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DIARIO ECONOMICO DE PUERTO-RICO

In document diario economico de puerto rico 1814-1815 (página 123-132)

PROSPECTO D E U N DTARIO DE AGRICULTO- ra. Industria y Comercio de ta Isla de PUERTO BICO.

Las ciencias s>oh respecto de las artes, y cU.1 bien común de los puchlos , lo que la fuerza moms os nsiK.'cto dt'l cuerpo movido, que la una d i y el otro rucibe el impulso que ha de dciinninar d movimionto. AUJKIUC la iicoe*i.

dad fue el primer movi! de I» industria del nombre: aun*

qut la observaciem y la cspcricnciu de los siglo» hicieron uaccr b s artes imas de otras: y aunque l:» casualidad h ¿ producido descubrimientos maravillosos , nuc hubit-ran re- sistido tal ves à los esfuerzos repetidos ac todos los sa- bios ; no es posible negar ouc los progresos ap;i^unLidos de la industria humana se deben i los de Lu ciencias , las quales han dudo las reglas, han fixado los nrincipios , y han abierto i la actividad y al genio del nombre el campo inmenso que apenas puede recorrer la imaginación.

Si fixauos la vista en la agricultura y en las manufao.

turas de lus payses cultos ¿ no vemos à cada p s o la ma<

no del sabio dirigir la del hombre industrioso? 4 no So vemos rectificando las operaciones defectuosas del labra- dor , y del artista , y aplicando à las manipulaciones de la industria los principios de la física, los análisis de la química , los conocimientos de U botánica , y las leyes de la mecánica? Y esta masa de luces y de observado, nes , ¿ no es la creadora de los métodos , que han perfec- cionado la agricultura, y la industria, multiplicado sus produc- tos, y variádolcw al infinito, simplificado el trabajo, intro- ducido la verdadera economia, y pielucido La riqueza inmen- sa que admirámos en muchos pueblos?

Pero no son solo las artes las que recil>en su impul- so de las ciencias : también la cult Cira, la civilización , y la prosperidad de los pueblos, ès obra suya. ¿Aquien sinó i ellas debemos la suavidad de nuestras costumbres, la tolerancia politica, la confianza , la franqueza, el buen gusto , la civilidad que rcyna en los payses ilustrados ?

¿"A quien sino à ellas debemos el orden , la policia , ¡a seguridad , la abundancia, y muliitud de e s t a b í e c h n i c n t o H

consagrados à la educación de la juventud, y à la propa- gación de las luzes, que abundan en los payses cultos y civilizados? ¿A quien sino à ellas debemos el conocim i m . to de los derechos imprescriptibles del hombre, de los principios de la justicia universal, y de la moral publica , que tarde 6 temprano producen la moderación de los g o - hiernos , y el respeto de la propiedad real y personal t!<,,

ciuUadano, que ès la que çonstituyf la verdadero libertad- civ il y politica de los hombres? ¿ A quien , en fin, bino k ellas debemos el conocimiento de los errores y absurdos que por desgracia existen en la administración publica de hi mayor parte de los Estados, y los principios inmutable»

en que descansa la ciencia del gobierno? Y este caudal de cònocimicntos, este raudal de luzes ¿ n o es el el único que puede tTK'jorár h suerte de los hombres, y conducir el gobierno de todos los pueblos al estado de perfección de

que son capazes los establecimientos humanos?

Sirva para exemplo de lo mucho que podríamos decir sobre cada una de las ciencias, cuyos resultados hemo»

presentado en glovo, el análisis rápido de lo que debemos à una sola, la Economía politicay que es la qué deseamos irculcar mas à nuestros lectores. If.sta ciencia, analizando el modo de formarse, multiplicarse y reproducirse las riquezas, hà demostrado que el mejor regulador de la inoustria, aue conviene à cada pays , ès el interés indi- vidual ; y de consiguiente que el modo de fomentarla es dfcxar en plena libertad al productor para disponer de sns capitales è industria como mejor le acomode, limitán- dose el gobierno à allanar los obstáculos, que puedan con- tener ò viciar este impulso ; y este principio universal , claro y luminoso, ha bastado para convencer la inutilidad y Id injusticia de todos los reglamentos , leyes ò privilegios»

que promovían el fomento de unas producciones en per*

tuicio de otras, y de las que establecían el monopolio, ò que ponian trabas à la libertad del capitalista ò del productor.

Otro principio no menos universal y luminoso nos ha dado peta regular los precios. Todas las cosas destinadas al uso de los hombres tienen dos precios : uno real, fundado en lo que verdaderamente cuestan al productor , y otro conven- cional, fundado en la estimación que tienen en el mercado en que se venden b permutan. Si siempre la producción fuese pro.

porcionada al consumo , los dos principios serian iguales;

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)ero este equilibrio no siempre se conserva. Unas vezes a demanda ès superior à la producción , y el precio con- vencional b permutable és superior al real. ¿Estas vicisitu- des puede evitarlas la ley? No: el valor de todas las co- sas está fundado en su utilidad, convinada con la propor, rion mayor ò menor de adquirirlas : asique , tan inútil, tan injusto seria que la ley fixase en mas como en menos el valor, porque en el primer caso el consumidor no las compraria, y en el segundo el productor dexaria de pro- ducirlas. Caen, pues, por su propio peso todas las tasas;

y el verdadero valor de todos los objetos c^uurc.uon. s que- da reducido al que 1c dà su esc4b£z ò abunduncb ichixx- to de la demanda.

La necesidad de permutar las cosas que no» sobra» por las que nos hacen falta, y la dificultad de hacer estos cam- bios ò permutas en especie, nos lia liccho convenir en adoptar una, que fuese en cierto modo la medida de to- das , y i esta mercadería universal hemos dado el nombre de moneda. Mientras fué desconocida la economia politica, los gobiernos c a í a n que el valor de las monedas depen- dia de su voluntad, y este error produxo otro no menos pernicioso, el de convertir este instrumento del comercio en un arbitrio fiscal. Los pueblos sufrieron dafíos repeti- dos por sus frecuentes alteraciones: los gobiernos à JU y/c-j los sufrieron también ; y desde entonces empezaron à co lunibrarse los principios que desenvolvib después la eco notnla , à saber.* que el valor de las monedas dependia dei que tenían como mercadería: que de consiguiente su valor nominal debia ser proximamente el mbmo que tenia el oro ò plata contenido en ellas; y que su valoi" permutable se- guía las reglas de las demás mercaderías, de subir ò ba- sar según su escasez ò abundancia relativa.

•Desaparecieron , pues, los misterios en que estaba ejn- buelta la ciencia monetaria: reduxeronse sus elementos à

determinar la cantidad de metal fino, que entraba en cadu jpieza: señarle el valor, que tenia el mismo metal en e!

mercado publico, con mas los cjastos del c u i í o : establecer las, relaciones , que debian tener entre si las monedas de un mismo metal, y con las de otro metal diverso, y mar- car con el sello de la autoridad pública todas estas maní pulaeiones sencillas, que transforman los metales en moi*t'da Aun antes que la economia hubiese rectificado lo» prin- cipios de la moneda, los gobiernos, por una consequência del error en que estaban de que el valor de aquella de-

pendia de su voluntad, habían inventado el papc¿ vumeda para ocurrir à las urgencias públicas, creyendo sin duda

-|ue si. era arbitrario su valor, también lo era la materia e que se debia hacer. A los ojos de la razón el papel moneda era la ultima' adulteración , que podia hacerse de las monedas: porque realmente si el papel tiene un valor como mercadería, le pierde en el momento que se con- vierte en moneda, y de consiguiente no mitdc quedarle otro quedei que le dé la confianza publica. Pero la econo- mia se apoderó de estn H i a invención : desenvolvió'la ten.

ria del credito público manifesto que el papel iftonetla era un signo de confianza, cuyo valor representativo dependia de la mayor ò menor facilidad de reducirle A su represen- tado , ò de emplearle como dinero • estableció los prin- cipios sobre que debia apoyarse su cii cubcion ; y desde entonces» à este arbitrio sencillo han debido muchos" pueblos el aumento de su riqueza , otros el ahorro de contribu- ciones , y todos medios para dar mayor extension à su comercio y à su industria , quando ha descansado sobre las bases, que fixa la ciencia economic;'.

Por ultimo laâ contribuciones, este mal necesario de las sociedades , que nos obliga à hacer ti sacrilicio de una parte de nuestros sudores para conservar el resto, han de- bido también i la economia politica su perfección y so sistema. Ella ha señalado no solo los limites hasta donde pueden llegar sin arruinar al contribuyente , sino también las verdaderas fuentes de que deben salir, y el modo de hacerla» menos gravosas. ¡ Que diferencia en sus resultados entre una contribución directa y otra indirecta; entre la que ataca los capitales , y la quç recae sobre las rentas .•

entre la qne se ingresa inmediatamente en el tesoro públi- co i y líi que pasa por manos de muchos recaudadores .•

entre la que se percive al tiempo de la cosecha, y la que se exige quando desaparecieron los frutos con que se debia pagàr! Dichosas las Kspañas si saben aprovecharse de estos principios , y dichosos los españoles s i , en el actual sistema de nuestro gobierno , llegan à penetrarse de la ne- cesidad de hacer de esta ciencia su primer estudio!

Si pues los pueblos deben à las ciencias , no solo el progreso y fomento de las fuentes de su riqueza , sino también su ilustración , su bien estar y su felicidad : ¿po- drá haber un objeto mas interesante, que el de generali- zar las luzes que nos suministran , y señdladamente las de aquellas que influyen mas inmediatamente en la pros- peridad pública? ¿Y donde será mas ú t i l , mas necesaria esta empresa que en esta Isla, en que la falta absoluta de establecimientos públicos imposibilita la educación de la juventud, la ciretijacion de las luzes, y la adquisiciort' jle los conocitnicntbs "¿ue son tan 'cortUmes en otros pueblos?

Examínese el estado de su agricultura, y se la vcnVxon dolor en el mas lastimoso atraso, por ignorar los labra- dores los métodos v los instrumentos , que han contribui- do tanty à la perfección de este pruptr arte de la socie- dad. Examínese, el de su industria, y v e r á , ' « o h no

menor sentimiento., qtie abundando tas primem materias, b temendo la mayor facilidad de culüvarias, faltan hasta las nociones de las artes csi que pueden beneácbrse. E s a * mínese finalmente el de su comercio, y se le verá r e d u - cido , ò pummente al escaso consumo de sus habitantes, h i poquísimas y pequeñas especulaciones en que c a ú siempre recibe la ley el labrador. ¿Y porqué una «la» que por su situación, su feracidad, su excelente clima , y »u»

inestimables propoitiones debía ser un emporio de riquesa, el aTmaccn de provisiones de tolas la» Islas de Btfkrento, y de un extenso comercio de fruto* preeiosoa, ae hulla en una situación tan miserable? Porque hasta ahora no se hà mirado con empefio y con interés, ò no ae ha acerta- do en los medios de su fomento-

Aprovechémonos pues de las luzes, y de los adelanta»

mientos de otros pueblos. Adoptemos sus practicas , quan- do la experiencia na demostrado su utilidad. Tiutfmos de conocer nuestros verdaderos intereses; oigàmos las lecciones

<Je la experiencia, y saquemos de ellas el partido ventajoso con c^ue nos convida. Si un gobierno benéñeo y sabio, rompiendo las cadenas , que tenían igualmente aprisionado nuestro entendimiento y nuestros brazos , y restituyéndo- nos en el goze de nuestros derechos, ha puesto eo nuestras propias manos nuestra felicidad y nuestra fortuna .• si con- ñandonos el nombramiento de las personas que deben go- bernamos en nuestros pueblos, promover nuestra utilidad en las provincias , y dictàr las leyes sabias que deben ha- cer la felicidad de la Nación, nos hà impuesto el deber de instruirnos en la gran ciencia del gobierno, 6 para desem- peñar la confianza de nuestros conciudadanos, b para ele- gir con conocimiento i los que deben desempcSar a nues- tra ; dediquémonos con empeño à un estudio que interesa igualmente á la Nación, que à cada uno de nosotros.

¿Y qual es el medio que se ofrece para conseguirlo , y Henàr hasta cierto punto el hueco de los establecimientos cientiBcos que no tenemos? E l que utilmente han empleado los mas de los pueblos cultos,* siempre que se ha tratado de difundir los conocimientos hasta las clases, que por su estado y situdeion no pueden dedicarse al estudio profundo de las ciencias , y necesitan recibir digerido el alimento que ba de nutrirles. Este medio è s el de un periódico.

No ignoramos que esta clase de obras en ningún pais han formado sabios; pero tampoco è s esta nuestra uuencion, ni su objeto. Si por su medio conseguimos excitar el gusto

y la aplicación de las personas acomodadas, convencién- dolas de que el contribuir al fomento y á la ilustración de sus conciudadanos é s un deber dulce, cuyas fatigas y desve- los son abundantemente compensados por el placer que siente el espíritu, y par la utilidad que reportan à nuestra fortuna : si conseguimos mejorar la suerte de los labradores, haciéndoles adoptar los métodos utiles que han introducido

b abrazado los agricultores ilustrados: aclimatar frutos des- conocidos en el p a í s , perfeccionar los que yà poseemos, y beneficiar los cjue descuidamos; si conseguimos dispertar el genio de la industria, à lo menos en aquellos ramos cu- ya?, primeras materias nos suministra el país.* en fin, si con- seguimos dar mayor extension al comercio, mejorar la edu- cation , establecer buenas reglas de policia, è ilustrar à to- dos sobre sus verdaderos intereses ; daremos por bien e m - picado nuestro trabajo, y creerémos habtr contribuido efi- cazmente à la prosperidad de nuestros conciudadanos.

Asi que nuestro plan no será el de presentar à nuestros lec- tores teorias inciertas , discursos pomposos, y mucho menos proyectos aéreos , ò empresas arriesgadas; sino resultados prácticos , que tengan su inmediata aplicación en esta Isla, escritos en estilo fácil, claro y sencillo , que esté al alcan- ze de todos. Daremos pues à conocer los varios medios de perfeccionar el cultivo y la ganadería , de beneficiar sus es- quilmos, de mejorar los frutos y especies indigenas. del pais, de aclimatàr las de otros , de aprovechar las varias produc- ciones perdidas para sus propietarios, y de emplear las ma- quinas e instrumentos inventados para todos estos fines. In- dicarèmos las varias aplicaciones que pueden tener à la indus- tria muchas de nuestras primeras materias , describiendo al propio tiempo las maquinas destinadas à su elaboración, que facilitan y simplifican el trabajo , y contribuyen al mismo tiempo a la igualdad y perfección de la obra, y à la econo- mia de los jornales. Manifestaremos los principios en que se funda la industria mercantil, cómo contribuye à la pro- ducción y al fomento de la agricultura y de las artes, y co- mo influye en la riqueza de los pueblos. Desenvolveremos los grandes y luminosos priacipios de la economia politica, que tenemos ya anunciados en este prospecto, haciendo las aplicaciones locales, que permita el pais , y que nos pro- porcionarán los datos estadísticos que ya poseemos , y que trataré mos de aumentar y perfeccionar. Presentaremos i nuestros lectores los rasgos históricos , que tengan relación

"mas directa con la moi;ú y las costumbres, prefiriendo i la

aridez de los principios, la persuasiva cloqiicncia de ios hechos.

Diremos también algo de la policia en gcncrnl ¿ c los pue- blos, y de la que creímos mas útil à esta Isla ; y à fs.) de quenada falte à este periódico de lo que pui\la hacerlo inte- resante è instructivo , insertaremos de la* discusiones de las Cortes , de sus Decretos, de las resoluciones del £obk mo, y delas que se tomen por las autoridades de esta , lo que diga relación con los objetos que nos hemos propuesto tratar, y con la prosperidad de la America en general, y de esta hÁ.i en particular. Lo haremos igualmente de las noticias militaren y politicas que sean dignas de la atención de nuestros lee- tores: de los precios que tengan en esta capital, y en los prin- cipales mercados que están en relaciones comerciales con na.

sotros, los frutos de nuestra cosecha .* de la entrada y calida de k s embarcaciones que freqüenten nuestros puertos : de los ingresos de derechos en sus aduanas : de los estados se- manales y mensuales de la Tesorería , y de quanto concierna i la materia de contribuciones y su inversion: y por ultimo de los anuncios y extractos de las obras publicadas y que se p u - bliquen, nacionales y estrange ras , relativas à economia poli- tica , agricultura, comercio, y artes.

* Este periódico, que se intitulará Diario de Agricultura, I n . duttria y Comercio, ò sencillamente Diario económico dé

Pucrto-nico, contendrá medio pliego cada dia en la letra y forma de este prospecto; ò mas bien un pliego cada dos dias quando las, materias lo requieran. De un modo u otro se pro- curará que en el mes se llenen doce pliegos, en mas 6 menos números, y con variedad de asuntos, sin salir de lus limites propuestos.

Todos los que se sientan movidos del noble deseo de con- currir à la instrucción pública con sus pensamientos , obser- vaciones, y discursos, tendrán franca y agradecida entrada en este papel, dedicado à la común utilidad. Sobre qualquier ma- teria de las indicadas podrá en él escribirse, con la gene- rosa libertad à que deben su purificación las verdades, su confusion los errores, y su perfección las ideas y dcscubri- mientos; pero sin tocarse jamás al sagrado de las personas, ni violarse el respeto debido à la autoridad, ni el que nos debemos à nosotros mismos, ni menos faltarse al decoro y i la decencia" pública.

L o s artículos ó cartas que se dirijan al Redactor, se re- cibirán en la Imprenta, y quando no todos puedan insertar- se por algún justo motivo, se extractarán, ò se avisará à su autor por medio del mismo diario si no fuese couocido, para el uso que 1c convenga.

Principalmente sc dedica esta obra à los padres de fa*

snüia, y à los Párrocos y dignos Eclesiásticos de esta I s l a , à quienes en prueba de nuestra cordial consideración recor- da rtm os el benéfico deseo de los sabios, del célebre Linnco, y del benemé rito Jovellanos , expresándolo con las castizas y piadosas palabras de este insigne Español en el 2 359 de su Ley agraria t.Oxalà que miUti¡ilicada la enseñanza de las ciencias ú t i l e s , pudiesen derivarse sus principios à esta

Í

>reciosa é importante clase del Estado! Oxalá que se di*

ündiesen en ella, para que los Párrocos fuesen también eh esta parte los padres è institutores de sus pueblos! Dichosos entonces los pueblon! Dichosos quando sus pastores, después de haberles mostrado el camino de la eterna felicidad, abran à sus ojos los manantiales de la abundancia, y les hagan co- nocer que ella sola, guando es fruto del honesto y virtuoso tra- bajo, puede dar la única bienandanza que es concedida i la tierra! Dichosos también los Párrocos , si destinados à vivir en la soledad de los campos, hallaren en el cultivo de la»

ciencias útiles aquel atractivo, que hace tan dulce la vida en medio del grande espectáculo de la naturaleza, y que Icban- tando el corazón del hombre hasta su Criador, le abre i la virtud, en que mas se complace , y que è s la primera de su santo ministerio!"

E s común opinion que todavía nuestra Isla no se halla erir estado de sostener ó de costear un periódico de esta clase. * E l numero de los subscriptores lo demostrará en breve tiem*

po: en quanto lleguen à ciento se publicará su catálogo. Si comenzada la obra hubiese qtie suspenderla , no será por falta de materiales, ni de voluntad en los que la tornan á su cargo por puro deseo del bien publico. Una tentativa d':

seis meses poco dispendiosa puede ser. Por ellos se admi- tirán las primeras subscripciones, y pasados se avisará para la continuación ò suspension, si antes la Sociedad económi- ca de arrieos del pais no se encargase de este trabajo, se-»

gun sus Estatutos. * Se ha rcgiilatto la subscripción à 12 reales mensuales , 6"

à real cada pliego: no put de ser menos, atendiendo al pre- cio del papel. A los subsciiptorcs de la capital se les lle- varán los nunieros à sus ca-.as conforme salierent à los de fuera se les remitirán por los correos semanales, franços de porte. Para los no subscriptos será de 2 reales el va- lor de cada pliego.

Saldrá el primer numero el dia 14 de Marzo proximo. Las subscripciones se admiten en la imprenta , i cargo de Don Valeriano San-milkui.- Puerto-Rico 28 de febrero de 1114.

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