5. Procesos Formativos del CEC
5.6. La formación en el CEC y su evolución en el tiempo
5.6.3. La crisis
Un proyecto de estilo abierto, entendido como grupo de grupos, como familia que se multiplica y da fruto, inserto en la realidad de los jóvenes de barrio popular, inevitablemente termina enfrentándose a una demanda muy fuerte de formadores por parte de sus beneficiarios. En este caso, niños y jóvenes que, para finales de 1990 son más de 500, que constituyen más de 20 grupos.
En un primer momento, la Hna. Pilar Alonso, gestora y fundadora, al lado de los 13 jóvenes del 12 de julio de 1988, se encarga ella misma tanto de la formación humano-cristiana, en las asambleas, como de la formación artística, en teatro y artes plásticas. Sin embargo, se ve en la necesidad de buscar otras personas formadas y capacitadas para ejercer esta función en las demás artes. Consciente de que no siempre la pastoral y el arte confluyen en una sola persona, acepta colaboraciones voluntarias y contrata, luego, profesores de danzas y música que no siempre están dispuestos o preparados para formar a los muchachos pastoralmente, o cuyos enfoques difieren de los del CEC en aspectos fundamentales. Esta situación no
25 Coincide con la dimensión microsocial del Plan de Formación General del CEC, y abarca temas como familia, amistad, valores fraternos, comunidad...
genera problemas o conflictos de importancia durante los tres primeros años, como se muestra en los apartados anteriores.
Sin embargo, algunos cambios en el ambiente parroquial y del CEC, ocurridos entre 1991 y 1992, hacen que esta dualidad comience a profundizarse de varias maneras.
El primero de estos cambios es de formadores. El párroco Tadeo Albarracín y la hermana Isabel Miguélez, religiosa vedruna, con fuerte participación en la construcción del proceso de pastoral juvenil parroquial de Santa María de la Esperanza, en estos primeros años del CEC, reciben un nuevo destino que les lleva a dejar el barrio a comienzos de 1991. A pesar de que estas personas no habían generado dependencias importantes de los muchachos hacia ellos, otras figuras de autoridad que entran en escena a continuación, y no conocen el proceso desde sus inicios, comienzan a funcionar en una dinámica diferente.
La Compañía de Jesús solicita, a través de Fe y Alegría, un espacio para desarrollar el apostolado de sus formandos, el cual se inicia con dos de ellos en 1990. Estos asumen como campos de acción la parroquia y el CEC. Arturo Araújo, formado en las bellas artes, asume la formación y dirección del grupo de teatro, continuando el proceso que ya había sido iniciado por la Hermana Pilar, e imprimiéndole su propio estilo y fuerza. Sin embargo, los jesuitas de los años sucesivos, se vuelcan hacia la parroquia, en la cual el párroco ya no es el mismo. Estos jóvenes religiosos asumen lugares muy protagónicos, en la organización de la pastoral juvenil parroquial, para un proceso de formación de multiplicadores como el que se pretendía desde antes.
Lenta, silenciosa e imperceptiblemente, primero, más violenta y rápidamente después, se desarrolla un proceso de separación entre los jóvenes de la parroquia y los del CEC, generado por el párroco y los formandos jesuitas, quienes comienzan a expresar la no pertenencia de Fe y Alegría a la parroquia. Este proceso culmina, años más tarde, y tras la salida de los jesuitas de los apostolados que desarrollaban en este barrio, con la desaparición de los grupos de la parroquia.
La selección de nuevos formadores será una dificultad, especialmente en los primeros años del CEC. La combinación entre conocimientos y experiencia artísticos y una vivencia encarnada de los valores evangélicos, como pastoralista, no es fácil de encontrar. En 1992, hay un primer conflicto que es bueno reseñar. Tiene lugar en ocasión de la conmemoración de los 500 años del "descubrimiento" de América, cuando se plantea una formación más intensa, bajo el tema generador:
“Descubramos nuestros valores y celebremos lo que somos”; se presenta así una contraposición a la postura oficial que había impuesto ese término de
"descubrimiento". Aunque se genera bajo esta orientación un ambiente intenso de estudio, divergen las posturas de los asesores encargados de la formación de los grupos. En las reuniones del comité animador se abordan algunas de las discusiones del momento que proponen términos más afines y coherentes con el tipo de acción del CEC en el barrio, desde "invasión" y "conquista", hasta "choque" o "encuentro de culturas". La cultura propia, o autóctona, se erige como tema central, reforzando los temas folclóricos como ideal de trabajo en las diferentes artes.
Este mismo año se insiste, con mucha fuerza, en elaborar los planes de formación de los grupos. Los temas previstos se adaptan, según el grupo, a la edad de los niños y jóvenes. En la asamblea se estudian los periódicos y se analiza críticamente el papel de los medios de comunicación en la preparación de la celebración de los 500 años, así como en las celebraciones comerciales del año (día de la madre, del padre, "de las brujas", navidad,...). El "cuarto de pastoral" se erige en centro de consulta bibliográfica y audiovisual de toda clase de problemáticas de interés para los inquietos jóvenes en procesos de formación.
En este contexto de inquietud intelectual y de rechazo a las visiones colonialistas de la historia, que perpetúan la desigualdad entre países ricos y pobres y la dependencia de estos últimos de los primeros, la cultura norteamericana es vista como una forma de neocolonialismo cultural y como una cultura impuesta a través de los medios de comunicación, gracias al dominio de los EE.UU. sobre la economía mundial. Las formas artísticas de moda, promovidas por el mercado, especialmente el rock, con la música y danza afines, son vistos en el CEC con malos ojos, como imposiciones veladas del imperio gringo.
La asesora del grupo de danzas juvenil no sintoniza con este enfoque y prepara un montaje folclórico cuyo final, sin embargo, es una danza sobre música rock, de carácter más comercial. La disparidad de visiones se transmite a algunos jóvenes de los grupos y se genera una tensión que no podrá ser contenida a tiempo. La formación en valores es presentada como anticuada, mientras que el arte de masas, de carácter más comercial, es presentado como "lo moderno", como lo más cercano a los gustos e intereses de los jóvenes. Pocos muchachos tienen la suficiente perspectiva del orden de la sociedad como para condenar la influencia del mercado en el arte y el carácter consumista que le infunde. Se genera, a partir de ahí, un ambiente de inconformidad con el enfoque de la formación del CEC, en favor de montajes más espectaculares y más cercanos a las formas del "arte comercial".
Posteriormente, la asesora culmina su trabajo en el CEC, en 1993, pero, para entonces, su influencia en la formación de los jóvenes del grupo está ya consolidada.
En esta primera crisis, la más notable en la historia del CEC, este factor –el cambio de formadores y las diferencias en el enfoque con que se asume la formación de los muchachos– es el más determinante. Y los que serán señalados a continuación pueden ser vistos, en cierto modo como sus consecuencias.
El segundo de estos cambios es de jóvenes. El conflicto entre la pastoral que pretende rescatar los valores autóctonos a través del arte y la profesora de danzas, respaldada por muchachos de su grupo, llega a tener varios episodios, además del ya mencionado. Así que ante el cambio de asesor de danzas, los jóvenes se refuerzan en sus posturas reacias a la formación. Algunos integrantes de este grupo lo abandonan.
A este mal ambiente se suma un hecho desafortunado que profundiza las diferencias con los inconformes de danzas. En el primer semestre de 1993, ediciones Paulinas ofrece unos talleres de grabación de video, los sábados. Ante el cruce de horarios con la mayoría de grupos, son enviados algunos muchachos del grupo de plásticas.
Los otros lo asumen como una exclusión y se rebelan, asistiendo al taller y dejando de asistir a danzas. De esta forma, el CEC se va quedando sin gente. Pero el "golpe de gracia" en este proceso de desbarajuste, es que los muchachos que asisten al taller de comunicación de ediciones Paulinas, son invitados luego a participar más activamente allá, abandonando, algunos definitivamente, su grupo de origen.
Los nuevos asesores de danzas y teatro, Claudia Molano y Alvaro Mejía, respectivamente, responden a otros modelos de pastoral y de formación personal y artística de jóvenes. Ella, proveniente de una experiencia de Comunidades Eclesiales de Base (CEB), debe enfrentar las dificultades iniciales del ajuste con el grupo de inconformes y generar un proceso de motivación para atraer nuevos integrantes. Él debe enfrentarse a la fuerte imagen afectiva y a la relación de dependencia dejada por su predecesor jesuita presentando un estilo de trabajo distinto, menos preocupado de los procesos pastorales y de los temas sociales. Adicionalmente, se establece la figura del asesor de pastoral, lugar que ocuparán sucesivamente Luz Marina y Patricia Sierra, ambas con experiencias de formación hechas en el ámbito de las CEB.
El número de integrantes, especialmente de teatro, decrece durante 1993 y 1994. El número de grupos disminuye también un poco. Los grupos de jóvenes, sin embargo, así sea con poquitos integrantes, sobreviven y consiguen sostener la estructura del CEC. Sin embargo, no todos salen por desaveniencias o inconformidad con el nuevo asesor. Algunos muchachos, tras terminar su ciclo de formación académica en bachillerato, se ven en la necesidad de buscar otros horizontes, ya sea en el mundo laboral o en la educación superior. Si la cantidad de jóvenes motivados para la continuación de sus estudios es un logro, el CEC, en esta etapa, lo consigue en un porcentaje mucho más alto que el habitual en un barrio popular.
Hubo un cambio más en el CEC que configura la crisis que estamos describiendo. Y este factor está más allá del alcance de lo que pudieran hacer los conductores de la experiencia en su momento.
Este tercer y último cambio tiene que ver con las condiciones administrativas y económicas. Por un lado, en 1993, se establece una estructura de Fe y Alegría organizada en hogares infantiles y centros educativos formales. El CEC queda sin lugar en este orden y, por lo tanto, con bajo respaldo institucional y sin ser tenida en cuenta en la programación de actividades, generando superposición entre las planeaciones del CEC y de la Oficina Regional de Fe y Alegría. Por el otro lado, ese mismo año, se aprueba una ley de impuestos que provoca la revaluación del peso ante el dólar. El cambio de moneda afecta los ingresos al CEC a través del Programa de Apadrinamiento y se ve la necesidad de disminuir el número de apadrinados, de profesores contratados y de horas de trabajo.
Esta dificultad se une a las generadas por el cambio de asesores y de jóvenes, mencionado antes. Sin embargo, aún acuden nuevos muchachos, atraídos por el éxito, ya conocido en este momento, de los montajes en las diferentes artes, del CEC.