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2.2 Marco de Referencia

2.2.1 Educación Superior y el modelo divulgativo

En relación a este tema, el Informe de seguimiento de la Educación en el mundo de la UNESCO (2017) enfatiza en que son las IES las que deben ser el catalizador que acelere el desarrollo de sociedades sostenibles, innovadoras y equitativas, a través de la creación de nuevos conocimientos, enseñanza de competencias y promoción de valores fundamentales.

A su vez, de acuerdo con la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI, 2019) en su diagnóstico de la Educación Superior en Iberoamérica, plantea que es necesario articular un sistema de calidad para la región, a través de propuestas concretas que posibiliten el avance y construcción de un Espacio Iberoamericano del Conocimiento (EIC). Así mismo, agrega la importancia de desarrollar nuevas formas para investigar, estudiar y conectar el conocimiento, de tal manera que forme ciudadanos críticos y se genere un aprendizaje multinacional.

Más aún, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior de la República Mexicana (ANUIES, 2018), fortalece la idea de que las IES son el actor fundamental en la solución de los problemas sociales, desde donde se debe impulsar la Ciencia, la tecnológica y la formación de recursos humanos aptos para generar y aplicar el conocimiento. Meta que es posible lograr, si se establecen alianzas estratégicas con el gobierno y el sector productivo,

para que de esta forma se pueda generar una cultura de innovación dentro de los diferentes ámbitos académicos.

En consecuencia, la universidad actual es un factor clave en el desarrollo científico y social.

Uno de sus principales retos, es contribuir a la construcción de sociedades basadas en el conocimiento a través de: (i) su autonomía, (ii) sus relaciones con la sociedad y el estado, y (iii) sus funciones sustantivas, que son: docencia, investigación y extensión. Estas funciones le dan a la universidad la posibilidad de garantizar una formación integral, y a la vez cumplir con la tarea social de brindar una formación cultural y una comprensión global de las circunstancias en las que se vive (Batista de los Ríos, 2017; Cordón, 2019)

A su vez, Barreto (2018) señala que, aunque las IES para definir de forma autónoma su misión y el alcance de sus funciones sustantivas, se basan en modelos internacionales, también suelen adecuarse al contexto al que pertenecen. De esta forma, este autor se atreve a introducir una cuarta función, y las define de la siguiente manera:

Dentro de esas funciones sustantivas, se entiende la Investigación como el espacio de producción de conocimiento científico y tecnológico, la Docencia, como el escenario de transmisión de dichos conocimientos, y la Extensión como la oportunidad de ofertar servicios a la comunidad y al sector productivo. Así́ mismo, de manera reciente, las instituciones han tenido la necesidad de desarrollar una cuarta dimensión que involucra la Difusión, como centro de disertaciones, comunicaciones, posibilidades y encuentros entre los actores, en contextos políticos, sociales, científícos, culturales, productivos y económicos (p.141).

Sin embargo, para hablar de las funciones sustantivas se toma como referente a Serna (2007), quien integra a la divulgación científica, dentro de la tercera de sus funciones: la extensión universitaria. De acuerdo con este autor, la extensión es la función sustantiva por medio de la cual las universidades cumplen su misión social de compartir cultura y conocimientos con la ciudadanía, y promover de esta forma, la justicia social. Así mismo, Ejea y Garduño (2017) establecen que cuando se habla de extensión de la cultura, se hace referencia a tres ámbitos que están intrínsecamente relacionados, pero también analíticamente diferenciados: difusión cultural, extensión universitaria y vinculación

Con respecto al origen de esta tercera función, desde la Segunda Conferencia Latinoamericana de Extensión Universitaria y Difusión Cultural llevada a cabo en México en 1972 se manifestó que las universidades son instituciones sociales que forman parte de todo un cuerpo social, donde la extensión es una de sus funciones fundamentales que ha evolucionado conceptualmente a través de los años (Tünnermann, 2017). En el caso de Estados Unidos, los Colegios Land Grant o concesión de tierras, fueron la base para que un gran número de IES promovieran un intercambio de ideas, tecnología y especialistas, entre la educación superior y las comunidades locales, lo que ha significado un apoyo a las industrias emergentes (Sorber, 2018).

Mientras tanto en Europa, aunque las universidades populares del S. XIX nacieron bajo diferentes contextos históricos, compartieron la similitud de promover -con el apoyo de organismos sociales- la formación de ciudadanos que no tenían acceso a la educación. En ese entonces, en países como Inglaterra, Francia, Alemania y España, ya se le concebía a esta forma de socializar la cultura a los más necesitados, con el nombre de extensión universitaria (Fernández, 2017).

De manera semejante, Fraga (2017) reafirma que, de acuerdo con el origen del término, existe la idea de que la universidad debe ofrecer el conocimiento que produce a las clases populares.

Agrega, que las universidades en Latinoamérica han tenido influencias internacionales en la práctica de la extensión universitaria. Por una parte, existe la tendencia basada en las Universidades Populares Europeas y los Colegios Land Grant de Estados Unidos, que tienen una preferencia hacia la transferencia del conocimiento. Y por otro, la tendencia de universidades latinoamericanas, que se han inclinado a la autocrítica y a propiciar una mayor relación con las clases populares. Ordorika (2020) afirma que, aunque la mayoría de las actividades de extensión por parte de las IES tienen un impacto positivo en la sociedad, este suele ser desigual de acuerdo con cada región. Por ejemplo, mientras que en el caso de Asia pacífico se ha presentado una disminución, en el continente americano ha ido en aumento.

Es así como, la tercera función se ha encontrado en un momento de reconfiguración y a su vez los modelos de extensión han ido cambiando de acuerdo con la vocación de cada IES. Por ahora, algunas de las políticas educativas están puestas fuertemente no sólo en la divulgación, sino en un modelo productivo que ayude al sostenimiento de la universidad, a través, de la creación de empresas universitarias en donde se generen actividades de extensión como: asesoría, divulgación y prestación de servicios tanto tecnológicos, como científicos, culturales y artísticos (Castro, Tommasino, y Gamboa-Conejo, 2017). Incluso, a partir de ciertas experiencias de extensión universitaria, en algunos casos se ha generado un cambio en la oferta hasta lograr “un modelo de acompañamiento para la innovación, apropiación y desarrollo de tecnología” (Baziuk, Calcagno, y Masera, 2019, p. 1).

Serna (2007) identifica que en este S.XXI hay cuatro modelos de extensión:

i) Modelo altruista: que nace como una acción desinteresada y humanitaria de la universidad a favor de las personas más necesitadas y que no tienen acceso al conocimiento.

ii) Modelo concientizador: que busca crear conciencia sobre el lugar que ocupa el universitario en su naturaleza y sociedad para que, a partir del análisis de causas y consecuencias, tome acciones para la transformación.

iii) Modelo vinculatorio empresarial: que ve la necesidad de formar a los universitarios para satisfacer las necesidades de las empresas, creando una relación universidad-empresa.

iv) Modelo divulgativo: que considera que la ciencia y la cultura deben ser comprendidos por el pueblo que no tiene acceso a la educación universitaria.

De esta forma, cuando se habla de la necesidad de llegar a la mayor cantidad de población posible, es cuando el modelo divulgativo adquiere relevancia. Este modelo nace en 1957 tras la Primera Conferencia Latinoamericana de Extensión Universitaria y Difusión Cultural, precisamente con el principal interés de llegar a la población que no tiene acceso a la educación superior, y que por consiguiente la ciencia y la cultura puedan ser comprendidos por la sociedad (Serna, 2007). Por su parte, Roldán y Mendoza (2017) afirman que tradicionalmente la tercera función ha respondido a la necesidad de divulgación del conocimiento. Consideran que es una labor que requiere producir, promocionar y comunicar conocimiento básico, aplicado de manera pertinente y eficaz para el beneficio de la sociedad. Para ello, se utilizan medios tradicionales de comunicación, medios digitales, o bien otro tipo de actividades como: publicaciones, museos, exposiciones, cine, cursos, talleres, conferencias, entre otros.

De acuerdo con Sainz (2017), para poner en marcha esta tercera función de las IES, es indispensable que los centros educativos reflejen su misión, se relacionen y se comuniquen de manera eficiente, a través de un permanente diálogo, con los diversos públicos de la sociedad a través diversos canales. De igual manera Rojas-Herrera, Láscarez-Smith, Blanco-Solís, y Duarte- Quapper, (2019) agregan, que “un componente fundamental del trabajo de extensión universitaria es la producción de conocimientos desde las experiencias que se implementan en diversas comunidades” (p. 10) y sobre las que tiene que existir una autobservación crítica a través de un diálogo con las personas, instituciones y equipos extensionistas. Ambas aportaciones refuerzan la necesidad de revisar los elementos que intervienen en este proceso comunicativo, lo que da pie a la siguiente sección para tratar cómo la divulgación se explica a través de varios modelos de comunicación y divulgación.