4. El comercio mundial se ha expandido rápidamente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las exportaciones totales pasaron de u$s 58 mil millones en 1948 a u$s 240 mil millones en 1968. Este crecimiento fue impulsado por los productos manufacturados cuyas exportaciones crecieron a tasas superiores al 8% anual en las últimas dos décadas. Los alimentos y materias primas, en cambio, sólo aumentaron a una tasa inferior al 1%. Consecuentemente, su participación en las exportaciones mundiales totales declinó del 46% al 30% entre 1948 y 1968.
Las causas de este comportamiento del comercio de alimentos y materias primas han sido ampliamente analizadas en la literatura contemporánea sobre desarrollo económico. La baja elasticidad-ingreso de la demanda de productos primarios, la sustitución de productos naturales por materiales sintéticos y las políticas proteccionistas de los países industrializados convergen para debilitar el ritmo de crecimiento de las exportaciones mundiales de alimentos y materias primas.
Estas tendencias influyen en la posición relativa de los países especializados en la exportación de alimentos y materias primas. Estos países concentran el 90% de sus exportaciones en productos primarios. Consecuentemente, su participación en el comercio mundial ha tendido a declinar persistentemente en las últimas dos décadas.
En el caso de América Latina su participación en las exportaciones mundiales totales declinó del 11% en 1948 al 5% en 1968. Argentina, a su vez, redujo su participación del 2,8% al 0,6%. Es cierto que en el caso de nuestro país la reducción de los saldos agropecuarios exportables contribuyó a esta declinación. Pero es evidente que, dada la composición actual de sus exportaciones, integradas en cerca de un 90%
de productos rurales, la participación de Argentina en el comercio mundial debía declinar y continuará declinando en el futuro, de persistir la actual composición de las exportaciones.
La vulnerable posición de los países especializados en las exportaciones primarias, como Argentina, se agrava por el hecho que el rápido progreso técnico de las economías industrializadas les permite ser cada vez más eficientes en su propia producción de alimentos y materias primas, de modo que tienden a desplazar a los abastecedores tradicionales de esos productos.
Por el otro lado, se advierte que la expansión del intercambio de manufacturas
se realiza fundamentalmente entre los mismos países industrializados, cuyo comercio exterior se ha expandido aceleradamente en las últimas décadas. Las corrientes más importantes y expansivas del comercio mundial consisten, precisamente, en el intercambio de manufacturas entre los mismos países industrializados. Ocurre que el grado de complementariedad es mayor entre países con estructuras industriales altamente diferenciadas dando lugar a un activo tráfico de manufacturas. La especialización consecuente no se produce al nivel de ramas industriales sino al de productos provenientes de las mismas ramas. Así, por ejemplo, los países de Europa Occidental destinan alrededor del 70% de sus exportaciones de productos mecánicos (maquinarias y equipos, bienes de consumo durable y productos intermedios) al resto de los países industrializados. La proporción es similar para las exportaciones desde los Estados Unidos. Se genera así una especialización intraindustrial al nivel de productos entre economías altamente diversificadas con perfiles industriales verticalmente integrados.
5. Estos hechos tienen una significación profunda desde el punto de vista del comportamiento dinámico de la economía mundial. Implican la ruptura definitiva del viejo sistema de división internacional del trabajo entre países industriales y economías exportadoras de productos primarios y su sustitución por otro, de especialización e interdependencia entre las mismas economías industrializadas avanzadas.
El viejo sistema de división internacional del trabajo orientó el proceso de integración de la economía mundial desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la década del 1920. Argentina, como bien se sabe, fue un protagonista importante de ese proceso.
De alguna manera, dentro del viejo sistema, todos los países integrantes del mercado internacional participaban de la expansión de la capacidad productiva y de las corrientes comerciales. En la nueva situación, instalada manifiestamente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del comercio y de la capacidad productiva está crecientemente reservada a los países industrializados. Desde un punto de vista dinámico radica aquí una causa importante de la creciente discrepancia entre los niveles de desarrollo de los países industriales avanzados y las economías especializadas en las exportaciones primarias y, también, del desequilibrio externo crónico en que se debate la generalidad de estas últimas.
6. Las nuevas tendencias del comercio mundial han influido, ratificando la experiencia histórica, el movimiento internacional de capitales. Las corrientes más activas de inversiones de cartera y directas se realizan entre los países industrializados participantes del nuevo sistema de división internacional del trabajo. Los flujos más importantes de inversiones privadas hacia los países especializados en la exportación de productos primarios se orientan a algunas actividades extractivas (primordialmente, petróleo) y al desarrollo industrial en comportamientos aislados, en el marco de procesos de sustitución de importaciones, sin generar corrientes significativas de exportación de manufacturas.
La inversión privada directa extranjera en la industria, se origina,
fundamentalmente, en grandes corporaciones que operan en escala internacional. La literatura reciente sobre el tema señala la capacidad expansiva de estas corporaciones y su tendencia a la concentración (el aumento de su participación en los mercados en que operan) y a la aglomeración (la diversificación de las áreas productivas y de los mercados en que actúan). Estas orientaciones se reflejan no sólo en el comportamiento de las corporaciones en sus países de origen sino, también, en su rápida expansión en escala internacional. Se desplazan tanto hacia otras economías industrializadas como hacia los países menos avanzados. En las primeras contribuyen al proceso de apertura creciente de las economías en que se radican participando activamente en el comercio de manufacturas. En los segundos, en cambio, operan generalmente en compartimientos aislados y destinan su producción al mercado interno de cada país en que operan.
Desde el punto de vista de este segundo grupo de países, es evidente que las inversiones provenientes de las corporaciones internacionales han contribuido a diversificar la estructura económica y a ampliar la gama de tecnologías disponibles.
Por el otro lado, no han contribuido a asociar más estrechamente a las economías periféricas con las corrientes expansivas del mercado mundial, introduciendo nuevos factores de desequilibrio externo. Los problemas de transferencia al exterior de utilidades e intereses sobre la inversión extranjera, que afecta a muchos países en desarrollo por su escasez de divisas, se originan, en buena medida, en esta modalidad de la inversión privada extranjera. Crea nuevos compromisos con el exterior sin ampliar la capacidad de pagos externos a través de las exportaciones. Una vez que se detiene la contracción del coeficiente de importaciones esta situación agrava el desequilibrio externo. Estos problemas eran prácticamente desconocidos antes de 1930 en que la inversión extranjera estaba íntimamente asociada a la expansión de las exportaciones de los países que las recibían.
7. Otro hecho de singular importancia relativo a las corporaciones internacionales es su posición de ventaja relativa con respecto a las empresas locales de los países en que se radican. Las subsidiarias de empresas extranjeras gozan del respaldo financiero, tecnológico y gerencial de sus matrices y, consecuentemente, su posición competitiva frente a las empresas locales es notoriamente ventajosa. De este modo, se observa en numerosos países el avance significativo de la gravitación de subsidiarias de empresas extranjeras en diversos sectores económicos, primordialmente las actividades industriales de mayor densidad de capital y tecnología como la automovilística, electrónica y eléctrica, mecánica y química. Un aspecto importante de este proceso es la capacidad de las subsidiarias de movilizar recursos internos de los países en que operan para financiar su propia expansión. Según un estudio reciente, en el período 1960-64, en la América Latina, los fondos obtenidos de fuentes internas a través de créditos, empréstitos y autofinanciación representaron el 95% de los fondos requeridos por el total de las empresas norteamericanas en la región y sólo el 5% consistió en transferencias netas de fondos desde los Estados Unidos. En el mismo período, la totalidad de las ampliaciones del capital de trabajo de las empresas norteamericanas en América Latina
fue financiado con recursos obtenidos de los mercados financieros internos.48
Estas cuestiones se han constituido, en tiempos recientes, en motivo de preocupación honda y generalizada, inclusive en países industriales avanzados que reciben inversiones de corporaciones internacionales. Conviene tener en cuenta este marco de referencia para el momento en que se haga mención al caso argentino.