CAPÍTULO I. Marco teórico conceptual
1.1 El papel del Estado para entender las deportaciones
1.1.2. Efectos sociales de las deportaciones
El estudio de las deportaciones desde las ciencias sociales surgió como tema trabajado en los primeros años del siglo XXI. Resulta un tanto problemático explicar sus consecuencias a través de las principales teorías que indagaban en las migraciones internacionales a partir de buscar las motivaciones de las personas para migrar, sin tener miramiento en cómo lo hacen y las consecuencias de migrar (Bibler Coutin, 2015).
Drotbohm (2015), entiende a las deportaciones como una forma involuntaria de retorno que es diferente a otros tipos de vida transnacional. Consideramos que la utilización de la palabra retorno, puede contravenir con la realidad que muchas veces acompaña a la deportación: la deportación como una expulsión y el “retorno” forzado al país de nacimiento, sin que esto signifique que el país de nacimiento sea el del origen.
Por ejemplo, entre las personas deportadas, hay quienes llegaron al país del cuál serían expulsados, siendo niños. Portes, Aparicio y Haller (2008) denominan a los menores de 12 años que migran a otro país como la generación 1.5, ya que crecen en el mismo medio social y cultural que los de segunda generación, sin que necesariamente compartan el mismo estado de ciudadanía.
Bibler Coutin (2013) hablando sobre jóvenes deportados salvadoreños que crecieron en Estados Unidos, sugiere que ante los desplazamientos territoriales generados por los procesos de
deportación no necesariamente le sigue un desplazamiento de las subjetividades y que la sensación de pertenencia está en Estados Unidos continúa aún años posteriores a la deportación.
Los veteranos deportados, incluso entre aquellos que nacieron en Baja California, consideran que Estados Unidos es su país de origen, y México su país de nacimiento solamente.
El papel de las políticas migratorias de los Estados es determinante para entender que tal sensación de permanencia subjetivada y territorializada no siempre va de la mano de la aceptación del Estado-nación del derecho de libre tránsito de las personas, aun considerando los aportes económicos, políticos y culturales con los que tales migrantes pueden contribuir en aras del desarrollo de la sociedad dentro del Estado-nación.
Las deportaciones pueden tener efectos contrarios al desarrollo social y económico de Estados Unidos. Por ejemplo, el miedo a ser deportado ha tenido consecuencias económicas para las comunidades en las que los consumidores forman parte de las personas que están en riesgo de ser deportadas. Durante las redadas por parte de las autoridades gubernamentales de Estados Unidos, las personas que fueron construidas como deportables dejaron de salir fuera del circuito de casa-trabajo debido al miedo de ser deportado en una de las redadas. Esto resulto en la pérdida de ingresos de negocios cuyos clientes principales eran latinos (Hagan, Castro y Rodríguez, 2011).
Las políticas migratorias en Estados Unidos, entre ellas las asociadas a la deportación, están generizadas y racializadas de tal manera que criminalizan a los hombres de etnicidades específicas. Esto irrumpe en las actividades familiares y de paternidad de quién está en peligro de ser deportado (Das Gupta, 2014). Ejemplo de esto, son las redadas en lugares de trabajo por parte de las autoridades gubernamentales perfilando racialmente a hombres latinos, criminalizando los migrantes a través de campañas políticas, e incorporando un cambio de paradigma de Estado a partir de la administración Bush, que pasó de asegurar las fronteras nacionales a vigilar también el interior de Estados Unidos alegando cuestiones de seguridad nacional (Golash-Boza y Hondagneu-Sotelo, 2013).
Aunque cabe aclarar que, a través de los relatos de los veteranos, hemos podido constatar la forma en que la criminalización y las formas que toma en las relaciones sociales cotidianas varían también de acuerdo a la región en Estados Unidos en la que se resida; habiendo espacios, estados y ciudades en donde la discriminación por el origen étnico-nacional puede ser percibida de manera más intensa que en otras.
Otro elemento fundamental a considerar es el estado de residencia de los miembros de la familia.
La separación familiar en familias formadas de ciudadanos y no ciudadanos, también denominadas familias mixtas; tendrá fuertes consecuencias para el desarrollo de la vida familiar de las personas que han sido deportadas. Aunque existe un énfasis en el estudio de casos a través de medios de comunicación y diversas investigaciones que denuncian las consecuencias de las deportaciones en el ejercicio de los roles paternales, maternales y conyugales, hay quienes ven los actos y manifestaciones en contra de la separación familiar debido a la deportación, como reafirmación y promoción de la heteronormatividad al abogar ser sujetos de derechos ciudadanos por reproducir socialmente la heterosexualidad (Das Gupta, 2014).
En menester comprender a las deportaciones y denunciar sus consecuencias no sólo en términos de afectación familiar a través de roles de conyugalidad, paternidad, maternidad e infancia. Sino que hay anteponer ante todo elementos pertinentes a la cualidad universal del sujeto como persona, sujeto de derechos humanos irrevocables, sin importar la orientación sexual, género, edad, religión ni etnicidad.
El proceso de deportación no termina cuando la persona es removida del lugar donde se encontraba, sino que sus consecuencias se hacen notar cuando la persona y su familia pasan el proceso de reajuste a nivel individual, familiar y social (Bibler Coutin, 2015). Las consecuencias emocionales no se hacen esperar al inicio del proceso de deportación, sino que previo al mismo la persona en posibilidad de ser deportada, o las que tienen algún familiar o conocido en ese estado, sufren de ansiedad y miedo, debido a la falta de certeza sobre lo que pasará en el futuro (Bibler Coutin, 2015 y Hagan, Castro y Rodríguez, 2011).
Tal angustia no se detiene con la deportación. Los veteranos que han sido deportados, de acuerdo a su edad y posición en la familia sufren cambio en los roles familiares que ejercían, volviéndose incluso dependientes económicamente de su familia en Estados Unidos. Sufren angustia al no poder encontrar empleo en Tijuana debido a su estado de salud, su edad, o su falta de documentación mexicana al momento de llegada al país; de no poder mandar dinero a su familia, depender económicamente de ellos y de no poder ejercer roles de cuidadores en la cercanía que implica la proximidad física y que ninguna llamada telefónica puede igualar. Atinadamente nos indica Kanstroom: "A deportation order often means never seeing one’s children grow up, not being able to care for one’s parents, or not being able to be with a spouse" (Kanstroom, 2012:
144).
Pasemos ahora a estudiar las consecuencias de las deportaciones a nivel micro y meso social.
Muchos de los avances y cuestionamientos sobre los fundamentos teóricos de cada aproximación provienen de estudios de casos específicos que nos permiten ver avances y coyunturas de los marcos analíticos con los cuales observamos al mundo. Y en pocas teorías, dentro del campo del estudio de las migraciones, se pone tan a prueba como en el transnacionalismo. Es por eso que a continuación damos los planteamientos básicos que nos permitieron comprender al transnacionalismo para posteriormente discutirlo mediante ejemplos de debates teóricos surgidos del estudio de casos de deportación de personas de distintos países y contextos sociales; teniendo las personas estudiadas una cosa en común: haber migrado en algún momento de sus vidas dejando atrás alguna parte de su familia, generando nuevas formas de ser, sentir y vivir.
1.1.3 Del transnacionalismo como estrategia social anticipada al transnacionalismo