pero éstos, con tal de que sepan garabatear su nombre, son autorizados a votar. En 1872, en efecto, el cuerpo electoral resulta muy superior al número de los hombres mayores alfabetizados.15 El sufragio masculino, por lo tanto, es casi universal. En 1881 se eliminan los dos grados. El sufragio directo es cen-sitario. Los analfabetos son excluidos con rigor, pero el umbral censitario es bajo y no excluye "ni a los obreros ni a los artesanos y sólo a los casi mendigos".16 Inspirada por los liberales, la reforma apunta a garantizar la honestidad y la calidad del sufragio. Se reduce el cuerpo electoral para evitar los votos ficticios y la corrupción electoral. Entre los beneficiarios de este estrechamiento del electorado se encuentran los propietarios terratenientes, que por razones de prestigio e influencia mantenían hasta entonces en sus tierras una gran cantidad de trabajadores libres, granjeros y aparceros, que eran otros tantos electores cautivos. Hasta se llegó a escribir que "era el sistema electoral el que sostenía a la pequeña agricultura".17
15
Véase Raymundo Faoro, Os donos do poder. Formacáo do patronato
político brasileiro, San Pablo, Globo, 2001, pp. 429 y 430. Véase también
Victor Nunes Leal, Coronelismo, enxada e voto (o municipio e o regime repre
sentativo no Brazil), San Pablo, Alfa Omega, 1978, p. 45. 16
Según Raymundo Faoro, Os donos do poder, op. cit., p. 438. 17
Luis Felipe de Alencastro, "Vida privada e ordem privada no imperio", en Luis Felipe de Alencastro et al., Historia da vida privada no Brasil, vol. 2:
Imperio, a corte e a modernidade nacional, San Pablo, Companhia das Le
tras, 1999, p. 38.
LA TENTACIÓN MONÁRQUICA
En consecuencia, la soberanía popular, principio fundador de las nuevas repúblicas, no es discutida. Pero la forma del poder y el tipo de régimen siguen siendo cuestiones abiertas, por lo menos en el primer decenio de las independencias. Algunos de los nuevos dirigentes dudan de la posibilidad de construir instituciones estables al capricho de las fluctuaciones de la opinión pública. Otros piensan que el discurso revolucionario jacobino de ruptura con el orden antiguo no es muy compatible con la defensa de los intereses de los pudientes. En medio de las convulsiones intestinas, desesperan de constituir sólidamente la república. Frente a la anarquía, estos republicanos se inclinan por el lado de la monarquía para encauzar el torrente revolucionario.
Las potencias europeas, que en un primer momento no reconocieron a los nuevos Estados de las Américas, no fueron todas insensibles a estas perspectivas dinásticas. Chateaubriand, el ex ministro de Relaciones Exteriores de Luis XVIII, el hombre del Congreso de Verona y de la expedición de los "Cien mil hijos de San Luis" que restableció en 1823 el poder absoluto de Fernando VII, escribió:
A mi juicio, las colonias españolas habrían ganado mucho en formarse como monarquías constitucionales. La monarquía representativa, en mi opinión, es un gobierno muy superior al gobierno republicano, porque destruye las pretensiones indi-viduales al Poder Ejecutivo y asocia el orden y la libertad.
Chateaubriand, viajero de las Américas, no se contenta con manifestar su apego a la "monarquía según la Carta"; él justifica su elección por consideraciones sociológicas.
Me parece incluso que la monarquía representativa habría sido más apropiada al genio español, al estado de las personas
A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
y de las cosas de un país donde predomina la gran propiedad, donde el número de los europeos es pequeño y el de los negros y los indios, considerable, donde la esclavitud es de uso público, donde la instrucción sobre todo está totalmente ausente en las clases populares.18
No obstante, todo parece conspirar contra la monarquía allende el Atlántico a la hora de la Santa Alianza, de la restauración absolutista en España y de la declaración panamericana del presidente Monroe en 1823. Sin embargo, tanto en Peni como en el Río de la Plata, se sueña con un rey. Hasta en ocasiones se lo busca activamente. Incluso si "la revolución sudamericana fue esencialmente republicana" y si los "criollos [...] nacieron republicanos",19 como recuerda Bartolomé Mitre, el temor a la inestabilidad, la dificultad de concebir fuentes alternativas de legitimidad, también el apuro por ser reconocidos por las "potencias" inclinan hacia la monarquía. Así, el "Gran Capitán" José de San Martín, el "Libertador" del Río de la Plata, jefe del "Ejército de Los Andes", "Protector del Perú", nunca ocultó sus opiniones monárquicas. En Buenos Aires, los fundadores de la "república representativa", preocupados por garantizar los intereses comerciales del puerto que mira hacia Europa, y por tanto de la "civilización" contra la "barbarie" de las provincias del interior y del campo, también encaran la posibilidad de ofrecer la Corona a un príncipe europeo. En 1819, algunos de los miembros del Congreso que había proclamado la independencia de las Provincias del Río de la Plata tres años antes, asustados por su audacia, buscan a través
18 Francois Rene de Chateaubriand, Voyages en Amérique (1828), París, J.-C. Godefroy, 1982, p. 290 [trad. esp.: Viaje a América, Madrid, Madoz y Sagasti, 1846].
19
Bartolomé Mitre, Historia de San Martín y de la emancipación sudame ricana (1888), Buenos Aires, El Ateneo, 1950, p. 46.
DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 29
del Viejo Mundo un "rey imaginario",20 según las palabras de Bartolomé Mitre, con el apoyo de Francia. Algunos decenios más tarde, uno de los inspiradores de la Constitución argentina de 1853, Juan Bautista Alberdi, sigue considerando a la monarquía como "la mejor forma de gobierno en Sudamérica".21
Pensador de la independencia americana, hombre de acción y constitucionalista, Bolívar, por su parte, rechaza la "monarquía mixta de aristocracia y democracia que tanta fortuna y esplendor ha procurado a Inglaterra",22 y pretende ser resueltamente republicano. "Véase la naturaleza salvaje de este continente -dice en la Asamblea de las Provincias del Alto Perú-, que expele por sí sola el orden monárquico; los desiertos convidan a la independencia."
Ciertamente, el argumento es reversible. Y sin duda es menos convincente que los fracasos de las tentativas monárquicas en este continente, que Bolívar evoca con crudeza:
Y si algunos ambiciosos se empeñan en levantar imperios, Dessalines, Cristophe, Iturbide les dicen lo que deben esperar. No hay poder más difícil de mantener que el de un príncipe nuevo. Bonaparte, vencedor de todos los ejércitos, no logró triunfar de esta regla, más fuerte que los imperios. Y si el gran Napoleón no consiguió mantenerse [...], ¿quién alcanzará, en América, a fundar monarquías?
Para este admirador de Bonaparte, presente en París en la consagración, Haití sirve de contramodelo. Pero la singularidad de la primera república negra independiente hace del
20 Ibid., p. 47.
21 Juan Bautista Alberdi, La monarquía como mejor forma del gobierno en Sud-América (escrito en 1862, publicación postuma), Buenos Aires, Peña Lillo, 1970, citado por Natalio Botana, El orden conservador. La política ar gentina entre 1880 y 1916, Buenos Aires, Sudamericana, 1977, p. 53.
22 Simón Bolívar, "Lettre á un habitant de la Jamaique", op. cit. 28
destino desgraciado de sus reyes improvisados una referencia menos ejemplar para las Américas que la aventura imperial de México y el fin trágico de Agustín I.
Agustín de Iturbide era un militar español nacido en México. Encargado de reprimir a los insurrectos independen-tistas del sur del país, hace alianza con el movimiento de emancipación. En 1821 proclama la independencia y el establecimiento de una monarquía constitucional. Mediante el Pacto de las Tres Garantías, se compromete a defender la religión católica, la independencia política y la unión fraterna entre mexicanos y españoles. Esta independencia en la interdependencia, de inspiración decididamente conservadora, estaba destinada a adelantarse al movimiento popular de Morelos e Hidalgo y a "hacer la revolución antes de que la hiciera el pueblo". Iturbide, en efecto, no quiere romper con España. Hasta ofrece la Corona de México a su rey, o a un miembro de la familia real española. Pero Fernando VII condenará sin apelaciones la rebelión de sus subditos felones de Nueva España.
En mayo de 1822, una sublevación de sargentos proclama emperador a Iturbide, con el nombre de Agustín I. El nuevo soberano es consagrado por el presidente del Congreso, y no deja de establecer una corte y dar títulos de nobleza a su familia. Republicanos y adeptos de los borbones conspiran contra el imperio. Iturbide, que hace poco caso de la Constitución, comete entonces el error fatal de disolver un Congreso desobediente, violando así el Pacto fundador.
El general Santa Anna se "pronuncia" y lo obliga a abdicar. Iturbide abandona de inmediato México con su familia. Trata de volver en 1824. Es detenido y fusilado. El imperio habrá durado 11 meses. La tentación monárquica se volverá a manifestar cuarenta años más tarde y tendrá el mismo desenlace trágico. Maximiliano I, como Iturbide, ciertamente se beneficiaba con el apoyo de los conservadores y de la Iglesia, pero el hermano de Francisco José habrá
come-tido el error de ser impuesto desde el exterior por el emperador de los franceses.
Cuando Bolívar se extiende sobre la imposibilidad de instaurar la monarquía en las Américas, omite evocar su único éxito, el del Imperio del Brasil, tan ajeno a las antiguas colonias españolas. La monarquía constitucional de los Bra-ganza, en efecto, garantizó a la antigua colonia portuguesa más de sesenta años de "concordia y de paz". Por eso, esa irritante excepción brasileña a menudo fue minimizada por los vecinos. "El Imperio del Brasil es de hecho una democracia coronada",23 escribe el presidente argentino Bartolomé Mitre, admirador de la estabilidad del parlamentarismo brasileño. En efecto, en Brasil, sobre todo bajo Pedro II, el segundo emperador, sabio y filósofo, la Cámara de Diputados se halla en el corazón del dispositivo político. Dos partidos, uno liberal y el otro conservador, se suceden en el gobierno. El emperador ejerce un "poder moderador", en principio "neutro e imparcial", según las recomendaciones de Benjamín Constant. La monarquía, que legitima la centralización de la autoridad gobernante, asegura la unidad de un país-continente desmesurado. Es asimismo la garantía de la supremacía blanca y de la economía esclavista. Es cierto que, a comienzos del siglo xix, un tercio de la población está constituido por esclavos, y cerca de las tres cuartas partes de los habitantes son descendientes de africanos.
Por eso el emperador no es un simple monarca constitucional. De hecho, reina y gobierna. Constituye el eje central de la vida política y la piedra angular de la sociedad. La abolición de la esclavitud en 1888, por otra parte, acarreará la caída del imperio y la proclamación de la república. Pero sin lugar a dudas, la monarquía no había dejado sino malos recuerdos, ya que, según la Constitución de 1988, los electores brasileños fueron llamados en 1993 a escoger por
refe-23
A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
rendo, entre la república y la monarquía, el régimen que convenía dar al Brasil posmilitar.
LA REPÚBLICA CONTRA LA DEMOCRACIA
No era suficiente expulsar a los españoles fuera de las Amé-ricas. Las élites revolucionarias tenían que hacer frente a múltiples desafíos. Lo que les pareció más urgente para asentar las bases del Estado nación era de orden político. Concernía a las instituciones y a la forma del gobierno. Es así como los Libertadores son constituyentes. En su espíritu, la independencia no puede mantenerse en ausencia de instituciones sólidas. Por eso, en este continente, que desde el descubrimiento es la tierra de los "grandes interrogantes", se abre entonces un rico debate constitucional que sigue siendo de actualidad.24
Los legisladores de las independencias vacilan entre tomar en préstamo e inventar. La Constitución de Estados Unidos y la monarquía parlamentaria británica son las dos referencias obligadas. Si la Convención sirve de contraste, la Francia revolucionaria postermidoriana es también una fuente de inspiración. Pero no siempre es fácil distinguir la transposición de modelos extranjeros de la creación institucional propia.
Francisco Miranda, "el Precursor de las Independencias", patriota venezolano que recorre el mundo para "aprender el
24 El debate entre adeptos del parlamentarismo y fieles de la tradición presidencialista fue particularmente intenso durante el período que siguió a la caída de los regímenes autoritarios, a comienzos de la década del noventa del siglo pasado. El referendo de 1993 en Brasil invitaba así a los electores a proceder a una doble elección, entre monarquía y república, presidencialismo y parlamentarismo. La república presidencial prevaleció. Véase Jorge Lanzaro et al, Tipos de presidencialismo y coaliciones políticas en América Latina, Buenos Aires, CLACSO,2003.
DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 33
arte de gobernar" e interesar a las potencias en la independencia de la América meridional, elaboró varios proyectos de Constitución entre 1798 y 1808. Ahora bien, él considera que la finalidad de un gobierno republicano es limitar la autoridad pública con el objeto de impedir el despotismo y garantizar la libertad individual. Próximo a los girondinos en la Francia revolucionaria, donde fue nombrado general, en busca del apoyo financiero del Primer ministro en Londres para su expedición emancipadora, Miranda condena el espíritu revolucionario jacobino y sus principios "perversos".
Sus proyectos de república, sin embargo, pretenden no deberle nada a Europa. En su forma definitiva, el Ejecutivo central equivaldría a dos Incas, uno fijo, el otro itinerante, y ambos "responsables ante la nación".25 Dos curacas (ancianos, notables, en quechua) estarían ubicados a la cabeza de las provincias; los diputados del Congreso colombiano, el Parlamento continental, serían amantas (sabios). Pero también está previsto que los dos Incas sean asistidos por dos cuestores, dos ediles y seis censores. Este mestizaje institucional combina referencias indígenas con un andamiaje de funciones que no deja de evocar nuestra Constitución del año III: La referencia al más grande imperio precolombino de América no sólo depende de un exotismo folclórico. Al transponer la emancipación de los criollos antiespañoles en "descolonización" simbólica, el Precursor revela que en modo alguno ignora la cuestión étnica.
El utopista Miranda no dejó nada librado al azar. También fijó, en sus proyectos de república ideal, el perfil social de los ciudadanos. Estos últimos deben ser propietarios de
25 Véanse Carmen L. Bohorquez, Christian Ghymers et al., El papel de Miranda y su generación en la emancipación latinoamericana. Identidad, inte-gración regional y gobemabilidad, Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2006, pp. 256-260, y Augusto Mijares, El Libertador, Caracas, Aca-demia Nacional de Historia, 1987, pp. 145-148. Véase también Jacques de Cazotte, Miranda (1750-1816). París, Perrin, 2000, pp. 165 y 166.
un bien o titulares de un oficio que les confiera un ingreso suficiente para "el ejercicio de la libertad". Por lo tanto, son excluidos del sufragio los descendientes de esclavos, los servidores a sueldo y todos aquellos cuyos ingresos sean insuficientes. Pero la ciudadanía es reconocida a los indios, primeros habitantes, "independientes e industriosos anteriores a la Conquista". Y el Estado está obligado a otorgarles tierras para que dispongan de ingresos suficientes para ser electores.
La obsesión constituyente del Precursor desdichado de la independencia venezolana26 se encuentra con más fuerza y autoridad todavía en su discípulo y rival Simón Bolívar. El "padre de la patria" de cinco países andinos, uno de ios cuales lleva su nombre, en efecto estima que la estabilidad política es la condición de la independencia. Frente a la diversidad étnica, a la heterogeneidad social, al analfabetismo mayoritario, a la ausencia de un pasado común ("no somos indios ni europeos"), hay que establecer instituciones legítimas, sólidas y adaptadas. Constituir la nación es preservarla de la "hidra de la discordante anarquía" y de los "excesos de la tiranía". Por eso, en función de sus éxitos militares, y también de sus estados de ánimo, el Libertador propone a cada república un proyecto de ley fundamental susceptible de garantizar "su felicidad".
Sin embargo, más allá de las inflexiones circunstanciales, un cuerpo de doctrina y líneas de fuerza permanentes atraviesan todos estos proyectos. Ante todo, Bolívar es hostil a la "libertad ilimitada" y a la "democracia absoluta",27 por naturaleza caprichosa y efímera.
26 Francisco Miranda desembarcó dos veces en Venezuela al mando de una expedición "libertadora", en 1806 y en 1810. Dos veces vencido por las tropas realistas, es detenido por Bolívar cuando se disponía a abandonar el país. Entregado a los españoles, terminará su vida en prisión, en Cádiz.
27
Simón Bolívar, "Discours inaugural", op. cit.
DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 35
¿Cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo poder, prosperidad y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario a la aristocracia, la monarquía cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿El Imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene Francia 14 siglos de monarquía? ¿Quién es más grande que Inglaterra?28
Por eso, para él, la Constitución de Venezuela de 1811, federativa y democrática, calcada sobre la de Estados Unidos de América, es un "claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal para nuestros nacientes Estados".29 Esto es lo que infiere Bolívar: "Los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina", por lo menos "en tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte". Ahora bien, prosigue, los venezolanos no pudieron resistirse a la atracción del ejemplo de Estados Unidos, "demasiado lisonjero para que no fuese seguido", pero no estaban "preparados para tanta felicidad", su "constitución moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno [...] tan sublime que podía ser adaptado a una república de santos".30
Los legisladores, sigue diciendo, "seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del pueblo americano, y persuadidos de que las bendiciones de que goza se deben exclusivamente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciudadanos", olvidaron las enseñanzas de Montesquieu, de quien el vencedor de Boyacá es un atento lector.
28 Ibid.
29 Simón Bolívar, "Lettre á un habitant de la Jamaíque", op. cit. 30 Simón Bolívar, "Discours inaugural", op. cit.
36 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 37 ¿No dice El espíritu de las leyes -evoca Bolívar en el Congreso de
Angostura- que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿Que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿Que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos? ¿Referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir?3'
Es a partir de estos datos y de estos principios que Bolívar va a expresar sus proposiciones para reformar las instituciones venezolanas, en 1819, o para dar a Bolivia, el Alto Perú independizado en 1826, una Constitución sabia y duradera.
Un presidente vitalicio y un senado hereditario garantizarían el porvenir de las repúblicas emancipadas. El primero desempeñará el "papel del sol", que, "del centro donde se encuentra da la vida al universo"; el otro, "defensa para la libertad", sería la "base [...] el alma de la república [...] porque no dependería ni de la elección del gobierno ni de la del pueblo", así como "los senadores en Roma y los lores en Londres han sido las columnas sobre las que se ha fundado el edificio de la libertad política y civil". Pero Bolívar no se queda en esto para la Constitución boliviana. Ésta comprenderá tres cámaras (entre ellas, los tribunos y los censores) y cuatro poderes bien separados (el poder de los colegios electorales que se añade a los otros tres), aptos para "moderar la voluntad general" y "limitar la autoridad pública". A su manera de ver, sin esta armadura compleja y esos polos de anclaje, las fragilidades intrínsecas de las nuevas repúblicas, que resultaron conmocionadas por las guerras de liberación, las conducirán inexorablemente a la discordia y al caos.
La utopía aristocrática bolivariana pretende ser ante todo realista. El Libertador pretende evitar que las Américas tengan a la vez "las Constituciones más libres y los
gobier-31
Simón Bolívar, "Discours inaugural", op. cit.
nos más despóticos". Si rechaza la imposible "democracia absoluta", en consecuencia, no es para derogar la república en provecho de un hombre providencial, así fuera un tirano generoso y benévolo. Por el contrario, su designio es hacer "indestructible la libertad en las Américas". Es así como el presidente vitalicio reina pero gobierna poco. La administración está en manos de los "censores". Pero "esta suprema autoridad debe ser perpetua", ya que en los "sistemas sin je-rarquías se necesita más que en otros un punto fijo alrededor del cual giren los magistrados y los ciudadanos: los hombres y las cosas".32
Evidentemente, la "Constitución bolivariana" se inspira a la vez en las instituciones inglesas (salvo la monarquía) y en la Constitución del año vin. Pero Bolívar evoca también un modelo menos prestigioso pero más cercano: Haití, "la república más democrática del mundo", donde "el ilustre Petión es presidente vitalicio", con el "derecho para elegir el sucesor", lo que constituye, dice el Libertador, "la inspiración más sublime en el orden republicano".33
A este respecto, la historia no le dio la razón. ¿Debe atribuirse esta extraña admiración por el sucesor de Tous-saint Louverture a la ayuda sustancial que Bolívar, vencido por los españoles y refugiado en Santo Domingo, recibió en 1815 de Alexandre Pétion, o ella traduce su voluntad de probar a sus "compatriotas" negros que él es insensible al color de la piel de sus aliados y de sus partidarios?
De hecho, Bolívar no está lejos de pensar que América del Sur está más cerca de Haití que de Europa. "Nuestro pueblo no es el europeo -parece lamentar, por otra parte-, ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de Europa."34
Bolí-32
Simón Bolívar, "Discours sur la Constitution de la Bolivie", op. cit. 33
lbid. 34
var, por lo que a él respecta, demuestra ser múltiple. Su pensamiento, según la fortuna de las armas y las vicisitudes de la causa que defiende, oscila entre un oportunismo táctico y un mesianismo romántico. Pero siempre habla en nombre de los criollos. Su creatividad constituyente no tiene otras finalidades que garantizar la independencia de las nuevas repúblicas y su orden interno, es decir, la dominación de la élite blanca a la vez contra la metrópoli colonial y frente a las clases populares mestizadas. "Nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer -dice a los representantes venezolanos en Angostura-; así, nuestro caso es el más extraordinario y complicado."35 Las Constituciones ideales del Libertador no provocaron la adhesión de sus conciudadanos. La Constitución bolivariana de la propia Bolivia fue rápidamente derogada y se volvió a formas menos complejas de gobierno
republicano, que autorizaban la renovación periódica de las autoridades supremas. "Los proyectos de Bolívar fueron rechazados porque no tenían ningún antecedente ni en América del Norte ni entre los teóricos del liberalismo francés",36 comenta Indalecio Liévano Aguirre. El precedente haitiano, por sublime que fuera, no era suficiente. El préstamo extranjero prevaleció sobre la innovación; los liberales prevalecieron sobre los bolivarianos. El Io de marzo de 1830, cuando toda la América del Sur española es ya independiente, Bolívar, consciente de haber fracasado en unir a los países que contribuyó a liberar y en dotarlos de un Poder Ejecutivo sólido, presenta su dimisión como jefe supremo de la Gran Colombia y renuncia definitivamente al poder. En una de sus últimas cartas traza un balance amargo de los veinte años durante los cuales, en un
35
Simón Bolívar, "Discours inaugural", op. cit. 36
Indalecio Liévano Aguirre, Bolívar, Caracas, Academia Nacional de Historia, 1988, p. 249.
cuarto del continente, condujo la lucha emancipadora: "América es ingobernable [...]. El que sirve una revolución ara en el mar [...]. Este país caerá infaliblemente en manos de una multitud desenfrenada, para pasar después a tiranuelos casi imperceptibles, de todos los colores y razas".37
En otra región del subcontinente, otro general escritor y político, Bartolomé Mitre, que treinta años más tarde fue presidente de la República Argentina, al evocar las luchas de la independencia y la construcción nacional, parece responder al Libertador cuando escribe, con una franqueza su-premacista sin tapujos:
Desmintiendo los siniestros presagios que la condenaban a la absorción por las razas inferiores [...], la raza criolla, enérgica, elástica, asimilable y asimiladora, las ha refundido en sí, eman-cipándolas y dignificándolas, y cuando ha sido necesario, primiéndolas, y así ha hecho prevalecer el dominio del tipo su-perior con el auxilio de todas las razas susu-periores del mundo, aclimatadas en su suelo hospitalario, y de este modo el gobierno de la sociedad le pertenece exclusivamente.38
-La república prevalecía sobre la democracia.
¿CÓMO EXCLUIR AL PUEBLO SOBERANO?
En el curso de los dos decenios de sublevaciones y de guerras, algunos mestizos se convirtieron en oficiales en los ejércitos revolucionarios. Se promulgaron leyes en favor de la liberación de los esclavos, y hasta de la abolición de la
37
Simón Bolívar, "Lettre de Barranquilla au general Juan José Flores", 9 de noviembre de 1830 [orig. esp.: "Carta al general Juan José Flores, Jefe del Ecuador", en Doctrina del Libertador, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1976].
38
40 A LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS DE LAS DEMOCRACIAS DE LA PRIMERA OLA 41 esclavitud. Se otorgaron derechos de ciudadanía a los indios. Pero esta
"noche del 4 de agosto" americana no dejó relucir más que objetivos lejanos de igualdad y de libertad. Las perturbaciones de las relaciones sociales no borraron tres siglos de colonia.
En la América colonial, las sociedades son rígidamente jerarquizadas y excluyentes. La cumbre de la pirámide está ocupada por los blancos; la base, por los habitantes de color, que son los únicos que trabajan con sus manos y pagan el tributo. Como observaba Humboldt, que visitó el continente en los primeros años del siglo XDC, es el color de la piel el que determina la posición social.39 "Todo blanco es noble'"', o se cree tal, dice. Para acceder a los cargos, a las dignidades civiles y militares, e incluso a la Universidad, hay que probar su limpieza de sangre, la ausencia de mezcla racial de su familia.40 Entonces, con respecto a esto, a la manera de ver de los "peninsulares", los criollos de antiguas extracciones son particularmente sospechosos. Así, se emitió la hipótesis de que el ardor revolucionario y antiespañol de Simón Bolívar no carecía de relación con el rechazo de la Corona de atribuir un título de nobleza a su familia en virtud de una presunta "mancha" en su árbol genealógico...41
En virtud de esa puntillosa "pigmentocracia" colonial, la segregación es legalmente instituida. Los indios son excluidos de la educación; los mestizos, arrinconados, salvo excepciones, en el ejercicio de las "artes mecánicas". Leyes
39
Alexander von Humboldt, Voyage dans l'Amérique, op. cit., p. 239. Para el estudio de casos de una sociedad colonial y de sus supervivencias contem poráneas. véase Osvaldo Hurtado, IJOS costumbres de los ecuatorianos, Quito,
Planeta del Ecuador, 2006. 40
En la España de la Reconquista, la "pureza de sangre" era un con cepto estrictamente religioso. Los ascendientes "impuros" eran judíos o musulmanes. En las colonias españolas de América, los criterios de la lim
pieza son étnicos y raciales. 41
Una de sus abuelas sería hija de una madre india. Véase Augusto Mi jares, El Libertador, op. cit., p. 15.
suntuarias prohiben que los indígenas y los esclavos, así fuesen liberados, lleven la misma ropa que los blancos. Evidentemente, la justicia no es idéntica para los "naturales" y para la "gente bien" (la gente principal). Un mismo delito es sancionado con una multa o un castigo corporal según el color. También es cierto que el respeto a la ley no es una obligación para los blancos, sino más bien un ideal lejano, porque viene de lejos y casi no es aplicada sino cuando afecta a los intereses de los preponderantes de la colonia. Uno se inclina ante la voluntad real sin por ello ponerla en práctica. Es así como la voluntad de los sucesivos soberanos españoles de proteger los derechos de sus subditos indios mediante leyes apropiadas fue letra muerta. Del mismo modo, desde la conquista, el desvío de una institución, la encomienda, destinada a evangelizar a los indios y a recaudar el tributo, permitió que los notables españoles se apropiaran de las tierras e impusieran el trabajo forzado a sus ocupantes. La primera fase de concentración de la propiedad surgió de esta usurpación tolerada.
La rigidez y la naturaleza étnica de las estructuras sociales, la concentración de la propiedad y el débil imperio de la ley son otras tantas características de las sociedades coloniales, que la generosidad retórica de las revoluciones de independencia no ha abolido en modo alguno. El dilema, para las élites criollas, es tanto más dramático cuanto que la soberanía del pueblo es la única fuente de legitimidad de las nuevas repúblicas. En consecuencia, deben encontrar las vías y los medios de excluir al pueblo de la elección de los gobernantes sin renegar de los principios de la democracia representativa. Como escribía Juan B. Alberdi, uno de los pensadores políticos de la "organización nacional" argentina a mediados del siglo xrx:
El problema del gobierno posible en la América antes española [...] consiste en elevar nuestros pueblos a la altura de la