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De los señores y los principales en los cronistas de la zona maya

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una vía de acercamiento = la percepción de Ia organización social

Blanca López de Mariscal ITESM, Campus Monterrey

,

urante los primeros años de la conquista se da en el territorio americano una impresionante penetración de los hombres hispanos, parecería que tienen acceso a todos los rincones y que no hay territorio, por escarpado o inaccesible que sea, al cual no hayan sido capaces de llegar, de dominar y en muchos de los casos de describir.

En el amplio corpus que conocemos como crónicas de Indias existe un grupo de textos escritos por los misioneros y conquistadores que recorrieron la zona habitada por los hablantes de la lengua maya. Pedro de Alvarado, Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Diego Godoy, son parte de estos conquistadores que no sólo han tomado bajo su responsabilidad el trabajo de

“pacificación”1 y conquista de las tierras mayas, sino que también han dejado textos en los que describen sus hazañas y contratiempos en los inhóspitos territorios a los que se han tenido que enfrentar.

Una de las primeras consideraciones que tenemos que hacer con respecto a este grupo de textos y la forma como tratan el tema al que hoy nos enfrentamos, es que estas crónicas no tienen como finalidad primaria dar cuenta de cómo se encuentra organizada la sociedad, y es obvio que tampoco es el lector del siglo XX su destinatario inmediato; muy por el contrario estos textos tienen como destinatario de primera instancia, al Monarca, o a la figura en el poder 2, y en segundo término todos aquellos contemporáneos del autor que deseen estar enterados de la forma como se llevaban a cabo las empresas 3 de la conquista. Su finalidad primaria es esclarecer y enaltecer la participación que el remitente ha tenido en la empresa que se narra. Las noticias sobre la organización social y las funciones de los señores, aparecen en las crónicas de los conquistadores como una información secundaria. En este punto es pertinente aclarar que no por ser secundaria deja de ser Revista de Humanidades, núm. 1, 1996

indispensable para comprender el contexto de la narración, pero en ningún momento es el motor informativo de los textos 4. En ocasiones, como es el conocidísimo caso de La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, la intención primaria es la de corregir versiones anteriores del relato de la conquista que son consideradas por el autor como falsas o inexactas:

...y a esto dice Bernal Días del Castillo, el autor de esta relación, que si esto escribiera Cortés la primera vez que él hizo la relación de las cosas de la Nueva España, bueno fuera;

mas en aquella razón que escribió a su Majestad, toda la honra y prez de nuestra conquista se daba a sí mismo y no hacía relación de nosotros (Tomo III, 199)5.

La definición de prez en el Diccionario de Autoridades es ” el honor, la estima que se gana con una acción gloriosa”,eso es lo que a Bernal le interesa alcanzar y de ahí el uso de la sinonimia.

Por ese motivo no se conforma con mencionarlo una sola vez y reitera el concepto: honra y prez.El, como el resto de los conquistadores esperan del Monarca las mercedes y las gracias que les habían de ser otorgadas por virtud de sus hazañas y es por esto que se da a la tarea de elaborar una crónica tan pormenorizada.

El caso de los misioneros es diferente, a ellos sí les interesa la descripción de las sociedades indígenas, ellos se dan cuenta de que es indispensable conocer, para lograr sus fines, y aunque en cada uno de los casos que aquí se analizan, el fin es diferente, -para Landa es importante conocer para evangelizar, mientras que para Las Casas el describir a los indígenas y su forma de vida es un arma indispensable para convencer a Europa de la calidad de seres humanos que los indígenas tienen- aunque el fin es diferente, digo, en ambos el referente es el nuevo mundo al que se enfrentan y del que desean dar cuenta, tratando de penetrar y describir todos sus aspectos y particularidades.

Existe un tercer grupo de textos que es interesante observar como contrapunto, éstos son los producidos por informantes indígenas o mestizos, que narran el asombro de su pueblo ante la llegada de los españoles y las guerras de dominación que de este hecho se derivaron. Ellos, igual que los conquistadores, hacen mención de los roles de los señores y los principales de forma incidental (circunstancial), pero aun así no pueden dejar de nombrarlos, ya que el enfrentamiento entre los dos mundos es sobre todo un enfrentamiento de sus líderes. Los hispanos saben muy bien que una vez que se ha dominado al señor de cada una de las regiones, prácticamente se tiene el control del resto de la población. El informante indígena, que en la mayoría de los casos

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es uno de los “principales”, suele también dar información del comportamiento, las actitudes y las decisiones que los señores van tomando.

Cualquiera que sea la razón que da origen a estos textos, tenemos la oportunidad de encontrar en ellos las primeras relaciones que se hicieron del mundo mesoamericano, así que sin olvidar el motivo que les da origen, acerquémonos a hacer una revisión de la percepción que de los señores y de la organización social tuvieron los cronistas hispanos.

Las ciudades

Lo primero que se hace evidente a los narradores testigos de la conquista son los asentamientos urbanos, nos dan cuenta de la forma como los edificios están distribuidos y de la importancia relativa en cuanto a tamaño y número de habitantes, haciendo siempre comparaciones con aquello que les es familiar:

Que antes (de) que los españoles ganasen aquella tierra vivían los naturales juntos en pueblos, con mucha policía, y tenían la tierra muy limpia y desmontada de malas plantas y puestos muy buenos árboles; y que su habitación era de esta manera: en medio del pueblo estaban los templos con hermosas plazas y en torno de los templos estaban las casas de los señores y de los sacerdotes, y luego la gente más principal... y a los fines del pueblo estaban las casas de la gente más baja, y que vivían en estas congregaciones por miedo a sus enemigos...(Landa, 35)

Policía en el siglo XVI es el buen orden y gobierno que se guarda en las ciudades y las repúblicas. A partir de esta acepción rara vez usada entre nosotros, se desprende una sistematización del espacio urbano y de la gente que en él habita. Landa nos habla en segundo término, del orden de los edificios y de la distribución de las viviendas según el estrato social de los habitantes. Los conquistadores nos proporcionan muchas veces este tipo de observaciones. Bernal dice al llegar a Chiapa :

y verdaderamente se podía llamar ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin (contar) otros muchos pueblos sujetos a él que estaban poblados a su rededor...(421)

El soldado cronista percibe el orden y la distribución de la ciudad pero no se queda allí, añade un elemento que será indispensable tomar en cuenta si queremos observar su percepción de la organización social; Chiapa es una entidad a la que están sujetos muchos otros pueblos. Este se va a convertir en un común

denominador para explicar las relaciones que existen entre los diferentes grupos humanos. El lector de las crónicas se da pronto cuenta de que alrededor de un pueblo o ciudad que ostenta la primacía existen otros pueblos dependientes de él: “...fuimos a otros pueblos sujetos al mismo Cachula.“(419) En el sistema de organización maya tal y como es descrito por los hispanos, observamos que los núcleos están también jerarquizados entre sí;

Fray Bartolomé de las Casas dice refiriéndose a Ultlatlan: “El reino más poderoso que había en muchas leguas del circuito de lo que nosotros llamábamos Guatimala, especialmente hacia los altos y sierras, era el reino de Ultatlan”(615) un poderío al que los otros deben reconocimiento de superioridad que “no era dalle tributo, - dice Las Casas- sino sola obediencia reverencial como á hermano mayor; y ayudalle cuando se le ofrecía tener alguna guerra.“(615)

Jerarquías

Si existía una jerarquía entre las ciudades y ésta fue percibida y reportada por los cronistas, es lógico pensar que existiese también una jerarquía entre los habitantes, que el conquistador tiene necesidad de decodificar. De hecho lo que encontramos en primer término en todas las crónicas, tanto de indígenas como de españoles, es un enfrentamiento entre los líderes de ambos grupos, esto no es privativo de la zona maya, lo vemos en todos los relatos.

Para Cortés, dominar a Moctezuma es el primer paso para dominar todo el territorio que los mexicas controlan, a Pedro de Alvarado le interesa siempre controlar a los jefes de los grupos indígenas y a través de ellos ejercer el control sobre el resto de la población. Los jefes indios a su vez están conscientes de que han de presentarse frente al conquistador:

Los reyes Belehé, Quat y Cahí Ymox salieron al punto a encontrar a Tunatiuh. El corazón de Tunatiuh estaba contento cuando llegó a Yximchée. De esta manera llegaron antaóo los castellanos,¡oh hijos míos! En verdad infundían miedo cuando llegaron.

0 en otro pasaje dicen:

fueron recibidos (los españoles) por los reyes, el Ahpop y el Ahpop Quamahay, y los quichés les pagaron el tributo (Andes de los Cakchiqueles, 125-126).

Hay siempre un movimiento hacia el encuentro de parte-de los señores mayas con respecto al conquistador, aún cuando la primera opción sea enfrentarlos en la batalla o huir, irremediablemente terminan por dar la cara. Sólo por dar un ejemplo veamos lo que sucede a los señores de los Cakciqueles Ahpozotzil y Ahpoxahil quienes después de cinco años y cuatro

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meses de estar escondiéndose, “estuvieron bajo los árboles, bajo los bejucos” nos dice el cronista en lenguaje metafórico, hasta que finalmente “salieron los reyes y se dirigieron a Paruyal Chay.

Numerosos señores se les unieron... Tunatiuh se llenó de alegría ante los jefes cuando volvió a verles las caras.”(133) No quiero pasar por alto aquí el ‘contento’, la ‘alegría’ de Pedro de Alvarado que con gran ingenuidad describe el informante indígena, pero cuyos motivos no escapan a la decodificación del lector contemporáneo.

En la crónica de Cak Xulub Chen también encontramos textos en los que son los señores los que tienen el papel activo al presentarse frente al conquistador: “. . . Entonces yo fui con mis compañeros Ah Macán Pech, y su hermano menor Ixkil Itzamán Pech, señor de la ciudad de Conkal, y mi padre... éstos eran mis compañeros cuando fui a entregar el tributo.“O este otro fragmento: “...el príncipe señor de Chonkal, y yo también, Ixnakuk Pech, señor de esta ciudad de Chac Xulub Chen, entramos en el compromiso de entregarles por segunda vez el tributo”{183-184). A los hispanos les interesa describir cómo están formadas las estructuras sociales y cuáles son los roles que los individuos juegan dentro del grupo, decodificarlas, para ellos, es penetrar en su funcionamiento, y dar el primer paso hacia el control de la situación.

Las Casas hablando de la organización de Yucatán nos dice:

Tenían sus reyes y señores grandes a quién obedecían gran número de vasallos, porque eran numerosas las gentes que en aquél reino había; tenían maravilloso gobierno, leyes y costumbres buenas; vivían en paz y justicia y desto puede por argumento claro bastar la multitud de las poblaciones(631).

Ya hablamos de las intenciones de Las Casas al escribir su Apologética, así que resultaría prudente prescindir de adjetivos como: “maravillosos y buenos” pero a lo que no podemos quedar ajenos es a la argumentación del obispo de Chiapas.

Ahora bien, aunque no debemos confiarnos de la exactitud con la que los cronistas dan cuenta de la realidad, ya que este proceso está necesariamente mediatizado por la lengua, y esta lengua en el caso de los hispanos es ajena a la realidad que describe;

sólo poseemos la lengua como instrumento para acceder a esa realidad, y tratar de entenderla. Es interesante observar que en el texto de Las Casas que antes citamos y en los textos originalmente escritos en alguna de las realizaciones del maya pero traducidos al español, reyes y señores aparecen como sinónimos, “...se levantó y dijo uno de los principales, llamado Chocpaloquem: ‘Rey y señor, estáte en tu reino y ciudad, que yo quiero ir a ver lo que quieren los españoles.’ (Crónica Acalán Tixchel, 271).

Encontramos otro ejemplo en la crónica de Chac Xulub Chen que consigna el siguiente diálogo “-Ese es el rey y señor, -les fue diciendo- Ese es el rey Cocom Aun Pech.“(182).

Como contraste, en el resto de las crónicas de los hispanos, la palabra rey suele reservarse para el Monarca español, mientras que señor, es portador de un significado cuya indeterminación se hace evidente por el uso del plural, de tal manera que en una sola ciudad puede haber uno o varios señores: Pedro de Alvarado escribe refiriéndose a Ultatlán ”

Ciudad de Vilatan...” ; ...y de los quatro Señores de esta

“los Señores de la ciudad me contradecían...“( 158-159), o con palabras de Landa: “...los señores regían el pueblo...”(21) De todos los cronistas hispanos el único que utiliza indistintamente los títulos de rey y señor es Fray Bartolomé de las Casas, uso que no había de extrañarnos si una vez más tomamos en cuenta las razones que dan origen a los textos del obispo de Chiapas, y que, entre ellas, la más importante es la de probar la humanidad de los indígenas. Para Las Casas describir el sistema de gobierno de los pueblos mesoamericanos con los mismos términos que se organizan los europeos del siglo XVI equivale a equipararlos, a ponerlos en un nivel de igualdad.

Las funciones de los Señores eran variadas, lo mismo “regían el pueblo concertando litigios, ordenando y concertando las cosas de su república” (Landa, 41), que asignaban tierras o poderío

“acordaron los señores, para que la república durase, que el mando principal lo tuviese la casa de los Cocomes, por ser la más antigua y rica y por ser el que la regía entonces hombre de gran valor.“(Landa, 20). 0, concertaban sus cosas y negocios

“principalmente de noche”, e impartían justicia “que los agravios que se hacían unos a otros mandaban satisfacer el señor del pueblo del dañador... y si eran de un mismo pueblo lo comunicaban al juez que era árbitro...” (Landa, 47).

Las habitaciones

Para poder cumplir con todas estas funciones vivían los Señores en casas especialmente construidas para ellos por “...el pueblo menudo (el cual) hace a sus costas las casas de los señores.”

(Landa, 41). Utilizaban techos de paja, “que [la] tienen muy buena y mucha” escribe Landa y con las paredes “blanqueadas de muy gentil encalado y los señores las tienen pintadas de muchas galanterías”,

huéspedes”. y la “mitad es el recibimiento y aposento de los El texto de Landa nos informa que las casas de los señores eran construidas en el centro de la urbanización dentro de una zona amurallada destinada a albergar sus templos;

Blanca López de Mariscal que allí cercaron de una muy ancha pared de piedra seca

como medio cuarto de legua dejando sólo dos puertas angostas y la pared no muy alta, y en el medio de estas cercas hicieron sus templos... y que dentro de este cercado hicieron casas para los señores...(Landa,20)

El resto de la población vivía fuera de ese terreno cercado que estaba destinado únicamente a los Señores:

ordenaron que pues en el cercado no había sino templos y casas para los señores y gran sacerdote, que se hiciesen casas fuera de la cerca donde cada uno de ellos pusiese alguna gente de servicio y donde los de sus pueblos acudiesen cuando viniesen a la ciudad con negocios...(Landa, 20) Los roles

Los mismos campesinos que construyen a su costa las casas de los señores son los responsables de la producción de los bienes de consumo, especialmente de la alimentación de la que proveen a los señores:

...Allende las casas hacia todo el pueblo a los señores sus sementeras, y se las beneficiaban y cogían en cantidad que les bastaba a él y a su casa; y cuando había caza o pesca o era el tiempo de traer sal, siempre daban parte al señor, porque estas cosas siempre las habían en comunidad.

(Landa, 41)

Esta costumbre de proveer de alimento a los señores se va a ver repetida infinidad de veces en el proceso de la conquista; la escena de la donación de comida a los recién llegados, una vez que queda establecida su superioridad, es una constante tanto en el centro de México como en la zona maya: “. . . sobre veinte o treinta mil indios le estaban esperando cargados de gallinas e comida...“(Las Casas, Tratados, 89).

Los mantenimientos no siempre se entregan por propia voluntad, existe una persona encargada de vigilar el acopio, a quien Landa llama mayordomo:

...el cual traía por señal una vara gorda y corta y que lo llamaban Caluac y que este mayordomo tenía cuenta de pueblos y de quienes los regían y que ellos se enviaban aviso de los que era menester en casa del señor y veía lo que era menester en ella y lo proveía luego, porque su casa era como oficina de su señor.(Landa, 20).

Las comitivas

Los señores se encuentran siempre rodeados de un gran séquito o comitiva que suele acompañarlos, Landa dice que: “...si los señores salían del pueblo llevaban muchas compañías, lo mismo que cuando salían de sus casas”(41). Fray Bartolomé de las casas es mucho más explícito cuando describe una situación similar, la escena que transcribo está tomada de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias: ”...salióle a recibir en unas andas e con trompetas y atabales e muchas fiestas el señor principal, con otros muchos señores de la Ciudad de Ultatlán, cabeza de todo el reino.. . ”(Las Casas, Tratados, 83-85). Encontramos una escena similar en los Títulos de los Señores de Totonicapán: “...marcharon los señores y luego mandó Qotuhá a cuatro Ahpop-Camhá llevando unas andas pintadas de amarillo, un petate colorado y unos caites.“(231). Ellos se suelen acompañar en sus fiestas y celebraciones con instrumentos musicales”:

Tienen atabales pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco, de sonido pesado y triste, que tañen con un palo larguillo con leche de un árbol puesta al cabo; y tienen trompetas largas y delgadas, de palos huecos, y al cabo unas largas y tuertas calabazas; y tienen otro instrumento que hacen de la tortuga entera con sus conchas, y sacada la carne táñenlo con la palma de la mano y es su sonido lúgubre y triste.“(Landa, 45).

Debe haber sido un gran problema para el lector contemporáneo de Landa que no estaba familiarizado con el caucho imaginar a qué se refería el franciscano ccn ese “palo larguillo con leche de un árbol puesta al cabo”.

Los atavíos

Bartolomé de las Casas describe con detalle las ropas de los señores:

Los Señores en algunas partes se vestían unas camisetas de algodón, sin mangas hechas, no muy bajas de la rodilla.

Todos ellos y ellas se adornaban las orejas con zarcillos tan grandes como manillas, y las narices y los pechos con unas águilas y collares como medias lunas; joyas de oro, cuantas ellos podían haber traían Usaban traer los cabellos luengos, pero tranzados y vueltos para las frentes, como las mujeres de Castilla y otros ceñíanlos por el colodrillo; poníanse también coronas y aguirnaldas, y unos brazaletes y patenas de oro muy fino; poníanse en las gargantas de las piernas y los brazos muchas sartas de cuentas de huesos de pescado, y algunas de piedra...(Apologética, 634)

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