CAPÍTULO 3. Antropología y cuidados
3.5 Crisis del cuidado a las personas mayores
Una de las más importantes narrativas en torno al tema del cuidado es la llamada crisis del cuidado. Esta crisis se refiere a la creciente demanda de cuidado y a la baja oferta disponible para satisfacer la reproducción social. En términos generales, existen cuatro situaciones que ocurren de manera simultánea que promueven este escenario, según Arriagada (2011).
1. El aumento en la esperanza de vida, de modo que se esperan mayores escenarios de dependencia y, aunque existen amplios sectores que envejecen activamente y en salud, la necesidad de mayores servicios de atención específicos para esta población crecerá.
2. La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral (y la disminución de las tasas de fertilidad), que promueve que las mujeres dejan de dedicarse de forma exclusiva a las tareas domésticas y de cuidado como en generaciones anteriores. Dentro de los efectos de la entrada masiva al empleo, aumenta la escolaridad para acceder a mejores empleos y disminuyen la iniciativa de algunas mujeres de tener hijos y planear y organizar su vida en este sentido.
3. La transformación de las familias (de tradicional a jefatura femenina, monoparentales o conformadas por adultos mayores). Debido a las dos condiciones anteriores, y que se traducen en la reducción de cantidad de manos disponibles para resolver la crianza y el cuidado de los miembros de la familia.
4. Una rígida división sexual del trabajo, la cual ubica a las mujeres en el terreno del trabajo doméstico y de cuidados como primera actividad. De participar en los mercados de trabajo, se insertan en empleos feminizados y de bajo ingreso muchas veces poco conocidos o considerados reemplazables por sus familias, por lo que es más factible que los abandonen, dedicándose nuevamente a los cuidados y al trabajo doméstico.
Ante estas necesidades se gestan nuevos conflictos que subyacen de la interacción entre estos factores y que se observan con mayor o menor intensidad de acuerdo con los distintos momentos de
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la trayectoria personal y familiar. La perspectiva respecto a la crisis del cuidado sobre las personas dependientes -concretamente lo que acontece con las personas mayores con demencia- es que las familias afrontan picos de crisis más pronunciados en distintas etapas dentro de la trayectoria vital cuando se espera que se incremente la interacción y cooperación intergeneracional, pero en la práctica esto no sucede así.
Figura 4. Relación entre hogares con personas dependientes y capacidades para satisfacer el cuidado.28
Fuente: Elaboración propia.
El enfoque de la crisis de cuidado ha sido responsabilizado a la ausencia de políticas de bienestar y a la crisis económica global, lo que promueve que las mujeres salgan al terreno productivo a ganar un salario que complemente o -en muchos casos- satisfaga los gastos del hogar. Es decir, que la crisis del cuidado es producto de una crisis económica profunda, caracterizada por el desempleo, el crecimiento del empleo informal y la inseguridad social en la que las personas dependientes (niños, ancianos, enfermos y discapacitados) revelan que quienes asumen los costos de las crisis siguen siendo las familias y especialmente las mujeres. Por supuesto que dentro de este fenómeno se siguen manteniendo una estricta división sexual del trabajo.
28 Este esquema es uno de los escenarios más comunes que encontramos en las familias que analizamos. La relación entre las familias de una misma parentela que se encuentran criando niños pequeños o satisfaciendo las necesidades educativas de sus adolescentes, se ubican económicamente impedidas para proporcionar apoyo monetario o cuidados a sus padres y madres mayores y dependientes. Cuando los nietos dejan el hogar paterno, es más factible que ahora los padres puedan atender a sus personas mayores hasta antes de que tengan nietos, lo cual nuevamente reconfigura la estructura de las familias. Es decir, que las políticas son más necesarias en estos picos de necesidad mutua.
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Frente a estas crecientes demandas de cuidado, una justa y distribuida organización social del cuidado sería el mecanismo mediante el cual, con la participación de todos los actores de una sociedad, se satisfagan armoniosamente las necesidades de cuidado.
La organización social del cuidado (OSC) se refiere a las interrelaciones entre las políticas económicas y sociales del cuidado. Se trata de la forma de distribuir, entender y gestionar la necesidad de cuidados que sustentan el funcionamiento del sistema económico y de la política social. Analizar la OSC requiere considerar tanto la demanda de cuidados existente, las personas que proveen los servicios, así como el régimen de bienestar que se hace cargo de esa demanda. La OSC implica una distribución de la satisfacción entre al mercado, las propias familias, la comunidad y el Estado en la provisión de bienestar (Arriagada, 2010:59).
Frente al panorama de la crisis de cuidado y reproducción social, uno de los impactos más drásticos que se espera para los próximos años será la creciente longevidad de las sociedades. Esto exige un compromiso agregado a la organización social del cuidado y al énfasis de las políticas en promover programas y políticas que tomen en consideración las relaciones intergeneracionales. Esto para satisfacer las demandas de atención, ya que por definición “los programas intergeneracionales son vehículos para el intercambio continuado de recursos y aprendizaje entre las generaciones mayores y las más jóvenes con el fin de conseguir beneficios individuales y sociales” (Pinazo, 2009:127).
Finalmente, el concepto de circuitos de cuidado (Araujo, 2019), permite adentrarnos en las distintas configuraciones de los escenarios de cuidado a partir de las diferentes formas en las que puede ser asumida esta actividad.
Los “circuitos de cuidado” deben ser reconocidos a partir de las diferentes formas de trabajo relacional involucrados en el ejercicio de esta actividad. En este sentido, diría que el proceso de comercializar la producción de un servicio es lo que vemos rápidamente en el caso del trabajo de cuidados, el cual puede ser pensado como cualquier otra acción económica en la cual los individuos se involucran en un trabajo relacional permanente (p. 10).
De esta manera, este “circuito del cuidado” implica pensar el esfuerzo de diferenciar entre las distintas relaciones de significado que se atribuyen al acto de cuidar; las cuales pueden implicar formas de transacción económica (en forma de pago en moneda o no). A su vez, estos circuitos son visibles desde los trabajadores del cuidado de acuerdo con las características y significación los mismos: el cuidado como profesión, el cuidado como obligación y el cuidado como ayuda, como precisa la autora.
a) El sector profesional del cuidado refiere a las trabajadoras formales del cuidado con instrucción o sin ella, en la que se incluyen enfermeras, cuidadores, asistentes personales, auxiliares de enfermería, etcétera.
b) El circuito del cuidado familiar, que en la mayor parte de los casos se da por obligación
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y no tiene reconocimiento social.
c) El circuito de cuidado como ayuda, el cual incluye a la comunidad, el barrio o los vecinos, y tiene la cualidad de ser un acto de reciprocidad.
Este trabajo enfatiza en dos dimensiones del cuidado principalmente: 1) actores del cuidado y el modo en el que se distribuyen y 2) de la organización social del cuidado, que involucra la presencia (o ausencia) del Estado, la eficacia de las políticas que existen, los derechos sociales presentes, la participación de las mujeres en el mercado laboral, la desigualdad social, de género, y las intersecciones con etnia/raza y clase en dicho mercado de trabajo.
La intención al mostrar este panorama general del cuidado en los estudios de caso que aquí se presentarán no es la de “medir”29 el uso del tiempo ni el bienestar, sino la de mostrar que existen múltiples dominios en donde el concepto de cuidados es útil. Esto no sólo desde la perspectiva de género y la política social, sino como una categoría que permite desentrañar además de estos aspectos, las relaciones intergeneracionales, las experiencias heterogéneas de vejez y enfermedad, los cambios y continuidades de la estructura familiar, los vínculos socio afectivos y la importancia de los cambios estructurales en la economía y el trabajo, etcétera.
Recapitulación.
Este capítulo discutió el concepto de cuidado desde sus principales usos, perspectivas y dimensiones a fin de situarlo como una categoría de análisis explicativa útil para abordar la construcción de los escenarios del cuidado doméstico de adultas mayores que padecen algún tipo de demencia.Sin embargo, en el corazón de las discusiones del concepto de cuidado está su uso como una categoría fundamental para abordar diversas desigualdades preexistentes, tanto en torno a la organización social de los cuidados como con respecto a la división sexual del trabajo. Además, incluye muchas más dimensiones de desigualdad en la provisión de éstos, como la raza y la clase, principalmente cuando se hacen de forma remunerada. El propósito de este debate conceptual es situar la confluencia de diversos factores presentes en las sociedades latinoamericanas, los cuales representan grandes retos para la sostenibilidad de la vida: el envejecimiento de la población, la
29 Tronto (2020) -citando a Fisher (1990)- menciona que una de las dificultades respecto a la medición y evaluación de los cuidados radica precisamente hacia quiénes estaría enfocado, si a los cuidadores o a los que reciben cuidado y que implicaría pensar quién es responsable de qué y por qué. Se abonará sobre esta misma discusión en el capítulo 6 en donde se aborda, desde Tronto, las diferencias entre el “buen cuidado” y el “mal cuidado”, así como las diferencias entre nurturant y non- nurturant care y las implicaciones del cuidado y servicios de cuidado.
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incorporación de la mujer al mercado laboral y los nuevos modelos familiares como los principales factores desencadenantes de la creciente demanda estructural de servicios de atención y cuidados a personas dependientes.
De acuerdo con la diversidad de actores que participan en la provisión de cuidados, resulta útil la apropiación de los aspectos fundamentales que están contenidos en dicho concepto, no por haberlos revisado en su totalidad, sino por haber elegido aquellos que son pertinentes, útiles y necesarios para dimensionar el complejo fenómeno del cuidado. Algunos de estos aspectos son la organización social del cuidado tanto desde su acepción teórica y empírica, el reto que implica analizar la experiencia del cuidado a partir de una perspectiva intersubjetiva y, finalmente, las relaciones de cuidado que suelen ser mucho más complejas y diversas.
Una definición personal del cuidado incluiría la pertinencia del análisis situado a partir de las dimensiones que analiza Thomas (2011), en las cuales es importante considerar las diferentes identidades, relaciones y dominios sociales de los que brindan y reciben cuidados. De esta manera, mi definición del cuidado es: una representación y práctica o prácticas sociales que se construyen a partir de amplios procesos de cambio social en torno a la reproducción social de los grupos, en la que se van acentuando o destensando relaciones a partir de las crisis (externas e internas); es decir, que tiene un componente estructural pero también microsocial y subjetivo. En este sentido, el estudio de las familias -a pesar de ser cada vez más diversas- resulta fundamental, pues sigue siendo un escenario social donde es posible observar la interacción entre lo micro y macro social, y el papel del Estado y el mercado. A diferencia de lo que apunta Thomas (2011) sobre si el cuidado es una categoría teórica en sí misma o una entidad empírica de la que dependen otros conceptos teóricos, considero que el cuidado es un concepto teórico del que es preciso profundizar en lo empírico a través de otras herramientas conceptuales y metodológicas.
Sobre las implicaciones de esta definición en términos de investigaciones empíricas y política pública, considero que una de las riquezas del concepto de cuidados es precisamente su amplitud. Lo que hace falta es aportar con mayores estudios de corte cualitativo lo que acontece en términos de prácticas sociales para poder construir políticas públicas que estén apegadas al contexto en donde se piensan implementar. Sin prescindir de las encuestas y otros instrumentos cuantitativos que son fundamentales para conocer en términos más amplios sobre el tema, la investigación aplicada se vuelve cada vez más necesaria, especialmente en nuestros países, en donde la diversidad y la desigualdad son mayores que en otras latitudes y que debe -en lo próximo- abarcar otros ejes, teorías o conceptos complementarios de los que han sido estudiados tradicionalmente; como los concernientes al trabajo
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productivo y reproductivo, los cuales siguen siendo relevantes pero de los cuales se pueden escapar algunas cuestiones como la dimensión moral, la cultura y las emociones.
Hasta ahora, los alcances de la teoría social no suelen aproximarnos a las especificidades del cuidado, como ese proceso de interacción lleno de emociones diversas, casi siempre intensas y desgastantes para quien las vive, y con efectos directos en el ánimo y la salud individual y de la vida de las familias. Así, el cuidado como práctica, suele ser menos accesible en la medida en que el concepto en sí mismo -desde las ciencias sociales- no dilucida los procesos interpersonales; si no que es a partir de los atributos y relaciones desiguales de género y la política social que se pueden subsanar estos desequilibrios. De ahí la importancia de discutir la construcción de un marco de análisis antropológico que incluya el parentesco y las relaciones filiales como ese nivel meso social incluso, como plantea Nakano (2012) como actividad muchas veces forzada por las condiciones estructurales o por lazos familiares. Dicho nivel permite el acceso tanto a las prácticas cotidianas como a las prácticas sociales del cuidado, de acuerdo con la cultura y contexto antropológico de donde surgen y se ejecutan.
Fue preciso buscar un grupo de definiciones y modelos analíticos con la finalidad de delinear no sólo la importancia del concepto de cuidados sino el uso dado y los modelos principales que ayudaron a construir y repensar el concepto en el contexto de estudio. Se discutió también la pertinencia de la construcción de una categoría antropológica del cuidado en la que se ha propuesto una definición que puede incorporar todos aquellos aspectos que atraviesan a el problema de estudio.
En el apartado de la organización social del cuidado ubicamos a los actores involucrados en la organización social del cuidado a través del llamado triángulo o -en este caso- diamante del cuidado:
Estado, mercado, familia, sector no lucrativo, para señalar la forma en la que una sociedad específica resuelve las necesidades de cuidado, principalmente situándose en el contexto de las políticas existentes y los tipos de Estado de bienestar. Estos antecedentes nos permiten discutir sobre qué tan robusto es un Estado y qué políticas y programas de cuidado existen, de modo que el concepto social care -revisado desde la literatura anglosajona- toma relevancia al contener unos ejes y un marco básico para una política social basada en el cuidado.
Una reflexión saliente de estas políticas es la revisión necesaria de los recursos de los que provendrán, de modo que la situación de los mercados de trabajo -no sólo en términos de conciliación entre el trabajo productivo y reproductivo, sino en el marco de la situación del empleo respecto al desarrollo económico que se genera- considere las coberturas sociales que devienen de estos aspectos.
Considero que el papel de la oferta y calidad del trabajo en el que participan los miembros de la sociedad debe ser una preocupación intergeneracional urgente, así como la de reflexionar sobre el
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aumento en la esperanza de vida, la disminución de la fecundidad y la capacidad de los gobiernos de invertir en sus personas dependientes.
Asimismo, uno de los actores fundamentales en la provisión de cuidado informal son las familias. En las sociedades familistas, el escenario más frecuente de proveeduría del cuidado se da en el contexto familiar; por ello este estudio se centra en lo que acontece a nivel de los hogares. El papel que tiene la familia resulta central en términos de la unidad básica donde se ven reflejadas las políticas institucionales, como los cambios y continuidades respecto a su estructura y composición por diversos factores. Del mismo modo, el escenario familiar permite identificar las relaciones que se establecen con otros actores institucionales y la propia dinámica basada en el parentesco y el vínculo filial.
Finalmente, la construcción social del cuidador -o más propiamente las características y cualidades que hace que un familiar adquiera este rol- ayudan a comprender que no solamente el género es importante, sino las condiciones en las que se encuentra la familia del enfermo, la trayectoria de la familia del enfermo y del cuidador, y las relaciones que se edifican a partir de esta dinámica.
La selección y revisión conceptual del cuidado permitió entrar de lleno a una temática compleja, amplia y en construcción en América Latina. Seleccioné aquellas discusiones que abordan el concepto de cuidados desde una dimensión de género y como un componente central del bienestar, del cual es posible analizar cómo se provee y distribuye en los diferentes regímenes de bienestar, y discutir sobre su ausencia e implicaciones en tanto problema público cuando no se satisfacen.
Los capítulos siguientes cumplen el propósito de situar el marco que consideramos abarcar sobre el cuidado. Por una parte, dimensionan la situación sociodemográfica y epidemiológica sobre el envejecimiento, demencias y los recursos públicos disponibles para la atención, que fue una de las principales motivaciones al comenzar esta investigación. En un segundo momento se precisa sobre el contexto de la ciudad de Monterrey y la situación de las familias, las cuales se encuentran interpeladas por aspectos económicos y sociales que se articulan a partir de las distintas etapas de industrialización que atravesó la región y la ciudad.
En este sentido, en la ciudad floreció una cultura con base en el trabajo, que determinó la organización social, espacial y familiar de los individuos. Resultó importante retratar este proceso para entender a los hogares conformados por personas mayores, quienes además de referir explícitamente en las entrevistas el valor que le otorgan a su trayectoria laboral, al mundo del trabajo y la cultura del esfuerzo (razones por las cuales migraron, obtuvieron una propiedad o sacaron a su familia adelante), se evidencia en la literatura que se verá en los apartados siguientes. Otro elemento para construir un panorama global del cuidado fue la aproximación a las trayectorias individuales-familiares, que le
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ponen rostro a estos grandes procesos sociales y a los intereses globales sobre el tema del cuidado.
Finalmente, hablaré de lleno sobre las prácticas de cuidado sobre demencias en las que descriptivamente situamos las necesidades y principales conflictos respecto al cuidado, las cuales además se suscriben a la propia dificultad de sobrellevar la interacción con una persona con demencia en contextos con recursos materiales y humanos limitados o inadecuados y con una red de apoyo, débil. La perspectiva de curso de vida, para analizar los procesos de cuidado, resulta una dimensión muy interesante para pensar cómo se va reciprocando, adicionando o transfiriendo el cuidado, y cómo pensar que recibir cuidado una vez, implica recibirlo nuevamente, pues cuando se han satisfecho necesidades en el pasado es muy probable que aparezcan otras en el futuro.
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CAPÍTULO 4. Las familias de las personas mayores en el contexto de