CAPÍTULO IV: RESULTADOS Y DISCUSIÓN
4.2. Discusión
Tabla 12
Correlación entre dimensiones de inteligencia emocional y funcionamiento familiar en estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa Pública, Huamanga, 2021.
Correlaciones
Intrapersonal Interpersonal Adaptabilidad Manejo de estrés Estado de ánimo
Funcionamiento familiar
rho ,067 ,131 ,101 ,048 ,155
p ,613 ,318 ,442 ,716 ,236
n 60 60 60 60 60
Fuente: Inventario de Inteligencia Emocional de BarOn ICE:NA y Escala de Funcionamiento Familiar FF-SIL.
Según la tabla 12, dimensión intrapersonal y funcionamiento familiar evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.613>0.05, Rho=0.067).
Asimismo, dimensión interpersonal y funcionamiento familiar evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.318>0.05, Rho=0.131). Con respecto a la dimensión adaptabilidad y funcionamiento familiar evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.442>0.05, Rho=0.101). Por otra parte, dimensión manejo de estrés y funcionamiento familiar evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.716>0.05, Rho=0.048). Asimismo. Finalmente, dimensión estado de ánimo y funcionamiento familiar evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.236>0.05, Rho=0.155).
permitiendo aceptar la Ho (Hipótesis nula) y rechazar la Ha (Hipótesis alterna), en consecuencia, no existe relación entre ambas variables de estudio, demostrando que son independientes; esto quiere decir que, mientras la tendencia de la inteligencia emocional es adecuada, no hay correspondencia en que la mayoría tengan percepción familiar
moderadamente funcional. Esto responde a lo encontrado por Orrego (2020), en su estudio titulado “Funcionalidad familiar e inteligencia emocional en estudiantes de quinto grado de secundaria de la I.E. Abel Carbajal Pérez - Chota, 2019”. En su tesis relacionó las mismas variables y concluyó que tampoco existe una relación significativa entre ambas variables, respaldándose también del estadígrafo Rho de Spearman de 0.786. De similar manera Valenzuela (2021) en su tesis sobre el “Funcionamiento familiar e inteligencia emocional en estudiantes de secundaria de una institución educativa de Ventanilla” obtuvo un nivel de significancia de 0.561 con el Rho de Spearman, concluyendo que no hay evidencia estadística de relación entre ambas variables de estudio. En consecuencia, Alatriste (2017), plantea en su estudio de investigación que, debido al desapego emocional que puede tener un adolescente por la falta de convivencia familiar y desinterés emocional por parte de sus padres, conlleva a que el adolescente prefiera desarrollar sus emociones fuera del entorno familiar. Asimismo, Bharwaney (2010) citado por Valenzuela (2021) menciona que, efectivamente para aumentar la inteligencia emocional no solo se puede contar con la influencia familiar sino también se puede contar con muchos otros aspectos y factores de nuestra vida personal como las amistades, la pareja e incluso nosotros mismos, de los cuales recibimos a diario nuevos aprendizajes y retroalimentación inmediata de todos aquellos vínculos afectivos para poder relacionarnos con los de nuestro entorno y comprender mejor nuestras emociones en cualquier situación de la vida.
De acuerdo al primer objetivo específico, fue identificar los niveles de inteligencia emocional en estudiantes del nivel secundario en una Institución Educativa Pública, Huamanga 2021. Los resultados indicaron que el 0.0% constituido por 0 estudiantes tienen nivel por mejorar, el 56.7% constituido por 34 estudiantes, presentan un nivel adecuado, mientras que, el 43.3% constituido por 26 estudiantes tienen nivel muy desarrollado. De esta manera, se afirma que la mayoría del grupo de participantes mantienen una capacidad
emocional aceptable, poseen habilidades interpersonales, intrapersonales, de adaptabilidad, y de estado de ánimo, que les permite manejar las exigencias de su entorno de manera
provechosa. Esta información es corroborada por Valqui (2012), quien realizó un estudio titulado “La inteligencia emocional y su relación con el clima social escolar en los estudiantes del nivel secundario de la Institución Educativa Nº 00815 de Carrizal, año 2011”, encontró
que un 43.7% se ubican en un nivel medio de inteligencia emocional, indicando que los estudiantes poseen una moderada capacidad para controlar los sentimientos y las emociones propias, así como también son capaces de comprender y manejar las emociones de los demás.
Por otro lado, Yucra (2017), en su tesis titulada “La inteligencia emocional, autoestima y rendimiento académico en estudiantes de una Institución Educativa Pública de Santiago de Surco“, halló que la Inteligencia Emocional de su población tenía un nivel promedio;
concluyendo que la inteligencia emocional resultará eficaz cuando los adolescentes logren identificar y evaluar por sí mismos sus propias emociones y la de los demás, teniendo en consideración la manera de guiar sus pensamientos y comportamientos antes sucesos que impliquen mucha tensión. En consecuencia, Zavala, Valdez y Vargas (2008), citado por Lacunza y Contini (2009) refieren que la adolescencia es un periodo de variados cambios, donde se adquiere nuevos conocimientos, habilidades sociales, estrategias más complejas para que se pueda enfrontar la edad adulta; por lo cual, se caracteriza por ser una etapa de riqueza emocional, donde predomina la fantasía y creatividad, también predomina el progreso cognitivo, porque el adolescente va desarrollando un pensamiento abstracto adecuado, con mayor agilidad mental, memoria y mayor sentido de la realidad. Por otro lado, Erikson (1974) citado por Nelso (2005), refiere que un adolescente entra en crisis, en especial con su entorno familiar, al sentir la necesidad de buscar un espacio donde sea reconocido o
reivindicado, por lo que inmediatamente fijará su atención en descubrir un mundo propio y de intereses personales en base a los ideales que admire. En este sentido, esto ayudará a que los adolescentes desarrollen capacidades emocionales que se encuentren a favor de su desarrollo evolutivo.
Con respecto al segundo objetivo específico, determinar la prevalencia de niveles de las dimensiones de inteligencia emocional en estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa, Huamanga 2021. Se obtuvo en la dimensión intrapersonal que el 80.0% constituido por 48 estudiantes tienen nivel adecuado, en la dimensión interpersonal el 65.0% constituido por 39 estudiantes tienen nivel adecuado, en la dimensión de adaptabilidad el 46.7% constituido por 28 estudiantes tienen nivel desarrollado, en la dimensión de manejo de estrés el 53.3% constituido por 32 estudiantes tienen nivel por mejorar, mientras que, en la dimensión de estado de ánimo general el 56.7% constituido por 34 estudiantes tienen nivel adecuado. Dichos resultados, permiten establecer que los evaluados no carecen de poseer habilidades para identificar sus propias emociones y la de los demás, adaptándose a los cambios de manera flexible y teniendo una percepción positiva sobre las cosas. Sin embargo, la prevalencia en la dimensión de manejo de estrés, más de la mitad de los evaluados,
evidencian un nivel por mejorar, significando que muestran tendencia a la impulsividad y cierta dificultad para trabajar bajo presión. Dichos resultados se permiten comparar con Trucios (2018) en su estudio titulado “Inteligencia emocional y el rendimiento académico en los estudiantes de 5to de secundaria de la Institución Educativa Pública "Tupac Amarú" – Chilca”, donde encontró que la mayoría de los participantes evidencian un nivel adecuado en las dimensiones intrapersonal, interpersonal, adaptabilidad y estado de ánimo; mientras que en el caso de la dimensión de manejo de estrés, los participantes evidenciaron un nivel bajo, dándose a entender que no pueden mantener la calma y generalmente actúan de manera impulsiva; por lo que no pueden manejar situaciones estresante y emociones fuertes sin afectar su bienestar. Además, Zabala y López (2012), quienes utilizaron el Inventario de Inteligencia Emocional de BarOn, ICE-NA en su estudio “Adolescentes en situación de riesgo psicosocial: ¿Qué papel juega la inteligencia emocional? “, encontraron que “existe mayor nivel de impulsividad acompañados de sentimientos de impulsividad en adolescentes que estudian en Instituciones Públicas de zonas que poseen bajos recursos económicos”. Por consiguiente, estudios realizados por La Escuela de Desarrollo Emocional y Social (2021) confirman que la adolescencia es una etapa llena de cambios productivos para la formación de la personalidad en la vida adulta, por tanto, se genera una serie de emociones que procura la adaptabilidad del adolescente hacia los nuevos cambios y hacia la socialización con sus pares; sin embargo, durante la pandemia, las relaciones se quedaron pausadas en lo físico, surgiendo la producción del cortisol en el organismo (hormona del estrés). En este sentido, la población adolescente se encuentra atravesando nuevos retos y situaciones estresantes
significativas que exigirán cambios y moldeamiento en la personalidad del adolescente.
De acuerdo al tercer objetivo, fue identificar los niveles de funcionamiento familiar en estudiantes del nivel secundario en una Institución Educativa Pública, Huamanga 2021. Se obtuvo que el 0.0% constituido por 0 estudiantes corresponden a severamente disfuncional, el 11.7% constituido por 7 estudiantes corresponden a disfuncional, el 46.7% constituido por 28 estudiantes corresponden a moderadamente funcional, mientras que, el 41.7% constituido por 25 estudiantes corresponden a funcional. Dichos resultados permiten establecer que la
mayoría de los estudiantes perciben vivir en un entorno familiar moderadamente funcional, esto quiere decir que, los evaluados mantienen una relación adecuada y saludable con los miembros de sus familias, partiendo de la cohesión, armonía, comunicación, permeabilidad, afectividad, roles y adaptabilidad; también considerando que, ante las dificultades y presiones en el ambiente familiar, procuran superarlo a fin de no incrementar los conflictos. Esto se puede contrastar con lo encontrado por Montánchez (2019) en su estudio sobre la “Relación
entre el funcionamiento familia y la autoestima en los estudiantes de quinto de secundaria de la Institución Educativa Manuel Veramendi e Hidalgo, Arequipa 2019”; quien obtuvo como resultado en la dimensión de funcionamiento familiar que el 62.3% de los estudiantes evaluados evidencian vivir en una familia moderadamente funcional. Por otro lado, Hancco (2018) en su tesis titulada “Funcionamiento familiar relacionado con las habilidades sociales en adolescentes de la Institución Educativa Secundaria San Andrés del Distrito de Atuncolla, 2017”, concluyó que, en cuanto a la dimensión de funcionamiento familiar, el 61% de
evaluados que constituye a 103 estudiantes pertenecen a una familia de rango medio. En consecuencia, Olson (1985) citado por Ferrer, Miscán, & Pino (2014), refieren que la comunicación familiar es la dimensión clave que permite la movilidad de cohesión y de adaptabilidad para el óptimo funcionamiento familia. En este sentido, durante el
confinamiento social por el surgimiento de la Covid-19, las familias han compartido mayor tiempo juntos, generando al inicio diferentes contradicciones y crisis familiares; sin embargo, estas crisis han exigido con el tiempo cierta flexibilidad en cuanto a la adaptabilidad para un adecuado ajuste a la nueva situación y priorizar la cohesión familiar. Es decir, con el
trascurso de los días y un mayor conocimiento entre los integrantes, se ha establecido una comunicación afectiva en las familias (Infante, 2020).
De acuerdo al cuarto objetivo, establecer la prevalencia de niveles de las dimensiones de funcionamiento familiar en estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa, Huamanga 2021. Se obtuvo en cohesión que el 55.0% constituido por 33 estudiantes
corresponden a un nivel funcional, en armonía el 50.0% constituido por 30 estudiantes corresponden a un nivel funcional, en comunicación el 43.3% constituido por 26 estudiantes corresponden a un nivel moderadamente funcional, en adaptabilidad el 50.0% constituido por 30 estudiantes corresponden a un nivel funcional, en afectividad el 61.7% constituido por 37 estudiantes corresponden a un nivel funcional, en rol el 55.0% constituido por 33 estudiantes corresponden a un nivel moderadamente funcional, mientras que, en permeabilidad el 41.7%
constituido por 25 estudiantes corresponden a un nivel funcional. Los resultados corroboran que la gran mayoría de participantes evidencian un nivel funcional y moderadamente funcional en todas las dimensiones, significando que dentro de las familias existen vínculos que los ayuda a enfrentar diferentes situaciones difíciles, manteniendo un equilibrio
emocional positivo, adecuada comunicación, cambiando su estructura ante situaciones que lo requieran, afectivos, cumplen sus responsabilidades y funciones acordadas por el núcleo familiar, y poseen la capacidad de brindar y recibir experiencias de otras familias. Dichos resultados se comparan con Trigoso (2017) en su tesis titulada “Funcionamiento familiar y
percepción de la imagen corporal en adolescentes del sector San Carlos de Murcia,
Chachapoyas-2017”, quien describe que el 59.3% de sus evaluados tienen un funcionamiento familiar funcional en cada una de sus dimensiones; el 40.7% de moderada funcionalidad y ninguno disfuncional, esto indicó que “los estudiantes del Sector San Carlos de Murcia tienen una familia unidas emocionalmente muy cohesionados, con mucha armonía, de buena
comunicación, son muy permeables, afectivos, cumplen un rol responsable, son adaptables como mucho liderazgo”. En consecuencia, Olson (1985) citado por Ferrer, Miscán, & Pino (2014), refiere que la estructura y dinámica de las familias cambian en base a las experiencias vividas, promoviendo la adaptación, cohesión, comunicación, afectividad, permeabilidad, rol y armonía de cada uno de sus integrantes para un adecuado funcionamiento familiar. En este sentido, la realidad actual de las familias, durante la pandemia, ha procurado y promovido un funcionamiento saludable en base al tiempo compartido y a la mayor interacción entre sus miembros.
Con respecto al quinto objetivo, conocer la relación de la inteligencia emocional con las dimensiones del funcionamiento familiar en estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa Pública, Huamanga 2021. Respaldado con el estadígrafo Rho de Spearman, se obtuvo en inteligencia emocional y dimensión cohesión que no existe correlación y de nula intensidad (p=1.000>0.05, Rho=0.000). Asimismo, en inteligencia emocional y dimensión armonía se evidencia que no existe correlación inversa y de muy baja intensidad (p=0.981>0.05, Rho=-0.003). Con respecto a inteligencia emocional y dimensión comunicación se evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad
(p=0.306>0.05, Rho=0.134). Por otra parte, inteligencia emocional y dimensión adaptabilidad se evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.845>0.05, Rho=-0.026). Con respecto a la dimensión afectividad evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.701>0.05, Rho=0.051). Asimismo, inteligencia emocional y dimensión rol evidencia que no existe correlación directa y de muy baja intensidad (p=0.349>0.05, Rho=0.123). Finalmente, inteligencia emocional y dimensión permeabilidad evidencia que no existe correlación inversa y de muy baja intensidad (p=0.759>0.05, Rho=-0.040). Con respecto a los resultados, se establece que no existe relación entre la inteligencia emocional y las dimensiones de funcionamiento familiar en los estudiantes, siendo las dimensiones de funcionamiento familiar independientes de la
inteligencia emocional; esto quiere decir que, mientras la predisposición de inteligencia emocional sea adecuada, no hay trato en que la mayoría tenga funcionalidad en la cohesión, armonía, comunicación, afectividad, permeabilidad, roles y adaptabilidad. Según lo referido,
se compara con Valenzuela (2021) quien realizó la investigación de nombre “Funcionamiento familiar e inteligencia emocional en estudiantes de secundaria de una Institución Educativa de Ventanilla”, refiriendo que en sus resultados no halló una relación entre el funcionamiento familiar e inteligencia emocional; concluyendo que esto se debe a que los estudiantes han desarrollado habilidades emocionales sin que su familia inmediata contribuya, posiblemente por la preferencia de los adolescentes de compartir más tiempo y confianza con sus pares. En consecuencia, Mark et al, (2004) citado por Álvarez y Salazar (2018) refiere que un
adolescente suele generar un mayor acercamiento con sus pares y la satisfacción con la familia desciende y las relaciones se distancian; en este sentido, el adolescente, irá teniendo mayor confianza y acercamiento con los amigos e irá adoptando nuevas características y capacidades en base a lo que aprende de ellos. Por otro lado, según Ryff y Keyes (1995) señalan que existen muchos factores, como el bienestar subjetivo, para que un individuo pueda desenvolverse adecuadamente en el mundo sin necesidad de desarrollarse en un buen clima familiar; es decir, un sujeto podrá cuestionarse a sí mismo para poder desarrollar adecuadas destrezas cognitivas y emocionales, partiendo de la autoaceptación, crecimiento personal, propósito de vida, relaciones positivas con otros, dominio del entorno y autoestima, sin necesidad de que la familia influya únicamente en la vida del individuo.
CONCLUSIONES
- Sobre el objetivo general, se demostró que no existe relación entre la inteligencia emocional y el funcionamiento familiar en los estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa Pública, Huamanga 2021; evidenciándose que la mayoría de los participantes tienen un nivel adecuado en inteligencia emocional, significando que no carecen de habilidades emocionales para reconocer y manejar sus propias emociones y la de los demás; por otra parte, mantienen una
percepción familiar moderadamente funcional, es decir, la interacción familiar es adecuada y saludable.
- Sobre el primer objetivo específico, se evidencia que la mayor parte de los
participantes tienen un nivel adecuado en la mayoría de los niveles de inteligencia emocional, evidenciando que no carecen de capacidad emocional para adaptarse a sus propias emociones y al medio que los rodea para controlar y solucionar los problemas cotidianos, porque poseen ciertos conocimientos de valores, virtudes y otros estándares normativos de su patrimonio cultural y educativo.
- Sobre el segundo objetivo específico, los resultados afirman que la mayoría de los participantes no carecen de habilidades emocionales para desenvolverse adecuadamente en su entorno a través de lo intrapersonal, interpersonal, adaptabilidad y estado de ánimo manejo, porque consideran que es importante identificar y regular las emociones propias, y poseer una actitud empática con los demás. Sin embargo, en cuanto al manejo de estrés, evidencian que se requiere mejorar, porque ante los nuevos cambios sociales y modalidades de estudio, los estudiantes se dificultan trabajar adecuadamente bajo presión.
- Sobre el tercer objetivo específico, se evidencia que la mayor parte de los estudiantes tiene una percepción familiar moderadamente funcional,
evidenciando satisfacción en el entorno familiar en cuanto a la cohesión, armonía, adaptabilidad, permeabilidad, roles, afectividad y comunicación; considerando que, ante las dificultades, las familias procuran superarlos a fin de disminuir los malestares en el hogar.
- Sobre el cuarto objetivo específico, los resultados afirman que la mayoría de los participantes tienen una percepción familiar moderadamente funcional,
significando que dentro de las familias existen vínculos que los ayuda a enfrentar diferentes situaciones difíciles manteniendo un equilibrio emocional positivo, además, cada miembro familiar es capaz de trasmitir y expresar sus sentimientos
y emociones de manera clara, cambiando su estructura, roles y reglas ante
situaciones que lo requieran, también se evidencia que, cada miembro cumple sus responsabilidades y funciones acordadas por el núcleo familiar, y cada familia poseen la capacidad de brindar y recibir experiencias de otras familias.
- Finalmente, sobre el quinto objetivo, se comprobó que no existe relación entre la inteligencia emocional y las dimensiones independientes del funcionamiento familiar en estudiantes del nivel secundario de una Institución Educativa Pública, Huamanga 2021; siendo totalmente independientes las dimensiones de
funcionamiento familiar, en la cohesión, en armonía, en comunicación, en adaptabilidad, en afectividad, en rol y en permeabilidad.
RECOMENDACIONES
A partir de las elaboraciones de los resultados, las discusiones y conclusiones, se ha plasmado las siguientes recomendaciones:
- A los directivos de la Institución Educativa “Los Libertadores”, implementar en el plan de trabajo académico, programas mensuales que promuevan la cohesión familiar y las capacidades emocionales. Dentro de ello, que incorporen talleres en las cuales participen padres e hijos, con la finalidad de propiciar un adecuado funcionamiento en el hogar y un mejor autocontrol en sus emociones.
- A los docentes y tutores de la Institución Educativa “Los Libertadores”, que durante las actividades que desarrollen en clases, ya sea virtual o presencial, incorporen estrategias de trabajo y/o dinámicas grupales que permita a los adolescentes reconocer sus emociones y trabajar en ellas.
- A los padres de la familia de la Institución Educativa “Los Libertadores”, propiciar espacios en los cuales puedan compartir momentos junto a sus hijos a través de actividades lúdicas y recreativas, demostrando interés hacia ellos y disfrutando de alguna actividad en común.
- A los estudiantes de la Institución Educativa “Los Libertadores”, involucrar a sus padres en sus actividades de interés. Ya sea en música, deporte, arte, ciencias, entre otras. De esta forma se puede fomentar el involucramiento afectivo entre padres e hijos.
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