Objetivos
Dominio 7: Vida individual, familiar y so- cial: Desigualdad en la capacidad de dis-
20. De conformidad con la Ley Especial son consideradas en condición de vulnerabili-
6.1 Datos cualitativos
6.1.1 Las manifestaciones de la violencia Las mujeres con mayores factores de desven- taja incluidas en la investigación refieren que el ámbito en el cual han sido violentadas con mayor gravedad es el hogar, principalmente por parte de sus parejas o exparejas. Aunque en varios relatos se expresa también la violencia que han experimentado en el ámbito comu- nitario, para ellas la más grave, permanente y dañina ha sido la violencia por parte de sus parejas o exparejas.
Los testimonios de las mujeres que enfrentan o han enfrentado situaciones de violencia de pareja, dan cuenta de expresiones de violencia reiteradas, en ocasiones prolongadas, en las cuales se combina una amplia gama de actos violentos, ilustrando la superposición de vio- lencia psicológica, física, sexual y económica que enfrentan las mujeres, cuyas expresiones concretas incluyen humillaciones, burlas hi-
rientes, descalificaciones, control, aislamien- to, abusos sexuales o golpes. Algunas de ellas fueron víctimas de intento de femicidio/femini- cidio; en esos casos los testimonios muestran la existencia reiterada de expresiones graves de violencia física o sexual, como golpes con objetos, violaciones sexuales reiteradas, ame- nazas o heridas con armas u objetos.
Un aspecto importante de la información reca- bada es que la mayoría de ellas refieren haber vivido violencia sexual por parte de sus pare- jas. Las expresiones de violencia abarcan una amplia gama de conductas, desde la presión para acceder a tener relaciones sexuales, a las infidelidades reiteradas, amenazas y violacio- nes con despliegue de violencia física grave.
Esta violencia sucede también hacia meno- res de edad, que pueden ser hijas directas de los agresores, hijas de sus parejas, sobrinas o hermanas.
También resalta que la violencia psicológica o emocional está siempre presente en los rela- tos, ya sea como el único o predominante tipo de violencia o sea que acompañe a la violencia física o sexual. Este hallazgo coincide con lo que señala el Informe Violencia en Contra de las Mujeres, Análisis Comparativo de Datos Poblacionales de América Latina y el Caribe, elaborado por la OPS (2014), que concluye que
“En todos los países, la mayor parte de las mu- jeres que habían vivido violencia física en los últimos 12 meses también informaron maltrato emocional” (OPS, 2014. p. XVI).
Un hallazgo relevante en el caso de El Salvador es la violencia que ejercen los agresores sobre los hijos y las hijas de sus parejas, sean tam- bién suyos o suyas o no lo sean. Esta violencia emerge en ocasiones para reforzar el someti- miento de las mujeres, ejercer daño emocional en contra de ellas o como una expresión más del control patriarcal en contra de todas y to- dos los integrantes de las familias.
La exposición reiterada y prolongada a la vio- lencia de pareja ha ocasionado efectos impor- tantes en las mujeres. Los relatos coinciden en mostrar consecuencias en su salud física y el bienestar emocional. Algunas de ellas refieren episodios de depresión, ansiedad, desesperanza, incluso algunas manifiestan haber experimen-
tado ideación suicida. Resultan particularmente graves los efectos nocivos en la salud física y mental de las hijas y los hijos de las mujeres violentadas, generados por atestiguar la vio- lencia en contra de sus madres o por víctimas directas de los agresores.
6.1.2 Factores de Riesgo
6.1.2.1 Macrosistema / Nivel social
La adhesión a roles, estereotipos y normas de género que toleran la violencia contra las mujeres y las niñas tiene un efecto importante tanto en la prevalencia y dinámica de violencia, como en la permanencia de las mujeres en re- laciones violentas. Asimismo, desencadena el silencio, la culpabilización y la desconfianza en las víctimas, por una parte, y la falta de redes de apoyo y de atención que reciben por parte de las instituciones de Gobierno, por la otra.
Por eso esta variable puede considerarse un factor de riesgo, a nivel de Macrosistema, ante los casos de femicidio/feminicidio o cuando las mujeres enfrentan expresiones graves de violencia de pareja.
Como expresión de la prevalencia de estereo- tipos y normas de género, distintos actos de control y dominación masculina están siem- pre presentes en los relatos de las mujeres en situación de violencia, con mayor énfasis en aquellas que señalan situaciones de violencia grave o extrema. También están presentes la protección de los agresores por parte de sus familias, la adhesión a preceptos permisivos al control masculino, tanto en los propios di- chos de las mujeres como en las creencias de sus familiares de origen y/o en el entorno familiar o comunitario lo que incide en una notoria falta de solidaridad con las víctimas.
Este hallazgo relativo a la conexión entre el control masculino y la violencia también coin- cide con lo reportado por la OPS (2014): “el porcentaje de mujeres que informaron tres o más comportamientos controladores de parte de su pareja resultó en general de dos a tres veces mayor entre las mujeres que informa- ron haber sufrido alguna vez violencia física o sexual por parte de un esposo/compañero, en comparación con las que no lo informaron”
(OPS, 2014. P. XVII).
6.1.2.2 Exosistema / Nivel comunitario o del entorno
El contexto de inseguridad en los lugares que habitan las mujeres representa un factor de riesgo de situaciones violentas de mayor gravedad, incluyendo las muertes violentas y femicidios/feminicidios. Incrementa la per- cepción de miedo de las mujeres a ser víc- timas de delitos y expresiones de violencia extrema, como ser violadas, desaparecidas, secuestradas o asesinadas, tanto en el ám- bito comunitario como en el doméstico. Los relatos de las mujeres también ilustran cómo el contexto de inseguridad en los territorios genera violencia directa a las mujeres a la vez que contribuye a reforzar un entorno social, familiar y personal de mayor normalización, permisividad e impunidad hacia la violencia extrema en contra las mujeres.
De la mano del contexto de inseguridad, la pre- sencia del crimen organizado y el control que éste tiene sobre distintos territorios incrementa los riesgos de las mujeres de formas graves de violencia de género, como violaciones, femi- cidios/feminicidios, desapariciones, trata, de manera destacable en mujeres jóvenes, ado- lescentes y niñas. Asimismo, la existencia de crimen organizado incrementa la impunidad y desprotección a las mujeres víctimas de violen- cia, sobre todo de aquellas que son pareja de integrantes de pandillas o bandas de crimen organizado. También aumenta el riesgo de fe- micidio/feminicidio y el riesgo que enfrentan mujeres, niñas, adolescentes o jóvenes de ser acosadas, violentadas sexualmente y eventual- mente secuestradas por integrantes de pandi- llas (maras) para ser sus “parejas”.
Las pugnas entre pandillas, sumadas al control de territorios, dificulta también la atención a víctimas de violencia que proporcionan inte- grantes de la sociedad civil, pues se limita la libre movilidad de personas entre los territo- rios, agravando la falta de acceso a servicios especializados de atención.
La impunidad es un aspecto que contribuye a la perpetuación o escalamiento de la vio- lencia en contra de las mujeres, desestima la búsqueda de protección y justicia por parte
6.1.2.3 Microsistema / Factores familiares y de relaciones
La edad temprana de unión de las mujeres es un factor importante que influye en relaciones de mayor dominación masculina y vulnerabilidad ante la violencia machista de pareja, así como en expresiones de mayor gravedad de violencia y tiempo de permanencia con los agresores.
Las mujeres que participaron en este estudio y que se unieron en edades adolescentes, de 15 a 19 años, en general comparten haber su- frido violencia de pareja de mayor gravedad y por más largo plazo. Asimismo sus relatos muestran coincidencias que ilustran algunos riesgos para la violencia de unirse en edades tempranas: desconocían las implicaciones de unirse con sus parejas, algunas se unieron bajo presión de sus parejas, carecían de herramientas e información para defenderse, salir de la vio- lencia machista o buscar apoyo, tenían mayor dependencia económica y emocional de sus parejas, estaban más aisladas de sus familias y prácticamente en todos los casos mostraban expresiones o formas reiteradas de violencia sexual, desde el inicio sexual forzado, la pre- sión para realizar actos sexuales no deseados, hasta la violación.
Este resultado coincide con los datos compara- tivos obtenidos por la OPS (2014), que señalan que: “En casi todos los países, la prevalencia de violencia física o sexual por parte de un espo- so/ compañero alguna vez o en los últimos 12 meses era significativamente mayor entre las mujeres que informaron una edad más tempra- na al primer nacimiento” (OPS, 2014. p. xviii).
El consumo de alcohol de las parejas es un fac- tor detonante que incrementa el riesgo de vivir episodios violentos o de que estos se realicen con mayor gravedad. Aunque no fue referido en todos los testimonios como el “detonador”, pues suelen existir muchos, sí se identifica en diversas narrativas como un elemento de riesgo, lo cual coincide con hallazgos de otros estudios sobre violencia que también han do- cumentado esta relación.
Por ejemplo, el reporte de la OPS (2014) en- cuentra que: “Las mujeres que habían sufrido violencia por parte de su esposo/compañero en los últimos 12 meses mencionaron muchas de las mujeres entrevistadas y contribuye a
mantener un estado de indefensión que las expone a formas reiteradas y potencialmen- te escalables de violencia, por lo cual es otro factor de riesgo ante situaciones de violencia grave o extrema.
La ineficacia de las instituciones del Estado para la debida protección a mujeres víctimas de violencia que denuncian a sus agresores o que solicitan protección por estar en riesgo de muerte, es un aspecto que sobresale en la información cualitativa de ambos países;
constituye un factor que incrementa el riesgo de las mujeres en situación de violencia de pa- reja de ser víctimas de femicidio/feminicidio.
Hay casos en los que las mujeres en riesgo no obtienen las medidas de protección y otros en los que las obtienen, pero no se traducen en una protección operativa real, pues estas no se implementan.
Una falencia importante en la debida protec- ción a las mujeres es la falta de cobertura en los servicios especializados de atención en co- munidades rurales o alejadas de las ciudades capitales. Organizaciones de la sociedad civil intentan suplir estas carencias, sin embargo, la insuficiencia de recursos limita los alcances necesarios, además de que evidentemente carecen de las atribuciones y responsabilidad de protección que corresponden a los Estados nacionales. Resaltan casos de mujeres que han tenido que tomar medidas extremas para ga- rantizar ellas solas su seguridad y las de sus hijos e hijas, como cambiar de residencia o esconderse, incluso de sus propias familias, para evitar el riesgo.
La carencia de servicios como energía eléc- trica o agua entubada es particularmente importante en algunos Distritos con mayores niveles de marginación y pobreza en Guate- mala y Honduras. Esta carencia incrementa el trabajo que las mujeres destinan al hogar y los cuidados y limita la disponibilidad de tiempo para la realización de trabajos remunerados fuera de casa, lo cual es un factor importante que restringe su autonomía y, eventualmente, limita que las mujeres que viven violencia de pareja puedan construir un proyecto de vida independiente.
abandono o actos de violencia de sus padres hacia ellas fueron situaciones señaladas por algunas mujeres en situación de violencia que participaron en la investigación. Sin embargo, algunas han normalizado esta violencia de tal forma que, aunque las situaciones surgen en las narrativas, no la reconocen como violencia.
Este resultado coincide con el hallazgo de la OPS en el estudio comparativo de encuestas sobre violencia en contra de las mujeres, que señala que:
…la prevalencia de violencia por parte de un esposo/compañero era significativa- mente mayor (en general unas dos veces mayor) entre las mujeres que informaron haber sido maltratadas físicamente en la niñez, en comparación con las que no. La violencia por parte de un esposo/compa- ñero también era significativamente mayor (en general más de dos veces mayor) entre las mujeres que informaron haber sufrido abuso sexual en la niñez, en comparación con las que no (OPS, 2014. p. xix).
Necesidades en los países planteadas por las mujeres víctimas de violencia de pareja, con desventajas interseccionales