56 Se ha presentado al sacerdote Benito Jerónimo Feijóo, principalmente por sus obras Teatro Crítico Universal y Cartas Eruditas y Curiosas, como expresión de esta ilustración: según Bravo Lira sus escritos muestran un interés por dar a conocer las verdades demostradas por el hombre que disipen los errores acerca de la naturaleza; por promover la educación en todas sus manifestaciones; y por someter a crítica tanto a las cosas mundanas como las eclesiásticas44.
Sin embargo, no se toma consideración que el propio autor no acepta someter a crítica a la revelación y que sostiene la preeminencia de las verdades sobrenaturales por sobre las establecidas por el hombre. Cabe tener presente además que en 1750 la Corona española dictó una real provisión por la cual se prohibía controvertir las explicaciones del sacerdote Feijóo.
A mi juicio la tesis de la Ilustración Católica Nacional (sostenida desde 1909 en adelante por Sebastián Merckl en Alemania, Marcelino Menéndez y Pelayo en España – 1945-, Paul Hazard –1946-, etc.), no es plenamente satisfactoria porque lo característico, lo que define a la Ilustración no es la crítica: el espíritu crítico se viene desarrollando en Europa desde fines del siglo XV, con ocasión del descubrimiento de América.
Lo esencial de la Ilustración es que en el análisis de la naturaleza, de la sociedad, del hombre, emplea un nuevo utillaje. Este análisis generó una crítica a la realidad social, política y económica, pero la novedad no está en la actitud sino en las bases epistemológicas desde la cual se plantea. El pensamiento ilustrado funda su posición crítica en la razón (unida a la experiencia) en cambio el pensamiento revisionista español e indiano basa su actitud crítica en la razón y la fe. La crítica que es propia de los ilustrados está referida a la razón misma y como una manera de distinguirse de los planteamientos de Renato Descartes: no aceptan dogmáticamente al poder ilimitado de la razón sino que admiten que la crítica a la razón muestra sus límites en la experiencia.
Cabe agregar que las reformas hispanas no están orientadas por la idea de progreso manejada por la ilustración. La libertad juega también en esta cuestión un papel central dado que el progreso se entiende como un efecto de la emancipación espiritual. Dice Burdeau que el contenido moral de la idea de progreso está dado por el hecho de sostener que la libertad aumenta el valor individual y por ende se mejora el rendimiento social.
Andrés Bello, 1986; de Alamiro de Avila Martel, “La universidad y los estudios superiores en Chile en la época de Carlos III”, en Fernando Campos Harriet, et. al, Estudios sobre la época de Carlos III en el Reino de Chile, Ediciones Universidad de Chile, Santiago, 1989.
44 . Eduardo Subirats en su obra La Ilustración Insuficiente, editorial Taurus, 1981; nos recuerda el caso del milagro de las flores: Feijóo negó la existencia de un milagro y demostró el error del bajo pueblo de atribuir a lo que no comprendía en sus causas naturales un carácter milagroso.
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A mayor abundamiento podemos señalar que el catolicismo ibérico constituye una contradicción con el duro cuestionamiento que el racionalismo hizo a la fe45, y que significó, en último término, la aparición de una nueva moral social autónoma de la religión.
Aquellos ilustrados que no fueron ateos fueron deístas (Voltaire, Rousseau, Jefferson, Franklin, etc.). Éstos admitían la existencia de un Dios creador del Universo pero también que no intervenía en los asuntos terrenales de los hombres, por lo tanto concluían que las oraciones y los sacramentos eran inútiles así como la organización eclesiástica.
Negaban la predestinación y afirmaban el libre albedrío46.
Según el ideario ilustrado, aún admitiendo la fe como fenómeno individual, y que una persona pueda subordinar su conciencia a la religión, a la Iglesia sólo le corresponde la salvación del alma pero no la construcción de la sociedad.
El racionalismo permitió que los liberales concibieran una ética individual. Porque el hombre es un ente provisto de razón, se puede tener confianza en su libertad. Porque es un ente racional ninguna autoridad puede serle impuesta sin haber sido sometida a su examen. Y porque es un ente dotado de razón, le atañe asimismo la consciente determinación de su conducta social... El hombre es libre porque es digno de serlo. Tal es la enseñanza fundamental. La moral social no queda excluida, pero es una moral que no se impone desde fuera. En sí mismo es donde descubre el individuo los preceptos morales y a su inteligencia le incumbe la responsabilidad de cuidar de su aplicación en la vida de la ciudad (Burdeau, 1983, pág. 95).
Calificar por otro lado a la Ilustración de nacional constituye una contradicción evidente con el ideario ilustrado que a lo patrio opone el cosmopolitismo.
45.- Denis Diderot (1713-1784) decía a este respecto: Osa liberarte del yugo de la religión... vuelve otra vez a la naturaleza... entrégate a la naturaleza, entrégate a la humanidad, entrégate a ti mismo y encontrarás por doquier flores en el sendero de la vida.
Sostuvo en su artículo « Pensées sur l´interprétation de la nature » : Nous avons trois moyens principaux:
L'observation de la nature, la réflexion et l'expérience. L'observation recueille les faits, la réflexion les combine, L'expérience vérifie le résultat de la combinaison. Il faut que l'observation de la nature soit assidue, que la réflexion soit profonde, et que l'expérience soit exacte. On voit rarement ces moyens réunis. Aussi les génies créateurs ne sont-ils pas communs ;... La véritable manière de philosopher, c'eût été et ce serait d'appliquer l'entendement à l'entendement; L'entendement et l'expérience aux sens; les sens à la nature; la nature à l'investigation des instruments; les instruments à la recherche et à la perfection des arts, qu'on jetterait au peuple pour lui apprendre à respecter la philosophie (véase http://abu.cnam.fr/cgi- bin/go?interpret2,101,120).
46.- Los filósofos ilustrados alemanes van a combatir la idea del pecado original. Se considera su existencia carente de lógica: No parece aceptable que el hombre haya perdido por la caída todas sus capacidades y que sólo con la ayuda de Dios vuelva a ser apto para acceder a la verdad y para hacer el bien. Además el pecado es un hecho del pensamiento, un deseo, una acción, está vinculado, en consecuencia, estrechamente a la conciencia del sujeto, por lo mismo no puede trasladarse de un sujeto a otro.
El rechazo al dogma del pecado original implicaba una mayor valoración de la libertad y de la dignidad humana.
58 Proponemos entonces hablar de una actitud reformista o más precisamente, de una actitud crítica dieciochesca. Lo que hacen españoles y americanos es rever su realidad cultural y económica, es decir; volver a ver o examinar con cuidado su entorno. Lo relevante es que esta revisión se hace desde puntos de vista escolásticos y cartesianos47.
No debe resultarnos extraño que la crítica se haga desde el escolasticismo. Éste se había presentado ya en la historia como un pensamiento que admite el cuestionamiento de las prácticas a las que conduce: prueba de ello son los iusnaturalistas católicos del siglo XVI.
En España y Chile durante el siglo XVIII la razón no se encuentra liberada de toda tutela exterior, la religión aún la observa y controla: la razón no se ha secularizado, por lo tanto, el pensamiento oficial no es ilustrado48.
47 La adopción de una postura crítica no implicó el abandono de principios centrales del escolasticismo como parecen entenderlo, por lo demás, los filósofos chilenos (véase el artículo “Historia de la filosofía en Chile”
en el diario El Mercurio del día domingo 5 de septiembre de 1999, Cuerpo E, pág. 12).
48 .- Viene en apoyo de nuestra explicación la idea de que la cultura burguesa española se diferenció de la europea en que fue literaria más que filosófica y científica (Ignacio Peiró, Profesores e historiadores de la restauración (1874-1900), tesis doctoral inédita, cit. por Pedro Ruiz Torres “Del antiguo al nuevo régimen:
carácter de la transformación”, en Antiguo Régimen y Liberalismo. Homenaje a Miguel Artola. Tomo 1.
Visiones Generales, coedic. Alianza Editorial y Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 1996.