incesante manantial de sorpresas, de perplejidades, de desdichas también y, alguna vez, por qué voy a mentir, de felicidades. Pero yo no tengo ninguna teoría del mundo. En general, como yo he usado los diversos sistemas metafísicos y teológicos para fines literarios, los lectores han creído que yo profesaba esos sistemas, cuando realmente lo único que he hecho ha sido aprovecharlos para esos fines, nada más. Me definiría como un agnóstico, es decir, una persona que no cree que el conocimiento sea posible. No hay ninguna razón para que el universo sea comprensible por un hombre educado del siglo veinte o de cualquier otro siglo”.
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Sánchez Ferrer cree que Borges persigue la belleza formal, pero además realiza un notable esfuerzo intelectual que se corresponde con el deseo de comunicar algo, a saber, su propia interpretación del mundo con la ayuda de un conjunto de metáforas y símbolos convertidos en su propia tradición personal.
• La biblioteca como resumen del mundo. Borges vivió rodeado de libros, y es que el universo para él es una biblioteca compuesta de un número indefinido e infinito de libros, de galerías hexagonales. El universo no es más que libros que remiten a otros libros, letra sobre letra, discursos que se tejen y constituyen la materia del ser. El lector se pierde dentro de ese laberinto, preguntándose si en verdad el mundo existe más allá de esos muros o es apenas una extensión dudosa de la que sólo se tiene una cifra. Obra del azar o de demiurgos malévolos, el hombre es un bibliotecario imperfecto. En cambio, ese universo de anaqueles con sus enigmáticos tomos y sus infatigables escalones, sólo puede ser obra de un Dios.
• El laberinto, construcción para perderse o encontrar algo, supone la existencia de un caos ordenado, un universo incomprensible para la mente humana pero que acaso refleja en sus precisas reglas de edificación la huella del dios que lo dispuso. El laberinto, creado por Dédalo para dar cobijo al Minotauro, es prisión y refugio y admite múltiples interpretaciones. En la obra de Borges puede desglosarse en un bosque, un congreso, un río, un libro, un jardín o el tiempo mismo, entendido como acumulación de momentos y como la posibilidad humana de elegir o renunciar.
• El espejo. Las imágenes deformadas y multiplicadas por el enfrentamiento de las diversas superficies del espejo le produjeron, según confesó, una sensación de horror. El espejo supone el reflejo del otro yo, el reverso de la realidad, una imagen aparente pero no exacta del original. También la autocontemplación, entendida como imagen de reflexión interna, puede añadir significados a esta idea del desdoblamiento.
• El tigre es una metáfora de la divinidad. Pero ese Dios no es necesariamente benigno y el mal puede anidar en él. El tigre es también una metáfora del tiempo que todo lo destruye.
• Ana María Barrenechea dice en la obra de Cedomil Goic (1988: 315) que los sueños son otra forma de sugerir la indeterminación de los límites entre mundo
real y mundo ficticio. Tienen dentro de la economía de sus relatos papeles premonitorios, laberínticos, de repetición cíclica, de alusión al infinito. Unas veces son más nítidos que la misma vida y por serlo la existencia tiende a volverse ensoñación, pero en la mayoría de las ocasiones los sueños se mezclan con los recuerdos y la realidad, sin saber qué es cierto y qué es inventado.
El rastreo de Borges a través de la literatura clásica, la mitología y los libros sagrados le permite disponer de símbolos que constantemente renueva. Cierta crítica ha añadido a los ya mencionados el umbral, la figura geométrica, el hombre inmemorial.
Nosotros sugerimos las flores como ejemplo de lo efímero, la palabra secreta que se identifica con la creación divina y con la poesía.
Otros autores apuntan nuevos símbolos como:
• El reloj de arena. El tiempo, materia deleznable. Pero sobre todo imperfecto en la percepción que los seres humanos podemos tener de él. Porque si supiésemos qué es el tiempo entonces sabríamos qué somos y quiénes somos. Así que, antes que relojeros, constructores de un tiempo más completo, circular, simultáneo, paralelo, mágico, un tiempo literario, creativo. ¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué estoy haciendo?
• Puñales, espadas y cuchillos a veces como símbolo de la muerte y otras como símbolo de coraje.
• Las monedas. Las monedas dictan el destino de los hombres: el destino del amor divino, pero también humano; el destino de la traición miserablemente recompensada, el peso de la culpabilidad. Las monedas caen sobre la mesa y el destino de los hombres queda irremediablemente escrito en su dibujo.
• El Aleph. Ese Aleph que Borges encuentra en la calle Garay llega a enloquecer y a matar a la persona que tiene el privilegio de verlo. Es un pequeño espejo, una esfera a través de la cual percibimos ese infinito del que no podemos dar cuenta mediante un elemento finito como el lenguaje. El descenso al sótano es entonces algo tan siniestro y extraordinario como insoportable, pues el incesante pasar de las imágenes y la percepción simultánea de diversas dimensiones del universo sobrepasa la humana condición. No sabemos si El Aleph sirvió para paliar su mal de amores. El cuento, dedicado a Estela Canto, su novia de entonces, que
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había impuesto, al parecer unas condiciones difíciles para él, conjura una de las obsesiones de Borges, la escisión entre el amor carnal y el amor etéreo, que como en un juego de espejos fluye en una interminable secuencia de tiempos y espacios. Puede pensarse que el descenso al sótano, como sugiere algún crítico, evoca escenas de la Divina Comedia y el romántico Borges, como Dante, baja a rescatar a Beatriz que lo espera en el infierno.
• El ajedrez. El juego de los juegos, el juego de la inteligencia que es la metáfora del mundo y su creador. Un juego que quizá nació en la legendaria Atlántida y que ha permanecido hasta nuestros días como el más excelso de los juegos, como un combate capaz de abolir el azar, como el juego infinito. ¿Y si fuesen dos dioses despóticos y crueles los que diariamente juegan la partida de nuestras vidas? ¿Y si otros dos dioses se mirasen en el espejo de estos dos primeros? ¿Y si...?
• La Brújula. La brújula y la muerte, la brújula y el misterio del mundo, la orientación en los entresijos del destino. Alguien o algo escribe cada día el guión de la existencia, de la vida de los hombres. En el papel, la brújula marca los puntos cardinales del artificio, los confines del arte.
6. EL TRATAMIENTO DEL TIEMPO Y EL ESPACIO EN EL ALEPH