• No se han encontrado resultados

Un cuerudo y hombre tamaulipeco en dos canciones y una película

In document Masculinidades en el México contemporáneo (página 164-167)

también de una cultura popular que enarbola al cuerudo como el símbolo del hombre de a caballo.

Y finalmente, destaca su valor rayando en la bravuconería, en especial al matizar que es un verdadero un hombre tamaulipeco: si alguno lo llega a dudar lo reta a que se lo diga de frente, porque, en su opinión, el cuerudo nunca se sabe rajar. Como afirmó hace años Octavio Paz (1959) el rajado es el cobarde, y los tamaulipecos son hombres con valor.

Tales discursos contenidos en el personaje del cuerudo tamaulipeco son confir- mados en la canción titulada El tamaulipeco, la cual también resalta la identidad regional y masculina en la entidad, así como el valor de los hombres al grado de conformar lo que algunos autores han denominado una masculinidad hiperbólica.

En su letra la canción dice:

Soy puro tamaulipeco Y de Tamaulipas vengo Y de Tamaulipas vengo Soy puro tamaulipeco Yo no vengo a ver si puedo Sino porque puedo vengo Donde quiera lavo y plancho Y en cualquier chaparro tiendo

Es decir, El tamaulipeco hace lo que quiere, es un hombre que no le teme a nada y menos a la muerte, porque los hombres machos de esta tierra siempre mueren en la raya. Así como el cuerudo no se sabe rajar, El tamaulipeco demues- tra su hombría desafiando a la propia muerte. Advierte además que los foráneos que visiten Tamaulipas se anden con cuidado, porque a pesar de ver solas a las rancheritas (mujeres "propiedad" de machos tamaulipecos) todas tienen su gallo (su dueño).

Ahora bien, entrelazando estos rasgos de machismo que distinguen la masculini- dad del tamaulipeco en la época posrevolucionaria, con la personificación que se muestra de éste en la película Los tres huastecos, observamos rasgos particulares de una identidad regional y masculina propia de la región tamaulipeca.

En cierta forma, la imagen y los discursos sobre ser un hombre tamaulipeco, al menos en la cultura popular, también se articulan con una supuesta identidad de los hombres norteños, quienes se identifican por costumbres gastronómicas, de baile, incluso estilos de lenguaje, que fueron apropiados por artistas mexicanos que se jactaban

[...] del ser norteño y el ser fronterizo del noreste de México donde sale a relucir el lenguaje, baile, comida, vestimenta, música, costumbres familiares y otros. El habla regional con acento marcado, el sombrero texano [...] y hasta la mirada, representan la imagen promovida en el cine nacional por Juan García Garza a lado de Tin-Tan, Lalo González El piporro y Eleazar García El chelelo (Ramos, 2003: 33).

Además de los artistas del cine y la televisión como los citados por Ramos, encontramos la participación de Pedro Infante, uno de los íconos nacionales más importantes de la época de oro del cine mexicano, quien encarnó el prototipo del hombre tamaulipeco a través del cuerudo en la película Los tres huastecos. En ese rodaje se presentaron aspectos culturales y cotidianos de la región huasteca potosina, veracruzana y tamaulipeca.

La historia de la película se suscribe en la huasteca, donde nacen los trillizos Andrade, quienes al quedar huérfanos de padre y madre son separados y criados en lugares distintos: Veracruz, San Luis Potosí y Tamaulipas. Cada uno de los Andrade asimilará así las costumbres de cada una de estas regiones. El veracruzano es militar (Víctor), el potosino sacerdote religioso (Juan de Dios) y el tamaulipeco (Lorenzo) es dueño de una cantina. Para nuestro análisis nos centraremos en este último.

Cuando en la película presentan imágenes de la cantina, varios de los hombres que allí aparecen traen puesta la cuera. El propio Lorenzo, en todo el rodaje, aparecerá con su cuera, pistola, sombrero y cigarro en boca; cuando se traslada a su casa monta a caballo. Con una entonación alta, característica del norteño, charla y da órdenes.

Rebelde, bravucón y sin temor a castigos divinos, llega aseverar que en el tamau- lipeco no existe otra iglesia que su cantina y el único cura es él. En el mismo sentido expresa que su único dios es el dinero y su justicia su pistola. La fuerza y su valor están en parte respaldados por el poder fetichista que le da a su arma.

En todos los diálogos se ve a Lorenzo, el tamaulipeco, directo y sin rodeos;

característica del hombre del norte con un tono golpeado, pero siempre hablando de frente. Al respecto, el sociólogo Juan Díaz Rodríguez (1999) afirma que: "el habitante del territorio de Tamaulipas es el prototipo del norteño mexicano: franco, sincero, trabajador, honesto". Esa misma imagen es la que se muestra de Lorenzo, el tamau- lipeco, en la película.

Cuando a Lorenzo se le acusa de ser El coyote, villano de la historia, él sólo pide pruebas de la acusación. Incluso, cuando un pueblerino le enfrenta apuntándole con pistola en mano, el tamaulipeco, sin mostrar temor alguno, responde la agresión desen- fundando su pistola y disparándola, hiriendo al acusador y advirtiéndole que la próxi- ma vez no correría con mejor suerte. O sea Lorenzo, como la descripción de la canción El cuerudo tamaulipeco, no se sabe rajar y de ser el caso se sabe morir en la raya.

Para Lorenzo la situación se agrava cuando su hermano Víctor, el militar vera- cruzano, recibe orden de aprehender al coyote, y explícitamente las órdenes indican que éste es su hermano. Víctor, creyendo en la inocencia de Lorenzo, le pide que huya, a lo que el tamaulipeco responde que la huída es para cobardes, sólo le pide a Víctor que le dé un día más para arreglar un asunto familiar y que posteriormente él mismo se entregará.

El pacto se cierra con un saludo de manos y una promesa verbal. En este acto se muestra la honestidad del norteño tamaulipeco, que se asemeja a la descripción que hace Juan Díaz Rodríguez (1999) del hombre de la región. El coyote, villano de la historia, resultó ser Alejandro, enemigo también de Lorenzo Andrade. Este últi- mo, al saberse siempre inocente, nunca mostró temor alguno por las acusaciones infundadas ni por su propia vida.

Como podemos observar, la construcción de la masculinidad del hombre tamau- lipeco en la etapa posrevolucionaria, a través de expresiones musicales y fílmicas, dan muestra del prototipo bragado del hombre norteño, identificado con su terruño, arrojado, honesto, valiente y sin temor a la muerte; rasgos de un símbolo regional inmerso en la cultura popular tamaulipeca.

In document Masculinidades en el México contemporáneo (página 164-167)