• No se han encontrado resultados

Compartir un pasado ideal

In document EL RÍO YA NO SUENA. (página 124-135)

4. MEMORIA EN TORNO AL RÍO PAPALOTLA

4.1. Compartir un pasado ideal

Las personas entrevistadas conforman un grupo que se involucró en actividades en el río, lo percibió y lo habitó cuando estaba limpio. A su vez, cada una de ellas formó parte de otros grupos en diferentes momentos de su vida. En primera instancia fueron parte de una familia que eligió quedarse a vivir en Papalotla y que les posibilitó la implicación en el río.

Haber formado parte de ese grupo familiar les dio ciertos referentes, por ejemplo, Guadalupe cuando contaba que acompañaba a su abuelita a lavar y ahí comenzó ella con una losa más pequeña a hacer lo mismo. Noemí recuerda que las personas iban a nadar, pero principalmente recuerda las habilidades que cada integrante de su familia tenía para esta actividad.

La pertenencia a un grupo de amigos o amigas que se reunían para ir al río o para jugar también les proveyó de experiencias. Como en el caso de Juan Carlos

122 que compartió la anécdota de cuando vivió de cerca el robo de los borregos de un niño, precisamente porque era su amigo.

De manera general, pertenecen al grupo de las personas que conocieron el río limpio. Este grupo abarca a las familias, a los grupos de amigos, a los campesinos que aprovechaban el agua para regar, a las mujeres que iban a lavar, a quienes iban a nadar, a las parejas que iban a pasear y a todos los demás grupos vinculados al río mientras estuvo limpio.

Según Halbwachs, la pertenencia a un grupo hace que se compartan experiencias y por lo tanto que haya recuerdos en común, pero más allá de la pertenencia al grupo es la vinculación que se mantenga con este lo que hará que el recuerdo permanezca y sea de fácil acceso o no (Halbwachs, 1968). En ese sentido las personas que pertenecen al grupo de quienes conocieron el río limpio han mantenido una vinculación constante. Al respecto hay que subrayar que una de las características que comparten es que son habitantes del mismo municipio, a excepción de Guadalupe que vive en una localidad vecina. Aunque por periodos hay quienes han residido en otras localidades, han mantenido la vinculación con sus vecinos, habitantes del mismo municipio y en al momento de participar en las entrevistas coinciden en que viven en su lugar de origen.

Es decir tienen un contacto frecuente con quienes convivieron en ese pasado común. Sin embargo, habría que matizar que en este estudio de caso la vinculación no se da sólo por pertenecer al grupo que yo estoy caracterizando ahora, que es el de personas que conocieron el río limpio. Con esta puntualización quiero aclarar que si bien, siguen vinculándose, el vínculo inmediato no está directamente relacionado con su experiencia en el río, sino con ser parte de las personas que habitan en el municipio de Papalotla y las relaciones que ello conlleva en otros ámbitos de la vida diaria.

Esclarecer esa cualidad resulta relevante para comprender que existe una memoria en torno al río, pero que a diferencia de otros casos en donde la experiencia que se recuerda es lo que une al grupo, en este caso no es así. Sirva como ejemplo un grupo de excompañeros de escuela para dilucidar mejor lo que trato de exponer. En un grupo de excompañeros la experiencia como alumnos de

123 determinada escuela, durante cierto lapso de tiempo es lo que los hace pertenecer a un grupo. Tiene características muy específicas como haber sido conformado por cierto número de personas que fácilmente pueden reconocerse e identificarse entre ellas. Ese es un grupo muy bien acotado y definido por la experiencia escolar. En el caso que atañe a este estudio el grupo no se conforma como tal, sino que es la manera en la que yo les estoy agrupando para analizar la memoria colectiva.

Halbwachs reconoce que una persona puede tener pertenencia a varios grupos y que eso puede generar contraste entre recuerdos (Halbwachs, 1968). Es comprensible que al ser heterogéneo haya coincidencias y diferencias que hacen parte de la memoria colectiva del grupo.

En el apartado anterior se presentaron fragmentos de los testimonios de las personas entrevistadas. Todas ellas fueron testigos de las actividades que se realizaban en el río, ya fuera porque personalmente las vivenciaron o porque las presenciaron. Pueden dar detalles sobre cada una de ellas y los elementos que reconocen ofrecen un panorama general de ese paisaje en el pasado.

En sus narraciones, las descripciones que dieron sobre el contexto del río cuando estaba limpio fueron más prolongadas y detalladas. El entusiasmo con el que hablaron de ese tiempo fue mayor que cuando se les cuestionó sobre el proceso de contaminación. Propongo que la emoción al hablar se debe en primer lugar a que mediante la implicación en esas actividades fue que tuvieron una percepción directa del río. Si el mundo se conoce a partir de involucrarse en él, tal como lo sugiere Tim Ingold (Ingold, 2000), el conocimiento que tienen del río proviene principalmente de ese involucramiento que tuvieron en las primeras etapas de su ciclo de vida.

En segundo lugar, relacionando la implicación con la vinculación a un grupo, se puede decir que mediante estas actividades se originó la vinculación. Si hoy pertenecen al grupo de personas que vivieron el río limpio, en ese momento eran parte de un grupo que estaba implicándose en el río, es decir, que lo estaba habitando. En ese tiempo la experiencia que más tarde formó un recuerdo estaba siendo vivida.

124 En tercer lugar, las posibilidades que percibieron en ese paisaje les permitieron desarrollar actividades de la vida diaria. Hoy en día esas actividades se realizan de otra manera o definitivamente ya no se practican porque han sido sustituidas o suprimidas. Al ya no haber la oportunidad, ni la necesidad de llevar a cabo las actividades de la misma manera que antes, ya no hay involucramiento.

Consecuentemente tampoco hay vinculación al grupo.

Un cuarto aspecto a considerar es que algunas de las actividades estaban asociadas al disfrute. De ahí que puedan tener más gusto al hablar de ellas porque precisamente fueron experiencias positivas. Algunas incluso relacionadas con etapas de vida en las que tenían menores responsabilidades y más tiempo para dedicar al juego y al esparcimiento.

La edad de las personas entrevistadas también juega un papel importante en qué es de lo que deciden hablar con más entusiasmo. Si la contaminación comenzó a ser un problema hace poco más de tres décadas, es mayor el tiempo que Sergio, Guadalupe, Andrea y Lucas lo conocieron limpio, que el tiempo que lleva contaminado.

De lo anterior resulta necesario decir que en las narraciones encuentro que en ocasiones hay comparativas entre el pasado y el presente. Por ejemplo cuando hablan de las plantas o los animales que había y concluyen su respuesta diciendo que hoy ya no hay nada de eso. Cuando Guadalupe se refirió a los juegos que hacían después de que llovía dijo:

G.- Antes que no había carretera, había arenita en las calles nos gustaba jugar en la lluvia, éramos chamacas todas las vecinas, pasaba el aguacero y empezaba a correr el agüita, bajaba para allá. Muy lindo, muy lindo. Hacíamos precitas, cuando no llovía jugábamos a la roña, no como ahora que puro celular, ya no quieren ni un juguete los niños, puro celular.

Cada juventud es una costumbre, antes era muy lindo, todo en orden, todo bonito, el río muy lindo.

En otra de sus respuestas concluyó expresando: “Muy lindo, pura piedra bonita había en el río, ahora ya no hay nada, ¡Ay, Dios! Me dio tanta tristeza cuando la comenzaron a quitar.” En la comparación hay una exaltación del pasado como lo que fue bonito y una referencia a la pérdida de los elementos o de las prácticas que constituían un modo de habitar el paisaje. El discurso se refuerza con una expresión

125 del sentimiento que causa la transformación y más específicamente la pérdida.

Cuando les pregunté por algún problema o dificultad que se diera al hacer alguna de las actividades, los mencionaron someramente.

S.- Sí había problemitas porque Papalotla era el primer pueblo que tenía que regar y de ahí se iba para abajo, eran 21 pueblos los que regaban con agua del río Papalotla. Todos esos terrenos estaban al ras del piso, se ponía la compuerta y salían a las regaderas. Todas eran de tierra.

Sergio no ahondó en alguna discusión, sólo mencionó que cuando tenían alguna diferencia, la comentaban y se arreglaba. A las mujeres también les cuestioné sobre la convivencia. Quería saber si había alguna disputa por alcanzar losas, por querer estar en una ubicación más cómoda o porque alguien ensuciara el agua.

A.- […] También venían de Chiconcuac de por allá de Chimalpa a lavar su lana y a veces sí no queríamos que la lavaran adelantito porque se venían toda la grasa, a veces había señoras que decían: “Váyanse más lejos a remojar su lana” pero ya la traían remojada ya nada más la echaban en un cesto y la dejaban con el agua corrediza, le movía y ya quedaba limpiecita. Iban y la vaciaban en la arena, se secaba y ya cargaban su lana.

Las situaciones de conflicto entre las personas que acudían al río se detonaban porque el uso del agua era compartido y había que negociar la ocupación del espacio. Socialmente había convenciones establecidas para respetar las actividades que se realizaban y que no interfirieran negativamente unas con otras, pero no siempre se respetaban.

A.- Pues es que cuando era poca el agua sí daba coraje que se metieran porque se rebotaba el agua entonces nos llegaba sucia, pero de ahí en fuera pues no. Todos somos humanos y tenemos que vivir, ellos buscan la comodidad, pero todo eso ya se acabó ya no vienen ni a lavar. Dicen que ya se acabaron los telares, porque me vio que estaba lavando mi lana, y me dice que así, que hacían y eso y le digo que tenían sus telares los de Chiconcuac, hacían la trama de la lana para tejer sus suéteres y todo, las cobijas… Yo me acuerdo que mi papá cuando trasquilaba sus borregos venía un señor y se llevaba la lana y le hacía sus sarapes.

Pero ahora ya todo eso se acabó, pelan los borregos y la gente ya no busca la lana. La van a tirar.

Andrea mencionó que para lavar la ropa era importante que el agua no llegara sucia o rebotada. Por eso se generaban diferencias con quienes nadaban o lavaban la la lana sin tener consideración por las demás personas. La nostalgia está

126 presente en su discurso cuando se centra en hablar de la pérdida de la práctica textil en el municipio de Chiconcuac para enfatizar la imposibilidad de lavar en el río Papalotla. Por su parte, Guadalupe dijo no haber tenido discusiones y resaltó que había convivencia.

G.- No, todos nos quisimos como prójimos que somos. Aunque no nos conociéramos, nos saludábamos. Pasábamos por la orilla del río, ahí veníamos, últimamente me iba yo por San Francisco, ahí hay una calle que va para el río. Ahí lavaba yo con otras personas. Fila de mujeres lavando. Teníamos nuestros tendederos o en los magueyes, todo el convivio, nunca nos protestamos.

Jelin subraya la intencionalidad que hay en la narración y cómo influye el presente desde el que se evoca la memoria en la mirada que se tenga del pasado.

En la actualidad el río está contaminado. Ese es el presente desde el que se evoca la memoria. De ahí que quienes tuvieron una experiencia en un pasado más remoto, reflexionaron e interpretaron que el pasado fue mejor en comparación con lo que hay ahora (Jelin, 2002).

4.2. ¿Qué quieren decirnos del río?

Con base en lo expuesto en el apartado anterior identifico que en la narración de las personas que conocieron el río limpio hay una intención de transmitir lo bonito que fue y de exaltar las posibilidades que hoy ya no pueden ser percibidas por las generaciones más jóvenes. Teniendo en cuenta que hay generaciones que no conocieron el río limpio, la intencionalidad adquiere potencia, al tratar de recrear una imagen para alguien que no tuvo la experiencia, que no tendrá un recuerdo y que el único recurso que tiene para acceder de alguna manera a ese río es la imaginación.

Si el recuerdo se expresa mediante el lenguaje, entonces surge una relación entre quien habla y quien escucha. Suele suceder que las personas de mayor edad sean quienes hablan y las más jóvenes las que ofrecen la escucha. Así es precisamente como ha ocurrido en el caso del río Papalotla. Todos los jóvenes entrevistados han ofrecido escucha a personas mayores que les han contado sobre cómo era el río.

127 Francisco confirmó que su familia paterna es originaria de Papalotla y que realizaba actividades en el río: “mi papá, mi abuelo, mi abuelita. Lo que me comentan es que pasaba agua muy limpia la que bajaba de los manantiales de San Jerónimo y se estancaba en una parte que le llamaban la Tortuguita y era ahí donde nadaba toda la gente.” Tiene conocimiento de detalles como el lugar en el que aprendían a nadar: “<<La Tortuguita>>, a los costados tenía como bardas de piedra, entonces dice que de ahí se agarraba y comenzaba a patalear y ya posteriormente con la práctica fue adquiriendo la habilidad de nadar” hasta de lo que ocupaba su abuela para lavar: “En aquél momento el único jabón que llegaba por acá era el zote, el de barra entonces era con el que frecuentemente lavaba la señora de la casa.” A diferencia de otros jóvenes, fue el único que mencionó el riego como parte de los usos que se le daban al agua del río.

F.- En cuestión al cómo era antes, de qué forma llegaba el agua limpia. Me comenta mi papá que llegaba directamente de los manantiales de San Jerónimo y que a eso se le llamaba tandadas. Eran divididas por comunidad, digamos “hoy le toca a Los Reyes, luego a Papalotla” entonces era así porque tenían unas compuertas que inhabilitaban el curso o la corriente del agua, entonces ya no llegaba hasta acá, cada municipio tenía una fecha en específico. Esa agua la dejaban correr por los ejidos y que hoy yo creo los ejidos ya no se riegan así, en San Jerónimo el agua que bajaba ya la potabilizan.

Tiene nociones sobre cómo se organizaba la repartición de agua, de dónde provenía y qué pasa con esa agua en la actualidad. Aparte es interesante que al inicio de la entrevista le pregunté sobre qué le habían contado y esta información la añadió al final cuando le pregunté que si quería profundizar en alguno de los temas que habíamos tocado. En el apartado anterior expuse que Francisco es uno de los jóvenes que no tuvo demasiada implicación en el río. En cambio, ha mostrado disposición para escuchar y ha dado importancia y reconocimiento a los recuerdos de su familia.

La abuela de Francisco, además de haber compartido su memoria con su nieto, fue referida por Uriel como la persona que le contó sobre cómo era el río. Uriel migró de la Ciudad de México a Papalotla junto que su familia que tampoco era originaria del municipio, por esta razón no hay recuerdos que se remonten a antes de su llegada.

128 U.- Una señora, donde yo a veces compro pan, ¡Ah, pues la abuela de Francisco! Esa señora me conoce, conoce a mi familia, y luego me empieza a contar de que hasta la gente venía a lavar ahí, o sea los niños ahí jugando en el agua y la señoras lavando, o sea los fines de semana veías a la gente ahí lavando su ropa, o cuando era sábado de gloria y venían aquí a mojarse al río. La señora me contó, yo no se lo pedí, ella me lo contó. Yo estaba esperando el pan, y para no estar solo ahí, pues ni llevaba teléfono, eso es bueno, qué bueno que no llevé teléfono ese día, porque si no te encierras en tu teléfono y no escuchas, no te cuentan nada, te ven así tan metido… pero así me contó la señora que venía aquí y lavaba y todos sus hijos aquí los bañaba. A veces pienso y digo:

“Pues ¿qué pasó?” Yo sé que se contaminó, yo lo sé, pero a lo mejor un día me gustaría estar en ese momento y ver cómo era, te lo cuentan y yo sí me imagino las cosas. Un día, o una tarde estar en ese momento hubiera sido clave, hubiera estado muy chido. […] Un señor, es mi amigo. Me contó que cuando era pequeño se venía a nadar aquí, que había una tipo piedra que le decían “rana” y de ahí saltaban, era como su trampolín y de ahí de esa parte donde estaba la “rana” había agua profunda y había posibilidad de echarse un clavado y es lo que me contó.

Jelin propone que cuanto más cerca se está de la vejez mayor es la necesidad de trasmitir la memoria (Jelin, 2002). Esto explicaría que de manera fortuita, Uriel se convirtió en escucha. No interrogó, pero estuvo en disposición de ofrecer una escucha reflexiva. El tono en el que Uriel me contó lo que había escuchado revelaba sorpresa, emoción y gusto. Sin que yo se lo preguntara, como sí lo hice con otros jóvenes, por sí mismo refirió que le hubiera gustado estar ahí.

Luz tuvo un tono similar, al contarme que tiene nociones sobre lo que se podía hacer antes porque su abuela le compartió algunas memorias sobre el río.

Esto ocurrió cuando su abuela aún vivía y ella era más joven. La conversación que Luz recreó es curiosa porque refleja algo que Jelin ya advertía y es que la escucha también está definida por el presente (Jelin, 2002).

L.- Mi abuelita en una ocasión me llegó a contar que se levantaba temprano, agarraba su ropa y se iba a lavar al río y yo dije: “¿De verdad? ¡Guacala!9 Porque el agua está sucia y ahí andas lavando tu ropa, ¡Guacala!” y me dijo en ese momento: “Es que antes estaba limpia” y dije: “Ah, ahora tiene mayor lógica” Eso fue lo que más cambió mi perspectiva, y fue como “¡Wow! No te lo puedo creer, abuelita. A ver, cuéntame más” (risas) […] Sí, me contó que había arbustos de capulines y que ella iba y se escondía de sus papás o sus primos y que sí entraba al río como tal, se acostaba, recogía capulines y se los empezaba a comer ahí en el agua fría. Yo siempre he sido fanática del agua fría y me lo imaginaba y

9 Expresión que denota asco.

129 decía “Órale, qué padre que usted se pudo acostar ahí” o “Qué padre que usted pudo agarrar frutas que estaban ahí alrededor del río y se las pudo comer y no era como de <<no te las comas antes de desinfectarlas>>” A mí ese mundo siempre se me ha hecho bien aparte porque también creo que una tía me dijo que ellos antes iban y agarraban el cántaro y llenaban su cántaro con agua del río y se la tomaban y que para ellos era bastante normal y yo decía: “¡Guácala!” Lo mismo (risas) pero sí son historias que les escuchaba y yo decía:

“Órale, me hubiera gustado estar ahí, me hubiera gustado vivir eso que ustedes vivieron”

Luz, al escuchar, partió de su propia experiencia y de sus referentes, que no eran los mismos que los de su abuela o sus tías. Describió que sus primeras reacciones fueron de desagrado e incredulidad ante algo que le parecía lejano, sorprendente e imposible. Además, escuchar provocó en ella un cambio de perspectiva.

Aquéllos días en los que se podía lavar en el río están muy presentes en la memoria colectiva de los mayores. Todos los jóvenes entrevistados han escuchado testimonios referentes a ello. La preponderancia de esta actividad en el discurso puede deberse a que fue practicada por todas las mujeres y como se ha dicho, la mayoría de las personas se involucraban durante la infancia. Lo llamativo en el testimonio de Mario es que solo mencionó la práctica de lavado sin ahondar en ello y centró su atención en el tema de los caminos.

M.- Sí, mi abuela y mis tíos más grandes que mi papá. Siempre mencionan que… la clásica de que antes se podía lavar con esa agua. Mi abuela tiene ochenta y tantos años y ella es la que nos cuenta eso. Por parte de mis tíos, que era mucho más fácil la caminata hacia Papalotla, hacia Texcoco cruzando terrenos, que ahora que hay casas y más construcciones.

Por ejemplo, tengo un tío que cuenta que llevaba a sus novias al río... tampoco es que quisiera que ahondara en más detalles, pero sí, era el punto de reunión de muchos de mis tíos y de su generación. Mi abuela sí iba a lavar y mi abuelo pasaba a recogerla al mismo río. Igual mencionan que antes la vereda estaba más marcada, que no estaba el puente, eso yo no lo sabía, y que tenías que buscar una parte no tan profunda para dar el cruce, pero igual eso fue hace mucho tiempo, entonces tampoco hay dato exacto ahí.

Luis Daniel dijo que sus abuelos le platicaron que se podía nadar: “me cuentan que había unas tortugas, me parece que sí y que llegaba el agua limpiecita, que nadaban ahí. A como cuentan, era muy interesante lo que hacían.” En su respuesta también denota ese interés por el pasado que ya señalaba en otros de los jóvenes.

In document EL RÍO YA NO SUENA. (página 124-135)