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Territorios rupestres en América Latina

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Academic year: 2023

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© 2023

Culturas Originarias 4º volumen

Editores

Aline Lara Galicia Luis A. Martos López

PUBLICACIONES ENREDARS Director Enredars

Fernando Quiles García Coordinador editorial Juan Ramón Rodríguez-Mateo Administración y gestión

María de los Ángeles Fernández Valle Zara Mª Ruiz Romero

Gestión de contenidos digitales y redes Victoria Sánchez Mellado y Elisa Quiles Aranda Imagen de portada y contraportada

Petrograbado en Tastil, Argentina. Luis Martos Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo. Patricia Carrillo Diseño de portada y maquetación

Aline Lara Galicia Fotografías y dibujos

© de los autores. excepto que se especifique el autor de la imagen

© De la edición:

E.R.A. Arte, Creación y Patrimonio Iberoamericano en Redes / Universidad Pablo de Olavide

ISBN: 978-84-09-48468-3 2023, Sevilla, España

COLECCIÓN CULTURAS ORIGINARIAS Directoras

María del Carmen Castillo Lorenza López Mestas Ana Cielo Quiñones

(4)

Comité asesor

Dora Arizaga Guzmán, arquitecta. Quito, Ecuador

Alicia Cámara. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid, España

Elena Díez Jorge. Universidad de Granada, España

Marcello Fagiolo. Centro Studi Cultura e Immagine di Roma, Italia

Martha Fernández. Universidad Nacional Autónoma de México. México DF, México Jaime García Bernal. Universidad de Sevilla, España

María Pilar García Cuetos. Universidad de Oviedo, España

Lena Saladina Iglesias Rouco. Universidad de Burgos, España

Ilona Katzew. Curator and Department Head of Latin American Art. Los Angeles County Museum of Art (LACMA). Los Ángeles, Estados Unidos

Mercedes Elizabeth Kuon Arce.

Antropóloga. Cusco, Perú

Luciano Migliaccio. Universidade de São Paulo, Brasil

Víctor Mínguez Cornelles. Universitat Jaume I. Castellón, España

Macarena Moralejo. Universidad de Granada, España

Ramón Mújica Pinilla. Lima, Perú Francisco Javier Pizarro. Universidad de Extremadura. Cáceres, España

Ana Cielo Quiñones Aguilar. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. Colombia Delfín Rodríguez. Universidad Complutense de Madrid, España

Janeth Rodriguez Nóbrega. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Venezuela Olaya Sanfuentes. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, Chile

Comité Académico Colección Culturas Originarias

Gabriel Arriarán. Centro Bartolomé de las Casas, Cusco, Perú

Fidencio Briceño Chel. INAH-Yucatán, México

Beatriz Carrera Maldonado. Universidad Autónoma de Zacatecas, México

Alba Choque Porras. Universidad La Salle, Perú

Óscar Flores Flores. IIE-UNAM, México Selene Yuridia Galindo Cumplido. FAD- UNAM, México

Raquel Güereca Durán. IIH-UNAM Unidad Oaxaca, México

Mariella Hernández Moncada. Consultora en proyectos sociales y culturales, El Salvador Peter Jiménez Betts. Arqueólogo e

investigador del Centro INAH Zacatecas, México

Cebaldo de León Inawinapi. Antropólogo, Pueblo Guna Dule, Panamá

Leonardo López Luján. INAH,México Elena Mazzetto. FFyL-UNAM, México Silvia María del Socorro Mesa Dávila.

Arqueóloga Directora del Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH, México

Jorge Antonio Ñancucheo. Presidente de la ONPIA, Argentina

Susana Ramírez Urrea. Arqueóloga e investigadora de la Universidad de Guadalajara, México

Henry Vargas Benavides. FAL-Universidad de Costa Rica

Juan Villanueva Criales. Museo Nacional de Etnografía y Folklore, La Paz, Bolivia.

COLMIX. Colectivo Mixe, México

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Lista de autoras y autores

Luis A. Martos López

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México EN EL VIENTRE DE LA TIERRA: LAS CUEVAS MAYAS EN EL CORREDOR KÁRSTICO DE YUCATÁN, MÉXICO

Carlos Viramontes Anzures

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México CUEVAS Y GEMELOS EN EL ARTE RUPESTRE DE EL TEPOZÁN, GUANAJUATO, MÉXICO María de Lourdes Hernández Jiménez

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México Manuel Moreno Díaz

Universidad para el Bienestar Benito Juárez García, México

LLANTOS DE LLUVIA. CUEVA DE

PALANCARES, UMBRAL DEL PRINCIPIO DUAL DE LOS PUEBLOS DE LA TIERRA DE HULE, SUR DE VERACRUZ, MÉXICO

Martha Cabrera Guerrero Investigadora independiente, México

TRES IMÁGENES QUE HECHIZAN EN EL ARTE RUPESTRE DE TRADICIÓN OLMECA EN LAS CUEVAS DEL ESTADO DE GUERRERO, MÉXICO Sandra L. Ramírez Barrera

Escuela Nacional de Antropología e Historia, México IMÁGENES, ESPACIOS Y TIEMPO EN OAXACA, MÉXICO. EL ARTE RUPESTRE Y LOS USOS DEL MEDIO NATURAL COMO EXPRESIÓN

CULTURAL

Philippe Costa

Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos UMR 8096, CNRS

Université Paris 1 - Panthéon-Sorbonne, Francia ARTE RUPESTRE, TERRITORIOS Y

CRONOLOGÍA EN EL SALVADOR PREHISPÁNICO

Carmen Pérez Maestro Universidad de Alcalá, España

PAISAJE Y ARTE RUPESTRE EN LA CUENCA ALTA DEL RÍO NEPEÑA, ANCASH, PERÚ Pilar Fatás Monforte

Directora del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, España

ARTE RUPESTRE DE PARAGUAY: GRABADOS DE PISADAS Y ABSTRACTOS

Leonel Cabrera Pérez

Universidad de la República, Uruguay

NUEVOS TERRITORIOS RUPESTRES EN EL NORTE DE URUGUAY

Christian Vitry Di Bello

Universidad Nacional de Salta. Argentina

Bernardo Gabriel Cornejo Maltz, ICSOH-CONICET.

Argentina Gastón Vitry

Universidad Nacional de Córdoba. Argentina Ana Paula Cevidanes

Universidad de Buenos Aires, Argentina Mariano Cornejo

Fundación El Abra, Argentina Luis Alberto Martos López

Instituto Nacional de Antropología e Historia, México ARTE RUPESTRE DE TASTIL (PROVINCIA DE SALTA, ARGENTINA). PROPUESTA

METODOLÓGICA Y RESULTADOS

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´Indice general

1. INTRODUCCI ´ON . . . 5

1. EN EL VIENTRE DE LA TIERRA: LAS CUEVAS MAYAS EN EL CORREDOR K ´ARSTICO DE YUCAT ´AN, M ´EXICO 10 1. Introducci´on . . . 10

2. Las cuevas yucatecas durante la prehistoria . . . 12

3. Entre lo profano y lo sagrado: el uso de las cuevas por los mayas de Yucat´an 16 4. La gr´afica rupestre en cuevas mayas de Yucat´an . . . 35

4.1. Los petrograbados . . . 37

4.2. La pintura rupestre . . . 45

5. Reflexiones finales . . . 51

6. Referencias . . . 52

2. CUEVAS Y GEMELOS EN EL ARTE RUPESTRE DE EL TEPOZ ´AN, GUANAJUATO, M ´EXICO 56 1. Introducci´on . . . 56

2. El sitio arqueol´ogico . . . 57

3. De cavidades y gemelos . . . 60

4. El mitema de los gemelos/ h´eroes . . . 62

5. Reflexiones finales . . . 65

6. Referencias . . . 66

3. LLANTOS DE LLUVIA. CUEVA DE PALANCARES, UMBRAL DEL PRINCIPIO DUAL DE LOS PUEBLOS DE LA TIERRA DE HULE, SUR DE VERACRUZ, M ´EXICO 68 1. Introducci´on . . . 68

2. La regi´on . . . 69

3. Panorama arqueol´ogico de la regi´on . . . 71

3.1. Ocupaciones humanas prehisp´anicas en la regi´on sur de Veracruz . 72 4. Cuevas con manifestaciones gr´afico rupestres . . . 74

4.1. La cueva de Chalchijapa 24 de febrero . . . 74

(7)

4.2. La Cueva de El Sat´elite . . . 75

4.3. Cueva Ventura . . . 75

4.4. Cueva de Palancares o del Tigre . . . 76

5. El paisaje sagrado prehisp´anico en el sur de Veracruz . . . 82

6. Pinturas rupestres y los monumentos olmecas: consideraciones . . . 84

7. Rutas fluviales como caminos de peregrinaci´on . . . 86

8. Reflexiones finales . . . 88

9. Referencias . . . 89

4. TRES IM ´AGENES QUE HECHIZAN EN EL ARTE RUPESTRE DE TRADICI ´ON OLMECA EN LAS CUEVAS DEL ESTADO DE GUERRERO, M ´EXICO 92 1. Introducci´on . . . 92

2. Meta im´agenes en cuevas. Im´agenes materiales “m´agicas” que se transforman y/o se ocultan . . . 93

3. Las Grutas de Juxtlahuaca . . . 97

4. La Cueva de Oxtotitl´an . . . 101

5. El abrigo rocoso de Cauadzidziqui . . . 110

6. Reflexiones finales . . . 113

7. Referencias . . . 115

5. IM ´AGENES, ESPACIOS Y TIEMPO EN OAXACA, M ´EXICO. EL ARTE RUPESTRE Y LOS USOS DEL MEDIO NATURAL COMO EXPRESI ´ON CULTURAL 119 1. Introducci´on . . . 119

2. La bi´osfera Tehuac´an – Cuicatl´an . . . 119

3. Aspectos generales en torno a la cueva como formaci´on natural y como formaci´on cultural . . . 122

4. El paisaje cultural . . . 123

5. El arte rupestre . . . 123

5.1. Cerro Dade . . . 125

5.2. Cueva de los M´usicos . . . 129

6. Reflexiones finales . . . 131

7. Referencias . . . 133

6. ARTE RUPESTRE, TERRITORIOS Y CRONOLOG´IA EN EL SALVADOR PREHISP ´ANICO 135 1. Introducci´on . . . 135

2. Contexto geogr´afico, geol´ogico y cultural . . . 136

3. Tradiciones rupestres en El Salvador . . . 137

(8)

3.1. Panorama diacr´onico de las grandes etapas del arte rupestre de El

Salvador . . . 139

4. El Poscl´asico (900 a 1534 d.C.) . . . 147

4.1. El Poscl´asico temprano y la tradici´on Tl´aloc (1000 a 1200-1250 d.C.)148 4.2. El Poscl´asico tard´ıo (1200-1250 a 1537 d.C.) . . . 149

5. Reflexiones finales . . . 151

6. Referencias . . . 151

7. PAISAJE Y ARTE RUPESTRE EN LA CUENCA ALTA DEL R´IO NEPE ˜NA, ANCASH, PER ´U 153 1. Introducci´on . . . 153

2. Principales aportaciones . . . 158

3. Reflexiones finales . . . 166

4. Referencias . . . 166

8. WAK’AS PODEROSAS: MANIFESTACIONES RUPESTRES Y PAISAJES SACRALIZADOS EN EL ALTIPLANO NORTE DE BOLIVIA 168 1. Introducci´on . . . 168

2. Paisajes sacralizados y manifestaciones rupestres en el Altiplano Norte . . . 168

3. Espacios sagrados y wak’as . . . 174

4. Wak’as de los cerros: el cerro Wiraconi en Pe˜nas . . . 178

4.1. El cerro Wiraconi en el contexto regional . . . 183

5. Wak’as de los lagos: las lagunas de Achocalla . . . 194

6. Reflexiones finales . . . 201

7. Referencias . . . 202

9. ARTE RUPESTRE DE PARAGUAY: GRABADOS DE PISADAS Y ABSTRACTOS 206 1. Introducci´on . . . 206

2. Sitios con arte rupestre en Paraguay . . . 207

2.1. Caracter´ısticas del arte rupestre de Paraguay . . . 209

2.2. El arte rupestre de Amambay . . . 211

2.3. El arte rupestre de Guair´a: Ita Letra . . . 228

3. Reflexiones finales . . . 229

4. Referencias . . . 232

10. NUEVOS TERRITORIOS RUPESTRES EN EL NORTE DE URUGUAY 234 1. Introducci´on . . . 234

2. Las Piedras Grabadas de Salto Grande . . . 237

3. Los petroglifos del norte del territorio . . . 241

(9)

3.1. Modalidad de Registro . . . 246

3.2. Los sitios . . . 246

3.3. Caracter´ısticas generales y t´ecnicas de ejecuci´on . . . 248

3.4. Los Motivos . . . 251

3.5. Categor´ıas de an´alisis . . . 252

3.6. Cronolog´ıa . . . 255

4. Reflexiones finales: Un patrimonio en alto riesgo . . . 257

5. Referencias . . . 258

11. ARTE RUPESTRE DE TASTIL (PROVINCIA DE SALTA, ARGENTINA). PROPUESTA METODOL ´OGICA Y RESULTADOS PRELIMINARES 261 1. Introducci´on . . . 261

2. Tastil, uno de los poblados prehisp´anicos m´as extensos de Argentina . . . . 262

3. Tastil como asentamiento eje de caravaneros . . . 265

3.1. Desarticulaci´on socioespacial y despoblamiento de Tastil . . . 267

4. El proyecto arte rupestre de Tastil . . . 267

5. Propuesta metodol´ogica . . . 269

6. El registro sonoro del arte rupestre . . . 270

7. Dibujos t´ecnicos/cient´ıficos aplicados al arte rupestre . . . 273

8. Registro fotogr´afico . . . 275

9. Sistemas de Informaci´on Geogr´afica, im´agenes de dron y base de datos . . . 276

10. Marco temporal . . . 276

11. Reflexiones finales . . . 278

12. Referencias . . . 280

(10)

1 INTRODUCCI ´ON

Aline Lara Galicia Universidad de Sevilla Luis A. Martos L´opez

Instituto Nacional de Antropolog´ıa e Historia

Las manifestaciones rupestres hoy por hoy se constituyen como las m´as antiguas formas de expresi´on del ser humano, pues se las encuentra desde ´epocas muy tempranas de la prehistoria, ya sea en forma de petrograbados, pinturas rupestres, o geoglifos. Lo cierto es que desde la simple impresi´on de una mano, quiz´a la m´as noble y genuina expresi´on del ser humano, hasta los meandros, dise˜nos complejos y laberintos, bisontes, rinocerontes, caballos, cam´elidos y felinos, ballenas y peces, o escenas de caza, de ceremonias y danzas en donde son los humanos los actores, la gr´afica rupestre es sin lugar a dudas reflejo de diversas maneras de ver y aprehender el mundo, de interactuar con ´el, de transformarlo, al menos en un plano simb´olico e ideol´ogico.

Es por esto que, como bien ha se˜nalado Rocchietti (2011), la gr´afica rupestre es un tipo de expresi´on de una intenci´on codificada, pret´erita y pr´acticamente ininteligible, y por ello, los enfoques interpretativos resultan muy vers´atiles, pero a la vez poseen un alto grado de ambig¨uedad e incertidumbre.

Y en efecto, sin lugar a dudas, la gr´afica rupestre es un t´opico que resulta sumamente atractivo para la investigaci´on, pero tambi´en muy complicado en su estudio y an´alisis, porque se discurre a trav´es de caminos que a veces son muy fr´agiles, no s´olo por los problemas de fechamiento, sino por lo dif´ıcil que resulta plantear interpretaciones adecuadas y sobre todo, bien fundamentadas. (Faug`ere, en Viramontes, 2005).

Lo cierto es que hay en la gr´afica rupestre ciertos convencionalismos y una evidente influencia del medio ambiente geogr´afico y natural. Por lo anterior, resulta indispensable realizar trabajos minuciosos y precisos de registro arqueol´ogico, tomando en cuenta no s´olo el bloque, pared´on o caverna en donde se localiza la gr´afica, sino tambi´en el contexto, es decir la vinculaci´on del sitio en cuesti´on, tanto con su espacio inmediato, como del

´area en general, con ´enfasis en el medio ambiente, cuya percepci´on y conocimiento fueron fundamentales para las antiguas comunidades que con ´este interactuaron.

Se ha planteado que la gr´afica rupestre es un hecho social, pues es resultado de cierta conducta social en el pasado; es un hecho semasiogr´afico, pues es un tipo de expresi´on y comunicaci´on visual, no fon´etica; es un hecho simb´olico, es un hecho pl´astico que implica ciertas convenciones figurativas y expresivas y es adem´as un hecho simb´olico, pues encierra

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ideas codificadas, pensamientos, conceptos y creencias (Martos et al., 2021).

La capacidad de crear s´ımbolos es en s´ı misma, una cuesti´on epistemol´ogica que involucra aspectos sociales, culturales, filos´oficos, y ling¨u´ısticos; es una de las formas que el ser humano ha desarrollado para comunicarse, para procesar, codificar, recordar, transmitir y compartir informaci´on.

A fin de cuentas, la gr´afica rupestre no es sino reflejo de la complejidad del pensamiento antiguo, por lo que, acercarse a su significado conlleva a un mayor conocimiento sobre la forma de vida de los grupos humanos que los elaboraron, de sus preocupaciones, valores y prioridades y es que, a trav´es de este peculiar tipo de gr´afica podemos asomarnos al mundo, a trav´es de los ojos de gente ya perdida en la oscuridad de los tiempos.

La tem´atica de este nuevo libro en torno a las manifestaciones rupestres surgi´o a partir de la nominaci´on del 2021, como el “A˜no Internacional de Cuevas y Karst” por la UNESCO, lo que abarca diversos espacios que “comparten” las manifestaciones rupestres con otros contextos como son los territorios sagrados, los lugares tur´ısticos y las ´areas naturales.

Asimismo, y continuando con la ardua tarea de la divulgaci´on de investigaciones en Am´erica Central y Sudam´erica, el IV seminario “Manifestaciones rupestres en Am´erica Latina” quiso plantear la idea de territorio como un concepto que engloba diversas ideas como son la geograf´ıa, la cosmovisi´on y la simbolog´ıa. Consideramos el territorio como el h´abitat delimitado por fronteras naturales y simb´olicas, el medio como fuente de recursos y el v´ınculo con la memoria, pues es en el territorio en donde se vive y con el que se interact´ua y por supuesto, es tambi´en un elemento fundamental y uno de los soportes de la identidad.

Al respecto y considerando las ideas ya desarrolladas desde la antropolog´ıa cognitiva, lo rupestre en Am´erica Latina comparte un corpus metodol´ogico interdisciplinar con la ling¨uistica, la etnolog´ıa y la misma antropolog´ıa, desde la cosmovisi´on de los grupos originarios que habitaron y perviven a´un en este territorio. Siendo casi imposible, despren- derse de las formas de interactuar y de los mapas cognitivos de dichas culturas, aplicables a la definici´on y simbolizaci´on de territorios rupestres (Lara, 2015).

El primer cap´ıtulo corresponde al trabajo: En el vientre de la tierra: las cuevas mayas en el corredor k´arstico de Yucat´an de Luis Alberto Martos L´opez, en donde el t´opico central lo constituyen las cuevas mayas de Yucat´an y su uso desde la prehistoria, a trav´es de una revisi´on de los espectaculares hallazgos arqueol´ogicos realizados en cenotes y cavernas inundadas. M´as tarde, los mayas aprovecharon estas formaciones tanto para fines profanos, como rituales, pero quiz´a el aspecto m´as notable es que se convirtieron en una suerte de portal m´agico, que posibilitaba la comunicaci´on con el mundo inmaterial. Las manifestaciones rupestres tambi´en son especialmente abundantes en las cuevas mayas, tanto petrograbados, como pinturas, algunas de las cuales podr´ıan ser muy tempranas.

El segundo cap´ıtulo es el trabajo de Carlos Viramontes Anzures: Cuevas y gemelos en el arte rupestre de El tepoz´an; Guanajuato, M´exico. Enclavado en la ca˜nada de los murci´elagos, en el valle intermontano de Victoria, se localiza el sitio pame de El Tepozan, cuyas especiales caracter´ısticas y tem´atica de su gr´afica rupestre, lo convierten en uno de los

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mejores ejemplos de imaginer´ıa rupestre del nororiente del estado mexicano de Guanajuato.

El autor se enfoca en un tipo particular de dise˜no que consiste en figuras antropomorfas dispuestas en pares, lo que lleva a sugerir que podr´ıan ser reflejo del mito de los gemelos h´eroes divinos, tan extendido por todo el mundo. Estos seres que entra˜nan lo opuesto, pero tambi´en lo complementario, salvan al mundo cuando est´a amenazado por fuerzas oscuras.

En el tercer cap´ıtulo: Llantos de lluvia: Cueva de Palancares, umbral del principio dual de los pueblos de la tierra de hule, sur de Veracruz, M´exico, Mar´ıa de Lourdes Hern´andez Jim´enez y Manuel Moreno D´ıaz, abordan el tema de la monta˜na como lugar sagrado, sede de n´umenes del agua y esp´ıritus guardianes y, por ende, lugar de culto y petici´on de lluvias, fertilidad y buenas cosechas.

La investigaci´on se centra en recorridos arqueol´ogicos en una regi´on de lomer´ıos en la llanura costera del sur de Veracruz, en donde se han registrado y documentado numerosos sitios arqueol´ogicos resultado de 3000 a˜nos de ocupaci´on. Una parte del trabajo de prospecci´on se centr´o en la localizaci´on de cuevas con gr´afica rupestre destacando cuatro de ellas, siendo la m´as notable, la de Palancares en donde se registraron 25 rostros grabados en la roca y pintura rupestre con dise˜nos abstractos, impresiones de manos, cartuchos, glifos y otros dise˜nos, lo que hace pensar en que la cueva haya sido utilizada por los antiguos olmecas como un sitio de peregrinaci´on y ritualidad.

El siguiente trabajo, Tres im´agenes que hechizan en el arte rupestre de tradici´on olmeca en las cuevas del estado de Guerrero, M´exico de Martha Cabrera Guerrero, aborda el t´opico de la representaci´on de la cueva en el discurso gr´afico olmeca, particularmente se centra en tres meta-im´agenes localizadas en las cavernas Juxtlahuaca, Oxtotitlan y Cacahuatziziqui, en el estado mexicano de Guerrero. A partir de estas tres figuras, la autora desarrolla un vasto y profundo an´alisis, para colocarlas en otros horizontes visuales y mostrar otros tipos de interpretaciones, se˜nalando una variedad de artificios visuales para representar la transmutaci´on antropomorfa-zoomorfa, tan importante y trascendental dentro del antiguo pensamiento olmeca.

El Cap´ıtulo 5, intitulado Im´agenes, espacios y tiempo en Oaxaca, M´exico, el arte rupestre y los usos del medio natural como expresi´on cultural, de Sandra L. Ram´ırez Barrera, es un ejercicio para vincular el espacio natural, con la gr´afica rupestre en la Reserva de la Bi´osfera de Tehuac´an-Cuicatl´an, de los estados de Puebla y Oaxaca, M´exico. Para la autora, cuevas y abrigos rocosos son espacios de resguardo de im´agenes rupestres y evidencian el acto de exhibir u ocultar la gr´afica rupestre, dependiendo del tipo de actividad desarrollada en el lugar, por lo que el arte rupestre, seg´un sea el caso, es un campo generador de informaci´on dirigida que puede expresar igualdad y pertenencia, o bien, desigualdad y exclusi´on.

En el Cap´ıtulo 6, Arte rupestre, territorios y cronolog´ıa en El Salvador prehisp´anico, Philippe Costa, presentan los resultados de un amplio proyecto arqueol´ogico, en el que se registraron cerca de 70 sitos con gr´afica rupestre en este pa´ıs centroamericano, de cuyo an´alisis se trata de encontrar tradiciones estil´ısticas y su ubicaci´on tanto cronol´ogica, como cultural. Un aspecto importante es la utilizaci´on de la gr´afica rupestre, como una herramienta

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para definir geogr´aficamente, fronteras culturales. Otro aspecto importante que se toma en cuenta es la posici´on geogr´afica de El Salvador, la que fue centro de interacciones culturales que tambi´en repercutieron y se materializaron en las expresiones plasmadas en los sitios rupestres.

La siguiente colaboraci´on es la de Carmen P´erez Maestro: Paisaje y arte rupestre en la cuenca alta del r´ıo Nepe˜na, Ancash, Per´u. Dejamos as´ı las tierras mesoamericanas y centroamericanas, para trasladarnos hacia la gran ´area cultural que fue Sudam´erica.

El trabajo da cuenta de los resultados de un proyecto realizado en colaboraci´on entre Per´u, Espa˜na y Colombia, a lo largo de la cuenca del r´ıo Loco en el Departamento de Ancash en donde se existen tanto sitios de petrograbados, como con pinturas rupestres.

Las excavaciones realizadas en algunos de ellos tambi´en arrojaron luz sobre entierros y materiales asociados. Los an´alisis incluyeron la descomposici´on de las caracter´ısticas semi´oticas de las pictograf´ıas, m´etodo muy ´util no s´olo para la definici´on de territorios identitarios, sino tambi´en a la determinaci´on de las caracter´ısticas de cada uno.

El Cap´ıtulo 8 lleva por t´ıtulo Wak�as poderosas: manifestaciones rupestres y paisajes sacralizados en el altiplano norte de Bolivia, y es de la autor´ıa de Claudia Rivera Casanovas.

Este trabajo se ubica en el Altiplano Norte de Bolivia, en donde se localiza el lago Titikaka, sin lugar a dudas una de las regiones m´as interesantes de Sudam´erica por los complejos procesos culturales de los que fue escenario, adem´as de que el propio entorno natural favoreci´o la construcci´on de paisajes sagrados, los que est´an estrechamente relacionados con las wak�as, sitios en donde habitan fuerzas sobrenaturales que trascienden lo humano.

En este contexto, la autora describe las diferentes categor´ıas de sitios sagrados, los que pueden ser yapu positivos o yuruma negativos. Se centra luego el trabajo en la wak�a de Cerro Wiraconi, en Pe˜nas en donde se han localizado 35 sitios hist´oricos/arqueol´ogicos de los que 24 son aleros, paredes y cuevas con gr´afica rupestre, de los que no s´olo se ofrecen descripciones, sino un complet´ısimo an´alisis iconogr´afico, enriquecido con mucha informaci´on hist´orica y etnogr´afica.

Desde Bolivia discurrimos ahora hacia el Paraguay, con la colaboraci´on de Pilar Fat´as Monforte: Arte Rupestre de Paraguay: grabados de pisadas y abstractos, en donde se presentan los resultados de un par de proyectos dirigidos al estudio del arte rupestre en Paraguay, un tema muy poco trabajado y, por tanto, poco conocido. El arte rupestre identificado en trece sitios estudiados, ha tra´ıdo como resultado las primeros reflexiones a un arte homog´eneo (Fat´as, en este libro), a lo que se ha denominado estilo de pisadas, presente desde el nordeste de Brasil hasta el sur de Argentina.

El Cap´ıtulo 10, Nuevos territorios rupestres en el norte de Uruguay, de Leonel Cabrera P´erez. De forma semejante al caso anterior, el arte rupestre del Uruguay por largo tiempo fue considerado perif´erico, sino hasta marginal al desarrollo de las grandes culturas sudamericanas generadoras de este tipo de expresiones. Sin embargo, los trabajos realizados en los ´ultimos a˜nos han posibilitado la localizaci´on de numerosos sitios y de una riqueza rupestre equiparable al de otras regiones. El autor aborda aqu´ı espec´ıficamente el ´area norte

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de pa´ıs, cuyas manifestaciones rupestres que est´an inmersas dentro de un vasto sistema que involucra tradiciones distintas y que suponen discursos visuales-narrativos de las culturas que los produjeron.

El ´ultimo Cap´ıtulo, de esta antolog´ıa, Arte rupestre de Tastil (Provincia de Salta, Argentina). Propuesta metodol´ogica y resultados preliminares, de Bernardo Cornejo, Christian Vitry..., Luis Alberto Martos, como promete en el t´ıtulo, ofrece al lector una s´ıntesis de los trabajos recientes de prospecci´on y registro de gr´afica rupestre en un importante sitio patrimonial del Noroeste argentino: Tastil. Se trata de un asentamiento que se desarroll´o vigorosamente durante los siglos XI al XV en el llamado Periodo Tard´ıo o de los Desarrollos Regionales y que fungi´o como un notable centro de organizaci´on, intercambio y distribuci´on de productos enlazando regiones diversas y distantes. Se calcula que la gr´afica rupestre podr´ıa alcanzar los 8000 bloques, lo que lo convertir´ıa en el sitio con mayor concentraci´on de arte rupestre en la Argentina. En este trabajo se describe el marco te´orico metodol´ogico que se ha aplicado en la intensa labor del registro de la gr´afica rupestre y que ha permitido alcanzar muy buenos resultados.

Esta obra incluye entonces tanto estudios a nivel general, como de sitios espec´ıficos;

trabajos sobre espacios abiertos como confinados; an´alisis tanto estil´ısticos, como simb´olicos;

una riqueza de t´opicos, de ´areas y regiones, en fin, que enriquece esta obra y que sin duda alguna ser´a valorada por el lector y por el estudioso, y que ser´a valorada como un aporte y un referente importante en el arduo estudio de la gr´afica rupestre de nuestro vasto continente.

Agradecimientos

Queremos agradecer a Fernando Quiles director de esta editorial. A Carmen P´erez y a Juan P. Dom´ınguez por su apoyo al texto. A todos los investigadores del III y IV seminario de Manifestaciones Rupestres en Am´erica Latina.

Referencias

Faug`ere, Brigitte (2005). Pr´ologo, En Carlos Viramontes Anzures (coord). Gr`afica Rupestre y paisaje ritual. La cosmovisi´on de los recolectores-cazadores de Quer´etaro.

M´exico, (pp.11-15). INAH.

Lara, Aline (2015) Xiupohualli: le calendrier m´esoam´ericain dans les manifestations rupestres de la Vall´ee du Mezquital, Hidalgo, Mexique. ANRT- Universit´e de Lille.

Rocchietti, Ana Mar´ıa (2011). Pinturas rupestres de India muerta, provincia de C´ordoba, Argentina. Rupestreweb, http://www.rupestreweb.info/indiamuerta.html.

Martos L. L.A., C. Vitry, B. Cornejo y M. Cornejo (2001). Arqueolog´ıa y Arte Rupestre en el Cord´on de Lampasillos, Salta, Argentina, En Aline Lara Galicia (Ed) Manifestaciones rupestres en Am´erica Latina, (pp. 184-203). IEAL- Universidad de Sevilla.

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Cap´ıtulo 1

EN EL VIENTRE DE LA TIERRA: LAS CUEVAS MAYAS EN EL CORREDOR K ´ARSTICO DE YUCAT ´AN, M ´EXICO

Luis Martos L´opez

Instituto Nacional de Antropolog´ıa e Historia

1 Introducci´on

La pen´ınsula de Yucat´an en el sureste mexicano, es una vasta plancha calc´area virtualmen- te plana que emergi´o del mar en la era Cenozoica. M´as tarde, durante el per´ıodo Terciario y en el Plioceno, hace unos 2.5 millones de a˜nos, el enfriamiento de la atm´osfera terrestre provoc´o que losa oc´eanos se congelaran, con un consiguiente y considerable descenso del nivel del mar (Figura 1). En t´erminos geol´ogicos la pen´ınsula de Yucat´an es una formaci´on k´arstica, compuesta principalmente por carbonato de calcio (Ca (CO2)), el que es altamente permeable, lo que ha favorecido, a lo largo del tiempo, para la formaci´on de una extensa red de cavernas, abrigos, dolinas, cenotes y r´ıos subterr´aneos, que constituyen una importante y notable parte de la fisiograf´ıa peninsular (Figura 2).

Estas formaciones naturales fueron para los antiguos mayas de Yucat´an especialmente significativas y tuvieron una especial importancia; mundos subterr´aneos, laber´ınticos, envueltos en la oscuridad, plet´oricos de abigarradas formaciones naturales y muchas veces con importantes mantos de agua en el interior, no pod´ıan pasar desapercibidas y fueron integradas dentro del pensamiento religioso y cosmovisi´on.

Las cavernas tuvieron, por supuesto, una utilidad pr´actica y profana para los mayas, pues en ellas encontraron fuentes vitales de agua, bancos de material (piedra, sascab, grava y arena), que se utilizaba para la construcci´on; fueron ´areas de trabajo para ciertas actividades dom´esticas, econ´omicas o artesanales, como es el almacenaje, la cacer´ıa de peque˜nos animales, con la instalaci´on de ciertas trampas, extracci´on de barro para la elaboraci´on de cer´amica o para el repellado o enjarrado del bajareque de las casas y apisonados de los suelos, tejido de palma, etc. y a´un fueron aprovechadas como habitaci´on.

Pero las cavernas fueron tambi´en concebidas y aprehendidas como espacios sagrados, relacionados directamente con los conceptos duales de d´ıa-noche, luz-oscuridad, fr´ıo-calor,

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Figura 1La pen´ınsula de Yucat´an. Imagen satelital tomada de Zoomearth.

esterilidad-fertilidad, vida-muerte y muerte-renacimiento.

Para el antiguo pensamiento maya, las cavernas hab´ıan sido forjadas por deidades y esp´ıritus creadores en tiempos m´ıticos y en ellas subyac´ıa la fuerza creadora y la energ´ıa primigenia. Se vinculaban con la fertilidad, pues en ellas se acumulaban las aguas de lluvia que se filtraban a trav´es de la tierra y se guardaban en grandes dep´ositos celosamente protegidos por n´umenes y seres sobrenaturales (Figura 3). Pero tal vez uno de los aspectos m´as importantes de la cueva, es que funcion´o tambi´en como un umbral o portal sagrado que posibilitaba la comunicaci´on con el mundo inmaterial. En otras palabras, a trav´es de rituales y ceremonias realizados dentro de las cavernas, se pod´ıa discurrir entre los diversos planos c´osmicos, como tambi´en era posible establecer contacto con las deidades que reinaban en cada uno de esos planos (Martos, 1997, Martos, 2015, Martos, 2016).

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Figura 2Cueva-cenote de Chemuyil, Quintana Roo.

2 Las cuevas yucatecas durante la prehistoria

El uso de las cavernas en la pen´ınsula de Yucat´an se remota a tiempos prehist´oricos.

A finales del Pleistoceno, hace unos 10,000 a˜nos, el nivel del mar descendi´o gradualmente hasta casi 100 metros y, en consecuencia, gran parte del complejo sistema subterr´aneo se sec´o y bajo los procesos naturales de filtraci´on y disoluci´on, se fueron modelando, adquiriendo su fisonom´ıa y decorado natural de estalactitas, estalagmitas, columnas y otras formaciones a´ereas, parietales y pavimentarias (Figura 4).

Las exploraciones y trabajos de arqueolog´ıa subacu´atica que se han venido realizados en las ´ultimas d´ecadas en los cenotes de Yucat´an han confirmado que, desde ´epocas muy tempranas, las cavernas secas fueron escenarios de gran actividad tanto animal como humana como evidencian los numerosos vestigios arqueol´ogicos registrados en ellas, porque fueron utilizadas tanto como refugio, habitaci´on, fuente de agua, explotaci´on de algunos minerales, como para fines rituales. En ese entonces la pen´ınsula de Yucat´an era una gran llanura de pastos, arbustos y matorral espinoso, con zonas de bosques abiertos; las costas occidental y norte eran m´as amplias, con vastas zonas de arenales, mientras que la costa oriental era una regi´on de acantilados hoy marcados por la extensa barrera de arrecife; en general, la vegetaci´on de las costas era de manglar; en t´erminos generales, el clima era m´as fr´ıo y seco (Martos y del R´ıo, 2018).

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Figura 3Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo.

A trav´es de este paisaje discurr´ıan grupos, quiz´a grupos de cazadores recolectores que interactuaban con una vasta fauna de caballos, llamas, perezosos gigantes, tapires, gliptodontes, gonfoterios, zorros y tigres dientes de sable, entre otras especies. La Era Glacial concluy´o con el gradual calentamiento de la tierra y el advenimiento de lluvias constantes, de tal manera que, para el inicio del Holoceno, la vegetaci´on se fue transformando y el bosque tropical fue gradualmente dominando el paisaje (Chatters et al.,2017, p.119). El calentamiento tambi´en provoc´o el ascenso nivel del mar y la consiguiente inundaci´on de las cavernas, hasta transformarse en el complejo sistema de cenotes que hoy conocemos.En las ´ultimas d´ecadas numeroso hallazgos arqueol´ogicos en estos cenotes dan cuenta de esa intensa actividad prehist´orica. Destacan los restos de fauna pleistoc´enica y principalmente los restos humanos que se conservaron, tanto por las condiciones de temperatura del agua como de oscuridad. La presencia de fauna pleistoc´enica ha sido reportada en cuevas c´elebres como la de Lolt´un, en la zona del Puuc, en Yucat´an, pero en las ´ultimas d´ecadas se han registrado numerosos hallazgos en la profundidad de los cenotes, por ejemplo en Nai Tucha, Quintana Roo, en donde se recuperaron los restos de un gonfoterio (Figura 5); en el cenote Can´un, Yucat´an, en donde se encontraron restos de cam´elidos, en la cueva y cenote de Satachannah, un tapir (Figura 6) y en el Cenote Hoyo Negro o Black Hole, en donde hay una gran variedad de fauna que incluye venado, caballo, gliptodonte y tigre dientes

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Figura 4La cueva “Angry Be”, sobre la controvertida traza del “Tren Maya”; despojada de vegetaci´on da una idea de c´omo pudieron lucir estos espacios durante la prehistoria.

de sable, por mencionar s´olo algunos ejemplos. Pero los m´as notables, sin duda alguna, son los sorprendentes hallazgos de restos humanos, de los que hasta el momento se han localizado diez individuos. Ejemplo de ello es La mujer de Naharon, localizada en el Sistema de cavernas sumergidas de El Naranjal, fue fechada en laboratorios de M´exico, EUA e Inglaterra resultando 13,721 a˜nos de antig¨uedad, siendo a´un hoy d´ıa, los vestigios m´as antiguos recuperados en cenotes. (Gonz´alez et al., 2008, 2013).

Naia, joven mujer localizada en el cenote Black Hole u Hoyo Negro, en el sistema Sac Actun y que est´a fechada en 12,910-11,750 a˜nos de antig¨uedad (Chatters et al., 2014).

La mujer de Las Palmas, tambi´en del sistema El Naranjal, con 12,000-10,000 a˜nos de antig¨uedad (Gonz´alez et al., 2008, 2013), El Pit I, del Sistema Dos Ojos, 11,398-11,150 a˜nos; Chan Hol II, 11,311 a˜nos, ambos del Sistema Toh Ha; El hombre de Muknal, 10,290 a˜nos; Ixchel, 10,600 a˜nos; Chan Hol I, con 9,194-8,792 a˜nos; El Pit II, tambi´en del Sistema

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Figura 5Restos de un gonfoterio en el cenote Nai Tucha, Quintana Roo. Foto: Octavio del R´ıo.

Dos Ojos, 9,000 a˜nos y El hombre de El Templo (Figura 7), con 8,000 a˜nos de antig¨uedad aproximadamente (Chatters et al., 2014; Hering et al., 2018; Hubbe et al., 2020; Stinnesbeck et al., 2017; Stinnesbeck et al., 2020). Todos estos contextos se˜nalan ya un uso funerario para estas cavernas, pero hay otros contextos; en efecto, otros hallazgos prehist´oricos importantes en cenotes son los de la llamada “C´amara de los Ancestros” del Sistema Aktun Ha, cerca de Tulum, en donde se han registrado hasta el momento trece fogones en una gran c´amara a la que se accede buceando por un t´unel de 110 m de largo y 26 o 27 m de profundidad (Figura 8).

Los resultados de las investigaciones se˜nalan que, en efecto, los fuegos fueron encendidos premeditadamente en este espacio y que el combustible utilizado fue principalmente de diversas especies de arbustos y troncos de mangle, arrojando las fechas de 10,740-10,250 a˜nos de antig¨uedad. (L´opez et al., 2020). La presencia de una poza de agua en el fondo de la c´amara y el hallazgo de por lo menos dos percutores de piedra caliza, adem´as de los fogones, se˜nalan un posible uso dom´estico; la cueva entonces pudo de ser utilizada como refugio y habitaci´on.

Otro sorprendente hallazgo es el del Cenote La Mina, del Sistema Sagitario, tambi´en en Quintana Roo, en donde se han explorado y mapeado cerca de 7,000 metros de galer´ıas y corredores naturales. Dentro de los t´uneles se han registrado evidencias muy claras de explotaci´on de ocre, las que incluyen excavaciones, remoci´on de sedimentos, as´ı como apilamientos de piedras y estalactitas rotas, a modo de las apachetas andinas y que pudieron funcionar como una especie de marcadores. De igual forma, estalactitas y otras

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Figura 6Restos de un tapir en el cenote Satachannah, Quintana Roo. Foto: Carlos Cardiel.

piedras fueron fracturadas y aparentemente utilizadas como herramientas. Hay tambi´en concentraciones de carb´on, mientras que algunos sectores del suelo y del techo muestran claras evidencias de exposici´on al fuego. La dataci´on de la cueva arroj´o una antig¨uedad de entre 12,000 y 10,000 (MacDonald et al., 2020), as´ı como la gran cantidad de zonas excavadas y la profundidad de ´estas, permiten plantear que la explotaci´on fue intensa y por un tiempo muy prolongado. (Chatters et al., 2020; MacDonald et al., 2020). El ocre fue muy importante durante la prehistoria, pues ten´ıa muchos usos incluyendo el curtido de pieles, la pintura corporal, pintura rupestre y hasta protector de la piel, entre otros.

3 Entre lo profano y lo sagrado: el uso de las cuevas por los mayas de Yucat´an

Dejando atr´as el periodo prehist´orico, ya en tiempos de los mayas, la abundancia de cavernas en la regi´on hizo posible que los grupos humanos se adentraran e interactuaran con ellas, pero no s´olo recorrieron y exploraron estos mundos subterr´aneos, sino que tambi´en los aprovecharon al m´aximo. Ya en otras ocasiones (Martos, 2010, 2015, 2016)

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Figura 7Restos f´osiles de la Mujer de Nahar´on, Mujer de las Palmas y Hombre de El templo. Imagen del acervo fotogr´afico de la Subdirecci´on de Arqueolog´ıa Subacu´atica del INAH.

hemos mencionado que quiz´a no haya otra regi´on de Mesoam´erica en donde las cavernas sean tan abundantes como en Yucat´an y, por ende, que estuvieran tan integradas a la vida profana y simb´olica de una cultura. Mientras que altiplanos y zonas monta˜nosas los cerros, los volcanes, los lagos y otros elementos y rasgos geogr´aficos se convirtieron en referentes y formaron parte del paisaje sagrado y ritual, para los mayas de la pen´ınsula de Yucat´an, en donde no hay monta˜nas, esta funci´on la asumieron las cuevas. Es por esto que tales espacios fueron adaptados a las necesidades comunitarias, tanto para el desarrollo de actividades profanas, como rituales. Las cuevas de Yucat´an en consecuencia, destacan por la gran variedad de elementos arquitect´onicos, escult´oricos y pict´oricos que se encuentran en ellas, como lo son las trampas, pasillos, albarradas, muros, recintos, escalinatas, altares, adoratorios, templos, relieves, o pinturas.

En lengua maya para referir cueva es aktun, mientras que el vocablo para cenote deriva de d�zonot que significa ”pozo natural de agua”, aunque tambi´en existe la lengua chen, que significa ”pozo” y que en las inscripciones del Cl´asico se utilizaba para “cueva”. Los trabajos de epigraf´ıa han revelado que uno de los vocablos para referirse a una ciudad era precisamente el de ch’en, porque de esta manera, al mencionar a su ciudad, el gobernante alude a “su cueva”, como una manera de decir “su origen y su asiento”, evocando aspectos simb´olicos, m´ıticos y fundacionales, pues en muchos mitos el nacimiento, tanto de algunas deidades como de los seres humanos, sucede en la caverna.

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Figura 8Uno de los fogones en la C´amara de los Ancestros, Cenote Aktun Ha, Quintana Roo. Foto: Octavio del R´ıo.

Las cuevas formaron parte de un complejo sistema simb´olico de significaci´on, de representaci´on y de categorizaci´on, con base en oposiciones binarias complementarias como son lo masculino y lo femenino, lo h´umedo y lo seco, lo derecho y lo izquierdo, lo caliente y lo fr´ıo, etc. Como espacio f´ısico y parte de un mundo natural con el que se pod´ıa interactuar y aprovechar, la caverna fue primeramente utilizada por los mayas para el desarrollo de actividades profanas, cuyas huellas son evidentes por las albarradas, metates y las abundantes concentraciones de material cer´amico, l´ıtico y concha, que hablan de actividades de tipo dom´estico. Por que las cuevas fueron abrigo y refugio, como tambi´en fueron fuentes para la extracci´on de piedra, grava, arena y sascab (polvo o materiales suaves calc´areos) para la construcci´on, y de arcilla para la manufactura de cer´amica o para el “enjarrado” o revoque del bajareque de las casas o colocaci´on de apisonados.

Hay tambi´en otras actividades econ´omicas que realizaban los mayas en las cuevas, como es el tejido de palma, dadas las condiciones favorables de frescura y humedad. Las cavernas con cenotes, por supuesto, fueron importantes fuentes de agua. Las m´ultiples actividades realizadas dentro de las cuevas, ya profanas, ya rituales, dejaron diversas evidencias materiales; algunas de claro v´ınculo con lo dom´estico y lo econ´omico, como

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ser´ıa la presencia de un metate, otros rituales como un altar. Sin embargo, hay materiales que podr´ıan ser resultado de una u otra actividad, por lo que, para determinar la funci´on, me parece muy importante tomar en cuenta la posici´on del elemento dentro de la caverna, as´ı como su contexto y su relaci´on y asociaci´on con otros elementos naturales y culturales.

Las concentraciones de cer´amica son las evidencias arqueol´ogicas m´as comunes dentro de las cuevas mayas; se trata de tiestos cer´amicos, principalmente de jarras y ollas que se localizan en zonas de acceso, en la proximidad a mantos de agua, cerca de muros y albarradas y a´un en grietas y oquedades (Figuras 9 y 10). En primera instancia podr´ıa pensarse que estas acumulaciones fueron resultado de actividades de tipo dom´estico, como la obtenci´on de agua o la preparaci´on y consumo de alimentos, pero en ocasiones pueden resultar de ciertos rituales que inclu´ıan la destrucci´on premeditada de vasijas y la dispersi´on de los restos por la cueva, tal vez como magia simp´atica en donde iguales atraen iguales, de tal modo que al quebrar vasijas con agua, el resultado esperado ser´ıa que “el gran jarro del cielo” (como se lo menciona en el Chilam Balam de Chumayel) se rompa para derramar el agua de lluvia sobre la tierra.

Figura 9 y 10Concentraci´on de tiestos cer´amicos en la Cueva de los apiarios, Complejo CALICA, Quintana Roo (derecha). Fragmentos de una tinaja en la Cueva de Chanchen, Yucat´an (izquierda).

Adem´as de la dispersi´on de materiales, en muchas cuevas mayas se han encontrado ofrendas (Figuras 11 y 12), en ocasiones se trata de una o dos vasijas, pero tambi´en las hay con numerosos y ricos objetos como ha sucedido en algunas cuevas de Belice, Guatemala, Chiapas, Tabasco y por supuesto en Yucat´an. Un ejemplo muy notable es la cueva de Balamkanch´e, cerca de Chichen Itz´a, en donde se localizaron abundantes ofrendas en diversas c´amaras, las que incluyen metates y herramientas de piedra, hasta tinajas y grandes braseros efigie con el rostro del dios de la lluvia (Figura 13).

Llama la atenci´on que la extensi´on, complejidad, o riqueza ornamental de la caverna no parecen haber sido factores para la presencia de ofrendas, pues las hay, y muy importantes, en cuevas relativamente peque˜nas o no muy especiales, mientras tambi´en existen numerosas cuevas de caracter´ısticas muy espectaculares, en las que no se ha localizado nada. Por

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Figura 11 y 12 Ofrenda simple en la Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo (derecha). Ofrenda de Tinajas en un cenote de Homun, Yucat´an (izquierda). Foto: Octavio del R´ıo.

supuesto que la elecci´on debi´o formar parte de un proceso especial que involucrara hierofan´ıas, es decir que lo sagrado se manifestara por s´ı mismo en uno de estos espacios.

Cabe mencionar que los sitios m´as recurrentes para depositar ofrendas son grietas ocultas, huecos naturales, recovecos o ciertos puntos cerca de riscos y precipicios o en c´amaras de acceso dif´ıcil, a trav´es de restricciones naturales; es decir, no siempre se las localiza en lugares evidentes o en donde se detecten f´acilmente. De cualquier forma, la presencia de ofrendas implica el desarrollo de ceremonias, tanto colectivas como individuales, realizadas con la finalidad de agradar y adorar a los dioses y seres de las cavernas; se trata de un acto de d´adiva pero que implica una reciprocidad: se ofrece algo, pero hay una clara intencionalidad y deseo impl´ıcitos, que es ser favorecidos y ser escuchados.

Las cuevas fueron tambi´en utilizadas por los mayas como dep´ositos mortuorios; por lo general se trata de contextos secundarios, es decir, los cuerpos siguieron el proceso natural de descomposici´on en otro lugar y los huesos fueron posteriormente transportados y depositados en las cuevas. Consecuencia de lo anterior es la presencia de osarios, aunque tambi´en hay algunos dep´ositos primarios. En algunos casos hay evidencias de que los huesos fueron expuestos al fuego, recordando un ritual de exequias documentado en algunas inscripciones mayas del Cl´asico. Los dep´ositos primarios supondr´ıan el uso de la caverna tanto con fines mortuorios como ceremoniales, aludiendo a la asociaci´on con la noche, la oscuridad y la muerte; algunas ceremonias quiz´a implicaran la ejecuci´on de sacrificios. Un ejemplo de lo anterior es la cueva de Puyil en Puxcat´an, Tabasco. Esta cueva fue reportada en 2004 por el Grupo de Exploraciones Subterr´aneas de Tabasco; en marzo de 2005 realizamos una primera inspecci´on y en noviembre de 2007 un trabajo de registro m´as amplio (Figura 14).La cueva cuenta con diez c´amaras principales en las que se distribuyen once conjuntos principales de material arqueol´ogico, constituido en su mayor´ıa por restos ´oseos, material

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Figura 13Ofrenda Compleja en la c´amara de la Ceiba en la cueva de Balamkanch´e, Yucat´an.

cer´amico, l´ıtico y concha, siendo los restos ´oseos los que predominan, con al menos 29 individuos (Figuras 15 y 16). Los huesos fueron colocados en dep´ositos secundarios por varios sectores de la cueva, salvo la ´ultima c´amara (cuyo acceso es muy complicado), en donde se encontraron nueve individuos en posici´on primaria (Figura 17). Dos de los individuos portaban espejos de mosaicos de pirita, montados sobre discos de arenisca, elementos distintivos de guerreros (Figura 18). Esto, la dificultad de acceder a este espacio y la presencia de una peculiar ofrenda en torno a la ´unica estalagmita (Figura 19) de la c´amara hace pensar en la posibilidad de que se trate de sacrificios, aunque sin poder definir a´un si se trat´o de uno o varios eventos.

Los materiales cer´amicos recuperados durante los trabajos demostraron que la cueva fue utilizada desde el cl´asico temprano (250-600 d.C.) y principalmente durante el cl´asico tard´ıo y terminal (600-850 d.C.). Sin embargo, estudios posteriores ampliaron este primer panorama.

En el 2014, una muestra de 10 cr´aneos de esta caverna, fueron estudiados por la Maria de Lourdes Mu˜noz y Teresa Navarro-Romero. Se realizaron trabajos de biolog´ıa molecular incluyendo amplificaci´on del ADN antiguo y secuenciaci´on del ADN mitocondrial. Se examinaron cinco cr´aneos que presentaban deformaci´on craneal. Luego, entre 2015 y 2016, en coordinaci´on con Ben Krause-Kyora y Lisa Bohme, del Institute of Clinical Molecular

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Figura 14Descenso por una de las galer´ıas de la Cueva de Puyil, Puxcat´an, Tabasco.

Biology, de la Universidad de Kiel, Alemania, se hizo secuenciaci´on masiva y ensamble gen´etico en super computadoras. Los resultados fueron importantes pues si bien cuatro de los individuos correspond´ıan a las fechas 425- 595 d.C., 660- 730 d.C., 660- 770 d.C., y 662- 774 d.C., es decir, abarcando desde el cl´asico temprano hasta el tard´ıo (reforzando los fechamientos por material cer´amico), tres de los individuos resultaron muy anteriores, con fechas de 4520- 4440 a.C.; 5316- 5211 a.C.; y 2206- 2032 a.C. respectivamente.

Igualmente importante fue la vinculaci´on sangu´ınea de estos individuos con grupos de M´exico, Guatemala, Cuba, Bolivia, Chile, Per´u y Norte de Brasil.

La Cueva de Puyil mostr´o una largu´ısima secuencia ocupacional desde hace 7300 a˜nos, hasta la actualidad, pues sigue siendo utilizada por los grupos choles contempor´aneos para petici´on de lluvias y otros rituales. Es evidente que los mayas del periodo cl´asico (quiz´a los habitantes del c´elebre sitio de Tortuguero distante a solo 25 Km de Puyil), descubrieron la presencia de antiguos restos ´oseos en la cueva y en consecuencia, la vincularan con los ancestros (Figuras 20, 21 y 22).

En Yucat´an hay otro tipo de cuevas inundadas o cenotes, con forma de botella y una claraboya de acceso en la b´oveda, a las que solamente se puede descender con cuerdas.

En este tipo de contextos tambi´en suelen encontrarse restos humanos. Un caso bastante interesante es el cenote Calaveras, en Punta Laguna, Quintana Roo, en donde hay m´as de 120 cr´aneos humanos bajo el agua (Rojas, 2007).

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Figura 15 a 17Cueva de Puyil. Puxcat´an, Tabasco.

Las oscuras aguas de la cueva, en estos casos, se habr´ıan asociado simb´olicamente con las aguas primigenias y quiz´a por eso se arrojaban ritualmente los huesos humanos, con la finalidad de devolverlos a las aguas mismas de la creaci´on procurando garantizar su renacimiento y existencia en otro plano. En cuevas que albergan cenotes o mantos de agua permanente, es muy com´un encontrar escalinatas, dispuestas ya sobre la monta˜na de escombros, ya sobre riscos o bien, en pendientes naturales (Figura 23). La funci´on primaria

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evidentemente fue la de facilitar el acceso hacia las fuentes de agua, pero tambi´en existe un importante aspecto simb´olico, ya que se las relacion´o con los pelda˜nos o niveles del cielo y del inframundo. Esto significa que, en un contexto ritual, las escalinatas significan el tr´ansito, es decir, el discurrir de un plano c´osmico a otro.

Figura 18 a 20Cueva de Puyil. Puxcat´an, Tabasco.

Figura 21 y 22Detalle de las notables deformaciones en los cr´aneos de la Cueva de Puyil.

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Figura 23Escalinata en la Cueva del Hemiciclo en Quintana Roo.

Las escalinatas est´an construidas con bloques de piedra burda o m´as o menos desbastada, apiladas y acomodadas por gravedad, sin cementante y, dependiendo del contexto del que se trate, pueden ser estructuras muy grandes, largas y masivas o bien integrarse por algunos pelda˜nos colocados a ciertos intervalos en algunas pendientes suaves; hay incluso escalinatas con pelda˜nos directamente labrados sobre el afloramiento natural(Figura 24).

Las albarradas son alineamientos de piedra burda apiladas en seco, ya sea de una o varias hiladas; son tambi´en elementos muy comunes en las cuevas mayas, pues parecen haber sido muy utilizadas para el desarrollo de ciertas actividades dom´esticas y econ´omicas, ya fueran como alineamientos simples, o formando cuartos, en donde la albarrada delimita un ´area espec´ıfica, a veces utilizando columnas y paredes naturales (Figura 25). En ciertos contextos tuvieron tambi´en un significado simb´olico; quiz´a lo que distingue el uso profano o simb´olico podr´ıa ser la posici´on y el contexto en el que se sit´uan dentro de la caverna.

La funci´on general de las albarradas parece haber sido la distribuci´on de ciertos espacios y la restricci´on de accesos, o bien, para dirigir la circulaci´on por ciertos sectores de la caverna; casi siempre se las encuentra en zonas de luz, necesaria para el desarrollo de actividades dom´esticas. En ocasiones, sin embargo, se las encuentra en zonas de penumbra total (Figura 26), o incluso, en zonas en donde el desarrollo natural de la cueva se torna m´as complejo y laber´ıntico. Es posible que una albarrada se asocie a lo simb´olico y ritual, cuando se localiza en zonas de penumbra y oscuridad total. Quiz´a estos muros tuvieran por funci´on la restricci´on del libre acceso hacia hacia ciertos sectores o desarrollos de la cueva;

si bien, una albarrada no constituye una barrera f´ısica efectiva para impedir el paso, a nivel

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Figura 24 La gran escalinata de la c´amara del Minanp´e, en la Cueva de Aktunkoot, Complejo CALICA, Quintana Roo. Fotograf´ıa de Patricia Carrillo.

psicol´ogico si podr´ıa estar funcionando, pues podr´ıa ser considerada como una forma de advertencia t´acita, en donde el mensaje ser´ıa que, a partir de ese punto termina lo natural, lo accesible, lo conocido, lo natural, lo profano, para adentrarse hacia lo desconocido, lo inaccesible, lo sobrenatural, lo sagrado, lo que implica ya de por s´ı un gran riesgo. En este contexto, la funci´on simb´olica las albarradas responder´ıa a la creencia en malos vientos, esp´ıritus guardianes y deidades que habitan la caverna y que pueden da˜nar al individuo que se aventure por las galer´ıas (Figura 27).

Hay otra variedad de estructuras conocidas como “recintos”; son por definici´on un tipo de cuarto, pero no est´an formados por simples alineamientos o albarradas, sino que se trata de construcciones mejor hechas, con muros de mediana altura o altos, que incluso pueden alcanzar la b´oveda natural, pues por lo general se aprovechan c´amaras de techos bajos y/o naturalmente cerradas con columnas o paredes, a los que se adaptaron los muros;

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otra caracter´ıstica es que casi siempre presentan un solo acceso (Figuras 28 y 29). El recinto ofrece un espacio no solamente bien delimitado, sino cerrado y aislado; quiz´a fueran utilizados para el desarrollo de rituales liminares que precisamente requirieran de la reclusi´on o el aislamiento, quiz´a con fines inici´aticos.

Figura 25 a 27Albarradas simples en la Cueva de las Pesas, Complejo CALICA, Quintana Roo (derecha.

Albarrada delimitando un espacio o “cuarto”, Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo (medio). Albarrada en zona de penumbra total en la Cueva de las Pesas. Fotos: Patricia Carrillo.

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Un interesante elemento que se encuentra en las cuevas de la costa oriental de Yucat´an, son los “pasillos”; se trata de construcciones conformadas por dos alineamientos paralelos de lajas colocadas de canto sobre el suelo de la caverna; tienen cierta inclinaci´on, formando dos largos muros en talud, que delimitan una suerte de corredor. Las dimensiones casi siempre son las mismas, de entre 2.80 y 3.50 m de largo por 30 cm de ancho para el angosto pasillo que enmarcan; por lo general est´an orientadas en eje norte-sur, con una desviaci´on de entre 5º y 10º, aunque tambi´en hay casos en que la disposici´on es este-oeste o incluso sureste-noroeste y suroeste-noreste. Es com´un que los extremos del pasillo se prolonguen hacia los lados formando peque˜nos cuartos o recintos (Figuras 30 y 31). Resulta dif´ıcil determinar la funci´on precisa de estas peculiares estructuras, pero es posible que est´en relacionados con cuestiones simb´olicas y rituales, lo que parece reforzarse por el hecho de que todas poseen caracter´ısticas, dimensiones y orientaciones semejantes. En otras regiones mayas, el pasillo fue remplazado por muros de mamposter´ıa que cierran el paso natural de las c´amaras y que dejan solamente una puertecilla que conduce a un estrecho t´unel (Figura 32).

Se trata entonces m´as de diferencias cuantitativas que cualitativas, pues independientemente de las dimensiones o complejidad, lo importante parece haber sido el pasillo o corredor en s´ı mismo.

Los pasillos en ocasiones han tratado de ser considerados como una suerte de “trampa”

para la captura de animales peque˜nos, pero esto no parece correcto. En primer lugar, la similitud en sus caracter´ısticas constructivas, su morfolog´ıa, orientaci´on no necesariamente est´an asociados a cuevas o c´amaras con agua. De hecho, se han localizado trampas efectivas y son muy distintas. En primer lugar, siempre est´an colocadas en el acceso y cercanas al agua; est´an conformadas por dos hiladas de piedras apiladas para delimitar un muy peque˜no pasillo que se tapa con lajas y bloques de piedra (Figura 33). Con albarradas colocadas a los lados se cierra adem´as el paso hacia el agua. En este caso las orientaciones, formas y dimensiones son tan variadas como el contexto en el que se encuentran. Es posible que tuvieran adicionalmente mecanismos de cuerdas y/o redes para atrapara a los animales que penetraran a trav´es de ellas para buscar agua. Estos elementos en consecuencia est´an vinculados a actividades econ´omicas y, por ende, profanas, mientras que el pasillo se utilizaba para actividades eminentemente rituales.

Desde tiempos remotos las cuevas fueron consideradas el acceso natural a las entra˜nas de la madre tierra, entidad femenina y, como ya mencionamos, escenario de nacimientos m´ıticos; de all´ı que sus atributos sean la fuerza y la energ´ıa creadoras. Es posible entonces, que los pasillos fueran la representaci´on simb´olica del ´utero de la madre tierra, por lo que, discurrir a trav´es de ellos significar´ıa, en un contexto simb´olico, penetrar por sus mismas entra˜nas.

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Figura 28 y 29Estructuras tipo recinto en la Cueva de las maquetas, Quintana Roo (derecha). Recinto en la Cueva del Tel´on, Complejo CALICA, Quintana Roo (izquierda).

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Figura 30 y 31Estructura tipo pasillo en la Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo (derecha). Estructura tipo pasillo en la Cueva de las Pesas, Quintana Roo (izquierda).

Tambi´en es posible que el pasillo funcionara como la puerta o acceso correcto o adecuado para penetrar al mundo sobrenatural de la cueva, ´ambito que ya dijimos, est´a habitado por aires, entes, esp´ıritus y fuerzas sobrenaturales. Quiz´a un ritual de protecci´on que incluyera ofrendas y oraciones o cantos pudo realizarse para discurrir por el pasillo y adentrarse en la cueva. En el libro sagrado maya conocido como el Ritual de los Bacabes, hay referencias sobre Ix Mac U Hol Cab o Ix Can U Hol Cab, traducido como Portera de la entrada de la Tierra (Arzapalo, 1987), quien bien podr´ıa haber sido una de las deidades que guardaba la entrada de las cavernas, a quien quiz´a se habr´ıa pedido el permiso para el acceso.

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Figura 32 y 33Estructura formando un pasillo en la Cueva de Chanchen, Yucat´an (derecha). Foto Patricia Carrillo. Estructura tipo “Trampa” en la Cueva de Aktunkoot, Quintana Roo (izquierda).

Un tipo de estructura evidentemente vinculada a las ceremonias y rituales es el altar, de los que hay numerosos ejemplos en las cuevas mayas; casi siempre se los localiza cerca de los accesos, por lo que la luz del sol los ilumina en alguna ´epoca del a˜no. Por lo general se construyeron con bloques de piedra bien careada, unidos con argamasa y recubiertos de estuco, aunque tambi´en los hay con bloques irregulares sin desbastar. En ocasiones hay concentraciones de tiestos cer´amicos asociados a ellos, caracoles, e incluso incensarios o cajetes completos. Llama la atenci´on el que la mayor´ıa de los altares poseen dos o m´as niveles escalonados, recurso quiz´a para representar los diversos planos o niveles c´osmicos, o bien, la gran escalinata que los comunica desde el cielo hasta el inframundo.

Ciertos altares adoptan la forma de asiento o trono, quiz´a sobre ellos se colocaban im´agenes de estuco o cer´amica de las deidades, o bien podr´ıan simbolizar el centro de poder sobre el que se sienta la deidad o el esp´ıritu guardi´an de la caverna o incluso en donde los se˜nores podr´ıan sentarse durante el desarrollo de ciertos rituales, como una forma de absorber la energ´ıa creadora de la cueva. En ocasiones hay estalagmitas colocadas ya en el centro del altar, ya en frente del mismo (Figura 34).

En la cueva de Kanekauic, cercana a Punta Piedra en Quintana Roo hay un interesante altar con un muro o pretil posterior semicircular que circunda precisamente a una estalagmita (Figura 35), la que puede representar al ´arbol del centro del mundo, la ceiba sagrada, que en el contexto de las cuevas se convierte en el axis mundi, eje que permite la comunicaci´on entre y con los distintos planos c´osmicos. Los altares suponen la acci´on de ofrendar y de pedir, lo que en consecuencia involucra el desarrollo de rituales, ya sea como ceremonias propiciatorias, curativas, inici´aticas, o de revitalizaci´on y debieron realizarse tanto por

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individuos como por grupos reducidos.

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Figura 34 y 35Altar de la Cueva de Tahmah´a, Quintana Roo (arriba). Altar de la Cueva del Hemiciclo, Quintana Roo (abajo).

Hasta el momento se han localizado una media docena de templos dentro de las cuevas mayas de Yucat´an. Por lo general, son adoratorios de dimensiones peque˜nas a medianas, situados cerca de los accesos y pueden ser r´usticos o elaborados; en el primer caso est´an construidos con bloques de piedra sin trabajar o burdamente desbastada, apilada y consolidada en seco, techados con lajas, aunque hay algunos abiertos que pudieron tener cubiertas de materiales perecederos; en el segundo caso la construcci´on es m´as grande y de mejor calidad, con piedra laja o sillares bien labrados, unidos con argamasa y recubrimientos de estuco, por lo menos en la fachada, aunque los hay totalmente aplanados; en ocasiones las fachadas est´an pintadas o pueden incluso tener relieves.

Un caso notable es la cueva de Aktun Nah Kan en Quintana Roo, en la costa oriental (Terrones y Leira, 1996); se trata de una cueva de medianas proporciones con un acceso bastante reducido. Al sur de la c´amara principal se levanta un espl´endido templo estilo Costa Oriental (Figura 36), de planta rectangular con un solo acceso, dintel remetido decorado con tres bandas paralelas azules, fachada cubierta de estuco, moldura simple que remata en forma de cabeza de serpiente con las fauces abiertas (Figura 37) y con un peque˜no altar interior. El templo carece de techo pues la misma b´oveda de la cueva le sirve por cubierta.

Frente a la fachada del edificio hay tambi´en una escultura en estuco que representa a un lagarto en actitud de avanzar hacia el templo.

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Figura 36 y 37Templo de la Cueva de Aktun Nah Kan, Quintana Roo (derecha). Detalle de la moldura en forma de serpiente del templo de Aktun Nah Kan (izquierda). Fotos: Patricia Carrillo).

Otro espl´endido templo es el de la Cueva de Ocho Balas (Rissolo et al., 2028), tambi´en en Quintana Roo; en este caso se trata de un soberbio edificio estilo costa oriental, totalmente recubierto con aplanados de estuco y que se yergue sobre un risco natural, por lo que los mayas construyeron un basamento con bloques de piedra para nivelaci´on (Figuras 38 y 39).

Tambi´en en este caso presenta dintel remetido y sobre ´este se proyecta una moldura triple. La c´amara interior alberga un altar adosado a todo lo largo del muro posterior;

tambi´en es notable porque a´un conserva los morillos y las vigas de madera que soportan la pesada cubierta de mamposter´ıa (Figura 40). Sobre el techo, en la esquina suroeste, hay una almena triangular que parece se˜nalar una hacia una oquedad en la b´oveda de la cueva, en donde hay un t´unel natural que en ciertos sectores fue ampliado y que tiene una ventanilla natural que mira justo por encima de la construcci´on.

Sobre las molduras, por encima de la puerta de acceso al santuario del templo, se conservan los restos de una escultura de estuco: se trata de los pies y parte de los tobillos de lo que fue un personaje, que al parecer estuvo sentado sobre el templo. Este elemento m´as la presencia del t´unel con la ventanilla sobre la construcci´on, nos lleva a pensar en la posibilidad de que el templo haya funcionado como un or´aculo, lo que no ser´ıa extra˜no, si consideramos que est´a bien documentado el que existi´o en la Isla de Cozumel para la diosa Ixchel. De hecho, a lo largo de la gran rejoyada o dolina en donde se ubica este adoratorio, bajo la l´ınea de goteo de la enorme caverna, hay una serie de estructuras tipo “pasillo”

(Figura 41) que parecen dirigir la circulaci´on a trav´es de un promenade ritual, que quiz´a se utilizara para las procesiones que acudieran al templo. La presencia de templos en las cavernas implica el desarrollo de cultos espec´ıficos, procesiones y otras ceremonias quiz´a colectivas, aunque en casos como el de Aktun Nah Kan, en donde el acceso a la caverna es muy restringido, es posible que el ritual hubiera estado reservado a grupos reducidos especiales, o incluso para ceremonias exclusivas de las dinast´ıas gobernantes y/o las ´elites.

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Figura 38 a 41Cueva de Ocho Balas, Quintana Roo (38). El magn´ıfico y conservado templo de la Cueva de Ocho Balas (39). Vista posterior de templo en d´onde se aprecia la nivelaci´on que le sirve de basamento (40). Interior del templo con el altar y los morillos de la cubierta (41).Estructura tipo pasillo en la Cueva de Ocho Balas, Quintana Roo.

Hay tambi´en ciertos templos mayas que, sin estar ubicados dentro de una cueva, s´ı est´an estrechamente relacionados con ellas, pues se localizan junto, en frente o sobre una. La categor´ıa incluye desde altares y adoratorios sencillos, hasta templos de tama˜no medio tipo rural, templos complejos o incluso enormes basamentos. Claros ejemplos de esto son el edificio de “El Osario” de Chichen Itz´a y el “Kinich Kakm” de Izamal, ambos en Yucat´an, as´ı como el llamado simplemente “El Templo”, cerca de Puerto Aventuras, Quintana Roo, en cuya cueva-cenote tambi´en se localiz´o “el hombre del templo”, uno de los diez restos humanos f´osiles reportados hasta el momento en el ´area; un caso interesante es el templo de “El Kisim”, o “Grupo de la Estela”, cerca de Xcaret en Quintana Roo (Martos, 1997, 2010, 2016). Este ´ultimo es un bello edificio estilo Costa Oriental, con una estela al frente y un adoratorio o templo miniatura a un lado (Figura 42).

Todo el complejo se levanta sobre una caverna (Figura 43); de hecho, el templo mismo se conecta directamente a ella a trav´es de un respiradero natural que fue cubierto con una tapa triangular, sobre la que se pint´o un c´ırculo rojo. La entrada principal, de amplias

Referencias

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