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El caso de la televisión estadounidense de habla hispana

In document Desde el Campus (página 181-200)

Kenton T. Wilkinson, Ph.D.

ITESM, Campus Monterrey

,

esde principios de los ochenta, organizaciones políticas latinas en los Estados Unidos han competido entre ellas mismas y contra grandes corporaciones para obtener la propiedad y un mayor control de las compañías de televisión de habla hispana que trasmiten a sus comunidades.1 Los principales focos exteriores de oposición han sido los propietarios extranjeros y no latinos, quienes son menos propensos que los latinos estadounidenses a:

entender y satisfacer las necesidades e intereses de programación de la audiencia; invertir las ganancias derivadas de sus empresas en las comunidades locales, y emplear, retener y promover a los latinos estadounidenses. Hechos de gran envergadura, tales como cambios en la propiedad de las cadenas, han provocado que diversas organizaciones latinas formen un frente unificado en contra de un enemigo común. Pero el análisis de conflictos menores (aunque no necesariamente de menores consecuencias) dentro de la industria revela la débil naturaleza de esa unidad, ya que han surgido rivalidades internas entre los sub-grupos latinos -principalmente e n t r e l o s m e x i c o a m e r i c a n o s y l o s cubanoamericanos- con efectos perjudiciales. Este estudio examina las relaciones dentro y entre los grupos étnicos que rodean a la competencia por el control de una industria cultural moderna, que ofrece el acceso a una audiencia de consumidores hispanohablantes que aumenta constantemente.2

Mientras que las ganancias económicas han sido el principal incentivo para la creación y expansión de la industria americana de la televisión de habla hispana, su significación social y política no debe dejarse a un lado. La capacidad del medio para alcanzar al segmento de. la población que conserva su lengua natal y que ha alcanzado mayor crecimiento en los Estados Unidos, nos da

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una visión del poder que acumulará en el futuro. El censo estadounidense de 1990 reportó una población latina de 22 millones compuesta por un 63% de mexicoamericanos, 13% de puertorriqueños, 11% de centro y sudamericanos y un 5% de cubanos (Oficina del Censo Estadounidense, 1991). En 1993, los demógrafos pronosticaron una población de 40 millones de latinos para el año 2015, sobrepasando a los afroamericanos y convirtiéndose en la minoría más extensa de la nación. Si asumimos que los patrones de uso del lenguaje de los latinos continúan en las siguientes dos décadas como lo han hecho en las dos décadas pasadas, un mayor porcentaje de la población estadounidense latina será de habla hispana y aquellos que hablan inglés no disminuirán considerablemente su uso del español (Aguirre y Bustamante, 1993).

Como se podrá observar claramente en las siguientes páginas, los rasgos culturales y lingüísticos comunes que han llevado a los mercadotecnistas, a la Oficina del Censo, a los científicos sociales y demás grupos, a clasificar a gente perteneciente a diversos grupos étnicos de Latinoamérica y el Caribe como “latinos”, son cambiantes y en ocasiones débiles. Sin embargo, el rápido crecimiento y diversificación de la población latina estadounidense ha provocado un gran cuestionamiento político y económico: ¿Qué sub-grupo latino tendrá el mayor control sobre el contenido de la televisión de habla hispana y las ganancias derivadas de su publicidad? Este estudio hace referencia a esta cuestionante al examinar los conflictos que han surgido entre las organizaciones políticas latinas3 en su lucha por una mayor y mejor representación en la industria de 1980 a 1993. La discusión de esos conflictos dentro del contexto del desarrollo de la televisión de habla hispana, es antecedida por una breve explicación de un prometedor marco para analizar las relaciones étnicas dentro y entre los grupos.

Etnicidad situacional, latinismo y relaciones entre subgrupos latinos

El trabajo teórico en materia de identidad étnica y su actualización a nivel de grupo, ofrece un referencia útil para el entendimiento de los conflictos entre los grupos étnicos para obtener control e influencia en la televisión americana de habla hispana. En los ochenta, el concepto de “etnicidad situacional” se hizo presente en la literatura sobre la identidad étnica como una alternativa a los estrictos modelos de asimilación; muchos de los cuales presuponen un pasaje gradual de los inmigrantes hacia niveles de mayor adaptación a la cultura anfitriona. Los modelos

de asimilación ignoran la importante cuestión de cómo el cambio contextual en períodos cortos de tiempo (v.g., horas diarias, semanales) impactan en la percepción y expresión de la gente respecto a su propia identidad. La etnicidad situacional permite una mayor flexibilidad al postular que las minorías étnicas cambian su comportamiento e incluso sus actitudes de acuerdo con el ambiente que las rodea. De esta manera, por poner un ejemplo, una ejecutiva latina expresará y percibirá su etnicidad de manera distinta cuando éste en una comida de negocios con compañeros de trabajo que no son latinos, visite la casa de sus familiares políticos que sólo hablan español o cuando sea la anfitriona de una cena informal para latinos que hablan inglés. Félix Padilla (1985a, 1985b) ha señalado que una dinámica similar opera a nivel colectivo y que para entender las relaciones entre los grupos étnicos, primero se debe reconocer que “la persona latina se percibe algunas veces como tal y otras como puertorriqueños, mexicoamericanos, cubanos y similares” (1985b:336). La decisión de cuándo emplear una identidad étnica específica está determinada según la situación y basada en las metas y opciones de los grupos y su mejor manera de alcanzarlas.

Basado en las ideas de Padilla, yo brindo tres categorías de interacción entre los grupos étnicos. El primer término es tomado directamente de Padilla: el latinismo se refiere a una acción de cooperación entre dos o más sub-grupos latinos para mejorar su posición vis à vis el sector dominante de la sociedad estadounidense. Para que el latinismo pueda ser invocado, los beneficios percibidos de una solidaridad pan-latina deben ser mucho mayores a los beneficios de actuar como un sub-grupo.

Por consiguiente, las condiciones estructurales en el área de educación, política y economía, son focos comunes de atención en la acción grupa1 latina. El término que yo utilizo para definir a la lucha de cada grupo que actúa de manera aislada para obtener una mejor posición y acceso a los recursos en relación al sector dominante es efnicisma. Cuando el etnicismo se ve involucrado, el grupo percibe que sus intereses son mejor utilizados a través de una acción colectiva con el grupo en lugar de mostrar una mayor solidaridad. El desavenirisnzo identifica las rivalidades dentro de sub-grupos latinos que compiten entre sí para obtener poder e influencia política y económica. En esta dinámica, uno o más sub- grupos dentro de la categoría de “latino” son percibidos como competidores directos por el poder, recursos o posición de los grupos que desean. Las organizaciones políticas argumentan ser los representantes y servir a los intereses de los sub-grupos, usualmente en las áreas de derecho y/u opinión pública, lo cual

Kenton T. Wilkinson 183 favorece una imagen del latino dentro de una lucha entre otros sectores de la sociedad4 .

Debo poner un énfasis especial en el hecho de que estas categorías no deben ser consideradas como inclusivas o mutuamente excluyentes: ellas ofrecen una manera de clasificar, de manera general, la acción de los grupos, la cual varía substancialmente según el asunto, contexto o situación (Padilla, 1985b). Un grupo con identidad étnica, como una individualidad y su acción, deben ser vistos como procesos en un cambio constante, no como un fenómeno al cual se debe recurrir con una fórmula establecida. En las siguientes secciones, subrayan la naturaleza del proceso de identificación étnica de los sub-grupos y sus relaciones, al examinar sus fluctuaciones durante un período de acelerado crecimiento y cambio en el desarrollo de la televisión estadounidense de habla hispana.

Latinismo: La lucha por un mayor control

La historia de la televisión de habla hispana puede dividirse en tres fases de desarrollo. Durante la primera fase, de 1961 a 1985, la cadena televisiva Univisión (antes Spanish International Network, o SIN) se formó a partir de una empresa de dos estaciones que trasmitían señales que sólo podían ser recibidas por equipos con un adaptador especial UHF, y llegó a ser una cadena nacional propietaria de cinco estaciones5 y afiliada con cuatro estaciones de alta potencia, catorce de baja potencia y más de 200 sistemas de televisión por cable (In re SICC, 1986).

Una segunda fase del desarrollo de la industria comenzó a partir de 1986 cuando la SIN se vio forzada a renunciar a sus licencias de programación después de que la Comisión Federal de Comunicación corroboró denuncias de que ésta tenía un control ilegal, ya que estaba en manos de un extranjero, el mexicano Emilio Azcárraga Milmo. Hallmark Cards Corp.6 compró en primer lugar la red de estaciones (conocida en aquel entonces como Spanish Intemational Cornrnunications Corporation, o SICC), después pagó otros US$300 millones por la cadena televisiva SIN y por un acuerdo de programación con la empresa Televisa que le garantizaba el derecho de elegir la programación antes que otras cadenas. A pesar de este carísimo aseguramiento de programación mexicana importada, Hallmark aumentaría su tiempo al aire dedicado a programas producidos en Estados Unidos, de un 6%

aproximado en 1987 a casi un 50% en 1992 (Mendoza, 1992). La causa principal de este costoso acuerdo de programación y aumento de producción doméstica fue la nueva competencia que a partir de 1986 implicaría la formación de la cadena Telemundo y su posterior expansión?

Una tercera fase de desarrollo se inició en 1992 cuando la FCC aprobó la venta de la cadena Univisión en US$550 millones a un grupo de inversionistas compuesto por Televisa, A Jerrold Perenchio (productor de Hollywood, quien había hecho una fallida oferta por SICC en 1986) y la poderosa cadena venezolana Venevisión. Según lo establecido en los términos de la asociación, Perenchio sería dueño del 76% de la estación y cada uno de sus socios tendría un 12%. Este acuerdo se conforma según la sección 310 del Acta de Comunicaciones de 1934, ley que limita la propiedad extranjera de las cadenas de televisión a un 25%, bajo- lo cual Azcárraga fue obligado a renunciar al control de Univisión en 1986. Perenchio es dueño de la cadena en un 50% y, en un 25%

Televisa y Venevisión respectivamente (“The Secrets”, 1993). La ley de Estados Unidos no pone un límite de cantidad a los no- ciudadanos para ser dueño, o al control que pueden tener de las cadenas televisivas. Varias organizaciones políticas latinas llenaron peticiones para impedir que se transfirieran las licencias de Univisión, argumentando que el interés público no era atendido, que el control extranjero de las licencias se reinstauraría y esto resultaría en una pérdida de empleos, competitividad y diversidad en la televisión de habla hispana. Los grupos de protección de las etnias contra los medios que eran apoyados por las organizaciones políticas de latinos y sus peticiones, serán examinadas con mayor detalle en una sección posterior del presente estudio.

La Primera Fase del Desarrollo de la Industria: 1961-1985 Como Gutiérrez y Schement (1984) mencionan , la mayor fuerza detrás del desarrollo de las compañías de televisión de habla hispana fueron las ganancias obtenidas en un mercado secundario derivadas de la programación producida originalmente en el mercado mexicano. Debido a que sólo un 6% de la programación estaba dedicado a programas producidos en los Estados Unidos (principalmente noticieros locales, programas de relaciones públicas y en ocasiones programas especiales), pocas oportunidades existían en la industria para que los latinos pudieran aprender las profesiones tanto dentro como fuera de la pantalla.

Así, como el mercado hispano y la industria de la televisión recibieron mayor atención periodística desde finales de los setenta, la cuestión del empleo se trató en el foro legal.

La primera acción legal importante que expuso las desigualdades en el empleo fue hecha por la Spanish Radio Broadcasters Association (SRBA) un grupo nacional compuesto por dueños y ejecutivos de estaciones de radio que intentaban debilitar el control que la industria de la televisión tiene sobre las

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compañías internacionales en español. En 1980, la SRBA interpuso una apelación informal en contra de una solicitud de permiso de construcción de la SICC. Las principales quejas que llevaba a la FCC eran: control ilegal de las estaciones de transmisión por una corporación extranjera y una actitud desleal en contra de la ley de competencia económica estadounidense (Report of the Special Master, 1983). La escasez de oportunidades de empleo para los latinos estadounidenses también fue tomada en cuenta; a esto haría referencia Ed Gómez, el presidente de la compañía SRBA, al comentar que: “La FCC está permitiendo la formación de un monstruo que al final de cuentas mermará el desarrollo de la programación de televisión por los hispanos americanos” (“FCC Probing”, 1980). Aunque a final de cuentas la FCC desestimó los cargos de competencia desleal, la cuestión del control en manos de extranjeros llevaría a una ampliación de las investigaciones y en 1986 se tomaría una decisión de negar la renovación de las licencias de las estaciones de la SICC (In re SICC, 1986). Aunque la cuestión del empleo latino no salió a flote, los argumentos legales y éticos que se utilizaron tendrían relevancia posteriormente. Las organizaciones políticas latinas obtendrían confianza en la FCC por el éxito del SRBA y muy pronto comenzaron sus propias luchas para obtener un mayor control y empleo en las estaciones de televisión.

La Segunda Fase del Desarrollo de la Industria: 1986-1992 La responsabilidad de encontrar un comprador para las estaciones de SICC estaría a cargo de la Corte Federal del Distrito de Los Angeles, adjudicando una demanda derivativa de 10 años a los poseedores de las acciones (Fouce v. SICC, 1976) en contra de los dueños principales y directivos de SICC.8 La decisión de la FCC urgió una pronta resolución del caso a favor de los demandantes y organizó un comité de venta para seleccionar un comprador para el grupo de la estación.

A principios de julio de 1986, el grupo de los demandantes disminuyó a dos: una inversión conjunta entre Hallmark y un socio menor, First Capital Corporation of Chicago, y la TVL, un grupo de inversionistas latinos liderado por Diego Ascencio8 el ex- embajador de Brasil en Estados Unidos. El 18 de julio de 1986, la juez Mariana Pfaelzar se adelantó a la fecha de vencimiento del comité de venta y seleccionó a Hallmark y First Chicago con la oferta de US$301.5 millones, cantidad menor pero más segura que la oferta de US$325 millones de TVL.

Cuando se hizo pública la noticia de la venta tres días después, diversas protestas y denuncias se precipitaron de parte

de organizaciones políticas mexicoamericanas del área de Los Angeles. Los principales argumentos en contra de esta transferencia a Hallmark eran: la falta de experiencia en programación en español de la compañía; su escaso entendimiento de las necesidades e intereses de las comunidades latinas; y la posibilidad de que la cadena hiciera sus transmisiones en inglés, después de que el acuerdo de programación por dos años con la SIN expirara. Estaba implícita en estos argumentos la suposición de que un control latino de la organización traería mayores oportunidades de empleo a los latinos.

Las organizaciones mexicoamericanas presionaron para bloquear la venta del SICC a compradores no-latinos en el Concejo de la Ciudad de Los Angeles, la oficina de supervisión del Condado de Los Angeles, la Legislatura de California y la Cámara de Representantes. El gobierno del estado, del municipio y del condado pasaron resoluciones que le exigían a la FCC otorgar una licencia de la estación KMEX sólo a compradores latinos (Valle, 1986a, 1986b), pero ninguno tendría influencia significativa en la FCC. El congresista Matthew Martínez (demócrata de Los Angeles y del Comité Hispano del Congreso) introdujo el “Acta de minorías sobre propiedad de 1986”, pero falló en obtener suficiente apoyo de sus colegas en este comité (Beale, 1986). Otra estrategia de oposición fue apelar directamente a la FCC.

Las organizaciones latinas diferentes en etnicidad y política pasaron a formar parte de la oposición de TVL en contra de la transferencia de las licencias de SICC a Hallmark y First Chicago?

Las peticiones de TVL enfatizaron en todo momento el procedimiento de venta de la corte del distrito (3 FCC Rcd. 4319 [1988)]), muchas de las peticiones de los grupos se enfocarían en la política de venta de la FCC. En 1978, como un esfuerzo para aumentar la propiedad de cadena por parte de mujeres y minorías, la FCC aceptaría una reglamentación llamada venta distress, en donde los dueños de las cadenas transmisoras en riesgo de perder sus licencias podrían, a través de una audiencia de la FCC, transferir el control de un 75% (o menor) de su valor total en el mercado a una entidad en manos de minorías étnicas. Los latinos reclamaban que la FCC debería de haber designado las licencias para una venta distress. La FCC argumentó que no tenía poder ni para imponer una política ni para ordenar una nueva venta entre competidores minoritarios (1 FCC Rcd. 92 [1986]). En 1990, la Suprema Corte de Estados Unidos regresó el caso a la FCC para que clarificara su decisión (893 F.2d. 1449 [1990]), pero la transferencia en 1992 de la estación a la alianza Perenchio- TelevisaVenevisión complicó más la cuestión.

De esta manera, las cuestiones respecto al empleo latino y

Kenton T. Wilkinson 187 control de la televisión de habla hispana se unieron y articularon en las cortes, la de California y aun en el Comité del Congreso Federal, con organizaciones políticas representadas como un gran frente latino unificado. Su actuación se enmarcó en el término latinismo de Félix Padilla, ya que se percibía que el bloqueo a la transferencia de las estaciones a manos de no latinos era un interés común. Sin embargo, el lento proceso de apelación y el manejo de las decisiones tomadas en Univisión y su competidor principal Telemundo desgastaban este frente involucrando en su lugar lealtades a sub-grupos étnicos. En vez de actuar como una fuerza pan étnica, las diversas organizaciones políticas empezaron a defender sus intereses como mexicoamericanos, cubano americanos, puertorriqueñoamericanos. Una característica desafortunada de la lucha entre grupos fue que se hizo pública en la prensa, y esto confirmaría para algunos miembros de la audiencia la falsa concepción que se tiene de que los latinos americanos siempre están peleando entre ellos mismos.

Desavenirismo: El problema de la “cubanización”

La “cubanización” de la industria de la televisión de habla hispana fue el término que utilizó el diario de Los Angeles La Opinión para describir los eventos de 1989 que parecieron opacar la influencia de los mexicoamericanos en Univisión y Telemundo.

El empleo de mexicoamericanos y el control creativo y editorial sobre las cadenas fueron asuntos que alimentaron una controversia que exponía las marcadas tensiones entre dos sub-grupos latinos cuyas poblaciones son completamente distintas en términos de localización geográfica, orientación política y estatus económico.

La población cubano americana, se concentra en el sur de Florida y en los estados del Atlántico medio, tiende a ser conservadora en el aspecto político y en promedio cuenta con el mayor nivel de ingreso entre los grupos latinos. En contraste, los México americanos se encuentran concentrados en los estados del sur, al oeste del río Mississippi, tienden a ser más liberales en la política y tienen en promedio un salario menor al de los cubanos, aunque no son los de menor ingreso de entre los grupos latinos (ver nota número13; Veciana-Suarez, 1990).

El retiro y despido de varios ejecutivos y directores de noticias mexicoamericanos de las estaciones de Los Angeles precipitó la controversia en el verano de 1989. Frank Cruz, un reportero muy conocido y vice-presidente y director general de KVEA (estación de Telemundo) renunció en lugar de esperar a ser despedido. Un no latino lo reemplazaría. Poco tiempo después, Danny Villanueva anunció su retiro de KMEX de Univisión, donde

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