Obras de PAUL C JAGOT
LA EDUCACION DE LA PALABRA
El arte de hablar claramente y de persuasión en. la vida privada, en los negocios y en público.
EL PODER DE LA VOLUNTAD
Método práctico de influencia personal sobre sí mismo, sobre los otros y sobre el destino,
LA TIMIDEZ VENCIDA
Método práctico para adquirir seguridad, firmeza y confianza en uno mismo.
PSICOLOGÍA DEL AMOR
El instinto, la sensibilidad y la imaginación. E1 nacimiento, las evoluciones y la extinción del amor.
LA MEMORIA
Método práctico para aprender, retener y recordar exactamente y con rapidez.
LAS LEYES DEL EXITO
Método por el cual se obtiene del esfuerzo personal el máximo de la eficacia realizadora.
LA EDUCACION DEL ESTILO
Un método simple y práctico para adquirir desenvoltura claridad en la correspondencia, en lo trabajos de redacción y en la composición literaria.
EL DOMINIO DE SI MISMO
Cómo adquirir energía, sobreponerse a la debilidad, dominar loe ifl5tintqs, dirigir el pensamiento, sobreponerse a las emociones y proceder con firmeza.
EL INSOMNIO VENCIDO
Método práctico para calmar el sistema nervioso y terminar con el insomnio.
HIPNOTISMO
Reglas para practicar esta rama do las ciencias ocultas.
LIBRO RENOVADOR DE LOS NERVIOSOS
Sencillo método, al alcance da todos, destinado a normalizar los nervios de los hipersensibles.
MAGNETISMO
Método sumamente práctico para desarrollar las fuerzas magnéticas del individuo.
AUTOSUGESTION
Reglas para evitar molestias y trastornos de índole anímica.
SUGESTION
Extraordinaria obra que complemente en untodo la anterior.
ENCICLOPEDIA DEL HOMBRE QUE TRIUNFA
PAUL C. JAGOT
LA MEMORIA
Método practico para aprender, retener y recordar exactamente
y con rapidez
Traducción directa) por J. O. KROHN
EDITORIAL
TOR
Rio de
Janeiro 760NOCIONES PRELIMINARES
1. Importancia de la memoria. 2. Podemos modificar cada elemento de esta función. 3. En ciertas condiciones psíquicas, la memoria amplía espontáneamente los
límites de sus posibilidades habituales. 4. Cómo obtener una mejoría rápida y definitiva.
1. IMPORTANCIA DE LA MEMORIA
Jamás se podrá dedicar excesiva atención a la educación de esta misteriosa función, cuya incesante actividad cumple la triple función de registrar la multitud de nociones, que impresionan nuestros sentidos o solicitan nuestra inteligencia, de conservarlos y recordarlos en momento oportuno. Lograr que tal función realice su tarea de igual modo que un secretario dócil y ordenado, es asegurar las más agradables, ventajosas y altas posibilidades. Entonces se transforma en el íntimo y precioso auxiliar de toda realización, en la evocadora mágica de las imágenes demasiado fugaces, en el apoyo de las más diversas especulaciones intelectuales a donde el espíritu gusta de elevarse.
La mayor parte de los elementos de valor personal, de tos medios de conocimiento y de acción, se basan en la memoria: tales como la destreza, la rapidez y la seguridad de juicio, el discernimiento de los caracteres, el espíritu de réplica, la facilidad de elocución, la riqueza del estilo, la oportunidad de las resoluciones, la erudición, la extensión y la multiplicidad del saber, la adaptabilidad, etcétera. En las profesiones liberales a que se llega después de un examen para cuya aprobación es preciso asimilar antes una verdadera enciclopedia; en los negocios en que el recuerdo fiel del pasado debe guiar las decisiones del presente; en las Bellas Artes que, además de facultades especiales, requieren una cultura basada en mil matices que la imaginación debe recordar para impregnarse de ello ampliamente; en la industria, cuyo continuo progreso debe obtener sus directivas de las fuentes diversas, el que quiere lograr una posición elevada y lucrativa, o, hasta más modestamente, superar el promedio, no podrá lograr sus propósitos si carece de memoria.
Y ¡cuántas pequeñas ventajas conquistadas, cuánto tiempo y dinero ahorrados, cuántas ocasiones fértiles aprovechadas, cuántos descontentos, dificultades y esfuerzos vanos evitados por las personas que, de esa manera, no cometen olvidos y en cualquier oportunidad sienten acudir a su memoria la síntesis de los recuerdos que pueden ser útiles para ellos!.
El treinta por ciento de los individuos deploran su insuficiencia mnemónica y comprueban la inercia de su “secretario interior”, del que no saben lograr el menor servicio, sino a costa de largos y penosos esfuerzos. Mejor que otra cualquiera persona, aprecian la importancia de las ventajas que reporta su buena memoria, y su más vehemente deseo es transformar la suya. Desde la antigüedad, y en todos los tiempos, han existido hombres que se preocuparon de proveer a sus semejantes los medios necesarios para ello. !!Esta es una tarea noble, que el autor del presente volumen va a tratar de proseguir digna y eficazmente.
2. PODEMOS MODIFICAR CADA ELEMENTO DE ESTA FUNCION
Pero, ¿realmente puede una persona modificar su memoria, sobre todo después de haber alcanzado ya una cierta edad? Sin duda alguna. Las consideraciones que exponemos lo establecen sólidamente. Ante todo,
permitidme que os diga que la aplicación de los procedimientos descritos más adelante me ha dado la
certidumbre experimental.
Dada la condición actual de vuestra memoria, a priori, parece evidente que, manejándola con método, obtendréis un resultado sensiblemente superior! Desde Simonides hasta los recientes trabajos de Fenaigle, Pick, Carvalho, Aimé Paris, Loisette Chavauty, Courdavault, Guyot-Daubés, Rollin, etc., todos los autores se han inspirado en el principio anterior para combinar sistemas ingeniosos, con el fin de ayudar a la retención y recordación. Esos sistemas han sido ensayados, y su utilización no ha obtenido la generalización que sus autores deseaban, ello se debe a que fueron concebidos únicamente para el estudio de textos literarios, históricos y filosóficos y de cronologías (1).
(1) Los últimos perfeccionamientos de la Mnemotecnia se deben al abate Chavauty, que ha sabido combinar un sistema capaz de soportar la universalidad de los conocimientos.
Aun cuando con ellos se facilitan tan sólo un determinado número de operaciones mnemónicas, los métodos de ese género constituían ya una educación parcial de la memoria, una disciplina intelectual apropiada para favorecer la rectitud de esa función. Los resultados a que llegaron aquellos que los han puesto en práctica, demostraron que la memoria podía ser modificada.
Además, después que se ha dejado de considerarla memoria como una ‘‘facultad del alma” para estudiar la función psiconerviosa implicada por su actividad, aparecieron nuevas posibilidades modificadoras, cada uno de cuyos elementos completos almacena y restituye el recuerdo, modificable a su vez. De cada uno de esos elementos depende una determinada característica de la memoria: Ya veremos cómo puede influenciar separadamente todas sus características y llevarlas a un funcionamiento de conjunto satisfactorio y cuidadosamente acondicionado para el fin propuesto.
Toda cualidad o característica do la memoria depende de una causa accesible al esfuerzo voluntario. Así, su extensión - a la cual, erróneamente, se le asignarían límites- se amplía por las costumbres metódicas, de orden en las ideas, de clasificación desde el comienzo, después de reflexionar y comparar. La rapidez
de registro para una materia determinada, es- una cuestión de equilibrio general físico y psíquico, do
apetencia intelectual y de entrenamiento. La persistencia del recuerdo es proporcional a la agudeza y a la duración de la atención puesta al recibirlo. La exactitud y la precisión de ese recuerdo son determinadas por nuestra capacidad de análisis. En fin, la oportunidad - esa preciosa cualidad que consiste en que en el momento mismo en que es provechoso que nos inspiremos, vengan espontáneamente a solicitar la conciencia todas las nociones útiles- necesita un sutil y juicioso método de asociación de ideas. La
facilidad del recuerdo voluntario depende de las mismas condiciones unidas a una voluntad evocadora
concentrada. La vida corriente ofrece a la observación hechos de los que se deduce que lejos de mostrarse inmutable, la memoria es esencialmente variable en sus manifestaciones.
Es así que, hasta la más defectuosa organización mnemónica reproduce fácilmente, y con la mayor nitidez, ciertos hechos, por ejemplo, que impresionaron fuertemente al sujeto. A veces, nos acordamos con toda viveza y precisión de un detalle íntimo conexo a un suceso medio borrado ya de nuestra memoria, porque ese detalle presenta para nosotros un relieve que el suceso no poseía.
Los soñadores, que son, casi todos, muy impresionables, sienten con agudeza, pero conciben sin precisión. Les agrada revivir imaginariamente aquello que les impresionó. Poseen una rica colección de recuerdos y pueden, frecuentemente, (después de veinte años de un cierto accidente, volver a referirlo con una minuciosidad admirable; pero, en cambio, olvidan a menudo importantes utilidades inmediatas. Ciertos elementos de una minoría son naturalmente excelentes cuando uno de los más importantes se encuentra aniquilado por cualquier causa perturbadora. Para muchos sucede así porque cada cuál, según su temperamento, según el género y el grado de su cultura, tiene memoria para ciertas cosas y carece casi totalmente de ella para otras. Nuestras predisposiciones generales nos crean una apetencia de espíritu por tal o cual especie de conocimientos, e, inversamente, una indiferencia total, hasta una repugnancia respecto a tal o cual otra. Aunque comprendiendo perfectamente la oportunidad (de aprender, a veces se experimenta una invencible dificultad retentiva; pero si se aprecia esa oportunidad, si se experimenta la necesidad de saber, es posible asimilarse las ideas, las nociones y hasta las palabras, textuales, una por una, con gran facilidad. Como la voluntad, la memoria obtiene de sus motivos un vigor proporcional a su intensidad.
Cuando estamos soñando, ¿no nos ocurre que revivamos una fase lejana de nuestra existencia, de la que acaso pudiéramos acordarnos en estado de vigilia, aunque entonces con mucha menos precisión? Además, en el transcurso del sueño, ¡cuántos recuerdos que parecían enteramente borrados vienen a agitar nuestro espíritu! El fondo éste: sus regiones profundas en que se hunden, faltas de un punto de asociación, las miríadas de sensaciones, de impresiones y de ideas a las que no concedimos sino una fugitiva atención, toda esa olla podrida parece volver de nuevo a la superficie.
Surgidos por no sé qué capricho, una multitud disparatada de individuos ya olvidados, de palabras antaño vagamente percibidas, de espectáculos, que impresionaron nuestra mirada en un pasado a veces lejano de pensamientos cuyo resplandor nos deslumbró durante un segundo cierto día o un instante, manifiestan la huella que han dejado en nosotros.
Todo eso expresa la ductilidad de la función que nos ocupa: Ella se hace más lenta o se acelera, conserva o restituye, o se reproduce nítida o confusamente, según que tales o cuales palancas la accionen: Aprendamos a conocer y a manejar el mayor número posible de esas palancas, y la máquina se volverá dócil en su funcionamiento.
3. EN CIERTAS CONDICIONES PSIQUICAS, LA MEMORIA AMPLÍA ESPONTANEAMENTE LOS LIMITES DE SUS POSIBILIDADES HABITUALES
En ciertos estados de hipnosis (1), sobre todo en las fases frustradas y en el sonambulismo, la memoria adquiere una lucidez maravillosa. Los menores hechos del pasado son recordados por el sujeto hipnotizado, quien percibe igualmente las relaciones de causa a efecto que pudieron tener sobre su estado presente las impresiones ya lejanas. Esa posibilidad es utilizada en la psicoterapia para ciertos diagnósticos. He aquí tres casos de ese género:
- Una extraña fobia: la de los viajes, incluso se manifiesta súbitamente en una mujer normal de unos cuarenta años de edad, de los más cortos trayectos y en cualquier vehículo. Esa repugnancia se hace muy pronto irresistible. Dormida por sugestión y por suave fricción del vértex, se acuerda entonces de haber sido víctima en su infancia de un accidente de vehículo, accidente que tenía absolutamente olvidado en estado de vigilia.
- Un niño vivía con su padre la plataforma del Arco de Triunfo de la Estrella en París. A fin de que pueda ver el panorama, su padre le toma en brazos y lo levanta. El niño, presa de vértigo, comienza a lanzar gritos. Al día siguiente se le declara una ictericia. Veintiún años después, aquejado de agorafobia, consulta a un médico, que lo hipnotiza; y de este modo llega a saber que la causa de su actual estado, procedía de la supresión de vértigo experimentada en su infancia.
Otro ejemplo:
- Una mujer joven y normal, afectada de una alucinación visual intermitente, se presenta al doctor G. Durville para someterle su caso: Cada vez que ella se lavaba las manos, el agua que utilizaba le parecía teñirse de sangre. El origen de tal trastorno se remontaba a tres años apenas y la mujer no sabía a qué atribuirlo. Dormida por el doctor Durville y sugestionada para que percibiera los elementos de la etiología de su caso, ella se acordó de que a la edad de cinco años, había asistido al acto de degollar a un ave cuya sangre salpicó sus manos, que se lavó inmediatamente. Muy impresionada, quedó tan penosamente afectada por tal escena, que cayó enferma, Aunque conservó una perturbación mental generadora de su alucinación.
Los estados febriles que van acompañados de delirio, determinan a menudo una extraordinaria hipermnesia. A menudo hablan de cosas de las que no tenían ni la menor idea y de las que no vuelven a acordarse después de su curación. Casi siempre se trata de cosas muy antigua y cuya realidad queda a menudo confirmada por algún testigo.
Coleridge cita el caso de una analfabeta que, durante un acceso de fiebre, se puso a disertar en hebreo y en griego. Gracias a la sagacidad de un médico a quien esa rara manifestación había interesado extraordinariamente, se logró saber que la enferma había sido cocinera de un clérigo que, durante horas enteras, iba y venía por una habitación, a la que daba la cocina, recitando frases tomadas de los textos sagrados. Muchas de esas frases habían sido registradas inconscientemente por el sujeto y repetidas por ella, palabra por palabra, durante- la fiebre.
“A la edad de cuatro años, un niño a consecuencia de una fractura del cráneo, hubo de sufrir la trepanación. Recobrada por él la salud, no conservó ningún recuerdo ni del accidente ni de la operación. Pero a la edad de quince años, presa de un delirio febril, describió a su madre la operación, las personas que a ella asistieron, las ropas que vestía y otros pequeños detalles, todo con gran exactitud. Hasta entonces, jamás había hablado de ello ni había oído a nadie dar todos esos pormenores (2)”.
Como la trepanación se efectúa necesariamente con anestesia general, el ejemplo precedente muestra que la narcosis va acompañada de un estado psíquico que permite registrar un cierto número de percepciones.
(1) Véase, ‘‘Método Científico-Moderno de Magnetismo, Hipnotismo y Sugestión’, del mismo autor. (2) Mathias Duval, citado por Ribot (‘‘Les Maladies de la Mémoire ).
El sueño clorofórmico o etérico ha dado lugar a menudo a la comprobación del recuerdo de las nociones olvidadas, principalmente de dialectos aprendidos en la infancia y abandonados desde hacía mucho tiempo.
“Un viejo forestal —- refiere Mathias Duval — había vivido durante su juventud en las fronteras polacas y apenas había hablado el polonés. Después no había vivido (1) más que en distritos alemanes, Sus hijos aseguraron que, desde hacía treinta o cuarenta años, no había oído ni pronunciado una sola palabra de polaco. Durante una anestesia que duró cerca de dos horas, ese hombre sólo habló, rogó y cantó en polaco”.
Un cirujano amigo mío me comunicó una ‘observación del mismo género. Después de haberle dormido mediante el éter, efectuó una amputación a un hombre que durante la operación habló de un documento colocado entre la tapa y la sobrecubierta de un libro de su biblioteca. Se trataba de una carta que había buscado largamente sin poder acordarse del lugar en que la había puesto.
Puede decirse que todos los modificadores del estado mental actúan sobre la memoria de manera que exaltan algunas de sus modalidades poco activas en estado de vigilia, y a veces obnubilan ciertas categorías de recuerdos. Los estupefacientes determinan efectos análogos a los de los anestésicos.
La absorción de opio, de morfina, de cocaína, de haxix, modifica la memoria, y se ha recopilado en ese sentido un número considerable de casos de recuerdos de nociones olvidadas desde largo tiempo.
“Me parece - dice Th. de Quiucey, en sus Confessions d’un mangeur d’opium - haber vivido setenta años o un siglo en una noche... Los más pequeños sucesos de mi juventud, escenas olvidadas de mis primeros años, eran reavivados a menudo. No puede decirse que las recordada, porque si me las hubiesen referido en estado de vigilia, yo no hubiera sido capaz de reconocerlas como formando parte de mi experiencia pasada. Pero colocadas ante mí como lo estaban en sueños, como intuiciones; revestidas de las más vagas circunstancias y de los sentimientos que las acompañaban, yo las reconocía instantáneamente (2)”.
4. LOS ESTADOS AFECTIVOS EXCITADORES DEL RECUERDO
La inminencia de un peligro mortal, una emoción intensa e imprevista, a veces mismo una circunstancia poco importante, a menudo han llevado a la conciencia acontecimientos de importancia profundamente escondidos en la imaginación.
He aquí algunos ejemplos clásicos:
El primero lo cita Carpenter en su Mental Phisiology, y es sugestivo desde el doble punto de vista del registro automático y de la restitución espontánea de la impresión que se remontan a la primera infancia: “Un hombre dotado de un temperamento artístico muy notable (este punto es de notar) fue con unos amigos en excursión a un castillo del Condado de Sussex, del que no tenía ningún recuerdo haber visitado antes. Al acercarse a la puerta principal, experimentó una viva impresión de haberla visto ya antes, y volvía a ver no sólo aquella puerta, sino muchas personas montadas en asnos o de pie al lado de éstos, bajo el pórtico. Esa convicción singular se impuso en él, tanto, que interrogó a su madre a fin de obtener algunas aclaraciones acerca de ese lugar. Supo de ella que, cuando tenía diez y seis meses, había sido llevado en una excursión a aquel lugar, que le habían llevado en un canasto a lomos de un asno, que le habían dejado abajo con los asnos y los criados, mientras que las personas de más edad se habían instalado para comer encima de la puerta del castillo”.
El segundo caso proviene del Essay on intellectual power, de Abererombie. Presenta una analogía sorprendente con el precedente:
“Una señora en el último período de una enfermedad crónica, fue conducida al campo desde Londres. Su hijita, que aún no hablaba, le fue traída y, después de una corta entrevista, fue llevada de nuevo a la ciudad. La señora murió algunos días después. Su hija creció sin acordarse de su madre hasta la edad madura. Fue entonces cuando tuvo ocasión de ver la habitación en que su madre había muerto. Aunque ella lo ignoraba, al entrar en la habitación se estremeció, y como le preguntaran la causa de su emoción, respondió: “Tengo la impresión exacta de haber estado en otra época en esta habitación. En ese rincón estaba echada una señora que parecía muy enferma y que, indinándose sobre mí, lloró”.
(2) Quincey, citado por Ribot (‘‘Les Maladies de la Mémoire ).
Es sabido que numerosos individuos llamados de nuevo a la vida después de haber perdido el conocimiento como consecuencia de una inmersión accidental, han atestiguado la extraordinaria lucidez de los últimos instantes que precedieron a su síncope. En algunos segundos habían tenido una visión, vertiginosa pero muy precisa, de su vida entera, desde su infancia hasta el momento del accidente. Semejante fenómeno tiene lugar a veces en el momento de la agonía y hasta en un peligro muy grave: El hecho siguiente daré una idea de ello:
“Un hombre de imaginación extraordinariamente viva, atravesó una vía férrea en momentos en que un tren llegaba a toda velocidad. No tuvo tiempo sino para tenderse entre los dos rieles. Mientras que el tren pasaba por encima de él, la sensación del peligro le trajo a la memoria todos los incidentes de su vida, como si hubiera sido abierto ante sus ojos el libro del Juicio Final (1) ’’.
SI OBSERVA QUE TODO OCURRE COMO SI NINGUN ESTADO DE CONC1ENCIA, NINGUNA PERCEPCION, NINGUNA IMAGEN DESAPARECERA TOTALMENTE DE LA MEMORIA UNA VEZ REGISTRADA EN ELLA.
5. COMO OBTENER UNA MEMORIA RAPIDA
Después de haberse formado una clara idea de la, retención mnemónica por el estudio de los datos contenidos en el presente -capítulo y en los tres siguientes, el lector aplicará las instrucciones dadas a partir del capítulo V. Así se situará ante todo en las condiciones típicas y mentales que favorecen el juego de los elementos de la memoria; después se estudiará para desarrollar cada uno de ellos. Sucesivamente aprenderá a dirigir su pensamiento, a concebir una tabla que comporte jodas sus subdivisiones necesarias para clasificar gradualmente las nociones que quiera recordar, para registrar rápida y claramente, para usar sutiles asociaciones de ideas, para situarse en el estado psíquico más favorable al recuerdo, para utilizar los procedimientos mnemotécnicos en la retención de las cosas difíciles de asociar.
Los primeros resultados, serán casi instantáneos en los más favorecidos, y no requerirán sino algunos días en las memorias más rebeldes.
Obtenidos esos resultados, los progresos se acentuarán cada vez más rápidamente y, ayudados de la perseverancia, harán retroceder cada vez más los límites de la potencia mnemónica.
PARTE TEORICA
*
CAPITULO PRIMERO
TEORIA ESQUEMÁTICA DEL FUNCIONAMIENTO DE LA MEMORIA
1. Ideas de su automatismo perpetuamente activo. — 2— Distribución.
3. Conservación. — 4. El recuerdo espontáneo — 5. El recuerdo voluntario. 6. Las asociaciones internas.
1. IDEA DE SU AUTOMATISMO PERPETUAMENTE ACTIVO
¿Cómo se manifiesta esencialmente la memoria? Registra nuestras percepciones, recepciones y
conceptos; los almacena desde que desaparecen de la conciencia, y los presenta de nuevo a ésta, ya sea
espontáneamente, ya bajo la acción de la voluntad. El recuerdo recorre, pues, tres etapas: adquisición,
conservación y recuerdo. Observemos que no son sólo las cosas que tratamos de retener que se fijan en la reserva mental, en ésta entran también nociones que no hemos hecho ningún esfuerzo para apropiárnoslas; se infiltra asimismo una cantidad de imágenes y de ideas sobre las cuales nuestro
entendimiento ni siquiera se ha detenido el tiempo suficiente para que tengamos conciencia de su irrupción. Observemos, por otra parte, que si el recuerdo es en principio, voluntario por definición, la
sucesión de los pensamientos que agitamos - o que nos agitan - a diario, tiende a volver a traer de las
profundidades del subconsciente cosas relacionadas con su objeto. Observemos también este hecho característico, establecido en el curso del capítulo precedente: antes ya de hallarse en estado de comprender, el cerebro del niño puede almacenar recuerdos, de los que no tendrá conciencia sino más tarde.
Debemos, pues concebir la función que nos ocupa como un automatismo cuya actividad continúa siendo para nosotros casi por entero inconsciente. Que prestemos o no atención, continuamente registramos nociones que se distribuyen más o menos anárquicamente en el primer caso, más o menos metódicamente en el segundo. Podemos, pues, definir la memoria como: un automatismo inconsciente.
La fisiología, base racional de la psicología, no ha adquirido aún más que datos incompletos acerca de esta función. Ella ha admitido durante mucho tiempo un paralelismo estrecho entre cerebro y memoria. Actualmente se sabe que el dominio mental es considerablemente más amplio que el dominio cerebral, Las teorías clásicas no podrían dar cuenta de ciertos hechos, sobre todo del orden siempre invariable del olvido de las palabras en la afasia, cualesquiera que sean el punto del cerebro en que comience la lección y el sentido en que ella evolucione.
Un esquema muy sencillo, a falta de una demostración más material, nos da la idea general que necesitamos para orientar nuestro trabado. Comparemos la memoria a un cilindro que gira continuamente alrededor de un eje central. Ese cilindro se le supondrá aislado del exterior y de la conciencia excepto por una superficie de contacto figurada por el sector OBC del disco de separación D. Por la abertura OBC, la cara lateral del cilindro, continuando su movimiento de rotación pone sucesivamente en relación con la conciencia y con el sensorio todos los sectores que lo componen. Bien entendido que, por esa especie de ventana, nuestros estados anímicos, intelectuales o afectivos, así como nuestras percepciones sensoriales, se ponen en contacto con la mayoría y la impresionan más o menos, según estemos atentos o distraídos. Pero el registro no tiene lugar en los dos casos en forma parecida.
2. DISTRIBUCIÓN
Se efectúa automáticamente, en el interior del cilindro, una distribución de todo aquello que entra por el triángulo OBC y, a tal propósito, diremos que el cilindro puede ser considerado como dividido en dos regiones principales: la de los recuerdos asociados, de los, que vamos a ocuparnos, y de los recuerdos esparcidos. En esta última figuran aquéllos que, sea por una falta de intensidad, sea por la de uno de los puntos de asociación con una noción definitiva adquirida, quedan aislados sin ningún punto que los ligue a una cadena ideológica mediante la cual podamos volver a traerlos a la superficie consciente.
La región de los recuerdos asociados incluye todo aquello de que somos capaces de acordarnos en un estado psíquico normal. Desde su entrada en el cilindro por la abertura OBC, toda noción tiende a asociarse a alguna otra que figure ya en él y con la cual presenta la recién llegada alguna afinidad, es decir, una analogía directa o inversa. Existen centros de cristalización hacia los cuales convergen y con los cuales quedan inmediatamente ligados, según su especie, los recuerdos de diferentes categorías. Por otra parte, tengamos en cuenta que las ideas y las impresiones registradas con continuidad quedan ligadas por un hilo que permite, cuando la primera vuelve a la imaginación, encontrar sin dificultad todas las que siguen. Los escolares pueden, así, recitar una lección de la cual no han comprendido absolutamente nada. La sucesión de sonidos que han repetido, en voz alta o mentalmente, ha sido registrada como impresión auditiva global, o bien el aspecto gráfico de las palabras ha impresionado su visual como una especie de cadena mórfica continua. En el momento deseado, no tienen sino que pronunciar la primera palabra y recitan el resto sin ningún esfuerzo.
En una memoria no cultivada, la iniciativa de la clasificación es abandonada enteramente al inconsciente (1). Los centros de cristalización de que ya he hablado precedentemente, parecen desviar su origen de las profundas idiosincrasias del individuo; se condicionan bajo la influencia de las particularidades psicológicas: temperamento, tendencia, aptitudes, etc...
El individuo cuyo carácter manifiesta un relieve bien claro, el literato innato, el músico innato, el calculador innato, etc., consideran desde sus primeros años, con un espíritu especialmente atento todo lo que les parece tener alguna relación con su mayor aptitud. Se asimilan fácilmente y recuerdan sólidamente numerosas series de observaciones, de imágenes, de palabras, que se asocian al centro de
cristalización, representado por la tendencia principal.
Las personas voluntariosas que, aun cuando no experimenten ningún agrado por una rama del saber tienden en absoluto a poseerla, sienten que su memoria les es reacia en los primeros esfuerzos que hacen para fijar en ella lo que tratan de aprender. Pero el motivo que acciona su voluntad: la ambición, el deseo de evolución o cualquier otro, crea rápidamente en ellas un centro de cristalización. A fuerza de repetirse: “Es necesario que llegue a aprender esto: es indispensable para la satisfacción de tal o cual de mis deseos”, disminuye en ellas su inercia mnemónica. Pero, faltas de método, a menudo les cuesta mucho más trabajo del necesario.
3. CONSERVACIÓN
Un cliché mental se incrusta, si así puede decirse, sólidamente en la imaginación ya sea porque la impresione vivamente citando la percepción inicial se acompaña de un estado emocional intenso; ya sea porque, tan agradablemente solicitada está la atención, que queda absorbida; ya sea, también, porque, por un esfuerzo voluntario, se la ha sostenido firmemente en el momento de su registro. La intensidad y la duración de la atención desempeña, pues, un papel notablemente primordial en el manejo de la función mnemónica. Veremos más adelante, cómo ejercitarlas de manera que su grado normal permita, sin fatiga especial, fijar fácil y definitivamente nuestras adquisiciones intelectuales.
Teniendo el recuerdo como sostén la fibra nerviosa y como órgano de recuerdo el cerebro, su
conservación y la oportunidad de su reviviscencia dependen íntimamente de la nutrición cerebral, es
decir, de la circulación. Los espiritualistas, para quienes los centros nerviosos son los instrumentos del alma, así como los materialistas, cuyas singulares teorías hacen urgir la inteligencia de la materia, están de acuerdo, por lo menos, en un punto: que existe una higiene física de la memoria, a la que conviene tener en consideración. Para volver a nuestra comparación esquemática la substancia del cilindro debe ser considerada como viviente. De su vitalidad depende la de los recuerdos que contiene. Además, su docilidad para llevar de nuevo a la superficie del triángulo OBO las nociones que contiene, a fin de afectar la conciencia cuando ella las solicita, exige una flexibilidad que supone una potencia funcional Suficiente.
Supongamos ahora que en el disco de separación D hay una segunda abertura triangular OEF, en contacto con la conciencia como el sector OBC. A medida que el hilo del pensamiento se desenvuelve, los diversos
(1) véase “Psicología del Amor”, del mismo autor
objetos de nuestras cogitaciones impresionan el cilindro por OBC y determinan en él una especie de reflejo más o menos rápido que lleva a OEF las nociones conexas. Tal es el fenómeno del recuerdo. Su oportunidad depende evidentemente de la lógica habitualmente aportada al encadenamiento de nuestras ideas y de la distribución más o menos juiciosa de éstas en el interior del cilindro.
Tan pronto como la atención se detiene, cautivada, en las primeras nociones de un recuerdo, el cilindro disminuye la velocidad de su movimiento y su actividad actúa del interior al exterior para llevar al triángulo OEF nuevos elementos del recuerdo considerado.
Durante el sueño, el cilindro oscila sobre su eje caprichosamente y alienta el ensueño de una manera frecuentemente desordenada.
5. EL RECUERDO VOLUNTARIO
Toda tensión voluntaria del espíritu inmovilizado sobre un orden de ideas cualquiera, suspende momentáneamente el movimiento del cilindro o, por lo menos, disminuye considerablemente la velocidad de su rotación. Esa tensión produce una abducción de las nociones conexas al objeto del pensamiento. El recuerdo deliberado parece, pues, estar influenciado por la intensidad de la voluntad.
Si es exacto que una palabra escapa a veces a nuestra memoria en el momento en que nos esforzamos en recordarla, mientras que surgirá sin ningún esfuerzo en otro instante, observemos que, en el primer caso, un estado excesivo afectivo o toda otra causa perturbadora de la voluntad disocia esta última de la memoria y suprime momentáneamente su acción. Cuando estamos tranquilos, recogidos y tenemos sangre fría, sentimos con más fuerza la oportunidad de recordar una noción, y más dócilmente vuelve a presentarse ésta en nuestra conciencia. Toda mejora de la voluntad trae consigo una flexibilización de la restitución automática y, a la menor solicitación, aporta conocimientos escondidos en nuestra reserva mental.
Vuestros conocimientos, de toda naturaleza, están a vuestra disposición en esa misteriosa región, designados aquí bajo la figura de un cilindro, y en ella se relegan así que cesáis de prestarle atención. Si estáis muy bien dotados, al menor requerimiento, la palabra, el número, la imagen, la idea que os hace falta, instantáneamente son hallados de nuevo. Si, al contrario, os ocurre con frecuencia, a pesar de vuestros enérgicos requerimientos, que no lográis obtener al instante el documento mental que buscáis, es posible que lo poseéis sin embargo, tan perfectamente preciso como lo deseáis. Propiamente hablando, no es él el que os falta. Es el mecanismo íntimo mediante el cual debiera acudir a vuestra memoria ese documento. Vuestro estado psíquico actual no acciona tal mecanismo. Pero sin duda sucederá que una hora después, al día siguiente, o al cabo de ocho días, os encontraréis en una condición psíquica que hará posible que tenga lugar el accionamiento del mecanismo, que en vano tratáis de lograr ahora.
Supongamos que vuestro recuerdo carezca de precisión: entonces es que en el momento del registro no ha sido cumplida alguna de las tres condiciones expuestas en el apartado 3. El clisé, demasiado pálido, puede, empero, acentuarse mucho más de lo que pudiera esperarse bajo el efecto de la tensión voluntaria, que entonces desempeña el papel de un poderoso revelador.
6. LAS ASOCIACIONES INTERNAS
No es preciso creer que las diversas nociones permanecen estáticas en el interior del cilindro: de sus asociaciones resultan nuevas ideas que se imponen, tarde o temprano, a la conciencia, ya sea porque surjan bruscamente en la superficie del sector OEF, ya sea porque, al detenerse voluntariamente en un sujeto determinado que le es conexo, recordamos por él.
Tal es el principio de la sugestión directa, de la que ya indiqué los procedimientos en mi Método
Inconscientemente, durante el sueño o en estado de vigilia, tiene lugar en la memoria un trabajo. La educación de esta facultad en un sentido dado, proporciona una rectitud muy interesante a este trabajo criptoide. Así se conocen numerosos casos en que la asociación subconsciente de las ideas ha proporcionado como resultante una obra de valor.
Un matemático fue a dormir luego de haber buscado en vano largamente la solución de un problema geométrico. Se durmió y soñó con él. Al despertar había obtenido la solución: algunos de sus elementos, que en el curso de sus pesquisas habían permanecido ocultos en las profundidades del cilindro, habían vuelto de nuevo a la superficie mientras dormía y se habían juntado bajo la influencia generadora de su voluntad (1).
Schopenhauer escribió: “Mis postulados filosóficos se produjeron en mí sin mi intervención, en momento en que mi voluntad estaba como dormida y mi imaginación no se hallaba encaminada en una dirección prevista de antemano. Así, mi persona era como extraña a mi obra”.
Desde un cierto punto de vista, la memoria parece una especie de alambique en el que nuestros pensamientos, nuestros estados afectivos y nuestras impresiones reaccionan unos sobre otros para dar lugar a las incitaciones más o menos complejas. Ya lo he demostrado, a propósito de la génesis de los sentimientos, en mi obra Psicológica del Amor (2).
Es por eso que el control de la memoria es indispensable para dominarse uno mismo, para tener el sueño tranquilo y para verse libre de las influencias de ambiente.
ESQUEMA DEL FUNCIONAMIENTO DE LA MEMORIA
A. — Cilindro. 00’. — Eje.
OBC. — Comunicación de la conciencia y de la memoria para la entrada de las nociones. OEF’. — Comunicación de la conciencia y de la memoria para recordar.
(1) Véase del mismo autor “El Poder de la Voluntad sobre si mismo, sobre los demás, sobre el Destino’’. (2) “Psicología del Amor: los sentimientos, el corazón, la idea, la seducción’’.
CAPITULO II
LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA
1. Agudeza sensorial. — 2. Agudeza motriz. — 3. Agudeza emocional. — 4. Sentido estético. — 5. Sentido analítico. — 6, Espíritu de síntesis. — 7. Sentido analógico; — 8. Noción del tiempo. —
9. Sentido topográfico. — 10. Cómo se establece el diagnóstico de una memoria.
1. AGUDEZA SENSORIAL
La agudeza auditiva y visual constituye un determinante de importancia del funcionamiento mnemónico. El niño que prueba a hablar, trata de reproducir sonidos que ha oído emitir y que ha retenido. Más tarde, a menos de una cultura especial, su vocabulario se limitará a las expresiones de uso corriente en su medio, a pesar de que lea más o menos, porque, salvo en el caso de una agudeza visual predispuesta a la retención de los grafismos, el estudiante tendrá siempre más trabajo para grabar en su memoria las palabras leídas que oídas. Aquellos en quienes predomina la agudeza auditiva, ligan la mayor parte de sus recuerdos a sonoridades. Para acordarse de una persona tratan de figurarse la tonalidad de su voz, y, por poco que ésta posea un timbre ligeramente especial, se hallan en condiciones de repetir exactamente las conversaciones tenidas con aquella persona en una época más o menos lejana. Cuando se trata de una palabra, el auditivo se tiene a la desinencia de tal palabra o a otras análogas que se escucha pronunciar a fin de provocar un reflejo mnemónico.
El visual tiende a basar la mayoría de las operaciones de su memoria en su facilidad para registrar las imágenes. Vuelve a encontrar la fisonomía de las personas, el aspecto gráfico de las palabras, el cuadro mental de los hechos, la forma y la composición tipográfica de la tapa del libro que necesita.
2. AGUDEZA MOTRIZ
En aquellos en quienes el sentido muscular está. en su plenitud. El movimiento, la cinemática, constituye un tercer elemento de la memoria. En el vocabulario, ese sentido condiciona ciertamente la memoria de los verbos y eso es así sin duda porque éstos constituyen la última clase de palabras que olvidan los afásicos. El hombre dotado de un sentido muscular en alto grado, se acordará mejor de un individuo a quien haya visto actuar que de otros. El gesto, el movimiento, unidos a la frase o a la palabra que oye, le ayudan considerablemente a grabar ésta en la imaginación. Retiene con dificultad los aspectos estáticos de la Naturaleza; pero desde que hay animación en torno suyo, su memoria se activa. Suponemos, bien entendido, para la facilidad de nuestra exposición, que existe una acentuada prominencia de uno de los elementos de percepción. El orador que puntúa sus discursos, mediante los movimientos correlativos a sus palabras ayuda a la formación de las expresiones.
3. AGUDEZA EMOCIONAL
Las personas impresionables son, ante todo, receptivas para sus sensaciones. Para figurarse una persona, una cosa o hasta una idea, tratan de acordarse de la impresión que ella les causó. Convenientemente manejada, esa predisposición es excelente desde el punto de vista que nos ocupa. Se ven niños absolutamente rebeldes al estudio. A pesar de sus esfuerzos, no llegan a recordar la gramática o la aritmética; pero son los únicos para darse cuenta de los actos y los gestos de las personas a quienes observan, de los más nimios hechos cotidianos que por lo general pasan inadvertidos a todo el mundo. Se trata de niños emocionales a los cuales les es indispensable, para convertirlos en buenos alumnos, que se les exponga el interés subjetivo que para ellos tiene cada materia. Gran número de jóvenes recuperan lo
perdido tan pronto como salen de la adolescencia; pero si su impresionabilidad va unida a una manifiesta insuficiencia intelectual, el problema de su memoria me parece insoluble.
En las personas normales, la emoción excita poderosamente la actividad interna y externa del cilindro. Así, la música provoca un aflujo de ideas y de recuerdos de toda naturaleza.
Cuando la impresionabilidad se exagera, resn1ta de ello un desorden continuo del pensamiento, del cual se resiente la memoria.
4. SENTIDO ESTETICO
Esta predisposición lleva a acordarse de todas las cosas por comparación con su modelo ideal. Un grave defecto de proporción imprime, entonces, enérgicamente una imagen en el espíritu. Un objeto, una persona, quedan registrados como presentando tal o cual defecto mórfico.
Tal sentido pone en juego las facultades comparativas y ayuda considerablemente al desarrollo de la memoria visual.
5. SENTIDO ANALITICO
Es el más precioso auxiliar de la memoria. Crea, en efecto, precisas y numerosas asociaciones. Incita al examen profundo de cada noción, a la busca de las causalidades. Toda conexión presentada por el objeto examinado con otros ya adquiridos, es descubierta y crea un punto de ligazón en el cilindro. El analítico práctico obtiene una idea precisa de todo aquello que llama su atención. La percepción y la apreciación de los menores matices le permiten una clasificación distinta. Los recuerdos son siempre en él abundantes y seguros. Sus deducciones e inducciones asimismo están afirmadas sólidamente. Puede destacarse en el conocimiento del dominio concreto y adquirir una memoria extraordinaria para las ideas abstractas. Reconstruye fácilmente sus recuerdos con ayuda de la profusión de ideas secundarias que sabe sacar de cada sujeto. Sin embargo, el exceso de la tendencia analítica conduce a perder de vista el conjunto para extraviarse en los detalles.
6. ESPIRITU DE SINTESIS
Si, en el estudio de una cuestión, os veis conducidos a buscar inicialmente la manera de condicionaros una idea general; si recordáis con facilidad las nociones cuya sustancia lograsteis hacer entrar en una fórmula compacta, estáis dotados de espíritu de síntesis. Esta calificación, como la precedente, trae siempre consigo una notable facilidad de las operaciones mnemónicas. El sintético utiliza inconscientemente un excelente método retentivo. Crea ante todo un cuadro en el cual se ordenan y asocian sucesivamente todas las nociones susceptibles de entrar en ella. Y en tanto que le falte al conjunto algún detalle, el sintético se da cuenta perfectamente de la falta de homogeneidad del contenido de su cuadro. Una vez que ésta esté completa, ninguno de los elementos que en ella figuran queda olvidado, porque cada uno de ellos forma con el conjunto un bloque sólidamente construido. Los sinópticos, es decir, aquellos cuya mentalidad se destaca igualmente en el análisis como en la síntesis son, a mi juicio, los que están mejor dotados.
7. SENTIDO ANALOGICO
La rápida percepción de las analogías posible entre un orden de ideas por asimilar y otro ya adquirido, permite un rápido registro. El sentido analógico permite también resumir en forma esquemática, gráfica o mental toda clase de cosas que se desea recordar. Las figuras de aspecto extraño que se observan en las obras de ocultismo, provienen de la costumbre, en uso entre los antiguos iniciados, de condensar en dibujos simbólicos ciertos puntos secretos de su saber. Las veintidós primeras láminas de “tarot” (1), proveen otros tantos ejemplos de la aplicación de la analogía a la representación jeroglífica de las leyes metafísicas.
Los mnemotécnicos, a los cuales no escapó el valor de la analogía, han hecho de ella el principio de ciertos procedimientos que se hallarán en el capítulo XI de ésta obra.
(1) Véase mi Tratado de “Ciencias Ocultes’’.
8. NOCION DEL TIEMPO
La apreciación mental de las duraciones ya sea para localizar un recuerdo en el pasado, ya para acordarse en el momento deseado de aquello que se tiene el propósito de llevar a cabo, corresponde a los espíritus muy objetivos y bien equilibrados. Los asténicos dilatan, si así puede decirse, las duraciones reales en sus cálculos. Los hiperesténicos por el contrario, tienden a acortarlas. A decir verdad, el sentido de las localizaciones en el tiempo no aparece como de utilidad esencial, aunque sea apreciable para concebir las decisiones rápidas y para ordenar la actividad de los días próximos.
9. SENTIDO TOPOGRÁFICO
El sentido topográfico predispone a esa forma curiosa de memoria que guía el hallazgo de un objeto material abandonado, en un instante de negligencia, entre un desordenado conjunto de otros objetos. Ese sentido facilita asimismo el recuerdo de las trayectorias. Un ejemplo de ello fue dado por un hombre que fue secuestrado y subido a un automóvil por sus agresores, conducido en éste y con los ojos vendados a muchos kilómetros de su residencia y devuelto de igual modo al lugar de donde partiera. Al día siguiente el mismo hombre logró volver a encontrar el inmueble al que había sido llevado. Para ello se sentó en un auto al lado del chofer y, cerrando los ojos, le fue indicando el camino recorrido la víspera.
Prácticamente, en la vida, el sentido topográfico tiene su utilidad cotidiana para aquellos que deben realizar toda clase de recorridos y orientarse rápidamente en lugares siempre nuevos. En el estudio de la Geografía física, ese sentido facilita igualmente la tarea.
10. COMO SE ESTABLECE EL DIAGNOSTICO DE UNA MEMORIA
Se realizan con el sujeto a examinar las siguientes pruebas:
- Prueba de la agudeza auditiva: Repetir lo que se haya retenido de un verso declamado o simplemente
leído delante del sujeto.
- Prueba de la agudeza visual: Dar a leer en silencio un texto en prosa. Esta lectura durará un cuarto de hora para cincuenta líneas. El sujeto se esforzará en reconstruirlo por escrito.
- Prueba de la agudeza motriz: La declamación acompañada de gestos; el relato de un combate de boxeo
con mímica ante el sujeto o, más sencillamente, el pasar ante sus ojos un álbum mostrando figuras de baile o posturas gimnásticas, pueden ser utilizados. El sujeto, seguidamente, tratará de enumerar los movimientos que le han sido mostrados.
- Prueba de agudeza emocional: Lectura de un relato trágico o emocionante desconocido del sujeto.
(Cuentos de Edgard Poe, de De Lorde o alguna cosa análoga). Esa lectura será rápida e irá seguida inmediatamente de un ensayo de recordación. Pídase en seguida al sujeto que exponga en su exacta forma literaria un trozo de la novela más emocionante que haya leído.
- Prueba del sentido estético: Después de haber dado a examinar muchos dibujos o fotografías de rostros, unos de proporciones defectuosas, otros de facciones impecables, se solicita una descripción de ellos.
- Prueba del sentido analítico: Propóngase un aforismo de una concepción apropiada a la mentalidad del
- Prueba del espíritu de síntesis: Una cuestión bien conocida del sujeto, su profesión por ejemplo, será
resumida por él en forma de cuadro gráfico. Véase cuáles son sus ideas generales, su amplitud y su homogeneidad.
- Prueba del sentido analógico: Tratar de obtener la representación simbólica, bajo la forma de un
esquema claramente expresivo de una noción cualquiera perfectamente asimilada por el sujeto. Esta prueba debe variar según las mentalidades. Si el examinado fuera inexperto en el arte gráfico, se limitará a describir su composición.
- Prueba del tiempo: Apreciación de tres duraciones distintas: la de leer un texto, la de copiarlo y la de un
momento de inacción.
- Prueba del sentido topográfico: El sujeto describir un trayecto establecido de antemano por el examinador y del que se complicará los detalles de una manera inversamente proporcional a la extensión de sus límites. Seguidamente, reconstitución del trayecto.
Damos aquí la indicación general de esas pruebas; su proceso exacto varía necesariamente según los casos. Por este método serán conocidos aquellos elementos de la memoria cuya debilidad reclama una reeducación particularmente atenta. Una práctica especial podrá ser combinada para cada cual teniendo en cuenta que el sujeto compense sus puntos débiles mediante el apoyo de éstos en sus mejores recursos mnemónicos. Por ejemplo, compensar el defecto de agudeza auditiva con la agudeza emocional, rectificar el exceso de análisis por ejercicios de síntesis, etc.
CAPITULO III
DIRECTIVAS DE LA EDUCACION RAZONADA DE LA MEMORIA
1. Aprender a manejar el propio pensamiento. — 2. Observar la higiene psicofísica. —
3. Crear sus centros de cristalización. — 4. Poner remedio a las insuficiencias funcionales. —
5. Apelar a la potencia de los motivos. — 6. Determinarse al esfuerzo.
1. APRENDER A MANEJAR EL PROPIO PENSAMIENTO
La primera condición necesaria al desarrollo de la memoria es la de mantener en el espíritu el deseo de mejorarla. Es preciso tomar la determinación de trabajar diariamente a diversos ejercicios, de esforzarse en pensar de cierta manera, de adoptar a la tendencia anárquica de la actividad intelectual el correctivo de los principios de orden de que hablaremos más adelante. El papel de la atención, ya puesto en claro por lo que antecede, exige esfuerzos para acrecentar el dominio de la voluntad sobre la ideación. Las primeras prácticas que propondré a mis lectores tendrán, pues, como objetivo el hacerle adquirir la posibilidad de
pensar detenidamente en un tema elegido y de cesar voluntariamente de pensar en él en un momento previsto.
La disciplina mental bastará por sí sola, tan poderoso es su efecto directo sobre la memoria. Ella permite, en efecto, disociarse, en el momento del estudio, de todas las impresiones exteriores y de los múltiples incidentes que nos solicitan. Cuando todo el campo de la conciencia está acaparado, el registro se produce con fuerza y sin omisión ni error. La atención es el buril que graba el recuerdo en la memoria: el manejarlo sin distracción asegura la formación de clisés con relieves precisos e inalterables.
Para repartir juiciosamente las nociones registradas de manera que se creen excelentes asociaciones, es preciso adquirir la costumbre de regir los propios pensamientos; porque es indispensable analizarlos, apreciar sus relaciones y los diversos órdenes a los cuales conviene unirlo en nuestro espíritu. La recordación literal de un texto descansa enteramente en la continuidad de la atención. Los extravíos de ésta tienen como consecuencia lagunas en el recuerdo de un texto y vuelven penoso su estudio, porque cuesta esfuerzos fatigosos cuando, separándose veinte veces del tema estudiado, debe llevarse de nuevo hacia él la conciencia, distraída con cualquier incidente. Con el ejercicio se llega a concentrarse tan bien sobre un trabajo, que se continúa aplicado a él durante horas, sin fatiga, desde que son vencidos los primeros impulsos disociadores.
En el recuerdo, la concentración espiritual acelera la actividad mnemónica. Además, sin ella, la afluencia de los elementos de un recuerdo queda frecuentemente incompleta, lo cual da lugar a errores.
Una modalidad de la memoria, para la cual es inútil toda demanda, tan defectuoso es en ese caso el dominio del pensamiento, es el olvido voluntario. Nada hay más irritante, más penoso, más avasallador, que el sentirse constreñido a ceder a la obsesión del recuerdo de cosas o personas que nos es desagradable
ver reaparecer en nuestra imaginación. La cultura psíquica solamente es la que proporciona la libertad
interior. El olvido, es decir, el destierro voluntario de los clisés desagradables a la región de los recuerdos
esparcidos (capítulo II), se obtiene con la costumbre de manejar el propio pensamiento. Del mismo modo como se crean asociaciones para retener, pueden determinarse disociaciones para olvidar.
2. OBSERVAR LA HIGIENE PSICOFISICA
El enorme desgaste de células nerviosas efectuado por el trabajo mental, involucra la necesidad absoluta de una nutrición cerebral suficiente.
La higiene de la memoria consiste, pues, en asegurar esa nutrición, así como en evitar los excesos de todo orden que agotan las energías orgánicas.
En nuestra época, existe el artritismo, cuyas primeras manifestaciones afectan el juego de las funciones intelectuales y en especial de la memoria. Esta diátesis se desarrolla con la misma frecuencia entre los hombres que llevan una vida tranquila, metódica, sin intemperaciones aparentes ni desvíos de ninguna clase, que se la considera como normal, como inseparable de la edad, cuando no se atribuye a predisposiciones fatales. En realidad, la vida moderna engendra necesariamente el artritismo, porque comporta una alimentación demasiado copiosa y una atonía funcional de los órganos de eliminación. Entre los alimentos que a diario ingerimos, hay un gran número a los cuales se recurre de continuo como fortificantes indispensables y otros que se relegan como accesorios porque su composición parece dar un aporte menos rico al organismo. Se olvida un aspecto importante de la cuestión, la del desgaste interno ocasionado: 1º por la elaboración en el seno de los órganos digestivos de los productos útiles procedentes de un alimento cualquiera, y 2º por la eliminación de los residuos que dicho alimento desprende. No se tienen en cuenta las toxinas resultantes de la fermentación intestinal implicada por la composición de nuestros menús.
También, insensiblemente, nuestros tejidos se impregnan de toxinas que los desorganizan, que ponen trabas a las funciones, que debilitan la resistencia de los órganos y disminuyen así todas nuestras potencialidades.
“Por su alimentaci6n deplorable, escribe con razón, el doctor Gastón Durville (1), el hombre ha dilatado e inflamado su estómago, fatigado su hígado y sus riñones e irritado su intestino; ha hecho más lenta su circulación e intoxicado su sistema nervioso; ha gastado sus reservas vitales, y ha falseado sus resistencias a la enfermedad. Sus taras las ha transmitido a su descendencia en forma de debilidad congénita, física y moral, de anemia o de ese terreno mórbido que se llama “temperamento”.
Como ya lo demostré en mi obra El poder de la Voluntad (2), nadie se fortalece ni física ni moralmente
sobrealimentándose, sino más bien equilibrando la asimilación y la eliminación de los residuos mediante
una composición juiciosa de la alimentación, por medio de una actividad respiratoria suficiente mediante
el frecuente uso de reacciones circulatorias, especialmente de la hidroterapia.
Un estado gastrointestinal perfecto que engendre sangre rica y abundantemente oxigenada, por una respiración activa son, junto con una circulación homogénea, las primeras condiciones de la potencia mnemónica.
3. CREAR SUS CENTROS DE CRISTALIZACION
Después de haber tenido en cuenta lo que precede, se tiene lúcida y clara la imaginación para emprender la clasificación de la propia memoria, ya hemos visto cómo tiene lugar la distribución espontánea de los recuerdos en el interior del cilindro y, especialmente, su asociación respectiva a aquel de nuestros centros
de cristalización a que pertenecen. Para continuar usando mi comparación del capítulo primero, diré:
fabricad con vuestro cilindro discos, cada uno de los cuales represente una sección de vuestros conocimientos y que gire en derredor de un centro de cristalización que figure uno de los motivos que animen vuestra vida mental. Por artificial que sea, esta comparación se ajusta exactamente a la realidad. En el capítulo VII veremos cómo hay que proceder exactamente para lograr la constitución de una especie de “fichero intelectual” tan bien clasificado y de un empleo tan sencillo como el de un repertorio material. Los dos grandes principios de la conservación del recuerdo son, según la opinión unánime de todos los autores: la asociación análoga y la repetición mental. Siguiendo mi sistema, aplicaréis automáticamente esas dos leyes. Así, en el momento en que concentráis vuestra atención en cualquier cosa que queráis fijar en vuestro espíritu, deberéis:
1º Apreciar rápidamente a qué orden general de ideas pertenece esa cosa (operación preliminar en toda clasificación);
2° Buscar aquello que ya sabéis sobre el mismo sujeto, a fin de encontrar la noción más análoga a aquello que deseáis fijar (dicho en otras palabras: descubrir en vuestras fichas mentales aquellas entre las cuales debe colocarse la nueva)
(1) “La Cura naturalista. Para conservar el vigor y sanar sin medicamentos’ ’, por el doctor G. Durville. (2) De esta Editorial.
3º Mantener durante un corto instante vuestro pensamiento fijo en la noción a registrar y en sus análogas contiguas ya clasificadas (dicho de otro modo: poner la nueva ficha en su lugar).
Del mismo modo, las diferentes secciones de vuestros diversos órdenes de conocimientos van desfilando sucesivamente ante vuestra conciencia, lo cual hace más y más firme su incrustación. Así cómo para una biblioteca o un fichero, cada cual adopta un orden combinado según los giros de su imaginación, la clasificación de las ideas debe ser concebida por cada persona según su naturaleza. Sin embargo, en el capítulo VIII daremos un ejemplo que podrá servir para inspirarse.
4. PONER REMEDIO A LAS INSUFICIENCIAS FUNCIONALES
Ya hemos visto cómo reaccionan sobre la memoria los condicionamientos orgánicos. El diagnóstico de las insuficiencias puede establecerse metódicamente según los principios indicados en el capítulo III. En seguida se eligen aquellos ejercicios, que damos en la parte práctica, que parezcan convenir, y se llevan a cabo puntualmente. Otros muchos análogos serán combinados por la iniciativa del lector. Según el caso, se ejecutan prácticas que ejercitan la agudeza auditiva, la agudeza visual, el espíritu analítico, el sentido de las duraciones, etc.
En la mayoría de los casos, no será siquiera necesario recurrir a los ejercicios: las insuficiencias desaparecerán por sí mismas por la aplicación de los principios generales de mi método que lleva consigo, homogéneamente, todos los elementos de la memoria.
5. APELAR A LA POTENCIA DE LOS MOTIVOS PENSAMIENTO
El interés que se pone en una cuestión anima la actividad intelectual y crea una condición receptiva que facilita en el más alto grado la asimilación y la retención. También conviene, antes de emprender el estudio de una materia, meditar sobre todos los motivos susceptibles de hacérnosla agradable. Esta meditación constituye la mejor forma de autosugestión para desarrollar la memoria (1). No existe en el conjunto de los conocimientos humanos teóricos o prácticos, rama alguna tan árida que no pueda hallarse en ella algún placer directo. Pero a falta de este último, recurrid a la oportunidad personal de vuestros estudios.
Examinad largamente este estudio. Representaos las ventajas del medio, si no podéis considerarlo como objetivo inmediato. Así asociaréis tan estrechamente la cuestión a vuestra ambición, a vuestro interés, a vuestro deseo de progreso, de superioridad o de beneficio, que no tardaréis en experimentar un deseo de asimilación que ayudarán considerablemente vuestro trabajo.
La objetivación mental, esa práctica de cultura psíquica recomendada en una de mis obras precedentes (2) como fuente de energía de resultados sorprendentes. Consiste en representarse mentalmente, bajo una forma concreta, todas las consecuencias de una acción o de una omisión, del control de sí mismo o de la negligencia, de la actividad aplicada y metódica o de la ociosidad. Observad que cuando falta la energía de la voluntad, invariablemente se descubre la causa, y que reside, ya sea en una mala higiene que intoxica el cerebro o en una insuficiencia de las operaciones del juicio. Esta última consiste esencialmente en que todos los elementos (los motivos) del juicio escapan en parte a la conciencia y no despiertan una atención lo bastante sostenida. Alguien ha dicho “El hombre que no actúa de acuerdo con lo que piensa, piensa incompletamente”. La objetivación obliga al espíritu a que “piense completamente”. Ella impone poco a poco sus conclusiones a la inercia.
6. DETERMINARSE AL ESFUERZO
Las obras sobre la educación mental, que eran casi desconocidas hace un cuarto de siglo, han adquirido un lugar cada vez más importante en el ramo editorial. Las primeras; traducidas del inglés, procedían de Norteamérica o de Inglaterra. Su éxito fue inmenso. Después se escribieron ya en el Continente europeo en número considerable que ha vulgarizado la cultura psíquica y ha encontrado adeptos para ella en todas
(1) La autosugestión convenientemente ejecutada permite obtener todas las modificaciones posibles del carácter. Se podrá, en caso deseado poseer a fondo la teoría y la práctica de ese medio de acción, recurriendo para ello al “Método Científico Moderno de Magnetismo Hipnotismo y Sugestión” y al tratado “El poder de la Voluntad”, del mismo autor.
(2) “El Poder de la Voluntad, sobre si mismo, sobre los demás, sobre el Destino”, del mismo autor.
las clases de la sociedad. Hasta en las regiones agrarias más alejadas, se han interesado profundamente en el desarrollo de la personalidad. Ese progreso, del que los psiquistas de las diferentes escuelas pueden mostrarse sinceramente satisfechos, sin embargo deja lamentar, en el mayor número de los casos, la
insuficiencia de aplicación práctica de los principios cuya difusión viene asegurada por el libro. Por lo
general, el lector seducido por las posibilidades prometidas, compra la obra, la estudia, se adhiere sin restricciones a la tesis que en ella encuentra, comprende perfectamente la necesidad y la eficacia de los principios que de ella se desprenden, y se decide…a procurarse otro tratado para conseguir nuevas nociones.
Así se constituye una interesante biblioteca, a cuyas diversas unidades consagran a veces algún momento de ocio; pero raramente sabe librarse del vampirismo o tiranía de las costumbres arraigadas en él, para aplicar prácticamente las instrucciones de autocultura psíquica. Y a pesar de eso, cada cual se imagina que está algo transformado. Algunos hasta creen sinceramente haber obtenido resultados. En efecto, la autosugestión inconsciente operada por la lectura pura y simple del género de literatura de que estoy ocupándome, trae consigo a veces, automáticamente, algunas modificaciones más o menos importantes en la manera de actuar. Pero la totalidad y la plenitud de los resultados que preconizan los apóstoles del poder modificador del hombre sobre sí mismo, no podrán gratificar espontáneamente a nadie. Vosotros, los que me leéis, cuidaos de no caer en la trampa del engranaje rutinario. Determinaos a poner en
práctica las indicaciones que seguirán,. Empezad así que las hayáis leído. Juzgad, mediante una
experiencia propia leal, la eficacia de mi método, y obtendréis rápidamente una perfecta memoria,
PARTE PRÁCTICA
CAPITULO IV
1. Ejercicio fundamental indispensable. —
2. Ejercicios que desarrollan a la vez la agudeza sensorial y la atención.
3, Cultivo de la agudeza emocional. — 4. Algunas palabras sobre el sentido estético. —
5. Ejercicios de análisis. — 6. Ejercicios de síntesis. —
7. Cómo se reeducan la noción del tiempo y el sentido topográfico.
1. EJERCICIO FUNDAMENTAL INDISPENSABLE
Elegid tres temas de meditación bien distintos: por ejemplo, una cuestión personal, un asunto profesional y un tema filosófico. Colocad ante vosotros vuestro reloj y mirad la hora. Aplicaos inmediatamente a pensar tan sólo en la primera de vuestras tres cuestiones. Concededle toda vuestra atención. Si no sois ya, en cierta medida, dueños de vuestra ideación, bien pronto os sorprenderéis al veros metidos en un incidente que os alejará más o menos del tema. No os desaniméis: conducid de nuevo una, dos, veinte veces vuestra conciencia a la cuestión elegida y continuad así durante diez minutos. Pasad en seguida, bruscamente, a la segunda cuestión y, en fin, diez minutos después, a la tercera. Cuanto más dificultoso encontréis ese trabajo, más os convendrá obstinaros en él. Cuando hayáis logrado la perfección, elegid temas áridos totalmente ausentes hasta entonces de vuestras preocupaciones y buscad ideas que se relacionen con ellos, Os quedaréis sorprendidos del gran número de ellas que encontrareis.
He aquí una variante del ejercicio precedente, la denominada “Ejercicio de los ficheros cerebrales”. Sólo con éste se modifica seriamente la memoria. Es debido al doctor Gastón Durville, quien lo expone así en su obra La cure naturiste:
“Durante cinco minutos, reloj en mano, pensad en un tema dado, por ejemplo, en vuestro último paseo; en esos cinco minutos, y sin tolerar un pensamiento extraño, reved, mentalmente, lo que hayáis visto, observado, hecho...; no dejéis que se entremezclen los recuerdos de una manera desordenada: en vuestra exposición mental debe haber orden, método; cada hecho deberá estar en su lugar y con su verdadero valor.
Después de cinco minutos, cerrad bruscamente el “fichero Paseo”, es decir, arrojad de pronto lejos de vosotros todo pensamiento concerniente al paseo y “echad mano de otro fichero”; pensad, por ejemplo, en vuestro último trabajo intelectual o manual; durante cinco minutos exactamente, reloj en mano, repetíos bruscamente lo que habéis logrado en ese último trabajo, en qué ha consistido, cómo lo habéis llevado a cabo, etc... Después, cerrad el “fichero Trabajo” bruscamente y recurrid a otro; por ejemplo, el de la mejora de vuestro carácter, y durante cinco minutos no penséis más que en los progresos adquiridos, en los que os quedan por hacer, en las resoluciones tomadas y por tomar, etcétera.
“Después, interrumpid la experiencia. Quince minutos en total, por día, son suficientes.
“Cuando os hayáis habituado a manejar los “ficheros cerebrales”, inmediatamente sabréis pensar en lo qué os gusta, en lo que os es inútil, en lo que os es agradable. Seréis vosotros los que ordenaréis vuestro pensamiento en vez de ser gobernado éste por las circunstancias: sabréis evitar el ser invadido por ideas parásitas, obsesionantes o por lo menos inútiles.
“Sabréis librar vuestro pensamiento de las trabas que conturban la vida de tantas personas: habréis adquirido el arte de saber trabajar cuando queráis hacerlo, el arte de descansar cuando deseáis detener vuestra máquina cerebral, el arte de dormir por la noche a pesar de vuestras preocupaciones, y el arte de arreglar las cuestiones difíciles cuando sea necesario”.
2. EJERCICIOS QUE DESARROLLAN A LA VEZ LA AGUDEZA SENSORIAL Y LA ATENCION