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Funciones de las Hermandades: sociales, económicas, asisten-

In document LAS HERMANDADES DE LABRADORES EN (página 68-74)

CAPÍTULO 1: ALBACETE. ASPECTOS GEOGRÁFICOS Y HUMANOS

2.2. Las ordenanzas del monolitismo vertical. Un ejemplo de «constitucio-

2.2.2. Funciones de las Hermandades: sociales, económicas, asisten-

2.2.2. Funciones de las Hermandades: sociales, económicas, asis-

hacen pensar en unas condiciones de vida y de trabajo francamente penosas que hacían innecesarios el control de los contratos de trabajo o la conciliación entre las partes. Posteriormente, la mecanización y la emi- gración hicieron subir los salarios, pero el hecho de que obreros y patro- nos se mantuvieran unidos impedía cualquier litigio. Además, las her- mandades carecían de fuerza para imponer condiciones a ningún propie- tario.

En el orden económico sus competencias se cifraban en una valoración justa de las actividades de los «productores» y de la riqueza agrícola;

luchar contra las plagas del campo y procurar las obras de riego; fomentar las enseñanzas agropecuarias y forestales, así como las exposiciones de productos del campo; adquirir abonos, plantas, semillas, animales y ele- mentos de trabajo; contribuir al incremento de la riqueza forestal; inten- sificar y mejorar en calidad y costo las producciones agropecuarias, sus precios y condiciones.

La actividad sindical a propósito de salarios, que en otras circunstan- cias hubiese sido la piedra de toque de un auténtico sindicato, fue la de ir a la baja porque siempre se ha considerado la actividad agrícola diferente en sí misma en comparación a cualquier otra. Esto es lo que se propugna- ba desde el Movimiento cuando en otros momentos se había planteado la necesidad de reivindicar las jornadas de trabajo de ocho horas en el campo. Sirvan de ejemplo las palabras tan elocuentes del propio Ramiro Ledesma Ramos.

«La agricultura no es la industria. En una mina, en un taller o en una fábrica, no ocho, sino seis o cuatro pueden ser lo sufi- ciente, pero en el campo no. Estamos seguros de que no existe una sola persona que, conociendo el campo disienta de nuestras apreciaciones. Podríamos abundar en razonamientos sobre el particular, pero no lo creemos necesario, ya que hasta los mismos que lo pretenden y lo legislan están tan convencidos como noso- tros de que la legislatura, y particularmente durante las faenas de verano, es una barbaridad.

Lo que pasa es que hay que dar gusto a una determinada clase social para que satisfaga sus muchas pasiones y su odio contra otra. Esa es la verdad y la única razón.

Pídanse salarios altos, tan altos como lo permitan las condi- ciones económicas de los agricultores patronos, pero no se pida límite exagerado de trabajo, porque eso es ir contra la base

económica de la agricultura, que al fin es la que, quiera o no, ha de nutrir al obrero del campo» 31.

Realmente instrumento valioso resultaron ser como organizadoras de exposiciones de productos del campo, que en nuestra provincia tenían especial importancia en la Feria, utilizada como plataforma de lanzamiento y propaganda para la población hasta hace poco tiempo y que incluso en aspectos importantes se mantiene. Asimismo resalta su labor como distri- buidor de abonos y semillas; un ejemplo más de control que se prestaba a la arbitrariedad del sistema ya que era la única vía de obtención:

<'Las peticiones de semillas se harán por los agricultores a través de las Hermandades de Labradores, especificando en cada petición número de la declaración jurada C-1, 1942, hectáreas que tiene debidamente preparadas para la siembra, cuyo extre- mo certificarán de su veracidad las Juntas Agrícolas Locales con el visto bueno de su presidente» 32

En el aspecto Asistencial tutelaban a las Cooperativas del Campo;

colaboran con la obra Sindical de Previsión Social (impulsando el espíritu mutualista tendente a la cobertura de riesgos, amparar al trabajador anciano e inválido y desarrollar los Seguros Sociales); divulgan los bene- ficios del Crédito Agrícola; creaban instituciones docentes que coadyuvan en la mejora de la instrucción y educación; apoyaban al Instituto Nacional y la Obra Sindical de Colonización; desarrollan el seguro de enfermedad;

hacen resurgir el espíritu artesano y tradicional; utilizan los recursos de la Obra Sindical Educación y Descanso; luchan contra el paro forzoso;

fomentan las posibilidades de la Obra Sindical del Hogar; y como nota final, estaban encargados de renovar las antiguas ceremonias, usos y costumbres tradicionales de la localidad.

Destaca la intención de crear asociaciones cooperativas. La base jurídica que posibilita su construcción data de 1942, y permitía la agrupación de los campesinos para la defensa de sus productos. Como dato positivo —y aunque tengan que pasar casi diez años para que los agricultores vieran en las asociaciones una posibilidad de defensa común de sus intereses—,

31 LEDESMA, Ramiro: Escritos políticos (1935-1936) ¿Fascismo en España? Obra citada.

(Pág. 302).

32 Albacete. 28 de septiembre de 1942. Jefatura Provincial de Albacete. Suministro de semillas.

se sientan las bases que mantienen la esperanza de crear entidades coo- perativas.

Entre 1943 y 1958 se constituyen cincuenta y dos cooperativas del campo. Durante estos años algunas desaparecen y otras tienen una acti- vidad mínima. En su mayoría son vitivinícolas y almazareras. El número de asociados refleja bajos porcentajes de participación, que corresponden, además, al de pequeños y medianos propietarios. Los medios son escasos y teniendo en cuenta que son cifras de la propia organización y en muchos casos sólo correspondientes a proyectos podemos esperar pocas realizacio- nes de estas cooperativas. Los ritmos de creación de las cooperativas responden —quince se crean en 1946 y doce en 1958— a fechas relevantes para el Nuevo Régimen. La primera por ser el punto de partida y la segunda por ser inicio de un pretendido cambio de gobierno y de actividad en el Ministerio de Agricultura 33.

En muchos pueblos, en el ánimo de los asociados, en los primeros años estaba todavía presente el «sabor amargo de la represión política a la que se había sometido a la población en la postguerra».

El paradigma que nos ofrece la Cooperativa San Antonio Abad nos permitirá posteriormente un análisis más detallado que nos reflejará cómo su constitución obedecerá a «iniciativa de las autoridades provincia- les del Sindicato Vertical. La iniciativa era más publicitaria y demagógi- ca, que un deseo real de que funcionase» 34 . Este tipo de actuaciones hay que situarlas en un contexto más amplio, el derivado de la victoria de los aliados en la guerra mundial. El Régimen se va a ver forzado a un cambio de imagen para asumir cierta credibilidad.

Por otra parte es suficiente echar una ojeada a las propias estadísticas de la Organización para comprobar la existencia de grandes masas de población agraria parada durante gran parte del año, en principio por la falta de tierras y porque las tareas agrícolas así lo determinan. El servicio

33 En Albacete. España en Paz. 1964. Se habla de:

—bodegas cooperativas 29 bodegas, con 4.250 socios y un presupuesto de 68 millones de pesetas.

—almazaras cooperativa 11 almazaras, con 2.884 socios y 12 millones de presupuesto.

La mayor parte fueron inauguradas por el Secretario General del Movimiento y Delega- do Nacional de Sindicatos el 13 de marzo de 1961.

—molinos de piensos 6 molinos de piensos, con 1.671 socios.

—cooperativas de sección de maquinaria 7 cooperativas, con 1.049 socios y un presu- puesto de 4.043.735 pesetas.

34 Sz DLAZ, Benito: «Historia de la cooperativa San Antonio Abad de Villamalea (Albacete). (1946-1977) en Al-Basit, núm. 7. Enero 1980 (Págs. 113-148).

de Colocación Obrera hará propuestas para solucionar el problema, siem- pre de forma coyuntural reparando caminos o acequias, y entregando tierras, en pequeños lotes que difícilmente podían mantener a una fami- lia, con el eslogan de «huertos familiares» destinados al cultivo del aza- frán en su mayor parte.

Para ello era preciso la compra de tierras por parte del Servicio para posteriormente entregarlas para su cultivo. Son muchos los casos que se citan pero no podemos reflejar más que el fracaso de estas empresas.

Unas veces era la negativa de los propietarios a ceder sus tierras y otras la falta de medios para poder comprarlas. Es, sin duda, otro aspecto más de la demagogia que envolvía en sus programas la Revolución Nacio- nal Sindicalista que ya en el Fuero del Trabajo, en el capítulo quinto, dice:

«Es aspiración del Estado arbitrar los medios conducentes para que la tierra, en condiciones justas, pase a ser de quienes directamente la explotan»

Englobadas en lo que se conocía como funciones de Orden Comunal quedaban incluidas la apertura y conservación de los caminos rurales; la conservación y limpieza de los desagües de las aguas corrientes y estan- cadas; ejercer ante la jurisdicción competente las acciones civiles y cri- minales que procedan contra los falsificadores y adulteradores de los productos pecuarios; dirigir y organizar la Policía rural; ejercer la admi- nistración de los cauces destinados a riegos en todas aquellas localidades donde no existan Sindicatos de Riegos o Comunidades de Regantes; ejer- cer la administración comunal de pastos y rastrojeras; así como organizar eficientes servicios de interés para los afiliados.

Son estas misiones las que mayor transcendencia tenían, ya que un tema cuya discusión era obligada en cada reunión era el referente a los límites de cada propiedad, el estado de los caminos y su limpieza, y para todo ello era necesaria la actuación de los servicios de la policía rural.

Además, los caminos rurales podían ser válvula de escape con la que paliar en alguna medida el paro obrero asfixiante en algunas localidades.

Este era, incluso, un tema en el que las competencias entre ayunta- mientos y hermandades podían entrar en conflicto en el caso de que no hubiera un buen entendimiento, aunque las instrucciones establecían los campos de influencia.

35 Fuero del trabajo. Capítulo 5.

Otro aspecto en el que desde muy pronto surgieron los litigios entre ambas instituciones, corporación local y sindical, era el referente a las competencias entre jurados del servicio de policía rural y el juez munici- pal.

Por lo que se refiere al servicio de Policía Rural, y aunque éste merece más detenimiento en posteriores capítulos, planteó fuertes discusiones a la hora de su sostenimiento y competencias. Un ejemplo que refleja tam- bién las desigualdades del sistema es el de los guardas jurados propios que los grandes propietarios tenían. Por un lado, porque el servicio de policía rural era muy deficiente para salvaguardar la propiedad de sus tierras, sobre todo en los años del hambre en que era común la práctica del robo para poder comer. Por otro, porque estos propietarios tenían que participar del sostenimiento del servicio comúna lo cual no se mostraban muy propicios. El resultado era una instrumentalización del Servicio de Policía Rural al servicio de estos intereses de clase y, en definitiva, un funcionamiento represivo contra los agricultores sin tierra.

Por último se entendía o formaba parte de lo que se conocía como Función Asesora la confección de las Estadísticas, estudios e informes que les solicitasen, y como Función Colaboradora actuaban en las transaccio- nes de productos agrícolas, ganaderos y forestales. Además, se dejaba siempre la posibilidad de aumentar sus competencias como verdadero

«comodín» al servicio del Estado:

«... ejercerá también la Hermandad las funciones especiales de los Organismos Locales creados con carácter transitorio por los Departamentos ministeriales para resolver problemas agrí- colas concretos.. •»36•

Como se ve no faltaba contenido formal a la institución pero en la práctica todo quedaba en rígidas estructuras y declaraciones de intencio- nes. No en balde Aparicio adelantaba que el cuadro sindical quedaba ya articulado en torno a una serie de funciones generales entre las que sobresalen en primer término la «social», es decir, la destinada a servir de cauce y encuadramiento a las relaciones laborales, y la complementaria

36 A.H.P.A. Sección sindicatos. Caja 34. Ordenanzas por las que ha de regirse la HSLG.

de Albacete. Artículo 19.

de carácter asistencial, en cuanto prestación de una serie de servicios imprescindibles para lograr el cometido anterior 31.

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