Los extensos llanos manchegos han sido en parte empleados como cam- pos cerealistas de secano. Por ellos debieron transitar Don Quijote y Sancho, o los protagonistas de Los trabajos de Persiles y Sigismunda cuan- do iban de peregrinos a Roma. Probablemente en aquella época no serían tan extensos como los que podemos ver ahora, y estarían dispuestos más cercanos a los pueblos. Entonces no existía la mecanización y todas las la- bores del campo eran a mano y con tracción animal. Se sembraba y se se- gaba a mano. Es probable que hubiera muchas más lindes con vegetación o setos entre tierras vecinas. Además los campos de cultivo no estaban tan extendidos como hoy día. Los poderosos ganaderos organizados en la mes- ta campaban libremente por toda España. Los trigales debían ser importan- tes, si se tienen en cuenta el número de citas. Cervantes cita en 29 ocasio- nes el trigo (Triticum aestivum) o sus variedades, sobre todo la candeal y la trechel, y en ocasiones el rubión. Aunque parece que lo considera como una variedad de trigo, en la Mancha se conoce con este nombre al trigo sarrace- no, que en realidad no es un cereal propiamente dicho, por lo que se consi- dera dentro del grupo de los llamados pseudocereales. Sus semillas se reco- gen y con ellas se hace harina. Corresponde a la especie Fagopyrum escu- lentum, que pertenece a la familia de las Poligonáceas. Se refiere en una ocasión a “montones de trigo en las eras” (II, 20); en varias ocasiones al cribado del trigo: “ahechando dos fanegas de trigo” (I, 31); “ocupada en tan bajo ejercicio como es el de ahechar trigo” (II, 32); o a “aceñas que están en el río, donde se muele el trigo” (II, 29); o “una carga de trigo al molino”
(I, 5). Moler el trigo era una actividad habitual y bien se molía en molinos
de agua o en molinos de viento, tan conocidos por la célebre aventura del capítulo 8 de la primera parte. En II, 27 denomina al trigo como pan: “por- que no tenía para qué retar a los muertos, a las aguas, ni a los panes”. En una ocasión cita el trigo para comparar: “sea tamaño como un grano de tri- go” (I, 4). También menciona en dos ocasiones el dicho: “no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo (I, 7) o “pues no ando a buscar pan de tras- trigo en casas ajenas” (II, 67). En la primera parte relata acerca de un en- tendido que aconsejaba sembrar, dependiendo del año trigo o cebada, o gar- banzos: “sembrad en este año cebada, no trigo” (I, 12). Cervantes fue unos cuantos años de su vida, concretamente desde 1587 hasta 1594, comisario de abastos para aprovisionar a la armada española. Es cuando se fue a vivir a Sevilla. En septiembre de ese año comenzó sus trabajos de requisador de trigo y aceite en Écija. Con motivo de esta actividad, sin duda se vio obli- gado a viajar por muchos lugares y conocer diferentes alojamientos que le inspiraron para su novela y para toda su obra.
La cebada (Hordeum vulgare) debía de ser otro cultivo de secano carac- terístico en aquella época, pero según parece se utilizaba exclusivamente para alimento de los animales, para dar a las caballerías, el medio de trans- porte de quienes disponían de ellas, unos de caballo, otros de mula, y otros más modestos de un borrico. Siempre cita Cervantes la cebada para las ca- balgaduras, a veces la cebada y la paja. En otra ocasión se menciona el al- cacel o cebada verde segada que se daba como forraje al ganado, aunque la cita es en sentido figurado: “está ya duro el alcacel para zampoñas” (II, 73). En otra ocasión le denomina alcáceres: “quien puede ser compañero de los que alcáceres pacen” (El hospital de los podridos). Sin embargo no se encuentra en la novela alusión alguna a la cerveza, ni en ninguna otra de sus obras. Probablemente ni se elaboraba ni se consumía en España en aquella época, en donde la bebida más común era el vino, como también en el resto de Europa, en donde al parecer era normal el cultivo de la vid.
Lo que ocurrió es que gran parte de las viñedos centroeuropeos no resistie- ron las bajas temperaturas del período miniglaciar que tuvo lugar entre 1644 y 1714, llamado mínimo de Maunder, nombre del astrónomo ingles que observó la baja actividad solar causante de estos fríos. Desde entonces se sustituyó el vino por la cerveza en muchos lugares de Centroeuropa. En España, esta sustitución es aún mucho más moderna, del siglo pasado, aunque hoy día el vino parece seguir siendo insustituible. La paja se men- ciona en bastantes ocasiones y sin duda era parte importantísima de la ali- mentación animal.
Después de los cereales más utilizados, hay que resaltar que no se han encontrado citas de centeno o de avena. Sin embargo sí hay una referencia
36 FLORA LITERARIA DEL QUIJOTE
al arroz (Oryza sativa): “hay tanto que trasquilar en las dueñas, según mi barbero, cuanto será mejor no menear el arroz, aunque se pegue” (II, 37).
Ello pone de manifiesto que debía ser ya comida relativamente usual, si ha- bía entrado en el saber popular a través de los refranes. El arroz se cultiva en las regiones costeras mediterráneas de España desde hace al menos 1000 años.
CEREALES Y CAMPOS DE CULTIVO 37