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De las dinastías africanas a la conquista

PREHISTORIA E HISTORIA

3. De las dinastías africanas a la conquista

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Figura 6. A. Vista de la Cueva–ventana/granero de El Barrio (La Recueja). B. Vista de la Cueva–ventana/granero de La Huerta (Alcalá del Júcar). C. Vista de las Casas

de Los Moros de Alcalá del Júcar

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macizo serrano del Caroche y la Muela de Cortes define el límite occi- dental de la llanura litoral levantina.

La mayoría de los autores consideran que el Júcar albaceteño es- taría en un primer momento bajo la órbita de la Taifa de Valencia (Pretel, 2011,19), cuyo punto de conexión con las taifas de Tudmir y Toledo es- taría en Puente Torres o Qant‚arat T‚urruš, si bien la expansión de la taifa de Denia y las relaciones de los Banu Di–L–Nun de Toledo con Valencia pudieron modificar las vinculaciones territoriales de la comarca.

Lo cierto es que entre finales del siglo XI e inicios del siglo XII, y con independencia de que con anterioridad pudieran existir estructuras defensivas resultantes de la reparación de construcciones tardorromanas, sería el momento en el que se podría fijar la construcción de las defensas de los núcleos más importantes de la zona, especialmente Jorquera, Al- calá y Ves. No parece que el proceso sea el de la agrupación de población en el entorno de un h.is.n, sino más bien el dotar de defensas artificiales a lugares que ya habían sido ocupados desde antiguo, como Jorquera (Sanz, 1997 y Soria, 2000), o que había servido de emplazamiento a grupos de fases anteriores, como sería en Alcalá del Júcar y Ves. En todos los casos se aprovechan las condiciones naturales de la zona para controlar mediante una muralla una elevación rodeada por los meandros del río a modo de península, como Jorquera, una meseta que se adentra a modo de espolón en el caso de Alcalá del Júcar (Fig. 3A y B) y una peña basculada y separada de la ladera del cañón en el caso de Ves. Todas elegirán la vertiente septentrional del río, quedando el cañón a modo de foso en su lado meridional14 (Simón 2011, 38 y s.), por lo que cualquier ataque vendría del lado septentrional, lugar del que llegarían las corre- rías cristianas, entre ellas las posibles mesnadas de El Cid o algunas de las tropas de Alfonso VI en su camino hacia Aledo (Pretel, 1986,53).

En el caso de Alcalá del Júcar parece claro por las Relaciones de Felipe II (1579), las de Tomás López (1786–1789), el Catastro de Ense- nada (1792) y el diccionario de Pascual Madoz (1846–1850) que la po- blación anterior a la conquista se ceñía a la meseta delimitada por la for- taleza, primero de factura islámica y posteriormente reformada por don Juan Pacheco, II Marqués de Villena15 (Villena, 1987 y 1997 y Simón, 2011, 55 y s.). No es de extrañar que existieran arrabales extramuros, uno en la propia vertiente oriental donde se levanta la actual población

14 Solo Jalance y Cofrentes, ambos ya en el Valle de Ayora–Cofrentes, sitúan sus fortalezas al sur, la pri- mera respecto al Júcar y la segunda del Cabriel.

15 Durante el señorío del marqués se construye el foso, similar al de Jorquera, se reforma la barrera con mampostería y se construye la torre pentagonal con torreones.

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y otro en la orilla opuesta, orientado a poniente. Ambos surgirían por los usos económicos de la ribera del río, como molinos, actividades artesa- nales, huertas, el vado del río, etc, especialmente en tiempos de paz, al tiempo que permitirían por su proximidad al recinto amurallado un rápi- do refugio. Del primer arrabal la falta de intervenciones arqueológicas y la constante renovación de las viviendas, en parte excavadas en la roca y solo construida su fachada al exterior, impide por el momento conocer dato alguno. Del arrabal al otro lado del río queda constancia en el pla- no de Tomás López de 1786 como “cuevas de los moros” (Rodríguez y Cano, 1987, 103, Lámina 5) y en la actualidad en una serie de cavidades longitudinales con restos de cierres de muros de hiladas de mampostería dispuestas en espiga y lechos de mortero de cal, técnica con una amplia cronología pero que en el mundo islámico se sitúa preferentemente en fases taifales (Navarro y Jiménez, 2011, 88) (Fig. 6C). Es cierto que está barriada pudiera ser posterior a la conquista, cuando se desplaza, como ocurre en muchos otros lugares, a la población musulmana fuera de las murallas de la puebla, pero es significativo que mas de quinientos años después de la conquista de la zona se mantuviera en la memoria colec- tiva dicha filiación.

Del recinto amurallado superior solo es posible reconocer como fábrica islámica parte de una torre embutida y sesgada en el muralla bajo medieval y un tramo de la muralla (Fig. 3C). Se trata de una torre de planta cuadrangular, abierta por su parte trasera, de 4,20 m de altura, 3,90 m de ancho y 2,70 m de lado. Su fábrica es el tapial de hormigón pobre en cal, donde se aprecian los mechinales de las cajas con una dis- tancia en altura entre ellos de 0,65 m de altura. Embutido en la fábrica se aprecian rollizos de madera16, que han desaparecido con el tiempo, de- jando los huecos en el mortero. La torre muestra dos plantas, la inferior, de 2,45 m de altura, y una superior, de la cual se conserva 2,40 m de alto, que apoya su forjado en un retraimiento del muro de tapial de 0,30 m de ancho. Sus características constructivas, tipológicas y funcionales, la relacionan con las murallas de cortinas y torres encadenadas de Jorque- ra, por lo que lo más probable es que la muralla fuera muy similar, solo que en este caso sería rectilínea, como en el Castillo de Blanca (Murcia) (Fig. 3E y F), con una puerta abierta entre dos torres cuadradas (Fig.

3D), similar a la del Castillo de Socovos (Simón, 2011, 364). El recinto

16 Esta solución constructiva la podemos encontrar en otras obras similares, como la Torre del Obispo de la fortaleza de Alcaraz (Simón, 2011, 223) y en el Castillo de la Vegallera (Simón, 2011, 286), entre otras.

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útil resultante sería de 5.460 m2(17) frente al 1,6 ha de Jorquera, es decir, la mitad, pese a lo cual fue suficiente para albergar a la población hasta inicios del siglo XVI, momento en que tras el incendio de la parroquia se intensifica el proceso de traslado de la población a la parte baja de la ladera, donde ya debía de haber un arrabal entorno a la ermita de Santa Quiteria, la cual sirvió de base material y legal para la construcción de la actual parroquia.

La falta de excavaciones y seguimiento en la restauración del castillo y en las obras de adecuación y jardinería de la explanada, no permiten disponer de datos de las fases islámicas, tan solo pequeños fragmentos de cerámica vidriada en verde oliva y melado, cerámica pin- tada en óxido de hierro y ollas de cocina, señalan la presencia de atai- fores, redomas, jarras, jarritas, ollas y marmitas de una cronología que correspondería con los siglos XII y XIII, la última fase de ocupación musulmana.

El segundo núcleo de población islámica seria la Cueva de Ga- radén, o mejor, tal y como señalan las crónicas “Las Cuevas18 tanto porque a lo largo de la ribera del río, y en ambas orillas, se documentan varios puntos con hábitats en cuevas artificiales, como por la imagen que debería de causar en algunos casos, en especial en Garadén, donde como veremos se trata de un conjunto de viviendas elevado y no un asentamiento limitado al interior de la oquedad del acantilado. Sería un error pensar que todas las construcciones rupestres que en la actualidad se observan en las riberas son de época islámica, o por el contrario de- ducir que se trata de un fenómeno ligado exclusivamente al poblamiento de los dos últimos siglos (Jordán y Sánchez, 1993). Para poder atisbar orientaciones cronológicas, debido a los escasos restos arqueológicos existentes, la falta de excavaciones, la transformación a lo largo del tiempo de algunas de ellas y sobre todo su destrucción o desaparición por el proceso de erosión y desplome de los acantilados donde se exca- varon, recurriremos a los paralelos tipológicos y funcionales con otras áreas similares, como Chelva, Bocairent y Ontinyent, en la actual pro- vincia de Valencia, Alfafara, en Alicante (Ribera y Bolufer, 1994, 526 y s.), o más alejados como los de la Hoya de Guadix (Bertrand, 1986, 264) y el Risco de las Cuevas, en Perales de Tajuña, dentro del valle del Henares de Madrid, entre otros.

17 Los cálculos de superficie se han efectuado usando el programa de Iberprix del Instituto Geográfico Nacional.

18 “Xorquera, quod inexpugnabile uidebatur, et castrum de Alcala et las Cuevas de Garadem.” (Pretel, 1986).

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Figura 7. Diferentes vistas de las casas rupestres de Garadén (Alcalá del Júcar) A–H

Un tipo de hábitat o función vinculada con algunas de las al- querías o caseríos islámicos son las cuevas–ventana o cuevas–granero fortificadas, excavadas en la parte media o alta de acantilados, cuyos ejemplos más próximos los tenemos en los márgenes de los ríos Túria, Tuejar, Cabriel, Sellent y Clariano, en los que se abre a mitad de la pared vertical un hueco rectangular, con o sin ventana lateral o superior y unos huecos circulares en la base o a los laterales, que permitía instalar un sistema de andamiaje o poleas con los que subir los bienes a custodiar, habitualmente grano y otros productos agrícolas no perecederos, y a la persona encargada de su acomodo y distribución por la cueva excavada a pico en la roca. Las tipologías son variables pero en lo esencial se trata

A B

C D

E F

G H

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de una estancia generalmente de planta ovalada o tendencia rectangular, con silos excavados en el suelo y alguna alacena en la pared. Entre La Recueja y Alcalá nos encontramos con este tipo de estancias excavadas a gran altura, tanto en la margen derecha como en la izquierda (Fig.1C).

En La Recueja se documentan en los parajes de Las Carriladas (Fig. 4 A–D)19 y El Barrio (Fig. 6A) y en Alcalá en el paraje de Las Huertas (Fig. 6B). Solo en el caso de las cueva–ventana de El Barrio se relaciona con una vivienda rupestre excavada al pie, que puede ser coetánea o de momentos posteriores. En el resto se encuentran aisladas, sin ningún tipo de vinculación directa con otras construcciones rupestres.

Los estudios de otras áreas las sitúan cronológicamente entre fi- nales del siglo X y el siglo XII (Ribera y Bolufer, 1994, 635), si bien las relacionadas con sistemas de autodefensa de las poblaciones beréberes se dan con mayor profusión en el siglo XII, dentro del proceso de avance de la frontera cristiana y las cabalgadas cada vez más habituales por al zona, en especial tras la conquista de Cuenca en 1177 por Alfonso VIII.

La particularidad de la Cueva de Garadén, tanto como fenómeno geológico como por la singularidad en la elección como emplazamiento humano, ha llevado a la mayoría de los autores que la han descrito a cen- trarse exclusivamente en la cavidad y en los restos de su interior20 (Pretel, 1986, 2007, 2011; Simón, 2011). Sin embargo, un estudio mas detallado del conjunto permite apreciar que la Cueva de Garadén forma parte de una estructura habitacional mucho más amplia, que se extiende desde la cresta o saliente occidental, a 35 m, hasta la cresta saliente de la barranquera oriental, a 114 m, lo que nos da una longitud de viviendas excavadas de forma continuada a lo largo de 165 m. Desde el punto de vista vertical las estancias del interior de la Cueva de Garadén serían el nivel superior, que- dando por debajo cuatro niveles con huellas de construcciones semiexca- vadas en la roca, que dispondrían de una parte exterior construida (Fig. 7).

Estos cinco niveles no llegan a superponerse en todos los casos, pero en el eje vertical de la cueva se llegan a desarrollar hasta cuatro plataformas de hábitat. Sus características son muy similares, y salvo en algún caso puntual parece que llegaron a ser coetáneos en algún momento, lo que nos daría un hábitat construido similar al de una alquería, solo que aquí

19 Se adjunta la planta, secciones y alzado (Fig. 5) de una de las cuevas ventana/granero, Las Carriladas de La Recueja, en concreto la del nivel inferior (Fig 4), las cuales serán objeto de un futuro trabajo.

20 Las leyendas sobre personajes singulares y hechos relacionados con los mismos, no son sino intentos de la población local de dar una explicación a unas ruinas de las cuales habían perdido su significación y co- metido, y poco o nada de las mismas tiene actualmente un soporte histórico, tanto en los documentos como en la arqueología (Jordán y Sánchez, 1993).

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tendría un desarrollo longitudinal, de cuatro o cinco niveles superpuestos, con unas fachadas exteriores que reforzarían la verticalidad de la pared.

El conjunto, orientado al mediodía, se completaría con corrales, tanto ex- teriores como excavados en la roca, estructuras auxiliares y otros elemen- tos que serían comunes en una comunidad andalusí, como el cementerio o la zona de oración, estos últimos a falta de localización.

Esta configuración global del conjunto rupestre daría un aspecto muy similar al de algunas pedanías que todavía subsisten en la ribera del Júcar, como las de Maldonado, Cubas y Alcozarejos, en el térmi- no de Jorquera. Igualmente podría relacionarse con la significación que Carmona (1993, 612) le encuentra al topónimo Garadén, relacionándolo con el término latino de “...GRADUS ‘peldaño’...” si bien busca su sig- nificación en la características y aspecto de los estratos geológicos, que

“...forman una escalera de imponentes peldaños...”. Esta característica se pudo ver reforzada por las cinco líneas de construcciones superpues- tas (Pocklington, 2010,145). También es cierto que dentro de la cueva, en el centro, existe un aljibe que debió de alimentarse de una fuente sita en la cueva o de la canalización del agua de lluvia de la cornisa, lo que llevó a Franco (1997, 240), siguiendo a M.J. Rubiera, a señalar que el significado de Garadén podría ser el de “...cueva de la fuente...”. A favor de la primera tesis no solo estaría el aspecto general del conjunto, sino que al pié de la Cueva de Garadén se constata un registro arqueológico que al menos aporta hasta la fecha un pie de copa de TSH (Fig. 8.1), y en el próximo emplazamiento de la Ermita de San Lorenzo un asentamien- to adscrito al cambio de era entre el I a.C. y el II d.C., circunstancia que iría a favor de relacionar el topónimo con el adjetivo latino Gradus.

Las características constructivas del conjunto fueron ya expuestas en su día para las estructuras excavadas en el interior de la cueva (Simón, 2011, 51 y s.) y en donde destaca que las estancias están solo parcialmente excavadas en la roca, complementándose con una parte constructiva, que necesita de unos mechinales alineados para alojar las vigas de los forjados de sección cuadrada que sustentan la cubierta, las cuales pudieron servir de terrazas. Pueden haber varias estancias conectadas entre si o estar ais- ladas las unas de las otras. Los muros exteriores, y en ocasión los laterales pueden tener un zócalo de mampostería (Fig. 7F), habiéndose perdido gran parte de su alzado, que pudo ser de mampostería trabada con morte- ro, tapial rico en mampostería, tapial de hormigón o una pared de cañas y un enlucido de yeso, que en la arquitectura popular de la zona ha sido empleado hasta nuestro días como modo de dividir las estancias, llegando a usarse en ocasiones para crear el alzado de la pared exterior (Fig. 7G).

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Finalmente se aprecian cierres constructivos del pasillo que co- necta a un mismo nivel diferentes estancias, antiguos pasos entre niveles y canales que parecen relacionados con la recogida y distribución del agua de lluvia.

La ocupación islámica del conjunto está plenamente atestiguada, pese a que en la actualidad los desplomes de bloques de los diferentes estratos y viseras del acantilado han llegado a formar conos de derrumbe que han ocultado y sepultado los niveles inferiores (Fig. 7), al tiempo que las plataformas acondicionadas como bancales, que antaño estaban culti- vadas, se encuentran ahora abandonadas, por lo que la vegetación silvestre ha invadido la parte baja y la escorrentía del agua de lluvia abre barran- queras por todas partes. En la actualidad podemos constatar la presencia de ataifores de labio recto y vidriado melado y alcafoll (Fig. 8.2), ataifores de vidriado interior en verde oliva y melado al exterior (Fig. 8.3), varios fragmentos de jarras de cubierta vítrea al exterior en verde oliva (Fig. 8.5), jarras sin vidriar (Fig. 8.4), fragmentos de tinajas pintadas de óxido de manganeso (Fig. 8.7) y un fragmento de candil de pellizco (Fig. 8.6). El conjunto se adscribe de forma genérica a finales del siglo XI y al siglo XII, sin que se haya detectado la presencia de cerámicas posteriores a la conquista, apuntando a un abandono del lugar tras dicho acontecimiento.

Respecto a los términos empleados en los documentos cristianos es significativo que en la Crónica General sea el plural el empleado para referirse a Garadén “...castrum de Xorquera, quod inexpugnabile uide- batur, et castrum de Alcalá et las Cuevas de Garadén...” (Petrer, 2011, 24), circunstancia que creemos que ahonda en la idea de que se trataba de una amplio y en cierto modo compacto grupo de casas cueva.

Todas estas características y el registro arqueológico le dan al conjunto una cierta orientación cronológica, y hasta que se puedan rea- lizar actuaciones arqueológicas, pueden ayudar a identificar, al menos en parte, la tipología de las viviendas rupestres islámicas, o al menos las medievales, de aquellas que se realizan en los siglos posteriores.

El resto de las casas cuevas de las márgenes del río, entre La Recueja y Alcalá, están excavadas en la parte baja del acantilado, donde se han acumulado durante siglos sedimentos y bloques caídos, dañando, erosionando y llegando a sepultar a muchas de ellas. Como principal diferencia frente al conjunto de Garadén es que se desarrollan en un solo plano, de forma longitudinal, junto al camino y son de un tamaño uni- familiar. Las estancias poseen un elevado número de alacenas, especial- mente longitudinales, y cantareras, huellas de la chimenea acampanada y en muchos casos restos de los muros exteriores, hornos y corrales.

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Figura 8. Conjunto cerámico de Garadén

Fuera del ámbito del Cañón del Júcar no se han localizado por el momento restos arqueológicos de alquerías de época islámica, es- pecialmente en las pedanías actuales de Casas del Cerro, Las Eras, La Gila y Zulema21, pese al supuesto origen del topónimo de esta última.

Mas allá del ámbito de los actuales límites administrativos de Alcalá del Júcar, quizás fuera del radio de acción del ámbito de influencia del h.is.n, si se han localizado varias alquerías islámicas, emplazadas en la ladera septentrional de los relieves del valle que en paralelo discurre desde los llanos de Albacete hacia el Valle de Cofrentes y Ayora, en concreto en los términos de Pozo–Lorente, Alatoz y Carcelén (Escrivá, C y Sánchez, 1996, 81 ss). En el caso del Corral de la Yuntada de Pozo–Lorente y Dolonche en Carcelén, se trata de alquerías en las que se puede apre- ciar con claridad las agrupaciones de viviendas, caracterizadas por una

21 Carmona (1993, 610 y 611) lo relaciona con un nombre de persona, si bien señala que no es posible su identificación y aporta rasgos biográficos de uno de los hijos de ‘Abd al–Rahmaˉn I, que se refugia en la frontera de Tudmir, entre Cuenca y Valencia huyendo de uno de sus hermanos.

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Tinaja Candil

Jarrita Jarrita Ataifor Ataifor Copa TSH

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planta cuadrada o rectangular, en las que se desarrollan en la cara norte una serie de estancias rectangulares con un vano abierto al sur, que da a un patio. Están realizadas en mampostería irregular, cuyos desplomes se acopian junto a la base del muro y en las esquinas y jambas de las puer- tas se emplean sillarejos de mayor tamaño. Tanto por su emplazamien- to, características y materiales arqueológicos se pueden relacionar con otras del Corredor de Almansa y los Altos de Chinchilla, que se vinculan al pastoreo y trashumancia de los ganados de ovejas y cabras de la zona, fechadas entre los siglos XI y XIII (Simón, 2011, 177).

En relación con estas alquerías y como refugio de pastores y sus ganados, se constata registros de época islámica en muchas de las cue- vas de la zona, especialmente allí donde la geología las hace posible y junto a los pastos de monte bajo, alejados de las huertas y cultivos de la ribera del río Júcar. En el término de Alcalá nos encontramos con la cueva de El Aguilucho, en la vertiente meridional de la Sierra de la So- lana, en Alatoz estaría la Cueva de la Mora y la Cueva de la Fuente del Moro y en Casas de Ves la Cueva de la Bastida, entre otras, un fenómeno ampliamente atestiguado por toda la provincia.

Finalmente una variante del poblamiento en la zona sería el asen- tamiento, a modo de atalaya, y con amplia visión sobre el territorio de Cerro Fino, en Alatoz (Escrivá y Sánchez, 1996, 85). Se encuentra situa- do sobre la cresta amesetada de uno de los espolones salientes del Cerro del Colmenerar, en el extremo nororiental de la Sierra de Higueruela.

Las evidencias arqueológicas muestran un predominio de cerámicas vi- driadas, sobre todo ataifores de labio engrosado al exterior, jarras y re- domas, en melado, verde oliva y alcafoll, marmitas, tinajas de cordones horizontales aplicados y algún fragmento de tanur, que nos situaría entre los inicios del siglo XII y la conquista de la zona en el segundo cuarto del siglo XIII.

Pese a que queda por realizar una intensa labor de prospección y excavaciones en algunos de los yacimientos del término de Alcalá, todo apunta a que el modelo de poblamiento de la zona se basa en una concentración de la población en las riberas del río, donde las activi- dades agropecuarias son muy variadas y altamente productivas, y un llano superior que por sus características, donde el cultivo del cereal y la explotación ganadera son los recursos más usuales, son gestionados desde las alquerías y granjas de la ribera del río, y solo a partir de una determinada distancia, como el pie de monte septentrional de la sierra de Chinchilla o los relieves meridionales del Cabriel, vuelven a aparecer los asentamientos estables.