CAPÍTULO 3. LA PRODUCCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN DE TEXTILES Y BORDADOS
3.1 La producción y comercialización de bordados y tejidos: una revisión histórica
3.1.3 Un acercamiento a los procesos de comunicación de la cultura zinacanteca desde
Rincón García (2007) en su libro “Comunicación y Cultura en Zinacantán” por medio de un acercamiento a la Comunidad indígena de Zinacantán, devela los procesos comunicacionales y culturales presentes en la vida cotidiana de los habitantes de esta comunidad, clasificándolo para ello en la comunicación que se entabla entre las mujeres, los jóvenes y al interior del sistema político del municipio. Lo que el autor a fin de cuentas intenta es:
conocer los procesos de comunicación “no desde los medios sino desde las mediaciones, desde las articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, y las diferentes temporalidades y la pluralidad de matrices culturales” (Rincón 2007:34 cita a Barbero, 1988), que nos permitan entender los modos de formación y conformación de la memoria popular, así como los usos que se le da a lo masivo en tanto puede reformular su percepción del entorno cotidiano (Rincón, 2007:34)
Es así como resulta necesario para poder abordar los procesos comunicacionales en una comunidad indígena, establecer una mirada interdisciplinaria dialéctica (dinámica) en la que desde la sociología, la lingüística, la antropología y la educación, entre otros, se pueda tener una visión compleja que permita ampliar la comprensión de esa realidad y resolver los problemas relacionados con la comunicación que se presenten.
Rincón (2007) nos recuerda que si bien en Zinacantán el desarrollo es entendido como un crecimiento integral que involucra lo material y lo espiritual; la educación jugará un papel importante al ser una herramienta que permita “salir adelante” sin olvidar estar en paz con los dioses o deidades ancestrales que viven en las montañas que se encuentran alrededor del pueblo. A su vez, todas aquellas actividades comerciales que contribuyan a la obtención de ganancias serán
necesarias para incrementar la riqueza económica de las familias, pero no serán más importantes que el respeto a las tradiciones que adhieren a la comunidad así como a las almas de los seres queridos de la familia que ya han muerto.
En uno de los relatos que Rincón (2007) en su capítulo uno denominado Comunicación y Cultura en la vida de algunas artesanas, se da cuenta sobre una indígena tsotsil de la localidad de Zinacantán, al exponer su vida cotidiana marcada en un primer momento por toda una serie de tradiciones limitantes de su género para la definición de su vida como mujer y posteriormente marcada por la violencia doméstica la cual la hace despertar y buscar apoyo en las autoridades del pueblo para liberarse y con ello configurar un nuevo tipo de vida. Esto se inscribe en una
“matriz cultural de los pueblos autóctonos” (Rincón, 2007) en donde existe una necesidad por parte de las mujeres para establecer nuevas estrategias encaminadas a dejar la violencia y discriminación que de antaño han sufrido por parte de los hombres en los distintos ámbitos en donde interactúan, en ocasiones esto ha sido una realidad, en tanto que en otras, esto aún sigue siendo una utopía.
Por otra parte, no hay que olvidar que culturalmente:
Los niños aprenden pautas culturales a través de la imitación, incorporan conocimientos y experiencias de generaciones anteriores que permite a la comunidad dividir los trabajos en relación con el sexo de la persona y genera diversos espacios para el encuentro de sujetos que se reconocen como iguales, lo que les da características como grupo y como comunidad, diferenciándolos de otros grupos y comunidades (Rincón, 2007:59).
Esto nos da una idea de lo que está sucediendo actualmente en la familia de tejedoras con la que se realizó la investigación en la localidad de Zinacantán para evidenciar los procesos pedagógicos de resistencia y/o reproducción a partir de los cambios sufridos en la dimensión individual, colectiva y social en aquellos procesos en torno a la actividad del tejido y bordado de textiles zinacantecos.
Por otra parte, con base al trabajo realizado por Rincón (2007), se señalan algunos elementos constitutivos de las familias zinacantecos, los cuales condicionan la comunicación en las familias de esta región sociocultural. Uno de ellos es que las familias por lo general están constituidas por grupos familiares muy amplios conformados a su ver por sub núcleos familiares formados por hijos, nueras y nietos.
Cuando en su interior no estuviera un hombre como líder por haber fallecido el padre, las mujeres toman el liderazgo por medio de la madre quien toma el control en las decisiones de la familia, juntándose para ayudarse moralmente y encontrar solución a sus problemas, se cohesionan como grupo.
Al interior de los grupos de artesanas se dan intercambios de experiencias, emociones, historias y sentimientos que se expresan más allá del diálogo cotidiano que entablan en el diario vivir; es por ello que en ocasiones al igual que en cualquier grupo social, al interior de estas familias también existen luchas de poder y conflictos internos que son olvidados al presentarse desde el exterior alguna amenaza que atente contra algún miembro de la familia; al igual que para conseguir algún bien que beneficie a la familia en su conjunto. A este respecto Rincón, comenta que:
Son prácticas que las fortalece como grupo, virtud necesaria para afrontar problemas cotidianos, además de que ayudan a reforzar la identidad cultural, en tanto son espacios para aprender, incorporar y reforzar valores, sentidos, rituales y símbolos propios de la comunidad (Rincón, 2007:65).
La oralidad continúa siendo el medio de comunicación principal entre las mujeres que integran una familia zinacanteca, concretándose por medio de conversaciones cuando realizan tareas cotidianas.
Para la toma de decisiones de la familia, por lo general predominan las opiniones del padre, aunque para los hijos resulta de mayor importancia la opinión de la madre, aunque éstos sean mayores de edad. Cuando vive el padre, las decisiones que él tome son indiscutibles. Aunque también hay otras familias en donde ambos padres
tienen el mismo poder de decisión -esto sucede cuando se ha tenido mayor contacto con el mundo occidental- (Rincón, 2007).
En relación a la vivienda, a excepción de las mujeres casadas quienes sus esposos les hayan construido su casa por aparte, por lo general todos viven en el mismo terreno con sus respectivas familias (hijos, nueras y nietos). El terreno en su conjunto es repartido en espacios que no son necesariamente proporcionales, destinados para cada uno de sus hijos, para que construyan ahí sus casas. Todas las casas constan de una pieza única rectangular con un mobiliario similar al de la casa principal. La casa principal en su interior consta de un patio con dos cocinas:
una para que sea vista por los turistas y otra donde realmente cocinan y comen, la cual tiene estufa de gas con hornillas. En la otra cocina se ve un fogón con leña y un comal sobre el cual cocinan las tortillas. Además en lo alto, hay una cuerda sobre él, en donde cuelgan carne para secar y ahumar. (Rincón, 2007).
Los elementos aquí señalados por Rincón (2007), coinciden plenamente con la distribución de espacios en la casa tanto para los integrantes de las subfamilias que integran a la familia zinacanteca del estudio en su conjunto, como en los espacios físicos que se exhiben para los turistas y visitantes –tal como la cocina tradicional zinacanteca con todos sus elementos estructurales- y los que no se exhiben, pero representan mayor funcionalidad por disponer de insumos tecnológicos (como un refrigerador, una estufa de gas, entre otros) que facilitan la vida cotidiana y las responsabilidades a las que se enfrentan las tejedoras como elementos fundamentales para la crianza de los hijos y el mantenimiento de una familia.
En otro sentido, para la comida, “los hombres se llevan el desayuno a su trabajo. Las mujeres comen juntas, algunas sentadas en el suelo sobre algún trozo de tela gruesa o tapete, otras utilizan pequeñas sillas de madera que le compran a los indígenas tsotsiles de Chamula” (Rincón, 2007:70). Sus comidas son sencillas.
Suelen comer del mismo plato todos los miembros de un núcleo familiar, es decir, los esposos y los hijos; algo similar ocurre con aquellos que a pesar de no ser de un mismo núcleo familiar suelen pasar mucho tiempo
juntos (…). Si el invitado a comer no es indígena, conscientes de que no comparte las mismas costumbres, suelen darle una pequeña mesa y silla de madera, un plato por persona y algún tenedor o cuchara. En ocasiones también preparan bebidas (…), pero lo más común es que se compren y compartan gaseosas de cierta multinacional refresquera (Rincón, 2007:71).
Después de desayunar, se iban al cerro a cortar leña, pero como ahora ya tienen dinero para comprarla con la camioneta que llega a venderla al centro de Zinacantán (Rincón, 2007), entonces se disponen a tejer en el telar de cintura ya sean faldas, chales o jorongos, entre otros. De acuerdo a la investigación de este autor, hay distintas edades para aprender a tejer en el telar de cintura, unas han aprendido a tejer desde los cinco, ocho, diez o doce años; oscilando entre los 10 y 12 años cuando empiezan a bordar. Desde la información proporcionada por Rincón en esta investigación, se dice que:
Pascuala aprendió a tejer en el telar de cintura después de los diez años, fue también en ese periodo cuando empezó a bordar. Solo aprender a tejer le llevó un año, la regañaban y pegaban cuando echaba a perder los tejidos, “pero así debe ser, así es la costumbre… con los instrumentos del telar te van a pegar en la mano… si te pegan poco a poco vas aprendiendo” (Rincón, 2007:72).
Como puede notarse, esta versión de cómo aprenden a tejer en el telar de cintura, se contrapone con la versión presentada anteriormente por Greenfield (2004) cuando se señalaba que era necesario que llegara la niña a cierta etapa en la que su alma o ch’ulel estuviera dispuesta para adquirir todos esos conocimientos a la vez que tuviera la suficiente fortaleza para afrontar la frustración de la complejidad intelectual de la tarea. La familia objeto de estudio, por su parte considera que para el aprendizaje de la técnica de tejido y bordado, éste se obtiene con mayor facilidad en la infancia, ya que la madre o persona de mayor edad puede enseñar poco a poco a la niña que aprende, observando y corrigiendo la forma correcta para hacerlo. De ahí que esta estrategia ha pasado de una generación a otra por medio
de la observación y demostración de quien tiene la destreza para ello, a quien desea adquirirla –esto según comentarios vertidos por tejedoras integrantes de la primera y segunda generación a la siguiente.
Así también un elemento que coincide con estos marcos de referencia ahora señalados, resulta ser el compartir la mesa entre los integrantes de la familia, así como con amigos o conocidos a la familia. Si bien esto pareciera ser una situación muy familiar cotidiana, sin embargo no lo es. En este caso al interior de la familia zinacanteca se juegan una serie de valores como el respeto y la confianza los cuales juegan un rol determinante en las relaciones interpersonales entre ellas mismas así como entre ellas y su relación con los otros. De esta forma se convierte el momento de la comida en un espacio imprescindible para la comunicación e intercambio con los integrantes de la familia así como con ajenos a ella.
La comida, un espacio de encuentro interpersonal.
Fotografía: Hortensia Mtz. Ochoa