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Anand y los Monos. Francisco A. Baldarena. textos.info biblioteca digital abierta

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Anand y los Monos

Francisco A. Baldarena

textos.info

biblioteca digital abierta

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Texto núm. 6754

Título: Anand y los Monos Autor: Francisco A. Baldarena Etiquetas: cuento

Editor: Francisco A. Baldarena

Fecha de creación: 17 de junio de 2021 Fecha de modificación: 9 de julio de 2022

Edita textos.info

Maison Carrée c/ Ramal, 48

07730 Alayor - Menorca Islas Baleares

España

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Anand y los Monos

"La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter; de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona."

Arthur Schopenhauer 1

Una vez que Daya termina de preparar la bandeja con los Mangalore Buns, Anand va a sentarse al jardín, lugar al que tiene casi como sagrado y donde suele pasar, si así lo permite el tiempo, largas horas sumido en la lectura y la escritura, o, a veces, meditando. También en las noches cálidas suele pasar ahí gratas veladas en compañía de su esposa o la de invitados, prácticamente casi a la luz de las estrellas, ya que la iluminación del palacio llega escasamente y él no ha querido que el jardín pierda el aura intimista que adquiere en las horas nocturnas. Unos pocos candelabros bastan y sobran. Y por supuesto, en las mañanas como esta que es una mañana como deben ser todas las mañanas, alegres, para empezar el día con el pie derecho.

Del dosel de los árboles, llegan a los oídos de Anand los cantos de las aves y también el ruidoso alboroto de los monos que tanto le agradaba oír.

Al primer bocado, Anand cierra los ojos y deja escapar de su boca un profundo suspiro.

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Suspiro que no es desapercibido por los monos, que suspenden de inmediato lo que están haciendo y fijan su atención en Anand. Mirándose entre sí, como esperando una respuesta o indicando que no tienen ninguna, se quedan a la expectativa. Algunas miradas, sin embargo, van dirigidas a Bandor, el jefe de la manada, que, inmóvil como una piedra, ni pestañea, solamente mira hacia abajo, hacia la bandeja repleta de

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buñuelos. De pronto, el mayordomo irrumpe en el jardín.

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La irrupción del mayordomo, saca a Anand del mundo de profundos suspiros y dulces sabores que le proporciona cada bocado del exquisito manjar que tanto lo deleita.

Mi señor...

¿Qué deseas, Kiran?

El señor Singh ha llegado y desea verlo. Anand frunce el ceño.

¿Singh, a esta hora? Mmm, está bien, dile que ya voy a su encuentro.

Sí, mi señor, responde el mayordomo, que tras una reverencia se aleja tan silencioso como ha venido.

Anand abandona la bandeja con pesar y va a ver qué desea el señor Singh.

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En las alturas la retirada de Anand inquieta a los monos, que no demoran en agruparse y empezar a secretear alguna cosa. Bandor, la mirada fija en la bandeja, de pronto emite un gruñido y toda la manada pone los ojos sobre él; un momento después le hace señas a uno de los monos, autorizándolo a bajar a tierra. Éste se lanza velozmente por los aires y, saltando de gajo en gajo, llega al lado de la mesa en pocos segundos. Un rápido y certero movimiento le basta para hacerse con la bandeja. Y con la destreza del más hábil y eficiente mozo, llega al dosel sin dejar caer ningún buñuelo.

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Agrupados alrededor de la bandeja, los monos se empaturran como pocas veces, pero al percibir que Anand retorna al jardín, esconden la bandeja y se quedan con cara de que aquí no ha pasado nada. Apenas ve la mesa vacía, Anand se lleva una decepcionante sorpresa.

¿Pero adónde han ido a parar mis Mangalore Buns?, se pregunta,

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pasándose ambas manos por el turbante. Pero pasada la sorpresa, sus ojos empiezan a buscar la causa del misterioso desaparecimiento. Mira para un lado, mira para otro hasta que sus ojos trepan a las alturas; pero aunque no ve ni señal de los buñuelos ni de la bandeja, la inacción sospechosa de los monos es suficiente para que lo comprenda todo.

Anand se amonesta por haber sido tan descuidado. Pero por nada del mundo dejará que le arruinen la hermosa mañana, así que gira sobre sus talones y retorna al palacio con la intención de pedirle a la cocinera que haga más Mangalore Buns. Mientras tanto, los monos aprovechan la ausencia de Anand y dan continuidad al dulce festín.

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Al rato, Anand vuelve con otra bandeja repleta de Mangalore Buns en las manos y, como anteriormente, el primer bocado le arranca otro profundo suspiro que, también como anteriormente, sube hasta las copas de los árboles. Pero entonces, nuevamente aparece el mayordomo. Ante esta nueva irrupción, la manada se pone en modo alerta.

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Mi, señor, la pequeña Alisha ha despertado y reclama su presencia.

¡Ay, mi fiel Kiran, creo que hoy no es mi día!, exclama Anand, y pronto entra a la casa, seguido de cerca por el mayordomo. Esto hace que los monos vuelvan a posar sus ojos en la bandeja solitaria sobre la mesa.

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El mismo mono que robó la primera bandeja, se para en dos patas y se dispone a lanzarse al aire, pero una mano de Bandor lo detiene oprimiendo uno de sus hombros. Con un índice, yendo de lado a lado delante de su cara ceñuda, el jefe le indica al mono ansioso que desista de la idea. Luego se da tres golpecitos en la sien. "¿Pensar, pensar qué?"

Habrá pensado el mono, no comprendiendo la actitud de Bandor, pero si el jefe ordena una cosa, el buen sentido dice que lo más prudente es obedecer sin chistar.

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Al poco tiempo, cuando Anand retorna al jardín, cargando en sus brazos a

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la pequeña Alisha, se lleva otra sorpresa, pero grata esta vez: la bandeja continúa en la mesa, e intacta. Entonces levanta la vista y percibe que los monos lo observan, quietos y en silencio. Por largo rato, Anand se los queda viendo, y mientras lo hace, tiene una conversación con su conciencia, con sus dioses y con Schopenhauer, su filósofo occidental predilecto.

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Momentos después, los monos, expectantes, ven que Anand deja a su hija sentada, toma la bandeja entre sus manos y se acerca a uno de los árboles, donde les hace una reverencia y tras ello deposita la bandeja en el suelo. Después lo ven alzar a la hija en brazos y retirarse al interior del palacio. Ahí, Bandor le chista al mono ansioso y lo autoriza a ir tras los buñuelos.

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"Otra mañana alegre en el jardín", suspira Anand a la mañana siguiente, cuando llega al jardín para devorar los deliciosos Mangalore Buns que trae en una bandeja. De pronto repara en un gran gajo de bananas encima de la mesa, al lado de las dos bandejas. Anand levanta la vista; las aves cantan y, tan ruidosos como de costumbre, los monos se pasean de rama en rama como si tal cosa. Anand sonríe y mientras muerde con ganas el primer buñuelo, hace sonar la campanilla. Cuando Kiran aparece, le pide que lleve las bananas y las bandejas vacías a la cocina y le pida a Daya que prepare otra tanda de Mangalore Buns. En ese momento, en el dosel se produce un inicio de algarabía.

Anand y los Monos by Francisco A. Baldarena is licensed under a Creative

Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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