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Capítulo IV Marco teórico

4.2 Aproximación teórica a la identidad

4.2.1 Acercamiento general al concepto de cultura

El concepto de cultura se ha analizado desde diferentes perspectivas, desde la antropología, la comunicación, la psicología, la sociología, entre otras. En cada una de estas disciplinas, el concepto de cultura adquiere un significado diferente.

Sin embargo, las definiciones no pueden ser observadas como significados distintos, sino complementarios. Cada disciplina proporciona su aporte, su concepto, sus teoremas, los cuales enriquecen y definen al concepto de cultura.

Desde su raíz etimológica, la cultura va ligada a la agricultura, es una aproximación a cultivar y cosechar, es decir, es la manera en que el individuo se apropia y se identifica con historias, tradiciones, formas de vida, costumbres, que lo hacen pertenecer a un entorno propio. La cultura la podemos observar en cualquier instante de la vida cotidiana, observamos situaciones culturales en cualquier momento y en toda persona; todo es cultura. De esta manera “la cultura está presente en el mundo del trabajo, en el tiempo libre, en la vida familiar, en la cúspide y en la base de la jerarquía social, y en las innumerables relaciones interpersonales que constituyen el terreno propio de toda colectividad”. (Giménez, 2008:75). El concepto de cultura es considerado como polisémico, es decir que cuenta con varios significados.

Existen, principalmente, dos categorías que permitirán significar a profundidad el concepto de cultura. En primer lugar encontramos las formas objetivas de la cultura, entendiéndose a estas como las vestimentas, las bebidas y comida típica, las festividades y costumbres, la religión, los lugares con historia, los monumentos, los edificios, la artesanía, las zonas indígenas, es decir, es una cultura tangible, la cual se observa y admira y el individuo se siente orgulloso de ella. Por otra parte, las formas interiorizadas de la cultura, es decir: las ideologías, las creencias, los pensamientos, los conocimientos de una persona, son considerados como una cultura intangible y simbólica, ya que no puede ser observada, sin embargo, también se encuentran presentes y latentes en la sociedad.

Podemos observar que la cultura no es pura, es decir, es una cultura híbrida, se compone de varios aspectos, de varias tradiciones, de varias aportaciones.

Asimismo, el ser humano puede conjugar tanto la cultura tangible, como la intangible y esta unión ocasiona una hibridez en el ser humano. Este no es puro y no es necesario que lo sea, sino por el contrario esta forma de pensar y de actuar lo hace diferente y único.

De tal manera que, según varias disciplinas, la cultura es comprendida como las representaciones y significaciones que cada individuo le da a su vida, dependiendo del acercamiento que tenga con su historia, sus tradiciones y sus costumbres. Sin embargo, dentro de la carrera de Comunicación y Cultura, observamos a la cultura como la lucha por la significación, es decir, significamos lo invisible, lo que otros no quieren ver, lo oprimido, lo popular, lo olvidado, lo subalterno. La lucha por la significación se refiere a darle voz a los que por siglos no han sido escuchados, no se les permite hablar, se les calla, se les omite, se desvaloriza. De esta manera, se le da un significado diferente a la cultura, el cual debe ser considerado y reconocido para todos aquellos que se encuentran invisibles, como es el caso de las mujeres indígenas.

4.2.2 Identidad cultural

La cultura es una parte primordial para crear una identidad en los seres humanos, ya que ésta proporciona una identificación en ellos, los hace pertenecientes a un tipo de vida, a una historia, a tradiciones, a costumbres; de tal manera, se consideran dependientes una de otra, y para poder entender el concepto de identidad, es preciso indicar que la cultura es la base de la identidad.

El concepto de identidad es relativamente nuevo. Aunque fue estudiado por los filósofos de la antigüedad, no fue hasta los años sesenta, cuando los investigadores se preguntaban sobre las representaciones y los movimientos sociales que se apreciaban en la sociedad. Los teóricos buscaban respuestas a

los movimientos sociales, creando así, un concepto de identidad, con lo cual pretendían entender y valorizar a la sociedad.

De tal manera, podemos indicar que el mismo individuo crea una identidad a partir de su contexto social, familiar y económico. Desde su niñez, al convivir con una cotidianeidad, es decir con sus padres, amigos, vecinos, crea una identificación, la cual lo hace diferente de los demás. Va adquiriendo formas de pensar, de actuar, de creer específicas, adhiere a su vida tradiciones y costumbres familiares o sociales que lo identifican.

“La identidad es el valor entorno al que los seres humanos organizan su relación con el entorno y con los demás sujetos, con quienes interactúan” (Pech, Rizo y Romeu, 2008: 35), de tal manera que esta interacción con el otro crea una identidad específica en el individuo, y toda persona tiene rasgos culturales y sociales específicos, los cuales la identifican y diferencian de los demás.

Según Goffman (2003), existe una identidad real, donde el individuo crea categorías, dependiendo de sus atributos y su contexto social, de tal manera que el individuo pertenece a una categoría dependiendo de su vínculo con los demás, del lugar donde se desarrolle, de su forma de pensar y de actuar, y es así como se crean identidades de pertenencia.

El individuo, con el paso del tiempo, puede modificar su identidad social, ya que con la interacción con el otro va adquiriendo posturas diferentes, formas de pensar diversas, critica, escucha y razona. Y esto provoca que poco a poco vaya modificando sus creencias y altere su identidad.

Un factor importante para la creación de la identidad es la interacción entre individuos, ya que ésta permite una interconexión de identidades, lo cual permite un acercamiento con el otro, con su forma de pensar, de actuar, de ser, sus ideales; por consiguiente se observa una aculturación, una toma de conciencia, y se adquieren nuevos saberes y prácticas.

Tal es el caso de las mujeres indígenas trabajadoras del hogar. Ellas desde su infancia poseen tradiciones, costumbres, ideas, que han pasado de generación en generación; con ello han creado una identidad propia y a la vez colectiva. Esta identidad las hace diferentes, únicas, pero a la vez su identidad colectiva es venerada y respetada por círculos externos a ellos. De tal manera que las identidades creadas dentro de las zonas indígenas, las hacen diferentes, las distinguen, las hace únicas.

Sin embargo, cuando se desplazan de su comunidad de origen, se enfrentan a un entorno totalmente distinto, donde la cultura dominante posee su propia identidad, su forma de pensar, los rasgos culturales propios de las personas y del colectivo.

Por consiguiente, estas diferentes identidades provocan en los seres humanos conflictos sociales, malos entendidos, ya que entre unos y otros no se consideran iguales, son diferentes tanto en una cultura tangible como en la cultura intangible;

tienen diferentes comprensiones del mundo, lo que origina desigualdad.

Las mujeres indígenas en un nuevo entorno se enfrentan a estos conflictos sociales, donde la cultura hegemónica las discrimina. Ellas concientizan su estancia en un nuevo entorno, buscan estrategias y formas de adaptación, lo que ocasiona que modifiquen sus creencias, costumbres, formas de vestir.

Podemos observar que la identidad de una persona es híbrida, ya que se unen varias identidades, de padres, abuelos, familia, escuela, empleo; en la interacción con otros individuos se obtiene una identidad multifacética, no es una identidad simple, sino todo lo contrario, es compleja. “Esta pluralidad de pertenencias, lejos de eclipsar la identidad personal, es precisamente la que define y constituye.

(Giménez, 2009: 31).

4.2.3 Identidad indígena

Las comunidades indígenas poseen tradiciones y costumbres milenarias, ancestrales. Los niños y jóvenes de estas comunidades adquieren la cultura de sus padres, historias y rituales que los caracterizan, los hacen diferentes a los demás, les proporciona una identidad, la cual a su vez deben de transmitir a sus hijos. Muchas comunidades tienen una lengua, vestuario, tradiciones, festividades, creencias religiosas, valores específicos, los cuales los caracterizan, creando en ellos un sentido de pertenencia a un grupo. Estas características proporcionan una esencia a estas comunidades y crea una identidad específica. Gilberto Giménez indica que “el ser humano se ve a sí mismo -y es reconocido- como

´perteneciendo´ a una serie de colectivos; como ´siendo´ una serie de atributos; y como ´cargando´ un pasado biográfico incanjeable e irrenunciable” (2005:22).

Una gran parte de la sociedad hegemónica crea imaginarios sobre las comunidades indígenas, quienes los consideran como indios, campesinos, sumisos, tranquilos, quienes no crean problemas y no tienen voz ni voto. Esto se debe a una herencia colonial, ya que a la población originaria de América se le consideraba como inferior y salvaje. Con esto se crea una identidad externa, una identidad ficticia e irreal, ya que es un imaginario social externo, donde la sociedad asegura que las comunidades indígenas deben de ser así. Por lo tanto, existen dos tipos de identidades: en primer lugar encontramos la que se relaciona al interior de la comunidad, donde los mismos indígenas se autoidentifican y representan, ya que ellos se vinculan y reconocen su identidad, la aceptan, la valoran y la defienden, una identidad real; pero por otro lado encontramos una identidad externa, creada por los otros, los de afuera, donde se produce una identidad ficticia, ya que se tiene un imaginario de identidad sobre las comunidades indígenas. De tal manera, se puede indicar que existen identidades colectivas internas e identidades colectivas externas, o mejor dicho, imaginarios colectivos externos.

Por lo tanto, los indígenas que se desplazan de su comunidad de origen, ya sea por cuestiones económicas para buscar empleo o mejorar su calidad de vida,

llegan principalmente a la ciudad, donde se enfrentan a esta doble identidad: la propia, que es creada por ellos y por su comunidad, y la ajena que es la creada por los otros, pero al mismo tiempo se enfrentan a identidades que pertenecen al otro, la identidad de la sociedad que los recibe. Esto ocasiona que los indígenas se enfrenten a un choque cultural, ya que se enfrentan a identidades diferentes.

Asimismo, ésta interacción provoca una hibridez en los indígenas, ya que se fusionan las identidades. Además, pasan por una parte del proceso de la adaptación transcultural donde deben de tomar posesión de nuevos saberes, de nuevas tradiciones e incorporarlas a las propias para adaptarse y sobrevivir en un nuevo ambiente cultural. “No puede hablarse de una identidad sino se tiene identificada la alteridad u otredad; es decir, para que exista tal identidad deben estar identificadas las fronteras con lo otro, con lo que no es igual a uno mismo o al endogrupo”. (Pech, Rizo y Romeu, 2008:30)