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Declaración de La Amenaza a Janice Raymond

Más aún, así como las feministas han acusado al patriarcado de hacer de los cuerpos de las mujeres un lugar de sentido en disputa, para apropiarse entonces de la carne y de la experiencia de la mujeres como una tabla rasa sobre las que inscribir sus construcciones del Otro subordinado, del mismo modo usted ha hecho de nuestros cuerpos un sitio de sentido en disputa, y se ha apropiado de la carne y de la experiencia transexual como una tabla rasa sobre la que inscribe su construcción de nosotr*s como Otr* subordinad*.

Está poniendo en acto, una vez más, los mismos mecanismos opresivos de los que el feminismo busca la emancipación.

Finalmente, si miramos más con más profundidad no sólo la historia de las mujeres, sino la historia de la categoría de “mujer”, podemos preguntar cuál es el interés político de crear y reforzar dicotomías falsas y simples, como lo son macho/hembra, hombre/mujer, y masculino/femenino. Se ha hecho más y más evidente que estas estructuras binarias benefician a una economía heterosexual supuesta y obligatoria. El heterosexismo requiere sexos y géneros binarios y opuestos; si hubiera cientos de géneros, la “heterosexualidad” no podría existir.

Si el deseo pudiera por fin liberarse, como lo hace continuamente en nuestra comunidad queer, las categorías fijas que contienen su expresión erótica o canalizan su hambre hacia un género aceptable, opuesto y procreativo tendrían muy poco uso. La multiplicidad no estructurada, la pura creatividad de los géneros queer golpearía los fundamentos mismos de la heterosexualidad, y es justo por eso que l*s queer hemos sido, históricamente, l*s blancos del prejuicio, de la violencia y del odio declarado heterosexual. De nuevo, cuando usted reifica los roles de género dentro de pulcros casilleros binarios, dedicándose a mantener a bárbar*s como yo más allá de las puertas, se transforma en una agente de la opresión misma que nosotr*s, como queers, procuramos frustrar y desmantelar.

Quisiera terminar con algunas notas personales:

Usted dice que nosotras queremos “pasar” como mujeres. Bueno, yo no paso.

Uso este logo de Amenaza Transexual adonde quiera que vaya. De las dos, sólo usted pasa como mujer. Si, como sostenía De Beauvoir, “no se nace mujer, sino que se llega a serlo”, si la femineidad es una invención de los hombres impuesta a las mujeres, si la conducta femenina es una actuación cultural aprendida del peinado, la ropa, la voz, los gestos, y la mirada para ser percibida como mujer, entonces presentarse como mujer es la manera en la que usted ha sido co-optada por los roles de sexo tradicionales, es usted la que sirve a sus instituciones y en este lugar es usted la está actuando.

A pesar de esto, quiero que sepa esta noche que yo voy a respetar, e incluso a defender, su derecho a llamarse mujer.

La primera vez que escuché acerca de El Imperio Transexual pensé “qué titulo empoderante. Por fin un libro para mí”. Justo lo que necesitaba después de haber perdido a quien fuera mi amante durante siete años, a mi familia, mi trabajo, mi departamento, y a la mayoría de mis amig*s. No era lo que yo necesitaba, sin embargo, y después de leerlo lloré durante varios días. Ese libro despreciaba mi coraje y mis recursos, denigraba la complejidad de mi identidad, ridiculizaba mis luchas. Con sus comparaciones fáciles con los experimentos médicos nazis, sus maliciosas valoraciones sobre nuestro deseo masoquista por el dolor y sus injurias burlonas sobre nuestra cordura le ha causado un dolor inconmensurable a mi comunidad y a las personas que amo.

Hace sólo unos meses atrás, respondiendo la invitación para una fiesta en el Centro Comunitario Gay, pasé por alto la nota al pie: No Travestis, No Hombres y No Transexuales. Cuando llamé la lesbiana que estaba a cargo cargo me dijo que yo no era más que un travesti que se había mutilado y me colgó.

Las ideas tienen efectos. Esta claro que en tanto hombres y mujeres transgénero enfrentamos dos clases de violencia cada día. Una es la violencia más extendida, la perpetrada por la sociedad hétero sobre nuestros cuerpos.

Nos ha arrebatado a personas como Brandon Teena y Marsha P. Johnson3. Nosotr*s recordamos que antes que le disparan por atrás en la cabeza, Brandon fue violado por dos hombres que querían demostrarle a su novia que él era “en realidad una mujer”. Las ideas tienen efectos.

Desafortunadamente, muertes como las de Brandon y Marsha son sólo otros ladrillos en la pared, una pared sangrienta e indecible, una que se mantiene en pie sostenida por la horrenda argamasa solidificada de la transfobia, construida ladrillo a ladrillo en el silencio y la oscuridad de nuestra invisibilidad. Y esa invisibilidad es facilitada por la violencia más pequeña, la perpetrada por escritoras y teóricas como usted, por su insistencia en que

3 Brandon Teena fue un joven hombre trans violado y asesinado (junto a una amiga y un amigo) en el año 1993 en un pequeño pueblo del estado de Nebraska (EE UU). La historia de Brandon fue llevada al cine en Los muchachos no lloran (o, en inglés, Boys Don’t Cry) Marsha P. Johnson fue una activista transgénero negra, neoyorkina.

Participó de los enfrentamientos de Stonewall en 1969 y, a comienzos de los años ’70 fundó STAR (Street Travestite Action Revolutionaries) junto a Sylvia Rivera. En julio del año 1992 su cuerpo fue encontrado flotando en el Río Hudson, poco tiempo después de la Marcha del Orgullo. La policía dictaminó que había sido suicidio y a pesar de los continuados esfuerzos por revertir esa decisión su muerte nunca fue investigada.

nuestros hombres son en realidad mujeres, o que nuestras mujeres son en realidad hombres, o que somos ellos-hembra que están locas, o ellas-macho trasvestidos que se automutilan, la que sirve para darle a la paliza que nos propina el género una fachada social y respetable que mostrarle al mundo.

Si se fija en las cajitas donde nos quiere poner, señora Raymond, o de las que quiere desalojarnos, verá que todas tienen estampado Hechas en el Patriarcado. Y mire la boleta de embarque. Dice Todas las Ganancias van a Beneficio de la Heterosexualidad. Las cajitas son para las cosas, no para las personas; y cuidar cajitas es tarea de tont*s.

Ahora mire a su alrededor, mire los rostros transexuales y transgénero aquí esta noche, y la dignidad y la supervivencia escritas en esos rostros. Déjeme asegurarle: somos más complej*s que sus teorías, más creativ*s que su dogma, y mucho más testerud*s y rud*s e ingenios*s que su política.

Gracias de nuevo por su tiempo.

Declaración leída en el invierno de 1994 durante una confrontación/debate entre la Doctora Janice Raymond y miembro*s del capítulo de la ciudad de Nueva York de La Amenaza Transexual. El debate tuvo lugar en la librería de mujeres Judith’s Room, y fue posible gracias a los esfuerzos de sus dueñas, Sally Owen y Carole Levin, así como del amable permiso de la Dra. Raymond.

Traducción de Mauro ï Cabral

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Riki Anne Wilchins es una escritora y editora trans, lesbiana; fundadora de las asociaciones Transsexual Menace y de GenderPac. Entre sus libros se cuentan, por ejemplo, Read My Lips. Sexual Subversion and The End of Gender,

publicado por Firebrand en 1997 y Queer Theory, Gender Theory: An Instant Primer, publicado por Alyson Books en 2004. La misma editorial publicó en 2002 la compilación Genderqueer. Voices from beyond the sexual binary, editada por Joan Nestle, Clare Howell y Riki Wilchins.

Este texto se titula “The Menace Statement to Janice Raymond”, y fue publicado en el libro de Riki Ann Wilchins titulado Read My Lips. Sexual Subversion and The End of Gender. Firebrand books. Nueva York, 1997.