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La experiencia de la paternidad de Dios
Lector 1
Como creyentes necesitamos recibir a Dios no solo como Señor y Salvador, sino también como Padre, y aprender a vincularnos con Él como hijos.
La mejor manera de conocer a Dios es entender su paternidad, porque a través de ella es como mejor podemos comprender y experimentar en profundidad Su amor. El encuentro con Dios nos es solamente un encuentro con el Creador, o con el Salvador y Señor, es un encuentro con nuestro Padre Celestial. Al encontrar a Dios como Padre Celestial encontramos nuestra identidad. Es la paternidad de Dios, la que nos da nuestro carácter y naturaleza espiritual.
Dios quiere revelarnos Su paternidad para que tengamos Su identidad. Fuera de la paternidad de Dios, somos simples criaturas – hechura de Dios. Pero la paternidad de Dios, nos introduce a la familia celestial. Nos da un nombre y una identidad espiritual; un lugar y una posición en la familia de Dios, como hijos y herederos de él. Como creyentes tenemos la bendición de un parentesco íntimo con el Dios vivo creador del universo.
Para podamos comprender lo que significa la palabra “padre”, Dios nos ha dado un padre terrenal. El padre terrenal es el sustituto temporal de Dios, el modelo físico de Dios.
Lector 2
Desde niños desarrollamos características que se convierten en nuestra identidad. Eso es en lo natural. Pero Dios nos otorga junto con su paternidad, una nueva identidad; una identidad espiritual, superior a nuestra identidad terrenal. Pero los creyentes necesitan asumir, apropiarse y vivir en la identidad que tenemos en nuestro Padre Celestial. Somos hijos del Rey de Reyes y Señor de Señores.
Somos hijos del creador del universo. Pero sobre todo somos hijos de nuestro Padre Celestial, que nos ama incondicionalmente. Necesitamos vivir en esa realidad espiritual.
La experiencia negativa de muchos hijos con sus padres terrenales, es un obstáculo para conocer a Dios como Padre. Mucha de nuestra relación con Dios, la filtramos a través de nuestras experiencias con nuestros padres terrenales. Las experiencias negativas y las heridas emocionales de la niñez pueden impedirnos concebir a Dios como Padre, por la referencia distorsionada que podamos tener, a causa de experiencias y aprendizajes negativos con nuestros padres.
No necesitamos ganarnos el amor de Dios, ya él nos ama incondicionalmente, por lo que somos en Cristo Jesús: sus hijos. ¿Sabes por qué a veces no disfrutamos de todo lo que nos corresponde?
¡Porque nos sentimos indignos de ser amados!, Porque desconocemos quien es realmente Dios como Padre. Porque no pedimos con confianza y fe en quien es nuestro Padre Celestial.
Lector 3
2 El amor de Dios como Padre no está condicionado a nuestros méritos, títulos, inteligencia, o desempeño. Dios nos ama incondicionalmente. No tenemos que demostrarle nada a Dios, ni tenemos que ganarnos su amor. Podremos tener mil defectos, pero Dios siempre nos amará.
Muchos de nosotros tenemos necesidad de sanar nuestro corazón, y de reconstruir la imagen de lo que es un padre. Necesitamos perdonar a nuestros padres terrenales para poder ver a Dios como padre. Necesitamos hacer las paces con nuestros padres terrenales. Para ser sanados también necesitamos experimentar a Dios como nuestro Padre Celestial. Sólo Dios – nuestro Padre Celestial, puede tocar los más recónditos y profundos lugares de nuestro corazón herido y desilusionado, para traer sanidad a nuestras vidas. Necesitamos experimentar el amor transformador de Dios.
Catecismo 239: Al designar a Dios con el nombre de "Padre", el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad que indica más expresivamente la inmanencia de Dios, la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Trasciende también la paternidad y la maternidad humanas, aunque sea su origen y medida: Nadie es padre como lo es Dios.
Canto Lector 1
Lectura del libro de Oseas (Os 11)
Cuando Israel era niño, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos, pero ellos no conocieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer.
Lector 2
Lectura del libro de Isaías (Is 49,14)
Pero dice Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado». ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.
Lector 3
Lectura del Salmo 27
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién he de temer?
El Señor, el refugio de mi vida,
¿por quién he de temblar?
Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne,
son ellos, mis adversarios y enemigos,
3 los que tropiezan y sucumben.
Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme;
aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.
Una cosa he pedido al Señor, una cosa estoy buscando:
morar en la Casa del Señor, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura del Señor y cuidar de su Templo.
Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha;
me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.
Y ahora se alza mi cabeza
sobre mis enemigos que me hostigan;
en su tienda voy a sacrificar.
sacrificios de aclamación.
Cantaré, salmodiaré a Yahveh.
Escucha, Señor, mi voz que clama,
¡tenme piedad, respóndeme!
Dice de ti mi corazón:
«Busca su rostro».
Sí, Señor, tu rostro busco:
No me ocultes tu rostro.
No rechaces con cólera a tu siervo;
tú eres mi auxilio.
No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan, El Señor me acogerá.
Enséñame tu camino, Yahveh, guíame por senda llana,
por causa de los que me asechan;
no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.
¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh
en la tierra de los vivos!
Espera en el Señor, ten valor y firme corazón, espera en el Señor.
Sacerdote
Del Evangelio según san Mateo. Mt 6,25
«Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos?
Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a
vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura».
Letanías
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Padre Santo, óyenos.
Padre Justo, escúchanos.
4 Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Padre nuestro, que estás en los cielos, ten misericordia de nosotros.
Padre de Nuestro Señor Jesucristo, ten misericordia de nosotros.
Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, ten misericordia de nosotros.
Padre, hemos pecado contra el cielo y contra Ti, ten misericordia de nosotros.
Dios Padre, bendito por la eternidad, ten misericordia de nosotros.
Padre, digno de ser adorado en Espíritu y en verdad, ten misericordia de nosotros.
Padre, sin el que nadie va al Hijo, ten misericordia de nosotros.
Padre de la Gloria y Señor de cielos y tierra, ten misericordia de nosotros.
Tú que enviaste a tu Hijo al mundo, ten misericordia de nosotros.
Tú de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, ten misericordia de nosotros.
Tú que nos elegiste en el Hijo antes de la creación del mundo, ten misericordia de nosotros.
Tú, que nos predestinaste como hijos de adopción, ten misericordia de nosotros.
Tú, que escondes tus misterios a los prudentes y sabios y los revelas a los pequeños, ten misericordia de nosotros.
Tú, que nos has bendecido con toda bendición espiritual en los cielos, ten misericordia de nosotros.
Tú, que perdonas nuestros pecados, ten misericordia de nosotros.
Tú, que nos has elegido para que seamos santos e inmaculados en tu presencia, ten misericordia de nosotros.
Tú, que das el espíritu bueno a quienes te lo piden, ten misericordia de nosotros.
Padre que das vida y resucitas a los muertos, ten misericordia de nosotros.
Padre que ves en lo escondido, ten misericordia de nosotros.
Tú, que haces salir el sol sobre buenos y malos, ten misericordia de nosotros.
Tú, que haces llover sobre justos e inicuos, ten misericordia de nosotros.
Tú, que has contado todos los cabellos de nuestras cabezas, ten misericordia de nosotros.
Tú, que no perdonaste a tu propio Hijo, sino que lo entregaste por todos nosotros, ten misericordia de nosotros.
Tú, que amaste tanto al mundo que le has dado a tu Hijo Unigénito, ten misericordia de nosotros.
Tú, que te has complacido en tu Hijo, ten misericordia de nosotros.
Tú, a quien ha complacido darnos el reino, ten misericordia de nosotros.
Tú, que entregaste al Hijo para redimir al siervo, ten misericordia de nosotros.
Tú, que tanto amor nos has dado como para que nos llamemos y seamos tus hijos, ten misericordia de nosotros.
Tú, que has preparado un reino a tus elegidos antes de la creación del mundo, ten misericordia de nosotros.
Padre de los huérfanos y juez de las viudas, ten misericordia de nosotros.
Tú en cuya casa hay muchas moradas, ten misericordia de nosotros.
Padre benigno, paciente y rico en misericordia, ten misericordia de nosotros.
Canto del Padre nuestro
5 Oh Dios, que haces que las mentes de los fieles se unan en una sola voluntad, concédenos amar lo que mandas y desear lo que prometes para que en medio de las mundanas vicisitudes nuestros corazones se fijen allí donde están los gozos verdaderos.
Bendición final