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Capítulo 4: Los sistemas productivos bajo riego: conocimientos y habilidades de la

4.1. Caso Pampeano: riego complementario

“Un equipo, varias posiciones para maximizar la inversión”

a. La dimensión técnica-material

En base a esta primera clasificación en dos dimensiones, las instalaciones físicas en el caso del riego por aspersión con agua subterránea incluyen la perforación, la bomba y el equipo de riego. Estos aspectos refieren a la dimensión material del sistema.

Desde este punto de vista, el riego en Río Segundo es por aspersión, lo que quiere decir que el agua se distribuye mediante una lluvia artificial. Ésta es extraída del acuífero a través de una perforación que en esta zona varían entre 80 y 140 metros de profundidad por acción de una bomba. Las bombas funcionan tanto a combustible fósil –gasoil– como a energía eléctrica, siendo esta fuente de energía más rentable –por su menor costo (Bongiovanni, Barberis, y Simondi, 2012)– como así también más eficiente ya que requiere menos mantenimiento.

A continuación el agua es distribuida mediante sistemas de presión por los conductos del equipo hasta los ramales de aspersión, lo que facilita la aplicación del riego al no utilizar el suelo como medio, aunque sí puede ser afectado por condiciones ambientales como fuertes vientos que pueden reducir su eficiencia (Losada, 1997).

Prácticamente todos los productores regantes entrevistados en Río Segundo utilizan equipos de riego de pivote central, con excepción de uno de ellos que posee un equipo de avance frontal. El primero, tal como lo define Losada (1997), es una

“máquina consistente en un ramal para riego por aspersión que rota alrededor de una torre central fija, donde se alimenta”. Está formada por un lateral único, compuesto por una serie de torres. El conjunto formado por tuberías, estructura y aspersores entre dos torres se denomina tramo y puede variar entre 30 y 50 metros de longitud (ver Foto 1.).

Este equipo gira en forma circular y en función de la cantidad de tramos con los que cuente, se define la extensión del área regada en forma de círculo. En Río Segundo, cada círculo abarca en general una superficie de 80 ha dejando sin regar las esquinas del lote que representan el 20% de la superficie total de las parcelas cuadrangulares.

Cada torre cuenta con un motor y grandes ruedas que permiten su avance alrededor del eje. Al final del equipo, después de la última torre, se encuentra una tubería de menor diámetro, suspendida por cables, denominada voladizo, en cuyo extremo se ubica un cañón de riego (aspersor gigante), lo que permite aumentar el radio de mojado y, por ende, el área de riego (Uribe, 1999). Una vez puestos en funcionamiento, los equipos avanzan autopropulsados por energía eléctrica o combustible (gasoil), dibujando círculos en el paisaje agrario.

Foto1: Equipo de riego de pivote central

Fuente: Obtención propia. Trabajo de campo, Río Segundo, 2010.

Dadas las características semiáridas de esta región, el uso del riego es complementario, utilizado principalmente en invierno cuando escasean las lluvias y en verano para asegurar altos rendimientos. Esto permite que cada equipo y perforación pueda ser utilizado en varias posiciones. Las posiciones son las ubicaciones del eje del equipo, las que se encuentran conectadas por una tubería subterránea a la estación de

bombeo, donde se encuentra la perforación. Así, un mismo equipo puede regar tantos círculos como posiciones tenga.

La mayoría de los productores en Río Segundo manejan entre dos y tres posiciones, intentando maximizar la superficie regada. En promedio riegan poco más del 50% de la superficie de sus EAP´s, existiendo en los extremos un productor que riega el 17% y otro el 80%, que son los productores que cuenta con los campos de mayor y de menor superficie respectivamente.

Con respecto a los cultivos y su rendimiento, en el caso del trigo, por ser de producción invernal, suele realizarse íntegramente bajo riego siendo el cultivo que muestra mayor diferencia de rendimientos entre su producción en secano –con un promedio de 15 quintales (q), con mínimos de 10 q y máximos de 18 q– y bajo riego – con un rendimiento que va desde los 40 q hasta los 70 q, siendo lo más frecuente 50 q–

(ver Gráfico 1.).

El riego también es una herramienta importante para el cultivo de maíz, especialmente para sembrar en la fecha deseada y lograr la expresión del máximo potencial productivo de las semillas híbridas, dado que “el maíz responde muy bien al riego”. Así, los rendimientos varían de entre un mínimo de 50 q y un máximos de 85 q para la producción en secano, versus un mínimo de 100 q y un máximo de 150 q para su rendimiento bajo riego (ver Gráfico 1).

De las tres commodities, el cultivo de soja, por su “rusticidad”, es el que menos riego requiere. Según los productores, la soja “si bien no es un yuyo, se comporta como tal”. Además, por su desarrollo estival que acompaña la época de lluvias no depende del riego de la misma manera. Este es el cultivo que muestra menor diferencia entre la producción en secano y bajo riego, variando sus rendimientos entre 25 y 30 q para la soja de primera y entre 18 y 22 q para la soja de segunda; y bajo riego, entre 35 y 50 q para la soja de primera y entre 25 y 30 para la soja de segunda (ver Gráfico 1).50

Gráfico 1: Rendimiento de cultivos principales bajo riego y en secano

50 La variación en los rendimientos (entre mínimos y máximos) también depende de otros factores además del clima, como ser el suelo y el uso de insumos, etc.

Fuente: Elaboración propia en base a información primaria obtenida a partir de entrevistas a los productores regantes de Río Segundo, Córdoba (2008-2010).

Si comparamos estos rendimientos referidos por los productores entrevistados con los ensayos realizados por la EEA del INTA en Manfredi (ubicada en el departamento Río Segundo), vemos que son consistentes, observándose que los incrementos mayores se producen en el cultivo de trigo y los menores en el de soja (ver Tabla 2).

Tabla 2 Rendimientos promedios en riego y secano (período 1996-2011).

Cultivo Rendimiento promedio (kg ha-1)

Diferencia (kg ha-1)

Incremento respecto a secano %

Riego promedio Riego Secano (mm)

Trigo (cultivo anterior soja)

5.248 2.486 2.762 111 208

Trigo (cultivo anterior maíz)

4.758 2.096 2.662 127 208

Soja 1ª 3.980 3.050 930 30 138

Soja 2ª 2.872 2.335 537 23 99

Maíz 1ª 12.176 8.012 4.164 52 156

Maíz 2ª 9.004 6.154 2.850 46 119

Fuente: (Salinas et al., 2012).

Las modificaciones ambientales tienen que ver con la definición de áreas espaciales donde se intensifica el usos de recursos como el suelo y el agua, dando como resultado el incremento de los rendimiento, lo que visualmente se expresa en la creación de un nuevo paisaje agrario de características geométricas circular.

b. La dimensión técnica-práctica

El riego por aspersión es una tecnología con alta eficiencia en el uso de agua, que principalmente disminuye el riesgo climático y aumenta las posibilidades de precisión en la producción agrícola permitiendo mayor control de las fechas de siembra.

Su incorporación es vista por los productores como una herramienta para “manejar más variables” y poder planificar. Esto último, gracias al principal beneficio que brinda:

“estabilizar los rindes” y en ese sentido, reducir el riesgo de sequía. Así, entre sus beneficios se encuentra la capacidad de aumentar los rendimientos de manera estable, mejorar la aptitud productiva de los suelos y, en menor medida, incrementar la necesidad de mano de obra con respecto a la agricultura de secano.

En el ambiente semiárido del Espinal la agricultura debe adaptarse a las condiciones de escasez hídrica. Los productores manejan el ciclo productivo de los cultivos teniendo en cuenta que durante su crecimiento estos varían el requerimiento de agua, lo que los lleva a implementar distintas medidas agronómicas como selección de cultivares y fechas de siembra, densidad de plantas, sistemas de labranza, esquemas de rotación y manejo de los residuos de cosecha (rastrojos). Quienes cuentan con riego deben también realizar distintas operaciones para utilizarlo de manera eficiente. Estas operaciones conforman una práctica que se va desarrollando junto con una “cultura” de riego que es construida en base a la experiencia, al ensayo y error de los productores, pero también, al conocimiento experto que proveen los asesores técnicos de manera constante. A continuación se detallan las operaciones que forman parte de esta práctica agrícola.

Las distintas operaciones del manejo agrícola bajo riego Planificar

Esta es la actividad central que define la agricultura profesionalizada contemporánea y en especial, la agricultura bajo riego en Río Segundo. La planificación ayuda, como afirman los regantes, a que “las cosas salgan mejor”, optimizando la disponibilidad de agua, pautando fechas de siembra y coordinando lo círculos de riego según los distintos cultivos y sus requerimientos hídricos. Siguiendo a Ingold (2001:29, traducción propia), “planificar también es una habilidad práctica ambientalmente situada que como un ensayo, prepara para la acción que sigue sin especificarla en todos sus detalles concretos”. Esto hace que los planes que realizan los productores con sus asesores sirvan como una guía de relativa estabilidad que permite llevar un mejor

control de la actividad pero que no inhibe el cambio en las estrategias cuando los factores del entorno también se modifican, como se ve particularmente en el caso de las rotaciones.

Coordinar

Esto es fundamental cuando un equipo se usa en más de una posición. Si son tres los círculos de cultivo que se producen simultáneamente es importante prever el tiempo que lleva regar un determinado círculo según la demanda del cultivo. En este sentido,

“…hay que pensar muy bien cómo vas a poner las secuencias de los cultivos y las fechas de siembra” (Productor regante, “5”, Río Segundo, 2008), evitando que coincidan los momentos de mayor requerimiento de agua entre los distintos cultivos.

Rotar

Rotar los cultivos y ordenar su sucesión en las distintas parcelas forma parte de la planificación de la producción bajo riego. Todos los productores producen los mismos cultivos, variando, en menor medida y según la aptitud de los suelos, entre quienes siembran sorgo bajo riego o maíz, que a su vez depende de los costos de cada campaña agrícola. Sin embargo, el esquema de rotación de cultivos se repite sin mayores modificaciones entre los regantes. Este incluye maíz, luego soja de primera, seguido de trigo y finalmente soja de segunda, para reiniciar el ciclo con el cultivo de maíz nuevamente.

La generalidad de este esquema ideal demuestra que las rotaciones son prácticas colectivas, lo que quiere decir que conforman una institución y como tal forman parte del corpus de la cultura. Así, muchas de las decisiones sobre qué cultivar están basadas en un esquema cultural predeterminado que fija prácticas y los sentidos de dichas prácticas. Estas decisiones descansan sobre el conocimiento acumulado a través de la experiencia y permite evitar que estas se tomen en lo inmediato del fluir de la conducta.

Lo que no quiere decir de que las rotaciones sean estáticas, más bien todo lo contrario.

Las decisiones de qué cultivar al mismo tiempo expresan la racionalidad económica de los actores que buscan conciliar la rentabilidad con la practicidad y la valoración cultural de los cultivos conocidos. Este es el caso de las commodities agrícolas, apreciadas porque no presentan complicaciones para su producción al requerir mínima mano de obra y porque su comercialización es sencilla. Dentro de este grupo los productores regantes establecen distinciones basadas en su propia experiencia: mientras

la soja es “más rústica” porque “si la tierra es mala, la soja viene igual”, el maíz es más

“exigente pero muy noble”, por cómo responde a la fertilización y al riego. El trigo, al ser una gramínea, es generoso en residuos que sirven de cobertura y también responde bien al riego. Los tres forman un esquema ideal de rotaciones que se ve alterado sólo cuando la oscilación de precios –generalmente como producto de las intervenciones del Estado– impulsan a los productores a buscar mayor rentabilidad con cultivos alternativos.

Regar

En el riego, el diseño y la planificación están estrechamente conectados desde el momento que se concibe el proyecto. Este requiere calcular el largo adecuado de los brazos del equipo, esto es la cantidad de torres y la distancia de las posiciones, de manera de regar la mayor superficie posible con un solo equipo y una sola perforación, según el caudal disponible y la ubicación de las parcelas en el terreno. Sin embargo, el equilibrio entre la maximización del beneficio por inversión puede traer complicaciones los años más secos de mayor demanda de riego:

“…queremos que nos salga muy barato, entonces diseñamos equipos para regar muchas más hectáreas de las que se pueden regar bien, entonces… con este caudal disponible puedo regar bien 100 ha, más o menos 150, mal 200 […]

ahora, si vos querés regar 400 ha, bueno ahí 5 de cada 10 años te va a faltar agua, entonces generalmente se opta por regar 300 ha …no es que sea malo el negocio, es una forma de hacerlo” (Ing. Agrónomo, “22”, Córdoba, 2010).

¿Qué cultivos?

Los cultivos que se riegan son lógicamente los mismos que integran las rotaciones, pero estos tienen distintos requerimientos de agua. Como ya fue especificado, el cultivo que mayor riego demanda es el trigo, que se hace totalmente bajo riego dado que se produce durante el invierno cuando prácticamente no llueve en Río Segundo. Estos son trigos de alto rendimiento y los productores aplican entre 250 y 300 ml de agua, según la campaña. Para el maíz y la soja el riego es suplementario. Este se utiliza estratégicamente para poder sembrar y para aplicar insumos junto con el agua, como en el caso del fertirriego,51 sobre todo en el cultivo de maíz.

51 Fertirriego es la práctica de aplicar fertilizantes líquidos junto con el agua de riego a través del equipo de aspersión.

¿Cuándo?

Para definir el momento de aplicar el riego los productores se manejan con la técnica “tradicional” del “barreno”. Esta consiste en “pinchar” la tierra a mano para ver si hay barro o no. Si está seco, es necesario aplicar un riego. A modo de “balance hídrico”, los regantes van llevando la cuenta de cuántos milímetros aplican al cultivo, lo que se suma a los milímetros llovidos y se contrasta con lo que teóricamente este debería consumir según las estimaciones del INTA. Sin embargo, a la hora de definir si es necesario regar o no, la observación empírica a partir de la “técnica del barreno”

dirime la cuestión.

Para la planificación es determinante poder sembrar en la fecha deseada, lo que es posible gracias al riego. Por eso, por lo general, si no llovió se aplica un riego antes de la siembra. La importancia de elegir la fecha radica en que permite ubicar los distintos períodos de crecimiento del cultivo en los momentos en que el ambiente acompaña mejor sus necesidades:

“…yo quiero que el maíz tenga su floración a fines de diciembre porque siempre llueve, tenemos la máxima radiación, tenemos el máximo potencial de rendimiento del maíz y donde probablemente tenga que regar menos, porque es la época que más llueve. Entonces la máxima demanda de maíz que es 15 días antes, 15 días después de la floración yo la ubico en una época en donde la probabilidad de lluvia sea más alta y que la radiación sea más baja. Entonces, para que el maíz me florezca a fines de diciembre, tengo que sembrarlo los primeros días de octubre…” (Productor regante “15”, Río Segundo, Córdoba).

Un vez que el cultivo fue sembrado, los riegos se aplican cuando hacen falta. En el caso del trigo, que es el único cultivo de invierno de las rotaciones, los productores dejan el equipo arriba del lote durante todo su desarrollo y lo sacan sólo unos días para sembrar el maíz o la soja.

El requerimiento de agua de los cultivos dibuja una curva progresiva. Durante las primeras etapas de su desarrollo demandan muy poca agua, pero luego, ésta se intensifica con la floración, la espigazón y el llenado del grano. Cuando hay varios cultivos que dependen de mismo equipo, el productor trata de no hacer coincidir dichos momentos para poder tener el equipo focalizado en regar un sólo cultivo durante la época mayor requerimiento de agua.

¿Cómo?

Este es un tema de debate entre productores y asesores. Lo fundamental para muchos es “no ser tacaño” con el agua y tratar de “no especular tanto con la lluvia”.

Según la explicación de uno de los asesores, los primeros 5 ml de agua de riego se desperdician porque al quedar en el follaje no llega a las raíces de la planta. Si se riega de a pocos milímetros, el equipo puede completar la vuelta en menor tiempo, pero sólo se consigue regar los primeros centímetros de suelo impidiendo que la planta desarrolle su raíces en profundidad por lo que no puede aprovechar de manera eficiente los nutrientes disponibles. Así, si se riega de a poco cada vez, al final de la campaña se puede consumir la misma cantidad de agua total, pero la planta en realidad recibió menos.

Los asesores explican que para lograr la “máxima producción”, la percepción de que “la planta está linda” no es suficiente y puede ser un obstáculo a la hora de definir cómo regar.

“Eso cuesta un montón hacérselo entender a ingenieros agrónomos y a productores agropecuarios, porque visualmente, vos la ves linda a la planta, y no le estás dando de todo, porque para que vos logrés la máxima producción verse la planta linda es lo mínimo […] Vos la viste linda todo el tiempo, y a la hora de los bifes, cuando metés la cosechadora, no te rinde”. (Asesor, Río Segundo, Córdoba, 2010)

¿Cuánto?

Por eso las “láminas”, esto es, la cantidad de milímetros de agua que se aplican con cada vuelta del equipo, deben ser lo mayor posible. El equipo distribuye el agua en forma de lluvia según la velocidad de avance. La velocidad determina cuántos milímetros se aplican en una vuelta lo que constituye una “lamina” de riego. Al variar la velocidad de marcha, varía la cantidad de milímetros aplicados en una superficie, dentro de un rango determinado definido por un límite máximo y un límite mínimo. El mínimo está dado por la velocidad máxima del equipo que en los diseños normales es de alrededor de 5 ml. El límite máximo lo determina el suelo y su nivel de saturación, que depende de una serie de variables como el tipo de suelo, la densidad de rastrojo, la pendiente, el estado del cultivo, etc. Al saturarse el suelo, se forma barro y esto impide el avance del equipo.

“Con el mismo caudal de agua, vos podés regar 7 ml por día con el equipo dando vuelta si querés al 100%, con el equipo dando vuelta en un día… yo

hubiera elegido regar 35ml y demorarme una semana en dar la vuelta

(Asesor, Río Segundo, Córdoba, 2010).

Además del trigo que lleva alrededor de 300 ml, el segundo cultivo que más agua consume es el maíz con 240 ml, mientras que la soja es el que menos riego necesita con un consumo de alrededor de 100 ml, según el manejo que hacen los productores de Río Segundo.

La cantidad de agua utilizada por los cultivos está relacionada con los rendimientos, lo que se denomina eficiencia en el uso del agua. Por ejemplo, la pérdida de 100 mm de precipitación en un ciclo estival, equivale a alrededor de 9 q de soja y 18 q maíz (Montico, 2004). Es por esto que, en una zona de amplia variabilidad de lluvias como Río Segundo, la disponibilidad de riego permite estabilizar los rendimientos de los cultivos.

Trasladar

Otras de las tareas centrales que implica el manejo del riego complementario es el traslado del equipo de una parcela a la otra, es decir, de una posición a la otra. Este es un trabajo físicamente pesado que muchos de los productores realizan con sus empleados, porque consiste en levantar las 2 ruedas de cada una de la torres, girarlas y bajarlas, arrastrar el equipo con un tractor y volver a acomodarlas.

Controlar

Por esto, y por el cuidado continuo que el riego requiere, los regantes tienen un empleado encargado de estas tareas. El riego requiere atención mientras está en funcionamiento, para detectar cualquier inconveniente que pueda surgir. El equipo también necesita mantenimiento y cuidados cuando no se lo está utilizando o está

“parado”. Dado que es un aparato muy “vistoso” que llama la atención, puede ser víctima de robo o vandalismo, según entienden los productores:

“…hay que atenderlo… hay que darle una pispiada cada 3 horas 4, hay que mirar que todo esté andando… cuando está parado, hay que hacerle mantenimiento y aparte tenés mucho dinero puesto en el campo. El riego tiene la particularidad que es una cosa grandota, costosa, que tiene elementos atractivos, como son cubiertas, reductores, motores, baterías, cables que son choreables todos... entonces tenés que tener un tipo que le esté dando vuelta…”

(Productor regante, “14”, Río Segundo, 2008).