Facultad de Trabaj o Social
U
NIVERSIDAD DEJ
AÉN Facultad de Trabajo SocialTrabajo Fin de Grado
U NA APROXIMACIÓN A LA APOROFOBIA
Alumno/a: Marta Rama Navas
Tutor/a: Ana Urbiola Vega
Dpto: Departamento de Psicología
Julio, 2019
Resumen
La aporofobia es un fenómeno que actualmente está cobrando un papel muy importante en la sociedad, dado que se trata de una problemática a la que se ha dado nombre recientemente pese haber existido siempre. Es la autora Adela Cortina quien acuñó el término, definiéndolo como: el odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado.El presente trabajo presenta una revisión sistemática bibliográfica con el objetivo de conocer la bibliografía existente sobre el término aporofobia en español. La bibliografía analizada fue seleccionada mediante unos criterios de inclusión determinados. En el trabajo se presenta también una justificación de la relevancia del concepto y el marco legal en relación al término clave analizado. Los resultados muestran que la mayoría de documentos existentes hacen referencia a la autora Adela Cortina, siguiendo sus estudios y partiendo de ellos para crear artículos y otras reseñas en las que también se ha incidido en este trabajo. En ellos se comprueba que la pobreza es uno de los términos clave al hablar de aporofobia, además de medirla, principalmente, desde el punto de vista económico. En este trabajo también se plantean ideas sobre cómo reducir la aporofobia y se presentan algunas conclusiones finales.
Palabras clave: aporofobia, pobreza, exclusión social.
Abstract
The aporophobia is a phenomenon that is currently taking a very important role in society, given that it is a problem that has been recently named despite having always existed. It is the author Adela Cortina who coined the term, defining it as: hatred, disgust or hostility to the poor, the lack of resources, the helpless. The present work presents a systematic literature review with the objective of knowing the existing bibliography about the term aporophobia in Spanish. The literature was selected by certain inclusión criteria and analyzed later. The paper also presents a justification of the relevance of the concept and the legal framework in relation to the key term analyzed. The results show that the majority of existing documents make reference to the author Adela Cortina, following her studies and starting from them to create articles and other reviews in which she has also focused on this work. They show that poverty is one of the key terms when talking about aporophobia, in addition to measuring it, mainly from the economic point of view. In this work, it are also presented some ideas about how to reduce aporophobia and are presented a final conclusions.
Key words: aporophobia, poverty, social exclusion.
ÍNDICE
1. Justificación ... 1
2. Pregunta de investigación ... 2
3. Término “aporfobia” en el marco legal ... 2
4. Buscando el porqué de la aporofobia ... 3
5. ¿Se puede acabar con la aporofobia? ... 10
6. Objetivos ... 15
6.1. General ... 15
6.2. Específicos ... 15
7. Método ... 15
7.1. Criterios de inclusión utilizados ... 16
7.2. Diagrama de PRISMA ... 17
8. Resultados ... 17
9. Conclusiones ... 23
10. Referencias Bibliográficas ... 25
1. Justificación
La aporofobia está cobrando un importante papel en la sociedad actual en la que vivimos, y es la falta de información y estudios que se han realizado sobre esta problemática, la principal razón por la que es necesario llevar a cabo esta revisión bibliográfica ya que se trata de un tema muy reciente, actual y novedoso del que podemos encontrar pocas investigaciones y documentos que abarquen la temática. Además, este término se suele confundir con los de racismo o xenofobia, lo que conocemos como desprecio y rechazo a inmigrantes, refugiados o personas pertenecientes a grupo étnico-racial diferente al propio, aunque una pregunta que cabe hacerse es si esta repulsa se produce en realidad porque son pobres y no por su condición de extranjeros o su grupo étnico.
La Aporofobia es “el odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado" (Cortina, 2000, párr.2). Su significado proviene de las palabras griegas que lo componen: “áporos”, pobre, sin salidas, escaso de recursos, y “fobia”, temor. Por lo que se podría decir que el término “aporofobia” serviría para nombrar un sentimiento difuso, y hasta ahora poco estudiado, de rechazo al pobre, al desamparado, al que carece de salidas, al que carece de medios o de recursos.
La filósofa española Adela Cortina fue quien acuñó el término aporofobia, el cual "pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la xenofobia o la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado"
"Conviene la importancia de poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender o denunciar.”
(Fundéu BBVA, 2017, párr.8).
Adela Cortina, decía en una entrevista para el diario El Mundo frases como: "El problema es de pobreza" "Y lo interesante en este caso es que hay muchos xenófobos, sí, pero aporófobos somos casi todos". Tal y como dice: “no marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro que es jugador de baloncesto, ni al jubilado con patrimonio: a los que marginamos es a los pobres” (Cortina, 1996, p.70).
Este además añadía que Por otra parte, Cortina, en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre, habla de la imposibilidad de delimitar físicamente realidades como la homofobia, el racismo o la xenofobia, y es por ello la necesidad de ponerles nombre, con el fin de señalarlas y saber que existen, para así lograr su análisis y posicionarnos ante ellas, ya que de lo contrario, permaneciendo en el anonimato y en el silencio, no se podría denunciar.
2. Pregunta de investigación
¿Cuál es la información existente en la literatura sobre el término aporofobia en español?
3. Término “aporofobia” en el marco legal
El término aporofobia no viene recogido en el Código Penal aunque en los últimos años ha estado muy presente en la sociedad. Sin embargo, desde el Sistema Estadístico de Criminalidad (SEC) del Gabinete de Coordinación y Estudios, ha comenzado a incluirse este término para la grabación de estos hechos en el Informe sobre la evolución de los incidentes relacionados con los delitos de odio en España del año 2014 aunque nuestra legislación penal no lo contenga. Igualmente en la propia Memoria de la Fiscalía General del Estado del año 2016, se hace referencia al artículo 22.4 del código penal “en todo caso se trata de un catálogo cerrado en el que se echan en falta algunos supuestos, como son los de aporofobia y gerontofobia”
En el mes de julio del año 2017, la Comisión de Justicia del Senado aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.
Tras la proposición de ley orgánica de reforma de la ley orgánica 10/1995, de 2 de noviembre, del Código Penal, se modifica el apartado 4. º Del artículo 22, que queda redactado del siguiente modo:
“4.ª Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, razones de aporofobia o de exclusión social, la enfermedad que padezca o su discapacidad.”
Partiendo desde una perspectiva sociológica, se considera a los delitos de odio como actos de violencia, hostilidad e intimidación hacia personas que son seleccionadas por su identidad, la cual es percibida como ‘diferente’ por quienes actúan de esta forma (Chakraborti, Garland y Hardy, 2014, p.80).
Según Hatento, Observatorio de Delitos de Odio contra las Personas Sin Hogar (2015), aquel que perpetra un delito de odio, escoge a un sujeto o víctima por corresponder (ya sea de forma real o por la percepción de quien lo comete) a un tipo de colectivo en los que las personas que lo integran tienen en común alguna particularidad esencial que hace al agresor tener una visión o concepto negativo. Lo que el agresor pretende en estos casos, además de mostrar su intolerancia ante la víctima sobre la que recae la acción, también lo hace hacia el
grupo de donde proviene por sus caracterícticas. Por ello el motivo que subyace es la aporofobia como tal.
Por todo ello, podemos decir que se trata de un delito con una fuerte carga simbólica: “las personas que formáis parte de este grupo no sois bienvenidas a este espacio, no formáis parte de los nuestros, sois los otros” (Hatento, Observatorio de Delitos de Odio contra las Personas Sin Hogar, 2015, p.80). El efecto que produce esta afirmación, es el de privar del derecho que tienen las personas pertenecientes a los grupos vulnerables a su implicación en la sociedad. Esta participación de la que se habla ya se encuentra bastante menguada en las personas sin hogar. Es por todo esto, que encontramos sociedades divididas, a consecuencia de los delitos de odio y de la permisividad social que existe hacia estos colectivos. Es en estas sociedades en las que se presupone que no todas las personas que la integran son iguales y por tanto que no tenemos el mismo derecho a que se proteja nuestra dignidad e integridad.
En el mimo estudio presentado por el Observatorio de Delitos de Odio contra las Personas Sin Hogar realizado en 2015, resulta importante destacar los resultados obtenidos:
“Un 47,1 % de las personas entrevistadas informan de al menos un incidente o delito relacionado con la aporofobia durante su situación de sinhogarismo, y, entre éstas, un 81,3 % habría pasado por este tipo de experiencias en más de una ocasión. Sin duda, estos datos son alarmantes y señalan en qué medida la intolerancia hacia las personas sin hogar está presente en nuestra sociedad. Más allá de la violencia estructural que implica vivir en la calle, esta situación viene acompañada de un tipo de violencia directa dirigida a recordarles a las personas sin hogar que son ‘los nadie’.
El objetivo de esta violencia es humillar a sus víctimas.” (p.86).
La palabra aporofobia es una expresión que no existe en otras lenguas, pero es real el rechazo al pobre y al desamparado. Esto tiene una fuerza en la vida social que todavía es mayor precisamente porque actúa desde un deleznable anonimato (El País, 2000). A pesar de no estar contemplado en los diccionarios, sí que es recogido y reconocido por el Ministerio del Interior como uno de los seis delitos de odio que tipifica.
4. Buscando el porqué de la aporofobia
Son varios los autores que han expuesto sus teorías sobre las causas y los motivos que hacen que la aporofobia exista, pues se trata de una problemática muy presente en todas las sociedades y según desde qué perspectiva se mire, las teorías adquieren una lógica que podría dar con el porqué de esta. En todo caso, la pobreza es un punto clave desde el que la mayoría de los autores hablan y que sirve para explicar el fenómeno de la aporofobia.
En el informe general realizado por EDIS (Equipo de Investigación Sociológica), Ayala, Esteve, García, Muñoz, Renes y Rodríguez (1998) sobre las condiciones de vida de la población pobre en España se expone: “La falta de trabajo o de un trabajo digno, las carencias culturales -el analfabetismo, y la desescolarización, son los «derechos olvidados»
para la población que vive por debajo del umbral de la pobreza en nuestro país.” (p.320).
“El fenómeno de la pobreza, definido por la escasez de recursos económicos y del nivel de vida, está producido por causas y genera consecuencias que le hacen estar muy relacionado con altos grados de marginación y exclusión social.” (p.336).
Algunos problemas que podrían definir la exclusión social según este informe serían el paro de larga duración, el subempleo, las minusvalías, la deficiente vivienda, entre otros.
Entre la falta de trabajo o el trabajo precario, la incultura y la pereza de los pobres como causas que generan la pobreza, los pobres mostraron un grado de acuerdo determinado respecto a ellas, siendo el paro o el trabajo precario la causa de la pobreza más señalada por la mayoría de ellos.
“Los ingresos de las familias, o en su caso los gastos, en una palabra la economía de las familias pobres y de las personas que las componen, constituyen el principal elemento diferenciador de las situaciones de pobreza. El tener menos o más dinero para vivir diversifica diferentes niveles de condiciones de vida en todos los aspectos”
(EDIS (Equipo de Investigación Sociológica), Ayala, Esteve, García, Muñoz, Renes y Rodríguez, 1998, p.442).
En este informe lo que se pretende es conocer no solo la pobreza desde la perspectiva económica, sino hacer una aproximación a la medición de la diferente intensidad o gravedad de la pobreza existente en España teniendo en cuenta los factores sociológicos que caracterizan la pobreza. En el caso de Expósito (2016), este expone las múltiples formas que existen de medir y evaluar la pobreza. La primera y más importante de ellas es desde el punto de vista económico al ser el aceptado por la mayoría. En este aspecto, hablar de pobreza para Expósito es hablar de ingresos insuficientes y escasos a comparación del resto de la población perteneciente a una sociedad, lo que llama pobreza relativa. Por otra parte menciona la pobreza absoluta, que supone entender la pobreza como una carencia absoluta de recursos. Por otra parte, Expósito también distingue otro punto de vista diferente al económico, y es el del acceso incompleto a bienes y servicios como pueden ser la salud o la educación. Pero de forma general, manifiesta el concepto de pobreza como la carencia de un grupo que se considera y se etiqueta como pobre.
Estas teorías o divisiones que hace Expósito sobre la pobreza vista como desigualdad y carencia, es una base sobre la que partir a la hora de entender la distinción que se hace entre los ciudadanos y los pobres.
Por otro lado, en su libro, Cortina expresa su percepción sobre la xenofobia y justifica el uso del neologismo aporofobia, además del paso del uso del término xenofobia al uso de aporofobia. Además señala que existe una asimetría entre las convicciones aporófobas de superioridad y las declamaciones de igualdad formal. “No nos “repugnan” los capaces de comprar equipos de fútbol, pero se cierran las puertas ante los refugiados políticos. El problema no es, pues, de raza, etnia o extranjería, es de pobreza. El pobre molesta, incluso
“nuestro pobre”. (Margenat, 2017, p.331).
Siguiendo a Martínez (2002), comprobamos que su definición o justificación de la aporofobia parte de la idea de que esta se aprende o se impulsa partiendo de narraciones cuyo objetivo es alarmar a la sociedad. Y estas afirmaciones suelen vincular a los pobres con crímenes de delincuencia, lo que supone una mayor desconfianza hacia ellos al verse como una amenaza para el resto.
Pero por otra parte, analizando la información y los datos disponibles sobre delincuencia, podemos comprobar que la más peligrosa y la mayor parte de ésta, es la procedente de las mafias organizadas las cuales manejan una gran cantidad de recursos y no la delincuencia que ejercen los sectores pobres. Es por ello que Martínez manifiesta que resulta sarcástico que se considere a los pobres como una amenaza al sistema socioeconómico. Este autor además expone que el fenómeno de la aporofobia se encuentra en la persona por un mecanismo psicológico que no tiene una base lógica, es decir, la generalización apresurada.
Por ello, al partir de casos individuales, se puede llegar a una conclusión universal, y es que consideramos a todos los mendigos y desaliñados como peligrosos y sospechosos según Martínez (2002).
Como es evidente, este tipo de generalizaciones no son ciertas, pero todos las hacemos inconscientemente.
En un artículo publicado en El País el 7 de marzo de 2000, la autora Adela Cortina decía sobre la explicación de la aporofobia:
“La razón es bien simple, descubrirla no precisa grandes especulaciones. En sociedades, como las nuestras, organizadas en torno a la idea de contrato en cualquiera de las esferas sociales, el pobre, el verdaderamente diferente en cada una de ellas, es el que no tiene nada interesante que ofrecer a cambio y, por lo tanto, no tiene capacidad real de contratar.” (párr. 6).
Esta definición, como podemos observar, es desde la perspectiva de la economía, pero Cortina, no solo habla de bienes económicos, habla también de otros bienes como: la pertenencia a una comunidad política, la seguridad en tiempos de vulnerabilidad (asistencia sanitaria, jubilación, desempleo), los cargos que determinan el ingreso, la estima social y las oportunidades vitales, la educación, el poder político, la igualdad, el reconocimiento y los honores que condicionan la autoestima y el auto respeto.
Para Cortina (2000), existen tres tipos de ética con las que responder ante el fenómeno de la aporofobia. Estas éticas de las que habla con la ética de los demonios estúpidos, la de los demonios inteligentes y la de las personas inteligentes, justas y solidarias.
Al hablar de los demonios estúpidos, la autora se refiere a toda persona que discrimina o aparta a los demás por el hecho de que piensan que no tienen nada para ofrecerles. Es interesante mencionar lo que seguidamente manifiesta sobre los inmigrantes, pues defiende que son estos quienes realizan los trabajos que se han quedado desfasados o que ya nadie está dispuesto a realizar. Respecto a los demonios inteligentes, Cortina dice que estos observan lo que sucede para así poder saber con quién pactar, ya que pese a ser débil, sí que pueden tener algo que ofrecer a su parecer. Por último separa de ellos a las personas inteligentes, justas y solidarias. A estas no les interesa el contrato, sino que aprecian y valoran en sí al ser humano.
Cortina llega a la conclusión de que existe un convencimiento de superioridad por parte de los agresores, los cuales creen tener autoridad y legitimidad para cometer los actos de odio, a través de una estigmatización y denigración que se basa en argumentos vagos, contra aquellos que pertenecen a un colectivo concreto, sin hacer distinción de la persona individual. Cortina, al realizar este análisis, enjuicia al ser humano como un ser aporófobo, defendiendo la existencia de unas bases cerebrales innatas en el individuo que le hacen tener una tendencia de rechazo al pobre. La autora fundamenta esta afirmación en el estudio neurocientífico del cerebro del ser humano, analizado por ella misma en Neuroética y neuropolítica, sugerencias para la educación moral (2011). De tal manera, llega a la conclusión de que el ser humano, en la época de cazadores recolectores, desarrolló un mecanismo de supervivencia por el que veían como enemigos potenciales a todo aquel que no se encontraba dentro del grupo de pertenencia. Es por ello que Cortina dice que este mecanismo de supervivencia se instaló en el cerebro del ser humano, y se fue transmitiendo genéticamente en el proceso evolutivo.
Para entender esto, la cuestión que Adela Cortina planteó fue la de si los que molestan son los extranjeros pobres o los pobres en general. Pero concluye en que lo que realmente
molesta es la pobreza en general, añadiendo que si además a esa característica se suma su condición de extranjeros, se muestran más fácilmente como un peligro para nuestra identidad. Del mismo modo, afirma que este rechazo existe también hacia los pobres de la propia familia. Cortina manifiesta que rechazar a un pobre incluye tener una conducta o postura de superioridad, y además implica culpabilizar a la víctima en cualquier caso.
Según Rodríguez (2003) hablar de la pobreza:
“Nos hace conectar ineludiblemente con el concepto de la marginación, entendida como forma de exclusión social, soledad, discriminación y otros muchos modos de aislamiento, como el de la vergüenza que se siente ante el pobre, porque el pobre, aparte de no dar nada, pide mucho, no está presentable, suele padecer enfermedades contagiosas, va mal vestido, sucio, huele mal y su presencia a nuestro lado nos deja en mal lugar, entre otras razones, porque su necesidad radical le arrastra, a menudo, a desestabilizar el orden, a no ser fiable, a cometer hurtos y toda clase de pequeños o grandes despropósitos. Es por ello que lo percibimos como un delincuente en potencia, un pecador y como tal está frecuentemente abocado a la cárcel o al infierno.
Su total carencia cultural le hace de alguna manera irredento para poder participar del orden social ni divino.” (p.1).
Este autor considera muy necesario analizar la situación del pobre dentro del marco de sociedad en la que se ha desenvuelto. Sin ello, expone, jamás podremos comprender su soledad, su comportamiento y la valoración que del mismo hacen los otros escalones sociales. Actualmente, como bien expone Rodríguez, la pobreza no se caracteriza quizá por la falta de comida o de vestido principalmente, sino que se hace más hincapié en la pobreza psíquica, en la cultural, en la que produce el aislamiento, la exclusión o marginación.
En un informe llamado ‘Percepción de los españoles y andaluces ante la pobreza’ y elaborado por los investigadores del Centro de Estudios Andaluces, Marqués, Echavarren y García (2013) se expone que:
“La denominada “nueva pobreza” se ha caracterizado por sumar a personas con empleo pero con unos ingresos insuficientes para dotarse de unos recursos mínimos para eludir los distintos umbrales de pobreza.” (p.5).
En este informe se analiza y se estudia esta problemática para intentar plantear las claves con el fin de desplegar políticas públicas que se designen para su erradicación. Y es a través del análisis que realizan, que identifican tres aspectos básicos: quiénes son considerados pobres y qué grupos sociales tienen más probabilidades de ser reconocidos como tales;
cuántos pobres consideran los andaluces y españoles que hay; y cuáles son las atribuciones que los españoles y andaluces dan sobre la pobreza.
“Según el informe elaborado por Intermón-Oxfan titulado Desigualdad, crisis y pobreza (2012), el 40 % de los españoles será pobre en los próximos diez años. Ante estas cifras, los distintos gobiernos nacionales han ido manteniendo la ayuda en su Programa de Recualificación Profesional, conocido como el plan PREPARA.”
(Marqués, Echavarren y García, 2013, p.5).
Pese a ello, y siguiendo a estos mismos autores, la pobreza se entiende también como una reacción de la sociedad que lleva a las personas etiquetadas como pobres a ser segregados y marginados socialmente. Por lo que comprobamos que no solo se trata de una falta de recursos.
Para Marqués, Echavarren y García, (2013) es muy importante por ello la contestación que hagamos ante la pobreza, pues de ello también depende el desarrollo que hagan las políticas públicas. Georg Simmel (2012) hablaba de la generosidad de los programas de bienestar y de alivio de la pobreza por parte de las administraciones y gobiernos. De esto dependía de una manera muy importante la manera de ver la pobreza por la sociedad. Cualquier sociedad que considerara a los pobres como unos vagos y perezosos, haría que pensaran que las ayudas lo que hacen es trabajar en sentido contrario a lo que se pretende, que es motivar la voluntad de los pobres a superar la pobreza. De forma contraria, si la sociedad de la que hablan Marqués, Echavarren y García, (2013) se tratara de una sociedad que considerara a este grupo como consecuencia de la injusticia del sistema social, estos los compensarían mediante la creación de políticas redistributivas.
Además, en este informe, sobre la pregunta « ¿por qué hay personas que viven situaciones de necesidad o pobreza en España?» lanzada en la Encuesta sobre la Realidad Social Andaluza (ERSA) en su oleada del 2009, existían las siguientes respuestas: «los pobres son pobres porque no han tenido suerte» (fatalismo), porque «la sociedad es muy injusta»
(injusticia social), «por pereza o falta de voluntad» (individualista) y porque «es una consecuencia inevitable del progreso» (estructural).
Pues bien, para la sociedad española, la causa más importante de la pobreza es que «la sociedad es muy injusta».
A juicio de Andrade, (2008) el proceso de la aporofobia se podría llamar de juego de responsabilidades, ya que nace de un nivel de conciencia, un tanto oscuro, que recuerda que las situaciones de desamparo son, en cierta medida, una responsabilidad de todos los que estamos acomodados. En resumen, define la aporofobia como:
“Un sentimiento de rechazo a los pobres, pues la situación que se encuentran reclama a toda sociedad una responsabilidad que no se quiere asumir y la respuesta a esta cobranza es una devolución hacia a las víctimas de la culpa por la situación de pobreza en la cual se encuentran.” (Andrade, 2008, p.131).
Siguiendo a Andradre (2008), la pobreza y las situaciones que ella ocasiona, se originan en su mayoría por motivos muy diferentes a la voluntad de toda persona que la sufre. Por ello, defiende que este fenómeno surge de la realización de las generalizaciones apresuradas que hacemos y que se caracterizan por tratarse de pensamientos débiles y perezosos, por lo que las define como distorsiones resultantes de estas.
Este autor además afirma que a consecuencia de la aporofobia, se desarrolla y crece el sentimiento de rechazo, asco y miedo hacia estas personas, pues además de todo ello, se supone la poca higiene que tienen y el prejuicio de sucios, lo que hace que sean excluidos además de culpabilizarlos de su pobreza y de las etiquetas que le son asignadas, es decir, los prejuicios, “pues podían ser más limpios porque pobreza no tiene que significar suciedad o podían educar mejor sus hijos y así no se envolverían en la marginalidad y desde ahí un largo etcétera de excusas y de responsabilidades transferidas.” (Andrade, 2008, p.132).
Es por todo ello que los filósofos Adela Cortina y Emilio Martínez, coinciden en que la aporofobia se hace aún más evidente en sociedades basadas en el contrato.
“La clave para comprender la aporofobia es que en la mayoría de los ámbitos de la vida social hay quienes tienen poder para pactar y también hay quienes no lo tienen;
algunas personas tienen algo que puede interesar a los poderosos y en cambio otras carecen de interés para ellos” (Martínez, 2002, p.20).
En las sociedades de pactos y contratos, solo puede pactar el que tiene algo para ofrecer, de lo contrario, se vuelven insignificantes y prescinden de ellos, por lo que al no necesitarlos, son descartados. En la mayoría de sectores pertenecientes a nuestras sociedades, no importan las personas pobres, pues no aportan nada en los ámbitos de la vida social como en el de la economía, el mercado, los gobiernos o la propia universidad. Estos pobres no suelen poseer puestos de trabajos muy importantes, ni tampoco plazas en las universidades. Tampoco pueden permitirse tener tarjeta de crédito, ni pagar grandes impuestos o consumir productos por encima de sus posibilidades. En esta lógica, Andrade expone que “los pobres no tienen nada que ofrecer, además nos molestan con su incómoda presencia que nos acuerda una responsabilidad que, posiblemente, queremos olvidar.”
Como algunos autores señalan (e.g., Ayuste, 2005), la aporofobia se hace más fuerte en las sociedades individualistas y centradas en el poder del dinero. Este autor defiende que la
discriminación más importante es el clasismo que se hace palpable en una distribución desigual de las oportunidades educativas en relación a la división social del trabajo. Mientras un sector de la sociedad ocupe las mejores posiciones en la jerarquía socio laboral, el otro está destinado a realizar las tareas más mecánicas y consideradas de menor prestigio.
5. ¿Se puede acabar con la aporofobia?
Ante la pregunta de si hay salida para la aporofobia, las posturas que encontramos son favorables. Andrade dice que sí, se puede mediante pensamiento fuerte, laborioso y cuidadoso. Podemos superar la aporofobia si se apuesta por una sociedad solidaria en lugar de una sociedad de contrato. La solidaridad (desvinculándola de la idea de paternalismo) supone una decisiva contestación a la aporofobia.
Martínez opina que un buen punto de partida para una educación intercultural sería ayudarnos mutuamente a romper los clichés existentes entre los colectivos pobres, esas generalizaciones apresuradas que hemos ido armando en nuestras mentes a lo largo de la vida. Cuando hablamos de clichés o estas generalizaciones apresuradas, se nos viene a la mente de forma directa el concepto de prejuicio. En el caso de Andrade, defiende la correlación existente entre los términos prejuicio, estereotipo y discriminación. Este autor, explica al prejuicio como una opinión o apreciación que realizamos sin obtener una información o conocimiento más exacto de forma previa. Es decir, lo define como juicios anticipados que carecen de una reflexión más profunda, y que llegan a formar verdades que consideramos incuestionables. Del mismo modo, siguiendo a Andrade, los prejuicios se hacen racionalmente, siguen siendo de una racionalidad floja y débil, pero estos mismos prejuicios, dirigidos hacia personas pertenecientes a un determinado grupo y que nacen de sentimientos de enojo y miedo, finalmente crea un círculo vicioso entre el pensar y el sentir, entre los prejuicios y los estereotipos, basándose en el asco y el odio.
“Según el diccionario de la lengua española, los estereotipos son un conjunto de trazos o modelos fijos que caracterizan un determinado objeto, que puede ser un grupo humano en sus aspectos físicos, mentales o comportamientos” (Andrade, 2008, p.124).
Para este autor, los estereotipos son caricaturas de un grupo, ya sean negativos o positivos.
Esto quiere decir que su función es la de reforzar una característica determinada y desprestigiar cualquier otra, y esto hace que no podamos conocer realmente a estos grupos, siempre empobrecen y distorsionan la realidad. Pese a todo ello: “no deberían ser tenidos en cuenta en un pensamiento que se quiera fuerte, laborioso y cuidadoso” (Andrade, 2008, p.126).
En el caso de la autora Adela Cortina, en declaraciones a EFE, asegura que la aporofobia es una patología social que existe en todo el mundo y lo primero que hay que hacer es
«reconocerlo, saber que está y que nos pasa, e inmediatamente tratar de desactivar ese fenómeno» que a esta filósofa le parece absolutamente corrosivo». No obstante, esta autora también afirma que “tener una predisposición no implica estar determinado a actuar en ese sentido, porque el cerebro está dotado de una enorme plasticidad que nos permite modularlo a lo largo de la vida” (2017, pp.73-74). Es por ello que aunque no podamos negar que el rechazo existente a lo extraño esté arraigado en el cerebro del ser humano innatamente, cada uno de nosotros como tal, tenemos la capacidad de modificar la conducta mediante la educación y el cambio de las construcciones mentales socialmente construidas, ya que todas las personas somos animales biosociales.
Por otro lado, considera importante que todo el mundo de habla hispana pueda tener un término para reconocer ese fenómeno de rechazo y odio al pobre, y cree que esa palabra debería extenderse a otros idiomas porque la aporofobia, advierte, «es un fenómeno universal, no solo de los países de habla hispana».
Del mismo modo declara que todos los seres humanos somos aporófobos. En esto coincide Expósito (2016) al decir que: “La caridad es un ejemplo de institución aporófoba en tanto que supone un trato diferenciado y discriminante hacia un colectivo por un motivo social específico (estar en situación de pobreza): hay diferencia entre prestar ayuda y ofrecer caridad.” (p.78).
A pesar de esto, Expósito expone que no debemos tomar este argumento como un ataque hacia las prestaciones de ayudas que se realizan desde estas instituciones a las personas empobrecidas, sino que lo que pretende es hacer una crítica sobre esta ayuda, pues debería ir unida a un mecanismo eficaz y real que tuviera el propósito de eliminar la pobreza, puesto que el fin de la caridad no es este en cuestión. Por ello defiende que la caridad debe ser sustituida por la solidaridad.
“La caridad es una institución orientada a la satisfacción moral de quien la ejerce, independientemente de si se acaba solucionando la situación de pobreza o no, mientras que la solidaridad permite reforzar lazos sociales y permite romper con la imagen peyorativa del empobrecido al concebirse al empobrecido no como culpable de su situación, sino como consecuencia de un modelo de sociedad que genera pobreza.” (Expósito, 2016, p.78).
Del mismo modo, considera a los guetos y los albergues instituciones aporófobas. Para Wacquant, el significado de gueto va mucho más allá de un conjunto de personas o familias
pobres con unas limitaciones sociales importantes como la falta de ingresos o de una vivienda digna o determinadas conductas marginales, sino que considera el gueto como una forma institucional y una herramienta útil de poder que tiene como objetivo encerrar a este colectivo por sus caracterícticas consideradas peligrosas y rechazadas, y al mismo tiempo, de esta forma, sirve como instrumento de control sobre ellos.
Según Expósito, el gueto es un ejemplo de institución informal, pues no existen reglas ni leyes escritas que obliguen a nadie a pasar a formar parte de un gueto. “Es el resultado de la intersección entre xenofobia y aporofobia lo que acaba provocando este confinamiento voluntario de cierta parte de la población en un territorio marcado como gueto.” (Expósito, 2016, p.79). Del mismo modo Expósito manifiesta que “El albergue ejemplifica la aporofobia institucional en tanto que, disfrazado de refugio, lo que pretende es, entre otros aspectos, invisibilizar los casos manifiestos de pobreza extrema y que son una vergüenza para una sociedad pretendidamente justa e igualitaria.”
No obstante, sigue recalcando, como anteriormente hemos expuesto, que el argumento de que los albergues son aporófobos, no se propone justificar que se deje de realizar esas ayudas a los pobres, sino que argumenta que:
“El albergue es una institución aporófoba e insuficiente y que debe acompañarse de medios reales y eficaces que tengan como fin el resolver la situación de empobrecimiento de los ciudadanos. Es decir, la ayuda prestada a ciudadanos empobrecidos en forma de albergues o caridad debe transformarse, no eliminarse sin más. Y debe transformarse en un proceso de superación de la pobreza, no en una institución que perpetúe tanto la aporofobia como la pobreza.” (Expósito, 2016, p.81).
Pese a que este tipo de instituciones como es el albergue se encuentre dentro de las políticas encaminadas a eliminar la pobreza, Expósito expone que más bien están dirigidas a que el resto de la sociedad normalizada note una preocupación por parte del Estado hacia los colectivos empobrecidos. “La población objetivo de las políticas contra la pobreza no parece ser la población de personas empobrecidas, sino la población de personas normalizadas.”
(Expósito, 2016, p.81).
Siguiendo a este mismo autor, ejemplo de ello es el carácter propagandístico de estas políticas, pues se hace más alusión al dinero que se emplea para abolir la pobreza (es decir, más gasto equivale a más preocupación por los pobres), que a cuánto se ha reducido la pobreza al aplicar estas políticas. Otro ejemplo es el de la idea de que el Estado protege mediante estas políticas, que son las que la transmiten al resto de la población, sea cierto o
no el cumplimiento de esta protección. Esto causa un efecto tranquilizador, sobre todo en épocas de crisis.
Expósito, también habla de las políticas orientadas a la erradicación de la pobreza, y las critica exponiendo que lo que realmente hacen es que sigamos culpabilizando al pobre de su situación, pues lo que se percibe de ello es que pese a la ayuda que se le presta para que salga de ese problema, éste lo que hace es aprovecharse y no luchar por salir de ella. Por ello se crea una visión hacia ellos negativa al volverse dependiente de estas ayudas brindadas por el Estado. Expósito (2016) lo plantea en su artículo como free rider o gorrón.
Otras instituciones que han sido consideradas aporófobas son los medios de comunicación, en los que es posible encontrar casos de aporofobia que ellos mismos difunden, pues al comunicar una noticia vinculada a una persona pobre, esta se convierte en protagonista, ya sea como víctima o como delincuente. Cuando se destaca la condición de pobre de una persona que ha cometido un delito o falta, podemos comprobar que existe un sesgo aporófobo.
En el caso del mercado de trabajo como institución aporófoba, siguiendo a Expósito, es obvia la dificultad existente a la hora de conseguir un puesto de trabajo, y no solo para los colectivos más empobrecidos, sino para cualquier persona de toda clase social con su respectivo nivel de estudios, lo cual hace que surja un grupo de personas en peligro de salir del mercado de trabajo. Estos, pese a estar trabajando, carecen de ingresos regulares y a veces insuficientes con los que poder realizar sus vidas en la actual sociedad. Se les denomina trabajadores empobrecidos, pues soportan exigencias y se les obliga a acatar las condiciones laborales que sean o de lo contrario serían expulsados del mercado de trabajo.
“El poco trabajo existente es acaparado por los más preparados, y los que lo están menos son automáticamente expulsados de ese mercado actualmente escaso, puede decirse que como causa más próxima e inmediata el paro y el trabajo precario, junto con la exigua protección social (en los que la tienen) explican la mayor parte del fenómeno de la pobreza.” (EDIS (Equipo de Investigación Sociológica), Ayala, Esteve, García, Muñoz, Renes y Rodríguez, 1998, p.458).
Respecto al consumo, Cortina señala la imposibilidad que tienen las personas pobres de alcanzar un nivel de consumo normalizado en la actual sociedad, y esto supone la forma más evidente y visibilizada de exclusión y aporofobia.
Por otro lado, esta misma autora, considera que uno de los antídotos frente a la aporofobia es justamente reforzar y rehabilitar el Estado social.
“Me parece fundamental reforzar el discurso de la igualdad y del respeto a los derechos económicos y sociales, que es el fundamento de la socialdemocracia.
Garantizar estos derechos no consiste sólo en aplicar políticas para erradicar la pobreza, sino en disminuir las desigualdades”. (Cortina, 2017, párr. 5).
Por otra parte habla de la educación como remedio, y de que hay que seguir educando en los valores de la solidaridad y el respeto al diferente. Aunque del mismo modo expone lo siguiente: “El problema es que también la sociedad educa, y a veces, hay una contradicción flagrante entre lo que dicen los libros y lo que la sociedad transmite con el ejemplo”.
(Cortina, 2017, párr. 6).
Ejemplo de ello es la siguiente afirmación:
“El rechazo a las diferencias, la falta de reconocimiento de las aportaciones de los grupos que son objeto de discriminación, y la ausencia de estrategias para incluir la voz de todas las personas en la cultura y en la organización de la escuela, son algunos de los factores que explican que determinados modelos educativos no sean sensibles a la heterogeneidad, y que contribuyan a legitimar las desigualdades sociales y educativas que generan las discriminaciones”. (Ayuste, 2005, p. 54).
Para Cortina, hace falta una implicación de la ciencia económica, de la sociedad civil y de unas instituciones comprometidas, orientadas a la búsqueda por la igualdad. Su posición es favorable hacia la investigación, siempre que no cause consecuencias en el sujeto ni en terceras personas, además de utilizar técnicas que sean conformes a la moral. Por otra parte, sugiere trabajar en la reducción de desigualdades y la erradicación de la pobreza, razonando que la lucha contra la pobreza se puede conducir desde dos frentes: uno de ellos como medida de protección a los pobres y otra como medida de empoderamiento de dichos grupos. Cortina opta por elegir la segunda alternativa (el empoderamiento), ya que con esta se podría proponer la posibilidad de ser realmente libres a estas personas.
Además, Cortina hace una aproximación al reto de la hospitalidad cosmopolita, la cual, a su juicio, sería necesaria la implicación de tres actores fundamentales: la ciencia económica, la sociedad civil y el Estado. La ciencia económica sería la encargada de disminuir las desigualdades, la sociedad civil como medio integrador, y el Estado como legislador, son los encargados de infundir la obligación del respeto por la dignidad humana y el reconocimiento del otro.
Cortina declara que “educar en nuestro tiempo exige formar ciudadanos compasivos, capaces de asumir la perspectiva de los que sufren, pero sobre todo de comprometerse con
ellos” (2017, p.168). Por ello según Hernández, (2018) en su reseña del libro “Aporofobia, rechazo al pobre” concluye:
“No basta únicamente con informar a la ciudadanía de las problemáticas sociales relativas a cada momento, sino que es un deber de necesidad educar a las personas en valores, que lleven al reconocimiento del otro como un igual, independientemente de su condición social.” (p. 260).
Según Sebastián, (2018): “Para lograr este objetivo el derecho y el Estado son imprescindibles pero no bastantes, pues se requiere de la necesaria contribución de la sociedad civil. Por que donde no llega el derecho debe llegar la ética cívica” (p.76).
Por su parte, en su libro, Cortina expone: “Decía Ortega que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso es decisivo ir tomando conciencia de lo que nos pasa también en este cotidiano rechazo al pobre.” (p.26). La autora, defiende que al explicar qué es la aporofobia, la gente muestra sintonía, es decir, asumen esta realidad como nuestra.
“Saber cada vez más acerca de nosotros mismos, reconocer que existe esa forma de discriminación, a la que he puesto el nombre «aporofobia» a falta de uno mejor, preguntar por sus causas y buscar caminos viables para superarla es uno de los retos de nuestro tiempo. El nombre es solo un camino para el reconocimiento”. (Cortina, 2017, p.26).
6. Objetivos
6.1. General
Conocer la bibliografía existente sobre el término aporofobia en español
6.2. Específicos
a) Explorar la tipología de documentos que tratan la aporofobia en lengua española b) Presentar de manera organizada y clasificada según unos criterios de inclusión la
literatura sobre aporofobia mediante el diagrama de PRISMA para la revisión bibliográfica sistemática.
c) Analizar la literatura seleccionada sobre aporofobia para generar un acercamiento hacia una conceptualización del término y de sus implicaciones.
7. Método
En esta revisión sistemática bibliográfica, las fuentes y bases de datos de datos que se han utilizado son: Dialnet, ProQuest y Google Académico, además de las páginas derivadas de los documentos encontrados en dichos buscadores a las cuales se ha accedido.
7.1. Criterios de inclusión utilizados
a) Publicados desde el año 1996 hasta la actualidad.
El motivo por el que la fecha de publicación de la documentación recabada sea desde el año 1996 y no de una fecha más reciente, es que al tratarse de un término tan nuevo como es el de aporofobia, los escasos documentos disponibles y la información encontrada, se ha producido mayormente a partir de ese año, con los estudios más relevantes pertenecientes a los autores más destacados y relacionados con esta problemática. Es alrededor de este año donde surge un gran interés e implicación por el estudio de esta realidad a la que se le puso el nombre de aporofobia.
b) Se han seleccionado únicamente los documentos en castellano.
c) País de publicación España
d) Se han aceptado todo tipo de documentos (artículos de revista, artículos de periódico, libros, reseñas, informes, páginas web …)
Las palabras clave utilizadas han sido: aporofobia, pobreza, exclusión social.
7.2. Diagrama de PRISMA
Número de registros adicionales identificados a través de otras fuentes: 9 Número de registros
identificados a través de la búsqueda en la base de datos.
- Dialnet: 19
- Google Scholar: 35 - ProQuest: 23
Número de registros después de los duplicados eliminados: 42
Número de registros excluidos:
11 Número de registros
seleccionados: 31
Diagrama basado en la propuesta PRISMA (2009) sobre la aporofobia
8. Resultados
Durante la búsqueda, y al establecer los criterios de inclusión en las bases de datos, se consiguió un total de 86 artículos publicados entre los años 1996 y 2019 (incluidos los encontrados en otras fuentes), de los cuales se han seleccionado 31 para la realización de este trabajo.
Es importante mencionar que los documentos que cumplen los criterios de inclusión que se han establecido han sido encontrados mayormente en la base de datos de Google Académico.
Pese a ello, la mayoría de documentos seleccionados para este trabajo han sido de Dialnet, lo cual explicaremos posteriormente.
Esta revisión sistemática consta de 28 artículos a texto completo analizados para decidir su elegibilidad, de los cuales 5 han sido excluidos por diferentes razones, pero la principal de ellas es la temática o enfoque que seguía cada uno de ellos, la cual no se ha considerado definitoria ni sumatoria para incluirla en el trabajo, pues podría desorientarnos o descentrarnos de los objetivos propuestos para esta revisión sistemática. Otra de las razones ha sido que los autores de dichos artículos no eran muy relevantes o populares en esta temática, por lo que se ha decidido excluirlos.
La mayoría de documentos encontrados se tratan de reseñas a la autora del término aporofobia, Adela Cortina, además de artículos de opinión, artículos de revista, libros, entre otros, sin olvidar mencionar el importante número de documentos que se han seleccionado de otras fuentes como internet dada su importancia y cercanía con la aporofobia.
Por otra parte, la razón por la que la mayoría de documentos incluídos han procedido de la base de datos de Dialnet, ha sido la concreción y alta relación que en sus artículos se ha
Númerototal de artículosa texto completoexcluidos, y razones de su exclusión: 5
Número totalde artículos a textocompleto analizadospara decidir suelegibilidad: 28
Número total deestudios incluidosen la síntesiscualitativa de larevisión
sistemática: 23
encontrado respecto a los objetivos propuestos, pues encajaban mucho más con la temática que pretendíamos llevar a cabo en este trabajo sobre aporofobia, moviéndose más alrededor del término en sí y mostrando información mucho más acertada tras su lectura y análisis.
Finalmente, y tras la exclusión de estos 6 artículos, son 23 los documentos que se han incluido finalmente en el trabajo.
Al realizar esta revisión sistemática, se ha incidido principalmente en los documentos y textos redactados por la autora Adela Cortina, pues es esta autora quien acuñó el término aporofobia para poner nombre a una realidad que aunque existía, nadie antes había intentado delimitar y hacerla visible. Cortina, definió el término aporofobia como “el odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado". (2000, párr.2) Se trata de una problemática que a día de hoy ha sido poco estudiada, pues se ha puesto siempre más interés en estudiar cuestiones como la xenofobia o el racismo racismo que cuestiones de desigualdad social basadas en la clase social.
El hecho de que el término sea relativamente reciente, hace que en el ámbito de lo legal, no podamos encontrarlo recogido como tal, por ejemplo en el Código Penal, donde no aparece.
Pero por otro lado, si se encuentra muy presente en la actualidad, en informes y estudios relacionados con los delitos de odio en España, aunque nuestra legislación penal no lo contenga. Es en 2017 cuando encontramos un dato relevante sobre la incorporación del término aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal, además de la modificación de la ley orgánica 10/1995, de 2 de noviembre, del Código Penal en la que también se incluye el término aporofobia
“4.ª Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, razones de aporofobia o de exclusión social, la enfermedad que padezca o su discapacidad.”
En este aspecto, podemos observar que por primera vez la aporofobia, se va visualizando hasta el punto de ser incluida legalmente y considerada como una realidad más al igual que los delitos cometidos por motivos de sexo, género, religión, etnia, entre otros.
Es curioso saber que el término aporofobia no existe en otras lenguas y que aunque no podemos encontrarlo en los diccionarios de los últimos años, sí que es recogido y reconocido por el Ministerio del Interior como uno de los seis delitos de odio que tipifica.
En las publicaciones de Adela Cortina, podemos ver que siempre intenta explicar que el problema de la aporofobia se centra en la pobreza, en el rechazo al pobre (como bien llama
a su libro). Ella afirma que casi todas las personas somos aporófobas. Expósito, explicaba las distintas maneras en la que podemos medir la pobreza (desde el punto de vista económico, acceso incompleto a bienes y servicios, o entendida como carencia y desigualdad).
Lógicamente, nos vamos a centrar en el punto de vista económico, pues es el mayoritariamente aceptado, y dentro de este podemos hablar de una pobreza relativa o absoluta. Esta afirmación que hace Expósito, podemos comprenderla mejor con el siguiente texto:
“La denominada ≪nueva pobreza≫ se ha caracterizado por sumar a personas con empleo pero con unos ingresos insuficientes para dotarse de unos recursos mínimos para eludir los distintos umbrales de pobreza” (Marqués, Echavarren y García, 2013, p. 5).
“Los españoles identifican mayoritariamente como grupos con mayor riesgo de caer en la pobreza a los desempleados, los mayores y los trabajadores en precario, siendo estos resultados muy similares a los de nuestro entorno europeo.” (Marqués, Echavarren y García, 2013, p. 10)
Estas últimas afirmaciones, las encontramos en un informe llamado ‘Percepción de los españoles y andaluces ante la pobreza’ y elaborado por los investigadores del Centro de Estudios Andaluces.
Tras haber revisado este informe, nos damos cuenta de que la pobreza (además de caracterizarse por la falta de recursos), supone que la respuesta de la sociedad ante ello sea la marginación y la división de esta al estigmatizarlos. En esto tiene mucho que ver el desarrollo de políticas públicas. Según Georg Simmel (2012) la generosidad de los programas de bienestar y de alivio de la pobreza por parte de las administraciones y gobiernos dependía directamente de la manera en que la pobreza era vista por la sociedad.
Resulta interesante conocer datos como:
“Para casi la mitad de los ciudadanos europeos (incluida España, con un 52 %), la atribución mayoritaria de la pobreza es «porque nuestra sociedad es muy injusta»;
sin embargo, en Andalucía, si bien la opción mayoritaria es la misma, el porcentaje es del 38 %, frente a la opción «es parte inevitable del progreso», que presenta un 18
% frente al 12 % de la misma opción a nivel nacional” (Marqués, Echavarren y García, 2013, p. 12).
La opción de una sociedad injusta se refiere a los obstáculos puestos por otros grupos sociales a los pobres y por los cuales estos individuos no pueden salir de la situación de necesidad en la que se encuentran. Por tanto podemos decir que la mayoría de encuestados
desplaza el objeto del problema hacia las acciones de los otros y no del pobre. Es decir, se sitúa al pobre como víctima. Como resultado de la atribución de culpa, se considera que la situación de pobreza es, en parte, alterable.
Pero entonces nos surge una duda: ¿Por qué, a pesar de reconocer al pobre como víctima y no como responsable de su situación de pobreza, se le rechaza igualmente? Como bien hemos mencionado a lo largo de todo este trabajo, Cortina afirma que casi todos somos aporófobos. Podemos encontrar algunas posibles explicaciones a esta cuestión analizando algunas de las teorías expuestas en esta revisión, como es el caso de Martínez que señalaba:
“La aporofobia se alienta en cada uno de nosotros a través de un mecanismo psicológico que carece de base lógica: la generalización apresurada.” (2002, pp.17-23). Partiendo de algunos casos particulares, se alcanza una conclusión general de tipo universal: “Todos los mendigos son peligrosos”, “Todos los desaliñados son sospechosos” (Martínez, 2002, p.17- 23). Podemos observar que a pesar de que estas afirmaciones no son ciertas, cada uno de nosotros las hace de forma inconsciente.
Otra posible explicación o punto de vista desde el que se puede abordar la pregunta es el que la propia Adela Cortina expone en un artículo para El País. Se trata de la idea de contrato, la cual sigue siendo desde la perspectiva económica. Cortina intenta explicarnos que en cualquier esfera social, el pobre no tiene nada que ofrecer o nada interesante que intercambiar, es decir, no tiene capacidad real de contratar. Analizando esta perspectiva, podemos resumirla en que sencillamente, en estas sociedades de las que hablamos, los pobres se vuelven prescindibles e innecesarios, pues no aportan nada, y además de esto, existe un sentimiento de molestia hacia ellos, pues nos sentimos incomodados ante su presencia. Este aspecto nos hace darnos cuenta de que en mayor o menor medida el ser humano, más o menos inconscientemente, discrimina al pobre, llegando a ser egoísta e injusto.
Pero no solo tienen importancia los bienes económicos, sino que toman un papel muy importante aspectos como la pertenencia a una comunidad política, la seguridad en tiempos de vulnerabilidad (asistencia sanitaria, jubilación, desempleo), los cargos que determinan el ingreso, la estima social y las oportunidades vitales, la educación, el poder político, la igualdad, el reconocimiento y los honores que condicionan la autoestima y el auto respeto.
Se podría decir que aunque no son bienes de tipo económico, se trata de características o ámbitos de la vida de toda persona o grupo que influyen en la forma en la que los percibimos, más allá de su estatus económico.
Aunque todas estas explicaciones o teorías podrían servir para conocer cuál es el verdadero motivo por el que somos considerados aporofobos dado que se basan en argumentos
razonados y con una lógica importante, Cortina sigue yendo más allá, y con su estudio neurocientífico del cerebro del ser humano, analizado por ella misma en Neuroética y neuropolítica, sugerencias para la educación moral (2011), concluye en un punto decisivo y clave con el que cree dar con la explicación principal de la aporofobia. Nos habla de un convencimiento de superioridad por parte de los agresores, puesto que creen estar legitimados y tienen la autoridad para ejecutar los actos de odio mediante el acto de denigrar y estigmatizar basándose en argumentos débiles y sin lógica contra los miembros de un colectivo concreto, sin hacer distinción de la persona individual. Cortina, en este estudio, apoya la existencia de unas bases cerebrales innatas en el individuo, y son estas las causantes de que todo individuo tenga una tendencia de rechazo al pobre. Además explica que fue en la época de cazadores recolectores, cuando el ser humano desarrolló un mecanismo de supervivencia por el que veían como enemigos potenciales a todo aquel que no se encontraba dentro del grupo de pertenencia. Y es así como este mecanismo del que hablamos se instaló en el cerebro del ser humano y consecuentemente trasmitiéndose de forma genética en el proceso evolutivo.
Al igual que al realizar esta revisión bibliográfica se han encontrado diferentes teorías y explicaciones sobre la problemática de la aporofobia, también muchos autores y autoras apuestan positivamente por cambiar esta realidad. Prueba de ello es la afirmación de Cortina que dice: “tener una predisposición no implica estar determinado a actuar en ese sentido, porque el cerebro está dotado de una enorme plasticidad que nos permite modularlo a lo largo de la vida” (2017, pp. 73-74). Esto podemos traducirlo en que aunque se trate de algo que nos acompañe de forma innata en nuestro cerebro, el ser humano es capaz de cambiar, modelar y transformar sus actos, su conducta y pensamiento, y Cortina afirma que es la educación la que toma el papel decisivo en este proceso de cambio, una educación en la sociedad ya que todas las personas somos animales biosociales. La clave estaría en educar en valores como el respeto y la solidaridad con aquel que consideramos diferente. Además, para Cortina, el primer paso para acabar con esta patología social es reconocerlo para comenzar a desactivar este fenómeno.
Del mismo modo, como bien defiende la autora, otro de los pasos más importantes sería el de rehabilitar y fortificar el Estado Social, pues es primordial reafirmar un discurso que apueste por el respeto a los derechos económicos y sociales y por la igualdad. Estos deben ser garantizados y no solo mediante la aplicación de políticas orientadas a erradicar la pobreza, sino que además se pongan como objetivo disminuir las desigualdades existentes.
Por otro lado, Andradre coincide con Cortina y también se posiciona favorablemente ante la opinión de que sí hay salida para la aporofobia. Este apuesta por superarla mediante un pensamiento fuerte, laborioso y cuidadoso, y al igual que la autora, defiende la necesidad de sustituir la sociedad de contrato por una sociedad solidaria. Define esta característica como la contestación decisiva a la aporofobia.
Si bien es cierto todo lo que hemos expuesto, es interesante saber que el problema de la aporofobia es aún superior en las sociedades individualistas y en las que el poder se basa principalmente en la economía. Es obvia la tensión existente entre la democracia y el capitalismo. Por ello, Cortina defiende la falta de intervención de la ciencia económica, de la sociedad civil y de las instituciones pertinentes cuyo objetivo es la igualdad. Además apuesta por la investigación y por trabajar para disminuir las desigualdades, y en consecuencia, erradicar la pobreza, pudiendo hacerlo posible desde dos frentes. El primero de ellos sería establecer una medida de protección a los pobres y el segundo sería una medida pero de empoderamiento para ellos. Puesto que el primero de ellos puede parecer una medida más paternalista o menos eficaz, apuesta por la opción de empoderamiento, con la que existiría la posibilidad de hacer a estos grupos verdaderamente libres.
Por otra parte, el reto que Cortina propone de la hospitalidad cosmopolita, aunque pueda parecer poco realista o inaccesible, es bastante necesario e importante. Para ello, como bien expone, es necesaria la participación de la ciencia económica, la sociedad civil y el Estado.
La ciencia económica sería la encargada de disminuir las desigualdades, la sociedad civil como medio integrador, y el Estado como legislador, son los encargados de infundir la obligación del respeto por la dignidad humana y el reconocimiento del otro. Estos tres actores, parecen formar una red que, en principio y con una buena planificación y organización, podrían lograr importantes avances en lo que a la lucha contra la aporofobia se refiere, pues son los aspectos fundamentales requeridos.
En una de sus muchas declaraciones, Cortina expone que “educar en nuestro tiempo exige formar ciudadanos compasivos, capaces de asumir la perspectiva de los que sufren, pero sobre todo de comprometerse con ellos” (2017, p. 168). Y por su parte, Hernández (2018), en su reseña del libro Aporofobia, rechazo al pobre concluye:
“No basta únicamente con informar a la ciudadanía de las problemáticas sociales relativas a cada momento, sino que es un deber de necesidad educar a las personas en valores, que lleven al reconocimiento del otro como un igual, independientemente de su condición social.” (p.260).
Con estas afirmaciones, estos autores, pese a apostar por unas medidas u otras, siguen haciendo hincapié en que los valores en los que se educan a las personas son fundamentales para el cambio, hay que partir de ellos e interiorizarlos.
Por último, Cortina opina que, a pesar que de la sociedad educa, existe una gran contradicción entre lo que los libros dicen y lo que verdaderamente la sociedad transmite con el ejemplo. Este punto del que la autora nos habla, nos resulta muy cierto. Hay una diferencia muy grande de lo que se predica a lo que realmente se hace, y esto hace que a veces veamos la imposibilidad de que los objetivos propuestos se cumplan si no hay una práctica real de todo ello.
9. Conclusiones
Como bien indica el nombre de esta revisión sistemática bibliográfica (una aproximación a la aporofobia), este trabajo ha supuesto un primer acercamiento a una realidad que, aunque ha existido siempre, nunca se le había dado nombre ni se había estudiado mucho sobre ella, (la aporofobia). Actualmente, esta palabra se está dando a conocer, pues es objeto de atención en las redes sociales. Al indagar, nos damos cuenta de que existen gran variedad de páginas que a la vez que definen la palabra ‘aporofobia’ también describen esta realidad social que supone. Este fenómeno de expansión del término se debe en gran parte a los medios de comunicación, especialmente a Internet.
Por todo ello, y tratándose de una problemática de la cual aún no se han realizado muchos estudios ni existen tantos documentos bibliográficos como en otros ámbitos o temas de estudio, el objetivo general que se ha perseguido con esta revisión sistemática bibliográfica era conocer la bibliografía existente que podíamos encontrar sobre el término aporofobia en español. Para ello se ha realizado un largo proceso de búsqueda, revisión, lectura y selección de toda la información encontrada.
Explorar la tipología de documentos que tratan la aporofobia en lengua española, era uno de los objetivos específicos propuestos en este trabajo. Tras haber realizado esta tarea, hemos podido comprobar que la mayoría de documentos encontrados sobre la temática que nos ocupa, han sido principalmente artículos y reseñas del libro de Adela Cortina ‘Aporofobia.
El rechazo al pobre’, pues se trata del documento más importante hasta hoy en el que se trata todo respecto a la aporofobia. Aunque también es importante señalar que mucha de la información expuesta durante toda la revisión, ha sido recabada mediante otras fuentes diferentes a las bases de datos utilizadas, pues como hemos dicho anteriormente, es internet el medio de comunicación donde más se ha ido expandiendo y se ha puesto en el punto de
mira del debate el tema de la aporofobia. Ejemplo de ello son diferentes noticias de distintos periódicos, donde la propia autora del término (Adela Cortina), exponía en varias ocasiones opiniones respecto a la temática. Es por esto que este tipo de información se ha considerado pertinente y adecuada para incluirla en la revisión, pues es, al fin y al cabo, el medio en el que más se ha ido plasmando la problemática.
Posteriormente, y tras el proceso de lectura realizado, se pretendía cumplir con el objetivo de analizar la literatura seleccionada sobre aporofobia para generar una síntesis del concepto y sus implicaciones. Este objetivo ha sido uno de las más laboriosos, pues a pesar de que la información sobre aporofobia era relativamente escasa, sí que se han encontrado muchos otros documentos que, aunque a priori pudieran parecer que no tenían relación con la problemática, han sido seleccionados y utilizados finalmente en la revisión al encontrar en ellos perspectivas y temas que sí son considerados de importancia a la hora de explicar mejor el fenómeno. Hemos podido comprobar que se trata de un término pluridisciplinar que tiene cabida en diferentes ámbitos como la sociología, la ética, la psicología, la filosofía o jurisprudencia entre otros, y en consecuencia, el trabajo ha sido minucioso y seleccionado en función de las diferentes temáticas encontradas. Por otra parte, ha influido mucho la cuestión del término al ser tan reciente y no aparecer como tal en los documentos bibliográficos.
También se ha tenido en cuenta otro de los objetivos específicos como era el de proporcionar de manera organizada y clasificada la literatura sobre aporofobia. Para ello, ha sido primordial realizar una lectura detenida de la información, entendiéndola y asimilándola para poder ordenarla e incorporarla al texto en función de los puntos que queríamos conocer, pues para realizar otro de los objetivos específicos como es el de desarrollar una revisión bibliográfica que sirva como base de información para comprender el término aporofobia, debemos estructurarla y organizarla de manera que conforme un texto claro, detallado y bien redactado para una buena comprensión del mismo.
En resumen, la realización de esta revisión sistemática bibliográfica ha supuesto un proceso lento, pues se ha indagado, se ha realizado una lectura detallada de los documentos encontrados que se han considerado relevantes y que podían aportar siempre algo más al trabajo en conjunto, una selección muy rigurosa, pues se pretendía además no desviar el tema principal de la aporofobia, descartando los documentos que no aportaban una información clara y sumatoria, pues esto podría distorsionar y descentrarnos del objetivo general del trabajo.
Respecto a una visión futura en la que se pudiera abordar el trabajo realizado, se podrían resaltar aspectos de mejora. Por ejemplo, una buena opción sería la de realizar una investigación en la que se pudiera conocer, desde una perspectiva más práctica, la percepción o el conocimiento existente sobre la aporofobia en la población. Se trataría de una recogida de datos e información de fuentes primarias como son los sujetos. Del mismo modo, podría medirse, a través de indicadores, el nivel de aporofobia existente en una población determinada. Todo ello con ayuda de herramientas como los cuestionarios.
No solo podrían desarrollarse investigaciones, sino también proyectos de intervención, productos finales como cortos, anuncios, debates en radio sobre aporofobia, entre otros.
Todos ellos, medios por los que podría expandirse aún más y abarcar la problemática sobre aporofobia, partiendo de un conglomerado de teoría como es esta revisión para poder desarrollarlos posteriormente.
Por último, es importante destacar la utilidad de este tipo de trabajos, y en concreto el realizado sobre aporofobia, pues se trata de una temática poco estudiada y la cual adquiere cada vez más atención e importancia en la sociedad. El presente documento puede servir como punto de partida para conocer la nueva palabra y todo lo que ella supone, y, como ya hemos dicho, como base de futuras investigaciones y en la práctica clínica sobre la temática.
10. Referencias Bibliográficas
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Cortina, A. y otros (1996). Ética, Madrid, Santillana.
Cortina, A.; y Martínez Navarro, E. (1996). Ética, Madrid, Santillana.
Cortina, A. (2011). Neuroética y neuropolítica: sugerencias para la educación moral, Madrid: Tecnos.