3.3 Fundamentos conceptuales
3.3.1 Conflicto, violencia y paz
Para un gran número de personas, incluso para la mayoría de la sociedad, el conflicto tiene una connotación eminentemente negativa, ligada a la violencia directa evidenciada en insultos, discusiones, peleas, amenazas, robos o, aún más grave, en las masacres, asesinatos, secuestros, violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado interno. Una noción básica del conflicto implica una relación entre personas o grupos con intereses contrarios u opuestos. Estos se pueden analizar a partir del triángulo ABC que plantea Galtung (1998), el cual contiene tres elementos principales: los actos/conductas, las actitudes/suposiciones y las contradicciones. Si bien las contradicciones son el elemento inicial o el conflicto de raíz, a medida que estos evolucionan sin ser resueltos o transformados pacíficamente, las actitudes y conductas empiezan a cobrar mayor
visibilidad y a incidir de manera negativa (Galtung, 1998).
El conflicto se constituye, entonces, como el principal motor de las sociedades, sirviendo como impulso de cambio o como generador de destrucción. En este se visibilizan los diversos intereses presentes en una disputa. Y si bien puede generar sufrimiento y destrucción, también pueden considerarse como aquello que “moviliza una reserva de energía que puede ser utilizada para fines constructivos, no solo destructivos” (Galtung, 1998). La forma de abordar estos conflictos y las maneras que encontramos para
resolverlos es lo que puede derivar en violencia o en un aumento de la paz.
Según Galtung (1998), el conflicto también puede analizarse a partir de dos dimensiones: una espacial y otra temporal. En su dimensión espacial, el conflicto incorpora la formación del conflicto, con las partes implicadas y aquellas pertinentes, lo que convierte en un error el reconocer sólo las partes presentes en un área de violencia
limitada. Los participantes de la violencia no son los únicos involucrados, y no necesariamente son quienes están llamados a resolver el conflicto.
En la dimensión temporal, es importante reconocer la historia pasada del conflicto, pero también la historia futura, trascendiendo comprensiones limitadas que realizan cortes en la realidad temporal y no permiten reconocer la continuidad de los conflictos, sus posibles efectos, secuelas y transformaciones. Otra forma de entender esta dimensión se encuentra en Lederach (2008), quien plantea de forma un tanto poética que vivimos en un presente de 200 años, por lo cual nuestras acciones en pro de la paz deben enmarcarse en una perspectiva temporal amplia, que abarque no solo nuestras vidas presentes, sino aquella de nuestros antepasados y nuestra descendencia.
Como se mencionaba anteriormente, el conflicto entonces tiene una relación estrecha con la violencia. La cara más visible de esta tiende a ser la que está contenida en el concepto de violencia directa, la cual se relaciona con la dimensión conductual o con las acciones desplegadas por los actores inmersos en un conflicto. En esta se pueden
reconocer aquellos actos más visibles de la violencia, como los gritos, insultos, agresiones físicas, violaciones o asesinatos. Este tipo de violencia no está aislada, ni mucho menos surge por sí sola; nace a raíz de lo que Galtung (1998) llama cultura de violencia y estructura violenta.
La primera es aquella que contiene los discursos, mitos y narrativas que justifican y promueven la violencia directa. En el caso colombiano, las justificaciones de la violencia como un instrumento político podrían ser un ejemplo de esto. El tercer tipo de violencia es la que está inserta en las estructuras sociopolíticas y económicas desde los ámbitos locales hasta los mundiales. Esto se evidencia en la desigualdad, los tratos injustos, la segregación y exclusión.
La paz, entonces, no consistiría únicamente con el alto al fuego, relacionado con la ausencia de violencia directa (paz en su acepción negativa). La paz positiva sería aquella que incorpora las dimensiones cultural y estructural en la tarea, a partir de la comprensión
de que las tres se retroalimentan, pudiendo la paz negativa ser afectada por la continuación de una cultura de la violencia y/o la violencia presente en las estructuras. Para el logro de las transformaciones en estos niveles, se torna necesario negar la tesis que involucra la violencia como instrumento para cambiar la violencia (Galtung, 1998). Como alternativa, se propone la política con democracia -en los casos en los cuales la contradicción es leve- o la política de la no violencia -cuando las contradicciones tienen un carácter más agudo-.
Teniendo en cuenta que el presente proyecto no pretende generar reformas de carácter estructural, se desarrollarán con un poco más de detalle los conceptos de culturas de paz y reconciliación. Previamente se han planteado dos triadas, aquella del triángulo ABC y el triángulo de la violencia. A estas corresponde una última tríada sobre la construcción de paz.
Tomado de Galtung (1998)
Esta tríada plantea tres problemas como solución a los retroalimentación de las violencias: los círculos virtuosos entre la reconstrucción (tras la violencia directa),
reconciliación (de las partes en conflicto, promoviendo una cultura de paz) y la resolución (del conflicto subyacente, a través de cambios estructurales) (Galtung, 1998).
Por último, el concepto de imaginación moral planteado por John Paul Lederach favorece la generación de comprensiones alrededor de la pertenencia a un tejido
psicosocial amplio. Este concepto implica:
(...) la capacidad de imaginarnos en una red de relaciones que incluya a nuestros enemigos; la habilidad de alimentar una curiosidad paradójica que abarque la complejidad sin depender de una polaridad dualística; una firme creencia en el acto creativo y la búsqueda del mismo; y la aceptación del riesgo inherente a avanzar hacia el misterio de lo desconocido que está más allá del demasiado conocido paisaje de la violencia (p. 34).
Este concepto se torna fundamental a la hora de promover reflexiones en torno a la paz como un esfuerzo social en el cual toda la sociedad está involucrada,
independientemente de las diferencias políticas, culturales o sociales. Igualmente, se invita a una comprensión que trascienda reduccionismos y dicotomías, propios de las narrativas de guerra donde hay amigos y enemigos. Por último, el llamado a la creatividad y la aceptación del riesgo llaman la atención sobre el carácter de la construcción de paz como una tarea llena de incertidumbres y posibles frustraciones, pero que requieren un alto compromiso y apertura para navegar en nuevas y desconocidas aguas.