• No se han encontrado resultados

Capacitación Agrícola

In document LAS HERMANDADES DE LABRADORES EN (página 117-121)

CAPÍTULO 1: ALBACETE. ASPECTOS GEOGRÁFICOS Y HUMANOS

3.6. Capacitación Agrícola

En sus declaraciones de principios quedaba claro que para mejorar la condición de los agricultores era preciso aumentar la cultura y los cono- cimientos mediante la creación de granjas escuelas de Capacitación Agrícola. Era la manera de enlazar con la tradición de arbitristas, ilustrados o regeneracionistas. Pero luego llevar a la práctica estas intenciones re- sultaba muy difícil y en pocos casos se hizo. Así el propio Jefe de la Hermandad Provincial, respondiendo al Servicio Nacional, en 1946, decía:

«... me complace en comunicarte que esta Hermandad, se da perfecta cuenta de las razones que en el mismo aduces acerca del buen efecto que produciría el que fuese este Organismo el que

organizase y celebrase los cursillos de capacitación a que se

refiere la citada circular. Desgraciadamente, no resulta fácil ni asequible hacerlo con probabilidades de éxito, debido sobre todo a la falta de interés que demuestra la población rural de esta provincia»

34 AHPA. Sección sindicatos. Caja número 1.640. Hermandad sindical local de Fuen- tealbilla. Problema de viviendas en cuevas. Año 1958.

35 AHPA. Sección sindicatos. Caja número 1.602. Jefe de Hermandad Provincial, 1946, al Servicio Nacional referente a la capacitación agrícola.

Encubierta en la necesidad de incluir un mínimo de alumnos becarios se ocultaba la intención de captar individuos seleccionados por las Her- mandades de Labradores «en atención a los méritos de moralidad y capa- cidad que en los mismos concurran».

Un elemento básico para la consecución de estas empresas lo consti- tuían las Granjas o Escuelas de Capacitación Agrícola con las que fomentar, directa o indirectamente, la enseñanza agropecuaria. El paternalismo de la iniciativa está en la línea general del Nuevo Estado:

«El Estado Español atento a las necesidades del agro de nuestra Patria, va dictando con cariño preferente, las disposiciones necesarias para elevar el nivel de vida del agricultor y creó las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos, como órgano predilecto al que encomendó llevar a cabo dicha elevación del nivel de vida en el campo».

Habida cuenta del escaso resultado de estas iniciativas —no olvidemos que en estos años de la inmediata postguerra, los trabajadores de la tierra no podían acudir a estas escuelas porque lo necesario era dar de comer a la familia, descuidando incluso la escolarización de sus hijos que daba lugar a unas tasas muy elevadas de analfabetismo— se trataba de alentar a los responsables provinciales con estos mensajes:

«Espero hagas comprender a todos los agricultores que la redención del campo ha sido puesta en sus propias manos y que deben tratar por todos los medios de aprovechar las magníficas oportunidades que nuestro estado concede'>.

La granja-escuela de agricultura se inauguró durante el ejercicio de 1952 a instancias de la Diputación. Se hacía así realidad una de las aspiraciones más importantes en Albacete, cuyo proyecto se había aprobado en marzo de 1947, con la intención de contar también con una estación de experimentación agrícola. Ambos organismos habían perdurado hasta 1939 y representaban el espíritu innovador que caracterizó en diferentes fases a la agricultura, aunque su eficacia fue relativa. Esta institución provin- cial llevó a cabo un importante esfuerzo económico para poder hacer frente a las obras pero, después, los presupuestos en materia agrícola y ganadera volvieron a bajar con fuerza invalidando dichos proyectos. Mien- tras, las autoridades sindicales poco hicieron para apoyar la empresa.

En el capítulo de adoctrinamiento destacó la misión que desempeñaron los asesores eclesiásticos, de obligada presencia en cada Hermandad. El cargo recaería en los sacerdotes de cada pueblo y de su importancia puede dar fe la nota del Delegado Sindical Provincial solicitando, en 1946, que se hiciese efectivo el nombramiento de los asesores:

«... nuestra Revolución tiene un alto espíritu cristiano que no podemos olvidar en ningún momento... Y no puedo permitir que los mandos Sindicales de las Hermandades emitan opiniones que desdigan de nuestro concepto espiritual y religioso» 36 A lo largo de todo este período serán muchas las alusiones al tema y podemos ver cómo la ideología penetraba a modo de catalizador social difundiendo la doctrina y legitimando el sistema. Sirvan de botón de muestra las conferencias sobre temas sociales que, organizadas por el Arcipreste de Albacete, se organizaron en marzo de 1946 impartidas por el Padre Joaquín Aspiazu37. Estas charlas se dividían en tres grupos:

—A) para empresarios, con temas como «El patrono y el rico en sus aspectos y deberes sociales», «Lo que dice la moral acerca del estraperlo», que viene a demostrar hasta qué punto preocupaba el tema a las autori- dades que, si bien no reconocían la magnitud del problema en esta época de la autarquía, como ha puesto de manifiesto Carlos Barciela, no podían dejar de «amenazar» espiritualmente a los posibles infractores.

—B) para obreros, con temas como «Quién lleva razón en la lucha social: el capital o el trabajo?», o «Cuál es el mejor sistema: el comunismo o el cristianismo?».

—C) y para todos: «La doctrina de la Iglesia acerca de la elevación del proletariado».

No es nuestra intención profundizar en esa labor de la Iglesia sino

apuntar la función aparentemente sin importancia, que jugaron en las

esferas locales los curas de pueblo arropados de un gran respeto por parte de las gentes del campo. El Estado buscó la justificación ideológica de la estructura vertical en la Iglesia. Esta colaboró calmando los ánimos en el mundo laboral para evitar la quiebra del <'nuevo orden».

36 AHPA. Sección sindicatos. Caja número 1.602. 20 de mayo de 1946. Diego Aparicio, Jefe del Servicio Nacional de Hermandades.

37 Corporativista notorio, defendía abiertamente la compatibilidad entre la Falange y el corporativismo católico.

Si elevar el nivel cultural de la población era uno de los objetivos delegados en las Hermandades los resultados son también misérrimos. El panorama escolar de la provincia era bastante deficiente. Hasta 1955 prácticamente a cada mil habitantes correspondía 1'70 escuelas, y hasta 1959 no se hizo un esfuerzo mayor inaugurándose un buen número de escuelas que llevaron a denominar al año como «De la escuela primaria».

Estos datos no deben ocultar que en 1848, por ejemplo, en el Programa de Necesidades, se hablaba de «un crecido número de locales pésimos que deberían cerrarse y que no se han clausurado por no dejar a la infancia sin instrucción».

Los valores que reflejan la evolución, en las primeras décadas del franquismo, en una institución como la Diputación, que pasa de porcentajes de gastos en educación de 1'5% en 1940 a 3'6% en 1954, no son mucho más positivos. Tampoco la agricultura o la ganadería saldrían mejor paradas, ya que obtendrían el 015% del presupuesto en 1940 y pasarían a 2'9% en

1954.

Conviene tener presente que, además de los escasos estudios que se pueden cursar en la capital, en 1952 se creó el Instituto de enseñanza media de Hellín, en 1954 fue creado el Instituto Laboral de Villarrobledo, con estudios básicamente agrícolas y ganaderos, y hasta 1964 no se creará el de La Roda, para estudios minero-industriales.

A pesar de todo, en 1960, Albacete registraba un índice de 28'7% de su población analfabeta, sólo superada por algunas provincias andaluzas. La responsabilidad no es, lógicamente, de las Hermandades, que además contaban con pocos medios para hacerle frente, pero sí era competencia suya abogar por una mejor y más completa instrucción de sus «afiliados».

Se dan muy pocos ejemplos de actas en las que surja alguna reivindicación referente a escuelas o instituciones culturales. El analfabetismo era una garantía de mantenimiento del sistema. A este estado de cosas contribuía el férreo control que actuaba sobre la prensa, vehículo en otro tiempo de comunicación. Albacete contó, hasta la época franquista, con un buen número de periódicos, que desaparecieron. A nivel sindical se intentaron empresas periodísticas, que en nuestra provincia no culminaron en ningu- na publicación, y sólo el periódico «Pueblo» dedicó una sección a la provincia de Albacete y en especial a su vida sindical. Pero el alcance de este tipo de prensa oficial era

muy reducida como demuestra la tirada tan pequeña

que tenía.

In document LAS HERMANDADES DE LABRADORES EN (página 117-121)