EL INFLUJO I B ~ R I C O
EN LA CIUDAD ROMANA
DE VALENTIA
Urbanismo, Numismática, Necrópolis. Albert Ribera i Lacomba*
L'abundant realitat arqueoltigica de Valencia a /'epoca romano-republicana ens mostra una ciutat palesa- ment romanoitalica, amb ben pocs senyals d'un món iberic, que té una de les seues millors referencies a l'entorn geograirc d'aquesta nova fundació, que es va col~locar al be11 mig de nuclis indigenes tan impor- tants com ara Arse-Saguntum, Saiti i Edeta. Tot iaixo, és molt més evident l'influx de Valentia envers aques- les poblacions que no pas al contrari.
Urbanisme. Numismática, Necropolis.
Although Valentia was located in the middle of some very important Iberian towns, like Arse-Saguntum, Saiti and Edeta, the archaeological evidence o? this new urbs ni the Roman Republican period shows a typical Roman town that had very scarce signs of the lberian world. On the contrary, there are a lot of evidentes about Valentia influence towards the lberian neighbourhood.
Town planning, numismatics, Necropolis.
Valentia avait eté erigée au centre d'une region peuplé d'importants viiles ibériques, comme Arse- Saguntum, Saiti et Edeta. Malgré cette posltion geographique, les nombreuses trouvailles arché010gigue~ de i'epoque romaine repubiicaine correspondent a la culture italique plus que a l'indigene. Au contraire, c'est plus evident reconnaTtre l'influence de Valentia sur les peuples ibériques des environs.
Urbanisme, Numismatique, Nécropole.
Los orígenes de Valencia, hasta no hace muchas déca- das, y desde hacia varios siglos, se habían relacionado con la mítica Jyris de Avieno. Los argumentos de la copiosa y farragosa historiografía (Ribera 1998, 78-85), que sustentaba esta arcana tradición, se fueron des- plomando a poco que la arqueología empezó a hablar
Y se valoraron en su justa medda otras fuentes histó- ricas, bastante más fiables que la Ora Marítima. Ya hace tiempo que no son motivo de discusion sera ni el ori- gen romanoitálico ni la fecha de fundación, 138 aC, ambos temas conocidos por una fuente más fiable como Tito Livio y abundantemente corroborados por la cada
vez más conocida y reiterada evidencia arqueológica, que demuestra la inexistencia de un asentamiento indi-
gena en el mismo lugar o en los alrededores más inme- diatos de la ciudad romana. Lo que, por otra parte, no excluiría su existencia en un entorno algo más ale- jado (Ribera 1998. 307), tal como ocurre en las restan- tes fundaciones romanas de este momento, que sue- len tener relativamente cerca un núcleo urbano indi- gena: Corduba, Gracchuris, Narbo
...
Los numerosos y específicos problemas historiografi- cos de la fundación de Valencia han dado lugar a un amplio y largo debate, al que a más reciente investi- gación arqueológica, poco a poco, ha ido dando res- puestas cada vez más concluyentes (Ribera 1998, 77- 981.' No es éste el tiempo ni el lugar más apropiado para entablar ya caducos debates sobre los supuestos ori-
' SIAM
1.- Apenas entraremos a considerar algunos reincidentes anacronismos, derivados de una excesva iiteialidad de la traducción del resu-
EL INFLUJO BERICO EN iA CIUDAD ROMANA DE VALENTIA EMPURlES52, 2 W i 173-181
ladas, pero que en un caso. en "Corts Valencianes", se encontraron 5 agrupadas. En todas las ocasiones, se trataba de ollas o urnas de cerámica común y de t~pologia no ibérica (Marín/Matamoros, 1994). El único lugar en que se señalado mayoría de piezas ibéricas ha sido en una especie de hogar, en la calle Cabillers, extramuros. pero muy cerca del limite de la ciudad. En esta caso, sobre una pequeña hoguera, cuyo carácter ritual no se puede descartar, se habian depositado 4 piezas casi enteras: una olla itálica de cocina (Vegas 2), un kaiathos con decoración geomé- trica estilizada, un kaiathos con decoración zoomorfa y un plato-iekane, tal vez del tailer de Fontscaldes. En toda esta abundante muestra de los productos de consumo cotidiano en los primeros tiempos de la ciu- dad. las cerámicas ibéricas, especialmente los kaiathoi con decoración geométrica, siempre están presentes, pero en unas proporciones bastante inferiores ai con- junto de los productos de alfares de la peninsula itálica. Suele ser más frecuente, por ejemplo, la cerámica de barniz negro. en su mayor parte procedente del área de Nápoles (Marin/Ribera 2000), que la de los talleres indígenas.
En relación con estos primeros niveles, que corres- ponden a los primeros momentos de la ciudad, apare- cen las primeras construcciones, que en esta fase ini- cial no pasan de ser los restos de una instalación de tipo campamental, como atestiguan los fondos de caba- ñas y los agujeros de postes, que se marcan con rotunda claridad sobre el substrato arcilloso natural. En un segundo momento constructivo, ya se encuentran lo que parecen ser los menguados basamentos de barracones de estilo militar (Pamment 1996). Todo lo hasta ahora expuesto nos lleva a un ambiente poco iberico. En el capítulo de los haiazgos rituales, las mejores referencias de otros lugares, nos llevan tam- bién a la península itáiica, como se ha visto en los nive- les de fundación de la colonia de Luna, también del s. ll aC (Gambaro 1999).
EL URBANISMO
Mas o menos, se va conociendo con detalle el peri- metro de la ciudad. aunque los restos de la muralla de esta época no pasan de ser dudosos, ante la falta de precisión cronoiógica de las excavaciones en que ha podido aparecer. Sin embargo, si que se han podido documentar varios casos de la fosa exterior, exca- vada en la tierra, que circundaba el recinto amura- llado (Ribera 1995b ; 1998), y que es un elemento ape- nas conocido y muy poco usado en las fortificaciones ibéricas (BonetIMata 1991).
En el registro arqueoiógico de Valencia, tras los niveles de fundación y estas dos primeras fases constructivas. que podríamos denominar ei periodo de las cabañas y
el periodo de los barracones, aparece ya una etapa general con construcciones sólidas pertenecientes a una amplia gama de edificios. A pesar de que, a nivel estratigráfico, esta seriación de cronología relativa es muy clara y repetitiva, y, en conjunto, llega a ocupar más de un metro de potencia, también se ha compro- bado reiteradamente que, entre estas sucesivas eta- pas constructivas, las diferencias cronológicas absolu- tas son mínimas, cuando no insignificantes o casi imper- ceptibles. Se puede suponer, pues, que en un rápido lapso de tiempo. se sucederían todos estos niveles superpuestos de ocupación, hasta que, entre ei 130- 120 aC, se completaría la construcción de una ciu- dad al más puro estilo rornano-itálico.
LOS ESPACIOS PÚBLICOS
Debido, aparentemente, al azar de la localización de los hallazgos, de momento, se conoce mucho mejor la edi- licia pública que la privada, ya que la mayor parte de las excavaciones del periodo republicano han tenido lugar alrededor o muy cerca de la actual plaza de la Vir- gen, lugar que debió estar ocupado por el foro. La mejor muestra la tenemos en el solar de I'Almoina, donde, tal vez, se encuentre el lado oriental de la plaza forense, que estaria flanqueada, en este caso, por un gran horreum de 25 metros de ancho, subdividido interior- mente por cuatro grandes naves, cuyas paredes se hicieron con grandes siiiares de piedra arenisca, for- mando un auténtico opus quadraturn. Se abría al sur, a una de las calles principales, el decurnanus mauimus, que comunicaría la puerta urbana oriental con el foro. Al sur de esta vía, pero ahora abriéndose al oeste, hacia la supuesta plaza pública, se encontraban cuatro gran- des tabernae (Ribera 1998). Dentro de la misma ínsula que las tabernae, ocupando su mitad oriental, pero sin comunicación física con ellas, se construyeron unos interesantes baños públicos (MarinIRibera 1999). Este conjunto termal limitaba al este con un cardo, que, a pesar de no ir por el centro del núcleo urbano, tal vez sea ei cardo maxirnus, ya que podría ir de una puerta norte (Calvo et aiii 1998) a otra meridional (Ribera 1998) y, pues, en este caso, sería también la vía Herculea. Al otro iado de esta importante calle. justo frente las ter- mas, se extendía un santuario dedicado a divinidades acuáticas, dei que se conocen un gran pozo hecho con grandes siliaras, formando un opus quadratum, y una piscina revestida con opus signinum. Su razón de ser estaria en la presencia de afloraciones de agua, fenó- meno relatvamente frecuente en ei subsuelo de Valen- cia (Albiach et aiii, en prensa). Este santuario ya limita- ría con el lado oriental de la muralla.
Otros restos de edificios públicos se han localizado en el lado occidental de la plaza de la Virgen, donde aparecieron unos grandes basamentos de opus qua- draturn y algún muro de opus vittatum. de cronolo-
ALBERT RIBERA 1 LQCCMBA EMPURIES 52. 2000. 173~181
gía ciertamente dudosa, por tratarse de excavaciones antiguas (1 959-1960) realizadas con técnicas poco adecuadas, pero que probablemente deben ser de la etapa republicana. De la parte norte de la plaza de la Virgen, en la calie de la Hierba, procede una placa de terracota arquitectónica de estilo itálico (Ramos 1996), perteneciente seguramente a un templo, y un poco más al norte, en la calle Roc Chabás, se descubrie- ron los cimientos de un pórtico de la etapa republi- cana, así como una antefija arquitectónica del mismo periodo. Este pórtico puede marcar ei lír,-ite norte del foro (Ribera 1998), el del temenos de un templo o. también, ser de una calie monumental, aunque con- sideramos más probable cualquiera de las dos pri- meras opciones.
Todos estos edificios, de una manera o de otra, ya han sido dados a conocer, por lo que no nos extenderemos más en su descripción. Además. lo que ahora nos inte- resa es precisamente su mera enumeración, para dejar bien clara la más que evidente romanidad de toda la arquitectura pública que se conoce, bastante alejada de las técnicas, medidas, materiales y diseños propios del mundo ibérico. Los arquitectos. los constructores y los usuarios de estos edificios eran depositarios de unas tradiciones culturales enraizadas en ei modo de vida helenístico imperante en la peninsula itálica. Por ejemplo, la temprana presencia en una ciudad hispana de unos baños, que en este periodo aun no se encon- traban asentados en la misma Roma, donde aún eran mal vistos por las clases dirigentes antihelenisticas, vene a señalizar a la helenizada Campania, en paiticu- lar, y a la Italia centro-meridional, en general, como el lugar de referencia cultural de la arquitectura de la época republicana en Valentia. A semejante conclusión se llega a la hora de dilucidar la procedencia de la gran mayo- ría de los materiales muebles y de los magistrados monetales (Ripolles 1988).
Esto no quiere decir que inevitablemente la mayoría de los pobladores tuvieran que venir forzosamente de estas zonas, hipótesis que, por otra parte, creemos como la más probable, pero lo que significa con toda claridad es que esta nueva ciudad fue diseñada por y para unos usuarios que conocían el significado y la utilidad de toda esta ediiicia tan específica, que, al mismo tiempo, se convertiría en un prestigioso instrumento y en una útil herramienta de colonización cultural y económica de todo un entorno humano, que por esos momentos de la segunda mitad del s. II aC aún debió estar eminen- temente anclado en el modo de vida ibérico.
LOS ESPACIOS PRIVADOS
Muy poco, muy mal conservado y de dificil interpreta- ción es lo que se conoce de ¡as posibles residencias particulares de ia ciudad. En conjunto, apenas se puede hablar más que de algunas habitaciones dispersas.
como los supuestos pequeños cubicuia y algún piso de signinum de las excavaciones de les Corts Valen- cianes (Marín/Matamoros/Ribera 1991) o los probables pero problemáticos pavimentos de mosaicos de crus- tae o signinum de la plaza da la Virgen (Ribera 1998, 4881, las pequeñas y múltipies habitaciones con muros de zócalos de pequeñas piedras trabadas en seco de la calla Roc Chabás o los muros de adobe de la plaza de Cisneros (Serrano 1999).
En estos fragmentados, modestos y normalmente muy deteriorados restos de lo que pudieron ser las vivien- das de los colonos, tal vez se pueda o quiera suponer o imaginar la mano de la población ibera, pero hay que recordar también la austeridad y uniformidad que suelen mostrar las primeras casas de los colonos de otras fundaciones mejor conocidas, tal como sucede en Cosa (BruncIScott 1993).
A primera vista, parece un tanto extraña la gran extensión que ocuparían las zonas públicas frente a las privadas, pero esta es una característica que precisa- mente se aviene bien con otras muchas fundaciones romanas y que, al tiempo. choca con iafrontai diferen- cia de las densas viviendas que ocupan la mayor parte de ia superíicie de los grandes yacimientos ibéricos.
LA CIRCULACIÓN MONETARIA
Las excavaciones de los últimos 20 años han propor- cionado una cierta cantidad de monedas del periodo republicano, la mayor parte de las cuales procede de los niveles de este periodo, aunque aigunas se han recu- perado en estratos posteriores. En total, y prescindiendo de algunos hallazgos singulares, como las ocultacio- nes, que luego analizaremos, podemos referirnos a casi 250 piezas, que se contabilizan y distribuyen en el cua- dro adjunto. La mayoría, unas 154, proceden de las excavaciones de I'Amoina. Otros conjuntos usados se han recuperado en otros pocos lugares: plaza de Cis- neros (21 piezas), Roc Chabás (27) y les Corts Valen- cianes (8) (Asins 1994), además de 36 más que vienen de varios lugares. Agrupando todas estas monedas, se puede ver con claridad que las que más abundan son precisamente las de la vecina ceca de Arse, ciudad ibé- rica y aliada de Roma. Pero también se observa que este predominio sólo se manifiesta a través de la moneda fraccionaria, predominando entre los ases los de Roma y Valentia. Puede constatarse ia escasez de unidades de Arse, mientras que ¡as de Saiti son algo más frecuentes. El resto de las cecas ibéricas apenas está representada, normalmente por un solo ejemplar de cada lugar, tanto del área catalana (llfuro, Ernporion, Ausesken, Kese), como del Ebro (Celsa, lititfa, Sekaisa, Tamaniu, Lagine). Mucho más esporádicos parecen ¡os contactos con el sur, representados por Ikalkusken, Castulo y Obulco.
EL INFLUJO IBCHICO EN LA CIUDAD ROMANA DE VALENTIA EMPVR~FS 52, 2001 173-181 VALENTIA 23 1 84 SAlTl - CESE ! 1 1 - ILTVRO 1 - BOLSKAN 1
1
SEKAISA l - 1 CELSA 1 - TAMANIU 1 --
LAGINE - IKALKUSKEN .- CASNLO p. - OBVLCO 1&
$
A
-
i - - - -
- - 1Figura 1. Monedas de epoca republicana aparecidas en las excavaciones de Vaientia.
No obstante, serian muy necesarios un estudio y una revisión más detallados de todo este material, para cono- cer mejor las características del numario en uso durante los primeros años de la ciudad. Con todo, se podría hablar de que, de las monedas de más valor -caso de los ases- ia ciudad se surtía de piezas de Roma y Valen- tia. 33 monedas frente a 21 de todas las cecas ibéricas. Por el contrario, para los pagos más fraccionados se disponía abrumadoramente de los divisores ibéricos, especialmente de Arse. Esta situación tampoco debe extrañar, habida cuenta la casi nula producción, por estas fechas. de estas pequeñas piezas. por parte de Roma
y Valentia. Estas cantidades serían aún mayores si hubie- ran llegado hasta nosotros los numerosos divisores ibé- ricos que, según el diario de las excavaciones de la plaza de la Virgen, aparecieron alii, en 1959 y 1960, en los desagües de una casa romana.
Como testimonio de lo poco que aún se conoce de este tema, podemos comentar los restantes hallazgos numis- máticos. De carácter especial deben considerarse las cinco dracmas y un sextans de Arse y un denario de Roma. que se recuperaron muy juntos en una zona extramuros, junto a la via Hercúlea, tai vez cercana a una zona de necrópolis. Pero el más destacado es el tesoro de 195 denarlos, todos romanos. que se encon- tr6 en el nivel de destrucción de la época de la guerra de Sertorio, de la excavación de la calla de El Salvador (Calvo et aiif 1998), y cuya idiosi'ncrasia debe ser dife- rente a io que seria el cotidiano uso de la moneda en la ciudad, de la que sólo conocemos dos denarios de Roma y otro de Boiskan.
Al examinar lo que conocemos de la circulación mone- taria de Vaientia en el periodo republicano, ya se aprecia la presencia de buena cantidad da numario ibé- rico. Sin embargo. este hecho, más bien, indicaría el alto grado de asimilación de la moneda como vehículo de intercambio y vendría a indicar el hecho real de la integración de la economía de las ciudades ibéricas en una red comercia! y fiscal mediatizada y controlada por el estado romano. Es decir, que a partir de las cierta- mente numerosas monedas ibéricas, se puede dedu- cir más un avance en la romanización de ia vida eco- nómica que otra cosa (Ripolles 2000. 336).
EL MUNDO FUNERARIO
Los ritos funerarios suelen ser una de las mejores vias para reconocer la singularidad cultural de los puebios de la antigüedad. Para la etapa tardo-republicana, en Valentia contamos con tal vez la mejor y más temprana muestra hispánica de un cementerio de tipo itálico. el hallado en la calle Quart, al oeste de ia ciudad, junto al camino que se dirigía al interior. Aunque io poco que hasta el momento se ha dado a conocer (Guerin el al# 1998; Garcia et aiii 1999) es muy breve. reiterativo y falto de una visión de conjunto y de relación con su entorno urbano. puede servir para ilustrar a la perfec- ción el carácter eminentemente itálico de la inmensa mayoría de la treintena de tumbas que se datan en la segunda mitad del s. ll y de la veintena que globalmente,
ALBERT RIBERA 1 LACOMBA EMPURIES 52. 2WO. 173-181
En la fase más antigua predominan las inhumaciones.
23, sobre las incineraciones, 8. Los elementos de ajua- res son en su gran mayoría de procedencia itálica (stri- gilia. barniz negro, paredes finas, ollas de cocina, ánfo- ras...), aunque tambien se registran algunas cerámicas ibéricas, concretamente kaiathoi y jarritas grises empo- ritanas. A mayor abundamiento, en las sepulturas más grandes, los llamados hipogeos, entre ¡os ajuares apa- recen ofrendas de cabezas de suido, rito muy relacio- nado con el mundo itálico. Sin embargo, hasta el momento, parece existir una asentada fijación en reia- cionar directamente estas tumbas con paralelos etrus- cos y griegos más antiguos, cuando todo parece indi- car que no caben muchas dudas en asimilarlas a un ambiente cultural itálico, que es donde se encuentran sus paralelos coetáneos más claros (Ribera 1998, 496). La segunda fase estratigráfica de esta necrópolis se ha datado en el siglo l aC, sin que se den más precisiones ni razones cronológicas, aunque se deberían ajustar más ¡os límites de esta etapa, que, por los pocos datos conocidos, más bien se debería situar en la primera mitad de ese siglo. En este periodo predominan las inci- neraciones, de las que se conocen unas 21. Dos de ellas se han supuesto que pudieran pertenecer a sen- dos iberos, al presentar un ajuar exclusivo de cerámica indígena (García et alii 1999, 297).
En el contexto de la época, no sería en absoluto exiraño, antes al contrario, que se encontraran tumbas ibéricas, pero tambien hay que recordar que en estos momen- tos, los romanos, que no los itálicos. eran también inci- neradores. por lo que no se puede aplicar automática- mente el axioma que las tumbas de incineración serían ibéricas, aunque si que parece mucho más probable que las inhumaciones pertenezcan a itálicos. De todas las maneras, habrá que esperar a un estudio porme- norizado de esta importante excavación para poder extraer conclusiones más definitivas.
EL NIVEL DE DESTRUCCIÓN (75 AC)
La evolución de esta nueva ciudad itálica se troncó brus- camente en el 75 aC, cuando fue destruida por Pom- peyo. en el transcurso de las guerras civiles que aso- laron Italia e Hispania. Este episodio, ya bien conocido por las fuentes históricas, ha tenido el refrendo incues- tionable de la arqueología (RiberalCaIvo 1995) y de la numismática (Calvo et alii 1998). Tras este episodio, Valentia se conviriió en un gran campo de escombros, y parece ser que permaneció abandonada durante bas- tantes décadas.
El nivel arqueológico de esta destrucción se ha con- servado bastante bien en varios lugares (Almoina, Corts valencianes, plaza de Cisneros) y ha aportado una buena cantidad de materiales bien fechados. Entre éstos no faltan las cerámicas ibéricas. aue ahora oarecen ser
algo más abundantes que en los estratos de la época de la fundación. pero siempre se encuentran en pro- porciones bastante inferiores a las piezas importadas. Muy recientemente (1998), en la plaza de Cisneros ha aparecido, en una capa de la etapa sertoriana, una gran e interesante tinaja ibérica, decorada con escenas mito- lógicas (Serrano 1999), que podría sugerir un mayor impacto de gentes y gustos indígenas en la ciudad, pero esta pieza apareció en un contexto dominado por ánfo- ras y cerámicas de mesa de talleres itálicos.
Los primeros indicios de recuperación de la vida urbana no los volvemos a encontrar hasta el cambio de Era. siendo el mejor caso conocido el de los restos de un probable sacrific~o ritual, que se encontraba dentro de un gran pozo perteneciente al santuario republicano. En conjunto, entre las cenizas y carbones del relleno, se recuperaron unas 700 piezas cerámicas, junto a ofrendas da cabezas de cerdo y de otros animaies. Al haber bastantes vasos aretinos, se ha podido preci- sar su fecha de deposición entre el 5 aC y el 5 dC. Entre los objetos recogidos, había varias cerámicas de téc- nicas, calidades y decoraciones geométricas pinta- das con el más puro estilo ibérico, pero que ya habían adoptado un soporte tipológico claramente romano (Albiach et aiii 1998), siendo casi el ultimo vestigio que se ha encontrado en Valentia del substrato cultu- ral indigena.
CONSIDERACIONES FINALES
La realidad arqueológica expone un influjo ibérico bajo mínimos, ya que, con ia excepción de las cera- micas, de alguna posible tumba de incineracion y de las monedas, poco más es lo que se evidencia en el contexto de Vaientia durante la etapa republicana. Por el contrario, a simple vista. parece mucho más pal- pable el impacto de esta nueva colonia latina (Pena 1988) sobre su entorno ibérico. No hay que olvidar que la nueva ciudad se instaló justo en el centro de uno de los territorios más urbanizados de¡ litoral de la Citerior. Aunque, en ese momento, parece que Edeta ya no existía como gran centro urbano (Bonet 1995). Arse y Saetabis estaban en su pleno apogeo como cen- tros emisores de moneda, algo que, en menor medida, también ocurría en la aun no localizada Kiii, que tal vez se pueda ubicar en el gran poblado de "La Carencia" de Torís.
Las fuentes escritas que narran los avatares bélicos del conflicto sertoriano también sitúan cerca de Vaientia (el Puig, Lliria ...) la Lauro destruida por Sertorio, ante la impotencia de Pompeyo por impedirlo. Se puede supo- ner, pues. que en los alrededores inmediatos de Vaien- tia ya existían, como poco, unos cuatro o cinco núcleos ibéricos Importantes: Arse, Saitabi, Kiii, Lauro y
EL INFLUJO IBERiCO EN LA CIUDAD ROMANA DE VALENTIA EMPURIES 52. 2001. 173.181
La instaiación de esta nueva colonia no parece que alte- rara mucho la distribución espacial lógica del territorio cir- cundante (Bernabeu, BoneVMata 1987), lo que se podria entender en el sentido de que ocuparia terrenos baldios, eminentemente humedales no explotados por los ibe- ros. pero que serian bonificados por los ingenieros romanos. Pero también se puede suponer que se insta- lara sobre el territorio de una desconocida ciudad indígena, ubicada evidentemente fuera del lugar ocupado poste- riormente por recinto urbano romano y más probablemente en los cercanos rebordes montañosos de la comarca de I'Horta, donde se han localizado algunos asentamientos, aún muy poco conocidos (Burriel 1997). También cabría una solución mixta, como la instalación en parte del terri- torio de un núcleo anterior y la colonización de zonas pan- tanosas. como se supone ocurrió, sólo unos pocos años después, en ia fundación de Narbwia (Gayraud 1981). La creación de Vaientia y la formación de su territorio, extendido principaimente al norte y al sur. a lo largo de IaVia Hercúlea (Cano 1974; Pingarrón 1981). afectaría e influiria más en el entorno ibérico que cualquier fenó- meno a la inversa.
Una situación simil8 tendríamos que postular para el desa- rrollo de las cecas indigenas, que básicamente ya esta- ban funcionando desde bastantes años antes de la fun- dación de la ciudad. Con motivo de ésta, y de la puesta en marcha de un nuevo taller monetario. con patrones estilísticos y metrdógicos distintos. se asiste a un patente e inmediato cambio en estas antiguas cecas, que rápi- damente se adaptan a los nuevos pesos introducidos por las monedas de la nueva coionia, mutación acompafiada por otra en la iconografia, que en Arse es más radical, al adoptar el mismo anverso que Valentia e imitar el reverso de la misma Roma, como un reflejo más de su probada y ancestral fideiidad para con ella. Salti se limita a modi- ficar el clásico tema del jinete, cambiando la lanza por la palma. Ambas mantienen. en un principio, ia escritura indígena, pero Arse, poco a poco, se convierte en Ase- Saguntum y se acaba latinizando con cierta celeridad. Lo que si parece demostrar la evidencia de la circula- c~ón monetaria es la lógica fluidez comercial que debió existir entre ciudades tan cercanas como Valentia y Ase. dotadas ambas de contacto directo con el mar No deja de ser elocuente de su vitalidad económica que en Kelin (los Villares), situada a 90 km al interior. casi la mitad de las monedas del periodo 133.75 aC correspondan a la suma de las de Arse y Vaientia (Ripolles 1982). Sin embargo. poco podemos concretar sobre los objetos materiaies de estas relaciones.
La falta de un estudio detailado de las cerámicas ibéri- cas de Valencia es un importante inconveniente a la hora de precisar su procedencia. A primera vista, abundan los kalathoi con decoración geometrica y son corrien- tes ¡as jarritas grises emporitanas. pero también apare- cen tinajas. lebes, ánforas y otras formas, asi como aigu- nas decoraciones zoomorfas. El reciente hallazgo, en la
fase sertoriana. de la extraordinaria tinaja del "Ciclo de la Vida" (Serrano 1999), que recuerda las escenas mito- lógicas de otros vasos de ios Villares (Mata 1991), que hasta ahora no se podian datar, hacen pensar en la per- duración de este gusto cerámico hasta. por lo menos, bien entrado el s. l aC. y en la existencia de consumi- dores. dentro de este ambiente cultural, en la ciudad
y, por ende, en un cierto tráfico comercial entre sus aún ignotos, pero no lejanos, centros productores y las ciu- dades, como principales centros consumidores (Mata e l alii 2000). Pero también se podria suponer que estas piezas ancladas en ia más pura tradición ibérica del área valenciana surgieran al rescoldo de la supuesta reac- ción iberista que se asocia al episodio sertoriano. Si nos ceñimos a la cruda realidad de los numerosos materiales muebles, el panorama que se desprende de los abundantes contextos que se conocen es totalmente paraleiizable con lo que se encuentra en los cargamen- tos de las naves que surcaban el Mediterráneo entre las penínsulas Ibérica e itálica. cerámica ibérica incluida, especialmente los kalathoi, que suelen estar presentes en muchos pecios, io que explica su presencia normal en las Baleares y en muchos yacimientos costeros ita- lianos (NicolásIConde 1993). lo que los convierte en un producto casi estándard, ampliamente distribuido a tra- vés de las redes comerciales romanas. Es decir, que hasta la cerámica ibérica más difundida lo seria gracias a su inciusión en un sistema de distribución general. De todas las maneras, y a pesar de todo este cúmulo de evidencias adversas, no seria muy normal suponer ia ausencia total de cierto núcleo de población ibérica en Vaientia, que, en todo caso, debió ser muy minori- taria y de poca importancia. Las fundaciones colonia- les, en sus orígenes, unificaban el estatuto de todos sus ciudadanos, pero también es cierto que, para cubrir el cupo de colonos, en ellas se podia admitir a gentes de muy diversas categorías, como se conoce pasó. entre otras plazas, en Aquiieia, en el 181 aC (Strazzu- lla 1989) 0 en Corduba, también el siglo II aC. donde se sabe que varios nobles hispanos fueron admitidos entre los primeros coionos (Rodriguez Neila 1992). Siendo la función de una colonia asegurar el control politico y la explotación del territorio, en beneficio último de la metrópoli. seria un tanto contradictorio, en el con- texto expansivo de la república romana del s. il aC. ima- ginar una nueva ciudad siendo "colonizada" por los indi- genas, cuando el proceso previsto, y la misma razón de ser de estos nuevos enclaves, era precisamente el contrario. En esta época, las ciudades ibéricas que se mantienen en pie manifiestan, con su actividad urbana, su deseo de integrarse en el ámbito cultural y econó- mico de Roma, cuya imagen y espejo más cercano no fue otro que el de las nuevas colonias. Los casos de Salduie (Galve 19961, la Caridad (Vicente et alii 1991), Botorrita o Azaila (Beltrán Lloris 1990). por ejemplo, parecen bastantes elocuentes al respecto.
ALBEUI RIBERA i LACOMBA EMPURIES 52.2WO :73-181
A.A.V.V. 1998,50 años de viaje arqueoiógico en Vaien- Cia. Grandes Temas Arqueológicos 1. Valencia. ALBIACH, R. et alii 1998, La cerámica de época de Augusto procedente del relleno de un pozo de Valentia (Hispania Tarraconensis), Actes du Congres d'lstres de ia Societé Fran~aise d'Étude de ia Céramique Antique en Gaule, Marsella, 139-166.
ALBIACH, R., et al;; en prensa, Culto a las aguas en a ciudad romana de Valentia, Acque minero-medicinal¡, terme curative e culti aile acque nei mondo romano (Terme Euganee 7999).
ASINS, S. 1994, Anexo 1. Numismática, Hailazgos arqueoiógicos en ei Paiau de ies Corts. 473-481.
BELTRAN LLORIS, M. 1990, E valle medio del Ebro y su monumentalización en epoca republicana y augus- tea (Antecedentes, Lepida-Celsa y Caesaraugusta), Stadtbiid und ideoiogie. Die Monumentaiisierung his- panischer Stádte zwischen Repubiik und Kaiseneit,
Munich, 179-206.
BERNABEU, J., BONET, H., MATA, C. 1987, Hipóte- sis sobre la organización del territorio edetano en época ibérica plena: el ejemplo del territorio de EdetaiLiiria, iberos, Actas de las i Jornadas del Mundo ibérico, Jaén, 137-156.
BONET, H. 1995, Ei Tossai de Sant Miquei de Lifria. La antigua Edeta y su territorio, Servicio de Investigación
Prehistórica, Valencia.
BONET, H., MATA, C. 1991, Las fortificaciones ibéricas en la zona central del País Valenciano, Sirnposiinterna- cionai d'Arqueoiogia iberica. Fortificacions. La pro- blemática de I'iberic Pie: segies IV-ill, Manresa, 11 -35. BRUNO, V.J., SCOTT, R.T. 1993, Cosa i V The houses, Memoirs of the American Academy in Rome XYXVIII, University Park.
BURRIEC, J. 1997, Aproximació a ia ceramica iberica d'el Tos Pelat de Montcada, I'Horta Nord de Valencia, Recerques dei Museu dSAicoi 6, La ceramica dei s. V a.c. en el Pais Vaienciano, Alcoi, 71 -86.
CALVO, M. et alii 1998, De Vaientia a les Corts, Palau de les Corts, Valencia.
CANO, G. 1974, Sobre una posible centuriatio en ei regadío de la acequia de Montcada (Valencia), Estu- dio sobre centuriaciones romanas en España. Madrid, 115-127.
GALVE, P. 1996, Los antecedentes de Caesaraugusta. Estructuras domésticas de Saiduie (caiie Don Juan de Aragón, 9. Zaragoza), Institución Fernando el Católico, Zaragoza.
GAMBARO, L. 1999, La Liguria costiera Ira lii e i secoio a.c. Una iettura archeoiogica deiia romanizzazione, Documenti di Archeologia 18. Mantua.
GARCIA, E. et aiii 1999, La necrópolis romana de la calle Quart. Resultados recientes, WCongreso Nacio- nai de Arqueoiogía. Valencia, 295-305.
GAYRAUD, M. 1981, Narbonne Antique, des origines
a ia fin du ille siécle, Suppiément 8 de Révue Archeo- logique du Narbonnaise, París.
GUERIN, P. et aiii 1998, Los primeros pobladores de Valentia. Excavaciones en la necrópolis romana de la calle Quart, Revista de Arqueoiogia 204, Madrid, 34-45. KNAPP, R. 1977, Aspects of the Roman experience in iberia, 206-100 B.C., Anejos de Historia Antiqua IX, Valladolid.
MAR~N, C., MATAMOROS. C. 1994, Época romana. Desde sus orígenes en la época republicana a la anti- güedad tardia, Haiiazgos arqueoiógicos en e/ Palau de ies Corts, 37-275.
MAR~N, C., MATAMOROS, C., RIBERA, A. 1991, Res- tos de una vivienda de epoca tardo-republicana (s. li-I a.J.C.) en Vaientia: los hallazgos del Palau de les Corts Valericianes, C.U.H., Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 61 -66.
MAR~N, C., RIBERA, A. 1999, Las termas romanas de i'Aimoina, Quaderns de Difusió Arqueológica 3 , Valencia.
MARíN, C., RIBERA, A. 2000, Las cerámicas de bar- niz negro de Valentia, Tauia Rodona: La ceramica de vernís negra deis s. ii i i a. C.: centres productors medi- terranis i comerciaiització a ia Paninsuia lbei?ca (Empú- ries 1998).
MATA, C. 1991, Los Viilares (Caudete de ias Fuentes, Vaiencia). Origen y avoiución de ia Cultura Ibérica, Tra- bajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica 88, Valencia.
MATA, C. et aiii 2000, Las cerámicas ibéricas como objeto de intercambio, Papeles dei Laboratorio de Arqueoiogia de Valencia, h t r a 3, ihers. Agricuitois, arte- sans i comerciants. iii Reunió sobre Economia en ei Món iberic, Valencia, 389-397,
MOREL, J.P. 1981, La ceramique campanienne: les for- mes, Bullefin des icoies Francaises d'Athenes et Rome 244, Paris.
NICOLÁS, J. y, CONDE, M.J. 1993, La ceramica ibe- rica pintada a ies iiies Balears i Pitiuses, Col.lecció Recerca 3. Maó.
PAMMENT, J. 1996, Roman Repubiican Castramenta- tion. A reappraisal of historicai and archaeoiogicai sour- ces, 6A.R. international Series 630, Oxford,
PENA, M.J. 1988, Consideraciones sobre el estatuto jun- dico de Vaientia, Papeles dei Laboratorio de Arqueoio- gia de Vaiencia 22, Valencia, 303-319.
PINGARR~N, E. 1981, Rastreo de una "centuriatio" en la zona sur de la huerta de Valencia, Cuadernos de Geo- grafía 29, Valencia. 161 -176.
RAMOS SAINZ, M.L. 1996, Las terracofas arquitectó- nicas en la Hispania Romana: la Tarraconense, Mono- grafías de Arquitectura Romana 3, Madrid.
RIBERA. A. 1989, Domingo Fletcher y la fundación de Valencia, Archivo de Prehistoria Levantina XIX, Valen- cia, 205-21 1
RIBERA, A. 1995a, Una peculiar fosa de fundación en Valentia, Papeles dei Laboratorio de Arqueoiogia de Valencia 29, Homenatge a ia Dra. M. Gii Mascareii, Valencia, 187-1 95.
RIBERA, A. 1995b, El recinto urbano de "Vaientia" en la etapa romano-republicana (siglo 11-1 a.c.), Extrema- dura Arqueológica V, Cáceres-Mérida, 235-245. RIBERA, A. 1998, La fundació de Valencia. La ciutat a /'epoca romanorepubiicana (segles li-ia. de C.), Estu- dios Universitarios 71, Valencia.
RIBERA, A., CALVO, M. 1995, La primera evidencia arqueológica de la destrucción de Vaientia por Porn- peyo, Journal of Roman Archaeoiogy 8, Ann Arbor, 19- 40.
RIPOLLES, P.P. 1982, La circuiación monetaria en ia Tarraconense Mediterránea, Trabajos Varios del Sewei d'lnvestigacó Prehistdrica de la Diputació de Valencia 77, Valencia.
RIPOLLES, P.P. 1988, La ceca de Vaientia, Estudis Numismatics Vaiencians 2, Valencia.
RIPOLLES, P.P. 2000, La rnonetización del mundo ibé- rico, Papeles del Laboratorio de Arqueoiogia de Vaien- cia, Extra 3, Ibers. Agricultors, artesans i comerciants. iii Reunió sobre Economia en ei Món iberic, Vaiencia, 329-344.
RODRiGUEZ NEILA, J.F. 1992, Corduba, Diaioghidi Archeoiogia 10, 3a Serie. Conquista romana y modos de intervención en ia organización urbana y territorial, Roma, 177-194.
SERRANO, M.L. 1999, Excavaciones en Valencia, Recuperados 22 siglos de Historia, Revista de Arqueo- logía 221, 26-35.
STRAZZULLA, M.J. 1989, ln paiudibus moenia cons- titute: problemi urbanistici di Aquiieia in eta repubbli- cana ella luce della docurnentazione archeologioa e delle fonti scritte, Aquiieia repubblicana e Nnperiale, Antichita Aito Adriatiche XXXV, Udine. 187-228.
VICENTE, J. et alii 1991, La Caridad (Caminreal. Teruel), La Casa Urbana Hispanorromana, institución Fernando ei Católico, Zaragoza, 81 -129.