• No se han encontrado resultados

Pero, ¿por qué el cuerpo influye y marca la construcción del género?

In document Masculinidades en el México contemporáneo (página 178-182)

Pero mostrar aquí una desviación de la norma, de lo socialmente permitido, es imposible como gladiador a menos que sea exótico, se busque ser lo contrario, lo afeminado para ganar un lugar en el medio, ser un comodín de risa y mofa hacia lo no masculino; ese es el único modelo que rompe la norma en el cuadrilátero, pero así como arriba del ring se muestran una gran diversidad de masculinidades aceptadas y una rechazada, debajo de él se puede dar un sin fin de modos de ser hombre.

Para poder comprender como es que se habla de masculinidades como esa hete- rogeneidad de una serie de características y rasgos dados de modo cultural y personal, es necesario analizar que así como el hombre no se presenta de la misma manera en los diferentes aspectos de su vida —debido a las relaciones de poder, clase o esta- tus— también su contexto socioeconómico, cultural e histórico van modificando las conductas de los individuos. Al mismo tiempo, las masculinidades van siendo mol- deadas según los lugares, los tiempos y los fines que persigan los individuos como entes autónomos y como sujetos pertenecientes a un estado, una institución, grupo social, familia, etc. Por ello, un sujeto inmerso en una serie de características y ras- gos como lo son clase social, nivel socioeconómico, profesión, edad, nivel cultural, político y religioso se ve a su vez modificado en su masculinidad por cada uno de los elementos que lo integran.

Pero esos no son los únicos rasgos determinantes, actualmente los medios de comunicación hacen que ciertos iconos de masculinidad circulen y aplauden modelos específicos de conducta, mientras que se burlan (y desaprueban) otros (Ramírez, 2006: 53), generando así estándares locales y mundiales debido a la globalización de lo que es "ser hombre". Estos modelos de masculinidad van ligados a la venta y la cons- trucción de lo que son los cuerpos perfectos, esos cuerpos que tienen que responder a las necesidades actuales, al glamour, a lo considerado saludable, bello, estético, masculino, viril, caballeroso, alineado o desalineado dependiendo cual sea el fin.

Pero, ¿por qué el cuerpo influye y marca

manera en la que nos gustaría ser. En una era en la que lo individual es responsabi- lidad del propio actor, el cuerpo es justamente una hechura más del proyecto identitario de una persona.

En el caso del deporte, y por ende de la lucha libre, los cuerpos son vistos como instrumentos: el deportista exitoso debe ver su cuerpo como una máquina o un arma para vencer dificultades o a otros (Callirgos, 2003: 70). Por ello, el cuerpo se convier- te en una hechura que los ayuda a construirse, a mostrarse ante los demás como quieren ser vistos, a exponernos en los diferentes espacios, donde, lo primero que nos diferencia es ser hombre o mujer.

Los cuerpos pasan a ser el escaparate de lo que desean mostrar a corto y largo plazo, es por ello que pueden ser y son retocados, alterados, modificados con el fin de afirmar y demostrar una identidad de género; vendiéndolos-legitimándolos como características de la masculinidad y de un cuerpo masculino mediante los medios de comunicación, siendo éstos en la actualidad quienes muestran e imponen los cánones de belleza y con ello los de la masculinidad. Dejando ver todos los días de la semana, en los diferentes canales, los cuerpos de los gladiadores y de otros depor- tistas y artistas como lo "correcto" en los hombres. Llegando actualmente a vendernos categorías como metrosexuales, ubersexuales. Vendiendo no sólo la categoría como tal, sino toda una imagen y un estilo de vida ligado a las grandes estrellas del momento, a su fama, poder adquisitivo, excentricidades que muy poca gente puede llegar a alcanzar, pero que se vuelve un modelo a seguir; donde se busca llegar a ese estatus o estilo de vida sin importar consecuencias o medios que se utilicen, el obje- tivo es llegar a lo deseado. Volviendo así al cuerpo un instrumento primario que ayudará a regular las relaciones y los roles de género.

El neologismo "metrosexual" proviene del homónimo anglosajón metrosexual, acuñado por el periodista inglés Mark Simpson en Independent on Sunday, en 1994, refiriéndose a él como: "un caballero narcisista enamorado no sólo de sí mismo sino también de su estilo urbano de vida", y al que daría la siguiente definición en su artículo "Meet the metrosexual", publicado en Salon.com, el 22 de julio de 2002. El típico metrosexual es un joven con dinero para gastar, que vive en la ciudad, donde están las mejores tiendas, clubs, gimnasios y las mejores peluquerías. Puede ser oficialmente gay, hetero o bisexual pero esto no tiene tanta importancia porque se ve a sí mismo como su propio objeto de deseo y placer. De profesiones liberales como modelos, o trabajando en medios de comunicación y productoras, o músicos pop y ahora también deportistas, saben que atraen, aunque la verdad sea dicha, lo mejoran con productos cosméticos masculinos.

En la lucha libre es común ver como los cuerpos que ya son públicos, gracias a su trabajo y los medios de comunicación, se modifican o alteran para reafirmar su

masculinidad en el medio. Y es así como muchos luchadores recurren al uso de ta- tuajes corporales que van de acuerdo con su personaje y con su persona; al uso de pupilentes para darle un rasgo único a su personaje; tintes y cortes diferentes en el cabello; maquillaje corporal o fácil para darle un toque más personal a su personaje o para marcar los músculos de su cuerpo; depilación ya sea permanente (láser) o con cera, usando muchos el rastrillo para eliminar el vello, que junto con el bronceado y las pinturas o aceites que se ponen en el cuerpo crean visualmente un mayor volu- men muscular y dureza de los mismos. Algunos utilizan ropa interior especial para moldear el cuerpo, principalmente las nalgas y pene; y algunos otros utilizan tangas debajo del equipo para que éstas no se marquen y se vean mejor, también las cicatri- ces forman parte de la modificación de sus cuerpo y muestran una masculinidad valiente, fuerte y ruda. "[nos bronceamos] por lucir un poquito mejor ante la gente, por tener un poquito más de vista, así como nos ponemos el aceite nada más para subir brillosos, no subir opacos, borrados del cuerpo, sino para que de alguna manera se note lo que estamos trabajando en el gimnasio", Blue Demon Jr. Cayendo incluso, en las categorías de metrosexuales o hubersexuales:

Me puedo considerar que soy un metrosexual... me cuido, me pongo mis cremitas, a veces me depilo la ceja, busco la imagen para estar bien, también me gusta la ropa de moda y todo.

Me gusta atenderme físicamente, me gusta verme bien, me gusta vestir bien, te digo los cuidados hacia mi cuerpo, hacia la estética, a verme y todo eso, al look del cabello y pues más que nada así, a eso, me gusta agradar a las mujeres mucho (Rey Bucanero: 2006).

Y así como Rey Bucanero, la gran mayoría de ellos busca agradarle a las mujeres y a su público en general, usando su cuerpo y la imagen como estandarte de su iden- tidad masculina, por eso normalmente visten bien, usan ropa de marca, camisas y playeras que marcan sus músculos, pantalones de vestir o de mezclilla que realcen su figura; e incluso muchas veces su medio de transporte se vuelve parte de esas categorías que los medios de comunicación nos venden y es así como los vemos en BMW, Mercedes, Harley Davison, Audis, Mustangs o camionetas y autos del año.

Abreviando un poco por los tiempos y el espacio, de manera un poco abrupta me gustaría concluir diciendo que la lucha libre es el deporte-espectáculo que ayuda a construir y reafirmar masculinidades, así como estereotipos clásicos de la llamada masculinidad "hegemónica", esa que marca que el mundo está hecho para los hom- bres fuertes, de última palabra, superiores y viriles, donde un sin fin de luchadores tiene que ser los primeros en adscribirse y adueñarse de estos modelos fáciles de asumir en un contexto de homosocialización y violencia, para después poderlos representar en el ring y volverlos modelos a seguir dentro de los aficionados al catch, principalmente para el público del llamado sector popular.

In document Masculinidades en el México contemporáneo (página 178-182)