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Iglesia en América Latina durante el siglo X

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Academic year: 2020

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(1)Marciano. Barrios. Valdés. Profesor de la Facultad de Teología, U.C.. La Iglesia en América Latina durante el siglo. :xx *. La Iglesia está llamada a unír y salvar a los hombres. No puede reducirse a una facción pol1tica, por noble y elevada que ésta sea. Dentro de ella cabe un legitimo pluralismo pol1tico. Su historia debe ser leída en clave fundamentalmente eclesial y no en clave ideológica, que será deformadora de la realidad. I.. INTRODUCCION. Al pretender hacer la historia de la Iglesia en América Latina en el siglo XX, se tropieza con la tremenda dificultad de la falta de perspectiva. Es casi imposible reconstruir los acontecimientos tumultuosos y tan oercanos. Los historiadores navegan en medio de tempestades y el oleaje de proa y de popa no deja otear los horizontes con un mínimo de claridad. El catolicismo se presenta tan lleno de contrastes y paradojas como la sociedad latinoamericana y resulta operación riesgosa y temeraria describirlo y exponerlo con objetividad. Al hablar de América Latina se parte del convencimiento de la unidad del complejo mosaico de naciones que nacieron a comienzos del siglo pasado después de la gesta emancipadora impulsada por la invasión napoleónica a España y Portugal. Tal unidad seria conveniente probarla porque hasta el presente los intentos de redactar una Historia de América Latina han tropezado con tales dificultades que los han imposibilitado. La Historia de Levene, la de Ballesteros y los debates en el seno de los congresos de historiadores son una muestra que me ahorra mayores comentarios. Actualmente, Enrique Dussel ha emprendido la tarea de una Historia General de la Iglesia en América Latina. La obra ha publicado seis volúmenes de los doce programados. En sus páginas encontramos síntesis eLevariado acierto acerca de la Historia de la Iglesia en uno u otro pais, pero en la diversidad de criterios y en la localización de los problemas se pierde la visión de conjunto, no lograda todavía. A la diversidad regional o nacional se añade la división interna de la sociedad latinoamericana. En ella se mezclan las masas indígenas y campesinas, que viven un catolicismo de moldes tradicionales asumido durante la época del dominio español y portugués, con un grupo que se (0). Texto de la charla dada a comunicadores sociales de América Latina en un ciclo organizado por el CELAM. Por esta razón no coloco notas..

(2) 300. MARCIANO. BARRIOS. V ALDE5. mantiene en los moldes individualistas de la piedad interna y personal y otro que privilegia la proyección de su fe en la vida social y el compromiso comunitario. Este último grupo se difracta entre quienes siguen las orientaciones pontificias y se atienen a la doctrina social de la Iglesia y aquellos que postulan la praxis revolucionaria que implica el análisis marxista. La teología de la liberación provoca polémica debido a la complejidad señalada que no permite deslindar con precisión estos problemas que debía sortear para vertebrar esta corta y apretada síntesis. Para evitar ser arrollado por el torrente informativo y aturdido por los manotazos de los polemistas, he tratado de buscar algunos puntos de coincidencia ,entre los distintos paises con el fin de lograr dar sentido a los variados sucesos que ha vivido y a los cuales ha respondido la Iglesia en esta apasionante marcha hacia el Reino durante ,el siglo XX. Nada mejor para ello que plantear la hipótesis de una periodización aceptable. Esta la he articulado en tres etapas: 1. La búsqueda de la unidad. 2. Los intentos de renovación. 3. El encuentro de la unidad.. n.. LA BUSQUEDA DE LA UNIDAD. 1899- 1934. Desde el fracaso de los planes integradores de BoUvar en 1826, la historia de los antiguos dominios hispanoamericanos es la historia de la progresiva desunión de las nuevas repúblicas latinoamericanas. El primer intento de una vuelta a la unidad parte de una iniciativa fundamentada en la doctrina del presidente Monroe. En 1889-1890 se celebró la primera conferencia de los Estados Americanos en Washington. De ahí partió la idea del panamericanismo, idea que involucraba intereses poUticos, estratégicos y económicos. Eran los comienzos de la corrida de fronteras que realizaban los Estados Unidos y que seguian las sugerencias de Alfred Mahn. En esos años se acabaron las tierras disponibles que abrían los horizontes a los conflictos sociales. Hasta entonces los norteamericanos, nacidos de una r,evolución contra la metrópoli, eran reacios a toda conquista colonial y en su poUtica exterior se habían guiado por la doctrina anticolonialista de Monroe, aunque fueron los primeros que ,exigieron la apertura de los puertos japoneses. Posteriormente, en 1898, el presidente Mc Kinley decidió la incorporación de las islas Hawai. Ese mismo año la nueva potencia se enfrentó a España. Tras el tratado de París, recibió Puerto Rico, Filipinas, la isla Guam y estableció el protectorado sobre Cuba. En 1903 apoyó la secesión de Panamá y ,en 1914 inauguraba el Canal. El presidente Roosevelt medió en 1905 entre Japón y Rusia que luchaban por el dominio de Corea y el norte de China. El mismo año los marines desembarcaron en Nicaragua para defender los intereses de una compañia norteamericana. Con esa operación se ponía en práctica la poUtica del Big stick. Pero Roosevelt, como él mismo confesara, captó que mal podria dominar en los paises latinoamericanos si éstos seguían fieles a la tradición católica. Desde su gobierno la penetración protestante se fortaleció y fue como un aldabonazo que despertó a los cachorros del león his-.

(3) LA IGLESIA. EN. AMERICA. LATINA. DURANTE. EL. SIGLO. XX. 301. pano. Los creyentes en Cristo y que hablaban español tomaron conciencia del nuevo peligro y levantaron sus voces. Ariel, de Enrique Rodó, fue un signo del movimiento que recorrió América Latina desde Rio Grande al Cabo de Hornos. A él se sumaron José Vasconcelos, Pedro Henriquez Ureña y otros. Empezó a surgir con fuerza el Hispanoamericanismo católico ante el Panamericanismo de tono protestante. No podemos dejar expresar con cierto orgullo que Chile se habia adelantado en la tarea de unir al continente. Esta fue iniciativa de hombres de Iglesia para solucionar problemas de Iglesia ante el duro ataque sufrido durante el siglo XIX por el Liberalismo laicista. Este se propuso arrinconar en un museo de recuerdos la tradición católica para reemplazarla por el positivismo triunfante en nombre de la ciencia y de la razón. Victor Ignacio Eyzaguirre recorrió América Latina para estudiar la defensa de los inter,eses católicos y fundó en Roma el Colegio Pio Latinoamericano en 1858.Más tarde se sugirió la idea de un Concilio Latinoamericano con ocasión del centenario del descubrimiento de América. La iniciativa se debió, en gran parte, al Arzobispo de Santiago de Chile, Mariano Casanova, que lo propuso a León XIII en la visita ad Limina realizada en 1892. Antes habia sugerido la misma idea Mariano Soler, obispo de Montevideo, en 1888. Las sesiones del Concilio Plenario Latinoamericano, celebrado en Roma, se iniciaron el 28 de mayo de 1899 y se clausuraron el 9 de julio. Se escogió Roma por varias razones: el deseo de manifestar al Papa la adhesión del Episcopado latinoamericano, era más fácil relacionarse con Europa que con el resto de los países latinoamericanos; la insegurídad política de muchos países latinoamericanos; las suspicacias sentimentales de carácter nacionalistas entre los obispos y naciones que recientemente habían estado en guerra o al borde de ella, y la escasez de personas preparadas en cuestiones canónicas y teológicas que podían colaborar con los obispos durante las sesiones del mismo. Concurrieron 13 arZObispos y 40 obispos. La edad de ,ellos oscilaba en su mayoría entre los 40 y 60 años, y su experiencia pastoral, en su gran mayoría entre 2 y 10 años. Pero todos habían vivido y experimentado las apasionadas luchas sostenidas por el clero contra los gobiernos liberales que intentaban controlar a la jerarquía a través del sistema de patronato. Estas circunstancias condicionaron la selección de problemas analizados y las soluciones dadas a los mismos. El tono del discurso de la oración fúnebre con que el obispo de San Luis de Potosí, Ignacio Montes Oca, en la conmemoración de los obispos muertos en los cuatrocientos años de vida eclesial en el continente, es romántico y tiende a la nostalgia. Pero es realista en el desfile de las figuras episcopales que sufrieron en defensa de la libertad de la Iglesia. Muchos de ellos fueron perseguidos, despojados, desterrados, difamados y algunos asesinados. El liberalismo, el laicismo y la masonería fueron señalados como los causantes de estos hechos. La actitud que presidió aquel mes y medio de reflexión respondió a una teología y a una práctica pastoral de conservación y de defensa, escribe Eduardo Cárdenas. Se siente una sobrecarga clericalista mientras el papel de los laicos aparece borroso y sin nervio. La estructura y entonación de los decretos es pesadamente jurídica. Por otra parte, las reser-.

(4) 302. MARCIANO. BARRIOS. VALDES. vas que provoca en el lector de hoy surgen también de algunos silencios inexplicables. Nada o poco se dice de la escasez de sacerdotes, o de la evangelización del mundo negro; no se desarrolla el estatuto eclesial del catequista laico ni el tema de la religiosidad popular. La Iglesia en América Latina en los primeros 40 a 50 años del siglo XX se desenvuelve dentro de un marco de signo religioso. La catolicidad es un hecho reconocido y un patrimonio heredado. De ahí la tendencía a la defensa de algunos valores y la falta de sensibilidad para detectar los síntomas de los cambios que germinan en la sociedad que debe animar. El ínterés se concentra en los problemas religiosos: ignorancia religiosa, desmoralización de costumbres, obligación de los preceptos de misa dominical y de confesión y comunión anual, promoción de la vida sacramental y de las prácticas de culto, conservación y difusión de nuevas devociones. Tal vez esta actitud eclesiástica se deba a la agresividad que adoptó el positivismo. Los liberales habían sido católicos muchos de ellos. pero desde 1880, aproximadamente. empezaron a prevalecer los gobiernos radicales manejados por la masonería. Su beligerancia para expulsar a la Iglesia de la Educación en nombre de la ciencia y la razón, que debían reemplazar al oscurantismo de la fe y la superstición, es algo generalizado en toda América Latina. En Chile conocemos bien la posición del Partido Radical y sus principios del Estado docente. su insistencia en laicizar las instituciones. En el Perú, Manuel González Prada (1848-1918), como portavoz del positivismo, deploraba la influencia de la Iglesia sobre las muieres. los niños v los indios. Según él. los tres vrupos compartían la ignorancia y la facilidad con que se podía explotarlos. Las mujeres eran esclavfls de los curas, quienes imponían su voluntad en la vida interna del hogar. Esta crítica, escribe Jeffrey Klaiber, subrayaba un fenómeno muy real: la división en la familia de clase alta y media entre el padre liberaL escéptico y no practicante, y la madre conservadora, creyente y pra cticante. La Iglesia en algunos paises se había recuperado del despojo y el ataque de los primeros decenios después de la Independencia. Arzobispos como Rafael Valentin Valdivieso en Chile y Bartolomé Herrera en el Perú. habian reorganizado la Iglesia en sus paises, pero no lograron superar la escasez de vocaciones sacerdotales. La Iglesia ante la crisis fortaleció sus lazos de unión con la Santa Sede, buscó la protección de los gobiernos. el afianzamiento de su posición en la sociedad mediante la protección oficial y trató de formar a los laicos de las clases alta y media para hacerlos más conscientes de su fe y defendieran a la Iglesia. 2.1. El fortalecimiento. de los lazos con Roma. Contribuyó a independizar a la Iglesia de los intereses de los gobiernos y la identificó con los problemas de la Iglesia universal, pero tales lazos le llevaron a cierta pérdida de su identidad. Los problemas que aparecieron en el Concilio Latinoamericano son los de Roma y de Italia más que los propios. De ahí la prioridad a los temas del liberalismo, racionalismo, protestantismo sobre los temas de los indigenas y de la pobreza que aquejaba a gran parte de los paises y su olvido de la religiosidad popular..

(5) LA IGLESIA. 2.2.. EN. AMERICA. Para afianzar medios. LATINA. DURANTE. su posición. EL. SIGLO. XX. en la sociedad. 303. se echó mano. de todos los. Gradualmente la jerarquía se fue líbrando de la tutela de los partidos confesionales. El arzobíspo de Río, Sebastíán Leme, se opuso a la creacíón de un partído católíco para actuar en la polítíca brasileña. La Liga Electoral (LEC) estableció siete condíciones para que un candídato pudíera contar con los sufragios católicos. Entre ellas se contemplaba la educación relígiosa, la asistencía pastoral de los sacerdotes en el ejército y la indisolubilidad del matrímonio. Aquí en Chile conocemos la postura del arzobispo Crescente Errázuriz sobre la abstención del clero en la política partidista y las orientaciones de la Santa Sede sobre la participación de los católícos en el campo politico a raíz de la carta del Cardenal Pacelli. Ellas contribuyeron a liquidar la uníón y apoyo del clero al Partido Conservador. En Ecuador la posición de los líberales se radícalízó durante la presidencia de Eloy Alfaro. Como muestra del espíritu que anímaba al líberalísmo y que explíca el apoyo prestado por la jerarquía a los partídos conservadores, destaco algunos puntos aprobados por el congreso ecuatoriano en 1899: prohibía la fundación de nuevas órdenes relígiosas y el noviciado de los monasterios; límitaba a cuatro los monasterios en Quito y a dos en las demás ciudades del Ecuador; su';etaba los monasterios a la vigilancia de las Juntas de Sanidad e Higiene; prescribia que sólo los ecuatorianos de nacimiento pudiesen ejercer cargos de autoridad canónica; permitía el ingreso a los noviciados solamente a quienes hubieran cumplí do los 18 años; reservaba al Congreso h" autorización de enajenar los bienes eclesiásticos, prohibía el cobro de diezmos. primicias y derechos mortuorios. En Colombia, en cambio. el triunfo del Partido Conservador desde 1885 a 1930, aseguró la excelente armonía entre los gobiernos y la jerarquia. El caso mexicano fue muy diferente por las vicisitudes de la Revolución. A la paz establecida por Porfirio Diaz, pero que dejó vigentes las leyes de 1857 que cercenaban la líbertad de la Iglesia, siguieron los ataques de Venustiano Carranza y la s leyes aprobadas en Querét8 ro en 1917. Todo ello sepultó las aspiraciones que guiaban al Partido Nacional Católico, que siguiendo las líneas del Zentrum Alemán, habia aprobado en la Dieta de Zamora una serie de medidas para solucionar el problema social creado por la pOlítica modernizadora de Porfirio Diaz. Como muestra de la posición social adoptada por la Iglesia mexicana, señaló algunos acuerdos de la Dieta de Zamora celebrada en 1913. "Fijación en cada industrh de un salario mínimo, reglamentaeión del tr8bajo de muieres y niños, creación de instituciones de seguro obrero y conseios permanentes de arbitrajes obligatorios. facultad de participar en los beneficios y aún de la propiedad de las empresas por medio de acciones líberadas y otros medios. representación legal ante los poderes públicos de los intereses de los trabajadores mediante delegaciones profesionales. aseguramiento del campesino a la propiedad de un terreno suficiente para la mantención de la familia ... ". Pero se dio el caso de aue siendo católica la mayoria del pueblo mexicano, como lo comprobó el alzamiento de los cristeros, una minoría ilustrada de tendencias positivistas se adueñó del poder e impuso el laicismo..

(6) 304. MAllCIANü. BARRIOS. VALDES. 2.3. La prensa católica. En todos los países la jerarquía y el laicado se vieron obligados a crear revistas y diarios para neutralizar el insidioso ataque que le dirigía el liberalismo a través de la prensa. En México se distinguió Trinidad Sánchez Santos (1859-1912), quien dirigió el Heraldo y El Dia, ambos de corta duración, y más tarde el diario católico más prestigioso, El País (1899-1914). En Chile La Revista Católica, El Estandarte Católico defendieron los intereses de la Iglesia. Más tarde aparecieron El Porvenir, y en el campo social, El Chileno y El Popular. En Brasil, el laica do fundó en 1921-1922 la revista A ORDEM que dirigió Jackson de Figuereido. Además, aparecieron diarios en casi todos los Estados: Era Nova en Recife, Patria en Sao Paulo, A uniao en Río de Janeiro. 2.4. Pero donde se entabló la lucha más porfiada educativo. fue en el campo. Casi todas las familias r~ligiosas dedicaron gran parte de su personal a la educación. Se ha sido muy injusto con la obra realizada por la Iglesia en este campo. Por razones de financiamiento tuvo que dedicar parte de sus colegios a la formación de los sectores pudientes y de clase media. Los esfuerzos por la educación popular, aunque enormes, son menos conocidos porque no han contado con la publicidad que concede el prestigio de, los dirigentes salidos de otros colegios. El mismo rol jugaron las Universidades Católicas. Los laicos que formaron los cuadros directivos de los movimientos de Acción Católica y d~ otros se formaron en estos centros. En el Perú habría que señalar a hombres de la talla de Víctor Andrés Belaúnde, José Riva Agüero, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea. En Chile contamos con Juan Enrique Concha, Eduardo Cruz Coke, y la casi totalidad de los grupos dirigentes del partido Conservador y Liberal de comienzos del siglo. El Centro Cristiano se preocupó por fundar un colegio en cada ciudad del pais frente a los liceos. III.. LOS INTENTOS DE RENOVACION. 1934-1955.. Durante la lucha contra el laicismo germinaba un problema más agudo. La progresiva urbanización e industrialización de América Latina, a partir de la Guerra de 1914, trajo consigo la cuestión social. Casi todos los partidos politic os siguieron fieles a la linea liberal de la economía y marginaron de sus preocupaciones el problema de las masas desarraígadas que acudían a la ciudad. En algunos países del Cono sur, los inmígrantes españoles e italianos traj eron el anarquismo y comenzaron a difundir las ideas socialistas con una carga apasionada contra la fe tradicional. Su anticlericalismo rabioso no les permitió llegar a dialogar con la jerarquia. En casi todos los países aparecieron voces de sacerdotes y laicos que estuvieron respaldadas por los obispos para proyectar ,en la sociedad las ideas y medidas sugeridas por la Rerum Novarum. Ya desde comienzos del siglo se habían levantado voces católicas, inspiradas en el imperativo de caridad y justicia evangélicas para solucionar el problema social que.

(7) LA IGLESIA. EN AME RICA. LATINA. DURA]';TE. EL SIGLO. XX. 305. Úó< aquejaba a la sociedad después de un siglo de liberalismo vivido de espaldas a las grandes masas populares del continente. En mi libro de Historia de la Iglesia en Chile anoto la miop1a de los partidos y dirigentes politir.os para detectar la profundidad de la crisis social. Solamente algunos católicos, sacerdotes y obispos levantaron su voz de protesta. En Paraguay, el testimonio viene desde fuera de la Iglsia y es más que expresivo: "He denunciado al público que, en 1908, 15.000 paraguayos son esclavizados, saqueados, torturados y asesinados en los yerbales del Paraguay, de la Argentina y del Brasil. Nadie manifestó al menos afán de verificar los hechos y remediar tanta infamia. Ni el gobierno c1vico ni el radical se ocuparon del asunto. El único ciudadano que se dirigia a las autoridades vanamente reclamando ayuda para los parias del Alto Paran á ... era monseñor Bogarin, a quien 01 decir en broma una vez: lo que necesitan esos infelices es que los visiten unos cuantos anarquistas". Contemporáneo de monseñor Bogarin, el obispo de Montevideo, Mariano Soler, lanzaba en su pastoral de Cuaresma de 1895 los siguientes párrafos: "La civilización moderna lleva en su frente el signo fratricida del odio; en medio del brillo del progreso material, ,en medio de grandes capitalistas y millonarios ha aparecido el pauperismo, que crea y conserva verdaderos ejércitos de miserables, y el proletariado que echa sobre la tierra millones de criaturas racionales sin hogar, sin tradiciones y sin pan para mañana, verdadera mercancía humana puesta a merced de las fluctuaciones del mercado . . . .Como el patrón lo que busca es producir mucho y barato, de aquí la violación del descanso dominical y la exig,encia de más horas de trabajo al obrero, el emplear mujeres y niños en las fábricas mediante un escaso jornal y en trabajos que no son propios de su sexo o de su edad". El concilio de Lima celebrado en 1927 señalaba en su constitución 481: "Los confesores, misioneros, predicadores, párrocos, expliquen con libertad apostólica la gravedad del pecado contra la justicia y la caridad que cometen aquellos patrones que convierten a los indígenas en verdaderos ,esclavos o les niegan el salario estipulado a los que explotan despiadadamente". Pero la Iglesia no se quedó solamente en la denuncia; pasó a la acción. Se formaron Círculos de obreros, se formaron sindicatos y se presentaron mociones a los parlamentos para establecer una legislación social acorde con las posibilidades y necesidades del momento. En Argentina, el redentorista Federico Grote organizó los Círculos obreros y dejó preparado el camino que continuó el sacerdote Miguel de Andrea. Al término del Congreso Católico de vida rural, celebrado en Manizales en 1953, el obispo chileno Manuel Larrain señalaba en su disertación algo que empezaba a ser patrimonio de todo el episcopado latinoamericano:.

(8) 306. MARCIANO. BARRIOS. VALDES. "El cristianismo es social o no es. Mientras esa redención no se logre, tendremos los católicos que sentir como aguijón en las carnes dormidas el contraste acusador entre nuestro proletariado rural y la doctrina clara, precisa, apremiante de la Iglesia sobre esta llaga de nuestra sociedad. Lo que se nos pide no es un paliativo superficial a un mal tan hondo. Es una visión de la economia, del trabajo, de la empresa, d~ la Sociedad y del Estado, iluminada por un principio supremo, dignidad de la persona humana, sentido sublime de su vida, primacía del espíritu sobre la materia, trascendencia de nuestra doctrina eterna. Es la urgencia de sustituir ese proletariado rural por un orden económico social donde el hombre pueda vivir como tal y como cristiano". Coincidía plenamente con lo expresado por Jaime Eyzaguirre afios antes en su ,ensayo sobre Hispanoamérica del dolor: "El individuo como sujeto de intereses temporales debe estar sujeto al Estado; mientras el Estado, a su vez, ha de servir a lo racional, atributo específico de la persona, y ésta, como encaminada a un fin trascendente, ha de ordenarse sólo a Dios". Era la forma de defender la justicia sin caer en la estatolatria. A partir del decenio de 1930 se empieza a recoger el fruto de la siembra lanzada en los colegios católicos. En todos los países surgen laicos que desde la cátedra universitaria .. desde la tribuna parlamentaria, desde las páginas de revistas y diarios buscan soluciones católicas a los males del Continente. En Chile, Jaime Eyzaguirre se desliga de la actividad politica para convertirse en maestro de generaciones. como Víctor Andrés Belaúnde en el Perú, Mariano Picón S::llas en Venezuela, Tomás Casares, Alberto Caturelli y otros en Argentina. La Acción Católica general prendió en los grupos dirigentes y en los sectores medios. Ganó la c::lllev mostró la tremenda vitalidad del sustrato católico a Quienes creían haber senultado el catolicismo. Los sacerdotes Que asesoraban estos movimientos se hllbian preparado con los nuevos maestros del pensamiento católico europeo. Jacoues Maritain, Sertillanges, Mounnier. las nuevas enciclicas sociales. politicas v pastorales de los Papas Pio XI y Pio XII fueron meditadas en los centros de Acción Católica. Pero especialmente en ellos fue naciendo la renovación bíblica. Se leía el Evanglio y las obras d~ Karl Adams, Romano Guardini, Giovanni Papini, León Bloy, Georges Bernanos, Nicolás Bel'diaeff y otros. Las semanas litúrgicas encontraron amplio eco en estos grupos. Más tarde la Mediator Dei (1947) hallaría un terreno ya preparado para su comprensión, que preparó los ánimos para las reformas establecidas por Pío XII en el decenio de 1950. En ese mismo decenio comenzó el paso a la Acción especializada que vino a dar nueva fuerza a los movimientos obreros con la JOC y la pastoral de los numerosos sacerdot~s enviados a América Latina por Pío XII para reforzar el cristianismo en nuestro continente, que él denominó de la Esperanza, al nombrar en 1945 los nuevos cardenales latinoamericanos. Antes se habia nombrado en 1905 a monseñor Joaquín Arcoverde. Los.

(9) LA IGLESIA. EN AMERICA. LATINA. DURANTE. EL SIGLO. XX. 307. nuevos sacerdotes quisieron aplicar al pueblo americano una pastoral de evangelización, tal como parecia deducirse del análisis del padre Hurtado, ¿Es Chile un pats Católico? Este interrogante es anterior a las obras del cardenal Suhard sobre la Iglesia y al del P. Godin sobre Francia, pais de misión. Sin embargo, los congresos eucaristicos, especialmente el de Buenos Aires, habian sefialado una faceta del catolicismo latinoamericano que no fue valorado por el numeroso contingente de sacerdotes y misioneros canadienses, norteamericanos, holandeses y belgas que vinieron a colaborar con el clero latinoamericano. IV. EL ENCUENTRO DE LA UNIDAD. 1955-1979. A pesar de tener problemas comunes y planteamientos convergentes, la Iglesia vivia encerrada dentro de las fronteras de cada pais proyectada hacia sus metropolitanos. El despertar de la conciencia unitaria vino de Roma y corresponde a Pio XII. Ya en 1945 nombró cinco cardenales latinoamericanos: La Habana, Lima, Santiago de Chile, Sao Paulo y Rosario de Argentina. Con visión del futuro, el Papa captó que Europa se empequefiecia y la Iglesia tenia que proyectarse a nivel mundial en su jerarquia. Comenzaria muy pronto el proceso de descolonización y apareceria el Tercer Mundo. Este debia tener un interlocutor de su ambiente para dialogar en un contexto cristiano. Pio XII solicitó a las jerarquias europeas y norteamericanas el envio de sacerdotes a América Latina. Este continente contaba con bases eclesiales para despegar pronto si se fortalecian sus comunidades. Unido, tendria fuerza para proyectarse más allá de sus fronteras. Tal como expresaba la revista Latinoamérica en esos afios de 1950: "La Iglesia católica de América Latina, que apenas va saliendo de las catacumbas en que la arrojó el laicismo del siglo pasado, afronta dos realidades: una es el hecho de la conservación de la fe, el hecho católico indiscutible de masas enormes, ignorantes, tal vez, pero iluminadas por la gracia bautismal y sostenidas por la fe a pesar del laicismo, de los dólares protestantes y de las declamaciones comunistas. El otro hecho es la soledad del santuario, la ruina de los seminarios, la escasez de vocaciones sacerdotales". Esta última era la que venia a solucionar el llamado del Papa. La conservación de la fe era obra de los colegios y escuelas católicas que se organizaban a través del CIEC, fundado por el sacerdote colombiano Jesús Maria Fernández en 1945. Cinco afios después apareció en el Time esta información: "Por primera vez en la historia, la población de la América Latina ha sobrepasado a la de los Estados Unidos. De acuerdo con los resultados preliminares del primer censo coordinado de la población en la América Latina, las veinte repúblicas tienen 152.800.000y los Estados Unidos sólo llegan a 150.697.361,de acuerdo con cifras oficiales de 1950"..

(10) 308. MARCIANO. BARRIOS. V ALDES. Germán Arciniegas, que trae este párrafo en su libro Entre la libertad hace notar que antes se daba la población en número de almas. Unas se irían al cielo y otras al infierno. A los jefes de Estado este balance ultra terreno les inquietaba poco y mucho menos a los observadores de fuera. Pero esas almas se habian convertido en esos años en hombres de carne y hueso y querían comer más y vestir mejor, tener seguridad hasta en este mundo y organizarse en asociaciones para defender sus derechos. Esta acuciante aspiración de las masas latinoamericanas se vio frustrada durante el decenio de 1950.Europa se recuperó al igual que el Japón, y América Latina empezó a estancarse. Los gobiernos de Getulio Vargas en el Brasil y de Juan Domingo Perón señalaban con su fracaso el comienzo de una generalizada decepción que culminaría a fines de 1959 con la Revolución Cubana. En este ambiente de temor y esperanza, cuando América Latina aumentaba espectacularmente sus diócesis (en el siglo XIX se habian creado 65, en cambio en el correr del siglo XX se contaba con 144 nuevas, 44 arquidiócesis, 31 vicariatos apostólicos, 34 prelaturas y 15 prefecturas. Más de 268 jurisdicciones eclesiásticas en menos de 50 años), el Papa Pío XII consideró oportuno convocar la Primera Conferencia Episcopal. y el miedo,. Latinoamericana.. Al obispo Herder Camara le tocó organizar dos eventos. El Congreso Eucarístico Internacional de Río y la primera conferencia en julio-agosto de 1955.Los temas centrales de la Conferencia fueron las vocaciones sacerdotales, la cuestión social, la enseñanza, el desafio de lo que se consideraba los dos principales enemigos: el marxismo y la ,expansión protestante. Pero la decisión fundamental fue la creación del CELAM (Comité Episcopal Latinoamericano). Este suceso tiene su paternidad. La idea surgió del cardenal Antonio Samoré, ex nuncio en Colombia y en ese momento Secretario para los asuntos eclesiásticos extraordinarios de la Secretaría de Estado, y del obispo de Talca, el chileno Manuel Larraín. Este organismo ha sido la pieza clave que ha integrado a los diversos episcopados para estudiar en conjunto los problemas del continente. Ha sido un apoyo y ha mostrado la fuerza del catolicismo. Cualquier aventura de enfrentamiento con la Iglesia, desde ese momento tendría que demoler el Cristo del Concorvado, la Virgen Inmaculada del San Cristóbal, el Cristo Redentor de los Andes y este organismo de cohesión y alta dirección que ha analizado los problemas, les ha buscado soluciones y ha creado los instrumentos para ello a nivel continental. Si los tres monumentos expresan la profundidad de la fe sembrada por los misioneros de la época colonial y que penetró y conformó el nuevo ser que nació del encuentro de dos culturas, el CELAM es expresión de la racionalidad ilustrada que busca en la realidad concreta la solución latinoamericana a los problemas latinoamericanos. Por eso fue un acierto establecer su sede en el continente y no en Roma. Desde sus comienzos el CELAM acudió a la sociología para realizar un diagnóstico de la realidad latinoamericana. Así ahorraría fuerzas y podría planificar mejor lo que se empezó a denominar pastoral de conjunto. Se detectó que la pastoral de tipo rural que habían desarrollado los obispos hasta ese momento ya no funcionaba en las ciudades que crecían vertiginosamente en el continente. El sacerdote Boulard asesoró.

(11) LA IGLESIA. EN AMEHICA. LATINA. DURANTE. EL SIGLO. XX. 309. a los prelados y se iniciaron las grandes misiones urbanas. El dominico Lebret inició el Movimiento Economia y Humanismo que junto a los Centros de Investigación y Acción Social (uno de los cuales alcanzó en aquel entonces mayor notoriedad e influencia fue el de Santiago, dirigido por el jesuita Roger Vekemans) analizaron los problemas del Continente. Desde estos centros surgieron los planes para sacar a los paises del subdesarrollo. Los católicos iniciaron sus esfuerzos y concentraron sus fuerzas en el campo sindical y se proyectaron en el campo politico. Los partidos democratacristianos, que se ofrecieron como alternativa ante la penetración del marxismo, encontraron en las directivas del CELAM los fundamentos de sus actuaciones y captaron el apoyo de los católicos en Chile y Venezuela. En el resto de los paises no llegaron a las masas, se circunscribieron a grupos reducidos de intelectuales. Hasta en el Brasil, donde Tristán de Athayde habia difundido sus ideas no alcanzó fuerza. Pero a partir de 1959 el núcleo de las preocupaciones se centró en el Concilio. Durante sus sesiones se fortaleció la unidad del episcopado latinoamericano. En Roma los obispos de América Latina pudieron conocerse mejor y sesionar casi en forma continua. También en el Concilio los obispos encontraron las respuestas a los desafíos que venia planteando el espíritu moderno desde hacía más de un siglo en América Latina. La Lumen Gentium respondió a los desafios religiosos que había abierto la Reforma y la Gaudium et Spes trató de asumir lo positivo de la Ilustración, dos procesos contra los cuales había combatido la Iglesia durante siglos. "Se ha dicho, escribe Methol Ferré, que el Concilio era el fin de la Contrarreforma. Esto es particularmente importante para América Latina, que religiosamente tiene a Trento en su origen más radical. Por eso hay que entender bien en qué sentido se cierra la Contrarreforma. La Iglesia había hecho la crítica de la Reforma y de la Ilustración. No se había equivocado en sus críticas y reafirmaciones consiguientes. Pero eso no bastaba. La historia lo demostraba, pues la Iglesia no habia sido eficaz en absorber esos retos cabalmente. Si había rechazado errores, ahora debía asumir las verdades de quienes había rechazado. Ya no era suficiente defender, también tenia que aprender de otros para descubrir en la verdad de ellos su propia y más profunda verdad. Este doble movimiento conciliar de audacia inspirada, debia suscitar inevitablemente las más graves perturbaciones en hábitos seculares. De la asunción de las buenas razones de la Reforma o de la Ilustración muchos pasaron a creer que éstas tenían razón y la Iglesia ninguna. Asi se unian las reacciones de los dos extremos tradicionalistas y neomodernistas; ambos creían que la Iglesia, al asumir la Reforma y la Ilustración, demitía ante ellas, aunque con valoración inversa. Coincidían así en una perspectiva simplista y ahistórica del Concilio. Como es obvio, estas tensiones anegaron también de lleno a las Iglesias de América Latina". Exponer los acontecimientos desde Medellin a Puebla -desplegar el abanico multicolor de las acciones y reacciones de los católicos y no católicos frente a la historia- sería eternizarse en una crónica apasionante, pero metidos en la intrincada y frondosa selva de revistas, organismos, declaraciones, seminarios, encuentros, concentraciones, perderíamos la visión de conjunto. Para unos, la fidelidad de la Iglesia a su misión significaba la lucha por la liberación de los pobres, tal como aparece en Medellin. Por esta.

(12) 310. MARCIANO. BARRIOS. V ALDES. fidelidad la Iglesia ha tenido que sufrir el martirio en sus integrantes durante los años que transcurren desde 1968. Para otros, estos diez años no solamente fueron un caminar entre la sangre y la esperanza, sino una realidad dolorosa pero fecunda. Desde la Evengelii Nuntiandi se ha ahondado en los análisis de la realidad latinoamericana para llegar a la síntesis de Puebla. V. REFLEXIONES FINALES La Iglesia es un sacramento de unidad y expresión de amor divino a los hombres. Desde los primeros días del descubrimiento y de la conquista del continente por los españoles, su voz se alzó para pregonar los principios evangélicos. Denunció las injusticias, defendió la dignidad humana de los aborígenes y llamó a la concordia. A pesar de las deficencias de los agentes de la evangelización, catequesis y pastoral pudo lograr que la fe penetrara hasta formar un sustrato católico en este continente. Las guerras civiles de la Independencia quebraron la unidad de este continente que habla en español y cree en Jesucristo. El liberalismo y el nacionalismo del siglo XIX crearon Estados estancos que se enzarzaron en guerras fratricidas durante todo el siglo. Los hombres de Iglesia defendieron las tradiciones religiosas a pesar del ataque del positivismo. Después de la creación del Pío Latinoamericano en Roma, los obispos lograron celebrar el Concilio Plenario Latinoamericano en 1899. En aquella reunión detectaron los problemas comunes que aquejaban a la Iglesia en los diversos paises. Se unieron en torno a Roma y comenzaron la renovación de la pastoral en todos los niveles sociales. Este esfuerzo culminó con la formación del CELAM en 1955. Desde entonces se puede hablar de una Iglesia latinoamericana. Medellin y Puebla confirman esta realidad. En un continente largo y extenso, todo horizonte como la esperanza y caminos como la voluntad, la Iglesia ha sido un faro orientador y se presenta como garantía para guiar al pueblo hacia una civilización donde se imponga el amor sobre el odio. La linea utópica que presenta metas altas y nobles es un aliciente que estimula las energías y la generosidad de los hombres, especialmente de la juventud, para realizar obras grandes. Estas fuerzas están latentes en todos los hombres de buena voluntad, las palabras inspiradas en los valores perennes del Evangelio son las únicas capaces de despertarlas y ponerlas al servicio de las comunidades. La celebración del Quinto Centenario de la llegada de la fe cristiana es una buena oportunidad de recordar con honradez la obra apostólica de numerosos misioneros, obispos y laicos. El sustrato católico que emerge y se manifiesta con fuerza en los congresos eucarísticos y en las visitas pontificias es una prueba de que las sombras de algunos no logran opacar las luces de los muchos que supieron elevarse a la altura de sus responsabilidades. Su acción constituye un ejemplo que estimula y desafía a los católicos de hoy y de mañana..

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