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El psicoanálisis como educación moral

¿Cuál ha sido el papel del psicoanálisis dentro de la educación moral?

Esencialmente encontramos dos posturas, quienes lo consideran irrelevante no dándole un espacio en sus reflexiones, tal es el caso de Medina (2001) o Jo- ver y Ruiz (2003). Unos más le brindan un lugar dentro de sus deliberaciones, por ejemplo para Peters (1984:15) las contribuciones psicoanalíticas a la moral se enmarcan en tres niveles: desde “la teoría del id y el inconsciente” donde plantea que los individuos tienden a desviar o a justificar (racionalización) sus propósitos y acciones conscientes interfiriendo en sus decisiones; la “teoría del superego” da a conocer los medios (introyección, identificación y formación reactiva), a través de los cuales se interiorizan las normas, por último la “teoría de los rasgos del carácter” sobre éste señala tres significados como totalidad de los rasgos del individuo, es decir las reglas interiorizadas que regulan y orien- tan el comportamiento; a los tipos, carácter oral, anal o genital, también alude a la consistencia o permanencia de determinados rasgos, al modo de ser de alguien a su congruencia, integridad y rectitud.

Peters critica a Freud por no haber propuesto una “teoría positiva”

sobre el desarrollo de las reglas desde su origen hasta la racionalidad, el escritor inglés, le demanda algo que no fue objeto de estudio e interés del psicoanálisis. Asimismo da una visión reducida de las contribuciones freu- dianas al supeditar el hecho moral al superyó, además proporciona una percepción simplista del carácter al circunscribirlo al desarrollo pulsional, Elvira A. Nicolini una de las estudiosas del carácter desde el freudismo, ve en éste una estructura psíquica constituida de diferentes aspectos a lo largo de la vida, las cuestiones relacionadas con la sexualidad, su construcción

a partir de las instancias psíquicas, el papel de la cultura y los trastornos derivados de un desarrollo inadecuado. A todas luces el punto de vista de Peters con respecto a las aportaciones del psicoanalista son parciales e in- dudablemente escuetas.

En torno al psicoanálisis y la moral, Puig y Martínez (1989: 57-58) es- tablecen:

Es cierto, como veremos a continuación que desde las posturas psicoanalíticas se ha entendido la moral como resultado de la introyección de las presiones sociales, pero también es cierto que a partir del movimiento psicoanalítico han surgido importantes experiencias educativas claramente no represivas y antiautoritarias; experiencias en que predomina la autonomía moral de los educandos por encima de la imposición heterónoma de consignas morales. Esta doble dirección del pensamiento psicoanalítico está ya presente en Freud. En sus escritos se entiende la moral como resultado de procesos de inculcación aunque ello no le agrade y defienda una educación liberal, sin embargo acabó por reconocer la imposibilidad de una formación humana totalmente antirrepresiva. Tales oscilaciones complican la ubicación del pensamiento de Freud, aunque finalmente hayamos optado por destacar su explicación heterónoma de la moral, y ello porque más allá de la necesidad y la posibilidad de una educación antiautoritaria, defendió siempre la tesis que contempla la moral como resultado de las imposiciones sociales del individuo.

Las aseveraciones de los distintos autores son limitadas al circuns- cribir la “moral psicoanalítica” a la interiorización de normas produc- to de coacciones sociales. Lo ubican dentro de una moral heterónoma, afirmación un tanto equívoca, desde la filosofía, la psicología y la socio- logía, sabemos que la génesis de la moral es heterónoma y quizá no puede ser de otra forma. La moral es un hecho social determinado por aspectos económicos, políticos, religiosos y culturales, su primer cimiento siempre es empírico, forma parte de una de las primeras experiencias de los seres

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humanos. La heteronomía y la autonomía son el resultado de una misma cuestión, no es conveniente plantearlas como excluyentes, ambas repre- sentan al hecho moral. Podemos o no estar de acuerdo con el concepto de autonomía de las distintas posturas, pero aseverar que son aportaciones las cuales enfatizan exclusivamente en uno de los aspectos morales es un equí- voco. Ni el sociologismo de Durkheim, ni el constructivismo de Piaget, ni las aportaciones de Kohlberg, ni las contribuciones freudianas pueden ser tildados de puramente heterónomas o autónomas.

Por su parte, Quintana (1995: 112) plantea:

Freud piensa que la moral es exterior al sujeto y se le impone (heteronomía moral). Esta influencia extraña luego es interiorizada en el sujeto (Superyó individual). Ética significa restricción de los instintos, y comienza en el Complejo de Edipo; la moral consta de constricciones soportadas por el niño, que ve sujeto a la autoridad de sus padres, de la educación y de la sociedad (Superyó colectivo).

Nuevamente aparece la idea de supeditar lo moral a la interiorización de normas y considerar lo ético como una limitación de los instintos, la asevera- ción de Quintana puede ser parcialmente cierta con respecto al superyó, pero es inexacta en lo referente al yo. Desde el psicoanálisis, la diferencia entro lo bueno y lo malo no puede circunscribirse a las reglas emanadas por la autoridad, ni a un determinado código moral, Delval y Enesco (1998: 149) comentan:

La posición de Freud no deja espacio para una interpretación de la moralidad como un fenómeno racional. Freud estaba convencido de que la naturaleza humana está guiada por poderosos impulsos destructivos y que, por tanto, la sociedad debe defenderse de ello restringiéndolos. En este sentido, su visión de la relación entre sociedad e individuo es muy clara al respecto, pues lo esencial de esa relación es el conflicto y la dicotomía entre los intereses egoístas y antisociales del individuo y los de la sociedad.

Hay un yerro de los autores al sostener que no existe en el psicoanálisis una forma de explicar la moral desde la racionalidad, parte del yo sienta sus bases en los aspectos racionales, es importante resaltar la necesidad de com- prender el aparato psíquico en su totalidad y no sólo como una instancia.

Dentro de este mismo contexto Moreu retoma a Mira, refiriéndose al psi- coanálisis habla de una “teoría evolutiva”, del “pansexualismo” y de la “teoría del subconsciente”, Moreau (2001: 116-117) critica a Freud porque:

Habla de la moral como algo evidente, sin pararse a buscarle una fundamentación ni a concretar unos valores…. [En ese mismo sentido continua:]…en ningún caso Freud se ocupó de la moral pública; en este plano de lo público se limitó a explicar las causas de la agresividad, la violencia o las guerras; en ningún caso llegó a fundamentar un código moral que diera respuesta a los interrogantes que pudiera plantear el progreso, la justicia y las relaciones interculturales.

¿Realmente podemos afirmar que la “moral” freudiana es una moral privada que poco o nada aporta a la moral pública? ¿A caso el problema de la agresividad, la violencia o la guerra no tienen un fuerte componente antiético? ¿El trabajo clínico no está permeado de una serie de valores que orientan la labor y la relación terapeuta-paciente? Freud no era tan ingenuo como para pensar que el problema de la moral sería resuelto a partir de un código deontológico, estaba más allá de cualquier posición maniquea de la moral.

De lo anterior, es posible aseverar que los distintos autores coinciden en señalar que las aportaciones del psicoanálisis a la educación moral, se cir- cunscriben a la interiorización de normas, en particular al superyó. Si acaso logra ofrecer algo es una moral heterónoma que poco o nada relevante brin- da a la educación. Sin embargo para el psicoanálisis la cuestión de la ética no es algo accesorio es una parte consustancial, permea todo su quehacer teórico y es unos de los puntos medulares desde donde se erige el proceso terapéutico. Ofrece una mirada distinta de la Ética a través de una explora-

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ción y un viaje al mundo interior de los seres humanos con el fin de inten- tar transmutar lo inferior en lo superior o como diría Carl Gustav Jung de convertir el plomo en oro. Es una alternativa que brinda herramientas para mejorar la condición humana y estar en posibilidades de alcanzar mejores dividendos en este mundo terrenal.

dejen de creer que su actuación se guía por el bien de la humanidad, cuando la sociedad comprenda que la relación entre los niños y los adultos es la oposición entre mundos distintos, entonces, tal vez, existirá una posibilidad de pensar en medidas positivas en educación.

GH

Wilhelm Reich

Capítulo II