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Albacete y la guerra de Marruecos

ALBACETE Y LA GUERRA DE MARRUECOS

Para valorar en su justa medida la repercusión que Annual tuvo en la provincia, y la reacción que en la misma produjo la tragedia, parece ade- cuado compararla brevemente con la actitud mostrada ante la guerra iniciada en Marruecos doce años antes.

Desde que comenzó la ocupación del protectorado, Albacete expe- rimentó las mismas convulsiones que el resto del país. Durante la crisis de la Semana Trágica de 1909, originada por el descalabro de El Barranco del Lobo en las proximidades de Melilla, la prensa de Albacete no se sumó de forma general a las corrientes de opinión contrarias a la guerra. Tampoco se produjeron reacciones organizadas contra la misma, como las que se repi- tieron en aquellas provincias donde socialistas y anarquistas tenían mayor fuerza, y los reservistas de Albacete se movilizaron sin mayores incidentes, en un ambiente de fervor patriótico. Esta tranquilidad incluso posibilitó que medio centenar de guardias civiles fueran trasladados para sofocar los dis- turbios de Barcelona'. Es preciso indicar que el crecimiento de las organi- zaciones obreras en la provincia sólo se acentuó unos años después, como consecuencia del agravamiento de los problemas económicos y sociales deri- vados de la Primera Guerra Mundial'.

'Manuel Requena (1985): p. 173.

2 Juan B. Vilar y Pedro Egea (1984): p. 81

A pesar de la preocupación de muchas familias de la provincia por los hijos presentes en Marruecos y por los reservistas movilizados, y a pesar de cierta crítica hacia una presencia militar que se consideraba esté- ril, la tónica fue la llamada a la unidad patriótica necesaria para proseguir la campaña. Por otro lado en 1909, como en 1921, se recaudaron fondos con la colaboración de particulares e instituciones para "poder llevar algún con- suelo a las familias pobres de los reservistas de esta capital`. El periódi- co liberal Diario Albacetense fue más allá al pedir a empresarios y comer- ciantes que "siguieran abonando el jornal de aquellos de sus operarios o dependientes que les corresponda marchar a cumplir con tan sagrado deber, reservándoles los puestos que dejan para cuando vuelvan "a.

En la prensa de ese año pueden rastrearse las reacciones que provo- có la derrota militar, de las que mostramos una selección extraída del tra- bajo de Carlos Panadero Moya:

Queremos la paz, pero no somos enemigos de la guerra. Si a la lucha se nos lle- va, allí iremos. [ ... ] ya no se trata del acierto o desacierto de los gobernantes, sino del honor de España y del prestigio de nuestras armas. [ ... ] Digan lo que digan los periódicos partidarios de la guerra, ésta no se ve con buenos ojos en Madrid ni en el resto de España. [ ... ] Los vivas a los reservistas y a España han menudeado, y los mueras a elevadísimas y determinadas personas también se oyeron claramen- te. E ... ] anarquistas, libertarios, radicales, separatistas, todos son unos malos espa- ñoles. E ... ] La provincia de Albacete, hija sumisa como la más, aplaude el justo proceder del Gobierno. (Diario Albacetense).

E ... ] antes que todo y por encima de todo debe estar el honor patrio. [ ... ] El coar- tar pasándose de los límites razonables y justos, la libertad de imprenta, pugna con las ideas modernas y hasta con los intereses del público al que nos debemos. [ ... ] los dispendios que a la nación ocasiona el sostenimiento de una guerra, cuando esa misma nación necesita resarcirse de daños anteriores encauzando su industria, su comercio, su agricultura E ... ]. (Defensor de Albacete).

En 1914 el Partido Socialista Obrero Español inició una campaña nacio- nal para recoger medio millón de firmas contra la guerra, campaña que tam- bién tuvo su repercusión en la provincia de Albacete. Aunque no se logró el objetivo fijado, las 424.014 firmas conseguidas expresan un apoyo impor - tante a la iniciativa, sobre todo teniendo en cuenta que la recogida no debió de ser nada fácil en un país eminentemente agrícola con un desarrollo democrático limitado. También hay que tener en cuenta que los anarquis-

Matilde Morcillo Rosillo (2004): p. 39. Carlos Panadero Moya (1979).

Recogida en Manuel Requena (1985): p. 173.

tas no colaboraron con los socialistas, lo que sin duda pudo restar miles de firmas a la campaña. Las provincias donde la recogida fue más exitosa fue- ron Madrid, Vizcaya y Oviedo. En Albacete se lograron 3.207 firmas, un l'21 % sobre la población de toda la provincia, un porcentaje apreciable en una pro- vincia rural si tenemos en cuenta que el porcentaje medio nacional fue del

1'88%.

Paralelamente a la recogida de firmas se presentó en los ayuntamientos una moción contra la ocupación de Marruecos, que a su vez contenía una propuesta más amplia: fin de la guerra, liberación de los presos políticos y abolición de la Ley de Jurisdicciones que permitía a los militares la intro- misión en la vida civil'. La moción, iniciada por el Ayuntamiento de Madrid, fue presentada en la sesión ordinaria del Pleno del Ayuntamiento de Albacete del día 12 de Enero de 1914. Su defensor fue el concejal Antonio Dusac Sánchez, de la minoría republicano-socialista, que obtuvo el apoyo de la mayoría de los concejales sin que en el acta de la sesión se hiciera constar ninguna men- ción a los presos políticos.

A propuesta del Sr. Dusac acuerda el Ayuntamiento solicitar telegráficamente del Gobierno la pronta terminación de la Guerra de África y la derogación de la ley de Jurisdicciones 7.

Pero la guerra continuó y no sólo eso, sino que se intensificó.

Conforme se agravaban los combates, la juventud de la provincia incrementó su renuencia a ser llevada al frente. Al mismo tiempo que los gobiernos aumen- taban constantemente el número de soldados movilizados, la respuesta de los mozos de Albacete, como en el resto de España, fue el crecimiento de la resistencia pasiva al reclutamiento, como analizaremos más adelante.

'André Bachoud (1988): p. 207.

6André Bachoud (1988): p. 374.

'AAA, Sección: Actas de Sesiones de Plenos, Legajo L-14, Acta de la sesión del 12 de Enero de 1914.

CAPÍTULO 2