Salud
1.7 Teorías
1.7.3 El ciberbullying en la educación superior
Mediante las Tecnologías de la Información y la Comunicación se lee, se escucha música, se juega, se sigue a los hijos o familiares que durante todo el día no pueden verse físicamente, se realiza una conquista amorosa, se ajusta una investigación o se accede a alguna página web de las universidades.
De acuerdo con lo anterior, es pertinente hacer alusión a la realidad virtual (RV); al respecto López, Rodríguez y Marroquín (2015) exponen:
La RV ofrece la posibilidad de acceder a lugares y cosas que normalmente no son accesi- bles; así mismo, el usuario de la RV puede seleccionar su aspecto físico e incluso su perso- nalidad virtual. Se abren entonces las puertas a un tipo distinto de relaciones humanas en las que primará la fachada; esa fachada virtual no solo nos permitirá ocultar nuestros defectos, sino nuestra propia identidad, dando así rienda suelta a un conjunto de actitudes normalmente inhibidas (p. 26).
Así, las personas crean disimiles tipos de realidades y vínculos que les permiten sentirse importantes y merecedores del saludo, el negocio, que el otro o los otros le proponen; estas son realidades diferentes a las que se conocían con anterioridad, época en la que solo lo comprobable, medible y controlable era lo válido. En el escenario universitario, los programas, las mediaciones, las evaluaciones y otro tipo de ayudas didácticas se manejan desde las plataformas o páginas web; a través de las redes sociales es posible acceder a la información y datos que hace algunos años eran extremadamente lejanos, resultan así relevantes las competencias en el manejo de las TIC por parte de la comunidad educativa, de lo contrario, se va perdiendo vigencia y la posibilidad de acceder a datos actualizados o a experiencias gracias al uso de las recreaciones desde la virtualidad; incluso, dado el auge de esta tecnología, se realiza el uso más racional del papel, también se hace seguimiento a seres vivos que se encuentran en las profundidades o en los lugares más inhóspitos.
El ciberbullying es una práctica en la que los estudiantes universitarios acostumbran a usar el WhatsApp, el Facebook, o el teléfono móvil para acosar a otros, sean compañeros o no del programa, de la universidad, mediante mensajes ofensivos, imágenes sexuales o comentarios negativos, (Serrano y Serrano, 2014).
Esta práctica incluye el acosador, el acosado y los observadores. En el estudio de Del Rio Pérez, Bringué, Sádaba y González González (2009) se encontró que de los 9.433 estudiantes varones de la muestra, 22,4%
han usado el celular o Messenger para perjudicar, mientras que 13,4% de las 11.508 chicas ha recono- cido haber acosado a otros. El dato hace pensar que el acosador digital es un rol que desarrolla más el sexo masculino. Por otra parte, 19,25% de los chicos encuestados han sido víctimas de ciberbullying. Las mujeres afectadas por la violencia digital fueron 13,8%. Quiere decir que los roles en el ciberbullying están distribuidos por género.
Las prácticas más frecuentes son insultar por el WhatsApp o el Facebook, suplantar la identidad del otro compañero, crear falsos perfiles, entre otras. “La conducta antisocial en los adolescentes es causada por el uso de diversas redes sociales entre ellas Facebook, Twitter, WhatsApp, BBM entre otras más”
(Azuridia, 2014, p. 77); es de señalar que las redes sociales por sí solas no producen este trastorno, previa- mente pueden existir factores precipitantes de carácter, de la socialización en el núcleo familiar o del grupo de pares.
En la práctica del ciberbullying, Gonzáles (2015) afirma:
Interactúan riesgos personales (impulsividad) en función de las asunciones de la facilidad o no que genera el internet para la agresión (precipitadores situacionales) se encuentra la investigación de Lazuras et al. (2013), donde considera que lo más importante es la autoeficacia situacional, supeditada al contexto del ciberespacio: es decir, existe mayor índice de agresión entre aquellos estudiantes que se consideran más autoeficaces en el ciberespacio (p. 206).
Esta última actitud de autoeficacia está soportada en que consideran que tienen control y poder para el acceso a la cuenta de otro, por las agresiones hacia el acosado; también probablemente porque les genera satisfacción el sufrimiento vivido por el otro.
Los efectos psicológicos no se hacen esperar, Redondo, Luzardo y Lizaraso (2017) afirman que “los efectos psicológicos más destacados son la compulsión, obsesión, depresión e ideación suicida, las puntua- ciones más bajas son psicotismo y ansiedad” (p. 471); es de precisar que, dependiendo de la intensidad del acoso, sus condiciones pueden llevar a: victimización permanente, cambiar el rol de víctima a victimario, el suicido o cometer algún tipo de crimen.
De otra parte, De la Fuente, Zapata, Vera y González-Torres (2014) refieren que para contrarrestar los efectos del ciberbullying es conveniente reforzar el desarrollo de la autorregulación y la resiliencia; eso haría posible generar soporte emocional, comportamental y cognitivo; resulta relevante, además, fortalecer los lazos vinculares entre los estudiantes de las universidades. Al respecto, es de resaltar que al parecer ante circunstancias altamente estresantes y de victimización, los primeros grupos de apoyo son la familia y los docentes, junto con los compañeros de la institución de educación.
En el estudio de Bello y Flores (2016) sobre las reacciones de estudiantes universitarios al ciberbullying, se encontró que en las mujeres había más sentimientos de autoculpa, por el grado de participación en la experiencia del ciberbullying manifestado en sexting, denigración e insultos; ellas, para afrontar la
experiencia, buscan el apoyo de sus padres; en otros momentos y dependiendo de la situación estresante usan como estrategia de afrontamiento la evitación, mientras los hombres acuden a sus recursos personales.
Cuando un estudiante vive la experiencia del ciberbullying es conveniente acudir a las estrategias internas y externas para detener esta experiencia tan dolorosa.
Autores como Buelga, Cava y Musitu (2010) afirman que el ciberbullying es una forma de victimización;
los estudiantes que han sido cibervictimizados orientan el afrontamiento a la solución del problema, su prevalencia abarca ambientes laborales, la aplicación más usada por ellos es el WhatsApp (Torres, Valdés y Urías, 2018). Por otra parte, la experiencia del ciberbullying lleva adoptar estrategias poco productivas como el consumo del alcohol (Pantoja y Mora, 2017). Además, se puede afectar el rendimiento del estu- diante, ya sea que no cumpla los objetivos académicos (Ortega y González, 2016) o deserte de la institución educativa.