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Capítulo IV Marco teórico

4.4 Resistencia Cultural

Entonces el feminismo pretende dar voz a las mujeres, conocer y valorar sus ideales, sus luchas constantes, sus pasiones, sus revelaciones, sus resistencias.

Busca romper con ideas machistas, de dominación, de estereotipos, de imaginarios sociales sobre inferioridad. El feminismo busca deconstruir, es decir,

“desmantelar, desestructurar, romper las estructuras que sostienen la arquitectura conceptual de un sistema” (Lozano, 2006: 19).

Las mujeres indígenas traen arraigadas ideas patriarcales, y en su comunidad son las encargadas principalmente del cuidado del hogar, de los hijos y del esposo.

Ellas crecen con la idea de vivir para servir al otro; ésta es una construcción social patriarcal, que desde pequeñas se les ha inculcado y han adherido a su vida como algo natural.

Al llegar a la ciudad, es común que muchas mujeres indígenas tengan estas ideas patriarcales interiorizadas, permitiendo que se les discrimine e inferiorice. Esta investigación indaga sobre sus deseos, sus inquietudes, sus anhelos, busca darles voz y a través de sus resistencias, romper con ideas machistas y hegemónicas que por años las han subordinado.

Es aquí donde observamos los conceptos de hegemonía y subalternidad. A Europa se le consideraba como hegemonía, una clase dominante, superior, donde nacen y se respetan las leyes, un eje rector de todo el mundo, donde surgen grandes pensadores, conocimiento, tecnología, razón; por consiguiente era el centro de todo. Ahora bien los que estaban fuera de Europa eran considerados como subalternos, sobre los cuales se ejercía el poder, se les hacía menos, se les discriminaba, ya que se consideraba a Europa como lo más supremo y valioso, dejando a un lado las periferias.

Hoy en día aún podemos observar una idea centralista de Europa, ya que se cree que de allí surgen los grandes artistas, las grandes modas, los avances tecnológicos, las grandes empresas, excelentes infraestructuras. El latino sigue festejando el descubrimiento de América por los Españoles, se venera la idea que con este descubrimiento América cambió su salvajismo y miseria por grandes cambios tanto materiales, sociales y de razón.

De tal manera que el concepto de hegemonía se refiere a aquellas personas que tienen el poder sobre otros, que los vigilan, los dominan, se sienten superior a los demás. Por consiguiente, ser subalterno implica todo lo contrario, es obedecer las órdenes de los otros, aceptarlas, llevarlas a cabo, sentirse inferiores y acatar las decisiones de los demás, por sumisión, miedo y creer que “las cosas así deben ser”.

Welson Molina (2005) indica que para Foucault el poder es disciplinario; en el donde se observan condiciones de vigilancia, de control y normalización. Para esto el mismo Foucault propone cinco puntos estratégicos para entender el poder y la subalternidad. En primer lugar indica que se debe abordar el poder desde las periferias, desde aquellos lugares locales, por ejemplo, las instituciones como la familia, la escuela donde se ejerce el poder. En segundo lugar, indica que el poder se ejerce desde las prácticas reales y afectivas, donde se muestran los efectos en los otros. En tercer lugar, indica que el poder no es un acontecimiento de dominación masiva de alguno(s) sobre otro(s), sino que se da a través de relaciones comunitarias y sus efectos. En cuarto lugar, indica que el poder no se

deriva de una estructura central que lo define y lo limita, sino también desde sus periferias. Por último, indica que el poder no son únicamente ideologías, sino lo que produce el poder son las técnicas disciplinarias.

Tal parece que esta idea de hegemonía y subalternidad se aprecia en todos lados, en cualquier región de mundo y es una definición antiquísima. Dentro de México, específicamente en el Distrito Federal, podemos observar cómo el empleador ejerce poder sobre sus trabajadores, la madre sobre el hijo, el sacerdote sobre sus feligreses, el maestro sobre sus alumnos, a la vez un director ejerce poder sobre el maestro. Podemos observar que esta idea de hegemonía y subalternidad está latente en cualquier momento y circunstancia; es una dualidad que ejerce todo individuo, ya que por lo menos una vez ha sido hegemónico y también subalterno, ha obtenido una supremacía, es quien ejerce el poder sobre el otro, lo manipula, lo desconoce, lo inferioriza, pero a su vez también ha sido subalterno, donde ya no es quien ejerce el poder sino quien lo obedece. Ernesto Sabato menciona que “el hombre está acostumbrado a aceptar pasivamente una constante intrusión sensorial. Y esta actitud pasiva termina siendo una servidumbre mental, una verdadera esclavitud (2000: 10).

Esta idea de hegemonía y subalternidad también es vista en América Latina, porque se considera a Estados Unidos como una potencia, ya que cuenta con grandes investigadores, innovaciones, avances tecnológicos, de tal manera que lo que está fuera de Estados Unidos es significado como subalterno, que no merecen ser escuchados, son minimizados y poco valorados. Tal parece que es una cadena, el poder del más fuerte sobre el débil, del manipulador y del manipulable, del que goza de privilegios y ejerce su poder sobre los otros.

Este es el caso de las mujeres indígenas que trabajan en el hogar y sus empleadores, ya que se observa en ellas una subalternidad, donde los empleadores o la cultura dominante ejercen poder sobre ellas. “Sin embargo, si una de las partes estuviese completamente a disposición de la otra, en este caso no es posible hablar de relaciones de poder, sino de dominación” (Foucault, 1999;

superior, mejores que las mujeres indígenas, con mayor educación y mejor posición económica, por consiguiente creen tener el poder de manipular al otro, de inferiorizarlo, de discriminarlo, ya que consideran a las mujeres indígenas como subalternas, como personas que no tienen voz, que no merecen ser escuchadas, porque no pertenecen a la cultura dominante, porque son forasteras y por tal motivo no tienen voto ni decisión dentro de un poder hegemónico.

Sin embargo, es necesario hacer hincapié que el individuo ejerce resistencia ante los otros. Esta resistencia se observa en cualquier momento, el individuo es capaz de desobedecer los estándares marcados por la sociedad, una sociedad que lo margina, lo discrimina, lo señala y lo limita. “Resistir es trazar condiciones de relación que impide la naturalización de vínculos dominantes, a partir de espacios de libertad (Molina, 2005:73)

Así, la resistencia es observada en cualquier momento, puede fluir en el instante menos imaginable. El individuo se revela a los ejercicios de poder que se ejercen sobre él, busca maneras de librarse, de ya no ser minimizado, discriminado, y por consiguiente, las estrategias de resistencia le sirven para renunciar a un estereotipo creado de superioridad. La resistencia “se expresa de diversas maneras, definiendo una amplia gama de recursos a las cuales pueden apelar las personas o comunidad a quienes incumbe esta acción” (Molina, 2005:71).

Por tal motivo, las mujeres indígenas que trabajan en el hogar, también buscan formas de resistir, de revelarse ante aquellos que los doblegan, humillan y maltratan. Las mujeres indígenas ejercen su propia resistencia, para ya no ser consideradas como menores y dependientes de los otros. “La primera tragedia que debe ser urgentemente reparada es la desvalorización de sí mismo que siente el hombre, y que conforma el paso previo al sometimiento y a la masificación”

(Molina, 2005:72).

Es común encontrar que en la sociedad se visualicen diferentes tipos de poder.

Cada sujeto ejerce su poder sobre los demás. El poder que ejerce el individuo se encuentra latente, siempre activo, esperando el momento para actuar. Para esto,

Foucault (1994) indicaba que no sólo existía un poder, sino por el contrario, en la sociedad existe un archipiélago de poderes. Este poder no se representa en forma de pirámide, sino todo lo contrario, se puede observar de manera uniforme, de arriba abajo o de un extremo a otro, es decir, todos pueden ejercer el poder o ser sometidos.

Es necesario indicar que el ser humano se encuentra sumergido en estados de poder, se encuentra atrapado en situaciones de poder, todo el tiempo se ejerce un poder sobre él, pero al mismo tiempo ejerce poder sobre los otros. El individuo es dominado y dominador, es parte de quien da órdenes, pero al mismo tiempo es quien las obedece. Los ejercicios de poder son observados en todas partes, en la casa, en la escuela, en la calle, en el trabajo, en una conversación, en la religión;

siempre se ejerce poder, formas de dominación y de inmovilización, y cada tipo de poder cuenta con sus propias técnicas y estrategias para poder dominar. Pero así como existe el poder, también está latente la idea de resistencia, cualquier acto de poder puede ser doblegado por un acto de resistencia: “La resistencia siempre supone la existencia del poder. Ésta es una declaración que la inversa continua siendo correcta, solo si se tratara de una ley conmutativa donde hay poder siempre hay resistencia” (Molina, 2005: 71).

Así, las mujeres indígenas, bajo el dispositivo de raza, concepto que surge en el siglo XVI, están sometidas a ejercicios de poder, que las humillan y las discriminan. Por ser consideradas como forasteras el individuo perteneciente a una cultura dominante cree tener mayor poder sobre ellas, por sentirse superior a ellas por el simple hecho de considerarse más. Sin embargo, las mujeres indígenas, al mismo tiempo, pero en menor escala, también ejercen poder sobre otros, un poder que únicamente se refleja en sus hijos, no considero que ellas tengan otra forma de reproducir su poder sobre otros, y lo único que se observa es el poder que se ejerce sobre ellas.