El infante don Manuel había regresado a Castilla desde Anagni hacia principios de enero de 1260. El 25 de dicho mes se encontraba en Toledo donde confirmó un privilegio real que hace referencia especí- fica a la próxima expedición naval contra Salé, un puerto marítimo en la costa atlántica de Marruecos.1 Sin embargo, antes de emprender la expedición, Alfonso X quiso asegurarse el apoyo de su suegro, Jaime I de Aragón, y con ese fin organizó una reunión entre los dos monarcas en Ágreda durante los meses de marzo y abril. A diferencia del anterior en- cuentro en Soria, cuatro años antes, cuando se acordó el matrimonio del infante don Manuel y Constanza para lograr un cierto grado de armonía entre los dos monarcas, el encuentro de Ágreda se produjo en unos tér- minos amistosos. De hecho, a juzgar por la extensa lista de confirmantes de los diversos documentos generados durante la conferencia, Alfonso X estuvo acompañado por toda la corte. La reina Violante y su hermana Constanza tuvieron la oportunidad de reunirse con su padre, mientras que en esta ocasión Alfonso X estaba acompañado por todos sus herma- nos: Manuel, Sancho, Fadrique y Felipe, con la notable excepción del re- belde don Enrique que se había refugiado en Túnez, al servicio del emir Muhammad I al-Mustansir.2
1 Torres Fontes, Fueros y privilegios de Alfonso X, CODOM 3, doc. 52 (69-71); Gon- zález Jiménez, Alfonso X, 137.
2 Ágreda, 11 de marzo de 1260: “El infante don Emanuel ermano del rey e su alfé- rez confirma… Don Sancho, arçobispo de Toledo, chanceler del rey, confirma. Don Remondo, arçobispo de Sevilla, confirma. Don Alfonso de Molina confirma. Don Fre- derich, confirma. Don Felipp, confirma…” en L. Serrano, Fuentes para la historia de Castilla, 2.101-104. Ballesteros, Alfonso X, 254, hace un convincente argumento a favor
El 12 de abril, el cortejo real en su camino de regreso a Toledo pasaba por Soria, donde el rey concedió un privilegio al concejo de Bur- gos, confirmado por el infante don Manuel, sus hermanos y fray Martín, que había acompañado al infante a Anagni.3 La corte había regresado a Toledo el 27 de abril y dos días más tarde el monarca estaba en Uclés, sede de la Orden de Santiago. Si el infante don Manuel acompañó a su hermano en este viaje, parece probable que aprovechara la ocasión para reunirse allí con los caballeros de la Orden con quienes tanto él como su esposa Constanza se comprometerían a asumir la condición de cofrades ocho meses después. Alfonso X, don Manuel y los miembros de la corte llegaron a Sevilla a finales de junio donde el infante confirma una carta el 27 de julio.4 De hecho, la mayoría de los documentos en los que don Ma- nuel aparece hasta agosto de 1265 están fechados en Sevilla, indicando que este período de cinco años lo aprovecharía para ampliar y consolidar sus tenencias en Andalucía.
A don Manuel se le había confiado la alferecía del reino el 13 de septiembre de 1258 y su estatus privilegiado en la corte como hermano del monarca y su consejero más fiable era indiscutible. Cuando consi- deramos que el rango y el título que tenía en este momento implicaba el liderazgo del ejército, podríamos estar tentados a suponer que sus res- ponsabilidades tenían carácter ceremonial. Sin embargo, esto equival- dría a negar los hechos tales como ahora los conocemos. El infante don Manuel con veintiséis años de edad era ya un soldado experto que había participado en varios conflictos armados y era también un diplomático competente como lo había demostrado en la Curia papal de Anagni. Sus hermanos mayores, Fadrique y Enrique, más conocidos que él por sus
de la presencia de Violante.
3 “Don Sancho, arçobispo de Toledo e Chançeler del rrey, conf. … Don Frederich, conf. Don Felipp, conf…. El infante don Manuel, ermano del rrey e su alférez, confir- ma… Don Fray Martín, obispo de Segouia, conf.” en Colleción diplomática del Concejo de Burgos, doc. 35 (113-116).
4 Sevilla, 27 de julio: “Alfonso X nombra adelantado mayor de la mar a don Juan García, su mayordomo” en DAAX, doc. 231 (253-254): “Don Manuel, hermano del rey y su alférez, conf.” Véase también Ballesteros, Alfonso X, 273.
habilidades marciales habían caído en desgracia con Alfonso X. El in- fante don Enrique había sido expulsado del reino cinco años antes a raíz de su rebelión y el infante don Fadrique, apartado de los grandes planes de su hermano Alfonso, abandonaría desilusionado el reino para unirse a Enrique al servicio de Muhammad I al-Mustansir, el emir háfsida de Túnez.5 El vacilante infante don Felipe había renunciado a su cargo de arzobispo electo de Sevilla para casarse con Cristina de Noruega y por su parte, el infante don Sancho estaba firmemente arraigado a la sede pri- mada de Toledo, de la que era arzobispo electo. Sólo le quedaba a Alfon- so X su hermano favorito, don Manuel para actuar como su lugartenien- te en la gestión de los asuntos del reino. En este contexto, el infante don Manuel, en apariencia, no tenía otros intereses, aparte de su amor por la caza y estar al servicio del monarca. Sin embargo, dada su juventud y
5 O’Callaghan, Learned King, 182, lo confunde con su padre “Abu Zakariya”, que murió en 1249. Ballesteros, Alfonso X, 260, 267; calculaba que Fadrique partió de Es- paña para África en 1259 y que “Seguramente había salido de España en desgracia del rey” (267). Sin embargo, la firma del infante Fadrique se encuentra en los documentos reales cada año desde 1252-1260, con la última en Soria, el 12 de abril de 1260, de modo que no pudo haber salido para África hasta después de esa fecha, volviendo a España sólo en 1272. Al mismo tiempo, González Jiménez, Alfonso X, 140, afirma que Fadrique confirma un privilegio real el 9 de mayo de 1260 pero la descripción del único doc. emitido por Alfonso X en esa fecha que publica en su DIAX, doc. 1559 (259), no corresponde con la descripción del doc. dado por el autor en Alfonso X, 140, n. 34. Inexplicablemente, S. Martínez, Alfonso X, 409, sostiene que “En 1255 se unió a su hermano Enrique para formar parte de la conspiración antialfonsina; al fracasar la conspiración, se vio obligado a tener que refugiarse bajo la protección del sultán de Túnez, como sucedió también a su hermano Enrique”. Aunque hubo sospechas de que Fadrique pudiera haber estado involucrado en el levantamiento de Enrique, nada fue probado jamás y, como Ballesteros tan acertadamente observó: “la astucia del infante le libró de complicaciones peligrosas” (272). Contrario a la afirmación de Martínez de que ambos infantes estaban obligados a buscar refugio bajo la protección del sultán de Túnez, Muhammad I al-Mustansir, éste era, en efecto, vasallo del primo de los infantes, el rey Manfredo de Sicilia y un firme aliado de Jaime I que había escrito recientemente a Alfonso X que sólo apoyaría la cruzada africana castellana con la condición de que Al- fonso no atacara a su amigo “Miralmomonino, señor de Tunez… per la amor que el nos faz” (MHE, doc. 75, 1.158-59). Para los dos infantes, permanentemente descontentos, la corte de al-Mustansir sería una base desde la cual podrían oponerse a las ambiciones de Alfonso X en Italia, al tiempo que se enriquecían como mercenarios al servicio de los sarracenos a este respecto. Por tanto, Fadrique había dejado España por propia vo- luntad despues de abril de 1260 y no fue expulsado con Enrique en 1255.
las obvias comparaciones que se habrían hecho en la corte entre él y sus hermanos mayores, don Manuel debió darse cuenta de que, como alférez del rey, necesitaría un apoyo adicional que muy pronto descubriría en la persona de don Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago (1243-1275), que, en este momento, era la figura militar más destacada de Castilla.6
Mientras tanto, su estrella estaba en ascenso y el infante don Ma- nuel, alférez del rey, debió confiar en el conocimiento y experiencia del maestre mientras Alfonso X se preparaba para emprender un ataque na- val contra Salé. Aunque no tenemos constancia de su intervención en el asunto, don Pelay tuvo que estar íntimamente implicado en la empresa dado que Salé había sido concedido a la Orden de Santiago por Ino- cencio IV en 1245.7 Además, Pelay Pérez había firmado previamente un contrato con Alfonso X para proporcionarle a perpetuidad una galera equipada con 200 hombres armados por tres meses cada año. Ello signi- ficaba que el ataque contra el puerto de Salé suponía que esta galera se
6 Antiguo comendador mayor (1241-1242) de Uclés, sede de la Orden de Santiago, don Pelay Pérez se convirtió en maestre de la Orden el 15 de febrero de 1243. Había sido uno de los más intrépidos partidarios del infante Alfonso durante la conquista de Murcia ese mismo año, y sus posteriores hazañas durante el sitio de Sevilla se narran por extenso tanto en la Crónica particular de San Fernando como en la Crónica abre- viada de don Juan Manuel. Tan grande era el prestigio y la influencia del maestre con el joven Alfonso, por no mencionar su considerable talento diplomático, que luego se le confiaron las delicadas negociaciones que conducirían a los esponsales del joven infante con la hija de Jaime I, Violante. El infante don Alfonso llegó incluso a prome- ter a Pelay Pérez y a la Orden la entrega para su educación de su primer hijo. Con la ascensión de Alfonso al trono en 1252, su fiel vasallo fue ampliamente recompensado en el repaimiento de Sevilla donde se instaló en una suntuosa vivienda en la parroquia de San Lorenzo. Su presencia constante en la corte y su indiscutible autoridad en el entorno del rey se atestiguan por el gran número de documentos reales de la cancillería que confirma hasta alrededor de 1272, cuando su imprudente apoyo a la rebelión del infante don Felipe y los nobles precipitó su caída en su relación con el monarca y el dra- mático declive de la fortuna del maestre. El trabajo más completo hasta la fecha sobre el maestre es de M. López Fernández, Pelay Pérez Correa (2010).
7 Registres d’Innocent IV, 24 de septiembre de 1245, doc. 1511 (1.230); Quintana Prieto, Documentacion Inocencio IV, doc. 216 (1.251-252); Ballesteros, Alfonso X, 273- 274; López Fernández, Pelay Pérez, 148-154.
utilizaría en la empresa.8 Dada la tentadora perspectiva de ampliar los dominios de la Orden a las costas de África y el considerable botín que se derivaría de ello, Pelay Pérez Correa también habría sido uno de los más ardientes patrocinadores de la campaña de Salé y sin duda su celo habría sido transmitido al alférez de Alfonso X, el infante don Manuel.9 La expedición, llevada a cabo en el mes de septiembre de 1260, fue sólo parcialmente exitosa, produciendo tan solo una cantidad significativa de bienes de saqueo y cautivos, pero no se convirtió en un punto perma- nente de apoyo en el continente africano.10
Don Manuel, cuyo nombre no figura en los documentos de la cancillería después del 27 de julio, vuelve a figurar de nuevo en la corte de Sevilla el 21 de noviembre.11 Esta ausencia de la corte se corresponde, según supone Ballesteros, a los preparativos de la campaña en agosto, la invasión y la ocupación de Salé entre 2-25 de septiembre, y el regreso de la flota a Sevilla el 2 de noviembre.12 ¿Puede su ausencia atribuirse a su participación en la ocupación y saqueo de Salé? Las circunstancias parecen apoyar esta hipótesis. Es significativo el documento del 21 de noviembre en el que su amigo íntimo Alfonso García de Villamayor con- firma como adelantado mayor de la tierra de Murcia, título que aparece por primera vez, indicando un cierto cambio de deberes administrati-
8 DAAX, 10 de junio de 1253, doc. 37 (33-34); O’Callaghan, Learned King, 167.
9 Aunque Ballesteros, Alfonso X, 273-274, mantiene la importancia de la concesión papal de Salé a la Orden de Santiago, O’Callaghan, Learned King, 172, duda que hubiese tenido un papel en la decisión de Alfonso; Ayala Martínez, Directrices fundamentales, 277-79, considera que la campaña ha demostrado con éxito la capacidad de Alfonso para golpear a voluntad contra las fuerzas islámicas del norte de África y López Fernán- dez, Pelay Pérez, 148-154, observa que “uno de los mecanismos empleados por Alfonso X para alcanzar prestigio internacional fue propugnar la cruzada africana; tal empresa tenía a la vez una finalidad ideológica y estratégica ya iniciada por su padre, pero don Alfonso no pudo afrontarla con ciertas garantías hasta 1260… nos resulta difícil pensar que los santiaguistas no fuesen empleados en la expedición de Salé”.
10 Ballesteros, Alfonso X, 274-284; O’Callaghan, Learned King, 172-174.
11 DAAX, docs. 233 (255-257), 234 (257-59): “Don Manuel, hermano del rey e su alférez, conf.”
12 Ballesteros, Alfonso X, 280; González Jiménez, Alfonso X, 136-41.
vos. Es también el primer documento que tenemos en el que el sobrino de don Manuel, Fernando de la Cerda, e hijo mayor del rey confirma como mayordomo de su padre.13 Un día después, los mismos signatarios ratifican otro privilegio real.14 En diciembre, junto con sus hermanos los infantes don Felipe y don Luis, don Manuel atestigua un documento en el que su hermano don Sancho, arzobispo de Toledo, se comprometió no entrar en Sevilla con la cruz alzada, acto que simbolizaba la superioridad de la sede de Toledo sobre don Remondo, arzobispo de Sevilla, que se había opuesto con energía a esta ofensiva manifestación de poder.15
El 8 de enero de 1261, durante las Cortes celebradas en Sevilla, el infante don Manuel y su esposa doña Constanza inauguraron el nuevo año ingresando como cofrades en la Orden de Santiago [Figs. 4, 5]. El contrato firmado por ambos se refiere específicamente a su amor inva- riable por la Orden y su gran y duradera amistad con don Pelay Pérez:
“por onra de la Orden de Cavallería de Sant Yago e por grand devoción e grand amor que avemos en ella, e sennaladamiente por onra e por amiz- tad que avemos con el maestre Don Pelay Pérez”.16 El texto del documen- to, a menudo mencionado pero poco analizado, contiene varios puntos importantes que debemos considerar en este momento. Además de las afirmaciones formularias de benevolencia y protección mutua, encon- tramos otros compromisos:
“Ofrecemos nuestros cuerpos e nuestras almas a Dios e a Santa María e a la Orden de la Cavallería de Sant Yago e fazemos nos ende confreyres e familiares…. E que si Orden oviéramos a tomar, que tomemos esta Orden de la Cavallería
13 DAAX, doc. 233 (255-257).
14 DAAX, doc. 234, (257-59).
15 El documento fechado en Sevilla, el 14 de diciembre, está contenido dentro de otra de Camas, el 19 de enero de 1266: “Carta de D. Sancho de Aragón Electo de Toledo confirmando otra de su antecesor” en Ballesteros, Sevilla en el siglo XIII, doc. 144 (cl- cli): “Testigos desto, el infante don ffelip, el infante don Manuel, el infante don Loys, et Obispos et Ricos ommes muchos.” Véase Ballesteros, Alfonso X, 292-93.
16 M. Rivera Garretas, Encomienda de Uclés, doc.213 (420-422); López Fernández, Pelay Pérez, 323-25.
de Sant Yago e no otra. Et escogemos sepulturas de nuestros cuerpos e de nuestros fiios e de todo nuestro linage en Uclés.
Et offrecemos… con nuestros cuerpos veinte cinco mill ma- ravedís alfonsís; e d’estos damos luego dos mill maravedís pora fazer capiella en Uclés e por tener y quatro capellanes que canten y misas por nos e por nuestros defunctos pora sienpre jamás. E los veinte tres mill maravedís somos tenidos de los dar a la Orden a nuestro finamiento, e que los pueda demandar la Orden a todo nuestro heredero e que la Orden conpre d’ellos heredamiento que finque siempre en la Orden por nuestras almas”.17
La promesa de don Manuel y Constanza de dotar a la Orden de la inmensa suma de 25.000 maravedís es sorprendente y desproporcionada si la comparamos con otras donaciones mucho más pequeñas dadas a la Orden durante los años para los que poseemos pruebas documentales.18 Dos mil maravedís se darían a la vez para financiar la construcción de una capilla en el monasterio de Uclés, donde la pareja desaba ser ente- rrada y el resto estaría disponible en el momento de su muerte. ¿Qué recibirían de la Orden a cambio de un regalo tan generoso?
Además de la capilla y los cuatro capellanes que celebrarían misa por el alma de los donantes y de sus descendientes hasta el fin de los tiempos, Pelay Pérez Correa y la Orden se comprometieron a ceder a don Manuel y Constanza por toda su vida ciertas valiosas propiedades:
“Et sobre todo esto, por connoscimiento que vos sodes con- freyres e familiares de la nuestra Orden, dámosvos e otor- gamos que tengades de la Orden en comienda por en toda vuestra vida de vos amos el nuestro castiello de Faro con villa e con aldeas, e la cannada de Alarcón, e La Presa, e la
17 Rivera Garretas, Encomienda de Uclés, doc.213 (421).
18 Véase Encomienda, “La política adquisitiva de la encomienda de Uclés” (91-119) y “La política adquisitiva del priorato de Uclés” (119-169).
cannada de Moya [Mora?] e los molinos que son en estos logares con todos los derechos que nos y avemos e devemos aver, sacado ende el diezmo que es de la yglesia e de los clé- rigos de Uclés”.19
Aquí encontramos la explicación del exorbitante legado de don Manuel de 25.000 maravedís: el castillo, pueblo y aldeas de Haro, Villaes- cusa de Haro, a medio camino entre los castillos de Belmonte y Garci- muñoz, pertenecientes antes a don Diego López III de Haro, alférez de Alfonso X.20
El acuerdo del infante don Manuel con la Orden de Santiago su- giere que el matrimonio celebrado en 1256 aún no había tenido descen- dencia ya que, de otro modo, habría sido mencionada por sus nombres en el contrato. Sus hijos, Alfonso y Violante Manuel, nacieron entre el 8 de enero de 1261 y la muerte de Constanza, su madre, que se produjo en
19 Encomienda, doc.213 (421). La “cannada de Moya” puede ser errata por “Mora”.
20 Diego López perdió muchas de sus posesiones cuando se rebeló contra el mo- narca en 1254 aliado con Jaime I de Aragón. Ciertamente la fortaleza de Haro, en la frontera entre Belmonte y Alarcón, fue considerada crítica a las defensas castellanas du- rante el posterior conflicto entre Alfonso X y su suegro y fue muy probablemente dada a la Orden de Santiago como una medida estratégica tras la muerte de Diego López en octubre de 1254. Las cañadas, pequeños valles o arroyos de Alarcón y Mora, eran áreas entre el río Záncara y el río Júcar donde había suficiente agua corriente durante parte del año para operar molinos de agua. La Presa, como su nombre indica, fue un lago ar- tificial creado para alimentar un molino de agua como Juan Manuel infiere en su Libro de la caza, y probablemente se puede identificar con la Torre de la Presa unos 40 km al este de Haro. La disposición del infante don Manuel a invertir tanto capital en Haro y el generoso donadío de Alfonso unos años más tarde sugieren que el castillo de Haro se había convertido en una de las principales residencias del infante en Cuenca durante la década de 1260. Cuando el infante don Manuel murió en diciembre de 1283, estipuló en su testamento que el monasterio de Uclés no se dotara de 23.000 sino 50.000 mara- vedís de los cuales 20.000 serían utilizados para la construcción de una capilla mayor donde él y su esposa Constanza recibirían sepultura mientras que 10.000 maravedís fueron designados para la compra de una propiedad hereditaria dentro de los límites de Uclés cuyos ingresos costearían los gastos de seis capellanes que cantarían misa por sus almas y las de sus descendientes para siempre. Los 20.000 mil maravedís restantes se gastarían en otra propiedad hereditaria para la Orden, de la cual sus miembros ob- tendrían una anualidad para su sustento.