EDUCACIÒN
RECUADRO 4.2. RELACIÒN DE LA POLITICA PENAL CON LAS
1990; Laycock y Tarling, 1985). Las políticas no suponen por lo tanto iguales practicas; las directivas globales pueden ser puestas en funcionamiento en una diversidad de maneras que pueden tener poca semejanza entre si. Es posible que los hábitos en zonas muy localizadas de diferentes países se parezcan entre si más de lo que se parecen a sus propias políticas nacionales. Finalmente, las respuestas a distintos tipos de infractores o a diferentes infracciones pueden variar, con algunos tipos de infracciones consideradas como más merecedoras que otras de opciones propias de la previsión social y diferentes de la custodia (p. ej., en Estados Unidos se ha tendido a tratar a los autores de delitos relacionados con el alcohol y las drogas de manera algo diferente; Schneider, 1988).
Como han señalado Bazemore y Umbreit (1995), las ciudades americanas son claramente distintas de las europeas y de los Antípodas, y quizás sean necesarias respuestas distintas. (Vease Recuadro 4.2.) El análisis de la interacción entre política y practica de la justicia penal es altamente problemático, sea sobre una base nacional o internacional. Poco se sabe acerca de las relaciones causales entre políticas y practicas o acerca de la influencia que puedan tener las variable que intervienen.
En Inglaterra y Gales, por ejemplo, la caída en las cifras de delitos en los años ochenta prefigura las políticas oficiales de desviación introducidas posteriormente (Morris y Giller, 1987;
Rutherford,1992 a).Factores externos como cambios demográficos han contribuido asimismo al cambio, además de las iniciativas en cuanto a políticas o a practicas (Pratt, 1985; Riley, 1-986).
TENDENCIAS EN LOS TRASTORNOS PSICOSOCIÀLES DE LOS JÓVENES
aumento general de los índices delictivos en las pasadas cinco decas ha sido acompañado de aumentos en otros diversos trastornos psicosociales y conductas problemáticas entre los adolescentes, que son relevantes pare las deducciones acerca de la naturaleza de estos cambios de conducta en jóvenes.
En una colección única de trabajos, Rutter y Smith (1995) presentaron los resultados de un grupo académico europeo de estudio originariamente formado para establecer si determinados tipos de trastornos se habían incrementado entre los jóvenes (de edades comprendidas entre los 16 y los 26 ,años) en los últimos cincuenta años.
RECUADRO 4.2. RELACIÒN DE LA
• En el Reino Unido, las cifras generales de la delincuencia aumentaron en la década de 1980, pero hubo aparentes descensos en la delincuencia juvenil y descensos reales en la custodia juvenil. Esta fue una década de experimentación con tácticas de desviación para mantener a los infractores jóvenes fuera del sistema de justicia penal.
Su conclusión fue abrumadoramente afirmativa el estudio mostró ùn marcado aumento en una serie de conductas problemáticas. Las conclusiones del grupo de estudio para cada tipo diferente de trastorno considerado aparecen resumidas en la Tabla 4.3 citándose referencias para cada dirección de las tendencias.
Los hallazgos más sorprendentes .fueron los relacionados con el aumento en la delincuencia, que ya hemos examinado Varios de los trastornos seleccionados incluyendo la delincuencia hasta cierto, punto, reflejaron un gran aumento hasta la década de 1980 y una estabilización después. Así sucedió con el-consumo de alcohol, que de ver un marcado aumento desde 1950 hasta 1980, época en la que - llego a una meseta (Silbereisen et al., 1995). En este punto hubo en los índices menos variación sigue países de lo que se había observado en la parte anterior del siglo; los índices en las naciones más grandes e industrializadas se van hacienda más semejantes entre si ". de manera similar, el mismo periodo de treinta años fue testigo de un enorme aumento en el uso de drogas ilegales, manifestado sobre todo en los estados Unidos.
TRANSTORNO DIRECCION DE LA TENDENCIA REFERENCIAS Depresión Marcado aumento en grupos de Fombonne (1995a)
nacimiento reciente, aunque las
dimensiones del cambio no se
pueden estimar
Suicidio Aumento en especial entre varones Diekstra Kienhorst jóvenes en la década de 1970 y de Wilde 1995
patrón menos claro para las mujeres
Abuso de alcohol Marcado aumento del uso Silbereisen, Robins
en 1950-1980, posiblemente y Rutter 1995
seguido de una meseta: las pautas
para el abuso son menos claras
Abuso de drogas Marcado aumento de 1950-1980 Instituto para el estudio posiblemente seguido de una de la Drogodependencia meseta; los datos son menos claros 1994 Silbereisen et al 1995
Delincuencia Marcado aumento hasta los últimos Ferrington 1996 Smith 1995 años en que el patrón internacional Wilson y Herrnstein 1985
es menos claro
Anorexia Falta de acuerdo entre estudios Fombonne 1995b
En Europa, el aumento del uso de drogas ha tenido lugar quizás algo más tarde y tal vez no se haya estabilizado en la misma medida una serie de estudios epidemiológicos ha mostrado un aumento paralelo;(pero menor) de la depresión y las dificultades afectivas relación con ella desde la Segunda Guerra Mundial; no hay datos disponibles antes de este termino (Fombonne, 1995a). Las tasas de suicidios entre los jóvenes (de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años) han aumentado, aunque es limitado lo que se sabe del patrón general de aumento de los trastornos depresivos. Se sabe que el incremento de suicidios ha estado limitado
a adolescentes y adultos jóvenes y que los índices son más elevados entre varones que en mujeres, típicamente en un factor de 2.5 a 3. De nuevo se percibe como que las tasas de suicidios se hayan estabilizado ùn tanto desde la década de 1980 (Diekstra et al., 1995).
Los trastornos de la alimentación han dejado ver probablemente un aumento, aunque esto es menos claro que en otros trastornos psicosociales (Fombonne, 1995b). Tanto la anorexia: nerviosa como:, bulimia nerviosa son más corrientes en las mujeres. La anorexia alcanza su culminación en una época anterior de la adolescencia que la bulimia y ambas se hallan más reconocidas ahora, lo cual explica vez en parte el aumento de los casos de los que se informa.
Dentro de este patrón general había diferencias en el predominio de los
trastornos entre varones y entre mujeres y entre los diferentes países. Los problemas tendían a empezar a aumentar en frecuencia entre la década de 1950 y mediados de la de 1970, época en que el desempleo era bajo y los niveles de vida se estaban elevando, y muestran algunos signos de estabilización conforme se aproxima el final del siglo. Esto suscita una serie de preguntas relativas a las causas de esto incrementos de los trastornos psicosociales, cuestiones de las que ocuparan las dos secciones siguientes.
LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO SOCIAL Y ECONOMICO DE LOS JÓVENES
Indudablemente las vidas y experiencias normativas de los adolescentes han cambiado espectacularmente en las ultimas décadas del siglo xx .'' evidente que hay una, gran variación en lo que ocurre a distintos adolescentes en distintas culturas, pero, algunos cambios globales (especialmente en Europa y Norteamérica) proporcionan unos antecedentes para entender los cambios que se dan en las tendencias históricas de la delincuencia. En el nivel más simple, el número de jóvenes y la proporción de la población general que han cambiado. Las tendencias más son enteramente sencillas, pero es probable que sea cual fuere el camino que tomen en los diferentes países los cambios sean importantes para las experiencias de los jóvenes de dos de los autores de este libro fuimos responsables de un trabajo hasta cierto punto similar hace unos
quince años (Rutter y Gìller, 1983) y es necesario preguntarse por que se precisa un nuevo estudio. Dominan tres consideraciones: un gran aumento de los hallazgos producto de la investigación, unos enfoques cambiantes en la teoría y un modelo diferente de las cuestiones derivadas de la política y la practica.
Desde el estudio de 1983 ha habido un considerable aumento del conocimiento empírico relativo a la naturaleza de la delincuencia, sus causas, los factores que influyen en su perpetración en la vida adulta y su prevención y tratamiento. Las teorías del delito basadas en la idea de una sola serie unificadora de factores causales han caído en descrédito, y cada vez se ha prestado mayor atención a los orígenes de las diferencias individuales en cuanto a responsabilidad por la conducta antisocial y a las diferencias principales en los índices de delincuencia a lo largo del tiempo y entre grupos, definidos ya desde el punto de vista del genero o la nacionalidad. Los porcentajes crecientes de delincuencia, los cambios legislativos, una creciente atención internacional hacia los derechos y necesidades de los jóvenes y la general preocupación por el homicidio infantil y los delitos sexuales cometidos por jóvenes han alterado el modelo de cuestiones relativas a la conducta antisocial en los jóvenes. En nuestro estudio hemos tratado de reflejar estos diversos cambios y responder a ellos.
Las conclusiones del estudio de 1983 fueron numerosas y de amplio alcance, incluyendo un programa implícito para una futura investigación. Nuestro enfoque general en esta puesta al día de nuestro campo ha sido tomar el trabajo
anterior como punto de partida y después evaluar la medida en la que la reciente investigación se ha sumado a la bibliografía anterior o la ha modificado, ha satisfecho las necesidades de la investigación que se han identificado o se ha ocupado de temas no tratados en el anterior estudio. No hemos revisado la investigación anterior a 1983, pero hemos resumido los hallazgos hasta el momento actual, incluyendo los nuevos testimonios en el marco general que proporcionaba el volumen anterior. Esto ha supuesto una nueva evaluación de las conclusiones originales, de modo que el estudio resultante es una actualización integrada con una cobertura más amplia y una serie de conceptos un tanto diferente, y no soladamente una revisión. Un punto fuerte clave del estudio anterior era su enfoque multidisciplinario, que reunía el punto de vista clínico, el social y el criminológico.
Sin embargo, el ámbito de la conducta antisocial. Era ya inmenso a fines de la década de 1970 y se ha extendido mucho desde entonces, de manera que ha habido que poner limites a nuestra cobertura bibliografiíta. Además de centrarnos en la investigación reciente, nos hemos concentrado en los hallazgos empíricos y en la investigación publicada en ingles.
Desde luego, los “hecho” o desnudos son de poca utilidad por si mismos. Para que tengan significado y sean de valor en la planificación de políticas o en la modificación de las practicas es preciso situarlos en un contexto social e integrarlos con referencia a la luz que arrojan sobre los meritos y deméritos de
hipótesis y teorías explicativas en competencia. Esto es lo que hemos tratado de hacer; nos hemos referido así a enfoques como la sociología feminista o la sociología de la desviación, o a practicas e instituciones sociales, en las que ofrecen ùn contexto útil. Sin embargo, el que nos centremos en hallazgos empíricos ha significado que no hemos intentado ofrecer una cobertura general de las perspectivas teóricas, ni una descripción muy detallada del contexto cultural, excepto en los casos en los que hay investigación empírica o al menos hipótesis que se puedan comprobar. De manera similar, no nos hemos basado en datos descriptivos, etnográficos o naturalistas, excepto donde tengan implicaciones para comprobar postulados o mecanismos. La manera en que se juzgo la investigación para su inclusión en el libro se describe en el siguiente capitulo, en el que - quedara claro que el enfoque que hemos adoptado afectar el equilibrio del contenido en investigación del libro pues los estudios que más a menudocumplen estos criterios han tendido a centrarse en aspectos individuales o psicosociales de la conducta antisocial más que en influencias más extensas, que alcanzan a toda la sociedad, aunque consideramos estas con cierto detalle en el Capitulo 8, además de volver sobre ellas en los Capítulos 11 y 12. Los datos, más limitados sobre factores sociales reflejan en parte las dificultades inherentes a la investigación de cuestiones más amplias;
còmo veremos, se necesitan todavía más datos empíricos en una serie de áreas sociológicas criticas.
El aumento de la cantidad y la calidad de la información sobre las infracciones cometidas por jóvenes a fines de la década de 1980 y comienzos de la de 1990 ha tenido lugar por tres vías principales: las estadísticas oficiales, los hallazgos de la investigación y el desarrollo de comparaciones internacionales. En primer lugar, ha habido importantes avances en las estadísticas oficiales sobre el delito.
Estas se están haciendo más amplias e incluyen informes de variadas fuentes. La Oficina de Estadística de Justicia de Estados Unidos ha dirigido desde 1973 un Estudio Nacional sobre Victimas de Delitos (National Crime Victìmization Study, NCVS), basado en entrevistas con aproximadamente 49.000 familias (Perkins et al., 1996). En 1982, el Ministerio del Interior de Inglaterra y Gales siguió el ejemplo e inicio el Estudio británico sobre la Delincuencia(British Crime Survey, BCS) para completar la Estadística delictiva, que se publica anualmente (vease, p. ej., Ministerio del Interior, 1996). En Inglaterra y Gales, el estudio de victimas consistió en entrevistas con más de 10.000.miembros de la población general. El BCS se repitió en 1984, 1988, 1992, 1994 y 1996
(veanse Mayhew, Aye Maung y firriees- Black, 1993; MirrIeess Black, Mayhew y Percy 1996). Además, el primer Estudio Internacional sobre la Delincuencia (International Crime Survey, ICS) se llevo a cabo en 1989 seguido de posteriores, barridos en 1992,1994 y 1996 y cubrió veinte países europeos y otros entre los que estaba Japón (Mayhew, 1993; Van Dijk, Mayhew y Killias, 1990).
Estos estudios de victimas aportan mucha
información, para el conocimiento de que delitos se han experimentado y en que medida se han denunciado; proporcionan también una fuente de comparación para las estadísticas generadas por la policía (Bottomley y Pease, 1993). Además, los estudios sobre el delito proporcionan un útil correctivo a las simplistas interpretaciones “políticas” de los ascensos (o descensos) en la delincuencia registrada. Los patrones resultantes diferetes muchas veces de las evidentes en las estadísticas policiales y de un país a otro. No es infrecuente que las tendencias que muestran los estudios de victimas sean menos espectaculares que las de las estadísticas oficiales, con menos cambios visibles en el tiempo. En el Reino Unido, por ejemplo, los índices de vandalismo se duplicaron en las estadísticas del Ministerio del Interior en la década de 1980, pero se mantuvieron constantes en el BCS. Contrariamente, el más reciente estudio sobre la delincuencia (Mìrrlees- Black ct al., 1996) mostró un aumento reciente de delitos que las estadísticas oficiales no reflejaban. Los análisis de estos tipos de comparaciones han significado que el entendimiento general de los puntos fuertes y débiles de las estadísticas ofíciales se ha desarrollado considerablemente y ha incluido una aclaración de las tendencias a las que están sujetas y su relación con el mundo real de la delincuencia (veanse, p.ej., Coleman y Moynìhan, 1996; Walker, 1995).
En segundo lugar, coincidiendo con estos acontecimientos en los registros oficiales, la bibliografía psiquiatrica, psicológica, sociológica y criminología han contribuido
de manera sustancial al desenmaraña- miento de tendencias y puntos de vista acerca de la conducta infractora de los adolescentes. La propia criminología se ha desarrollado de manera considerable en la pasada década, como también la psicología infantil, siendo ambas disciplinas relativamente nuevas hace pocas décadas.
Convergen en su creciente insistencia en la importancia de la investigación longitudinal para entender los patrones de evolución y para estudiar las cuestiones causales.
Tonry, Ohlin y Farrington (1991) defendieron con convicción la investigación longitudinal en criminología, al igual Rutter(1988)la psiquiatría infantil. Esto ha ido acompañado de avances en la aclaración de las maneras en que se pueden utilizar los datos longitudinales para comprobar hipótesis causales (Loeber y Farrington, 1994; Rutter, 1994a).Los estudios longitudinales importantes iniciados en los años, sesenta, setenta y ochenta han aportado una cantidad considerable de datos a la investigación de la conducta antisocial cuando los miembros del grupo entran en la adolescencia y en la edad adulta y las continuidades y discontinuidades en la conducta se documenta mejor Los hallazgos se relacionan con los orígenes de la conducta antisocial en el comportamiento preescolar (Campbell y Ewing, 1990; White ct al., 1990),'el trastorno hostil/desafiante (Lalmy y Loeber ;1994) y la hiperactividad (Rutter et al., 1997b), así como su desistimiento y persistencia en la edad adulta ;(Farrington, 1995a, b; Kerner, Weitekamp y Stelly, 1995; Kratzer y Hodgins, 1996 Ya; Quinton et al., 1993;
Rutter et al., 1994; Tracy, Wolfgaaag y
Figlio1990).El nuevo análisis de series de datos anteriores también ha contribuido de una manera destacada (Sampson y Laub, 1993).
Así como de avances generales de la bibliografía, los últimos doce años aproximadamente han sido testigo de progresos concretos en determinados temas relacionados directamente con la conducta antisocial. Entre dichos progresos están el reconocimiento de su heterogeneidad y los avances en la comprensión de los procesos causales. La investigación reciente ha sugerido maneras en las que se podían diferenciar variedades de delincuencia, por ejemplo, las asociadas con la hiperactividad de aparición temprana o las que aparecen en edad temprana en vez de en la adolescencia (p.
ej., Hinshaw et al., 1993; Moffit, 1993a, b;
Patterson y Yoerger, 1997). Además, ha llegado a haber una mejor apreciación de la necesidad de distinguir entre los procesos causales, en cierto modo variados, implicados en las diferencias individuales en la responsabilidad de desarrollar una conducta antisocial, los cambios a lo largo del tiempo en el nivel general de delincuencia, las variaciones de situación en las actividades delictivas y la persistencia/no persistencia de la conducta antisocial cuando los individuos se hacen adultos (Clarke y Cornìsh, 1,985; Loeber y Hay, 1994; Quinton et al., 1993; Rutter y Smith, 1995; Sampson y Laub, 1993).
Una mejor comprensión de los temas que subyacen a la con morbosidad (es decir, la coaparicion "de dos trastornos supuestamente separados) ha producido
también como resultado datos relevantes para la aclaración de la naturaleza y orígenes de la conducta antisocial. Se sabe más de las asociaciones entre “delito y abuso de sustancias" (alcohol y drogas ilegales), entre delito y dificultades en la lectura, entre delito y suicidio y entre trastorno de la conducta y depresión (Harrington et al., 1991; Hinshaw, 1992;
Ito, Miller y Pollock, 1996; Liebling, 1992;
Maughan et al., 1996; Moffitt, 1993b;
Robins y Rutter, 1990; Sumner y Parker, 1995).En tercer lugar, la creciente insistencia en la importancia de la perspectiva internacional (que se origina en fundamentales acontecimientos mundiales como los cambios en la Europa del Este, el fin de la guerra fría, el crecimiento de la Unión Europea, etc.) ha complicado el panorama y a la vez ha ayudado a asentar los acontecimientos nacionales en un contexto. Los estudios comparativos se están haciendo cada vez más ambiciosos y están extendiendo su mirada más allá del Reino Unido y Norteamérica, como muestra, por ejemplo, el primer Estudio Internacional de la Delincuencia (Van Dijk Ct al., 1990) y el primer estudio basado en autoinformes verdaderamente internacional
(Junger-Tas, 1994a).Surgen complicaciones a causa de las dificultades
que tiene el tratar de comparar las tendencias subyacentes de la conducta antisocial en diferentes jurisdicciones y culturas. Por estas razones, uno de los participantes en el estudio internacional basado en autoinformes ha expresado dudas sobre la validez de las conclusiones globales sacadas de datos de países concretos (Graham, 1994). Situar las estadísticas nacionales en el contexto
internacional es útil, sin embargo al poner de relieve destacados hallazgos con retos de algunos países ; como el muy bajo índice de delincuencia de Japón y el sor- prendente incremento de los homicidios cometidos por jóvenes en Estados Unidos (Kelley et al., 1997).
Junto a estos tres tipos principales de avances en los datos básicos, otras razones para llevar a cabo un estudio actualizado de la bibliografía sobre la delincuencia incluyen los cambios legislativos y sociales. Dado que este es un estudio de la conducta antisocial más que de los trastornos de la conducta en general, los cambios legislativos tienen efectos potencialmente amplios sobre la imagen general. Este es el caso desde el punto de vista de las definiciones y registros de la conducta antisocial y también desde los requerimientos legales relativos al tratamiento de los niños y los jóvenes. La década de 1980 presencio importantes progresos europeos e internacionales en la protección de los niños (p.ej. la Convención de las Naciones Unidas de 1989 sobre los Derechos del Niño), pero dichos avances han chocado en ocasiones con otras áreas de política nacional relacionadas con disposiciones que atañen a los infractores jóvenes: En el reino unido, los llamamientos a una política de juventud más integrada se han hecho cada vez más urgentes, y algunos críticos han indicado que los planteamientos segmentados de la delincuencia y la atención a los niños están basados más en la distribución de los servicios y la conveniencia política que en la necesidad social o económica y en los hallazgos de la investigación.
Los cambios en las tendencias sociales que indicaron la necesidad de un estudio actualizado de la conducta antisocial incluyendo transformaciones en los patrones familiares, cambios en la educación y el mercado de trabajo de los jóvenes, cambios en las experiencias nor- mativas de los jóvenes y cambios sociales internacionales como el crecimiento de la sociedad de la información y la eclosión de los multimedia. Los cambios más evidentes en los modelos familiares incluyen un espectacular aumento de los divorcios:
entre 1977 y 1992, tanto el número de divorcios como el número de hijos de menos de 16 años de parejas divorciadas se incrementaron de una manera drástica en el Reino Unido. El número de hijos de menos de 5 años afectados por el divorcio en 1992 fue de 57.000, casi dos tercios más elevado que en 1977 (Oficina Central de Estadística, 1994). En relación con esto se ha elevado también la proporción de padres y madres solos. En Estados Unidos, la proporción de niños que viven en fami- lias con dos progenitores disminuyo durante un periodo comparable del 85% al 73% (Snyder y Sickmund, 1995). Como veremos, la relevancia de estos cambios para la conducta antisocial ha sido tema de muchos debates tanto en la bibliografía académica como en los medios generales.
Sucesivos rastreos de diversos estudios nacionales han mostrado que, en este periodo, la proporción de jóvenes, que permanecen en el sistema educativo ha aumentado espectacularmente y que, en el Reino Unido y Estados Unidos, la secesión económica ha tenido consecuencias en el mercado de trabajo juvenil. Ahora es más probable que nunca en el pasado que los