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Algunos elementos de la cooperación española

3. Construyendo capital social: las ONGD

3.1. El contexto de las ONGD: la cooperación al desarrollo

3.1.3. Algunos elementos de la cooperación española

Si miramos la cooperación española desde dentro podemos en- contrar algunos elementos para entender el papel que han jugado las ONGD españolas y el panorama en el cual han tenido que des- plegar sus actuaciones. Entendemos que esta contextualización es necesaria para comprender las dimensiones y facetas del capital so-

52Véase más información sobre esta institución en http://www.oecd.org/dac/.

53Esta cita está tomada del PACI-95 en la página 5 donde continúa diciendo:

En 1992 la OCDE publicó un manual de Asistencia al Desarrollo que recoge los Principios para una Ayuda Eficaz, resultado de los trabajos realizados por el CAD para mejorar la cantidad, calidad y eficacia de la ayuda al desarrollo. En dicho documento se expresa la convicción de que la superación del círculo vicioso del subdesarrollo, que relaciona factores tales como fuerte crecimiento de la po- blación, pobreza, desnutrición, analfabetismo y degradación medioambiental, sólo puede conseguir- se mediante la aplicación de políticas económicas y estrategias de desarrollo que integren los siguien- tes objetivos: —apoyar y promover un crecimiento económico sostenido —posibilitar una amplia participación de la población en la identificación, diseño y gestión de los proyectos y programas de co- operación de los procesos productivos —asegurar la integración del factor medioambiental en los proyectos de desarrollo.

cial en el que participan. Es una revisión de la cultura de cooperación que se ha consolidado en España desde sus inicios, pasando por el trecenio socialista, la etapa Aznar y los primeros pasos del gobierno de Rodríguez Zapatero, sin entrar en los primeros escarceos de la UCD y anteriores.

Los gobiernos de González partían prácticamente de cero, por- que los antecedentesestaban lejos de poder ser equiparados en senti- do estricto a las formas de cooperación de los países occidentales. Es cierto que las aportaciones desde el Ministerio de Trabajo como des- de otros sectores del Estado ocuparon el espectro propio de la asis- tencia técnica, de la cooperación cultural e incluso la financiera con los créditos FAD. Pero, tal y como se entiende la cooperación inter- nacional al desarrollo, los socialistas tuvieron que tomar las referen- cias fuera de la experiencia española.

La cooperación española promovida por los socialistas partía con más voluntad que medios. Arrancaban fondos de las partidas pres- cindibles para poderlas pasar a capítulos de cooperación más im- portantes. Inicialmente los presupuestos eran ridículos y hacía falta incrementarlos como fuese. Pero, además, se optó por concentrar los esfuerzos de esa incipiente estrategia de cooperación al desarro- llo. La zona elegida fue Centroamérica. En esa elección, también convergían los intereses por la región propuestos directamente des- de el Ministerio de Asuntos Exteriores y del resto del gobierno so- cialista. Se optó por compartir estrategias en esos primeros años de inicios de andaduras institucionales.

Visto con la distancia que nos permite el tiempo, el partido so- cialista había conseguido pasar de una cooperación casi inexistente a una cooperación con carta de naturaleza. Algo que tuvo lugar mu- cho antes de que la propia sociedad española comenzase a ser cons- ciente de la realidad de los países del llamado Tercer Mundo como una cuestión de importancia. Antes de que hubiese presión social y política, los gobiernos socialistas impulsaron una política de coope- ración que no existía. Hay que reconocer que es un valor que los go- biernos socialistas aportaron a la sociedad española, no de modo ex- clusivo, pero sí importante. La posterior gestión del Partido Popular se destacó por instrumentalizar más la cooperación al servicio de los intereses de la diplomacia y con más búsqueda de relevancia tanto internacional como en la propia sociedad española. La premisa de

lucha contra la pobreza y cooperación centrada en los otros se ha quedado en mera retórica.

Por otra parte, en una revisión de la cooperación española se ha de reconocer que aunque fueron unos inicios claramente positivos y ascendentes no se culminaron de forma satisfactoria. No termina- ron de un modo completo. Incluso todavía siguen pendientes.

Aquella ascensión inicial se convirtió en un camino sinuosoque en su crecimiento perdía el horizonte inicial. Y esta conclusión se apoya, al menos, en tres puntos que posibilitan la afirmación. Uno, se llegó a una ley de cooperación, pero de manera tan lenta y renuente que durante una década parecía que nunca iba a llegar. Dos, no se resol- vió el problema de la dispersión de competencias de la cooperación española, a pesar de la creación de la Agencia Española de Coope- ración Internacional (AECI). Tres, no se ha resuelto el problema de la profesionalización de los recursos humanos al servicio de la coo- peración. Es cierto que los recursos han crecido, pero el marco ju- rídico, las estrategias de cooperación, la organización para la ejecu- ción de esa estrategia, etc., allí se atascan.54

De hecho, el proceso de consolidación —que pasa por la defini- ción de un marco legal más completo— se empieza a estancar a par- tir de 1989-1990, sin llegar a resolverse. Finalmente la ley llegó —de la mano del Partido Popular, con el señor Villalonga como secreta- rio de Estado—, y con ella esa consolidación de un marco general, no exenta de polémicas y de tensiones posteriores. Al menos ésa es una percepción común y extendida entre las ONGD españolas tras el paso de Cortés por la Secretaría de Estado correspondiente.

El balance de los ocho años de gobierno de Aznar nos lleva a pensar en una instrumentalización mayor si cabe de la cooperación al desarrollo como herramienta de la política internacional de Es- paña. Se piensa menos en el desarrollo de los países receptores y en la creación de una política de lucha contra la pobreza internacional que en la promoción de las acciones del Gobierno español. Los re- tos de consolidación de las personas al servicio de la cooperación no se mejoraron para nada. Heredaron una situación inaceptable crea-

54Todavía está pendiente la cuestión contractual de los cooperantes dependientes de la Administración, que llevan reclamando y presionando para mejorar su situación desde hace años. Con todo, el Estatuto del Cooperante se aprueba en mayo de 2006, BOE 114, 13/05/2006.

da por los gobiernos de González que no modificaron. Y las tensio- nes así como la sectarizaciónde las diferencias aumentaron. Bastan como ejemplo las pugnas explícitas e implícitas para la formación del Consejo de Cooperación. El paso del señor Cortés por el mun- do de la cooperación sembró de tempestades las relaciones con la CONGDE y, en ocasiones, dio la impresión de buscar la escisión y crisis de esta organización.

En lo que respecta al llamado nuevo talantedel gobierno del se- ñor Rodríguez Zapatero se recibió por los sectores considerados progresistas como una bocanada de aire fresco. El empuje de doña Leire Pajín dio la impresión de introducir cambios reclamados en años anteriores. Las primeras decisiones parecieron positivas. En los movimientos posteriores, se produjo una cierta decepción pues en la composición del Consejo de Cooperación las cosas parecían que- rerse instrumentalizar con otro estilo, pero para los mismos usos an- teriores. Las variaciones posteriores parece que apuntan a un inten- to de mejorar las cosas pendientes. Y en lo que afecta a las ONGD el cambio de estilo, sin ser la panacea, parecía augurar una relación distinta, que parece comenzar a estar a la espera de más elementos tangibles.

Considerando, pues, estas pinceladas se percibe un impulso ini- cial a la cooperación al desarrollo desde las administraciones y el gobierno, de tal manera que se posibilitó que la sociedad española se sensibilizara con los países del Tercer Mundo. Pero los pasos da- dos se han quedado tan por detrás de las iniciativas ciudadanas

—recuérdese cómo González calificó de aldabonazolas acampadas y movilizaciones del 0,7%— que las ONGD se vieron impulsadas, a medida que la población española tomaba conciencia, a responder a esa demanda. Aparece una respuesta organizada de los ciudada- nos a una preocupación sobre las necesidades de personas de otros países. El punto de origen de estas ONGD es su altruismo. Éste es un elemento esencial: existen numerosas personas vinculadas con las ONGD cuyo fin principal es el bienestar de otros y, asimismo, son una respuesta para completar y/o sustituir las acciones de los go- biernos55.

55Véase la teoría de los fallos del sector público de Weisbrod (1986).