EDUCACIÒN
RECUADRO 3 1. LA NATURALEZA DE LA DELINCUENCIA JUVENIL
LA IMAGEN DE LAS ESTADISTICAS OFICIALES
Los menores(por debajo de los 18
años) representan aproximadamente entre un cuarto
y un tercio de las infracciones en F Inglaterra, Gales y Estados Unidos, aunque los índices varían en todo el mundo. Los estudios de victimas confirman esté hallazgo. En Estados Unidos, el 28% de los
«delitos personales» fueron atribuidos a menores.
La mayoría de ,los delitos cometidos por menores guardan relaciòn con el robo. Estudios basados en estadísticas oficiales de los Países Bajos, el Reino Unido y Suecia han mostrado todo ellos que aproximadamente la mitad de las infracciones cometidas por jóvenes varones eran tipos de robo (excluyendo robos con escalamiento).
Solo una pequeña proporción de los delitos cometidos por menores son violentos segùn las estadísticas oficiales del Reino Unido, la violencia represento el 10% de la delincuencia juvenil en 1995. En Estados Unidos, las victimas pensaban que los menores eran responsables de aproximadamente, unode cada cinco delitos violentos, en comparación con uno de cada cuatro de todos los delitos. Los datos de detenciones hacen pensar que esta proporción puede ser
incluso másbaja.
• Los hombres jóvenes cometen una mayor proporción de delitos juveniles que las mujeres jóvenes.
En el Reino unido, en 1995, los hombres jóvenes de menos de 21 años representaron El 80% de los delitos registradas resueltos y atribuidos a este grupo de edad Los índices varían según los paices.
Los delitos que implica un arma varían grandemente de unos países a otros. Los que implican ùn arma de fuego son 15 veces más numerosos en Estados Unidos que en Europa.
La edad culminante de la delincuencia es habitualmente el final de la adolescencia. En el Reino Unido, por ejemplo las estadísticas oficiales sugieren que es de 18 años para los chicos y de 15 para las chicas. Estos indices difieren segùn los paìses.
En esta sección revisamos cuestiones relativas al predominio de las infracciones tal como se describe en este tipo de estudio, y tratamos así mismo cuestiones de metodología. (Las tendencias temporales en los datos de autoinformes se examinan en el Capitulo 4, en el que se consideran las tendencias de larga duración.) Los estudios basados de autoinformes aspiran habitualmente a registrar actos no personales y sin victimas, así como las formas más corrientes de delincuencia, y a hacer use de la información que se tiene de los antecedentes de los encuestados.
La metodología empleada en estos
estudios da habitualmente a los encuestados una lista estándar de actividades delictivas especificadas. Estas se pueden presentar como preguntas de una encuesta o como un cuestionario para rellenar. Algunos estudios recientes han experimentado con nuevas tecnologías sofisticadas como laptops de los encues- tados, donde los datos son, introducidos directamente por el sujeto (Ramsay y Percy, 1996). La conclusión de Rutter y Giller (1983) que, a pesar de estar abiertos a diversos márgenes de error como variaciones en la memoria y la sinceridad, los métodos basados en autoinformes más eran generalmente fiables y validos ha recibido el apoyo de trabajos más recientes (Junger-Tas, 1994a; Junger-Tas y Marshall, en prensa). Como parte de un estudio internacional sobre la delincuencia autoinformada (EIDA), Junger-Tas y sus colegas dirigieron un estudio piloto que incluía pruebas de fiabilidad, repitiendo preguntas anteriores al final de una entrevista. La coherencia interna de las respuestas a seis preguntas abarcaba de aproximadamente el. 90%-al 75% o los niveles más bajos de fiabilidad guardaban relación con sucesos delincuencia superior como hurtos en tiendas. Diversas naciones participantes también dirigieron pruebas indirectas de validez, comparando los, resultados con otros estudios nacionales o con datos oficiales general, los resultados de diferentes fuentes que se basaban en establecer un orden jerárquico de infracciones mostraban una semejanza sustancial. En un estudio aparte, Junger- Tas calculò que el 11.5% de los entrevistados dieron respuestas contradictorias (Junger-Tas y block
1998).con frecuencia, la validez supone más un problema que la fiabilidad pesar de expresar confianza en la fiabilidad de sus mediciones, el EIDA (Junger-Tas, 1994a) identifica algunas cuestiones relativas a validez no explicadas y potencialmente problemáticas. Una de ellas tenia que ver con los autoinformes de las minorías etnicas. En tres países participantes en el estudio. (Suiza, Inglaterra y Gales y los Países Bajos)se encontró con que las minorías étnicas informaban de menos actos delictivos que sus contrapartidas nacionales, pero no se disponía de datos de detenciones policiales ni condenas que comprobaran estos resultados. Se han encontrado estas discrepancias en anteriores estudios basados en autoinformes de Estados Unidos (vease Huizinga y Ellìott, 1986), aunque las variadas razones aducidas para esta ìnfrainformaciòn no son en modo alguno coherentes tendencias del entrevistador, sentimientos de discriminación que llevan a los encuestados a reservarse información sobre la delincuencia, fracaso escolar y factores socioeconómicos. Klein (1994) observo otros problemas habituales en los datos procedentes de autoinformes, en especial la cuestión de informar en exceso de los delitos menores y de infrainformar de los graves. Loeber y Waller (1988) suscitaron la cuestión de la importancia del número de categorías de respuestas en los cuestionarios de los autoinformes, que manipulan sistemáticamente los resul- tados. En concreto sugirieron que las pruebas que demuestran que la delincuencia general era más corriente que la especializada pueden ser una deducción errónea metodológica del número de
categorías de respuestas que se permiten a los encuestados. También se ha planteado el muestreo corno una seria cuestión metodológica en los estudios basados en autoinformes. Se ha argu- mentado que la pujanza de estos estudios ha conducido a centrar cada vez más la atención en poblaciones representativas de jóvenes en lugar de en el estudio de delincuentes oficiales y graves, no logrando así garantizar que se incluyan para su análisis por separado bastantes de los delincuentes más persistentes. Un estudio empírico de los efectos de la extracción de muestra representativas y seleccionadas (Cernkovich, Jordano y Pugh, 1985) concluia,que,con objeto de determinar si hay unas variables concretas que distingan a delincuentes màs crónicos del resto de la poblaciòn infractora y no infractora,los estudios basados en autoinformes deben ampliarse para que incluyan a los encarcelados u otras muestras definìdas oficialmente. Parece también que incluso si los muestreos son adecuados los autoinformes puede no resultar muy satisfactorios con respecto al nùcleo duro de la delincuencia porque hay una tendencia a minimizar: o informando del delito como si fuese menos grave de lo que en realidad fue o situándolo más lejano en el tiempo de cuando realmente ocurrio.Además, el bajo Indice de respuestas es ùn problema en muchos estudios de autoinformes.
A pesar de estas importantes dificultades metodològicas,sigue siendo cierto que, como dedujeron Rutter y Giller (1983), los resultados de una serie de estudios coinciden sobre todo en términos de la
frecuencia de los actos delictivos y de las diferencias entre infractores y no infractores. Para el EIDA se recogieron datos en trece países. Con objeto de maximizar la comparabilidad, solo se compararon unas pocas categorías delictivas fundamentales y solo se aceptaron datos descriptivos sobre predominio y frecuencia. En ùn intento preliminar de comparar a los países colaboradores, en los que los estudios se basaban en nuestros aleatorios nacionales (o similares), junger-Tas (.1994a)
Figura3.2. Índices de predominio en cinco países; resultados del EIDA (porcentaje de los que han cometido un delito en los últimos doce meses frente a toda la vida). Fuente: J. Junger- Tas, Delinquent Behaviour among Young People in the Western- World, 1994 (con permiso de Kugler Publications).
Comparo a los Países Bajos, Inglaterra y Gales, Portugal, Suiza y España en
términos de índices de delincuencia, excluyendo delitos propios de la condición.
Los resultados de quienes habían cometido ùn delito alguna vez y de quienes lo habían hecho en los ùltimos doce meses se comparan en la Figura 3.2, que confirma el resultado anterior se el cual la gran mayoría de los jóvenes admitían haber cometido actor delictivos en alguna ocasión.
Los análisis preliminares hacen pensar que los índices de delitos violentos y contra la propiedad cometidos en los ùltìmos doce meses eran aproximadamente similares en estos cinco países; los delitos contra la propiedad oscilaban del 16% al 33.5% y la violencia del 15.8% al 34.5%, aunque una interpretación alternativa podría llamar la atención sobre el hecho de que los índices de algunos países eran más del doble que los de otros para estos tipos de delitos. Los delitos relacionados con drogas oscilaban del 11.3% al 25.9%; cuando se incluyeron en las comparaciones muestreos de siete ciudades se encontró que los índices eran relativamente bajos en los países del sur de Europa y más altos en Europa occi- dental y Estados Unidos. La categoría de la violencia, sin embargo, incluía una variedad de actos como portar ùn arma ofensiva (un bate de béisbol o un cuchillo), el vandalismo, la violencia contra las propiedades o la violencia interpersonal.
Los índices de lesiones reales infligidas a alguien con un arma fueron muy inferiores, oscilando entre el 0.7% en Suiza y el 1.4%
en Inglaterra y Gales.
Las cifras de Estados Unidos, sin embargo, son mucho más elevadas (Elliott, 1994).
En el Estudio Nacional sobre la Juventud, el predominio acumulativo hasta los 27
años de edad para delitos violentos graves (DVG) fue del 42% para los varones, y el 16% para las mujeres. En dos tercios de los incidentes de DVG registrados se preciso que la victima recibiera algún tratamiento medico. Los hallazgos suscitan tres importantes cuestiones metodológicas. En primer lugar, el predominio anual era muy inferior (por debajo del 10%) al predominio acu- mulativo. En segundo lugar es muy posible que las respuestas de los individuos que han participado en múltiples oleadas de un estudio longitudinal no sean comparables con las de los que aparecen por primera vez en un único estudio de muestras representativas. En tercer lugar, el índice varia mucho según la edad: por debajo del 0.5% hasta los 11 años, asciende hasta el 5% a los 16 y cae al 1% o menos en los 20 (con las cifras para ambos sexos combinadas).Casi toda la delincuencia violenta grave se inicia antes de los 20 años de edad. Reflejando las pautas ya identificadas en las estadísticas oficiales, los jóvenes varones de todos los países participantes del estudio internacional basado en autoinformes admitieron haber cometido más delitos que las mujeres jóvenes, en un índice que variaba dependiendo del tipo de infracción. Para los delitos contra la propiedad, la proporción varón: mujer era en torno a 1.5: 1 o 2: 1; para los delitos violentos era más alto, oscilando desde aproximadamente 2 : 1 a 4 : 1. Cuanto más grave era la infracción, en general, màs elevada era la proporción entre los sexos. Se han publicado también datos más detallados de paìses participantes en
el EIDA, incluyendo un informe completo sobre la participación de Inglaterra y Gales (Graham y Bowling,1995).Otros estudios nacionales y menores basados en autoinformes tienden a confirmar el modelo general de resultados del EIDA. La medición de los autoinformes utilizada en el EIDA se desarrollo apartir de la utilizada en investigaciones anteriores, y se diseño especialmente para medir la delincuencia oficial en comparación con las estadísticas oficiales Se pregunto a los encuestados si (y en caso afirmativo con cuanta frecuencia) habían participado en una conducta delictiva (vease, p. ej., Elliott - Huizinga y Morse, 1986). Están también disponibles los resultados del Estudio de la Conducta Sanitaria Adolescente, realizado entre alumnos de escuela superior mayores y menores de Colorado; se utilizo una escala de diez elementos para medir la conducta antisocial (Donovan Jessor Costa 1988); Kandel, Simcha fagan y Davies (1986) siguieron una muestra de
alumnos de escuela superior (pero con un índice de bajas más
elevado) en el estado de Nueva York, haciendo un seguimiento de su consumo de drogas y actos delictivos.
Otros estudios basados en autoinformes incluyen más análisis procedentes del Estudio de Cambridge (Farrington, 1995a), el estudio de Dunedin (Moffitt, 1990a), datos de los Países Bajos junger- Tas y Block, 1988) y del Estudio de Pittsburgh sobre los jóvenes que ha sido el único que ha incluido autoinformes de niños más pequeños concretamente de 7 años (Farrington et al. 1990a).
Todos estos estudios confirman que más de
la mitad de los varones jóvenes se han visto implicados en algún tipo de conducta delictiva en (e1 54% en Junger-Tas y Block, 1988; el 55% en Graham y Bowling, 1995; el 96% en Farrington,1989). Para las mujeres jóvenes, se ha encontrado que entre un cuarto y un tercio (los cálculos se hayan habitualmente entre el 20% y el 35%) se han visto implicadas en actos delictivos (el 24% en Junger-Tas y Block, 1988; el 31% en. Graham y Bowling, 1989). Las comparaciones entre estudios son evidentemente difíciles a causa de las variaciones en las definiciones de los delitos y en las edades que se abarcan. Es de notar que los cálculos de participación de mujeres jóvenes son mucho más elevados que lo que sugerirían las estadísticas oficiales, y en consecuencia los cálculos de la proporción de delitos entre hombres y mujeres son más bajos cuando se basan en los estudios de autoinformes.
Esto bien podría deberse a que los estudios de auto informes tienen tendencia a centrarse en infracciones de carácter menor y no tienen tanto éxito con infracto- res más frecuentes (Cernkovich et al., 1985). Los delitos cometidos por mujeres jóvenes se han registrado como de una naturaleza más limitada (siendo robos en una proporción superior, lo cual cor firman también las estadísticas oficiales), menos frecuentes, menos persistentes y menos graves (Junger-Tas y Block, 1988).
Ya se han mencionado los problemas de validez externa, pero, cuando los estudios han incluido tanto datos oficiales como de autoinformes, los peores delincuentes según los registros oficiales son habi- tualmente los que en los autoinformes se presentan como los que desarrollan mayor
actividad delictiva (Farrington, 1997a;
Huizinga y Elliott, 1986). En el Estudio de Cambridge, el 11% de los varones de edades comprendidas entre 15 y 18 años admitieron haber cometido robos con escalamiento; el 62% de ellos fueron asimismo condenados por robos con escalamiento según los archivos oficiales.
Se ha afirmado también que los correlatos de ambos tipos de registro son muy semejantes. Sin embargo, la relación entre los registros de los autoinformes y los oficiales no es simplemente cuestión de que en los autoinformes se hagan unos cálculos más elevados de delitos. Como ya hemos observado, en los autoinformes de sus actividades delictivas los individuos tienden a sobrestimar algunos delitos y a subestimar otros (Tarling, 1993). Los registros varían también dependiendo de la edad: Farrington (1989)` encontró que una media de 46% de todos los delitos admitidos en el presente entre las edades de 10 y 25 años eran negados retrospectivamente a los 32. Dada la coincidencia con abuso de sustancias, consumo de alcohol y bajos niveles de escolarización, no es improbable que haya problemas de memoria, especialmente en los delincuentes más prolíficos.
En el Recuadro 3.2 se resumen aspectos y hallazgos de estudios basados en autoinformes.
VARIACIONES EN EL PROCESAMIENTO DE LOS DELITOS
Para entender la variación entre los resultados de los autoinformes y los datos oficiales es fundamental la investigación de las variaciones en el procesamiento de los
delitos. Rutter y Giller (1983) subrayaron varias etapas en el procesamiento de la conducta criminal:
(a) Decisión legal de la conducta como delictiva
(b) Reconocimiento de que se ha cometido un acto delictivo;
(c) Decisión de denunciarlo a las autoridades;
(d) Decisión policial sobre que hacer con el informe;
(e) Identificación de ùn sospechoso;
(f) Decisión de como ocuparse del sospechoso;
(g) Decisiones sentenciadoras.
La Figura 3.3 ilustra la enorme discrecionalidad que introducen los diferentes individuos y autoridades en las, diversas etapas, que median entre la comisión y la sentencia final de los delitos.
¿Como y por que surgen variaciones en las secuencias del procedimiento? Rutter Y Giller (1983) examinaron los testimonios existen las pasta comienzos de los años ochenta. Con el fin de actualizarlas, hemos dividido las etapas en tres bloques: (1) reconocimiento y denuncia (etapas a-c), (2) procedimientos policiales (etapas d-f) y (3); procedimientos judiciales (etapa g).
RECONOCIMIENTO Y DENUNCIA DE UN DELITO
Solo determinadas conductas son reconocidas por la ley como delitos solo algunas de estas son reconocidas después por el publico como a mediados de los años ochenta en el reino Unido variaron considerablemente (Evans y Wilkinson,
1990; Laycock y Tarling, 1985). Las políticas no suponen por lo tanto iguales practicas; las directivas globales pueden ser puestas en funcionamiento en una diversidad de maneras que pueden tener poca semejanza entre si. Es posible que los hábitos en zonas muy localizadas de diferentes países se parezcan entre si más de lo que se parecen a sus propias políticas nacionales. Finalmente, las respuestas a distintos tipos de infractores o a diferentes infracciones pueden variar, con algunos tipos de infracciones consideradas como más merecedoras que otras de opciones propias de la previsión social y diferentes de la custodia (p. ej., en Estados Unidos se ha tendido a tratar a los autores de delitos relacionados con el alcohol y las drogas de manera algo diferente; Schneider, 1988).
Como han señalado Bazemore y Umbreit (1995), las ciudades americanas son claramente distintas de las europeas y de los Antípodas, y quizás sean necesarias respuestas distintas. (Vease Recuadro 4.2.) El análisis de la interacción entre política y practica de la justicia penal es altamente problemático, sea sobre una base nacional o internacional. Poco se sabe acerca de las relaciones causales entre políticas y practicas o acerca de la influencia que puedan tener las variable que intervienen.
En Inglaterra y Gales, por ejemplo, la caída en las cifras de delitos en los años ochenta prefigura las políticas oficiales de desviación introducidas posteriormente (Morris y Giller, 1987;
Rutherford,1992 a).Factores externos como cambios demográficos han contribuido asimismo al cambio, además de las iniciativas en cuanto a políticas o a practicas (Pratt, 1985; Riley, 1-986).
TENDENCIAS EN LOS TRASTORNOS PSICOSOCIÀLES DE LOS JÓVENES
aumento general de los índices delictivos en las pasadas cinco decas ha sido acompañado de aumentos en otros diversos trastornos psicosociales y conductas problemáticas entre los adolescentes, que son relevantes pare las deducciones acerca de la naturaleza de estos cambios de conducta en jóvenes.
En una colección única de trabajos, Rutter y Smith (1995) presentaron los resultados de un grupo académico europeo de estudio originariamente formado para establecer si determinados tipos de trastornos se habían incrementado entre los jóvenes (de edades comprendidas entre los 16 y los 26 ,años) en los últimos cincuenta años.
RECUADRO 4.2. RELACIÒN DE LA