• No se han encontrado resultados

Colombia es un país signado por un conflicto interno, cuyo periodo exacto de inicio ha sido debatido por diversos autores. Algunos mencionan que se pueden rastrear como antecedentes o causales del conflicto las luchas agra- rias, la época conocida como La Violencia o el Frente Nacional (Peña Gon- zález, 2018).

La historia reciente y detonante de la violencia en el país se encuentra en- marcada en el periodo 1946-1953, donde se acentúa y se degrada el conflicto bipartidista. Producto de ello, comenzaron a formarse grupos armados de ambos bandos; por un lado, las autodefensas de sectores conservadores, conformadas por el Ejército y civiles armados (las de estos últimos se de- nominaban “los Pájaros”) y por el lado liberal, guerrillas creadas por civiles militantes de dicha ideología y como forma de resistencia hacia la represión del gobierno (Vásquez Piñeros, 2007).

El desplazamiento, uno de los fenómenos más fuertes de la violencia, co- menzó con una gran ola durante la época de la violencia bipartidista, en la cual expulsaron del campo aproximadamente a dos millones de personas (Estrada Álvarez et al., 2015). Adicionalmente, se menciona que a partir del regreso de los destacamentos nacionales enviados a la guerra de Corea entre los años 1951 y 1954, y de las estrategias por ellos adquiridas en luchas anti- subversivas en ese escenario, se comienza a comprender que era necesario el uso de las armas en el territorio nacional para preservar la seguridad del país (Tarazona, 2014).

Mientras que en los años 50 en Colombia los campesinos se organizaban en formas de lucha, en Suramérica un joven idealista con ideologías de izquier- da recorría el continente con la esperanza de un cambio frente a las políticas capitalistas. En 1959, con la Revolución cubana y con el marxismo en su apogeo, Estados Unidos pierde su injerencia en la isla, mientras que Ernesto

“el Che” Guevara inicia de nuevo un viaje con el que intenta expandir la ideo- logía de izquierda en Latinoamérica (Guerra Vilaboy & Maldonado, 2009).

Estos hechos, aunados a la guerra de Vietnam, crearon una generación de jóvenes con una perspectiva diferente.

Por su parte, el Partido Comunista Colombiano (pcc), si bien tiene sus comienzos a inicios del siglo xx con los movimientos obreros y sindicales, adquiere mayor relevancia en los años 50. Después de que el presidente de turno, el general Gustavo Rojas Pinilla, que había llegado al poder producto de un golpe militar, entregara su mandato, los partidos tradicionales colom- bianos, el Liberal y el Conservador, acuerdan crear la figura denominada Frente Nacional con la cual, para evitar enfrentamientos, se alternarían el poder durante 16 años. Aunque ello parecía ser una solución eficaz frente a los conflictos sucesivos desde la muerte de Gaitán, esta decisión carecía de poder democrático (Trejos & González Arana, 2013).

En 1964 se conformaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (farc), guerrilla comunista que se convertiría en la más antigua de todo el he- misferio occidental, y a su vez, en el objetivo de las Fuerzas Militares de Colom- bia (Noscué Mera, 2017). Ese mismo año, a partir del denominado plan Lazo, se busca que el Ejército tenga una participación no política para solucionar el conflicto interno. Sin embargo, la autonomía otorgada al brazo armado para la recuperación de territorios campesinos solo logró el surgimiento de nuevos actores armados como el Ejército de Liberación Nacional (eln), el Ejército Popular de Liberación (epl) en 1967 y el Movimiento 19 de abril (m-19) en 1970 (Jaime Contreras, 2003; Pastrana & Vera, 2018). El surgimiento de estos movimientos armados tenía como condiciones fundamentales la existencia de una ideología social revolucionaria y descontenta, con incidencia en el campo y en los sindicatos, así como la posesión de armas.

Aunque las guerrillas de corte marxista, comunista y socialista se crearon como supuesto mecanismo de protección para el pueblo debido a la repre- sión del Estado, también ellas cometieron excesos contra los civiles, por lo que en algunos sectores surgió el descontento frente a estos grupos. Desde la literatura no es preciso determinar el surgimiento de un fenómeno de pa- ramilitarismo, aunque algunos autores señalan que este es una extensión de los movimientos chulavitas o de “los Pájaros” provenientes desde mitad del siglo xx; otros mencionan que fueron grupos creados por ganaderos para proteger sus intereses; están quienes mencionan que el surgimiento se dio por parte del campesinado inconforme por los abusos de la guerrilla, y otros

más mencionan el fenómeno como labor del narcotráfico (Rivas Nieto &

Rey García, 2008).

La aparición del paramilitarismo en Colombia recrudece la guerra. La ofen- siva antiguerrillera es cada vez más sangrienta y de nuevo miles de vidas se pierden (principalmente en el campo) en incursiones cargadas de sadismo, que, a su vez, generan desplazamientos masivos hacia los centros urbanos, donde las víctimas pasan a configurar nuevas fuentes de pobreza y a nutrir el conflicto social. Paralelamente, las Fuerzas Militares adquieren el desafío de combatir a varios actores al margen de la ley. El segundo periodo histórico del conflicto se caracterizó por la aparición de nuevos actores en el conflicto

—narcotraficantes y paramilitares—, la consolidación de las guerrillas y un fuerte descontento social, político y económico.

Entre los años 80 y 90, el narcotráfico impactó en el conflicto al darle una fuente de financiación, tanto a las guerrillas como a los paramilitares, y ade- más produjo un debilitamiento del Estado profundizando con ello la guerra interna (Tawse-Smith, 2008). Durante el periodo 1982-1980, los gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco generaron una fuerte ofensiva ha- cia la insurgencia guerrillera, aunque al mismo tiempo procuraron salidas negociadas al conflicto. Los diálogos fracasaron y, de paso, otro fenómeno naciente como el narcotráfico desvió la atención del gobierno hacia figuras como Pablo Escobar y otros narcotraficantes que parecían consumir todos los esfuerzos y recursos del gobierno; esto agravó la guerra y supuso un for- talecimiento de las guerrillas. Sin embargo, en este mismo periodo se genera un proceso de paz liderado por el presidente Belisario Betancur —basado en la Ley 35 de 1982—, fundamentado en la concesión de amnistías a los com- batientes, lo cual generó una tregua bilateral en el año 1984 con las farc, el epl y el m-19 (Melamed Visbal, 2014).

Para la época de los años noventa uno de los grupos guerrilleros más con- trovertidos, el M-19, se desmovilizó y se dio paso a la promulgación de una nueva Constitución. En los años siguientes, se generó aún más violencia por cuenta de narcotraficantes como Pablo Escobar que se oponían a que las le- yes de extradición fueran aprobadas en el país. La declaración de guerra de

este personaje en contra del Estado marcó un hito importante en la historia del conflicto armado del país. Después de su muerte a principios de los años noventa, el fenómeno del narcotráfico se reorganizó en cabecillas de bajo perfil que se cuidaban de la vigilancia del Estado mientras libraban una gue- rra silenciosa que dejaba también muchos muertos, pero que a ojos del país no parecía tener tanta relevancia (Noscué Mera, 2017).

En el periodo presidencial de Andrés Pastrana (1998-2002) se avanzó en la negociación con el grupo más antiguo del momento y que para la fecha se encontraba fortalecido con un gran poder militar: las farc, al mando de Manuel Marulanda Vélez. Estas parecían estar dispuestas a negociar, pero el grupo continuó con su ofensiva secuestrando y vulnerando derechos hu- manos. Fue muy común durante esta época el aumento de las denominadas

“pescas milagrosas” que engrosaban el número de secuestrados. No solo la población militar sufría de este flagelo, sino también la población civil. Fren- te a este accionar, los diálogos fracasaron y la guerra se recrudeció y amenazó con llegar a las ciudades. De hecho, en este punto, las voladuras de torres de energía ya se trasladaban a las ciudades y la guerrilla de las farc se fortalecía cada vez más (González Muñoz, 2015).

A comienzos del milenio, se eligió con una alta votación a Álvaro Uribe Vé- lez, quien se posesionó como presidente de la República del año 2002 al 2006 y, posteriormente, del 2006 al 2010 producto de una reelección. Su política de seguridad democrática prometía devolver al país, en especial al campo, la seguridad con la que hacía tiempo no se contaba. Bajo este nuevo enfoque, todos los esfuerzos del gobierno se volcaron hacia el fin de la gue- rra. Durante su mandato, la ofensiva se dio en varios frentes, lo que llevó a que la guerrilla se debilitara notablemente, factores como la recuperación de secuestrados en la “Operación Jaque”, la muerte por causas naturales de Manuel Marulanda Vélez y el bombardeo y muerte a jefes estratégicos de la guerrilla parecían sitiar a este grupo armado. Otro hecho importante duran- te el mandato de Uribe Vélez fue la desmovilización de los grupos paramili- tares, hecho que mejoró notablemente la percepción de la población sobre el conflicto, ya que sus actores se reducían significativamente.

En el siguiente periodo, se posesionó un nuevo presidente, Juan Manuel San- tos Calderón, un tanto distante de la ideología de su predecesor (Cortés et al., 2012). Se reconfiguraron los actores para intentar dar una salida política a un estado de continua guerra en busca de la paz. El nuevo presidente creía firmemente que la salida al conflicto no se daba a través de la guerra. Así, con las farc debilitadas y una alta tasa de desmovilización por parte de los integrantes de este grupo, comenzó un nuevo proceso de paz que generó tal esperanza, que el presidente fue elegido para un segundo periodo presiden- cial para darle continuidad a ese proceso. El primero de diciembre de 2016 se firmó el Acuerdo de Paz con las farc para darle fin al conflicto armado más antiguo del hemisferio occidental.