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LA CORTE DE ALFONSO EN SEVILLA: 1252- 1259

El infante don Manuel no había recibido de su padre Fernando III herencia alguna excepción hecha de la legendaria espada lobera men- cionada por Juan Manuel en el Libro de las armas. Este olvido paterno sería remediado por su hermano mayor, Alfonso X, quien tras la muerte de Fernando III, consideraría a su hermano Manuel como a su propio hijo.

Apenas tres meses después de la defunción de su padre, el infante don Manuel confirma un privilegio concedido por Alfonso X a la ciudad de Palencia el 1 de agosto de 1252, el primer privilegio rodado de su reinado.1 Es digno de notar que este mismo documento fue confirmado por nueve personajes que habían sido a su vez signatarios de dos cartas previas, de marzo y diciembre de 1248, en las que figuraba el nombre del infante: Álvaro López de Haro, Alfonso Téllez, Pedro Guzmán, Fernando Ordóñez, los dos tíos del infante, Martín Alfonso y Martín Gil, Rodrigo Gómez, Rodrigo Flores y Alfonso García, hermano de Juan García, el hijo mayor de García Fernández y mayordomo de Alfonso X quien había de ser ayo de Juan Manuel.

La familia Villamayor, tan unida al nuevo monarca, desempe- ñaría desde el primer momento un papel importante en el reinado de

1 “Don Alfonso de Molina conf., D. Fradic conf., D. Manuel conf.” en Arch. Mun. de Palencia, Escrit. 35, núm 26, publicado por by Fernández de Pulgar, Historia eclesiástica de Palencia, tomo 2, libro III, fols. 324-25; citado por Ballesteros, Alfonso X, 87, n. 8, e

“Itinerario”, 104 (1934): 53-54.

Alfonso X y, sobre todo, en la vida del infante don Manuel y su hijo don Juan Manuel. Al promulgarse el repartimiento de Sevilla un año después, en mayo de 1253, el ayo del infante don Manuel y los miembros del clan Villamayor serían de forma generosa recompensados.2

Mientras que don Manuel, durante el reinado de su padre, no parece haber confirmado ningún documento regio de aquí en adelante figuraría de forma preeminente en la mayoría, si no en todos, de los pri- vilegios rodados emitidos por la cancillería real, como afirma Lomax.3 De hecho, las varias ocasiones en que el infante no confirma nos permite verificar su presencia en otros lugares, siendo particularmente notable su ausencia en los diplomas reales emitidos en Valladolid durante abril de 1258 y en los despachados entre diciembre de 1259 y noviembre de 1260, cuando el infante encabezaba la embajada enviada a Roma por su hermano el rey. Está ausente de nuevo en junio de 1262 y de diciembre de 1266 a enero de 1268. Mientras el monarca estaba en Murcia durante 1270-1271, don Manuel residía en Sevilla. Éstas son algunas de las oca- siones en las que existe un desfase entre el itinerario del infante y el de su hermano el rey.

El 5 de agosto de 1253, el rey concedió otro privilegio rodado a la Catedral de Sevilla confirmado, entre otros, por “Don Alffonso de Molina, Don Frederic, Don Enrric, Don Manuel, Don Fferrando, don Felipe…, Don Sancho“.4 Los meses de septiembre y octubre los dedicó el monarca a la organización y convocatoria en Sevilla de dos asambleas generales o ayuntamientos, tradicionalmente consideradas como Cortes.

La primera, en otoño, se dedicó a los concejos de Castilla; la segunda, celebrada en invierno, estuvo dedicada a los concejos de León.5 Las pos-

2 Alfonso García recibió 150 aranzadas y 20 yugadas en Ruxuxena Harat Aljena, en el distrito de Aznalfarache. que el rey rebautizó Campesina (Repartimiento de Sevilla, 2.47, 235).

3 “Manuel ‘confirmó’ todos los privilegios alfonsinos desde 1252 hasta 1282” (“Pa- dre”, 166).

4 DAAX, doc. 4 (6-8).

5 M. González Jiménez, Alfonso X, 48-51.

turas u ordenanzas promulgadas circularon por todo el reino, habiendo llegado a nosotros algunos de los ejemplares conservados que han sido publicados en ediciones modernas.6 En estas deliberaciones realizadas en el otoño de 1252, el infante don Manuel, después de dieciocho años de relativa oscuridad, surge de repente como uno de los consejeros más allegados del rey, como se desprende del preámbulo de una carta con- cedida al consejo de Burgos por el monarca el 12 de octubre. Se trata de un documento cuyo formato encontramos en la mayoría de los ordena- mientos promulgados durante la asamblea reunida en Sevilla:

“Et las posturas fizlas con conseio et con acuerdo de mio tio don Alfonso de Molina et de mios hermanos don Frederic, et don Felippe, et don Emanuel, et de los obispos et de los ricos omnes et de los caualleros et de las ordenes et de omnes buenos de las villas et de otros omnes buenos que se açerta- ron comigo”.7

Las numerosas leyes, restricciones y prohibiciones promulgadas durante las Cortes referentes a todos los aspectos de la vida cotidiana, las normas que regulan la vida económica e, incluso, las relaciones sociales de sus súbditos, constituyen una manifestación de las rígidas convencio- nes morales y la intolerancia religiosa de Alfonso X y, también su pro- pensión a intervenir y controlar todos los aspectos de la administración;

así como el convencimiento de que la atención regia a los más mínimos detalles era un elemento fundamental del buen gobierno. Tal filosofía política, benevolente y al mismo tiempo intolerante y autoritaria, influyó en el infante don Manuel, que la aplica en la administración de sus domi-

6 Véase M. González Jiménez, Alfonso X, 49, n. 14.

7 He transcrito el ejemplar de Burgos. Sig. HI-1391 del Arch. Mun. de Burgos. Véase el texto completo en Georg Gross, “Las Cortes de 1252. Ordenamiento otorgado al concejo de Burgos en las Cortes celebradas en Sevilla el 12 de octubre de 1252”, BRAH 182.1 (1985): 95-114. Llama la atención la ausencia del infante don Enrique, quien tres años antes se había negado a rendir homenaje a su hermano Alfonso, entonces príncipe heredero.

nios, y en don Juan Manuel, un señor feudal bien conocido por su rígida e inflexible adhesión a un estricto código ético.

Concluido el Ayuntamiento de Sevilla , Alfonso X y su séqui- to iniciaron los preparativos para efectuar durante la tercera semana de noviembre un viaje a Badajoz, lugar en donde el monarca se reuniría con Alfonso III de Portugal para tratar sobre los derechos castellanos en el Algarve y el matrimonio de su hija, Beatriz. El infante don Ma- nuel acompañó a su hermano durante estas jornadas cuando, el 20 de noviembre, junto con su íntimo amigo Alfonso García y los dos tíos de la novia, Pedro Núñez de Guzmán y Nuño Guillén de Guzmán, los her- manos de la madre de Beatriz, Mayor Guillén de Guzmán, suscribió dos documentos despachados por Alfonso X al concejo de Oviedo confir- mando otras cartas anteriores emitidas por su abuelo Alfonso IX, y por su padre Fernando III.8

El año nuevo de 1253, encontramos a don Manuel de regreso en Sevilla en donde seguía desempeñando un papel importante en el nuevo Ayuntamiento al que asistieron varios consejos del reino de León, y le vemos , entre enero y febrero, confirmando cuatro documentos en los que, en el orden acostumbrado, aparecen los nombres de los signatarios según el status que les correspondía en la corte regia: “Don Alonso de Molina… Don Frederic… Don Manuel”.9 Esta misma jerarquía figuraría también en el repartimiento de Sevilla, promulgado por Alfonso X en mayo del mismo año, y en el que los miembros más destacados de su corte, junto con el infante don Manuel, serían recompensados con exten- sas propiedades, o donadíos mayores, situadas en las zonas agrícolas más apetecibles del término de la ciudad.

8 “Don Manuel confirmó”, en C.M. Vigil, Colección histórico-diplomática del Ayunta- miento de Oviedo, docs. 10-11 (31-34).

9 22 de enero, en J. Torres Fontes, Fueros y privilegios de Alfonso X el Sabio al Reino de Murcia, CODOM 3, doc. 15 (23-25); 21 de febrero en MHE, doc. 4 (1.5-8); 28 de febrero en DAAX, doc. 12 (11-12); 6 de marzo en Colección diplomática de la Orden de Alcántara, doc. 233 (123-125).

Anticipando el anuncio público de los donadíos y como si quisiera expresar su clara preferencia por su hermano menor frente a los otros miembros de la corte, Alfonso X expide una carta al infante don Manuel el 28 de marzo en la que le concede la aldea de Heliche:

“Do e otorgo a vos mio hermano el infante don Manuel el aldea que dicen Felich, con montes y con pastos, con fuentes y con aguas y con olivares, con vinnas e con huertas, con entradas e con salidas, e con todos sus terminos, e con todos sus derechos e con todas sus pertenencias, assi cuemo quan- do meyor las ovo en tiempo de moros. Et esta aldea sobredi- cha vos do e vos otorgo por juro de heredat para siempre que la hayades libre e quita vos y vuestros fijos e vuestros nietos e quantos de vos vinieren que lo vuestro hovieren de heredar, para dar, para vender, para empeñar e para cambiar e para facer de ella todo lo que vos quisieredes cuemo de lo vuestro mismo”.10

El mismo donadío se registra, con más precisión, aunque en tér- minos menos solemnes, dos meses más tarde, el 1 de mayo, en el Repar- timiento de Sevilla:

“Este es el heredamiento que dio el rey don Alfonso al infan- te don Manuel, su hermano: Diole Feliche,11 ques en término de Solúcar; e ha en ella diez mill pies12 de olivas e de figueras,

10 Ballesteros, “Itinerario”, 107 (1935): 24.

11 La aldea de Feliche, Heliche o Eliche, está ubicada a unos 12 km al noroeste de Sevilla y a pocos kilómetros al norte de lo que es hoy Sanlúcar la Mayor. Localizado en el Aljarafe, que el editor del Repartimiento de Sevilla, comarca de la queJulio González afirma que “Ha sido la región más apreciada de todo el territorio sevillano por sus ri- quezas y por la calidad de sus productos”. Sigue siendo en la actualidad una de las zonas olivareras más fértiles del Aljarafe.

12 Un pie equivale a .0776 m².

e por medida de tierra ciento e cuarenta e çinco arançadas, 13 e fué dada por doçientas arançadas”. (2.18)

El distrito de Sanlúcar fue reservado principalmente al cillero real y a los miembros de la casa real involucrados en el aprovisionamiento de la corte y, en especial, a Juan García de Villamayor, mayordomo del rey, y a su personal administrativo.14

Otro de los beneficiarios fue el infante don Fadrique a quien se otorgó un sustancioso donadío ubicado en esta misma área, consistente en 7.000 pies de olivar, junto con higuerales y viñas en Sanlúcar Albai- da.15 Por su parte, los infantes don Felipe y don Sancho, arzobispos elec- tos de Sevilla y Toledo, recibieron un asombroso donadío de 30.000 pies de olivar en Buyena o Rebujena, a unos 20 km al suroeste de Sevilla en otra zona excepcionalmente fértil. Por otro lado, al infante don Enrique se le reservó tan solo 2.000 pies de olivar e higuerales valoradas en 6.000 seras o cestas de higos en Borgabenalcadí, aldea situada en el término de Alcalá de Guadaíra, al sureste de Sevilla.16 Evidentemente, Alfonso X no había vacilado en demostrar un favoritismo patente en la distribución de los donadíos a sus hermanos y el infante don Manuel fue, sin duda alguna, uno de los más beneficiados por su generosidad. Por primera vez en su vida, el hermano ignorado poseía no solo un lugar en la corte sino una propiedad territorial que le proporcionaba considerables ingresos, justamente los que precisaba en estos momentos para afianzarse como

13 Una arançada equivale a 4758.8 m² o .4472 hectáreas.

14 Repartimiento de Sevilla, 1.298-300; 2.139-46.

15 “Diole Solucar Albaida, que es en termino de Solucar; e dijeron que solia y auer siete mill pies de olivar e fincaron y los seis mill sanos; e avia y figueral para cien seras de figos e fincaron figueras para cinquenta seras de figos; e ay veinte e dos almarrales de vinnas e tres molinos de açeite caidos, e diez mill almarrales de tierra para pan, e sesen- ta casas e son las mas caidas, tres poços para huertas” (Repartimiento de Sevilla, 2.15).

16 “Diole el aldea que dicen Borgabenalcadí, en que ay dos mill pies de olivas e figueras para seis mill seras de figos; e por medida de tierra avia en ella ochocientas arançadas; e es termino de Alcala de Guadayra” en Repartimiento de Sevilla, 2.17; véase el mapa, págs. 236, 373, 380.

uno de los principales protagonistas de la comitiva regia y así beneficiar- se de su íntima relación con el nuevo monarca.

Mientras el Repartimiento no menciona a Pedro López de Aya- la como ayo del infante don Manuel, registra un donadío concedido a

“Gonçalo Domínguez, ayo de don Manuel” quien recibió 30 aranzadas y 6 yugadas17 en Pilas en las inmediaciones de Aznalcázar (2.73). Solo hay dos personas de nombre Gonzalo Domínguez que reciben exactamente el mismo donadío en los dos apartados del Repartimiento: el cuñado del obispo de Segovia y el ayo del infante don Manuel. Don Remondo había servido a Fernando III como notario, consejero y confesor desde 1250 hasta la muerte del rey en 1252 y al año siguiente, en el repartimiento de Sevilla, fue destinatario de numerosos donadíos. Con el tiempo, llegó a ser notario de Alfonso X, padrino del infante don Sancho y en 1259, obispo de Sevilla. Es posible que haya estudiado en París con el infante don Felipe durante 1244-45 y de ser así, la amistad entre los dos puede haber influido en su futura elección como arzobispo para reemplazar a don Felipe quien era arzobispo-electo de Sevilla hasta 1258. Al lograr el nombramiento de su cuñado, Gonzalo Domínguez, como ayo del infante don Manuel, don Remondo se habría afianzado aun más en su posición respecto de la familia real, creando en el proceso una inexpugnable es- fera de influencia alrededor del joven infante y sus herederos que habría de perdurar hasta su muerte. Lo que es más, si el segundo ayo del infante don Manuel fue notario, parece lógico inferir que no fue seleccionado como soldado para instruirle al infante en las artes marciales como su primer ayo, Pedro López de Ayala, sino como tutor destinado a cultivarle en las artes liberales y esta determinación concuerda perfectamente con el énfasis vitalicio de su hermano el rey en la adquisición y diseminación de la ciencia.

Al mismo tiempo que se encontraba involucrado en el complejo repartimiento de Sevilla y de otras villas de su reino, Alfonso X se de- dicaba a la organización y reparto del reino de Murcia, territorio que en su día habría de convertirse en la zona de influencia política del in-

17 Una yugada equivale a 32.198 hectáreas.

fante don Manuel. Conquistada por Alfonso en 1243, Murcia constituía su más entrañable triunfo ya que había su primera conquista cuando apenas contaba con veintidós años. En las siguientes décadas, Alfonso desarrollaría una predilección singular por esta región y sus habitantes cuyo significado especial puede comprenderse mejor en la última volun- tad del monarca cuando, enfermo, desilusionado y en el umbral mortal el 22 de enero de 1284, ordenaba “que el nuestro cuerpo sea enterrado en nuestro monesterio de Sancta Maria la Real de Murçia, que es cabeza de este reyno, et primero lugar que Dios quiso que ganasemos a servicio del, e a honrra del Rey Don Fernando, e de nos, et de nuestra tierra”.18 De esta forma, así como la conquista de Córdoba y de Sevilla resaltaban como las mayores hazañas del reinado de su padre, para Alfonso X Mur- cia había sido el gran acontecimiento de su reinado. Por otra parte, como veremos, a través de su vida, la región y sus problemas se situarían de forma preeminente en su estrategia política. El papel esencial del infante don Manuel en la repoblación y organización de Murcia junto con sus propias extensas tenencias en la región reflejan no solo la gran confianza que le tenía el rey sino que nos dejan con la inconfundible impresión de que su hermano menor fue, de hecho, el alter ego del rey Alfonso en esta su empresa más querida.

Aun cuando podemos señalar la mayoría de las tenencias que acumuló el infante don Manuel hasta el momento de su muerte en 1283, la cuestión de cómo y cuándo las adquirió no se ha dilucidado con cer- teza. Un breve resumen histórico de la región desde 1238 a 1252 nos proporcionará los hechos necesarios para formular una adecuada valo- ración de las futuras adquisiciones en la zona y el gradual desarrollo del territorio que con el tiempo se conocería con el nombre de la “Tierra de don Manuel” [Fig. 8], surgida, según su hijo don Juan Manuel, del legen- dario reino de “que fue siempre commo reyno e sennorio apartado, que nunca obedesçio a ningund rey”.19 Sea como fuere, la expresión “Tierra de don Manuel” no se encuentra en los documentos conservados hasta

18 MHE, doc. 229 (2.124).

19 Libro de las Armas, 1.132.

por lo menos 1266 cuando Alfonso X promulgó una carta estableciendo los términos del obispado de Cartagena.20

Tras la conquista de Valencia (28 de septiembre de 1238), Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, fijó su mirada en el reino musulmán de Murcia, todavía independiente. Esta decisión le implicaría años más tar- de en un conflicto con su futuro yerno, el infante Alfonso, asunto sobre el que volveremos más adelante. Pero, tras la ocupación de Valencia. Jaime I decidió aprovecharse del caos reinante en Murcia a la muerte del caudi- llo murciano Muhammad ibn Hud en abril o mayo de 1238. Sin embargo sus primeras incursiones sobre Murcia, Villena y Sax durante 1240 fue- ron rechazadas, viéndose obligado a regresar a Valencia.21 Este mismo año, los caballeros de la Orden de Calatrava conquistaron Villena, Sax y Salinas auxiliados por un contingente de almogávares catalanes.22 Casi al mismo tiempo, Fernando III tomaba Albacete cediéndolo al concejo de Alarcón en abril del año siguiente.23 Poco después, Chinchilla y luego Almansa fueron ocupados por los caballeros de la Orden de Santiago y su maestre, Rodrigo Íñiguez.24 En 1242, Fernando III les concedió Se- gura de la Sierra que se convirtió rápidamente en su principal base de operaciones.25

Por estas fechas Fernando III estaba proyectando invadir Murcia.

Ante esta amenaza, el rey de Murcia, Muhammad ibn Hud, consciente de la inutilidad de cualquier resistencia, envió una embajada a Burgos, donde se encontraba el rey, para ofrecerle la entrega de la ciudad y el reino al castellano.26 Los embajadores murcianos se encontraron en Al-

20 En Arch. Catedral de Murcia, Inventario, fols. 52-54, en J. J. Torres Fontes, CO- DOM 1, doc. 25 (37-39).

21 Jaime I, Libre dels feits, VI, caps. 290-295; Zurita, Anales, 3.35; citado por J. Gon- zález, Fernando III, 340, n. 358-9.

22 Zurita, Anales, 3.36; citado por J. González, Fernando III, 340, n. 360.

23 J. González, Fernando III, 341.

24 J. González, Fernando III, 341.

25 J. González, Fernando III, 341.

26 Véase PCG, cap. 1060 (741) y M. González Jiménez, Alfonso X, 24-25.

caraz con el infante don Alfonso a quien su padre Fernando III, entonces enfermo, había encomendado la expedición proyectada contra el reino de Murcia. En Alcaraz se firmó un acuerdo en virtud del cual el reyezue- lo de Murcia y una serie de caudillos murcianos se reconocían vasallos del rey de Castilla. El infante don Alfonso, acompañado del maestre de Santiago don Pay Pérez Correa, y Rodrigo González Girón, mayordomo de Fernando III y otros nobles del reino, entraron a Murcia el 1 de mayo de 1243, ocupando, en virtud del tratado firmado en Alcaraz, las plazas de Crevillente, Alicante, Elche, Orihuela, Alhama, Aledo, Ricote, Cieza

“et de todos los otros logares del reyno de Murcia que eran señoreados sobre si”.27 El 5 de julio de ese mismo año, entregó la tenencia feudal de estas localidades a los nobles que le acompañaban en la expedición.

Entre ellas se incluían una serie de villas que más tarde serían asignadas al Infante don Manuel.28 Un año más tarde en marzo de 1244, Alfonso cedía Tobarra al concejo de Alcaraz.29

El 26 de marzo de 1244, Jaime I y el infante don Alfonso X llega- ron a un acuerdo sobre sus respectivas esferas de influencia en Murcia.

El tratado, acordado en Almizra, contando con la colaboración de la rei- na de Aragón Violante de Hungría, mujer de Jaime I, y mediando el ma- trimonio acordado de la infanta aragonesa Violante con el infante don Alfonso. En el Tratado de Almizra se decidieron ciertos asuntos relativos a las futuras tenencias del infante don Manuel: El infante don Alfonso

27 PCG, cap. 1060 (742).

28 Elche fue cedido a Rodrigo González Girón; Alcalá a Lope López; Jorquera a Pe- dro Núñez; Chinchilla a Pedro de Guzmán y su hermano, Nuño; Callosa y Crevillente a Juan Alfonso; y Hellín e Isso a Gonzalo Eanes Doviñal. AHN, Uclés, 311, núm. 11;

citado por J. González, Fernando III, 1.346, n. 390. Cuando Fernando III posterior- mente reasignó estas tierras a la reina Juana, Doviñal parece haberse vengado de Juana escribiendo varias cantigas de escarnho, poemas escurridizos que pretenden describir la relación ilícita entre el infante Enrique y su madrastra la reina; véase R. Kinkade, “A Royal Scandal and the Rebellion of 1255”, 191-92. Véase también A. Víñez Sánchez, El trovador Gonçal’Eanes Dovinhal, 24-25 et passim.

29 AM de Alcaraz, citado por J. González, Fernando III, 1.344.

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